DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
.
¡Hooola de nuevo!
Aquí estamos una semana más, bastante antes de lo normal. ¡Espero que os guste la sorpresa! Pero sobretodo espero que estéis todas bien desde dónde sea que me leáis. Estos días el mundo parece haber explotado y está todo al revés. Espero que podáis encontrar en este capítulo un escape de la realidad que nos envuelve que desgraciadamente es bastante triste. Cuidaros mucho.
POR FAVOR LEER LA NOTA DE AUTOR.
Sin más os dejo con Bella.
.
MIS PEORES PESADILLAS
BPOV
.
Mantén la calma.
Y piensa un plan de escape.
Mantén la calma.
Y piensa un plan de escape.
Mantén la calma.
Me repetía incansablemente mientras respiraba profundamente e intentaba visualizar imágenes que me evocaran tranquilidad. Ahora mismo toda ayuda era poca controlar mis temores.
Anthony conducía demasiado rápido para poder saber qué camino estábamos siguiendo. Me había tapado los ojos antes de arrastrarme por varias calles hasta que llegamos al coche. Me empujó dentro del vehículo cerrando la puerta tan rápido que por mucho que lo intenté no conseguí liberarme antes que llegara a mi lado impidiendo cualquier intento de fuga.
No podía creer que nadie en medio del centro de Seattle no nos hubiera visto en esas circunstancias y hubieran venido a ayudarme. Quería llorar de la impotencia pero, sobre todo, del miedo que me provocaba lo que Anthony podía llegar a hacer impunemente si nadie conseguía pararlo a tiempo. Lamentablemente, si nadie nos había visto en la ciudad mis esperanzas de encontrar ayuda casi desaparecían ante la perspectiva del lugar al que me llevaba.
-Veo que no estás muy comunicativa… - volvió a intentar hablar conmigo pero solo iba a obtener el silencio por respuesta. No me iba a desestabilizar.
Sospechaba que lo hacía para que no pudiera tener ninguna pista de nuestro trayecto. Aunque llevara las manos y los ojos vendados intentaba concentrar toda mi atención en los sonidos que me llegaban de fuera del coche. Hasta ahora no había tenido mucha suerte pero no desistía. Necesitaba aferrarme a algo.
– Es una pena, siempre había escuchado que los viajes por carretera sirven para crear grandes vínculos… Pero tú, como siempre, te niegas a colaborar… - continuó hablando como si no me estuviera secuestrando y ambos estuviéramos haciendo esto voluntariamente.
La rabia peleaba con el miedo.
Quería escupirle, pegarle, lanzarme de esta maldita camioneta en marcha. ¡Hacer alguna cosa para dejar de escuchar a este desalmado al que nunca debí acercarme y que me provocaba arcadas!
Anthony desistió en su infructuoso intento de distraerme pero encendió la radio a todo volumen. Definitivamente, no quería dar lugar a que algo pudiera informarme de a dónde nos dirigíamos.
Avanzamos en silencio mientras intentaba recordar el recorrido que habíamos hecho para orientarme. Quizás cuando parara el coche podría escapar de él. Solo debía dejar de banda todas las preocupaciones y distracciones y concentrarme.
Mantenerme fuerte era la única manera de volver con Edward que era en lo único que podía pensar ahora. Estar abrazada a él dónde fuera que había planeado pasar estos dos días o en el sofá de casa viendo una película. Cualquier cosa menos esta pesadilla que estaba viviendo.
Anthony giró bruscamente haciendo que mi cabeza golpeara la ventana de coche.
¡Imbécil que ni sabía conducir!
El coche se paró.
En mi intento de agudizar mi oído escuché como giraba la llave parando el motor.
Comencé a temblar de miedo. Fuera lo que fuera que tenía en mente el degenerado de mi hermano lo iba a descubrir de un momento a otro. La inminencia lo hacía todo más escalofriante.
La puerta del conductor se abrió y el movimiento al otro lado me indicaba que se estaba bajando del coche.
-Baja. – ordenó enfadado al ver que no tenía intención de moverme. Me preguntaba si pensaba que era una idiota. No tenía intención de ir a ningún lado con él y mucho menos sin saber dónde pisaban mis pies.
-Siempre poniendo problemas. – gruñó mientras tiraba de mí sacándome del coche. Mis pies trastabillaron, sin mucho cuidado me sujetó para evitar que me cayera, no había rastro de caballerosidad en su gesto, más bien solo molestia.
-Ahora entiendo porque nadie quiere tener una hermana pequeña si todas son tan insoportable como tú. – continuó con su discurso mientras caminábamos deprisa. – No te preocupes estás a punto de descubrir la sorpresa que te he preparado, hermanita. – añadió.
Caminamos unos pasos más hasta que paró nuestra marcha repentinamente sin soltar la presión que ejercía sobre mi brazo para impedir que me escapara. Escuché el chirrido que parecía el de una puerta al abrirse.
-Entra. – me empujó con más fuerza de la necesaria y destilando más odio aún al ver que no le obedecía.
Entrar en un lugar que pudiera cerrar con llave iba a hacer mi situación aún peor.
¿Cómo iba a buscar ayuda si me mantenía encerrada? ¿Quién iba a poder vernos?
Definitivamente había abandonado cualquier indicio de tranquilidad que podía haber deseado desde que sentí el agarrón en aquel callejón oscuro. Temblaba, las lágrimas quedaban presas en el pañuelo que Anthony había atado alrededor de mis ojos y mi boca estaba seca en parte por la mordaza pero sobre todo por el miedo que comenzaba a paralizarme.
Este lugar olía a podredumbre, polvo y madera húmeda.
-Como sé que estás deseando saber dónde estamos te voy a quitar la venda. – anunció acercándose a mí. Su olor me provocaba nauseas.
La tela fue cayendo liberando mi vista y deseé volverla a tener puesta para no tener que enfrentar el retorcido plan de Anthony.
Maldito inhumano.
Cerré los ojos pero incluso con esa acción las lágrimas caían sin freno y mis piernas amenazaban con dejar de sostenerme.
-¿Por qué cierras los ojos? – preguntó Anthony con la voz afilada mientras acariciaba mi cara. – ¿Acaso no quieres ver el lugar del que procedes? – Me aparté incapaz de soportarlo más. Ni a él ni este lugar.
Abrí los ojos e incluso con la mirada borrosa por el agua salada acumulada en ellos pude divisar el rencor y la venganza que había tras sus ojos oscuros.
Volvió a acercarse a mí.
Di un paso atrás.
Repetimos la acción tres pasos más hasta que una pared frustró mi huida. Anthony se acercó deliberadamente lento hasta mí sin apartar la mirada fija asustándome. Sus manos se alzaron para quitarme la mordaza. Al menos ahora podría decirle todo lo que pensaba de él.
-Ojalá te pudras en el inferno. – le deseé por todo lo que me había hecho sufrir desde que volvió a aparecer en mi vida.
-Tú y yo somos esto y no tus mansiones ni todos los lujos que te rodean. – dijo cogiendo mi cara obligándome a mirar la antigua casa de los Dwyer.
La recordaba al detalle. Jamás pude olvidarla.
Nunca había sido una gran casa, mucho menos una cuidada que reflejara el amor de la familia que allí vivía pero ahora era lo más parecido a un desguace. Estaba lleno de trastos podridos y mohosos y todo se caía por el desuso. Las ventanas dejaban pasar la claridad atenuada debido a la suciedad que acumulaban. Algunas estaban rotas lo que provocaba que el aire se colara helando mi cuerpo.
-¿Por qué me has traído aquí? – pregunté. No tenía fuerzas para ocultar el miedo.
-Tú lo decidiste así. – sentenció. Negué con la cabeza. – Sí, hermanita. Te di la oportunidad de establecernos juntos y tú nos lo negaste, egoístamente… Así que he pensado que ya que no has querido compartir conmigo tu nueva, e injusta, vida de niña rica… ambos viviremos la nuestra antigua vida. Aquí somos iguales. – explicó con tanta frialdad que asustaba. Su mirada era heladora. Sus ojos calculadores solo transmitían odio y venganza.
¿Pretendía que viviéramos aquí? ¿Cómo? ¿Hasta cuándo?
-Nunca seremos iguales. Tú eres un perturbado que solo buscas destruir. ¡Estás loco! – chillé cansada. Dudaba que nadie nos escuchara pero no perdía nada por intentarlo.
Anthony río en una mueca casi psicópata. Era igual que Phill. Una copia exacta y cada vez estaba más segura que la manzana podrida no había caído lejos del árbol. Lamentablemente.
– Eres igual que él. Solo piensas en ti y no te importa a quien arrastras por el camino. – acusé con asco.
La mirada de Anthony se volvió más oscura.
Y de repente todo pasó.
Fue tan rápido que no pude defenderme. Anthony me golpeó en la cara con tanta fuerza que el grito salió de mis entrañas por el latigazo de dolor que cruzó mi cuerpo.
-Jamás me compares con él. – me amenazó descontrolado. - Yo no soy un borracho, ni un drogadicto. – se defendió con los ojos llenos de ira. Acababa de descubrir su punto débil.
Me dolía la cara por el golpe que me había propinado. Noté sangre en la boca. Había sido un derechazo firme y sin ninguna piedad.
-Pero sí un maltratador sin escrúpulos que prefiere aprovecharse de los demás a hacer algo por el mismo para vivir. – le acusé. Si nadie le había dicho la verdad a la cara ahora la iba a escuchar. Ni él ni su fuerza bruta iban a detenerme.
-Deberías callarte. – intentó coaccionarme.
Estaba tentando a mi suerte pero después del puñetazo algo había hecho clic en mi cabeza y la prudencia me había abandonado. No iba a conseguir amedrentarme.
-Deberías acabar con esto antes de que sea demasiado tarde… si es que no lo es ya. – le devolví la advertencia. - ¿Cuánto piensas que van a tardar en encontrarnos? – pregunté mientras comenzaba a dar vueltas a mi alrededor nervioso.
Al parecer no quería dejarme sola… Si temía que intentara escapar estaba en lo cierto.
-¿De verdad crees que eres más importante para ese Cullen de lo que lo eres para mí? – Preguntó pegando su rostro al mío mientras acariciaba mis labios deteniéndose en el lugar dónde los había cortado. – No deberías haberme hecho enfadar… mira cómo está tu cara. – se lamentó falsamente en un tono que sonaba tan enfermizo que no pude evitar apartarme de él.
Comenzaba a tener demasiado miedo por lo que fuera que Anthony hubiera planeado. Fuera lo que fuera comenzaba a tener la certeza que no acabaría bien para mí.
Lloré.
Lloré porque temía no volver a ver el rostro alegre de Alice o escuchar la risa de Jasper mientras nos escuchaba divagar teorizando sobre cualquier loco plan que Alice estuviera maquinando en ese momento.
Lloré porque temía no volver a reír a carcajadas con Emmet mientras veíamos por enésima vez a Joey con un pavo atascado en la cabeza y yo intentaba convencerle que podría ser él el protagonista de la escena.
Lloré porque temía no volver a disfrutar con Rose de esos momentos sentadas en el sofá de mi despacho solucionando problemas de la empresa mientras nos confesábamos lo mucho que amábamos a nuestros chicos.
Lloré porque temía no volver a sentir los abrazos sanadores y paternales de Esme o Carlise mientras preparábamos su maravillosa tarta de zanahoria.
Pero sobretodo lloré porque temía no volver a ver a Edward. No poder decirle una vez más lo mucho que lo quería. Lloré porque la familia que nunca supe que tenía me iba a quitar la oportunidad de crear la que siempre soñé.
Lloré asustada por la mirada oscura y llena de maldad que tenía en frente de mí fuera a atreverse a quitarme la vida.
Y en un impulso supe que tenía que intentarlo.
Tenía que luchar por librarme de él.
Cogí aire y cuando volvió a estar delante de mí lo empujé con toda la fuerza que me quedaba justo antes de correr hasta la puerta.
Conseguí llegar hasta el viejo porche antes que Anthony me alcanzara.
-¡Socorrooooo! – chillé con la esperanza que alguien pudiera escucharme y acudir a mi ayuda, o si más no, llamar a la policía.
-No has debido hacer eso hermanita. – me advirtió cortante Anthony. Si antes había pensado que su tono destilaba maldad no tenía nada que ver con lo que acababa de provocar. – Te vas a arrepentir de este arrebato. – me dijo arrastrándome al interior de la casa.
Pasamos por las restas del antiguo comedor.
-No, no, no. Por favor, no... – supliqué cuando supe a dónde nos dirigíamos.
-Veo que a ti también te castigaban aquí. – anunció sin remordimiento. - Bien, así aprenderás que no debes llevarme la contraria. – dijo justo antes de abrir el pequeño cubículo que era el causante de mis peores pesadillas.
Me empujó tan fuerte que trastabillé cayendo de bruces contra el suelo. Sentía tanto dolor que ya no podía distinguir en que parte del cuerpo era más punzante. Todo dolía pero sobretodo lo hacía mi corazón.
Sabía lo que iba a hacer pero antes que pudiera levantarme para impedirlo, cerró la puerta dejándome a oscuras como tantas veces lo habían hecho los inhumanos de mis padres cuando era pequeña.
Intenté abrir la puerta pero fue imposible.
Me senté en suelo, en una esquina, intentando protegerme de la pesadilla en la que estaba envuelta. No pasó mucho cuando la poca luz que siempre se filtraba por la rendija de la puerta también se apagó.
-¡Eres un bastardo! ¡Te pudrirás en la cárcel junto a tu padre! – chillé desesperada.
Anthony no se dignó a contestar. No era necesario. Ya tenía lo que quería. Meterme en este cuatro a oscuras con la única compañía de mis tortuosos recuerdos era peor que cualquier golpe que pudiera haberme dado hasta ahora.
El silencio era tan dañino que sin ser consciente me descubrí cubriéndome las orejas mientras mecía mi tembloroso cuerpo en busca de paz.
Estaba segura que Anthony iba a acabar conmigo.
¿Qué sentido tendría sino traerme aquí?
Era un plan maravilloso porque a nadie se le ocurriría buscarnos aquí. Nadie sabía dónde estaba. Cerré los ojos y me centré en recordar momentos felices de mi vida. Si estos iban a ser mis últimos instantes me aseguraría de centrarme en todo lo bueno que la vida me había regalado.
Escuché pasos acercarse.
Me levanté con dificultad. Mis piernas dolían de la caída y mis huesos estaban agarrotados por todas las emociones a los que los estaba sometiendo.
La puerta se abrió de golpe.
Anthony lucía más amenazador que antes. Tenía una cuerda en las manos.
-No te acerques. – le dije improvisando un plan rápido y efectivo. Necesitaba salir de aquí.
-¿De verdad crees que aún tienes alguna capacidad de decisión? – preguntó frívolamente acercándose a mí. Intenté dar un paso atrás en respuesta pero el tamaño de esta habitación jugaba en mi contra.
Sonreí al pensar lo mucho que me había negado a dormir en la habitación del apartamento de Nueva York, comparándola con esto era el lugar más maravilloso de este planeta.
-Veo que sigues manteniendo el humor.- respondió Anthony al ver el gesto reflejo provocado por mi recuerdo. – Deberás estar un poco más aquí… Creo que no te arrepientes lo suficiente de todo lo que me has hecho sufrir hoy. –dijo atrapándome entre la pared y su cuerpo.
El forcejeo jugó en mi contra, una vez más.
Me giró con tanta fuerza contra la pared que me quedé sin respiración. Me ató las manos.
-Ahora te vas a quedar aquí como una niña buena y no te vas a mover hasta que recapacites por todo el daño causado… Denuncias, insultos, órdenes de alejamiento… Me hieres hermanita. – acabó dejando un beso en mi magullada mejilla.
Me obligó a sentarme en el suelo para amarrar mis pies. Dejándome completamente inmovilizada.
-Esto es solo por precaución… No me gustaría que nada te pasara… - explicó antes de sacar de nuevo el trapo que había usado de mordaza para asegurarlo en mi boca. Mi negativa solo sirvió para que atase con más fuerza la maldita tela. – No me gustaría que molestaras a los pájaros con tus gritos. – puntualizó haciéndome sospechar que no eran solo los animales los que podrían contestar a mis llamadas.
Se levantó para marcharse pero antes de cerrar la puerta se giró para encararme.
-Solo espero que sepas que todo esto lo hago porque te quiero. – me dijo provocándome un escalofrío por su escalofriante declaración.
Volví a quedarme a oscuras y el silencio volvió a ser mi único acompañante.
Me sentía muy débil. Todo dolía y mi mente había dejado de ser una aliada hace tiempo. Este zulo había conseguido fundir mis esperanzas. Intenté mantenerme alerta y despierta pero mi cuerpo tampoco me obedecía…
Acabé perdiendo la noción del tiempo, lo único que quería era que todo esto acabase de una vez.
De repente el ruido y lo que parecían pasos de mucha gente lo envolvieron todo.
Escuché un disparo en la lejanía haciéndome temblar poniéndome en alerta justo antes que la puerta que me mantenía encerrada se abriera con un fuerte estrepito. Estaba tan asustada que me paralicé hasta el punto que no pude hacer nada para defenderme.
A otro lado apareció un hombre fuerte y serio que cargaba una arma seguido de lo que suponía era parte de su equipo. Parecían policías pero sobretodo no eran Anthony y con eso tenía suficiente.
-Soy el Inspector Crowley. Estamos aquí para ayudarla señorita Swan. – se presentó bajando el arma cuando comprobó que me encontraba sola.
Estaba a salvo.
Y fue en ese instante en que todo dejó de ocurrir.
Desconecté de todo lo que me envolvía y todos los que intentaban que les hablara.
Intuía todo el revuelo que estaba ocurriendo a mí alrededor pero no podía presentarles atención. Me preguntaban todo tipo de cuestiones pero por más que lo intentaba mi mente no lograba ponerse en marcha para contestarles.
Pedían que les explicara qué había pasado y yo solo quería olvidar.
Demandaban que dejara a los médicos hacer su trabajo pero no quería que nadie me tocara ni tan siquiera se acercaran a mí.
Sabía cuándo alguien iba a volver a convencerme para que hiciera alguna declaración porque tapaban la poca luz que entraba por la puerta de la habitación que desde que la policía llegó no se había vuelto a cerrar. Tampoco yo me había movido de aquí por mucho que lo intentaron. Deshicieron mis ataduras y me dieron tiempo para que saliera por mi propio pie. Al ver que no lo hacía montaron guardia en la puerta.
Una sombra volvió a tapar cubrir mi cuerpo pero cuando levanté la vista para pedirle que se apartarse como llevaba haciendo mecánicamente durante más de una hora la vida volvió a mi cuerpo.
Ahora sí estaba a salvo.
-¿Edward? – lo llamé dudando que mi mente cansada me estuviera jugando una mala pasada.
No contestó pero su esencia me envolvió al entrar para sentarse a mi lado.
Edward estaba aquí.
Ya no tenía que preocuparme de nada más.
Me lancé a sus brazos protectores e instintivamente busqué mi rincón en su pecho. Sus latidos volvieron a surgir su efecto tranquilizador que siempre lograban.
Era todo lo que necesitaba para sanar; El amor de Edward. Él me llevaría a casa, junto a mi verdadera familia, a salvo de todo este dolor.
-Te tengo. – aseguró besando el tope de mi cabeza. Nunca dos palabras habían significado tanto.
Edward sacó, con algo de dificultad, su teléfono móvil del bolsillo para pasármelo no sin antes encender la linterna. Lo recordaba. No había nada que hubiéramos vivido o que le hubiera explicado que lo haya pasado por alto.
-Tengo mucho miedo. – confesé finalmente. Ya no tenía que ser fuerte. Ahora necesitaba sentir todo el miedo y dolor para poder sanar de nuevo.
-No te voy a soltar. Ni ahora ni nunca. Siempre fuertes mi amor. – juró Edward mientras me alzaba en brazos para sacarme de esta maldita habitación que me había paralizado.
-¿Me llevas a casa? – susurré aprovechando que mi cabeza reposaba en su hombro.
-Siempre. – aseguró dejando un suave beso en mi cara.
-Señor Cullen, la señorita Swan debe pasar un reconocimiento médico. – escuché la voz del inspector Crowley. Había estado todo este tiempo a mi lado intentando tranquilizarme a la vez que dirigía a todo a su equipo para que tomaran las muestras necesarias.
Edward no le hizo caso pero antes de avanzar el inspector insistió.
– Supongo que habrá notado su estado. – añadió para enfado de Edward.
-Soy perfectamente consciente del estado en el que se encuentra mi mujer. – puntualizó mientras me aferraba a su cuello. No tenía ninguna intención que nadie me separara de él. – El Doctor McCarthy lo hará. Es amigo de Isabella. Si tenemos algún problema nos dirigiremos al hospital. Ahora mi mujer necesita descansar. – insistió haciendo que el Inspector se retirara finalmente de nuestro camino.
En cuanto cruzamos la puerta de entrada Emmet apareció. Estaba serio, preocupado por todo lo que estábamos viviendo. Rodeó a Edward para poder mirarme directamente a los ojos. Pude ver dolor y culpa en sus ojos y supe que él vio en los míos todo el terror que me había hecho revivir esta casa.
-Pasará. El sol volverá a salir. – prometió acariciando mi pelo. –
Emmet encabezó la marcha hasta el coche ayudando a Edward a meterme con sumo cuidado en el asiento trasero. Él condujo ya que Edward continuó pegado a mí.
-¿Nena quieres ir a casa o a tu apartamento? – Preguntó Emmet haciéndome sonreír por el sobrenombre que siempre usaba para mí. Hasta que no descifré el significado de cada gesto de Edward no me había dado cuenta como tensaba la mandíbula cada vez que lo escuchaba.
-Emmet lo dice porque en casa están todos esperándote. Lo que sea mejor para ti. Todos lo entenderán si necesitas algo de tiempo. – explicó Edward mientras sus manos trazaban delicadas caricias en mis brazos.
-Vamos a casa. – les pedí. – Os necesito. – aclaré sincera. Si algo me había enseñado esta locura era lo mucho que quería y necesitaba a la familia que había creado. Si quería quitarme el miedo que Anthony había vuelto a meter en mi corazón tenía que apoyarme en ellos.
.
[**]
.
NA:
Pues ya tenemos qué pasó en el secuestro… Queda saber algo más de Anthony pero poca cosa, obviamente porque solo nos queda el capítulo final jajaja
OS QUIERO PROPONER ALGO… Sé que sois muy fans a los EPOV, así que como esta historia ha estado un poco falta de ellos quiero acabar con un OUTTAKE protagonizado por él pero me gustaría que vosotras escogierais la temática. Escribir de qué os gustaría enteraros por nuestro chico… ¿Os queda algún hueco que rellenar que os interesaría descubrir? ¿Os interesa?
EL PRÓXIMO, Y ÚLTIMO CAPÍTULO, DE LA HISTORIA SERÁ PARA ESTE FIN DE SEMANA. (seguirá quedando pendiente el Outtake que sí será la última publicación del fic).
Muchoooos saludos
Nos leemos en el próximo ;)
