Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 24. Investigando al enemigo
La tía abuela se encontraba revisando los documentos. Su mirada era seria. Leía atentamente cada línea que describía las acciones de Nicolette. Al parecer pretendía extender su estadía por tiempo indefinido en Chicago porque su alojamiento en el "Palmer House" había llegado a su final la noche anterior y la entrega de las escrituras de una propiedad en "Cook Country" se realizó por la mañana de ese mismo día. La descripción no era la de una gran mansión pero si lo suficientemente propia para unas ocho o diez personas y arquitectura de época lujosa.
Como le había encomendado a George éste movió sus contactos para investigar que tan cierto era aquello de que pertenecía a la sociedad europea y para su desgracia el moreno confirmaba que en efecto su padre era un magnate. Esto le preocupaba bastante a la venerable anciana porque cualquier tipo de venganza (si la llegase a efectuar) siempre se realizaría rápidamente si se cuenta con los recursos económicos necesarios. De repente fijó su vista el último párrafo y sus cejas se entrecortaron, fue entonces cuando regresó su mirada a George.
—¿Qué quiere decir esto George?¿Es lo que pienso? – Dijo evidentemente molesta y con voz seria—
Entonces el moreno habló con la seriedad que lo caracterizaba.
—Al parecer la "señorita Nicolette" efectivamente ha estado vigilando los horarios de la señorita Candy. Está al tanto de su entrada, su salida y al igual que nosotros a puesto a dos personas para reportarle cada uno de sus pasos, por lo que ha de estar enterada de su amistad con el Doctor Kingsford y a éstas alturas de su encuentro con el joven William.
Entonces la anciana de repente no entendió de cual encuentro le hablaba George ya que ella no estaba enterada de nada aún.
—¿De qué encuentro hablas?. Explícate por favor George.
—El joven William y la señorita Candy arreglaron sus diferencias hoy en la tarde Madame. Dijo inexpresivo—
La cara de Elroy fue de total asombro, estaba que daba brinquitos de gusto, pero evidentemente como toda una dama no iba a mostrar sus debilidades ante su personal como lo era George, así que con todo el decoro que pudo mostrar habló.
—Bueno…me parece muy bien que ese par haya arreglado sus diferencias. Supongo que la boda seguirá en pie. – Dijo mientras miraba al moreno fijamente con sus ojos café al tiempo en que levantaba una ceja—
—Eso parece señora, pude observar el brillo de cierta piedra preciosa en la mano izquierda de la señorita Candy.
—Muy bien entonces, pero ahora explícame como es que nuestra vigilancia no se percató de la presencia de Nicolette en la vida de Candy.
—Muy sencillo Madame. La descripción de la "señorita" no coincide con la que le dimos a nuestros hombres. Ellos estaban pendientes por si una alta mujer pelirroja rondaba por ahí y la que habían visto estos días es de cabello negro, pero gracias a que se encontró con uno de sus hombres los nuestros pudieron darse cuenta de que era ella, ya que al notar una actitud sospechosa siguieron al vehículo después de que se alejara del departamento de la señorita Candy y dejaron a Nicolette en la dirección de la propiedad que después investigué había adquirido. Al parecer se encontraba sola en el jardín cuando se quitó la peluca y uno de nuestra guardia entendió que se trataba de la misma persona.
—Aquí dice que portan armas George. A mi pequeña niña la están vigilando día y noche hombres armados…. –Dijo mientras se tocaba la sienes con sus manos—.
—Así es señora, pero la señorita Candy está protegida. Nuestra guardia también se encuentra armada, pero están muy bien entrenados ya que fueron preparados para salvaguardar a joven William. Recuerde que son dos de los seis hombres que lo siguen como una sombra y responderían con su vida ante cualquier peligro que amenace su seguridad.
—¿Qué es lo que pretende George…? Tenía la esperanza de todo lo hubiera tomado bien como me había comentado William. ¿Tú que información puedes darme de ese día que hablaron?.
Al moreno no le quedó otro remedio que responder ante el cuestionamiento de Elroy Andrew ya que la verdad era que le preocupaba el bienestar del par de rubios.
—Ese día Nicolette fue por la mañana a las oficinas del consorcio para discutir una propuesta de asociación por parte de su padre, pero el joven William ni siquiera leyó los documentos porque al enterarse de quien era descartó cualquier relación con ellos, entonces tal cual se lo dijo a la señorita, que no le interesaba sostener ningún tipo de sociedad. William platicó conmigo después y me comentó que habló claro con ella y le explicó que lo que sucedió entre ellos fue un error, que se dejó llevar por el deseo pero que jamás debió pasar, que la había amado en el pasado pero que su corazón le pertenecía a la señorita Candy, pero dado su interés en estos días por seguir una bitácora de las acciones de ella puedo suponer que no lo tomó tan "bien" como su sobrino supone.
La anciana no podía creer que a su edad tuviera que proteger a su familia de los celos de una mujer despechada. Estaba realmente preocupada. Su nerviosismo se hacía presente porque había comenzado a utilizar su abanico para tomar un poco de aire. Entonces volvió a preguntarle al moreno que se encontraba parado delante del escritorio.
—¿Esta sociedad fue cierta George?
—Si madame, fue cierta. Pero si me lo permite, pienso que fue armado desde antes para acercarse al joven William. Recuerde que lo volvió a ver desde el día del baile de la Cruz Roja.
—¿Qué tanto poder tiene George?. Dime la verdad. –Dijo mientras seguía abanicándose—
—Es la única heredera de una gran fortuna y con lo que he podido investigar en el mercado las acciones de su padre son invaluables. Tiene el mismo poder que William o más… sin mencionar que fue educada de la misma manera, para mandar y dirigir.
Entonces parándose de su asiento y caminado alrededor del despacho mientras movía fuertemente su abanico le contestó.
—¡Pero claro que es peligrosa George! – Espetó sin más mientras llevaba sus manos a la cara— Estamos hablando de una mujer que salió de la vida de William pensando que todo lo vivido fue un error, eso es terrible y más por lo que me contó ya que entre ellos hubo… hubo… bueno hubo más que un romance y en estos momentos eso puede hacer que se crea con mayor derecho que Candy y con más razón levante un psicótico apego hacia él. Al parecer la buena mujer que conoció en África se quedó en el pasado, porque lo que he leído y con lo que me dices no dudo que puede atentar en contra de mi niña para quedarse con William o solamente para no verlos juntos, no se… lo primero que pase por su desquiciada cabeza.
—Pero eso no es todo señora.
—¿A qué te refieres George? –Habló ya más preocupada mientras continuaba parada en medio del sobrio despacho—
—Me tomé la libertad de utilizar nuestros contactos en Europa para investigar con mayor profundidad la autenticidad de la fortuna de la familia "Lobel" y descubrí que Dandrè Lobel alzó el patrimonio del que ahora gozan mediante transacciones y contactos turbios. Además de que hay algo verdaderamente importante respecto a Nicolette que me preocupa y debe usted saber. Tome asiento por favor.
Entonces una tía abuela demasiado consternada antes las palabras de su asistente tomó asiento en la pequeña sala del despacho.
—Te escucho George.
George tomó aire para comenzar porque lo que a continuación iba a contarle a la señora no era sencillo de asimilar.
—Pues bien. Mis contactos me informaron que la señorita Nicolette tiene antecedentes Psiquiátricos importantes. Cuando estaba en su adolescencia fue internada en el "Institut Curie" después de un ataque de ira que manifestó casi al momento en que sucedió una ruptura amorosa, al parecer un joven francés se encontraba cortejándola pero por algún motivo las cosas no funcionaron y ese "Shock" desencadenó su reacción. Fue entonces que sus padres decidieron internarla y la diagnosticaron con Trastorno Explosivo Intermitente (mejor conocido como TEI) .
La cara de Elroy Andrew no podía estar más desencajada, impactada por la noticia de que el peligro que representaba esta mujer era real y latente.
—Explícate mejor George.
—Bueno esto quiere decir que Las personas con TEI tienen un umbral de frustración muy bajo y cualquier contrariedad, por insignificante que pueda parecer, hace que monten en cólera súbitamente, incluso aunque segundos antes estuviesen de muy buen humor y riendo. A lo largo de estos cortos episodios de ira, que no acostumbran a durar más de una hora, la persona pierde parcial o totalmente el control sobre su conducta y en muchas ocasiones puede llegar a agredir física o verbalmente a personas que se encuentren cerca. También pude investigar que después de salir del instituto sus padres han dedicado su vida a procurarla de tal manera que el estrés o cualquier otra frustración situacional no la altere emocionalmente para así evitar otro episodio y hospitalización, por eso mismo cuando ella decidió viajar por el mundo los señores Lobel no pusieron resistencia y cuando llego a la vida de William la conoció tan libre y plena, ya que no tenía mayor preocupación ni obligaciones y se encontraba en su zona de confort. Alterarla sería peligroso y su sobrino se ha encargado de darle un buen golpe de realidad.
Entonces la matriarca volvió a llevar sus manos a la boca a manera de asombro.
—¡Ay George!. ¡En qué predicamento nos encontramos!. Esta mujer sí es peligrosa. Ahora más que nunca pienso en que podría hacerle daño a mi Candy. Te pido por favor la mayor discreción. No le cuentes nada de esto que hablamos a William porque es capaz de ir a buscarla para enfrentarla, reclamarle que no se atreva a acercarse a nosotros y eso podría terminar muy mal. Es mejor reforzar la vigilancia, así que agrega otro par de hombres a la escolta de ella para que todo el día este cubierta y con la advertencia que responderán con su vida si algo malo le llega a suceder.
—No se preocupe señora hoy mismo después de leer el reporte que tiene en sus manos me tomé la libertad de realizar una llamada en la tarde solicitando el apoyo de dos guardias más, de hecho cuando pasé hace un rato a dejar a la señorita Candy a su departamento ya se encontraban en turno.
Entonces Elroy con la mayor discreción que pudo utilizar en su tono de voz le preguntó.
—Y…¿están bien equipados los guardias George?
El moreno captó inmediatamente el mensaje velado de la matriarca y respondiendo para aliviar su preocupación le dijo.
—Después de leer este informe renové el equipo de todos nuestros guardias madame, ahora portan pistolas tipo "Colt 45", las mismas que adquirió el gobierno para la custodia personal del presidente de nuestra nación.
—Muy bien George, solo pido a Dios que no haya necesidad de utilizarlas.
Entonces el buen George se dirigió a la señora.
—¿Necesita alguna otra cosas señora Elroy?
—No George, creo que por hoy fue suficiente, sólo te pediré un informe semanal que detalle los movimientos de Niolette y sus hombres. Recuerda que nuestra misión es proteger a la familia. Muchas gracias, puedes retirarte.
Cuando cerró la puerta del despacho George respiró profundamente, no cabía duda de que Elroy Andrew era una mujer fuerte y una digna matriarca protectora de su familia, ahora solo rogaba que en verdad no llegase el momento en que aquella desquiciada pelirroja quisiera hacerles daño a sus muchachos.
La tía abuela se encontraba en la salita de su habitación, sumida en sus pensamientos, tomando una relajante taza de té para calmar un poco los nervios producto de aquella reunión con George cuando leve llamado a su puerta la hizo reaccionar.
—Adelante –Dijo con su cansada voz—
—Tía buenas noches. ¿Puedo pasar?
—¡William hijo! Claro pasa, no te he visto durante el día.
Entonces Albert se acercó lentamente para sentarse junto a ella. La tía le ofreció una taza de té que aceptó gustoso y entonces le preguntó curiosa propiciando el tema, ya que conociéndolo como lo hacía no estaba segura de que le diera la nueva noticia esa noche y a ella le urgía confirmarla. Finalmente mientras más cerca estuvieran de casarse los pequeños pasitos del futuro heredero tardarían menos en llegar y ella quería vivir para cargar al que consideraba su bisnieto.
—¿Cómo estuvo tu día hijo…?,¿Algo importante que me quieras decir…? –Dijo con una discreta sonrisa—
Esa pregunta tomó por sorpresa a Albert e inmediatamente cierto moreno bigotudo inusualmente entrometido se le vino a la mente. Pero con una sonrisa contestó.
—Hoy pude finalmente hablar con Candy tía.
—¿Y bien hijo…? –Dijo ya sin poder disimular su sonrisa—
Entonces Albert con una radiante cara de felicidad le respondió.
—Me ha perdonado tía. Mi pequeña Candy aceptó casarse conmigo nuevamente.
—¡Felicidades hijo!. Esa es una excelente noticia. Ahora es mi deber decirte que esta vez no descuides tu relación. Espero que hayas aprendido bien la lección y le des su lugar a Candy. Recuerda que nuestra felicidad depende siempre de cada uno de nuestros actos.
—Tía créame cuando le digo que viviré para ser feliz al lado de mi pequeña.
—Muy bien hijo, espero que así sea. Me imagino que la fecha de la boda habrá cambiado un poco, sólo espero que me avisen con tiempo porque los preparativos son muchos.
—No hablamos de eso tía, pero mañana que pase por ella a su trabajo hablaremos al respecto y luego le avisaremos a usted.
—Me parece correcto hijo, ahora no creas que es grosería pero te pido me dejes sola porque estoy algo cansada y necesito dormir.
—Claro tía, la dejo entonces. Yo voy a salir un momento, pero no se preocupe que regresaré temprano. Descanse. –Dijo al momento en que le daba un beso en su cabeza—
—Sí hijo gracias….
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Esa misma noche Candy también se encontraba en su cama, estaba cansada pero feliz, habían sido demasiadas las emociones durante ese día. Cerró por un momento los ojos. De repente escuchó un ruido en su ventana y cuando se dio cuenta cierto rubio entraba por ella. El asombro fue mucho pero le preguntó.
—Bert ¿Qué haces aquí? Ya es muy tarde. –Dijo evidentemente sorprendida y abriendo sus grandes y expresivos ojos verdes mientras se levantaba de su cama—
Albert entonces la miró. Lucía bellísima en ese camisón de seda rosa que llegaba hasta sus rodillas y podía mostrar veladamente la perfecta y delineada figura que se escondía bajo la tela. Se acercó lentamente a ella y tomándola por la cintura la acercó a él cortando toda la distancia existente entre los dos. Su abrazo era posesivo pero delicado a la vez. Entonces manteniéndola así, sin darle tiempo de reclamarle le dijo con su profunda y aterciopelada voz.
—Vengo a decirte buenas noches pequeña, solo a eso.
Entonces acercó su rostro al de ella y la besó. Era un beso tan esperado por los dos que no hubo rechazo alguno. Anhelaban tanto sentirse… El beso fue lento, torturantemente delicioso, Albert la besaba delicadamente, saboreando y recordando con sus labios cada centímetro de su piel, había extrañado tanto el néctar de cereza madura de sus labios rojos que no pudo resistirlo y los mordió suavemente una y otra vez. Candy se perdía entre los fuertes brazos que la sostenían y en un momento se vio con sus manos entrelazadas acariciando esos cortos cabellos rubios que tanto había añorado, casi inmediatamente después lo despojó lentamente del saco que portaba para poder sentir a libertad su fuerte espalda. Por su parte Albert comenzó a besar cada milímetro de la cremosa piel del cuello de la pequeña rubia que tenía encerrada en la prisión de sus brazos, cuando de repente un precioso suspiro salió de los labios enrojecidos de Candy, ella en un instinto se arqueó para que la besara más, el con su delicado tacto retiro lenta y pausadamente uno de los estorbosos tirantes del camisón para poder disfrutar libremente de la visión más perfecta que ella le regalaba. El siguió recorriéndola, reconociéndola entre sus labios; por un momento regresó lentamente a esa cereza madura mientras ella despacio y tormentosamente para él comenzaba a desabrochar cada uno de los botones de su camisa, al terminar la insufrible tarea y cuando sintió como las pequeñas manos de Candy exploraban su torso no pudo evitar emitir un gran suspiro. Para ella era una adicción el volver a tocar su piel, era la perfección hecha hombre, le gustaba mucho la sensación de poder que tenía entre sus manos al observar como reaccionaba ante su toque. Se aventuró a besar su cuello y recordar con cada beso que le daba al rubio la suavidad de su piel y ese aroma a maderas que la enloquecían. Seguían abrazados, entregándose, queriéndose volver uno en ese exquisito instante. Albert bajó delicadamente una de sus manos para poder acariciar la piel de sus piernas cuando Candy de repente abrió los ojos y despertó de su sueño. Se encontraba en su cama bastante exaltada, con su respiración entrecortada, mientras varias gotas de sudor perlaban su ruborizado rostro. No podía creer que había tenido este tipo de sueños con él. Solamente en sueños se atrevía a hacer nuevamente esas cosas. Sabía que tenían que comportarse, pero en realidad moría por besarlo otra vez (aunque definitivamente no tan apasionada) lo había querido hacer por la tarde pero como él no lo propició ella tampoco hizo nada al respecto, pero estaba segura que un día de estos le robaría un beso. Seguía sentada en su cama, recordando bochornosamente el intenso sueño que le había provocado cierto alto y guapo rubio, así que decidió que en ese momento tomaría una ducha fría, la cual surtió efecto ya que al poco tiempo pudo conciliar un tranquilo y apacible sueño.
Mientras tanto Albert se encontraba en el jardín, había salido a cortar una "Dulce Candy" de las que habían traído de Lakewood hace tiempo para cultivarlas también en la mansión. Tomó la delicada rosa y se dirigió al departamento del Magnolia. Imaginó que su pequeña ya dormía por lo que subió al gran árbol que estaba frente a la ventana de su habitación y dejó la rosa con una pequeña nota en ella que decía:
No veo la hora de colgar mi saco en tu ropero
No veo la hora de cantarte hasta dormir
No veo la hora de arrullar todos tus sueños
Y me desvelo pensando en ti.
No veo la hora de contarte algún secreto
No veo la hora de explicarte quién soy yo
Y recuperar los momentos que perdimos
En el camino, solos tú y yo.
Tengo tanto para darte un beso en libertad
Un abrazo por la noche un cuento que te haga soñar
Si la vida nos juntó a los dos para crecer
Amor contigo yo quiero aprender.
Por ti puedo ser una tarde en tu piel
Una vida en tus ojos de miel
Por ti vuelvo a ser amor y fe
No veo la hora de volverte a ver.
No veo la hora de correr bajo la lluvia
No veo la hora de pintar tu desnudez
Sentarme a leerte un verso que nos una
Y que descubra otra razón para creer.
Y tengo tanto para darte un beso en libertad
Un abrazo por la noche un cuento que te haga soñar
Si la vida nos juntó a los dos para crecer
Amor contigo yo quiero Aprender.
Por ti puedo ser una tarde en tu piel
Una vida en tus ojos de miel
Por ti vuelvo a ser amor y fe
No veo la hora de volver
No veo la hora de volver
No veo la hora de volverte a ver
"No veo la hora". Noel Schajris
Bajó de nueva cuenta, subió a su automóvil y regresó a la mansión.
Poco más tarde el rubio se encontraba descansando en su cuarto. Había tomado un poco de leche tibia para conciliar el sueño, se había cambiado y traía puesto su pijama de seda azul. Se encontraba recostado en su cama, el sueño lo estaba venciendo, pero no dejaba de recordar a su pequeña y la felicidad de estar juntos de nuevo se reflejaba en la tranquilidad de su rostro. Había querido estrecharla entre sus brazos y besarla con todo ese amor que sentía por ella, pero sabía que tenía que ir despacio esta vez, no quería asustarla ni que pensara cosas que no son. Solo Dios sabía lo que amaba a esa mujer. Su corazón anhelaba que llegara el día en que pudiera llamarla su esposa y pasar el resto de sus vidas juntos.
Continuará…
