Disclaimer: El universo y lo que reconozcáis le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos son de los lectores. La historia es mía. No obtengo beneficios al escribir este fic.


Capítulo 21. Confianza rota. Distritos: 4, - 3, - 11, - 9, - 2, - 7.


"Nunca olvides... que sólo hay una verdad... Ya sea una verdad "justa" o una "injusta"... ya sea "decente" o "perversa"." (Kyoko Kirigiri.)


Zack Gramerye - Distrito 4 - Vencedor.

Durante el tiempo que llevaba el juego en marcha, estaba tenso.

Pensé que sería sencillo, que no lo pasaría tan mal, pero me equivoqué.

Casi se me salió el corazón del pecho cuando Marlow le hizo aquella herida a mi hija en el vientre.

Afortunadamente no fue nada, pero a partir de ahí, no pude calmarme.

Hidara me llamaba a todas horas, histérica. Me recriminaba que hubiera inducido a Tina a que fuera a los juegos, que era culpa mía que estuviera allí... Y sus palabras me causaban el peor de los tormentos.

No comía. No dormía. Solo miraba en la sala de control la pantalla y seguía a mi pequeña.

La historia del vagabundo no fue totalmente así. Mi niña tendía al dramatismo pero ver las caras estupefactas de mis colegas mentores me hizo reír.

Creí que mi hija llegaría lejos. Estaba muy bien preparada. No obstante, Penrhyn acabó con su vida.

No vi remordimiento en su expresión. Solo acabó con ella y amenazó al profesional del 1.

Me puse furioso y arremetí contra los equipos, las pantallas, las personas... Sobre todo con Neilan. Quise acabar con él al igual que su hermana había hecho con mi Tina.

-¡Son los juegos, Gramerye, joder! -Me gritó. -¿Crees que lo he disfrutado? ¡Cálmate!

Yo no entraba en razón y cuando Hidara me llamó... Perdí el juicio.

Ella me dejó. Dijo que se acabó lo nuestro. Así, sin más. Todo era tan horrible... Ojalá estar en una pesadilla.

No fue así. Era la vida real y en un solo instante había perdido todo lo que me importaba.

Greyarm trató de hablar conmigo, al igual que Stark y Averkowney, pero los mandé a la mierda.

Cuando Dorian se acercó, pensé que gastaría alguna de sus jodidas bromas para hacerme sentir mejor, cosa que para nada necesitaba, pero me sorprendió cuando me entregó un vaso de Whiskey.

-Bebe, Zack. No te hará sentir mejor, pero te entumecerá la mente. Y no es culpa tuya. Sé que lo crees, que lo sientes así, pero no lo es.

Quise partirle la cara también pero no se dejó.

Bebí el vaso de whiskey y me pregunté si esta sería mi vida. Si me convertiría en un borrachuzo deprimido y lleno de ira.


Zachary Bayer - dieciocho años - distrito tres - cosechado.

Tras haber recogido lo que creí necesario de la ciudad, hablé con Rocheford y Coddy.

Me iría por mi cuenta. Ellos eran demasiado grandes y no sabían nada sobre electricidad ni termodinámica y algunas otras cosas que no me puse a explicar.

McClure se mostró triste pero pareció que Thomas sí lo entendía.

Así que caminé solo gestando un plan en mi mente.

Aún no sabía qué haría. No totalmente.

Entonces al girar en un recodo lo vi. La cornucopia estaba sin vigilancia. Era mi oportunidad.

¿Pero qué hacer? ¿Sabotear sus cosas? ¿Robar sus armas?

No. Debía ser más inteligente que eso. Ser impulsivo no me llevaría a ninguna parte.

Pero miraría por si había algo de mi interés.

Esperé un rato pero nadie venía. Entonces tomé mi oportunidad.

Me deslicé hacia delante con cuidado. No parecía que hubieran puesto trampas alrededor. Qué descuidados y arrogantes esos profesionales.

Habían sido demasiado confiados.

Tal vez habría sensores de algún tipo... Pero no lo parecía. Qué extraño.

Fui cauteloso y toqué la cornucopia. Vaya. Impresionante.

La examiné por todos lados, recordando que había subido. Debía haber una trampilla o algo. Ún túnel... Porque las vías de los vagones también habían desaparecido bajo tierra.

Di vueltas alrededor de la base de la cornucopia y no parecía haber nada. Extraño.

Me arriesgué a entrar. Tal vez desde dentro podría encontrar algo. ¿Pero cómo evitar que me descubrieran?

Sonreí. Dejaría un falso rastro como si hubiera salido corriendo en dirección a la ciudad de los escombros. Sí. Eso haría.

Cuando lo tuve todo listo, escalé por la cornucopia, cosa complicada, y me metí dentro.

De repente escuché un cañonazo seguido de otros dos. Debía darme prisa.

Revolví el contenido que tenía a mi alrededor y me llevé una caja de herramientas pequeña y unos cuchillos pequeños.

Vaya... Y yo que no quería ser pillado... En fin.

Entonces lo vi. Al fondo había una trampilla pero no sabía cómo la abriría sin que todo se callera al fondo conmigo y que mi plan fracasara.

Tenía que pensar. Y pensar mucho.

No se me ocurrió nada así que debía llevar las cosas conmigo abajo. Vaya. Los profesionales se quedarían sin nada.

No me importaba demasiado. Si hubieran sido más listos, no habrían dejado este lugar sin vigilancia.

Cuando abrí la trampilla, un sonido metálico se escuchó y fui descendiendo. Era aterrador y fascinante al mismo tiempo.

Una rejilla se abrió y salí. Estaba en una especie de garaje de vagones con la cornucopia en el centro. Pero no quería que los profesionales encontraran la manera de bajar aquí, así que debía mandar el armatoste hacia arriba y quedarme aquí abajo con los vagones. A ver si descubría cómo hacerlos funcionar y entonces subiría y...

Bueno. Las cosas de una en una.

Tomé algo de comida, ya que iban a saber que alguien había estado aquí al menos no moriría de hambre, y busqué cómo mandar la cornucopia arriba.

Encontré el modo y esperé espectante.

Bueno, bueno, bueno. Ahora estaba aquí abajo y podía trabajar en lo que yo quería.

Y si hubiera tenido más tiempo podría dejar un explosivo dentro de la cornucopia y entonces los profesionales...

Pero aún no.

Paciencia, Zachary. -Me dije a mí mismo.- No hay que ser codiciosos o algo podría salir completamente mal.


Logan Lynch - trece años - distrito once - cosechado.

Corrí tan rápido que no pude parar. No podía detenerme. No podía. No podía no podía no pod...

Yo sería el siguiente. Sería el siguiente y entonces moriría como Raffia. Moriría como Vicent.

La profesional del 2 venía a por mí. Iba a atraparme. Iba a desgarrarme con sus dientes y sus garras y sus... Y el lobo utilizaría sus cuchillos y su sonrisa malvada para acabar conmigo.

Seguí corriendo. No podía parar. No debía parar. Sería el siguiente. Vendrían a por mí. Y luego Myko. Myko me vería morir. Me vería desangrarme o tal vez no.

Tal vez él correría como nosotros al ver caer a Raffia y a Vicent. Como cuando la lucha acabó y corrimos cuando el arquelo del 1 estuvo distraído por los mutos. Corrimos y yo no me había detenido. No lo haría. No podía. No podía hacerlo.

Si lo hacía, me cogerían. Iban a cazarme. Sería como esos maleantes que huían siendo perseguidos por los agentes de la paz. Cuando los cazaban, los molían a palos. Me pasaría igual pero con garras, dientes y cuchillos.

Me atraparían y no quedaría nada de mí para llevarle a mi madre. Mi pobre madre que estaría sola. Ella, que tanto me cuidaba y a la que yo tanto quería.

Algo me empujó por la espalda y caí de cara a la arena.

No sabía dónde estaba. No me importaba.

Me debatí, aterrorizado. Había sido demasiado lento. Me habían atrapado. Estaba acabado. Iba a morir.

Sentí un fuerte tirón en mi cabello y eso me hizo enfadar. ¿Cómo se atrebían? En el pelo llevaba la horquilla que mi madre me había dado.

Doblé el brazo y empujé mi codo contra lo que tenía encima.

Escuché un jadeo y una maldición. Eso estaba bien. No iba a ser atrapado tan fácil.

Me arrastré como un gusano por la tierra y traté de huir lejos.

Pero fui sujetado de nuevo y me dieron la vuelta con brusquedad.

¿Me harían mirar a los ojos a quien me mataría? No. No lo haría.

Cerré los ojos y ataqué con una de las tapas de las latas de comida. No mataría a nadie con ella, pero me serviría para hacer daño.

Una bofetada fuerte me sacó de mis pensamientos caóticos.

-¡Atiende, Lynch! ¡Por dios, atiende! ¡Soy Myko! ¡Soy Myko!

Me abracé a él, muerto de miedo.

-Seremos los siguientes, Myko. No hay dónde huir. Nos cogerán y moriremos. ¿Escuchas? Moriremos como perros salvajes. Como burros enfermos. Moriremos y no seremos más que un número y una cara.

Mi compañero no lo negó. No me dijo que estaríamos bien. Eso sería mentira y me cabrearía porque me mintiera.

-Entonces debemos atacar antes. -Él comentó.

-No, Myko. No. Hay que escapar. Hay que irse ahora. Seremos los siguientes. Seremos los siguientes,

Él me abrazó con más fuerza. Tal vez sospechaba que yo quería saltar por un lugar escarpado... No quería que me mataran. Tenía mucho miedo.

Una y otra vez las imágenes de Raffia y Vicent me venían a la mente.

-Myko... -Susurré.

-Si fueras más mayor, Logan... -Él me susurró. -Si yo no estuviera tan jodido...

-¿Qué quieres decir? -Pregunté, el temor se podía escuchar en mi voz.

Y entonces me lo mostró.


Roxanne periwincle - doce años - distrito nueve - cosechada.

No había muerto. Eso estaba bien. Morir no era mi objetivo. No todavía, al menos.

Ni pensaría en ser inmortal. ¿Para qué querría eso de todos modos? Para nada. Tus seres queridos partirían y tu no...

Había una vieja historia sobre una mujer que comió una manzana dorada para volverse inmortal porque deseaba obtener todo el conocimiento del mundo. Un hombre de fuego le dio la idea y un astuto duendecillo ladrón la robó para ella. Todos fueron maldecidos pero la mujer ambiciosa consiguió lo que quería.

Ni siquiera sabía por qué estaba recordando esto hoy. Tal vez fuera la añoranza de casa.

Echaba de menos a mis hermanos. Incluso extrañaba que me molestaran con chistes sobre mi edad y cosas así.

Pero no podía abstraerme con esos pensamientos. Debía mantenerme enfocada en lo que deseaba. Como la mujer de la manzana.

Yo solo deseaba pasar estos juegos sin problemas o incluso no haber sido cosechada. ¿Pero se cumplieron mis deseos? No.

Ahora estaba aquí, con un aliado improvisado al que al parecer le había caído bien y no deseaba matarme.

Me parecía bien.

Merrych y su novia no me habían gustado demasiado. Él estaba algo loco y ella le seguía el juego.

Era una aprovechada.

Aunque pensándolo en frío, eso había sido inteligente. ¿No estaba yo aprovechándome de la protección de este grandote atractivo?

Nos escondimos en una madriguera gigante y esperamos lo que me parecieron horas a que los profesionales se alejaran.

Al escuchar a Eliseos gritar, me estremecí. Y cuando sonaron los cañonazos...

4 y yo no hablamos. Salimos en silencio y nos marchamos por nuestra cuenta.

Me sentía algo apenada por mi compañero de distrito pero no había nada que hacer.

-Allí hay árboles frutales. -Mi aliado comentó.

Yo asentí y nos acercamos.

Había manzanas, naranjas, plátanos... Pero ninguna fruta dorada.

¿Por qué la habría? Las frutas doradas solo existían en los cuentos y yo era demasiado mayor para ellos.

Dylan con su callado le dio golpes al árbol para que cayeran los frutos pero no estaba teniendo éxito alguno.

-¿Crees que esto es como una plaga de topillos y que se irán porque los apalees?

Él me miró como si no entendiera nada.

-Cosas de mi distrito. -Suspiré. -No hagas eso. Solo estropearás la fruta.

-¿Y cómo bajaremos esas cosas entonces?

Ahora era yo quien lo miraba como si fuera tonto.

-Trepando al árbol, claro. Pero yo lo haré. Si lo haces tú, caerás debido al peso.

-No creo que sea buena idea... -Comenzó.

-Mira, Marlow. Llevo haciendo esto mucho tiempo. No con fruta, pero sí he escalado árboles.

Y fue lo que hice.

-Tú cogerás la fruta que vaya lanzando.

-Preferiría volver al barco y pescar...

-Ya, claro. Y yo quiero una bandeja de plata llena de manjares pero no puede ser.

Mi aliado suspiró y se quitó la chaqueta amarilla y la estendió.

-Estoy listo.

Y durante los siguientes minutos estuve recolectando fruta. Solo de pensar en comerla se me hacía agua la boca.


Connor Edgeworth - dieciocho años - distrito dos - voluntario.

Mallory y yo volvimos a la cornucopia. Aún no habían llegado Tina, Mileena ni Kidei.

Al mirar, me cabreé. Llevábamos unos días aquí y nadie había aparecido.

Me avergoncé de mí mismo. ¿Cómo podía haber sido tan arrogante? ¿Cómo pude creerme más sabio que nadie?

Claramente nos habían estado vigilando sin que nos percatáramos. Había muchos recovecos en los que esconderse.

¡Pero habíamos estado mirando en todos ellos!

¿Y para qué? Para que cuando nos confiáramos, nos tomaran el pelo.

Faltaban varias cosas. Una caja de herramientas, unos cuantos cuchillos y algo de comida.

Busqué huellas y vi que alguien había corrido hacia la zona de la ciudad. Pero había algo más que no podía discernir.

-¿Quieres que lo compruebe? -Mallory se ofreció.

Negué con la cabeza. Esperemos a que los demás vuelvan.

Ella asintió pero también estaba tensa.

Vi dos figuras acercándose. Faltaba alguien. ¿Vendría detrás?

-¿Y Porpentina? -Pregunté cuando mi compañera de distrito y el chico del 1 llegaron a nuestra altura.

Penrhyn se encogió de hombros.

-Unos mutos acabaron con ella. Fue imprudente. Tratamos de ayudar, pero...

Señaló los rasguños de Silibell y su pierna herida.

Me apené por Gramerye. Ella era divertida. Me habría gustado que no hubiera muerto.

Observé a Kidei. Parecía tenso.

Será por la muerte de una de nuestras aliadas. -Me dije.-

Él se sentó, sacó sus flechas y se puso a afilarlas.

-¿Quién cocinará hoy? -Preguntó Mallory.

Ninguno de nosotros comentó nada sobre lo que faltaba en la cornucopia. Era mi vergüenza y tenía bastante con que Valdi hubiese presenciado ese momento.

Pero no caería de nuevo. Me aseguraría de que hubiera vigilancia en todo momento.

-Edgeworth no, desde luego. -Mileena respondió.

-¡Oye! Que yo no soy tan malo. -Me quejé.

-Tal vez en combate no, Connor. Pero convertiste un preparado rápido en una tarea titánica y además de algún modo lograste quemar el fondo de la pequeña olla que tenemos. Así que me encargaré yo. -Mallory decidió.

-No soy tan malo. -Repetí. -Solo se rostizó un poco el pollo.

-Pollo que ya venía preparado. -Mi compañera de distrito me recordó. Solo debías calentarlo.

Me puse colorado. Era cierto. Había sido otra inutilidad por mi parte.

Pero no lo reconocería.

Silibell me colocó una mano en la pantorrilla en señal de apoyo.

-Está bien, compañero. Destacas en otras cosas.

Eso me hizo sonreír un poco a pesar de todo y de que Gramerye no estuviera con nosotros.


Collie Rush - diecisiete años - distrito siete - cosechada.

El día dio paso a la noche y me refugié en una arboleda frondosa por si acaso.

Era algo desesperante estar sola porque el tiempo pasaba despacio y era agónico el hecho de dormir, comer, hacer tus necesidades...

Cada rama que se quebraba, cada metal que caía, era motivo de alarma.

No tenía un espejo, pero apostaba a que mis ojeras eran del tamaño de sesterceres.

El himno de Panem dio paso y los nombres de los tributos muertos hoy se pudieron ver.

Porpentina Gramerye, Vicent Stuart, y Anica no sé qué.

Me sorprendió un poco la muerte de la chica profesional.

Quedábamos trece. ¿Eso sería suficiente para el Capitolio?

A la mañana siguiente, tras haber soñado con mi familia anterior, me levanté de golpe al sentir algo punzante en el costado.

Me había dormido de puro agotamiento y me maldije internamente.

-Hola, 7. Me alegra verte despierta. Ya estaba aburrido de verte dormir durante horas.

Era el chico del distrito 9. Merrych.

-Eres un perturbado mental. -Espeté.

¿Quién se pasaría horas mirando dormir a alguien?

-Eso me han dicho. -Se encogió de hombros. -Pero deberías agradecerme el seguir con vida. -Me sonrió y tuve ganas de partirle la cara de un puñetazo.

-¿Disculpa?

-Gracias, Rush. Tus disculpas me hacen feliz.

-¡Yo no me he disculpado! -Le gruñí.

Él solo sonrió más.

-¿Entonces me vas a agradecer que no hayas muerto?

-¡No tengo que agradecerte nada! -Espeté.

-¿Ah, no? He estado horas aquí. No te he matado y podría haberlo hecho.

Lo miré detenidamente.

-¿Y por qué no lo has hecho?

-Porque de momento me sirves mejor viva.

-¿Estás proponiendo una alianza? -Inquirí incrédula.

-Sí. Temporal, por supuesto. Estar solo tiende a hacer pensar a uno, ¿no crees?

Busqué mi cervatana. No me iba a dejar mangonear por nadie.

-¿Buscas esto? -Sonrió. -Yo tengo una igual así que...

-¡Devuélvemela!

-Bien. Pero si me disparas, te dispararé y moriremos ambos.

-Voy a acabar contigo, Merrych.

-Ya. Pero no todabía.

Odiaba su sonrisita condescendiente.

-Y por cierto. ¿Sabes que en sueños mencionas mucho a Finlay?

Me ruboricé.

Maldito fuera...

Pero era agradable tener a alguien con quien hablar... Aunque quisiera arrancarle la garganta.


Yyyyyy ahora las preguntas!

1.¿POV favorito?

2.¿POV que menos os ha gustado?

3.¿Con cuál de quienes quedan os aliaríais si fueseis tributos?

4.¿Dulce/postre favorito?