Palabra: reloj.


Cicatrices

Meet me on the battlefield
Even on the darkest night
I will be your sword & shield, your camouflage
And you will be mine

Battlefield, SVRCINA


Hizashi Yamada canta con una voz aguda. Todo el tiempo. Todo el maldito tiempo. Katsuki acaba cubriéndose las orejas cuando caminan y Shouto se ríe de él. Acaba sonriendo, porque ver al príncipe reírse de cualquier cosa es un milagro. E Izuku sonríe enseñando todos los dientes. Solo por eso Katsuki acaba quitando la cara de pocos amigos. No lo dice en voz alta muy seguido, pero le gusta verlos sonreír. Le quita muchas cosas de la cabeza.

El gato de Aizawa sólo los ve, como evaluándolos. Izuku es quien lo soporta mejor. Katsuki sólo se mantiene lo más alejado posible de sus dos colas en cualquier momento y Shouto lo ve con curiosidad. Esos gatos solían ser de mal agüero antes. Y además pueden adoptar forma humana, usar magia para encantar a la gente. Pero ese sólo los ve, de momento. Katsuki no tiene ni idea de cómo se ve en otra forma.

Izuku y él entrenan de nuevo. Shouto ayuda. Izuku le insiste que use el fuego y él lo hace. Pelear con un Shouto que usa todo el potencial de su magia resulta ser la manera en la que Katsuki gasta más energía. Es difícil conseguir dejarlo acostado sobre el pasto de las praderas, evitando que se mueva, gritándole que ha perdido. Con Izuku es diferente; Aizawa lo acusa de ser más cuidadoso, pero en general sólo está más atento a que Izuku no se lastima él sólo con el báculo. Shouto no necesita esa atención. Tiene un control casi inaudito sobre su magia.

En una semana, oye el cantar de Yagi Toshinori más de veine veces —porque Izuku persigue a Yamada para que lo entone y él, adorado con un público que abre mucho los ojos y se sorprende cada vez, lo hace—. Y al final del día él vuelve a taparse los oídos porque, por muy bien que cante el bardo, sus gritos ya son suficiente ruido para su vida y a veces, sólo a veces, necesita silencio.

En una de esas veces descubre a Aizawa dirigiéndole una mirada de compasión.

Sólo bufa.

Cuando entrena con Izuku, puede ver a Shouto mirándolos. Como si los evaluara.

En una de esas se distrae e Izuku acaba con el báculo encima de él.

—¡Maldita sea, eso fue trampa!

Shouto se ríe.

Eso también es trampa. Su risa es tan rara que vale la pena oírla.

—Gané justamente, Kacchan.

Siente el peso de Izuku sobre él. Izuku prácticamente tiene un pie sobre una de las palmas de sus manos, un brazo sobre su pecho y su otra mano con el báculo sobre su brazo. Respira con dificultad.

—Aprovechaste mi distracción.

—Gané justamente —insiste Izuku y Katsuki acaba sonriendo.

—Sí, idiota. Ganaste justamente.

Fue Katsuki quien le enseñó que aprovechara todas las oportunidades, las distracciones del oponente, cada estúpido detalle. Izuku sabe hacerlo.

Sonríe de lado, con esa sonrisa de depredador que le queda también.

—No lo harás una segunda vez —advierte.

No puede decir nada más porque Izuku ya lo está besando. No lo suelta, presiona sus labios contra los suyos. Y a Katsuki le gusta besarlo. Le gusta esa pelea con sus labios y sus dientes, le gusta que Izuku responda con la misma desesperación que él. El Izuku que lo besa nunca es el Izuku que le tenía miedo de niño, es el que le puso una espada enfrente y le demostró que era su igual.

Quiere besar a ese Izuku toda la vida.

En el fondo Yamada canta una canción de amor, Aizawa gruñe y el gato maúlla como si quisiera dejarlos sordos.

Probablemente quiera eso.

Katsuki termina por zafarse de los brazos de Izuku y se incorpora sin dejar de besarlo.

Yamada sigue cantando en el fondo.

Es irritando, pero él no puede separarse. Izuku se acomoda sobre sus piernas. Alguien gruñe de nuevo en el fondo y alguien se pone en pie. Katsuki no está poniendo atención: está más ocupado con la falta de vergüenza. Sólo alcanza a distinguir a Shouto, sentado bajo la sombra de un árbol. Le guiña un ojo que significa tanto «no te atrevas a venir» como «atrévete». No alcanza a ver la cara que hace el príncipe porque sigue pegando a Izuku, tiene las manos en su cintura, le clava los dedos con desesperación.

Y entonces, les cae agua.

Los ahoga.

Aizawa está parado enfrente de ellos, con una cubeta de agua fría en las manos. Dónde carajos fue a conseguirla.

—Pensé que quizá era buena idea recordarles que tenían público —les dice, sin cambiar de expresión.

Shouto Todoroki, en el fondo, vuelve a reírse. A carcajadas esa vez.

—¿Qué es tan gracioso, princesa? —espeta Katsuki.

Se sacude el cabello. Izuku hace lo mismo y se ponen en pie. Le dirige una mirada seria a Aizawa y ni siquiera tiene la decencia de mostrarse arrepentido, pero Izuku intenta ocultarse tras él.

—Cuando Yamada cante canciones de amor todo el día —les dice Aizawa—, espero que no se arrepientan.

Katsuki se arrepiente.

Por supuesto.

Shouto hace comentarios todo el día, hasta que Izuku se le sube en la espalda y lo carga un tramo de varios metros. Katsuki no deja de perseguirlos todo el día gritándole que lo cargue como si cargara a una novia.

Aizawa nunca antes había tenido los ojos en blanco tanto tiempo.

—El amor te hace más soportable, adolescente problema —le dice, cuando Izuku y Shouto se alejan unos pasos—. No diré que gritas menos, pero me irritas menos.

Katsuki bufa.

—Voy a darte un consejo.

—No necesito que me ayudes en mi vida romántica…

—No tiene nada que ver con eso, Bakugo. —Aizawa parece preferir la muerte antes que darle un consejo romántico—. Es sobre… Cuando peleas con Midoriya.

—¿Ajá?

—Están bastante a la par —dice Aizawa—. Deja de apoyarte tanto en tu magia. La magia agota y sé que tienes una cantidad de energía que no se puede comparar con nada, pero usa todos tus recursos. Aprovecha tu cuerpo. Midoriya lo hace. Quizá porque es su manera de compensar la falta de magia que sólo suple con el báculo que trae, pero lo hace. Eres fuerte.

Katsuki asiente.

«No te quedes atrás», es lo que oye.

Sin embargo, sabe perfectamente que quien empieza a ir persiguiendo a Izuku para no quedarse atrás es él.

Su dominio del báculo mejora.

—¿Me estás escuchando, Bakugo?

—Sí.

—Sabes que tengo razón.

—Siempre tienes razón, carajo.

—Me alegra que tú y Midoriya se lleven bien —sigue diciendo y Katsuki cree que está a punto de derretirse de vergüenza por estar diciendo eso, pero Aizawa no se detiene—. Y que ya no le digas por ese sobrenombre tan…

—«Deku» —dice Katsuki.

—Eso. ¿Te disculpaste?

Katsuki bufa.

—Sí.

—Bien.

Katsuki aparta la vista.

Ahí, enfrente de Aizawa, entiende que parte de la culpa quizá nunca se vaya. Parte del miedo de volver a lastimar a Izuku. No quiere decírselo porque no quiere abrirse con nadie, pero lo entiende. Se va a quedar allí. Mucho tiempo.

—Has mejorado, Bakugo —acaba diciendo Aizawa. Y luego sonríe—. Me alegra.

Katsuki deja salir algo de su boca que bien podría ser un «gracias» o un gruñido, cualquiera de las dos.

Aizawa lo deja adelantarse hasta que está a la altura de Shouto e Izuku.

Descansan en uno de los viejos templos abandonados. No son más que cementerios de rocas medio derrumbados, pero los animales los evitan. Ese en particular tiene varias figuras de lobos; el gato púrpura de dos colas se niega a entrar y maúlla desde la entrada. Aizawa zanja el asunto diciendo que Shinsou hará guardia y nadie discute. De todos modos, el gato duerme la mayor parte del día en uno de los hombros del caballero.

Cenan alrededor de una hoguera para calentarse. Aizawa cazó dos liebres.

Shouto mira todo con los ojos muy abiertos.

—Son los antiguos dioses —dice Katsuki, señalando las figuras de roca repartidas por todo el templo. La mayoría están rotas o erosionadas por el agua, pero se alcanza a adivinar que son dioses—. La gente antes de nosotros creía en ellos.

—No se sabe mucho de ellos —sigue Izuku. Y una vez que empieza a hablar, no se detiene. Le cuenta a Shouto cada una de las leyendas e historias conocidas, que no son muchas para empezar; le dice todo lo que suponen sobre los dioses antiguos. Le cuenta sobre cómo los templos tenían un reloj de sol en el patio principal, destinado a siempre mostrar la hora. Katsuki escucha hasta que está demasiado cansado y empieza a cabecear.

Aizawa y Yamada se retiran primero.

Katsuki tiene que arrastrarlos a buscar un lugar lo suficientemente cómodo donde dormir. Izuku se pega a uno de sus brazos en cuanto se quita la capa —que usará después para cubrirlos a los tres—, como es su costumbre y Shouto se acurruca en su espalda. Lo dejan en medio.

—Ey, Izuku —dice Shouto.

—¿Qué?

—Bésalo.

—¡¿Qué?! ¡Estoy aquí! ¡En medio de ustedes dos, idiotas!

—Me gusta ver cuando lo besas.

E Izuku le hace caso.

Katsuki se ahoga en sus labios. Tan suaves. Tan enamorados que duelen. No puede concentrarse en nada más de momento, hasta que siente los labios de Shouto en su cuello. No, no sus labios, sus dientes, apenas un roce de ellos.

—Katsuki —dice Shouto, separándolos un poco, haciendo que extrañe el contacto—. Katsuki. ¿Puedo?

Y él responde hasta que Deku deja de besarlo un momento y sus dedos se acercan, nerviosos, hasta sus labios, como si quisiera recorrerlos, aprendérselos de memoria.

—Sí, carajo, princesa.

—Nunca lo he hecho —dice Shouto. Katsuki prácticamente lo siente respirar sobre su piel. Quiere quedarse ahí para siempre, entre ambos. Ahogado entre el príncipe e Izuku, porque todo es demasiado.

No puede describirlo.

Simplemente demasiado.

—Joder, sólo. Shouto… Princesa.

«Por favor».

Está en sus labios, pero no lo dice.

Shouto le clava los dientes en la curva de su cuello y Katsuki siente su lengua en su piel y no puede reprimir el gemido que se forma en su garganta. Carajo, aquello le gusta demasiado.

Izuku se ríe, bajito.

Su pulgar está todavía sobre su labio inferior.

—Kacchan…

—Usa mi nombre…, Izuku…

—Katsuki —corrige.

No puede volver a la superficie. No puede ni siquiera apretar sus manos alrededor de la cintura de Izuku bien. No puede hacer nada, más que dejarse hacer. Dejar que los labios de Shouto recorran todo el cuello y ser consciente de que una de las manos del príncipe está sobre uno de sus muslos.

E Izuku.

Su sonrisa.

Sus ojos.

Sus dedos en sus labios.

Y los dientes del príncipe, en su piel.

—Shouto, carajo…

No tiene ni la energía suficiente para odiar el tono de voz con la que salen esas dos palabras de su garganta.

—Me gusta cuando estás así, Kacchan. —Los labios de Izuku se acercan a los suyos y los rozan, sin llegar a tocarlos realmente.

—Malditos…

Pero ni siquiera es una amenaza.

Cada dedo, cada toque, cada roce, toda la piel le arde.

Y entonces, el grito.

No, no es un grito. Es un maullido furioso, enojado.

Rompe la noche entera. Shouto se separa inmediatamente de él e Izuku se incorpora y agarra el báculo. La capa queda olvidada detrás cuando él también se pone en pie. Todavía le quema la piel y quizá es eso lo que le sube la adrenalina al cerebro en apenas un momento. La capa queda olvidada atrás y sigue a Izuku y a Shouto a la entrada del templo, donde una figura tiene al gato púrpura agarrado por el lomo.

Katsuki ve sangre en sus dedos, tiene las unas clavadas en su piel.

—¡Suéltalo! —Izuku es el primero en gritar, el primero en lanzase hacia adelante, alzando en báculo. Katsuki no sabe qué es lo que pretende.

Se oye una risa de mujer.

La atacante sonríe y deja caer la capucha. Tiene el cabello rubio peinado en dos chongos desordenados y una sonrisa de depredados. Sus dos colmillos eran afilados, pero irregulares, parecía que ella misma los había hecho tan puntiagudos.

—¡Déjalo!

La mujer vuelve a reírse. Shouto se agacha. Pone la mano derecha en el piso y crea una estructura de hielo, buscando congelar a la bruja, pero ella salta antes. En la trayectoria, deja caer al gato.

Katsuki podría alcanzarla, sólo necesita apuntar sus manos al piso e impulsarse hacia arriba.

—¡Shigaraki tenía razón! —grita la bruja—. ¡Podía sentir al báculo de Yagi Toshinori!

Se ríe.

Katsuki podría alcanzarla. Pero el gato también está cayendo y deja salir un ruido inhumano. Cuando se impulsa hacia arriba, lo hace en su dirección y lo atrapa a medio camino, poniéndolo debajo de su brazo. Cuando cae, la bruja ya no está.

—¿Qué demonios acaba de ocurrir? —pregunta Shouto.

Katsuki sólo se digna a contestar con una cara de «Ojalá supiera».

Aizawa está en la entrada del templo, Yamada está a su lado. Seguramente el ruido los despertó.

—Parecía una advertencia —dice Izuku. Extiende sus brazos ante Katsuki para que le pase al gato—. Déjame verlo, está herido. Le clavó las uñas muy…

—¿Quién era? —pregunta Aizawa, al acercarse a ellos.

—Una bruja. Rubia —responde Katsuki—, Mencionó a un tal «Shigaraki».

Aizawa aprieta los labios. Parece que va a decir algo más, pero en vez de eso se concentran en Shinsou.

—Le hirió la espalda —dice Izuku.

—Ponlo en el suelo —indica Aizawa y una vez que el gato está sobre el pasto, le pasa una mano por la cabeza—. Transfórmate —ordena—. La herida es fea.

El gato maúlla.

—Shinsou… —Esa parece una advertencia—. Transfórmate.

Y lo hace.

Ante sus ojos aparece un joven, bocabajo, con la espalda ensangrentada allí donde la bruja rubia le clavó sus garras. Apenas si lleva unos pantalones y una bufanda gris. Tiene el cabello morado, desordenado hacia arriba y hacia otras partes, tal como el pelaje del gato y mantiene las orejas felinas; yambién ambas colas, que nacen en la parte más baja de su espalda, y las garras.

Pero eso no es lo que sorprende a Katsuki.

Es el estado de su espalda.

No hay un pedazo de piel donde no haya una cicatriz. Le recuerda al brazo de Izuku, pero eso es peor.

—No se atrevan —murmura— a hacer ningún comentario. —Tiene una voz profunda, tranquila a pesar de respirar con dificultad.

Aizawa mira a Izuku.

—Busca algo con lo que limpiar la herida. —Y luego se dirige a Shouto—. ¿Tienes magia de fuego, no? ¿Puedes cauterizar?

Shouto asiente.

Lentamente, todo se pone en movimiento. No pueden ponerse a hablar de la bruja ni del ataque hasta que no curen la herida, hasta que Shinsou no esté perdiendo sangre en el suelo. Sin embargo, Katsuki no puede despegar la vista de su espalda.

—¿Quién carajos…?

—Los gatos como él son de mal agüero —dice Aizawa—. Especialmente en el sur.

Shinsou cierra los ojos. Katsuki no pregunta más sólo por no humillarlo. Jala uno de los protectores de sus muñecas cuando Izuku vuelve con agua y un paño para limpiarle la herida y se acerca al rostro de Shinsou. Antes de que Todoroki pueda cauterizar la herida, se la ofrece.

—Muerde —dice—. Va a doler.

—Ya sé.

—Muerde —repite Katsuki.

El gato le hace caso.

Aizawa es quien lo venda cuando puede incorporarse.

—No te transformes —le dice—. Hasta que cure.

—Serán días —espeta Shinsou—. Odio…

—No te transformes —insiste, frunciendo el ceño.

Shinsou gruñe pero no dice nada. Por primera vez, pueden verlo de frente. Parece más joven que ellos. Katsuki le calculo dos o tres años menos, pero no tiene manera de estar seguro. Es alto y desgarbado. Se mueve con lo manierismos de un gato incluso en su forma humana. Sus colas se mueven cuando habla o cuando siente dolor. Y sus orejas también.

Se cubre el vientre con los brazos, especialmente cuando los tres pueden ver una marca en él, probablemente hecha con hierro ardiente. Es un emblema, pero ninguno tiene tiempo de reconocerlo. Les dirige una mirada asesina cuando los descubre mirando.

—Aizawa me rescató. —Es lo único que dice. No dice de qué o quién, pero Katsuki puede imaginárselo. A la gente no le gustan los gatos con más de una cola.

Katsuki carraspea.

—Entonces… ¿Shigaraki…?

Mejor cambiar el tema.

Aizawa asiente. Luego entorna los ojos.

—Me parece que encontraron a los mercenarios que buscaban —dice—. A la bruja no la conozco. Pero Shigaraki es su líder. No deben estar muy lejos.

Izuku mira al suelo.

—Dijo algo del báculo. Ella. Que Shigaraki podía…

—… sentirlo —completa Shouto.

Katsuki observa como todo se complica justo enfrente de él.


Notas de este capítulo:

1) Ha llegado el día en que sólo tengo un capítulo de ventaja con el resto de la historia. Creo que no habrá retrasos pero si hay alguno yo les aviso. Lo bueno es que sólo quedan seis capítulos y ya sólo es acabar con este arco argumental y otras cosas. Que es básicamente cosas de Shigaraki y el báculo y Shouto y Touya y Katsuki y sufrir porque si algo soy yo es la forma humana de la frase Katsuki Bakugo but make him sad.

2) ¡Shinsou! Ahora sí, oficialmente, ha aparecido en forma humana (bue, neko, más o menos). La idea de los gatos con muchas colas la saqué de Monstress, que es mi comic favorito en la vida (lore asiático, monstruos, gatos, ilustración de Sana Takeda). Esos siempre son gatos y hablan, no tiene forma humana, pero tienen muchas colas y un complicado sistema social. JÉ. Les prometo más Shinsou content después.


Andrea Poulain