Capítulo 22: El Día que Vencieron al Miedo

Royal Woods, Michigan, Junio de 2019.

–Lincoln –musitó Lori, ni bien lo vio aparecerse asomándose por detrás de la torre de juguetes y prendas amontonadas, en vez de salir del vagón de circo de la base como era de esperarse.

Del vagón no salió nada. No salió el estúpido payaso, ni nada. Al abrirse estaba totalmente vacío y extrañamente pulcro, pero no había nada allí. Nada. En cambio Lincoln si apareció después de haber estado tanto tiempo desaparecido, viéndose tan real, mucho muy real para todos ellos, ahora que venía sin mostrarse nada hostil, cojeando sobre una pierna lastimada. A simple vista, se podía diagnosticar que era porque tenía un tobillo torcido.

Esta vez no era el malévolo Lincoln espectral que acechaba a Lori en el armario o en el sótano de la casa Loud, no. Este, si era ése niño gentil que conocían de toda la vida. El que si sabía como soportarlas a todas ellas, que se sacrificaba siempre por su bienestar y que buscaba ayudar a otros hasta donde le fuera posible.

Ahí estaba, frágil e indefenso; más delgado, descalzo de un pie y temblando de frío. Su polera ya no era de un naranja tan brillante por lo manchada de mugre que estaba, además de que presentaba desgarres. Su pelo ahora parecía un nido desbaratado por lo grasoso y amarillento de haber pasado tanto tiempo sin lavar. Aun le faltaba el brazo que cremaron al creerlo muerto y de solo verlo así de incompleto era como para ponerse a llorar, tal como hizo Leni al instante en el que soltó la cuchilla de sus tijeras.

–¡Linky!

–¡Leni, no! –la retuvo Clyde a tiempo por la espalda, antes de que se lanzara a abrazarlo.

–¡Suéltame –forcejeó ella rompiendo en un llanto devastador. En aquellos momentos su mayor anhelo era ir a tener de nuevo a su hermanito entre sus brazos, consolarlo y decirle que todo estaría bien. Quería llenarle la cara de besos pese a lo mugrosa que la tenía de vaya a saber uno que clase de suciedad. Quería sacarlo de la alcantarilla cuanto antes y llevarlo de vuelta a casa, avisarle a sus padres que estaba vivo, hacer que le brindaran atención medica y le dieran de comer. Quería tenerlo de regreso en su habitación y que esa noche y todas las noches siguientes durmiera bien abrigado en su cama. Así volverían a ser la familia feliz que una vez fueron, y como consecuencia ella también volvería a ser feliz. Pero por sobre todo quería, anhelaba, rogaba que todo eso que estaba sucediendo fuera real, así tuviese que prometer que de ahí en adelante en vez de matar a una araña cada vez que se topase con una le daría un baño y la enviaría a casa. Si tenía que prometerlo, podría cumplir con su palabra sin ninguna dificultad–, suéltame, tengo que ir a…!

–¡Entiende que ese no es Lincoln! –luchó Clyde para mantenerla lejos y segura, a sabiendas de que aquello no era sino una trampa. Era otro de los sucios juegos mentales que Eso pretendía usar para engañarlos, así como había hecho para engañarlo antes a el. Mas no pensaba caer en el mismo truco dos veces.

Para horror suyo, entendió que aquella sería una jugada difícil de evadir cuando vio que Lori terminaba de aflojar el agarre del mazo y lo asentaba a un lado apoyándose sólo sobre la base del mango de madera. Peor aun, después de ella el resto de las chicas fueron deponiendo las armas y expresaron aflicción en sus rostros. ¡Estaban cediendo, todas las Loud! Estaban cayendo ante el engaño del monstruo, que había sabido ser lo bastante inteligente como para hacer que bajaran la guardia al aprovecharse de lo que claramente las afectaba más; el motivo principal para haber bajado ellas a las alcantarillas en primera instancia; su hermano, al que se suponía iban a vengar, ahora se les acercaba a ir de nuevo a su encuentro. Aunque ninguna, excepto por Leni que seguía luchando por soltarse, avanzó hacia el todavía.

–¿Chicas? –tosió el muchachito, mirándolas con desconcierto de haberlas visto llegar; aunque en su expresión se denotó una evidente alegría de volver a verlas, y luego más desconcierto–. ¿Son ustedes? ¡Si! Que bueno que son ustedes. ¿Pero qué hacen aquí?

–Y-y-y-yo… –balbuceó Lori con un tono entrecortado, sin poder explicarse del todo o más bien nada–. El pa-pas-s-s-sill-ill-ill A-a la-la-las ni-ni-niñ Ni-niñ

–¿Por qué tartamudeas? –preguntó preocupado, acercándoseles cada vez más–. Lori, ¿te sientes bien?… ¡Oh, cielos!, ¡¿pero que les pasó a Leni y a Lucy?! No me digas que se lastimaron al bajar. ¿Y porque Lana no trae su gorra?, ¿y por qué Lisa está cubierta de esa cosa verde?… Oh, chicas. No entiendo. ¿Por qué vendrían a un sitio como este?

–Yo… –le sonrió entre gimoteos la pequeña Lana, cuyos ojitos se humedecieron en un solo parpadeo; aunque en ese mismo lapsus su boca se torció en una mueca de repulsión auténtica tan sólo con apreciar la sangre seca en el muñón que asomaba por la manga desgarrada del chico peliblanco–. Te estaba buscando.

–¿Ah sí?

–Si –volvió a sonreírle la una gemela, quien aun sabiendo que aquel no era la persona que aparentaba ser, se dio a si misma el gusto de hablar con su hermano mayor una vez más–. Te estuve buscando todo este tiempo Linc.

–No podía encontrar la salida –dijo el, procediendo ahí a alzar su única mano, temblorosa y llena de rasguños, para mostrar un barquito de papel que sostenía cuidadosamente entre sus dedos–. Mira Lisa. Me costó mucho trabajo, pero pude encontrar el bote de tu amiguita.

–… Graziaz… –asintió la chiquilla, cediendo sin mas a las necias emociones humanas–. Ez muy conziderado de tu parte…

–Darcy es una niña muy inteligente –comentó Lincoln–. Debiste ver como flotaba en el agua.

–¿Y fue rápida? –le sonrió Lucy con tristeza.

–Fue más rápido que yo –contestó su hermano cabizbajo.

Ella, bro –lo corrigió Luna, que también había empezado a lagrimear–. A los botes se les dice: ella, como a las guitarras.

–… Lo siento, chicas –se disculpó el peliblanco con sus hermanas–, pero lo arruiné. Por favor no se enojen conmigo, pero es que no pude llegar a mi cita con Paige. De seguro está muy molesta.

–No, no estamos enojadas contigo –negó Lola con la cabeza–, eso nunca.

–Ella lo habría entendi… –fue la siguiente en hablarle Luan al borde del llanto–. Estoy segura de que te habría dado otra oportunidad.

–Chicas… –las miró Lincoln con ojos suplicantes y cansados–. Quiero ir a casa. Ya quiero irme. Las extraño, quiero ver a mamá y papá.

Para ese entonces, las Loud ya estaban derramando lagrimas a borbotones; sobre todo Leni que no se guardaba nada. Incluso Clyde, a quien le sudaban los pies, luchaba contra el impulso de soltarla e ir corriendo con ella a abrazar de nuevo a su mejor amigo, su compañero, su casi hermano.

–¿O es que…? –continuó este con sus suplicas–. Claro, es porque me quité la botarga, ¿verdad? No quieren que vuelva a estropear todo con mi mala suerte, es eso. Si, ya sé que sólo empeoro las cosas. Entiendo que están mucho mejor sin mí, que no sirvo para nada, que no tengo ningún talento.

–¡NO LINLKY, NO ES VERDAD! –replicó Lola a gritos estallando en lagrimas, como si la hubiesen ofendido con algo peor a lo que estaba escrito en la carta dedicada a la peor hermana del mundo–. ¡NUNCA VUELVAS A DECIR ESO!

–T-tu eras p-perfecto tal y co-como eras… –sollozó Lori–. E-eras gentil.

–¡Estabas a la moda! –chilló Leni poniéndose roja, mientras que de a poco cedía en su forcejeo contra Clyde.

–Tu rockeabas –se enjugó sus lagrimas Luna con el dorso de una mano.

–Eras divertido –sonrió entristecida Luan.

Eras fuerte, concordó para sus adentros Clyde con la misma opinión que sabía Lynn Jr. tenía de el.

–Eras profundo –jadeó Lucy con su vocecita aguda.

–Eras amigable –sollozaron las gemelas al mismo tiempo.

–Eraz lizto – sollozó también Lisa.

–E-eras Lincoln Loud –acabó de decir Lori agachándose para colocar el mazo en el suelo–. E-el me-mejor he-hermano q-que alguien po-podría t-tener…

Ahí, de reojo Clyde alcanzó a verla tomar con discreción la media tijera que Leni había dejado caer cuando quiso correr tras Lincoln. Luego, se levantó, escondiéndola bien tras su espalda, y caminó a donde estaba el a hincarse en una rodilla para estar a su misma altura y tomarlo del hombro con suavidad.

–N-no te imaginas cuanto q-queremos que v-vengas con n-nosotras… –le habló entre sollozos la más mayor, mientras que el rímel corría por sus mejillas–. C-con mamá… Y-y papá… L-la ca-casa Loud ya no es lo mi-mismo s-sin t-ti, haciendo p-planes, me-metiéndonos en p-problemas, y hab-blándole a la n-nada co-como antes… T-te extraño mucho… L-las chicas te extrañan… B-B-Bobby y Ronnie Anne te extrañan… Ha-hasta LJ te ext-traña…

–Te quiero Lori –le dijo el que pretendía ser el único hijo varón de la gran familia, alias el hombre del plan.

–Y-yo t-también te quiero… –afirmó ella, empuñando la cuchilla y levantándola por arriba de la cabeza de el–. P-pero tú no eres Lincoln.

Y dicho esto, Lori apuñaló al farsante en su cuello, las suficientes veces hasta llegar a un punto solido. Luego lo arrojó al suelo, donde cayó boca arriba con la sangre fluyendo a chorros de su garganta.

Ante aquel espantoso escenario, Clyde tuvo que sujetar con mayor fuerza a Leni quien no dejaba de sacudirse muy histérica soltando mares de lagrimas junto a un grito desgarrador. A eso se le sumaron los constantes llantos de las otras hermanas Loud, que sencillamente no podían soportar ver a su hermano morir delante de ellas, así fueran o no conscientes de que todo se trataba de una ilusión.

Lincoln convulsionó desangrándose hasta que –como era natural en cualquier persona a la que degüellan así– se quedó totalmente inmóvil. Luna se apuró en cubrirles los ojos a las gemelas y Luan a Lisa. Lucy por su cuenta se volteó a mirar a otro lado; pero Lori siguió pendiente del inerte cuerpo del falso Lincoln, en caso de que de repente fuera a transformarse en algo más que saltaría a atacarlos al primer chance en que los tomara desprevenidos. Mas no sucedió nada. Lincoln seguía echado, más muerto que vivo y sin un mínimo indicio de que algo más fuese a pasar.

–¡Linky…! –Leni se derrumbó en los brazos de Clyde, berreando como si ya no hubiese un mañana–. ¿Por qué…? ¡¿Por qué lo hiciste, Lori?!

–¡Y-yo…! –la mayor de todas tocó al cadáver del niño al que acababa de asesinar a sangre fría con la punta del pie; y por un momento creyó que en verdad si era su autentico hermano, aunque de ser así seguía sin tener sentido lógico como diría Lisa, que también lloraba a moco tendido–. No… N-no p-pu-puede…

Para acabar de empeorar todo, en la caverna empezaron a resonar unos ecos que las acallaron a todas al sonarles a algo que les resultaba muy familiar. Era el llanto de un bebé.

–¡BUUUAAAAHH…!

–¡¿Oyen eso?! –se puso a buscar Luan el origen de lo que escuchaban a su alrededor.

–¡Allá arriba! –señaló Lana con su dedo a la cima de la gran torre hecha de juguetes en torno a la que levitaban los cadáveres.

Una a una, las hermanas Loud retrocedieron lo suficiente, para poder levantar la mirada a visualizar la parte más alta de aquella torre, y vieron que coronando la cima se hallaba una cuna movible no tan sucia meciéndose ahí. Y no era cualquier cuna movible desde luego.

–¡Es Lily! –exclamó Luna, siendo la primera en caer en cuenta de porque los lloriqueos que oían se les hacían tan conocidos–. ¡Eso tiene a Lily…! Significa que… ¡No!

–¿¡Qué?! ¡¿Lily?!

Al oír tal afirmación, Leni dejó de forcejear con Clyde, quien a su vez la dejó ir y retrocedió también para mirar hacia arriba.

–¡Sí, es Lily! –llegó a exclamar la rubia haciendo lo mismo que el–. ¿Pero qué hace ella aquí?

–¡No se dejen engañar, tal vez sea otro truco…! –sugirió Lucy con un hilo de voz, aunque ni ella estaba tan convencida de que eso otro se tratase de una alucinación más.

–No, si es Lily… –aseguró Lori en tono alarmado. No sabía porque, si tal vez era ese instinto maternal que tenía arraigado en ella desde siempre, o si era porque conocía a sus diez hermanos mejor que nadie, pero el caso es que oírla llorar la hizo entrar en razón, tanto de que el niño degollado a sus pies en definitiva no era Lincoln, como de que la que estaba en esa cuna allí arriba era la autentica Lily real en carne y hueso–. N-no hay du-da d-de que es ell-lla… S-signif-fica…

–Significa que Eso la trajo hasta aquí –terminó de decir Clyde, tan aterrado con la sola idea de que todo lo que estaba pasando podría haber ocurrido de manera peor y que de hecho aun podría empeorar más. Tanto que como nunca estuvo anhelando tener una bolsa de papel a mano en la que pudiera respirar.

–¡BUUUAAAAHH…! –oían chillar a la pobre bebita a la que Eso tenía secuestrada. Si Eso había tenido tiempo de ir por ella antes de volver a su guarida, significaba que las medidas de seguridad que habían tomado antes para mantenerla a salvo del peligro no habían sido suficientes, y ese era un error que les estaba pasando factura ahora.

¡Eso tenía Lily!, y al final no se necesitaba ser un genio como Lisa para saber que todo formaba parte de su malévolo plan de venganza. Hasta Leni lo entendió de inmediato; que aquella era la sorpresa final de la noche. Eso no había podido matarlos previamente, pero ya no importaba porque había preparado un ultimo acto que consistía en usar a la más vulnerable e indefensa de los Loud para hacer sufrir a las hermanas y a su amigo peor de lo que los había hecho sufrir hasta el momento; todo por haberse atrevido a enfrentarlo; y si la tenía aun con vida, era porque deseaba que vieran lo que iba a hacerle de principio a fin. Así sufrirían mucho más, y Eso disfrutaría viéndolos sufrir a todos antes de matarlos de una vez por todas.

Ante ello, los más avivados como Luan, Lucy, Lisa y Clyde llegaron a preguntarse si habían llegado tan lejos en su misión por mérito propio, o porque Eso se los había permitido y desde el inicio había estado jugando con ellos a su antojo, como se le antoja a un niño travieso divertirse en quemar con una lupa a un montón de hormigas antes de aburrirse de ellas y acabar aplastándolas. Aparte de que había otra cosa más que inquietaba particularmente a Luna. Ninguno de los demás llegó a pensar en ello al estar pendientes de Lily, pero la incógnita estaba puesta sobre la mesa.

–¡BUUUAAAAHH…!

–¡Rayos, miren lo que hicieron! –habló de pronto el falso Lincoln con el cuello cortado en tono burlón–. Con el trabajo que me costó hacer que se durmiera. Quizá debí enviarla lejos, a la infinidad de los fuegos fatuos

–¡Maldito! –le gritó Luna–. ¡No tenías porque involucrar a Lily! ¡La cosa es con nosotros y…! ¡¿Y qué hiciste con Sam?!

–No te preocupes –se le burló la replica de su hermano. Mientras hablaba, cosas vivas pasaban reptando por debajo de su piel, que también fue perdiendo el poco color que le quedaba gradualmente; primero arrugándose como un pergamino y luego hinchándose, para de nuevo ponerse flácida y volver a hincharse otra vez–. Si no te pones tan agresiva como ella pronto la verás. Todas irán allí, a flotar por siempre. ¡Todos flotamos aquí abajo!

Con un brusco movimiento, Lincoln se inclinó violentamente hacia adelante para vomitar algo húmedo y asqueroso que salió disparado de su boca y voló a toda velocidad en dirección hacia donde estaba Lucy.

En el trayecto, aquella cosa que era como una especie de molusco carnoso con patas de arácnido, desplegó dos enormes pares de alas de insecto y se puso a revolotear por encima del cabello de la niña, quien aterrorizada trató de espantarlo a manotazos.

–¡Ay! ¡Chip, chip, chip, chip…!

Seguidamente, Lincoln volvió a quedar tendido boca arriba convulsionándose y retorciéndose horriblemente, conforme su cuerpo se iba llenando más y más de esas cosas-molusco que se habrían paso para poder salírsele por los orificios de su cara o cualquier otro camino que pudieran encontrar. Algunas salieron por su boca como la primera; otras por las comisuras de sus párpados al tiempo que mascaban sus ojos como a un par de uvas; varías más por sus oídos o los ollares de la nariz y el resto desgarraban la carne escarbando de adentro para afuera con sus patas.

En cierto punto, el pequeño cuerpo de Lincoln se hallaba tan repleto de esos bichos alados como para que todos pudiesen salir a la vez, que al final estalló en una odisea de viseras, carne, sangre, pus y mierda.

Momentos después, Clyde y las chicas fueron rodeados por un infinito enjambre de esos asquerosos bichos gelatinosos dotados de bocas generosamente dentadas.

–¡Sanguijuelas –gritó Lana en lo que se desprendía una que llegó a adherirse a su brazo y le dejó una marca roja con la forma de una moneda–. ¡Son sanguijuelas voladoras!

–¡Agáchate! –avisó Clyde a Lucy que se apartara para poder matar de un batazo a la que tenía por arriba de su cabeza.

Luna aplastó a cuantas pudo con sus platillos y Lola atizó a varias con el palo de golf; Lana siguió atrapando en el aire a las que se cruzaban en su camino para exprimirlas en sus manos y azotarlas contra el piso, mientras que Leni remataba a pisotones a las que encontraba moviéndose aun y Lori se apresuraba a desprenderlas de la piel de quien se adherían.

–¡No dejen ni una viva! –gritó Luna enérgica en su labor de exterminio.

–¡Son muchas! –chilló Lucy agachándose detrás de Clyde y cubriéndose la cabeza con la mano buena.

Para igualar el marcador a su favor, Lisa cambió a toda prisa el modo de su pistola de rayos y disparó una potente descarga eléctrica con la que consiguió chamuscar a docenas y luego a cientos.

Ahí, como contramedida las sanguijuelas restantes se empezaron a alejar a lo alto, en busca de la cima de la gran torre.

–¡No, no! –aulló Lori cuando divisó que una volaba a posicionarse en uno de los bordes de la cuna movible y le rugía hostilmente a Lily; antes de inflarse y reventar igual que un globo lleno de agua, salpicándole la carita de una cosa negra y maloliente.

–¡BUUUAAAAHH…!

–¡No, Lily! –gritó Clyde.

Sin perder tiempo, Luna se desentendió del amplificador, la guitarra y los platillos para aligerarse y corrió presurosa a la base de la torre.

–¡Vamos! –llamó a Lori a que la siguiera a escalar, en pos de acudir al rescate de la bebé.

–¡S-si!

–¡BUUUAAAAHH…!

Los demás observaban desde abajo, inquietos, a las sanguijuelas volar a aglomerarse al lado de la cuna, aunque aun no iban a atacar directamente a Lily como pensaron, sino que reventaban, se revertían todas exponiendo su anatomía interna y se comían entre ellas, acabando por moldearse gradualmente en una masa carnosa viviente. No era tanto para sentir alivio; pasaba que Eso se estaba tomando su tiempo en cambiar de forma otra vez, manteniéndolos a todos en un cruel suspenso para demostrarles que no podían hacer nada en su contra sin importar las veces que lo intentaran, y lo peor era que lo estaba consiguiendo. Arriba, la masa esa dio un tremendo estirón deformándose, y a partir de su consistencia empezó a estructurarse un esqueleto humano recubierto por unas cuantas fibras musculares y vasos sanguíneos que siguieron ramificándose y creciendo allí, junto con los órganos vitales respectivos que también se le empezaban a formar; hasta dar paso al cuerpo de un hombre desnudo anatómicamente bien formado pero sin piel. Ver eso era morbosamente fascinante, pero a su vez pertubador, tal como la secuencia de transformación de Kevin Bacon en la película El Hombre sin Sombra, sólo que al revés.

Acelerada, Luan se preparó poniéndose a buscar un buen punto estratégico desde el que pudiese efectuar un disparo eficiente, dado que no cabía la posibilidad de fallar en esta ocasión. Lo que fue Lisa, se puso a cambiar la modalidad de la pistola en algo más letal y apuntó con manos temblantes a aquel sujeto; a quien junto con la piel le había crecido ropa de payaso y ya le estaban brotando los mechones de pelo rojo a los lados de la calva, además de un par de zapatos gigantes en los pies. Las gemelas aportaron también arrojándole cualquier cosa que encontrasen a mano como latas, botellas, jeringas desechables, entre otras cosas más que la gente echaba al caño.

–¡Ven acá bravucón, tengo algo para ti! –gritó Lola lanzándole un bombillo roto.

–¡Deja en paz a Lily! –le lanzó Lana una batería usada–. ¡Tu pelea es con nosotros que vinimos por nuestra cuenta!

–¡Si te metes con un Loud, te metes con todos! –rugió Lucy.

Arriba, entre bailoteos, risas y maromas, el payaso regenerado a medias siguió esquivando lo que le lanzaban Lana y Lola. Entretanto Lisa y Luan le apuntaban con sus armas mas no se atrevían a dispararle puesto que no se quedaba quieto.

–¡Oyeme bien, maldito payaso! –le gritó Clyde en tono desafiante–. ¡Si llegas a tocarle un solo pelo a esa niña, yo mismo te voy a dar tus todos flotan aquí!

A lo que en respuesta se le burló haciéndole una descarada morisqueta, justo cuando su rostro sin maquillar terminó de regenerarse por completo. De ahí buscó bajo de una de sus mangas y sacó un pote de pintura facial, lo destapó, untó sus dedos con ella y se la pasó por toda la cara para pintársela enteramente de blanco. Luego, se metió un pulgar a la boca y sopló fuerte, haciendo que una nariz roja de plástico brotara mágicamente de la punta de su nariz real. Por ultimo el payaso se sonrió al enterrar indeliberadamente sus uñas cortantes en las comisuras de sus labios, desgarrándoselos y provocándose un par de cortadas, para entonces pintarse una obscena sonrisa alrededor de la boca con la sangre que brotó de allí.

Una vez su forma predilecta del payaso asesino estuvo completada, Eso el payaso se giró a ver a Lily esbozando su maquiavélica sonrisa de colmillos ensangrentados.

–¡BUUUAAAAHH…!

–¿On ta bebé? –bromeó, jugando con ella antes para gozar más de la angustia que les provocaba los chicos entrometidos que habían irrumpido en su guarida–. ¡Aquí ta!

–¡No te atrevas a tocarla! –gritó Lola buscando algo más que lanzarle.

–¡Déjala…! Jadeó… –se sofocó Lucy de tanto gritar–. ¡DÉJALA EN PAZ!

Igual haciendo caso omiso a sus constantes amenazas, Pennywise alargó hacia la cuna sus dos manos –que ya sólo eran manos humanas con guantes blancos pero que dentro de poco volverían a convertirse en garras– y levantó de las axilas a Lily quien nada más ver su cara intensificó su llanto, además de que adquirió ahí mismo una expresión de terror abismal como el que no debería estar experimentando a su edad tan temprana.

Más allá de estar viendo la cara de un payaso de cuento de miedo, en su limitada mente de infante lo que la inquietaban eran sus ojos; esos ojos fulminantes y amarillos que sólo podían pertenecer a la cosa que sabía la asechaba desde su armario todas las noches.

–¡GUAAAAHH! ¡Esh e moshto e mi amaio! –berreó tratando de decir que era el monstruo de su armario, siendo eso lo único que podía hacer: llorar. Cada vez que lloraba alguien más grande venía a atender sus necesidades o en el peor de los casos a despertarla de un mal sueño como el que estaba teniendo en ese instante, que era lo que más necesitaba, que alguien más grande llegara a arreglarlo todo–. ¡Esh e moshto e mi amaio!

–Tan delicioso y hermoso miedo –sonrió con pura mala intención el horrendo payaso, con esa sonrisa voraz de la que hilos de baba bajaban goteando.

–¡LILY! –gritó horrorizada Leni, sabiendo que lo que seguiría sería algo muy brutal y descarnado en lo que no quería pensar pero no podía evitar pensarlo.

–¡Esh e moshto e mi amaio! –chilló la bebita sacudiéndose en esas dos manos enguantadas sin que de nada le sirviera.

–¡No Lily! –atendió a sus gritos de auxilio Lisa–. ¡No hay ningún monztruo del armario porque no ez real! ¡No puede hazerte nada porque no ez real! ¡Confía en mí!

–¡LIIILYYYY! –gritó Luna fuerte y claro desde su posición escalando–. ¡NO TENGAS MIEDO! ¡TUS HERMANAS ESTAMOS AQUÍ PARA PROTEGERTE! ¡AGUANTA UN POCO, LORI Y YO VAMOS POR TI AHORA MISMO!

–¡SI, LILY! –la imitó Clyde–. ¡NO HAY NADA QUE TEMER! ¡SÓLO ES UN PAYASO IDIOTA! ¡NI SIQUIERA YO LE TENGO MIEDO Y SOY MÁS ASUSTADIZO QUE TU!

Molestó, el payaso se regresó a gruñirles con el chirrido hostil de un gato montes y el salivar de una cobra venenosa.

–¡NO TE P-PREOCUPES, LILY…¡ –se hizo escuchar Lori mientras escalaba–. ¡YA CA-CASI LLEGAMOS…!

–¡NO TE DEJES DE EL, LILY! –gritó Lana–. ¡DEMUESTRALE LO QUE PUEDE HACER UN LOUD!

Increíblemente, las palabras de los mayores que siempre habían cuidado de ella y sabían que era mejor para su bienestar funcionaron para alentar a Lily, quien pasó de temer al monstruoso ser que la tenía entre sus garras a luchar por librarse de su agarre con uñas y dientes en lo que llegaban Lori y Luna.

–¡Eso es Lily! –la alentó Leni.

–¡Se valiente! –gritó Clyde.

–¡No te tengo medo! –se sacudió la bebé tratando de soltarle una patada en el mentón al payaso.

Al oírla decir tal cosa, este mismo la acercó a su rostro para olfatearla y en esas respingó la nariz como si estuviese oliendo algún alimento que se hubiese echado a perder. Entonces Lily aprovechó que lo tenía bien cerca para ensuciarse adrede todo el pañal y hacer que oliera algo aun peor para su mayor desagrado.

–¡PO-PO!

–¡PUAJ!

De sólo verlo apartarse totalmente asqueado por la peste, tanto Lily como todos en la parte de abajo se le mofaron en la cara al payaso, casi la mayoría apuntándole con su dedo o pretendiendo grabar la escena con la cámara del celular como hicieron Leni y Lola.

–Creo que se respira un aire de valentía aquí –se le burló Luan–, i ji ji ji ji ji… ¿Entiendes?

–No te tengo medo –canturreó alegremente Lily sacándole la lengua.

–Pero pronto lo tendrás –le susurró al oído Pennywise, para seguidamente abrir su cara frente a ella de un modo similar a como vieron hacía el demogorgon de Stranger Things, con la mandíbula dividiéndose y distendiéndose a los dos lados y el rostro enrollándose para arriba, exponiendo así una especie de agujero infinito en el que habían como luces estroboscopicas.

–¡¿Qué es esa cosa?! –gritó Luan dejando de reír como todos al haber notado el brillo entre plateado y naranja que salía de la cara abierta del payaso.

–¡No lo vean! –gritó Lisa, al recordar que ese era el brillo que emanaba de lo que asustó tanto a Lynn como para que se le decolorara el cabello–. ¡Cúbranse loz ojoz, ahora!

Las chicas y Clyde no tuvieron de otra que obedecer a Lisa, pero Lily no pudo dejar de mirar a aquello en el interior de Eso que la impulsaba a despegarse de esta realidad y salir impulsada hacia una infinidad de formas y colores ancestrales que a futuro trataría de recrear inconscientemente en sus pinturas, cuando estos volvieran a aparecerse en las constantes pesadillas que la atormentarían en las noches por los próximos veintisiete años.

Sentía que se desprendía de todo, que las manos que la sostenían se aflojaban tranquilamente y que su cuerpo se aligeraba y se elevaba a flotar junto con los del resto de los niños perdidos, cuando Lori y Luna llegaron por fin a la cima de la torre y miraron hirvientes de furia al payaso por atreverse a traer a la más pequeña de sus hermanas a las alcantarillas frías y malolientes.

–¡Lily, no veas!

Primero Luna dio un salto y se lanzó a apartar a la pequeña del brillo que reconoció la había aturdido durante su encuentro con el Recolector. No más bastó con ponerla fuera de su alcance para que Lily volviera en si, pero en eso el payaso volvió a cerrar su cara y aprovechó que Luna estaba acuclillada y dandole la espalda para arrojarla de una patada de su torre.

–¡Luna! –gritó Lori, quien en venganza embistió al payaso de tal modo que ambos rodaron también por los juguetes apilados y fueron a caer en lados distintos.

Y mientras Luna iba en descenso, ella se giró en el aire para que Lily quedara arriba de su vientre para así al menos poder amortiguar su caída al estrellarse contra el suelo.

–¡La tengo, la tengo! –corrió Clyde a atraparla en sus brazos sin pensárselo demasiado, ni haber medido previamente que ella le doblaba el peso y la estatura. Pero de todos modos si estuvo ahí para atraparla, o mejor dicho hacer del cojín en el que pudo aterrizar violentamente.

–Perdona… –se disculpó rápido Luna quitándose de encima de Clyde, luego de que Leni le recibiera a Lily y se alejara con ella a una esquina más segura–. ¿Dónde está Lori?

–¡Allá! –señaló Lucy con la mano sana a la más mayor, quien se estaba incorporando ante el payaso, que también se estaba poniendo de pie nuevamente haciendo chasquear todos los huesos de su cuerpo.

–¡Atrápalo! –le lanzó de vuelta su palo de golf Lola, a lo que ella lo atrapó y se puso a la defensiva.

–¡Suspiro… Mátalo Lori! –gritó Lucy

–¡Mátalo ya! –gritó Leni.

–¡Mátalo, Mátalo! –gritó Luan.

–¡Matao! –chilló Lily.

–¡Acaba con el! –gritó Lana.

–¡¿Qué esperas?! –aulló Luna.

–¡Que lo matez! –demandó Lisa.

–… ¡No puedes matarlo! –exclamó estupefacto Clyde, al volver a caer en cuenta de que era a lo que realmente se enfrentaban; algo diferente y antiguo… Venido del espacio exterior.

Sea como fuere, la contienda empezó con Eso abalanzándose en su forma de payaso a intentar morder en el pescuezo a Lori quien evadió el ataque atravesando el palo para escudarse y evitar que encajara sus dientes en ella; y así se mantuvo persistente en luchar, hasta que con todo e incertidumbre Clyde vino en su ayuda a golpearlo en la quijada con su bate; cosa por la que Eso contraatacó mandándolo a volar lejos de un zarpazo ejecutado con una de sus enguantadas manos que se deformó en una garra monstruosa al momento de propiciar el golpe.

–¡C-Clyde, no! –chilló Lori recogiendo el palo de golf contra si.

En eso Lana corrió a encaramarse a la espalda del payaso y someterlo apretando la llave inglesa contra su mentón; con Lola y Lisa sumándose a ayudarla a apresarlo después sujetándolo una de cada brazo.

–¡Sujétenlo! –mandó Luan a que lo retuvieran allí mientras ella le apuntaba a la cabeza con el tirachinas para efectuar un disparo eficaz. Por su lado, Luna recogió los platillos y se acercó para ayudar a aturdirlo. Pero más temprano que tarde el payaso se libró del agarre de las niñas dando vueltas y aventando lejos de su persona, primero a Lola y después a Lisa.

Lori volvió a ir corriendo tras Pennywise con intención de machacarlo con el palo, pero este fue mucho más rápido en quitarse a Lana de su espalda, para luego deslizarse ágilmente bajo los pies de la más mayor, sorprenderla por detrás y capturarla rodeándole el pescuezo con un brazo y apretándole el pecho con el otro.

–¡Lori! –exclamó Clyde viniendo de regreso con su bate en mano.

–¡No! –aulló Leni abrazándose a Lily desde la zona neutral en el campo de batalla.

Las otras hermanas Loud levantaron sus armas, pero procuraron mantener una distancia prudencial del payaso que se estaba escudando con Lori, teniéndola bien retenida entre sus dos brazos que repentinamente ganaron algo de tono muscular con asquerosos pelos erguidos de unos veinte centímetros de longitud brotando de la superficie de su piel. Con esto daba a entender que al primer movimiento en falso que dieran le rompería el cuello.

–¡Suéltala! –amenazó Luna.

–No –rió el payaso triunfante–, la llevaré conmigo. Llevaré a todos ustedes, y tendré un festín con su carne mientras me alimento con su miedo… O… O… Déjennos en paz. Yo me la llevaré, sólo a Lori, y entonces tendré un largo descanso y ustedes podrán vivir para crecer, prosperar y tener vidas felices. Hasta que la vejez las haga sucumbir a todas.

–… ¡V-v-váyanse! –ordenó la mayor sin dudar a que aceptaran la oferta de Eso, ahora que tenía la oportunidad de que los demás salieran librados del lio en el que se metieron en primer lugar.

–Si, lárguense –rió el payaso con malicia.

–E-esto es m-mi culpa… F-fui yo quien no-nos hizo b-bajar aquí… Y-yo d-d-de verdad lo s-siento.

–Lo si-si-si-siento –se le burló esta vez Pennywise.

–¡L-largo!

–Chicas, eso no ocurrirá –declaró Leni en caso de que alguien llegara a considerarlo en serio.

–Lo si-siento.

–Se los dije –habló Luan bajando la resortera y dando un paso adelante–. ¡Maldita sea, se los dije!… No quiero morir… Si, es tu culpa, Lori; tuya y de Luna… Me golpeaste en la cara; caminé por agua asquerosa; nos trajeron a esta maldita pocilga; me rasgaron la blusa como a una suripanta cualquiera; y ahora…

Para acabar, la cuarta guardó la resortera con el balín bajo el un bolsillo de su falda a cuadros, se agachó a recoger su mazo de partir sandías y lo empuñó con firmeza.

–Tendré que matar a este payaso –concretó, a lo que este mismo soltó a Lori y se abalanzó sobre ella a querer hincarle sus dientes–. ¡BIENVENIDO A LA CASA DE LOCOS!

Habiendo proclamado su grito de guerra, Luan le asestó un martillazo al payaso asesino en toda la quijada, permitiendo que ahí sus hermanas y Clyde tuvieran chance de rodearlo.

Primero Lola sacó el par de baquetas afiladas que tenía sujetadas a sus pantaletas y corrió con ellas a deslizarse por un lado del payaso en diagonal, consiguiendo clavarle una en su entrepierna y otra en el muslo. Después Clyde terminó de golpearlo con el bate y Luna de aturdirlo con el chocar de sus platillos.

Con cierta dificultad el payaso se sacó de un tirón las estacas de madera y ahí mismo sus heridas se regeneraron; pero luego, cuando su cabeza dejó de zumbar, advirtió que la siguiente en venir hacia el era Lucy, de modo que aprovechó la ocasión para transformarse rápidamente en Pinhead y salir volando hacia donde estaba ella haciendo aparecer cadenas con ganchos afilados a su alrededor.

–¡Tenemos tanto que enseñarte! –clamó con su resonante voz de cenobita.

Sin embargo Lucy fue más rápida en sacar el agua bendita de su bolso y rociársela toda en su cara recubierta de alfileres.

–¡Toma eso vil engendro de Satán! ¡Que el poder de Cristo te culmine!

Pinhead retrocedió soltando un grave alarido por las quemaduras que el agua le provocó en el rostro, ademas de que Lisa le provocó varías más arrojándole las botellas restantes de sus químicos.

Ahí, teniendo al demonio acuclillado y prendido en llamas, Luna dejó de lado los platillos y recogió su guitarra, la conectó al amplificador a todo volumen y de una patada acercó bien el aparato a los oídos de Pinhead para, como había prometido previamente, hacérselos sangrar con su música.

–¡¿Estás listo para el rock?! –anunció parándose encima del parlante con su guitarra lista para tocar.

–¡¿Eh?! –Pinhead levantó la cabeza y la miró confuso, un segundo antes de que Luna rasgara las cuerdas de su guitarra tenazmente para tocar la primera nota, provocando que una potente onda de sonido lo mandara a estrellarse contra un muro.

–¡Preparate a sentir el poder de la música!

De ahí en adelante, la muchacha rockera se dejó llevar por la inspiración para tocar una pieza con la que pudiese motivar a su equipo a salir victoriosos en la pelea final. De este modo, como si algo invisible y contagioso hubiese brotado de su ser, cada uno de los niños se sintió invadido por un repentino arranque de frenesí que los ayudaría a seguir batallando sin agotarse.

En mis venas corre rock and roll.

–¡Vamos! –clamó Clyde muy energico.

–¡Si! –vociferó extasiada Lori, a quien inexplicablemente las pupilas se le dilataron al igual que a todos.

La música es mi eléctrica pasión.

Resoplando aceleradamente como un toro embravecido en una corrida, Lori recogió una pierna ortopédica de entre la chatarra y del mismo modo Lola se puso adelante al haber cogido una cadena de bicicleta que enrolló de ambos extremos en sus palmas. Pinhead se levantó, a tiempo justo para ver que los chicos entrometidos, que ahora parecían haberse inyectado adrenalina pura, pero no por aplicarse una inyección real en físico, sino una inyección espiritual que los pondría a la par con el siendo un ente tan poderoso, lo tenían en la mira para salir a lincharlo.

No hay nada más, no quiero mapas en la dirección.

En ese momento, Eso sintió el verdadero terror.

–¡Acábenlo! –lanzó Lola el primer grito.

–¡Si! –aullaron todos cuales guerreros espartanos.

¡Sueno Loud, fuerte es Loud!

Es potente y no voy a callar.

Fuerte es Loud, es real.

Lo digo, lo escribo, es lo que necesito ya.

Sueno Loud.

Sé quien soy, no me voy a disculpar.

Fuerte es Loud.

Sube el volumen a reventar.

Percatándose de que Lola era quien encabezaba la turba iracunda que venía a por el, Pinhead giró sobre sus tobillos a la misma velocidad que un pequeño tornado y en cuanto paró, en su lugar apareció una pequeña caja sorpresa de juguete cuya manivela se puso a dar vueltas por si sola, dando paso a que la tapa se abriera accionada por un muelle y de adentro saltara una versión agigantada del Coronel Galletas con grandes garras, un par de ojos amarillos de depredador y una fuerte mandíbula inferior abierta por los dos lados con cuatro hileras de afilados dientes de metal. Pero lejos de detenerse, Clyde y las chicas aceleraron su carrera para llegar a matarlo tuviese la forma que tuviese.

–¡Lola!

En un corto lapso de tiempo, Lisa sacó un auto en miniatura de color rosa y lo aventó al aire con todas sus fuerzas, al tiempo que cambiaba la modalidad de su pistola y le disparaba un rayo que lo volvió a engrandecer a su tamaño normal. A su vez, Lori pasó adelante y se agachó de modo que Lola así pudo correr sobre su espalda, tomar impulso y efectuar un elegante salto olímpico con el que consiguió aterrizar a bordo de su jeep para de ahí ponerlo en marcha a máxima velocidad, pisar el acelerador a fondo e ir a estrellarlo contra el enorme y feo muñeco; luego para pasarle las cuatro ruedas por encima yendo para adelante y después repetir esta misma acción poniéndolo en reversa.

En el suelo, el Coronel Galletas vio que la siguiente en venir era Luan con intención de asestarle otro martillazo, por lo que antes tomó la forma del mono animatrónico en un estallido chispeante y se incorporó sobre sus patotas de chimpancé levantando sus platillos gigantes sobre la cabeza de la chica para estrellárselos ahí. Mas Lola efectuó otra peligrosa maniobra automovilística antes de que lo consiguiera, con la que viró rápidamente su vehículo para hacer que se volcara, teniendo ella que saltar afuera en el momento en que el jeep chocó contra el mono y el tanque de gasolina hizo explosión.

Lo primero es lo principal.

≪Adiós, viejo amigo≫ ,se despidió Lola de su fiel cochecito, mientras veía como sus restos se quemaban junto con las piezas mecánicas del mono.

Y las reglas puedo doblegar.

Entonces, el Recolector de la película emergió de entre las llamas y se precipitó hacia donde estaba tocando Luna blandiendo su guadaña ardiente.

Bien o mal sin excepciones voy a ser quien soy.

Pero por fortuna, Lori lo embistió usando la pierna de madera como un ariete que le clavó directo en el abdomen, logrando así someterlo después con un pie clavado en su espalda y las dos manos halándole las orejas con rudeza a nada de arrancárselas de un tirón.

–¡Espero que te guste comer un guiso…! –gritó de lejos Leni, teniendo sostenida a Lily quien aplaudió haciendo chocar sus manitas–. Bah, ¡quise decir piso!

¡Sueno Loud, fuerte es Loud!

Es potente y no voy a callar.

Fuerte es Loud, es real.

Lo digo, lo escribo, y es lo que necesito ya.

Sueno Loud.

Sé quien soy, no me voy a disculpar.

Fuerte es Loud.

Sube el volumen a reventar.

–¡Muy bien Lori! –aprovechó Lola para ir a lazar al Recolector en el cuello con la cadena de bicicleta y Lana yendo en seguida a ayudarla a agarrar el otro extremo y tensar fuerte, logrando ambas gemelas empezar a asfixiarlo.

–¡Ja, ja! –rió Lana a verlo expulsar la lengua para afuera–. ¡Púdrete! ¡PÚ-DRE-T…! ¡IAAAAHHH!

Asqueada, siendo algo muy impropio de ella que tanto le gustaba ensuciarse, la pequeña fontanera aflojó su agarre y retrocedió al recibir un licuado a propulsión a chorro de sangre, viseras y partes mutiladas de pequeños animalitos que el Recolector le vomitó encima bañándola toda todita.

–Oh, cielos –se compadeció Lola de ella, sabiendo que esa era la única porquería que asqueaba a su hermana en todo el mundo.

–¡AHORA VOY A MATARTE! –rugió Lana tras escupir una anca de rana y correr a soltarle un buen golpe en el craneo al Recolector con su llave inglesa.

Volumen a reventar.

En eso, Clyde y el resto de las chicas se abalanzaron sobre el a darle una bien merecida paliza entre todos, levantando una espesa nube de polvo y blasfemias propiamente dichas como cada pleito masivo de los Loud que se respete.

¡Volumen a reventar!

Como pudo, el Recolector logró escabullirse a gatas de la nube de pelea; mas para desgracia de este, al instante se topó con los pies de Luna quien ya había dejado de tocar.

–¿Vas a a alguna parte amigo? –dijo, tomando la guitarra por el brazo y estrellándosela a continuación en la cabeza.

–¡NUNCA TE ACEPTARÁN EN EL CIRCO! –llegó seguidamente Luan tomando vuelo para asestarle el mayor de todos los martillazos en plena nuca.

–También tu, bruta, hija mía… –balbuceó tambaleándose todavía a gatas el Recolector, cambiando instantáneamente su forma a la de el payaso que se desplomó en el suelo, aparentemente derrotado.

–¿Está… Muerto? –se acercó Leni a tocarlo con la punta del pie para ver si reaccionaba.

–¡No bajen la guardia aun! –ordenó Luna en lo que ella y el resto se posicionaban a su alrededor, con sus armas listas en caso de que tuvieran que volver a contraatacar.

De pronto, Lola advirtió que unos restos de corrosiva masa gelatinosa viviente brotaban por entre cada abertura del traje abolsado, empezando a cubrir de ese modo a Pennywise quien gradualmente se fue diluyendo todo ahí adentro hasta quedar convertido en algo amorfo y palpitante que comenzó a crecer y crecer.

–¡MUÉVANSE, MUÉVANSE! –avisó a todos a que retrocedieran de inmediato para no ser tocados por la mancha voraz que en un momento apareció ante ellos.

Por suerte Lisa actuó más rápido y le disparó con su pistola antes de que creciera aun más, cambiando al mismo tiempo la modalidad para disparar un rayo congelante que la aprisionó bajo una gruesa capa de hielo.

Uf… –suspiró arrojando a un lado el arma que igual ya se había quedado sin batería–. Menoz mal que terminó.

–Que bueno –jadeó Luan–. Ya, vámonos de aquí, ¿les parece?

Pero inmediatamente supieron que la cosa estaba aun lejos de acabar, cuando notaron que la mole de hielo emitía un brillo extraño junto con un escandaloso zumbido.

–¡¿Qué está pasando?! –se alarmó Lana retrocediendo a tropezones.

–¡Leni, llévate a Lily lejos de aquí! –ordenó Luna.

–No ez juzto… –musitó Lisa al ver que en el hielo se formaba una pequeña grieta, que después dio paso a una potente explosión de luz, con esa particular brillantez fulminante que había desintegrado al buen Basu–. ¡NO LAZ MIREN, NO LAZ MIREN…!

Por un momento breve, previo a que Leni se diera la vuelta con ella retenida contra su pecho, Lily volvió a echar un vistazo a aquel destello infinito adentro de Eso. Una vez más, como un recordatorio del verdadero origen de sus futuros terrores nocturnos.

≪¡Es Luz…! –entre los constantes parpadeos de luces, la cosa brillante que se alzaba ante ellos fue cobrando nitidez para Lucy quien observaba a través de la cortina de pelo que cubría sus ojos, hasta manifestarse como una aglomeración de burbujas iridiscentes en continua creación y autodestrucción–. ¡Es una luz que debe apagarse en la oscuridad!≫.

En toda la caverna, hubo un tremendo ventarrón que los hizo retroceder a todos de golpe. Después vino una violenta sacudida, que era de algo colosal que cayó de lo alto asentándose en el piso.

Pronto, el lugar recobró su iluminación natural y cada quien volvió a ver claramente, en primera instancia a la sonriente cara del payaso Pennywise, ahora unas siete veces más grande para horror de Clyde y las hermanas Loud. De hecho, todo el apareció agigantado en medio de todos ellos que a comparación parecían enanos, teniendo que inclinarse para poder verlos a la cara.

–Que pena –rió, con su boca que se estaba distendiendo en grande y deformándose horriblemente, hasta parecer la de una pitón hambrienta con unos enormes colmillos asomando de su mandíbula inferior. A su vez, sus dos ojos bizquearon hacia lados opuestos y se fueron hundiendo en sus cavidades orbitarias que se tornaron brillantes como malévolos rubíes–. Su plan no funcionó niñas.

Luan quiso aprovechar para coger el tirachinas, tensar el resorte y dispararle de una vez, pero luego una repentina sensación parecida al pánico escénico la paralizó en el acto, por lo que tan sólo se pudo limitar a ver como el cuerpo del payaso se hinchaba inflándose, aparentando la forma de un huevo apacharrado y desgarrándose el traje en el proceso.

–¿Y saben por qué no funcionó? –habló entre gruñidos hostiles de animales no identificados que emergían del fondo de su garganta–. Diles, porque no funcionan sus tontas ideas, Lucy.

Clyde corrió a retener unidas a las cuatro menores, poniéndose a la defensiva por delante de todas ellas y ocupándose especialmente de mantener abrazadas contra su cintura a las gemelas que lloriqueaban aullando de miedo.

–No se asusten, aquí estoy para protegerlas.

Asomándose por su lado derecho atrás de Lana, Lisa avistó por entre las aberturas de desgarre en el traje del payaso a un montón de cascarones transparentes con pequeños arácnidos adentro, acumulados en su grotescamente abultado vientre que se bamboleaba.

–Diles que sólo son puros –las manos del payaso se alargaron primero volviéndose garras monstruosas con uñas afiladas y después en unas zarpas gigantescas con coraza como las de una mantis religiosa, las cuales dio clavando en el suelo, al mismo tiempo que otras seis patas iguales le crecían a partir de su espalda y su cintura–, ¿cómo se dice, Lis?… Placebos.

–¡Lori, no lo hagas! –la llamó desesperadamente Luna al ver que ella, primero miraba a todos, como despidiéndose, y luego echaba a andar hacia el monstruo gigante, que ahora erguido sobre sus ocho patas alcanzaba una mayor altura, además de que poseía un exosqueleto y un aguijón en el culo capaz de ensartar a un hombre.

–¡No, Lori! –chilló Leni quien, en su limitado entendimiento de las cosas, comprendió que Eso acababa de invocar su verdadera forma definitiva; aunque esa vez seguiría manteniéndose parcialmente envuelta bajo su disfraz de payaso.

Lucy dedujo que estaban cerca de ver una representación más exacta de lo que era en realidad.

≪¡Ciencia mía!≫.

–¡Maldita, deja en paz a Lori! –gritó Lisa al payaso con cuerpo de araña queriendo ir en ayuda de su hermana mayor, pero Clyde la retuvo agarrándola del hombro.

≪¿Maldita? –pensó el chico–. Habla como si fuera hembra≫.

Luan cargó la resortera, pero seguía sin poder hallar la concentración que necesitaba. Su mano le temblaba por los nervios de disponer de un solo tiro y el sudor de sus dedos mal lubricaba el agarre del balín en la badana.

≪¡Vamos, sé que puedes hacerlo! ¡Imagina que es un hombre lobo… Imagina que es un hombre lobo!…¡Rayos, no puedo hacerlo!…≫.

Desde sus respectivas posiciones, Luna, Leni y Lily nada más podían mirar como la más mayor de las diez, en vez de huir, apretaba el paso, con los puños cerrados y las muñecas tensas.

–¡Dodi! –chillaba la bebé manoteando en el aire con sus manitas apuntando a ella, mientras mal pronunciaba su nombre y forcejeaba por zafarse de los brazos protectores de Leni.

El p-pasillo ha-hay q-que cruzar… A-a las niñ-ñas esqui-quivar… S-si a-al b-baño qui-quiero ll-llegar…

A los pocos segundos, Lori mantenía su vista fija en los inhumanos ojos anaranjados de Eso, de los que brotaba esa horrible luz cadavérica. Con esto había dado inicio al enfrentamiento final, únicamente entre ellos dos.


Lori, en el vacío, antes.

¿Quién eres?, ¿y por qué vienes, a mí?

Soy Lori Loud. Tú sabes quien soy y porque he venido. Mataste a mi hermano Lincoln y he venido a matarte. Te equivocaste en escogerlo a él, hija de puta.

¿Matarme, tú? Yo soy eterna, ¡soy la devoradora de mundos!

¿Ah sí? Pues se te ha acabado la comida.

¡Tú no tienes poder!; el poder está aquí; siente el poder y después veremos si sigues hablando de matar a la eterna. ¿Crees poder verme? ¡Pues entonces, ven! ¡Ven! ¡Ven!

El pasillo…

Lori salió, no arrojada, sino disparada hacia adelante, viéndose levantada y lanzada hacia el otro lado de la cámara.

≪¡Se valiente y piensa! –aulló para si–. ¡Es solo un truco mental! Mi cuerpo sigue allí, de pie cara a cara con Eso. ¡Se valiente y resiste, resiste…!≫.

Impulsada hacia el vacío absoluto, a más de mil quinientos kilómetros por hora, Lori dejó atrás todo y a todos, rugiendo y volando por un túnel negro y chorreante de azulejos que tendrían cincuenta o cien o mil o un millón de años de antigüedad, en un silencio mortífero por intersecciones, algunas iluminadas por un fuego amarillento retorcido y otras por globos relumbrantes llenos de fantasmagórica luz blanca, y otros muertos y negros.

El pasillo debo cruzar…

Ahora iba hacia arriba, pero no hacia la luz, sino hacia la oscuridad, una oscuridad titánica.

A las niñas esquivar…

Y estalló hacia afuera, hacia la negrura total, que era todo, del universo y el cosmos juntos.

Si al baño quiero llegar

¡Basta ya! ¿Por qué sigues diciéndolo? Nada te salvará, niña estúpida.

Ropa sucia hay que saltar… Los pañales huelen mal… Sobrevivir requiere habilidad…

¡Basta! Exijo, ordeno, que te detengas ahora.

≪No te gusta nada, ¿verdad?≫.

Pero allí había algo más. Lo percibía, lo sentía, y hasta podía olerlo. Una presencia en la oscuridad, por la que no sentía miedo, sino un respeto sobrecogedor. Corrió hacia aquello y vio que se trataba de una gigantesca tortuga con el caparazón blindado de colores deslumbrantes, cuya antiquísima cabeza de reptil asomó lentamente. Sus ojos eran bondadosos y Lori se dijo que era lo más antiguo que uno pudiese imaginar. Más antiguo que Eso, que aseguraba ser eterna.

¿Qué eres tú?

Soy la tortuga, hija mía. Yo hice el universo; pero no me culpes por ello, por favor, me dolía la barriga.

¡Ayúdame! ¡Ayúdame, por favor!

En estas cosas no tengo nada que ver.

Mi hermano…

Tiene su propio lugar en el macrocosmos; la energía, es eterna, como ha de comprender hasta una adolescente como tú.

Ahora la tortuga se estaba quedando atrás; aun a esa tremenda velocidad de lanzamiento, su flanco blindado parecía prolongarse interminablemente.

¡Por favor, ayúdame! ¡Por los otros!

Debes ayudarte a ti misma, hija mía.

¿Pero cómo? ¡Dime, por favor, cómo!

Había llegado ya a la altura de sus patas traseras, densamente escamadas, y tuvo tiempo de observar su titánica carne viejísima, y de maravillarse ante sus gruesas uñas que eran de un extraño color amarillo azulado y en cada una nadaban galaxias enteras.

¡Por favor! Tú eres buena. Siento y creo que eres buena. Te lo suplico.

Tú ya lo sabes. No tienes sino a tu familia, a tus amigos, y Chüd.

¿Chüd? ¿Pero qué es eso? ¿Qué es Chüd? ¡Por favor, oh, por favor!

Solo recuerda, hija mía, que si al baño quieres llegar, debes el pasillo cruzar y a las niñas esquivar… Es todo lo que puedo decirte. Una vez que te metes en una mierda cosmológica como esta, lo único que queda es tirar el manual de instrucciones.

La voz de la tortuga estaba desapareciendo. Ya la había dejado atrás, sumida en la oscuridad profunda de lo oscuro.Su voz estaba siendo sofocada, superada, por las risas de la voz parloteante y alegre de lo que la había arrojado a ese vacío negro: la voz de la araña, de Eso.

Y pensó: ≪Si al menos pudiera, decirlo en voz alta, sin tartamudear, podría romper esta ilusión…≫.

Esto no es una ilusión, ¡niña estúpida!; es la eternidad. Mi eternidad, y estás perdida en ella, perdida para siempre. Nunca hallarás el camino de regreso. Ahora, eres eterna y estás condenada a vagar en la negrura… Después de que me hayas visto, cara a cara.

Oyó el parloteo y los zumbidos de su voz aguda, furiosa, inhumana, llena de loco odio. Y comprendiendo, entendiendo, que quería arrojarla más allá de alguna muralla, más allá de los confines del universo, a otro lugar.

¿Qué te parece esto amiguita?, ¿te gusta? A que tiene un ritmo muy bailable. Adelante, sujétalo con las amígdalas y sacúdelo que tiene arena. ¿Te ha gustado mi amiga la tortuga? Yo creía que esa vieja estúpida había muerto hacía años. Además, ¿para que te sirvió?, ¿creías que podía ayudarte?

¡No, no!… El pa-pa-pasill-llo hay que c-c-c… c-c-c…

Basta de chácharas; hablemos mientras podamos. Háblame de ti, amiguita. Dime, ¿te gusta la fría oscuridad de aquí afuera?, ¿estás disfrutando de este recorrido por la nada que se extiende afuera?… ¡Ya verás! ¡Ya verás cuando cruces al otro lado! ¡Ya verás cuando cruces a donde estoy yo!… Espera amiguita, espera a ver los fuegos fatuos. Los verás y te volverás loca, pero vivirás, y seguirás viviendo, dentro de ellos… Dentro, de mí.

Lori resbalaba en la oscuridad, a velocidad siempre creciente. Notó que el aullido de la venenosa risa de Eso empezaba a borrarse y a crecer, como si a un tiempo estuviese alejándose de su alcance y precipitándose hacia ella.

Queda poco tiempo Lori. Hablemos mientras podamos…

Su voz, se tornaba cada vez más extraña, pronunciando sílabas que ninguna lengua, ninguna garganta humana podía reproducir. Lenta y acompasada, Lori la percibía como la voz de los fuegos fatuos, a los que estaba por llegar.

Lo estás haciendo bien amiguita, pero muy pronto será demasiado tarde.

Solo hay Chüd –pensaba lo que le había dicho la tortuga–. Piensa Lori. ¡Piensa…!≫.

Ahí adelante, percibió el muro del limite final en la oscuridad, y más allá la otra forma, los fuegos fatuos. Pronto, estaría más allá de toda comunicación cuerda con Eso… Y sin embargo, llegó a comprender que a pesar de toda su risa y su extraña alegría no deseaba otra cosa.

≪Quedarse incomunicado, es quedar sin salvación… –se dijo Lori. Lo sabía por la forma en que sus padres se habían comportado con ella y sus hermanas a partir de la muerte de Lincoln. Lección aprendida con frialdad de nevera–. Pero, ¿si Eso quiere comer niños allá afuera, por qué no los envía a todos aquí? ¿Por qué sólo a mí? ¿Por qué necesita deshacerse de su yo-araña para arrojarme a su yo eterno e incorpóreo, con el que de algún modo se encuentra vinculado?… Porque desea librarse de nosotras. Lo que vive aquí, en la oscuridad, puede ser invulnerable; pero también está en la tierra, debajo de Royal Woods, con una forma física, como el pueblo que es físico… Y lo físico se puede matar… ¡La tengo! ¡Literalmente, está asustada, es lo que dijo Luna, me tiene miedo, nos tiene miedo a todas!≫.

¡Estás asustada! ¡¿Verdad que estás asustada?!

No me hables hija, y no hables contigo misma. Te estás desprendiendo; muerde si te atreves, adelante, si quieres, si eres valiente, si puedes soportarlo… ¡Muerde!

Lori mordió con fuerza; no con sus dientes reales sino con la dentadura de su mente. Y bajando la voz, al registro más grave de la Lori estricta que mantenía el orden y la disciplina en la casa Loud con puño de hierro, gritó:

–¡EL PASILLO HAY QUE CRUZAR, A LAS NIÑAS ESQUIVAR, SI AL BAÑÓ QUIERO LLEGAR! ¡ROPA SUCIA HAY QUE SALTAR, LOS PAÑALES HUELEN MAL, SOBREVIVIR REQUIERE HABILIDAD! ¡PORQUE ESTO, ES LA CASA LOUD! ¡¿OISTE MAL NACIDA?! ¡ES LA CASA LOUD! ¡AQUÍ CON UN CHOQUE O EMPUJÓN DEMOSTRAMOS NUESTRO AMOR! ¡ES LA CASA LOUD!, ¡¿OISTE?!, ¡LA CASA LOUD! ¡UN CHICO, DIEZ CHICAS Y YO JAMÁS LO CAMBIARÍA!

¡Basta! –sintió en su mente el grito de Eso, en un alarido de rabia frustrada y arrogante… Pero también de miedo y dolor.

La sintió debatirse, ya no tirando de ella. Empujaba, tratando de apartarla.

–¡ENTIENDE, PARA QUE LO SEPAS, QUE AQUÍ POCO ESPACIO Y TANTOS HAY, PERO NO ESTÁ DEL TODO MAL! ¡PORQUE ESTO ES LA CASA LOUD! ¡AQUÍ CON UN CHOQUE O EMPUJÓN, DEMOSTRAMOS NUESTRO AMOR, EN LA CASA LOUD! ¡HAY ROPA QUE LAVAR, LA ROPA QUE ERA DE ALGUIEN MÁS! ¡PARA EL BAÑO LA FILA HAY QUE HACER! ¡¿PRIVACIDAD?! ¡¿ESO QUE ES?! ¡SOMOS ONCE CHICOS! ¡ESE ES EL CAOS! ¡SIEMPRE ES Y ASÍ SERA! ¡PORQUE ASÍ ES LA CASA LOUD!

–¡BASTA, POR FAVOR, DUELE! ¡Suéltame, suéltame! ¡Te prometo que no volveré jamás, pero déjame! ¡Duele, dueeeleee…!

–¡LLÉVAME DE VUELTA! ¡TIENES QUE HACERLO! ¡YO LO EXIJO! ¡TE LO ORDENO!

≪Esto es Chüd. Aguantar, ser valiente, ser leal, defender a la familia que te queda, a tus amigos, a tu novio; creer en todas las cosas que has creído. Creer, que así vivas en un pequeño pueblo, sigues siendo una chica de la gran ciudad de todo corazón. Cree que saldrás de aquí, que vencerás, que irás a la universidad de tus sueños, que de aquí en adelante tendrás una vida perfecta al lado de Bobby; sólo tú y el y sus once hijos. Creer que tus hermanas restantes encontrarán el amor tarde o temprano, que sus padres volverán a quererlas; que recobrar la confianza en ti misma, retomar tu papel como la mayor es posible y las palabras surgirán siempre con fluidez. No más casa de locos, no más decir literalmente por cada cosa u obsesionarte con ganar una competencia de selfies; basta de llorar en el cuarto de Lincoln porque no pudiste salvarlo. Cree en ti misma, cree en el calor, de ese deseo≫.

Presa de un asombro total, encantado, Lori empezó a reír en la oscuridad.

–¡DEMONIOS, CREO EN TODAS ESAS COSAS; LITERALMENTE, SI, CREO! –gritó, y era verdad: entendió que, a pesar de las discusiones y los constantes pleitos, había observado que las cosas en la ruidosa casa terminaban saliendo bien antes que mal, en una proporción muy absurda.

Lori levantó ambos brazos sobre su cabeza y levantó la cara hacia lo alto, al mismo tiempo que se encendía una luz y sentía que el poder fluía de ella a borbotones.


Eso volvió a gritar, con un dolor más intenso, tal vez porque había pasado su larguísima existencia infringiéndolo y alimentándose de el, pero sin llegar a experimentarlo como parte de sí. Su grueso y agudo aguijón dejó de aproximarse hacia el pecho de Lori y sus garras de mantis volvieron a hacerse humanas, así como todo su horripilante cuerpo de arácnido que se redujo de nuevo al del payaso de traje abolsado con pompones naranja.

¡Aun no ha terminado! –gritó Lori, quien aun seguía en trance con los ojos puestos en blanco y sin mover sus labios para hablar. Lo que Clyde y el resto de las Loud oyeron, fue su voz cavernosa y distante surgiendo de su propia boca abierta–. ¡Debemos reducirlo por completo y aplastarlo hasta la muerte!

–¡¿Cómo hacemos eso?! –indagó a gritos la pequeña Lola.

–Sólo hay una forma de hacer a alguien pequeño –declaró Lucy dando un paso adelante–. Haciendo creer que lo es.

–¡¿Yo, pequeño?! Asquerosos niños asustadizos… –entre aullidos de agonía de muerte, el payaso gigante se inclinó amenazante hacia la gótica, con la sangre chorreando en hilos por su rostro cargado de profundo resentimiento e indignación–. ¡Soy el devorador de mundos!

–¡No para nosotros! –gritó Luna, a lo que Eso cambió de rumbo a atacarla a ella en lugar de a Lucy–. ¡Eres un payaso!

–¡Un payaso sin gracia! –agregó Luan quien aun no se atrevía a disparar.

–¡El devorador de mundos! –insistió Eso yendo por ella ahora.

–¡Un montón de animales muertos! –gritó Lana.

–¡Impostor! –vociferó Clyde.

–¡Un tampón! –gritó Leni, provocando que Eso intentara aturdirla con las luces mortales de sus ojos, pero ella actuó mucho más rápido en cubrirse la vista con sus gafas de sol y en taparle los ojos a Lily con una mano–. ¡Sólo eres un tampón ensangrentado que debe estar en la basura!

–¡Popo! –chilló Lily sacándole la lengua.

–¡El devorador de mundos! –retrocedió el payaso, cuyo cuerpo gordinflón empezó gradualmente a enflaquecer.

–¡Un juguete inservible! –gritó Luan.

–¡Un trozo de queso podrido! –gritó Lola.

–¡El devorador de mundos!

–¡Una niña ahogada! –vociferó Lisa repetidas veces hasta casi quedarse sin voz–. ¡Un montón de ropa apilada en el armario y nada máz! ¡Una pintura que no haze nada! ¡Una eztúpida flor! ¡Un… Un…!

–¡Un vampiro! –gritó Lucy. Mas antes de que la imagen de Eso pasara a ser algo que se asemejara al Drácula de Bram Stoker o al conde Orlock en Nosferatu, añadió–: ¡Pero no un vampiro que chupa sangre humana, sino uno adolescente y afeminado que brilla con la luz del sol, tonto y maricón, idiota!

–¡Basta, no sigan, dejen de burlarse de mí!

–¡Claro que nos burlaremos de ti! –lo apuntó Lola con su dedo desafiante–, ¡pero solo por el resto de tu vida!

–¡Eres un payaso idiota! –ladró Lana.

Encabezados por Luna, Clyde y las hermanas Loud rodearon a Eso para seguir insultándolo y lastimando su ego aprovechando lo vulnerable que estaba.

–¡Maldito payaso tonto! –le gritó Luan–. ¡Eres una vergüenza para la profesión!

–El devorador de mundos… –gimió con una vocecita desinflada, volviendo a su estatura de payaso natural.

–¡Nadie te tiene miedo! –persistió Clyde.

–El devorador de mundos… –Pennywise cayó de espaldas al suelo, quedando ahí a merced de: primero Lucy, quien vino a embutirle el collar de ajos en la boca; después de Luan, que lo agarró de la muñeca y le obligó estrecharle la mano en la que tenía conectado el botón de bromas hasta que se le agotó la batería; y por ultimo de Luna quien lo agarró de la gorguera para surtirlo de puñetazos en toda la cara–. ¡Por favor, basta, no más…!

–¿Qué pasa? No me digas que tienes miedo –rió Luna alzando su puño ensangrentado; cuando la cabeza del payaso volvió a inflarse y todo el desapareció en un raro estallido de puro humo y confeti, previo a que el lugar entero quedase a oscuras inmediatamente después.

–¡¿Qué pasó?! –preguntó Luan buscando a ciegas a los demás–. ¿Lo logramos?, ¿se destruyó?

–¡Que nadie se mueva de donde está! –ordenó Luna en lo que se apuraba a encender una de las linternas y repasar con esta las cabezas de todos, empezando por Luan, después Lori que seguía ida y babeando, luego Leni y Lily, Clyde, Lucy y las gemelas, y al final Lisa… ¡A quien de repente un par de garras halaron por detrás, tan rápido como volvió la iluminación!

–¡Te tengo! –clamó con triunfo el payaso levantándola en el aire y arrinconándola contra uno de los muros de la caverna.

–¡ZOCORRO! –gritó por ayuda la chiquilla pataleando y luchando por soltarse.

–¡Resiste! –aulló Luna acudiendo de primeras en su auxilio.

Atrás de ella Luan cargó el ultimo balín en la honda.

–Eso es –le sonrió el malvado payaso a Lisa, con su boca dentada y babeante–. Suéltate, siente miedo.

–¡Luan, ahora! –ordenó Luna que disparara.

Pero Luan, temerosa de que ya solo le quedaba una munición, no podía hallar la concentración para hacerlo bien.

–Todos tienen mejor sabor cuando sienten miedo.

–¡Mátalo Luan! –insistió Leni a que disparara.

–¿Matarme, a mí? –se le rió el payaso–. Eres invaluable Luan. Yo, ¡ yo soy eterno, niña! Soy el devorador de mundos… y de pequeños.

Lucy, quien había tenido que mantenerse un poco más al margen por la condición de su brazo, se adelantó armada de valentía con el inhalador de agua alcanforada para el asma que no tenía en mano, y que era tan efectivo como ella llegase a creer, así como los balines de plata tenían efectividad porque creían que podrían matar a Eso.

–Y tú… –el payaso miró a los ojos a Lisa, que sudaba y lagrimeaba de pánico pero igual perseveraba en soltarse de sus garras–. ¡Tú eres la siguiente!

Justo ahí, cuando estuvo a nada de comerle la cara a la niña, Lucy se le plantó desafiante apuntándole con el inhalador cual revolver cargado y le vació todo su contenido en el rostro.

–¡Esto es ácido para batería maldito asesino!

Horriblemente adolorido, el payaso soltó a Lisa y se llevó ambas manos al rostro al sentir que algo materialmente corrosivo le quemaba la piel.

–¡Dispara ahora Luan! –gritó Luna entonces.

Temblando, Luan levantó el tirachinas y tensó el resorte.

–¡Dispara ahora!

–¡Aquí estamos contigo! –gritó Leni.

Aun manteniéndose en trance, Lori a su vez inclinó la cabeza para atrás y exclamó:

¡Con un choque o empujón, demostramos nuestro amor! ¡Recuerda que las puertas del amor deben ser superiores a las del odio!

Entonces, recordando que sus hermanas la cubrían, el apoyo que les había brindado Clyde sin condición y los buenos momentos que había pasado riendo en compañía de Lincoln, Luan sintió una maravillosa calidez que parecía recorrerle el cuerpo y seguir por su mano hasta el balín cargado en la badana.

≪¡Ahora o nunca!≫.

Y con toda tranquilidad, soltó el elástico y dejó que la esfera plateada saliera volando en linea recta directo hacia la cara derretida del payaso.

De pronto, con un ruido semejante al de un millar de salchichas friéndose, unas lenguas de fuego naranja, amarillas y blancas brotaron de la herida que se le abrió ahí en medio de sus ojos.

–¡Le di! –exclamó Luan–. ¡Mierda, si, le di!

–¡Bravo chica! –la elogió Luna–. ¡Le diste! ¡Sabía que lo lograrías!

–¡Muy bien Luan! –aplaudió Lana–. ¡Eres mi heroína!

–¡Tres hurras por Luan y su buena puntería ! –la vitoreó Clyde con un puño en el aire–. ¡Hip, hip…!

–¡HURRA! –aclamaron todas desde Leni a Lily que dijo: huya.

–¡Hip, hip…!

–¡HURRA!

–¡Hip, hip…!

–¡HURRA!

Sin mas el payaso se arrojó a caer derrotado a las puertas del vagón abierto, mientras que su cuerpo iba encogiéndose más y más hasta igualar en estatura a las gemelas, y luego a Lisa.

Entretanto, Luna cogió la cuchilla de la tijera de Leni y se acercó con ella para clavársela en el pecho.

–Eres un payaso –dijo, limpiando antes el filo con el dobladillo de su falda–, con un corazón temeroso.

El pasillo hay que cruzar, a las niñas esquivar, si al baño quiero llegar… –recitaba el payaso enano con voz aguda, atemorizada y debilitada, conforme se arrastraba sobre su cuerpo lastimado y arrugado a la entrada de su vagón–. Ropa sucia hay que lavar

–Por eso no mataste a Lori –Luna se plantó enfrente suyo y levantó la cuchilla lista para darle el golpe de gracia–. Ella no tenía miedo de ti, y tampoco nosotros, ya no. Ahora tu eres el que tiene miedo, porque te vas a morir de hambre.

–¿Miedo?

En la caverna, un vendaval sopló fuerte, sin ser detectado por nadie a excepción aparente del payaso que fue empujado adentró del vagón y arrastrado hacía un abismo sin fondo. Luna miró ahí adentro atónita, hasta que se oyeron los chasquidos de unos engranajes y Luan la arrastró para afuera antes de que las puertas de metal volvieran a cerrarse.

–Ya sé que voy a escribir para mi ensayo de verano –bromeó con ella, abrazándola feliz de que todo hubiese salido bien.

Lori volvió en si al caer de vuelta sobre su cuerpo bruscamente, habiendo dejado atrás ese vacío y de oír la voz hueca y distorsionada de la tortuga borrándose.

No han estado mal, hija mía; pero yo de ustedes, acabaría el trabajo. La energía tiende a disiparse, ¿sabes? Lo que puedes hacer cuando vives en casa de tus padres y tu mayor problema es quedarte sin minutos en tu teléfono, con frecuencia no se puede hacer nunca más…

Habiendo despertado para ponerse al tanto de todo lo que ocurrió en su breve ausencia, primero vio a Lucy encargándose de empapelar la puerta del vagón con sus talismanes mágicos, a Clyde abrazando a las gemelas para reconfortarlas y a Luna y Luan yendo a ayudar a incorporarse a la pobre y desdichada Lisa.

Después corrió a abrazar a Leni y besar en el cachete a Lily quien acabó soltando un estornudo, por lo que las dos mayores se apresuraron a buscar algo con que abrigarla.

–¡Chicas, miren! –señaló Clyde a los cadáveres flotantes que volvían a descender a tierra–. Los niños están bajando.

Escarbando entre las cosas apiladas de la torre, a su vez Lori halló una camiseta de color naranja hecha jirones que luego entregó a Leni, quien al leer las iniciales L.L rotuladas en la etiqueta envolvió con ella a Lily y rodeó con un brazo a su afligida hermana mayor para brindarle calidez.

Al poco rato Clyde y las demás chicas llegaron junto a ellas dos que permanecían abrazadas, llorando desconsoladamente, contagiando con su llanto a la bebé que había empezado a berrear también.

Primero Luna se arrimó a Leni, bajo cuyos lentes de sol corrían lagrimas manchadas de maquillaje, y Clyde se abrazó sin temor a Lori quien gimoteaba e hipaba a más no poder. Luan las rodeó por la cintura a ambas e hizo que depositaran la cabeza en cada uno de sus hombros, al mismo tiempo que las gemelas, Lisa y Lucy se sumaban al abrazo grupal, en el que permanecieron así un buen rato, mientras la luz bajaba volviendo a quedar a oscuras en la caverna, rodeados de cadáveres que se desplomaban en tierra alrededor de ellos.

Permanecieron allí, llorando abrazados en silencio, bajo la ciudad.