No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de FlamingMaple (All The Ways You Know Me). Yo solo me encargo de traducir y divertirme. La historia original fue bateada por chayasara.
I do not own the copyright. The characters belong to the amazing Stephenie Meyer and the story is from FlamingMaple (All The Ways You Know Me). My only job is to translate and having fun. The beta of the original story is chayasara.
"Estoy feliz que la historia pueda ser disfrutada en otro idioma." - Flaming
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- Es seguro. – dijo Edward, volviendo de su cuidadosa inspección de la casa.
Si bien las posturas de él y de Alice eran claramente relajadas, Bella sintió difícil el dejar de estar tensa con la declaración.
Estaba a punto de abrir la boca cuando Edward levantó a Sarah en su asiento para llevarla adentro, dejando a Bella en el porche.
- No estaríamos aquí todavía si no fuera así. – agregó Alice. – Estas bien.
Bella asintió y Alice le devolvió el gesto y desapareció.
Reubicando cosas en su habitación, Bella fue a buscar su suéter, todavía sintiéndose un poco fría y bajo el clima. Estaba segura de haberlo dejado en la mecedora. Por supuesto, no sería la primera vez que extravía algo desde la llegada de Sarah. Entonces ella frunció el ceño. No, estaba segura de haberlo dejado allí. Fue una de esas cosas extrañas que quedó grabada en su memoria.
- ¿Moviste algo? – le preguntó a Edward – ¿cuando entraste? – mirando alrededor de la habitación.
- No. – dijo Edward, sonriendo a Sarah en su moisés, dejándola agarrar su dedo con la mano.
- ¿Estás seguro? – Estaba mirando a su alrededor con un ojo más agudo.
El conjunto de pijama del que había cambiado a Sarah antes de ir al hospital también faltaba. ¿Alice habría ordenado?
- ¿Qué pasa? – preguntó, de pie.
- Mi suéter, su pijama... No están aquí. Creo que falta algo de ropa también.
- ¿Limpio o sucio?
- Sucio.
- Cosas con tus aromas. – dijo.
Ella asintió, y luego tragó, dándose cuenta de la implicación. Ambos se quedaron callados por un momento.
- Te mantendré a salvo.
Ella bajó la cabeza, pero no se mostró de acuerdo. Él lo intentaría, sí, pero ella también necesitaba hacer sus propios planes.
- Solo me voy a duchar. – dijo, alcanzando la canasta del moisés.
- Puedo vigilarla si quieres. – dijo.
Técnicamente, se recordó a sí misma, él necesitaba estar aquí. Ella bien podría aceptar la ayuda. Era el otro adagio sugerido por tantas otras madres. Diga sí cuando se ofrezca ayuda, siempre.
- Gracias, yo lo haría... Valoro eso.
Ella agarró su ropa para poder vestirse en el baño, sintiendo una extraña punzada de déjà vu. Esto era lo que habían hecho tantos años antes.
Cuando regresó, Edward sostenía a Sarah en la mecedora y le hablaba suavemente. Ella estaba todavía tan pequeña, su pequeño cuerpo se acomodaba cómodamente en uno de sus brazos.
Bella pasó la mano por la frente de Sarah, aún más cálida de lo que debería ser. Tomándola en sus propios brazos, Sarah se comenzó a alborotar, el pequeño rizo de sus lamentos hizo eco en la ventana de la bahía.
- Ella está tibia. – murmuró Edward.
- Puedo decirlo. – dijo Bella.
- No. – dijo Edward, sonriendo – Ella es demasiado tibia en tus brazos.
Lo que quiso decir se dio cuenta de ella. Le devolvió a Sarah, sintiendo una punzada de rechazo.
- Se trata literalmente de la temperatura, Bella. Ella solo está caliente.
- Lo sé. – dijo Bella, pero su voz tembló.
- ¿Por qué Alice y yo no cambiamos de lugar? Sería más...
- No, - dijo Bella, sacudiendo la cabeza – está bien.
No estaba bien, no por ningún lado. Fue doloroso, sentir el tirón de su cuerpo contra su sentido común y dolor, sabiendo lo fácil que sería regresar a lo que habían tenido. Pero... el precipicio metafórico en el que se había caído cuando él se fue todavía estaba tan vibrante en su memoria. Ella no quería que él se fuera, pero tampoco quería quererlo.
Volvió a sentarse con Sarah en la mecedora.
Bella se acurrucó contra la cabecera y deslizó los pies debajo de las sábanas. Para distraerse de los pensamientos más oscuros, dejó que su curiosidad se saliera con la suya.
- Edward, ¿qué hiciste cuando te fuiste?
- Traté de rastrear a Victoria. – dijo. – Obviamente, no muy bien.
- ¿Dónde fuiste?
- Río, Texas. Aquí y allá.
Bella, sin embargo, recordaba dónde había afirmado vivir, la noche anterior.
- Y Seattle.
Él la miró, como si estuviera estimando lo que ella sabía y lo que ella estaba adivinando.
- Sí, Seattle también. – confirmó.
- ¿Cuánto tiempo? – Su respiración era más rápida.
- De vez en cuando. – respondió. Una obvia evasión.
Algo hizo clic por ella.
- ¡Estabas en mi habitación!
Le tomó un tiempo responder.
- Si.
Sus cejas se fruncieron de inmediato.
- ¿Estabas viendo…?
- No. – dijo rápidamente, con firmeza. – Solo estuve allí dos veces.
- Tomaste mis pastillas. – Fue una declaración, un misterio resuelto.
- Si.
Se había preguntado si uno de sus amigos en la residencia le había jugado una mala pasada. Nunca sospechó quién era realmente y tampoco se molestó en reemplazar las píldoras. No hubo necesidad.
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FLASHBACK
Edward, tratando de mantener su distancia, había esperado que ella lo hiciera, que al menos entonces sabría lo que estaba sucediendo, pero no había sido hasta la semana de lectura, cuando estaba visitando su hogar, que las piezas se habían unido.
Charlie la había mirado acurrucada en el sofá, cansada, vagamente nauseabunda, con los brazos acunando su pecho contra el frío, y sintió el barrido inquieto de la memoria. Respiró hondo antes de preguntar algo.
- ¿Te has sentido mal por un tiempo? – él había preguntado.
- Solo la última semana más o menos. –murmuró, sin molestarse en moverse.
Estaba haciendo los cálculos en su cabeza. Habían pasado siete semanas desde que ella había estado en casa. Siete semanas desde la última vez que había visto a Jacob en persona.
Pensó muchas malas palabras en su cabeza.
- Huh – dijo, todavía pensando. – Bueno – comenzó – creo que nos quedamos sin leche para mañana, y me gustaría una cerveza. Voy a salir corriendo y agarrar algunas cosas. ¿Querer cualquier cosa? – preguntó.
- Estoy bien, pero gracias. – Se estaba quedando dormida. De nuevo.
Más malas palabras.
- Vuelvo en un ratito.
- De acuerdo.
Cuando regresó, dejó la bolsa sobre la mesa y luego sacó una pequeña caja rectangular blanca y rosa. Había comprado dos tipos diferentes, queriendo estar seguro. El cajero había hecho contacto visual breve e incómodo, al verlo, y luego contó su orden.
Después de leer las instrucciones, las puso en el bolsillo del abrigo. Luego se sentó junto a Bella y respiró profundamente, dejando escapar un suspiro de preocupación.
- Hey – había murmurado suavemente, despertándola – ¿podemos hablar?
Ella asintió, sus cejas se fruncieron un poco.
- Te ves… - tragó – exactamente como lo hizo tu madre cuando estaba embarazada.
Los ojos de Bella se abrieron con horror.
Charlie, sin embargo, había sido una roca cuando salió del baño algún tiempo después, respirando inestablemente, tratando de descubrir qué demonios había sucedido. Ni siquiera habían...
FIN DEL FLASHBACK
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Sin embargo, las palabras de Edward interrumpieron el recuerdo.
- No sabías que estabas embarazada. Las píldoras, pueden ser dañinas. – Sus ojos se disculparon.
Ella quería agradecerle simultáneamente y gritarle por interferir tan locamente.
¿Qué? ¿Qué más había hecho? Ella se preguntó.
Al menos parecía dolido, revelando esto.
- Me prometí a mí mismo que no interferiría, y no lo hice, pero aun así fue... difícil. Tú... atraes peligro.
- No creo que las píldoras anticonceptivas constituyan un gran peligro – dijo ella – incluso en un embarazo.
- No estaba hablando de las pastillas. – Miró a Sarah. – Hombres lobo. – dijo en voz baja, sacudiendo la cabeza. – Solo tú reemplazarías a los vampiros con hombres lobo.
Ella resopló burlonamente.
- No tenía idea de eso cuándo Jacob y yo comenzamos a pasar tiempo juntos – dijo –, y no son peligrosos. No para los humanos, de todos modos.
- Creo que Emily diría diferente. – respondió Edward.
- También lo haría mi corazón. – Ella mantuvo su voz muy afilada. – Me salvaron. – Luego su voz se suavizó. – Jacob me salvó, y Sarah me salva todos los días.
- Ella no es un lobo.
- No, todavía no. No lo sabemos. – Ella lo miró. – Alice no puede verla. Eso dice algo.
- Tal vez. – Esperaba lo contrario, lo que según estimó que eran probabilidades significativas.
Edward se levantó y gentilmente dejó a Sarah en su cama.
- Estaré afuera si me necesitas. – Se giró, caminando hacia la puerta.
Ella sacudió su cabeza.
- Eres tan terco. Eso no ha cambiado. – Su declaración no invitó a más conversación.
No estuvo en desacuerdo.
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Aquí les dejo otro cap de esta linda historia :3 espero les esté gustando n.n gracias por sus comentarios!
No olviden dejar un comentario.
¡Nos leemos pronto!
