Capítulo 22

No podía quejarme, al menos no en voz alta. Debía admitir que era enteramente mi culpa, nadie más que yo era el culpable de esto. La montaña de papeles sobre mi escritorio lo gritaba y los que estaban alrededor no hacían más que gestos evidentes de que esa era toda la verdad, a pesar de ahorita mismo podía tener la peor cara que hubiesen visto. Sí, no podía quejarme, y menos si en mi cabeza tan sólo había memorias de aquellas dos mujeres.

Invertía todo mi tiempo y atención en Pansy y Lizzie, y de verdad que, aunque esa montaña de papeles se multiplicara por un millón, no me quejaría de eso, pues estar con ellas era lo mejor que me había pasado en la vida sin dudar, ellas eran lo mejor de mi vida. Pasar las tardes con ellas, compartir las cenas y de vez en cuando el desayuno, era fantástico, me sentía flotar sobre una nube, y sí, probablemente ya estaba más idiota como Ron y Hermione temían, pero era completamente feliz por eso. Estaba loco, loco de amor y cariño por ellas dos y estar al pendiente de los deseos de Pansy y de los caprichos de Lizzie, era todo lo que deseaba hacer de ahora en adelante. Así que los papeles bien me los merecía y aceptaría más si es que eso me permitía estar al lado de ellas.

Y no, no es que faltara al trabajo para estar con ellas dos, Pansy jamás lo permitiría, aunque Lizzie protestara por ello y yo estuviera a punto de ceder a todo lo que esa niña pidiera, como pasar las mañanas viendo películas con un montón de panqueques cubiertos de chocolates y bombones, pero como me era necesario compartir mi tiempo con ellas dos, me negaba rotundamente a quedarme más horas en el cuartel de aurores, a pesar de que veía la montaña de papeles crecer. Me negaba, aunque me dijeran que de eso dependía detener el ataque de dementores o de una fuga de Azkaban masivo, nada era capaz de detenerme en este lugar.

Pero, ahora tenía una montaña de papeles que no pedía, sino exigía mi atención y tiempo, y mi jefe no se quedaba fuera de esa cuestión. También debía aprovechar ahora, pues Pansy estaba tan concentrada en el próximo evento en el museo, que poco tiempo tenía ahora para estar con ella o al menos convivir como lo habíamos estado haciendo. Aunque bueno, eso no era algo que me disgustara tanto como al principio, pues si Pansy muy estaba ocupada al llegar a casa, yo cuidaba a Lizzie mientras ella trabajaba ya fuera en su despacho o en la sala, y debía admitir que pasar mi tiempo con esa niña equivalía a todos los galeones que pudieran existir en Gringotts.

Pasaba tardes enteras jugando al té, viendo películas, escuchándola hablar, viéndola practicar sus pasos de baile que su abuela Cissy insistía que debía tomar, o acompañándola mientras apretaba las teclas del piano que su tía Astoria le mostraba. Y no es que me disgustara que Lizzie tomara todas esas clases, no tenía ningún derecho a exigir lo contrario en realidad, pues aquella familia era la familia de mi futura familia, si, así de complicado e inesperado era todo, pero lo que no me parecía justo era que Lizzie tomara tantas actividades en un solo día.

—¿No crees que es mucho para una niña? —le pregunté a Pansy en una ocasión durante la cena— Toma sus clases normales, además de clases de baile y música.

—También de idiomas, Harry —contestó ella con total normalidad y tranquilidad.

Abrí los ojos inmensamente, viendo a mi pequeña lucecita tomar su vaso de leche sin prestarnos verdadera atención, entretenida más en alcanzar otro poco de pollo que no dude en pasarle.

—Creo que es demasiado —no quería parecer estricto o alguien que sentía que tenía derechos sobre ella, pero me preocupaba que Lizzie pudiera saturarse con todo eso.

—No lo es, Harry. Lizzie toma las clases que debe tomar, actas para su edad —contestó ella, en un tono de voz tranquilo, dándome a entender que entendía mi preocupación y no estaba malinterpretando nada— Míralo de esta forma, la cabeza de Lizzie es como una esponja, adsorbe todo lo que pueda, tanto las cosas buenas, como sus clases, así como las no tanto, como las palabras de Draco respecto a ti. Es una niña brillante —dijo con orgullo mirando a su hija— Y aprende rápido.

—Pero...

—¿La has escuchado quejarse de alguna de esas cosas, Harry? —me preguntó tomando mi mano por sobre la mesa.

—No —tuve que admitir resignadamente.

—Entonces todo está bien. Si Lizzie llegara a disgustarse o quejarse por algo, te aseguro que suspendería esa actividad, además de que Astoria y Narcissa no la obligarían a aprender algo que no quiere, de hecho, toman en cuenta su opinión para asignarle una actividad nueva, claro, ellas tienen una lista de actividades adecuadas para su edad, y Lizzie y Scorpius eligen lo que quieren —prometió ella— Ya no es como en nuestro tiempo —suspiró con pesar.

—¿Nuestro tiempo? —pregunté intrigado.

—Sí —admitió y tomó de su copa— Sé que te educaron de una manera distinta, de hecho esos parientes tuyos ni por asomo lo hicieron mínimamente aceptable, haciéndote creer algo que no eras —concedió en voz baja y mirándome con ternura y casi disculpa, pero yo negué con la cabeza, haciéndole saber que recordarlo no me molestaba— Para mí no fue muy bonito, quizá para ninguno de nosotros, me refiero a mis amigos o a cualquier sangre pura que conozcas, excluyendo a los Weasley, y aunque no estoy tan segura de las otras familias, no creo que haya sido muy diferente.

Tomé un poco de vino y dejé la copa a un lado para prestarle atención, Pansy pocas veces solía hablar de algo relacionado a su infancia, o a sus padres en general. Sabía que les tenía algo de rencor por las pocas cosas que me había contado que la obligaron a hacer, sabía que no era precisamente amor lo que les guardaba o tan siquiera cariño o nostalgia por ellos, y no podía culparla por eso, yo tampoco podía expresar algún tipo de respeto por ellos cuando hicieron tan infeliz a la mujer que más amaba. Pero como cada vez que Pansy hablaba sobre su pasado, yo concentraba toda mi atención en ella y a lo que dijera.

Pude notarla prepararse, bajando más el tono de su voz y se acercándose un poco más a mí, mientras Lizzie parecía estar a punto de caer rendida, solía quedarse más quieta y callada cuando estaba cansada. Sonreí un poco al notar eso, pues no dudaría en llevarla en brazos hasta su cama, pero primero tenía que escuchar a Pansy.

—Personalmente yo estaba obligada a aprender de todo, además de mis clases normales: modales, música, baile, pintura, idiomas, geografía, aritmética, hechizos, pociones, vuelo, defensa personal, hasta algo de leyes, y un montón de cosas más —dijo sin respirar aquella lista y luego suspiró, sonriéndome quedamente otra vez— No fue una muy buena época en realidad, mis padres al contrario de Draco, Astoria y el resto de mis amigos, incluyéndome, eran exigentes con sus hijos, demasiado a decir verdad y esperando que hicieran más cosas de las que podíamos, desde que nací tuve un horario que debía cumplir a como diera lugar sino quería ser castigada, y todo tenía que lograrlo a perfección.

—Eso era demasiado —dije y apreté sus dedos— ¿En qué momento fuiste una niña, a qué hora jugabas o disfrutabas? —pregunté con suavidad y ella empezó a reír suavemente y con cansancio.

—Tenía un horario también para eso. Además de que mis clases las tomaba con Draco y Theo, teníamos la suerte de tener a los mismos tutores privados, así que nos reuníamos en casa de Draco para hacerlo —dijo tranquilamente, acercando su servilleta a mi rostro y limpiando algo de mi labio. Pude sentir el sonrojo escalando desde mi cuello al pensar que tuve algún tipo de mancha, pero ella simplemente negó y me besó en los labios muy superficialmente, pero no por eso no lo apreciaba— Podría quejarme ahora otra vez, me quejé muchísimo antes, aunque siempre en la seguridad de mi habitación o en nuestros recesos, junto a Draco y Theo. Ahora no puedo decir que eso no fue beneficioso de algún modo, a futuro lo fue.

"Soy buena con el violonchelo, practiqué ballet y baile de salón, sobre todo por las fiestas que mis padres hacían, sé pintar aunque no me pidas que lo haga, quiero creer que soy buena por la practica pero no tengo talento alguno, pero conozco historia del arte, y quizá por eso me gustó el museo y no fue tan difícil adaptarme a él; puedo hablar seis idiomas a la perfección y tres con algunos tropiezos, soy una buena duelista, suelo ser perfeccionista en pociones y sé jugar Quidditch, aunque nunca me interesó estar en el equipo —me contó con una sonrisa presumida que yo correspondí, pues yo sabía que era una mujer talentosa, que tenía un montón de cosas escondidas, que era, ante mis ojos, una mujer tan compleja, completa y perfecta— Y por supuesto, puedo darle una paliza a quien sea, sé defenderme muy bien."

Reí con fuerzas ante lo último y acerqué su rostro al mío para besarla en los labios. Ella también sonrió en mi boca, pero se alejó a los pocos segundos, dándole una mirada a Lizzie que empezaba a cerrar los ojos. Llamé a mi pequeña niña y ella sólo giró a verme, sonriendo soñolientamente y yo me apresuré a levantarme para tomarla en brazos y llevarla a su habitación, sintiendo como aquella niña se pegaba más a mi pecho, más a mi corazón sin dudar, cerrando los ojos tranquilamente.

Después de eso no pude protestar más, estando seguro de que Lizzie sin duda se quejaría en voz alta si algo le pareciera demasiado o se aburriera de ello. Pues entre líneas, en aquellas palabras que Pansy no admitió con todas sus letras, quedaba claro que en su niñez no podía abandonar ninguna de sus clases, o quejarse al menos de ellas en presencia de sus padres. Ese era el punto, no podía quejarse, por eso ella y todos ellos, guardaban muchas cosas en su interior, y obligar a un niño a no expresar lo que siente o quiere, arruina un poco su manera de comunicarse, y eso lo sabía muy bien por mi propia experiencia. Pero Pansy y hasta la familia Malfoy, le estaban dando la oportunidad a estos niños de hacerlo, de quejarse y renunciar a lo que no quieren hacer más, o hasta de no tomar lo que ellos opinan que deberían hacer, dándole opciones de actividades para aprender. Algo que de seguro ni Pansy, Malfoy o alguno de ellos tuvo oportunidad a esa edad.

Me quedé tranquilo en esa parte, menos en lo que vino después. Pansy me había hablado de que, entre sus actividades de niña y de todos sus amigos, estaba volar. Yo era bueno volando, lo demostré apenas me dieron una escoba cuando apenas empezaba a entender que era la magia, así que pensé que podía compartir eso con Lizzie. Lo que no sabía es que Lizzie se había negado rotundamente a eso cuando se lo propusieron a ella y a Scorpius, así que tuve a una niña llorosa en brazos de su madre un buen rato cuando le pedí salir a volar conmigo.

Me sentí terriblemente mal al verla, no sabiendo que hacer, pasando las manos por mi cabello y restregando mi mejilla. No sabía cómo intervenir, así que dejé que Pansy la consolara en sus brazos hasta que su hija dejó de temblar y llorar, quedándose dormida después.

—Yo lo siento, Pansy —dije cuando acostaba a Lizzie en el sofá, acercándome otra vez a ellas, colocando sobre mi niña una suave frazada.

—Está bien, Harry —dijo ella con calma, acariciando el cabello rizado— Lizzie presentó un terrible miedo a volar en escoba cuando murió su padre. En su inocencia cree que es el vuelo fue lo que provocó todo —la escuché decir con pesar y tomé su mano, para consolarla a ella también. Sabía que había sido obligada a casarse, pero tampoco podía negarme el hecho de que ella aprendió a quererlo, pues al escucharla hablar de él, sabía que sentía dolor al recordarlo y sobre todo de ver a Lizzie llorando por su padre— No fue la caída de la escoba, fue el golpe a la cabeza lo que lo mató, de hecho, me dijeron que fue casi instantáneo, que ya estaba muerto antes de tocar el suelo.

Suspiró con fuerzas y pude ver con mis propios ojos como los suyos de llenaban de lágrimas. No era lógico ni justo que sintiera algún resquicio de celos al verla así, era hasta estúpido mi sentir, pero lo sentía, sentía que si la había perdido en todos estos años separados. Y no era justo o saludable hacerlo, yo estuve casado también, quise a mi exesposa, y Pansy quiso al suyo, el problema es que ella si había dejado de amarme y yo jamás pude hacerlo, en todos estos años no hubo un solo día que no lo hiciera. Y eso me perturbaba demasiado, saber que realmente ese hombre había hecho que el amor de mi vida dejara de amarme era demasiado fuerte.

Aun así, traté de contralar mis emociones y mis pensamientos. Ahora Pansy estaba conmigo, era mía y me amaba, y eso era todo lo que me importaba, y su pasado era parte de ella, así como era parte de Lizzie y no por mis absurdos celos para con Pansy, cometería alguna estupidez que me llevara a perderlas por no saber controlarme.

—No sabía eso. Ella siempre habla de que le gusta volar en el hipogrifo de Malfoy —continué con nuestra conversación.

—Lo sé, culpa mía también es por no decírtelo. Y sí, Lizzie ama volar, sólo que no quiere hacerlo en escoba, así que creo que es algo temporal hasta que lo entienda, estoy segura de que algún día superara ese miedo. Tal vez puedas ayudarme —pidió con una voz suave y una sonrisa pequeña.

—Claro. Prometo hacer mi mayor esfuerzo.

Después de eso nos quedamos al lado de ella para vigilar su sueño por las posibles pesadillas que pudiera tener, dijo Pansy, quien tampoco pudo volver a su trabajo. Esa sensación de haberlo arruinado me carcomía las entrañas, pero Pansy me repitió muchas veces que no era mi culpa, intentando tranquilizarme a base de besos y caricias, que alejaban poco a poco esos malos pensamientos. Aun así, cuando Lizzie despertó le pedí disculpas por haberle sugerido tal cosa y ella sólo me abrazó, haciéndome prometerle algo que por primera vez sabía que no iba a poder cumplir. Ella me pedía que tampoco yo volara en la escoba, que jamás lo hiciera, sus razones para ello me enternecieron por completo y dije que sí de inmediato al escucharla, sabiendo que no lo cumpliría jamás.

—No quiero que te mueras, Harry —me dijo con la voz temblando y los ojos rojos por el llanto anterior y más brillantes por las nuevas lágrimas.

—No lo hare, mi cielo —contesté, pero ella no se quedó tranquila con eso.

—No quiero que mueras como mi papi, no quiero perder otro papi —dijo abrazándome y enterrando su rostro en mi pecho.

Escuché el quedo jadeo de Pansy atrás de mí y aunque me preocupaba lo que pensara sobre las palabras de Lizzie, no pude esperar a averiguarlo, pues inmediatamente abracé a Lizzie, apretándola con todas mis fuerzas, sintiendo que mi pecho explotaría de amor, de cariño, de dulzura, de sentimientos tan gratos y puros que sólo ella podría provocarme, que sólo esta niña, la que se había adueñado de mi corazón, de mi vida y era quien me alumbraba los días ahora, había dicho esas palabras. Quise llorar y lo hice, sin sentir pena o vergüenza, abrazándola y besándole aquellos rizos desordenados.

Cuando abrí los ojos, que no supe cuando los cerré, giré a ver a Pansy quien disimuladamente se limpiaba las mejillas y me asentía, dándome a entender que todo estaba bien, que no había nada malo con las palabras de su hija para mí, y pude sentir tranquilidad una vez más, algo que no sabía que había perdido tampoco, pues que Pansy se disgustara o se enojara, no era mi intención, de hecho, eso me hubiera herido profundamente, pero que ella aceptara que Lizzie me llamara así era como recibir un regalo, el mejor obsequio que alguien pudiera hacerme.

Después de aquel día las cosas fueron mucho mejores y no es que antes no fueran así, sólo que ahora me sentía tan pegado a Lizzie y ella conmigo al parecer, más que antes decía Pansy, pues exigía verme todas las noches para cenar juntos, haciendo que fuera yo el último en desearle buenas noches y le diera un beso antes de apagar las luces. Así que todos los días, después de salir del trabajo, esperaba a Pansy en el museo y luego me aparecía en su casa, teniendo ya la autorización para hacerlo, mientras ella iba por Lizzie a casa de los Malfoy. Era increíble para mí ver a Lizzie correr a mis brazos, abrazarme y darme un sonoro y prolongado beso, para luego hablarme de todo lo que hubiera hecho en casa de sus tíos y todo lo que había aprendido también.

Disfrutaba tanto de eso, que inevitablemente olvidaba el trabajo que se iba acumulando, y que ahora por mis horas totalmente provechosas con ellas, estaba terriblemente atrasado con cada reporte. Sí, algún día tendría que pagar la factura por disfrutar tanto, pero mientras lo siguiera haciendo, no me importaba el pago. Lo malo, es que hoy no podría salir temprano y tuve que enviarle una nota a Pansy diciéndole que las vería hasta la cena. Ella contestó que estaba bien, que Lizzie estaba con ella y había dado ya sus paseos por el museo y quizá llegaría tan cansada que no se daría cuenta de mi ausencia, tomaría la siesta y las vería para cenar. Sonreí ante eso, sabiendo que aquella niña podía hacer un berrinche que yo estaría complacido de calmar y complacer.

Continué afanosamente con mi trabajo, intentando terminar lo más eficiente y rápido posible para que quedarme en la oficina más tiempo del necesario no se repitiera tan seguido, ya era suficiente cuando me asignaban misiones nuevas, sobre toda las que me obligaban a ausentarme por días enteros.

—Hey, hermano, demasiado trabajo, ¿no? —preguntó Ron apareciendo delante de mi escritorio con una carpeta negra en las manos, quizá para entregar su propio reporte al jefe.

—Pues claro, si casi siempre se va antes de la hora de salida —acusó Hermione apareciendo atrás de él.

—Eso no es verdad —contesté y ellos me dieron una mirada de no creerme nada— Y ya ni lo mencionen. He estado muy ocupado —dije terminando de escribir y firmando unas formas, antes de archivar la segunda carpeta de mi montaña.

—Parkinson te acapara por completo —dijo con una ligera risa Hermione.

—Ella no, Lizzie si, y no me quejo —reí y suspiré feliz y satisfecho de que así fuera.

—Creo que ya no es Parkinson quien te tiene en la palma de su mano, esa niña te tiene amarrado al dedo chiquito —dijo Ron rascándose la mejilla.

—Así como a ti Rose —él asintió con una enorme sonrisa, de seguro pensando en mi preciosa ahijada. Hermione a su lado asintió con una gran sonrisa también— Ella me llamó papi el otro día, no tienen idea de lo que sentí —les conté con emoción y ellos abrieron los ojos enormemente.

—¿En serio? —preguntó Hermione con cautela y yo asentí repetidas veces, pero luego lo vi ponerse seria y se pasó una mano por el cabello, antes de continuar hablando— Y Parkinson, ¿cómo lo tomó? No ha de ser sencillo escuchar a tu hija decirle así a otra persona.

—Dijo que estaba bien, que la había tomado por sorpresa, y lo que le tranquilizaba saber es que Lizzie de verdad no estaba confundiendo nada, llamó a Anthony papi y a mí también, además de que es la primera vez que llama a alguien más así, a pesar de su cercanía con Draco Malfoy —les conté con tranquilidad, pues sabía que Lizzie en verdad entendía esa parte, lo que significaba llamarme papá.

—Eso es genial, entonces —felicitó Ron.

—¡Sí! Es lo mejor que me ha pasado, ellas son lo mejor que me…

—¡Harry!

Ron, Hermione y yo giramos hacia la chimenea comunal que había en la oficina, donde ya varios se acercaban a ver quién había gritado de esa manera. El grito volvió a repetirse y corrí de inmediato a ella cuando identifiqué aquella voz. La que me llamaba a gritos no era otra que Grace Recher, la amiga y jefa de relaciones publica de Pansy.

Cuando llegué a ella sólo pude ver su rostro con gesto alarmado, haciéndome pensar lo peor. Grace, por este corto tiempo que la conocía jamás había mostrado otro rostro que no fuera de alegría, soberbia o presunción. Era como una versión femenina y más relajada de lo que solía ver en Draco Malfoy, así que verla con un cumulo de emociones sin poder controlarlas no podía ser bueno.

—¿Grace? ¿Qué pasa? —pregunté cayendo de rodillas.

—Ataque —dijo apenas conteniendo un grito— Pansy, Lizzie y yo salíamos del museo y alguien empezó a atacarnos. Pansy me dio a Lizzie y cubrió nuestra salida mientras ella se quedaba. No pude hacer nada, ella me ordenó irme —justificó con casi culpa, como si no hubiera querido dejarla sola, y vi como una de sus manos se desarreglaba el cabello.

Me sentí caer más profundamente, sin poder reaccionar por segundos, pensando en ella, pensando en el alma de mi vida luchando contra quien sabe cuántas personas, sola, haber tenido que dejar a Lizzie, haberla tenido que dejar en brazos de otra persona para poder protegerla mientras ella se arriesgaba. No había tenido más opción, lo sabía, ella no hubiera dejado a Lizzie con otra persona si supiera que no podía protegerla más, y eso me asustaba. No sabía porque no estaba reaccionando, tendría que haberme ido ya, pero no podía moverme por completo, aunque sentía mi magia expandirse y acumularse por segundos, preparándose para atacar.

Tenía que controlarme y no perder la razón ahora. Tenía que salvar a Pansy, salvarla porque estaba seguro que moriría sin ella, moriría y no tenía razones para pensar lo contrario, sin Pansy ya no me quedaría nada, no tendría sentido existir. Además, tenía que salvarla, pues Lizzie no podía quedarse sola, no podía perder a otro de sus padres.

—¡Harry! ¡Tienes que venir! ¡Lizzie y yo estamos encerradas en la oficina, y Pansy está en el salón donde siempre la esperabas! —gritó de nuevo, haciendo que enfocara mi vista en ella de nuevo. Sintiendo que mi mente al fin se dejaba de imágenes espantosas y pensaba en lo que podría hacer.

—¡¿Cuántos son?! —pregunté, poniéndome de pie y pensando cuantas personas tendría que llevar.

—Uno —dijo ella y la miré con un aparente alivio. Era una sola persona y Pansy era una excelente bruja, una poderosa hechicera y magnifica duelista, después de todo fue entrenada desde que tuvo una varita en sus manos— Pero hubo algo raro, Harry, parecíamos estar aislados y el que atacaba no era un novato, sus hechizos eran potentes y Pansy sabía que no tardaría en matarnos.

Eso me alarmó de nuevo, pues el que Grace dijera eso y que Pansy pensara en ello, siendo ella capaz de detener cualquier ataque, teniendo experiencia de sobra en duelos y siendo casi una experta en magia negra, significaba que el atacante no temería en usar maldiciones prohibidas. No dudaría en usar un AK en ella.

—Dame espacio para entrar —ordené, preparándome para ir solo.

—Imposible, nadie puede entrar por chimenea al museo, son las barreras —dijo ella apresuradamente— Entraras como siempre lo has hecho.

—Bien. Mantén a Lizzie a salvo, voy para allá —prometí y me puse de pie, viendo el rostro de Grace desaparecer.

Corrí hacia la salida sin esperar a escuchar los gritos de Hermione o los de Ron. No me importaba nada más que llegar al museo y salvarlas. Eso era todo lo que tenía en mente, todo lo que tenía que hacer ahora. Cuando llegué al atrio del ministerio donde no pensé más y me desaparecí de inmediato. Antes de hacerlo pude ver a Ron y a Hermione, con varitas ya preparadas, corriendo hacia el mismo punto y supe que no me dejarían solo en esto, que jamás me abandonarían cuando estaba a punto de arriesgar la vida otra vez. Y eso se los agradecería luego.

Aterricé justamente delante del museo y no dudé más en subir las escaleras. Antes de poder llegar a las puertas dobles escuché más sonidos de apariciones de lo que esperaba en realidad. Al girar para ver de quien se trataba, me di cuenta de que, al lado de mis amigos, aparecieron los amigos de Pansy: los Malfoy, Theo Nott, Blaise Zabini y Millicent Bulstrode, sosteniendo las varitas con fuerzas y rostros que indicaban los dispuestos que estaban para pelear y matar. Y sabía que lo harían, sabía que estaban dispuesto a enfrentarse a lo que sea y recuperar a Lizzie y a Pansy con vida, matando a quienes se le atravesaran por el camino, y por primera vez en mi vida, coincidí con ese sentimiento, pues yo también estaba dispuesto a todo por ellas dos.

Vi a todos subir corriendo hasta llegar a mí, sí les sorprendía verme aquí no lo demostraron en absoluto, aunque Ron parecía estarlo al verse al lado de ellos sin empezar una pelea instantánea. Hermione al lado de su esposo sólo negó con la cabeza, como si le suplicara no empezar una pelea ahora.

—El héroe está aquí —dijo con sarcasmo Malfoy.

—No es momento para eso, querido —atajó Astoria Malfoy, abriéndose paso por las puertas sin esperar a nadie más.

La seguí a ella, pues tenía razón al decir que no era el momento. Cuando entramos al museo todo parecía estar normal, aunque Grace ya me había explicado que el ataque sucedía en el salón donde siempre yo la esperaba. Corrimos hacia ese lugar, pasando por varias salas y recorriendo largos pasillos. Antes de llegar, pude darme cuenta de las razones de porque todo en la entrada parecía andar bien. En los últimos tres pasillos, los guardias estaban tirados en el suelo.

—Desmaius —diagnosticó Theo Nott después de mover su varita.

—Pero parece haber sido lanzado por varias personas —escuché decir a Millicent mientras empezaba a correr de nuevo, después de lanzar su propio diagnóstico, no dándole mayor importancia a los que estaban tirados.

—O en su defecto, haber sido lanzado media docena de veces —contestó Zabini a su lado.

—¿Quién haría algo así? Pudo haberlos matado con un hechizo aturdidor —preguntó Ron desconcertado, lanzando un par de hechizos para despertarlos al igual que Hermione, aunque se notaba que eso no bastaría y sólo perdería el tiempo. Esos hombres debían ser trasladados a un hospital.

—Quizás quien intenta matar a Pansy, ¿o no es algo lógico, Weasley? —rumió Draco Malfoy, dándole la peor de sus miradas.

Ron tuvo que apretar la boca y hacerle caso al gesto de su esposa que no contestara nada a eso. Al final ambos continuamos nuestro camino, aunque pude ver a Hermione enviar una pajarita encantada de seguro para que vinieran por ellos del hospital y quizá una más para los aurores.

Cuando llegamos a la entrada del salón nos dimos cuenta de que Bulstrode y Zabini, quienes habían corrido, lanzaban hechizos tras hechizos delante de ellos sin darle a nada en realidad.

—Barrera, pero no sabemos cuál es —explicó la castaña.

—Estamos intentando con todos —apresuró Zabini lanzando otro hechizo.

—Esperen —ordenó Malfoy y acercó su mano.

En esencia esa barrera se parecía al Fianto duri, utilizado por Hermione en nuestro tiempo de aislamiento, pero aun cuando de seguro Malfoy sabía el peligro que corría al acercar su mano, esta no hizo nada en su contra, tan sólo lo detuvo en su lugar. Al ver el rostro de Hermione pude notar su desconcierto también, pues esperaba que Malfoy fuera lastimado al instante de poner su mano. También era transparente, una ilusión por completo, pues atrás de ella no se veía nada, el salón parecía estar intacto, sin nadie en él, y por supuesto, no se escuchaba ningún tipo de batalla o duelo.

Fianto duri al parecer —dijo Astoria apuntando su varita hacia ella.

—No funciona a su contra hechizo —alegó Zabini y Bulstrode asintió.

—Es una variable del Fianto duri, lanzada con algo más —dijo Malfoy con voz seria.

—Podemos tirarla entonces con su contra hechizo sólo que potenciado, aunque este combinada debe de funcionar. Es un encantamiento bueno, pero no es totalmente infalible.

—Yo lo hago —contesté a lo que dijo Nott y sin pensarlo más, apunté mi varita hacia ella.

La barrera no hizo nada, parecía que mi hechizo ni siquiera la había tocado. Cuando miré a los demás parecían igual de desconcertados al verla tan intacta. Lo intenté varias veces con el mismo resultado y eso me impaciento más de lo que estaba. Estábamos perdiendo tiempo valioso y por más magia que imprimía en mi hechizo este no parecía dañarla en absoluto. Seguí lanzado hechizos de manera desesperada, sintiendo mi magia pulsar y mi mano temblar alrededor de la varita, sintiendo las gotas de sudor bajar de mi frente a las mejillas y con el pecho a punto de explotar.

Tenía que llegar ya con Pansy, tenía que sacarla de ahí y poner a salvo a Lizzie. ¡Y no podía, no podía hacerlo! ¡No podía salvar mi vida, no podía salvar a las que significaban eso para mí ahora!

—¡Basta, Harry! —escuché gritar a Hermione mientras colocaba una mano sobre mi brazo para hacerme bajar la mano.

—¡No puedo! ¡Del otro lado está la mujer que amo siendo atacada! —grité desesperado.

—Todos juntos entonces —suspiró Bulstrode, haciendo que todos giráramos a verla, por su voz sabía que ya también estaba algo desesperada, que el control estaba escapando de todos nosotros.

—Podría crear una onda de choque demasiado fuerte y quien este del otro lado podría salir herido —habló Hermione esta vez, obteniendo la atención de todos.

—El atacante —contestó Zabini con resolución.

—Pansy —susurré con espanto, pasándome la mano por la frente.

—Eso, o que siga luchando sola y quien sea que este allá terminé matándola y con eso a Lizzie también —dijo con voz dura Astoria Malfoy, mirándonos de manera retadora a cada uno.

—Hagámoslo, Pansy no nos perdonara no salvar a Lizzie —dijo Nott levantando su varita.

Todos nos pusimos en una misma posición, en línea recta apuntando directamente a la misma barrera. Vi de reojo como Astoria y Draco se tomaban de las manos, Zabini paso su brazo por la cintura de Millicent como si intentara reafirmarla al suelo. Ron me dio una mirada tranquila, mientras Hermione apretaba mi hombro con su mano izquierda, después de eso, ambos miraron con determinación a donde los hechizos estamparían.

—Vamos a salvarla, compañero —prometió y supe una vez más que podía confiar siempre en él.

—Listo. ¡Ahora! —gritó Nott.

El hechizo lanzado provocó que aquella barrera cayera con el sonido de un millón de copas destruyéndose al tocar el suelo, aturdiéndome, provocando un horrible sonido en mi oído, que intenté por todos los medios controlar, pues ahora no quedaba más que sacar a Pansy de ahí. La onda de choque como lo dijo Astoria, hizo que también nosotros fuéramos empujados lejos, algunos logramos mantenernos en pie, pero otros, como Millicent estuvieron a punto de caer, sino fuera por aquel brazo de Zabini deteniéndola.

No esperé más y entré corriendo, siendo seguido otra vez por todos ellos. Delante de mis ojos el salón parecía casi irreconocible, aunque eso era sólo hablando de las paredes, pues los cuadros y esculturas estaban intactos, aunque podía ver sus barreras brillando ligeramente al haber sido atacadas. Busqué con la mirada rápidamente a Pansy, quien estaba en el suelo, intentando ponerse de pie y sentí el alma abandonando mi cuerpo cuando me percaté del hilo de sangre abundante que salía de su cabeza.

—¡Pansy! —grité con desesperación, corriendo hacia ella, sosteniendo su rostro y besando sus labios, sintiendo que volvía a respirar.

—Harry —murmuró quedamente, sonriendo con lentitud.

—¿Estás bien? —pregunte al pasar mi pulgar por su frente, donde la sangre no dejaba de salir.

—Sí, sólo algo aturdida. Debí alejarme de la barrera, sabía que vendrían —suspiró ella y sus brazos me rodearon por el cuello, abrazándome con fuerzas— Sabía que vendrías.

—Siempre.

—Claro que lo haríamos, pero ahora déjame curarte —escuché atrás de mí la voz de Millicent y yo me alejé de Pansy, dándole el espacio suficiente para que pudiera hacerlo.

Millicent apuntó con su varita a la frente de Pansy, limpando la sangre con un movimiento, haciendo más visible la herida sangrante. Era un corte no de gran tamaño en su frente, la cual fue desinfectada y cerrada rápidamente por ella.

—Creo que de todos modos visitaras el hospital, aunque no creo que sea tan grave —apuntó ella y luego sacó de su túnica una poción que Pansy ni siquiera dudó en tomar. Al verla suspirar más tranquila imaginé que sería algo para quitarle cualquier tipo de dolor que tuviera, y la vi cerrar los ojos con cansancio— Es mejor que no duermas ahora.

Pansy pareció que estaba a punto de decir algo, pero una voz interrumpió totalmente el momento.

—¡Vaya! Creí que te había matado ya.

Mis ojos se posaron en la figura cubierta completamente de negro, recordándome de repente al atuendo de los mortifagos. Tenía el rostro cubierto por una máscara igual de negra, las manos enguantadas en piel oscura, ocultándose para que quizá Pansy no pudiera reconocerla o Grace lo hiciera cuando todo terminara. Pero no necesitaba ver algo de ella para saber ya de quien se trataba, sólo con escuchar su voz podría reconocerla en cualquier parte del mundo.

—Ginevra —dije sintiendo el mayor odio que había podido albergar en mi vida.

Miré a mi alrededor y me pude percatar que todas las varitas apuntaban hacia ella ahora, después de escucharme nombrarla. Zabini no soportó más al parecer, queriendo comprobar con sus propios ojos quien era el atacante, pues inmediatamente lanzó un hechizo para quitarle la máscara, la cual salió volando y cayó a los pies de Ron, que parecía no saber que hacer o pensar, mirando a su hermana con los ojos bien abiertos.

Estaba pálida y ojerosa, luciendo una delgadez impactante, así como unos ojos dilatados y pocos lucidos. Su cabello lucía mal, opaco y grasoso al mismo tiempo, como si tuviera tiempo sin lavarlo; tenía los labios casi blancos, mostrando sus dientes mientras reía, dientes que empezaban a tener una apariencia amarillenta de alguien que no ha cuidado ni lo que come ni su higiene, recordándome más que nunca a aquellos prisioneros de semanas enteras en Malfoy Manor en tiempos de guerra. Y como ignorar su mirada, los ojos de alguien ya no estaba bien.

Definitivamente, Ginevra Weasley no estaba bien.

—Vas arrepentirte de esto —dijo en un bajo siseo Malfoy, acercándose a ella y con la varita lista, siendo seguido por sus dos amigos y su esposa, que se mantenía a su lado.

—¡No! ¡No pueden matarla! —gritó Ron, colocándose delante de su hermana, dispuesto a defenderla a pesar de todo.

Pude ver el rostro de Hermione dudar, mirándome apenas, antes de colocarse en la misma pose que su esposo y apuntando su varita hacia las serpientes. Sabía que era una cuestión de sentimientos, algo más personal, menos racional al parecer. Ellos no permitirían que dañaran a Ginevra, a pesar de que la pelirroja había hecho mal y por sus propias palabras había ya declarado lo que deseaba hacer.

—Ella intentó matarla, a ella y a Lizzie, una niña que cuenta con la protección no sólo de su familia, sino de los Nott, Malfoy y Zabini —dijo Theo Nott con voz calmada y la mirada más fría y siniestra que podía haber contemplado.

—No van a cobrar justicia por una sangre que no se ha derramado —dijo Hermione con la voz algo afectada, sabiendo de que ya iban las palabras de Nott.

Si Lizzie hubiera sido herida al menos, ellos, por ley, por tener a Lizzie bajo su protección, tendrían el derecho de matar a su atacante, además de que matar un niño mago era lo más grave que se podía hacer en el mundo mágico, era por lo que una persona podía recibir pena de muerte sin cuestionarse demasiando.

—¡No pueden matar a mi hermana! —gritó Ron de nuevo.

Toda la situación era mala en realidad, y aunque sentía odio hacia aquella mujer que estaba poniéndose de pie, tampoco es como si quisiera verla muerta o que los amigos de Pansy lo hicieran. Aun podía pensar en su familia antes de hacer algo contra ella, aun podía pensar en todos los Weasley, en los señores Weasley, en sus hermanos y en mi mejor amigo. Vi a Ginevra ponerse de pie, sosteniendo contra ella su varita y realizando una mueca de asco al ver a todos ellos a su alrededor, para al final sonreír satisfecha al ver que tenía a Ron y Hermione de su lado, sabiendo que estarían dispuestos a entrar en un duelo por protegerla, algo que no se merecía en realidad.

—Planeaba hacerlo yo —escuché decir a Pansy, mirando con rabia hacia donde estaba Ginevra y sus amigos— Iba a lastimar a mi hija, me atacó estando con ella y prometió después ir en su búsqueda. Yo iba a matarla.

—Pansy… —llamé, pero la voz de Millicent me interrumpió.

—Pansy, sabes que nos tiene a nosotros —escuché decir a Millicent, obteniendo nuestra atención—, y sabes que lo haríamos sin dudar —prometió, antes de dirigirme la mirada— No sé qué piensas hacer, pero ya sabes lo que nosotros haremos —dijo con voz rotunda, y aquella mirada serena y divertida de la noche de Halloween cambió a una fría, cruel y determinante, haciéndome pensar que por más amigable y amable que se vea una persona, siempre tendrá un lado que no se querrá conocer.

—No está bien. No pueden hacerlo —suspiré y coloqué una mano sobre la mejilla de Pansy, acercando mis labios a los de ella, besándola apenas, separándome para verla a los ojos— El que lo haga podría ir a prisión.

—No totalmente.

—¿Qué?

—Sangre por sangre —murmuró Millicent, y se levantó, poniéndose en la misma pose que todos ellos. Pansy suspiró contra mi brazo y asintió, murmurando algo contra mi ropa que no fui capaz de entender— ¡Depulso! —escuché gritar a Bulstrode, y Ginevra fue arrojada del otro lado del salón, con la suficiente fuerza y tino para caer cerca de Nott y los Malfoy, que se lanzaron contra ella.

—¡No! —rugió Ron, dándose la vuelta para atacar a Millicent, quien, con una pose de lo más tranquila, había levantado un protego a nuestro alrededor.

Hermione corrió hacia la pelirroja, lanzando hechizos para protegerla de los ataques que se dirigieron a ella de inmediato, empezando a batallar con Nott y los Malfoy al mismo tiempo. Ginevra no tardó en levantarse de nuevo, primero protegiéndose y luego atacando con hechizos de verdad atroces, haciendo que lentamente Astoria se alejara de su esposo, o era Astoria quien se alejaba adrede. No lo sabía, de lo que si estaba seguro era del plan de Ginevra, sabía que intentaría dañar a Astoria para desequilibrar a Malfoy, pero Astoria no era tan inofensiva como aparentaba ser o como su pequeña figura engañaba, pues, aunque sus movimientos eran delicados, tenía una fluidez y fuerza para atacar, mostrando un claro gesto de calma controlada y aniquiladora que sólo se veía en una típica serpiente, una letal serpiente.

Por otro lado, Zabini había ido contra Ron, intentando quitárselo a Millicent de encima, quien ni siquiera hacía muecas al mover una y otra y otra vez la varita para defenderse. No sé porque todos ellos me daban la impresión de que de verdad no querían acabar con mis amigos, sus hechizos eran apenas para protegerse de los ataques de ellos y algún que otro hechizo ofensivo para alejarlos o hacer que se rindieran, nada que ver con lo que imaginaría que harían o con lo que de verdad serian capaces de hacer para deshacerse de ellos.

Era tan claro como el agua en mi mente ahora: su meta no era ellos, sino Ginevra, ellos sólo acabarían con Ginevra Weasley.

Bajé una vez más la mirada hacia esos ojos azules que me miraban como si quisiera disculparse por algo, pero no entendía de que iba, pues yo no estaba molesto, nunca me molestaría con ella al hacer algo para protegerse o con alguien que deseara sólo cuidarla, así que sólo la besé una vez más, sintiendo como sus dedos se metían entre mis cabellos.

—Ella no puede vivir —murmuró quedamente al alejarse de mi boca.

—Pansy…

—Matara a Lizzie, ella lo dijo —dijo con miedo e intentó ponerse de pie, cosa que evité un segundo más.

—Pansy, comprendo tu miedo, y sabes que mataría por ti, que moriría por ti y por Lizzie, pero si tú o ellos la matan, irán a Azkaban y no podré hacer nada para sacarlos de ese lugar.

Intenté negociar, pues, aunque podría dejar que hicieran lo que quisieran, sabía que Ron y su familia no se quedarían sin hacer nada y la justicia acabaría con ellos, sobre todo por el pasado que ya tenían como mortifagos y el historial heroico de la familia Weasley. El ministerio se los comería vivos, devorarían a mi Pansy y aunque yo rompiera y destruyera todo este maldito mundo para que no fuera así, me costaría tanto recuperarla, tanto salvarla de eso, y el mundo no necesitaba otro mago poderoso y oscuro haciendo lo que quisiera, pues sin duda por ella lo haría. Vivir sin ella una segunda vez no lo resistiría.

Ahora sí nadie les perdonaría, aun cuando fuera uno de los suyos haya intentado matar a una niña.

Ella me quedó mirando con duda, viendo una vez más la batalla que se alargaba ante sus ojos. Sabía que lo estaba pensando, sabía que sería difícil vencer aquella vena vengativa que llevaba por dentro, sabía que lo que más querría hacer sería desaparecer el peligro que pudiera rodear a Lizzie, pero también sabía que matar a Ginevra significaría no verla nunca más, no ver a Lizzie nunca más.

—Ayúdame a levantar —pidió y así lo hice.

La sostuve de la cintura cuando la vi tambalearse y la vi mirar a nuestro alrededor, como si analizara una vez más la situación. Ella pareció pensarlo otra vez, antes sacar su varita de nuevo y de salir del escudo que había tenido Millicent sobre ella. La castaña giró a verla y Pansy le sonrió ladeadamente, antes de empezar a caminar hacia Ginevra. Yo la seguí sin saber que pretendía hacer, sin saber si de verdad la mataría sin importarle mis palabras. Ahora era yo quien pensaba que podría hacer para salvarla de Azkaban, o sacarla de ahí llegado el caso.

—¡No la maten! —gritó a Pansy y sus amigos giraron por un segundo a verla.

—¡¿Qué?! —gritó Zabini— Sin duda lo haremos, intentó matar a nuestra florecita.

—¡Lo sé! Pero si lo hacen, alguien perderá mucho y está escoria no merece tal sacrificio —dijo apuntando su varita hacia ella, quien aún se custodiaba atrás de Hermione—. Astoria —habló y aquella mujer detuvo por un instante sus movimientos para verla— Mi oficina. En su muñeca esta la salida y tú tienes la tuya.

—Pero…

—Hazlo —dijo Draco en su dirección, desviando un nuevo hechizo de Hermione— Cuídalos. Son todo lo que tenemos —ella aun pareció dudar, viendo hacia el pasillo que la llevaría con Lizzie para luego ver a su esposo como si no quisiera alejarse— Te veré en casa, lo prometo.

—Está bien —suspiró y la vi salir corriendo hacia las oficinas. Eso me dio un poco de tranquilidad, pues Astoria Malfoy pondría a salvo por fin a mi pequeña princesa.

—Esperaba matarte antes de que ellos aparecieran, maldita víbora —dijo Ginevra girándose a verla, arrojando un espantoso hechizo hacia Nott, un hechizo que jamás pensé que podría utilizar, logrando que saliera volando.

La habilidad de Theo Nott era algo de admirar, pues ni siquiera tocó el suelo cuando él mismo había lanzado un hechizo para amortiguar su caída, levantándose sin hacer una mueca, apenas sacudiendo una manga de su túnica y acomodándose el cabello en un gesto por demás egocéntrico, pero que hacía ver que muy poco podías hacer para provocarle nervios, miedo o dolor.

—No estuviste ni cerca de lograrlo, zanahoria, sabes que si caí fue por la barrera que cayó —contestó Pansy, preparando nuevamente su varita, apuntando con ella a Ginevra— Pero tú, tú si estás muy cerca de morir ¡Déjenmela a mí, quiso derramar sangre de mi sangre, y yo cobraré!

—Pansy… —pedí sin obtener su atención.

—¡No!

—¡No! —secundó Hermione el grito de su esposo— No puedes matarla, Parkinson, ella pagara ella pagara a como dicta la ley…

—¡¿La ley?! ¡La ley va a protegerla, sabelotodo, la ley no apreciara la frágil vida de mi hija y dejaran a esta basura libre para que consiga asesinarla apenas me distraiga! —gritó Pansy con rabia— Y si en todo caso, eligiera hacerte caso, dime, ¿tu esposo la entregaría? —preguntó con sorna y admiré sin poder creerlo que Ron no fue capaz de contestar a eso.

—Ustedes atacaron primero —contestó Ron molesto, y envió un hechizo Depulso a Millicent que por un segundo había parado al igual que el resto, aventándola al otro lado de la sala.

Sabía que, para Ron, Millicent Bulstrode era la que dio inicio a todo, algo totalmente errado.

Todos nos quedamos viendo en silencio la posible fatal caída de la castaña, quien se dirigía sin poder hacer nada contra un pilar. Estaba a punto de enviar un hechizo para detenerla, pero no alcancé a hacerlo cuando la vi caer de manera suave a causa de un hechizo controlado de Grace que apareció de manera agitada por la entrada hacia las oficinas y luego corrió a su lado, ofreciendo su mano para levantarla mientras Blaise, al ver que estaba viva y a salvo, arremetía en contra de Ron otra vez, pero con hechizos que iban en aumento, tanto en fuerza como velocidad, haciendo gala de un repertorio que estaba seguro apenas yo conocería por sus niveles de aparente crueldad. Ron se había metido con lo que más quería Blaise Zabini y si alguien no hacía algo, lo mataría.

—¡Basta, basta! —pedí tomando mi varita para detenerlos de una vez por toda, pero Zabini parecía haberse quedado sordo, no parecía pensar en nada más que en sus hechizos contra Ron, que apenas podía esquivarlos, y sabía que el resto de sus amigos no haría nada para detenerlo.

—¡Basta, Zabini! ¡Él no la entregaría, pero yo sí! —gritó Hermione esperando que con eso el ataque a su esposo se detuviera, apretando entre sus dedos la varita y mirando a Pansy de nuevo, con una determinación que ella no supo contestar— ¡Yo la entregare! —repitió con seguridad.

—Hermione… —intentó Ron deteniendo un hechizo, pero Ginevra hizo algo que no calzó para nada, pues atacó por la espalda a la única persona que había estado protegiéndola, haciendo que el cuerpo de Hermione impactara contra Malfoy, enviando a los dos al suelo con un sonido fuerte y contundente— ¡Hermione!

—¡Perra traidora! —gritó la pelirroja— Pues valdrá la pena. ¡Sectumsempra!

—¡Pansy! —grité, mezclándose mi voz con los gritaros de sus amigos.

Tomé la cintura de Pansy y la pegué a mi pecho, dándome la vuelta por completo con ella entre mis brazos. Sabía que el hechizo no podría detenerse ni evitarse, que no había manera de evitar que lograra su propósito, pero al menos conseguiría que no le diera a ella, que no la dañara o matara a ella, aun si con eso terminaba mi vida aquí y ahora. Tenía que mantenerla a salvo por todo el tiempo que no pude hacerlo, por haber propiciado esto, por haberla puesto en riesgo, pues era por mi culpa que Ginevra hubiera enloquecido. Era culpa mía y si mi vida pagaba que ella y Lizzie estuvieran bien, la daría con mucho gusto.

Sentí el impacto empujándome, haciendo trastabillar a Pansy; sentí la fuerza y el dolor de inmediato, haciéndome gritar, mientras sentía la piel abrirse y la sangre salir. Caí de rodillas, arrastrando conmigo a Pansy que había lanzado un grito espantoso en mi oído, intentando sostenerme rodeando mi torso y haciendo que sintiera sus manos en las heridas de mi espalda.

Los gritos no se hicieron esperar, los de Pansy junto a los de mis amigos y el gritó de Ginevra exclamando que no debía ser yo sino ella, que Pansy era la debía morir. Escuché que repetía eso hasta que, de seguro alguien, la hizo callar.

—¡Harry! ¡Harry, por favor! —la escuché decir, mientras mi pecho tocaba el frío suelo.

—Pan… sy —murmuré entrecortadamente.

—Harry, shhhh, tranquilo. Todo estará bien, te lo prometo, mi amor—pidió con voz desconsolada, rota y no quería escucharla así, jamás podría querer escucharla así, sentirla tan desdichada.

—Esta…rás bien.

Prometí, porque eso era lo que esperaba. Alejarían a Ginevra de Pansy y Lizzie y los amigos de ella cuidarían de ambas. Estarían bien, por fin estarían bien.

—Pansy… te amo —murmuré con el último poco de fuerza que me quedaba, viendo aquellos ojos que eran mi cielo.

—No, Harry, no me basta escucharlo una sola vez. Tienes que repetirlo todos los días, todo el tiempo. Tú lo prometiste —dijo con la voz entrecortada, tomando mi mejilla con su mano— Tú me lo prometiste, prometiste quedarte para siempre conmigo —suplicó.

Quería decirlo muchas más veces, todas las veces que fueran necesarias para que no lo olvidara por el resto de su vida. Pero empezaba a tener la mente en blanco, sintiendo el cuerpo adolorido, pesado, sin fuerza.

—¡Draco! ¡Draco! ¡Draco, por favor, haz algo!

En medio de mi inconsciencia escuché los llamados de mi Pansy, su voz cada vez más desesperada y angustiada, con su mano entre mis cabellos. No quería cerrar los ojos y dejar de verla, dejar de ver sus ojos azules asustados, temerosos de todo, con los labios moviéndose para llamarme y apretándose para no gritar más, con sus mejillas rojas y húmedas por las lágrimas que estaba dejando caer. Y aunque aquella imagen de ella en ese estado me rompía el alma, no quería dejar de verla, pues estaba seguro de que, si moría en este momento, su rostro eran un buen recuerdo y momento para irme. Ella, morir a su lado, con ella diciendo mi nombre, con sus manos tocándome, con su rostro bajando hasta la altura de mi cabeza para besarme en los labios y suplicarme que no me fuera, murmurando cuanto me amaba sobre la mejilla.

Quería decirle que estaba tan feliz por el tiempo que estuvo a mi lado, por la oportunidad que no me merecía pero que aceptó darme. Quería decirle que fui más feliz en estos pocos meses que lo que fui durante toda mi vida sin ella.

Quería decirle que la amé hasta dejar de respirar, que la amé con cada agónico latido de mi corazón. Que la amé y ahora eso nadie podría quitármelo, porque era mía y yo fui suyo hasta morir, que siempre fui suyo.

Suspiré por última vez y cerré los ojos.


Lo sé, lo sé… mil años después y tengo la desfachatez de volver. Pero, aunque siempre voy tarde, les prometo que esta historia llegara a su fin, y si no me equivoco, más pronto que tarde lo hará.

Nos leemos.

By. Cascabelita.