Y como es costumbre he aquí el descargo de responsabilidad. Estos personajes no son míos, pertenecen a la increíble Stephanie Meyer y la historia es de la gran autora DeJean Smith, yo solo traduzco.
Gracias mil a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme en una aventura más.
~EE~
Capítulo 23: Derrumbando muros
Lejos, muy lejos de la Mansión Masen, en una pequeña choza hecha de rocas amontonadas, sin ventanas, L estaba acurrucada en la humedad que impregnaba las piedras. Obviamente, James conocía muy bien los talentos de los Cullen. Simplemente no había otra explicación de por qué Bree la había arrastrado desde la casita a un cobertizo a un lado de la propiedad Masen y hacia esta construcción parecida a una cueva aún más lejos de Evermore, tomando la ruta más sinuosa posible.
"Ven a Inglaterra, L," murmuró para sí misma, meciéndose hacia adelante y hacia atrás en un inútil intento por calentarse. "Vas a querer conocerla mejor, entonces organizarás la siguiente Experiencia para la década de 1820. ¡A ella le encantará! Inglaterra en el verano será placentero, al menos. ¡Sabes que lo he visto, y tiene que ser verdad!" L escupió en la tierra a su lado. "¡Jodido duendecillo!"
De pronto, el rostro de L palideció ligeramente al darse cuenta que había una muy buena posibilidad que esa persona diminuta viera su diatriba y pudiera estar un poquitín resentida.
"¡Lo siento, Alice! ¡Lo siento!" L se disculpó, mirando hacia el cielo al suplicar en silencio por perdón.
"¿Nunca te callas?" Una pequeña voz chillona demandó desde afuera.
"No, en realidad no," admitió L con honestidad, frotando sus brazos con sus manos en un intento por calentarse. El atardecer dio paso a una completa oscuridad y las estrellas empezaban a brillar, dando solo unos pocos destellos de luz.
Bree metió la cabeza en la entrada, mirando furiosa a L. Ella reconoció al instante la mirada de un neófito hambriento. Por suerte para ella, los híbridos no eran conocidos por su sangre apetitosa. Por otro lado, la inaccesibilidad de una próxima comida pudiera ser no muy seguro para cualquiera cerca de ella.
"Hablar, hablar, hablar. Es todo lo que has hecho desde que llegaste aquí," se quejó Bree, recargándose en la pared justo afuera de la entrada. Cruzó los brazos sobre su pecho y sacó su labio inferior en un puchero.
L se estremeció al ver los ojos rojos que resplandecían como brasas color rubí en la oscuridad.
"Bueno, discúlpame por no empacar un bolso de viaje lleno de crucigramas y mi crochet." L fulminó con la mirada a la joven—una adolescente, en realidad—alguien que debería salir con amigos, enviar mensajes de texto como loca sobre las últimas fechorías de las celebridades, y saltarse clases en tardes soleadas; no alguien que viviría más que los que salen en las revistas de hoy mientras ansiaba su sangre.
"No tienes que portarte como una malcriada."
L soltó una carcajada, sacudiendo su cabeza por la osadía.
"Me despiertan de mi siesta postcoital, me alejan de mi hogar y mi esposo, arrastrándome por el bosque por el tobillo…" L sacó su pie para probar su punto. "Estoy cansada, sucia, tengo frío y hambre, ¿y así tienes la osadía de acusarme de ser malcriada?"
"¿Ese bombón es tu esposo?"
"¿Qué?"
"El bajo y fornido, de cabello negro. El que esperamos a que se fuera. Se ve que sería jodidamente increíble en la cama."
L se levantó de un salto, todo su ser en posición para atacar, un bajo gruñido resonó en su pecho. Bree se colocó al instante en posición defensiva. Las dos mujeres permanecieron inmóviles por casi una eternidad hasta que el silencio fue interrumpido por el sonido de un búho lanzándose desde una rama de un árbol cercano. El chillido de un conejo al enfrentar su muerte provocó que L hiciera una mueca mientras Bree permanecía quieta.
L relajó su postura y miró a Bree en silencio. De repente, dio un paso hacia la puerta.
"Vuelve. A. Sentarte," ordenó Bree, aún más tensa.
"A menos que tengas una barra de granola en esa sudadera, no voy a sentarme," L declaró con firmeza, irguiéndose a su metro sesenta y cinco de altura y acomodando la enorme camisa lo mejor que pudo.
"¿O qué?"
"Oh, por todos los cielos," L bufó. "Tengo hambre. Necesito comer algo porque me pongo realmente malhumorada cuando tengo hambre, y si crees que he sido una pesada hasta ahora, no has visto nada todavía, hermana."
L se encontró de pronto clavada a la pared del fondo de la choza con el brazo de la mujer más bajita presionando su garganta. Toda la estructura se sacudió por la fuerza del impacto, bañando a las dos mujeres con polvo y paja del techo. Bree le chasqueó los dientes a L que por primera vez tuvo el sentido común de permanecer en silencio.
El sonido de una persona aplaudiendo despacio interrumpió su enfrentamiento. Los ojos de L se elevaron por encima de la cabeza de Bree para ver a James entrar tranquilamente por la puerta sin preocupación alguna.
"Bra-vo," murmuró bajito, continuando aplaudiendo. "Bra-vo, señora Lawrence."
La sonrisa de James se hizo más grande cuando vio que los ojos de L se abrían ligeramente.
"Oh, sí," asintió James. "Sé tu nombre. Me atrevo a decir que sé más de ti que lo que tú sabes de ti misma."
"¿Lo que significa?" L dijo con los dientes apretados, moviéndose un poco en un intento por aliviar la presión de una piedra afilada en particular que se enterraba en su omóplato derecho.
"Lo que significa, que me has hecho un gran favor. La tecnología moderna realmente facilita la tarea."
"Fascinante," Bree gruñó con sarcasmo. "Déjame matar a la perra."
"Me temo que no, mi mascota," murmuró con dulzura, acariciando el cabello de Bree. "Es más valiosa con vida en estos momentos."
"Bueno, gracias a Dios por eso," murmuró L.
James dejó la choza solo para regresar cargando un bolso de laptop color azul eléctrico.
"Ella va a traer a los Cullen a nosotros en vez de que nosotros vayamos a ellos," sonrió, mostrando sus dientes blanco perla que provocaron que L se estremeciera.
"¿Y por qué haría eso?"
"Porque conozco sus secretos. Eres toda una documentalista, Liriope."
Las cejas de L se arrugaron al tratar de recordar qué información estaba en esa computadora en particular. No podía encontrar la relación entre sus palabras y el contenido de ese disco duro. Esa computadora en particular era para la investigación de su genealogía y no le sería de utilidad a nadie que no fuera de su familia. L intentó disipar la situación al cambiar de tema.
"¿Crees que puedes acabar con todos los Cullen a la vez?"
"Oh, no los necesito a todos. Solo a uno."
~EE~
Edward estaba de pie al final de la gran cama con dosel, viendo a Bella mientras dormía. Habían pasado dos horas desde que un dolor de cabeza casi la incapacita, causando un poco más de consternación de su parte. Había esperado que huyera gritando de la Mansión Masen ante la revelación que era un vampiro; en vez de eso, fue excepcionalmente comprensiva. El sentido común y de supervivencia debió haber invalidado cualquier otra emoción y provocado que Bella huyera. En vez de rehuir de su ofrecimiento a ayudarla a llegar a la cama, se había acurrucado en él, aferrándose a su camisa mientras su cabeza descansaba contra su pecho. A Edward le reconfortó que su cuerpo empezó a relajarse casi de inmediato tras recibir su toque.
Bella se movió un poco en la cama, rodándose sobre su costado y se acurrucó aún más en su almohada, con una suave sonrisa adornando sus labios. Él se movió en silencio para quitar unas hebras de cabello que habían caído en su mejilla y dentro de su boca, teniendo mucho cuidado para evitar tocar su piel. Ahora que el mayor obstáculo había sido removido con la admisión de lo que él era, Edward no estaba seguro cuánto contacto podría soportar antes que el deseo de avanzar físicamente lo abrumara.
Toca. Prueba. Toma. El monstruo interior le susurraba seductoramente. Es quién eres. Hazla tuya. Haz tuya su sangre.
En un esfuerzo por distraerse, Edward empezó a contar mentalmente los latidos de su corazón por minuto, su ritmo respiratorio, y los rápidos movimientos de sus ojos para verificar que estaba en medio de su sueño REM—el mismo sueño profundo en el que había estado cuando creyó haber escuchado sus pensamientos. En todos sus años, había deseado desesperadamente encontrar un momento de silencio solo para que sus súplicas fueran rechazadas con el ruido incesante de aquellos a su alrededor. Ahora había encontrado a su compañera, su todo, y Edward no podía percibir el más mínimo pensamiento. La frustración no era algo que tolerara fácilmente y Edward comenzó a pasearse de un lado al otro para disipar la tensión que sentía acumularse en su interior.
Ningún humano jamás había llamado a sus sentidos como Bella lo hacía. Deseos que habían estado latentes por más de cien años ahora fluían por todo su ser. Desde el momento que había despertado hasta que literalmente se topó con ella, Edward había eludido exitosamente ese apetito. Sus recuerdos humanos de interacciones con el bello sexo eran contados. Como lector de mentes, había sido sometido a los pensamientos de cada persona con la que había tenido contacto y se convirtió en un experto en ignorar esas imágenes. Ahora, no deseaba nada más que conocer a esta mujer—completa, total e incluso bíblicamente como le dijo a ella—y Edward no tenía idea cómo se sentía ella al respecto. Sin duda alguna, podía evaluar sus reacciones físicas, pero por primera vez en su vida inmortal, Edward se sentía inseguro sobre cómo proceder.
Bella se removió otra vez, provocando que Edward detuviera sus movimientos de inmediato. Con la vana esperanza de ver en su mente, Edward estiró su mano vacilante para tocarla. La pregunta de dónde hacer contacto lo agobiaba. ¿Debería ser un verdadero caballero y tomar su mano o codo? O ser más atrevido y acariciar su mejilla o su exquisita clavícula que se asomaba del escote de su vestido.
Un zumbido silencioso desde el bolsillo de su chaqueta interrumpió sus pensamientos. Edward se apresuró a cruzar la habitación y sacó el móvil de su chaqueta y en seguida miró la pantalla.
Sé un hombre, hermano. Alice dice, ¡RELÁJATE! ¡HAZLO!
Edward suspiró bajito al leer el mensaje de Emmett. Tenía que ser Alice la que le contara a los otros de su indecisión y su renuencia. Años y años de soledad y más que nada, un control como el de un monje, le había dado una reputación entre su familia. Por supuesto, viviendo la mayor parte del tiempo con tres parejas, era una situación incómoda la mayoría de las veces. Agrega a eso las apuestas en su vida amorosa y Edward se había acostumbrado a las burlas y tomaduras de pelo, aunque no estaba muy seguro de cómo reaccionar al hecho que Esme había hecho la apuesta más grande.
"¿Edward?" Un suave suspiro interrumpió sus pensamientos.
Edward se dio la vuelta, esperando ver a Bella sentada en la cama. En vez de eso, la encontró durmiendo pacíficamente. Sin titubear, Edward se arrodilló en seguida a un lado de la cama y tomó su mano para escuchar… nada; solo el sonido de su corazón latiendo de forma uniforme y su suave respiración llenó sus oídos.
"Joder," Edward murmuró bajito, la decepción lo agobiaba mientras jugaba delicadamente con el anillo plateado de Bella en su mano derecha.
Bella sonrió y acercó la mano de Edward hasta que descansó en su barbilla. A fin de mantenerse en contacto con ella, Edward ahora se reclinó en la cama junto a Bella, manteniendo una pequeña distancia entre ellos en nombre de la propiedad. Ella acarició suavemente la muñeca de él con su nariz y suspiró alegremente al entrelazar sus dedos con los de él. Una débil sonrisa tiró de los labios de Edward mientras la veía dormir, todavía pensando en lo que estaba en la mente de ella.
Vampiro.
Edward se tensó de repente cuando las clásicas imágenes de colmillos, murciélagos y ataúdes abiertos inundaron su mente. Utilizando todo el poder a su disposición, Edward permaneció inmóvil como una piedra. Era un hombre hambriento frente a un banquete, y que lo condenen si rompía la conexión entre ellos antes que estuviera satisfecho.
Los iconos estereotipados de la literatura y los medios modernos volaban rápidos y furiosos. Vlad el empalador, Nosferatu. Mina Murray. Edward notó que la respiración y el latido del corazón de Bella se incrementaban como si estuviera al borde del pánico al mismo tiempo que un suave lloriqueo escapaba de sus labios. Con su mano libre, acarició con ternura su mejilla y bajó por la línea de su mandíbula, recibiendo un suspiro de satisfacción. Las imágenes mentales se movieron más lento y cambiaron para incluirlo a él y sus interacciones con ella.
Bella se movió muy ligeramente bajo la ropa de cama mientras soñaba con su beso en el vestíbulo de L, y un suspiro de alegría escapó de sus labios. Edward sonrió al recordar ese momento. Fue la primera vez en décadas que había perdido el control tan dramáticamente. En el momento que la puerta se cerró detrás de él, Edward había corrido al bosque y cazó. Tres ciervos y un zorro después, sintió el suficiente control como para regresar a la Mansión Masen. Desafortunadamente, Alice le informó a Emmett de su lapsus y las bromas se habían prolongado durante horas, repletas con consejos de la variedad de solo para adultos.
Bella continuó con los sueños felices cuando empezó a recordar cada momento íntimo que había experimentado con Edward. Desde el hogar de L hasta el salón de música, de pronto las imágenes pasaron al reino de la fantasía—a cosas que ella deseaba que pasaran. Los ojos de Edward se abrieron levemente cuando se vio así mismo desde su punto de vista mientras se cernía sobre ella, dejando un beso en el interior de su muñeca cuando ella levantó su mano para acariciar su mejilla. Tuvo la clara impresión que soñaba con estar más cerca de lo que la ropa permitía, aunque no podía verla claramente, ni a sí mismo.
De repente, el sueño se detuvo, y Edward se encontró mirando a los confundidos ojos castaños de una Bella ahora despierta. Ella entrecerró los ojos en la habitación oscura, tratando de enfocarlos en el cuerpo junto a ella.
"¿Edward?" Susurró, inclinando ligeramente su cabeza, levantando su mano para quitarse el cabello de su rostro solo para encontrar los dedos de él entrelazados con los suyos. La frente de Bella se arrugó por la confusión al mismo tiempo que sus ojos se movieron de un lado al otro entre sus manos y el rostro de él. "¿Qué?"
"Shhh…" Él rodeó su cintura con su brazo y la acercó hasta que estaban casi pegados, cara a cara sobre sus costados.
Bella se estremeció por la anticipación cuando sintió una de sus manos extenderse en su espalda baja mientras la otra agarraba su mejilla. Se inclinó hacia su caricia, sus ojos oscureciéndose un poco. Cuando Edward no se movió, Bella se aferró al frente de su camisa y tiró en un intento de acercarlo más.
"¿Tuviste una siesta placentera?" Él le sonrió provocativamente, sin permitir que Bella se saliera con la suya.
"Sí," dijo con los dientes apretados, aun tirando inútilmente.
"¿Dulces sueños?"
"Sí."
"Te estás sonrojando, Bella."
Agachó su cabeza intentando ocultar su rostro, recibiendo una suave risa en respuesta.
"¿Qué estabas soñando?"
"Oh, Dios," gimió, enterrando su cabeza en su pecho.
"Dime," la persuadió, levantando su cabeza con sus dedos entrelazados.
"Con un beso," susurró Bella, deseando poder evaporarse.
"¿Solo uno?"
Sacudió su cabeza de un lado al otro sin decir nada.
"¿Te gustaría que te besara?"
Bella asintió, ganándose una risa atronadora. Sabía que no se estaba burlando de ella; más bien, disfrutaba extrayendo la verbalización de sus deseos.
"Me gustaría mucho besarla, señorita Swan," murmuró Edward, acariciando su mandíbula con su nariz mientras él hablaba.
"Sí, por favor," susurró ella ligeramente, ganándose un mordisco en su oreja.
Bella soltó una risita cuando el aliento frío de Edward le provocó cosquillas en el punto sensible detrás de su oreja.
"¿Te gusta eso, Isabella?" Preguntó él antes de rozar sus párpados con sus labios, recibiendo un gesto de cabeza en aprobación.
Edward levantó su barbilla despacio y presionó sus labios a los de ella. Bella suspiró contenta al acoger el contacto. Sus manos subieron suavemente por el pecho de él, admirando la firmeza bajo las puntas de sus dedos al vagar hacia sus hombros antes de colocarse en las hebras color bronce en la base de su cuello. Rascó suavemente su cuero cabelludo con sus uñas al mismo tiempo que sus labios se abrían para profundizar el beso.
"Edward, yo…" Empezó a decir, intentando apartarse un poco cuando sintió que su mano la acariciaba bajando por su costado y sobre su cadera.
La silenció sacudiendo su cabeza en seguida, sujetando con fuerza la falda de su vestido sin romper el contacto con sus labios.
Bella sintió ligeramente sus dedos desnudos en su pantorrilla y gimió suavemente por la caricia. Lo quería más cerca—acercarlo más cuando empujara hacia ella.
"Por favor," susurró contra sus labios, sus ojos amplios y resplandecientes.
"Bella, nosotros…" Edward empezó a decir antes que su voz se apagara, su mano subiendo por su rodilla y hacia su muslo, amontonando la tela de su vestido en la curva de su codo. Su mente le decía que siguiera un curso de acción mientras su cuerpo le rogaba y suplicaba que siguiera otro.
"Sí, Edward," Bella asintió, arqueándose hacia él y siendo recompensada con la evidencia de su efecto en él presionando… justo… allí. "Quiero…"
Bella perdió de pronto la capacidad de hablar cuando los labios de Edward bajaron por su mandíbula, por sobre su garganta hacia su clavícula donde dejó suaves besos mordelones de camino hacia su escote. Ella comenzó a asentir en un intento por alentarlo, sus manos bajando para soltar su pañuelo mientras los labios de él presionaban en la tela cubriendo su corazón. Bella aflojó la corbata y empezó a trabajar sin ver en los botones de Edward.
"Bella," Edward murmuró con un suspiro melancólico, deteniendo sus besos.
Ella lo ignoró y se estiró para besarlo solo para que él se apartara un poco.
"Bella," repitió, con un poco más de firmeza que antes. "No podemos. No todavía."
"Pero…" Ella comenzó a decir antes que Edward colocara un delicado beso sobre sus labios hinchados.
"Lo deseo. Pronto. Pero tenemos que hablar sobre algunas cosas antes que nos aventuremos más allá. Necesitas saber lo que está pasando antes que consientas a esto."
"Podemos hablar más tarde," Bella insistió, intentando desabrochar otro botón de la camisa de Edward.
"Bella," suspiró pacientemente, con una mano cerrándose sobre la de ella. "Por favor."
Ella volvió a caer resignada en las almohadas, bufando insatisfecha.
"Shhh…" La tranquilizó, tirando de su mano suavemente hacia él y dejando un suave beso en el interior de su muñeca, justo como había hecho en su sueño.
La respiración de Bella se detuvo al verlo con ojos amplios y sin parpadear. De repente sacudió su cabeza como si despejara su mente.
"¿Qué?" Edward le susurró bajito. "¿No fue eso lo que soñaste?"
"¿Cómo… cómo supiste...?"
"Algunos de nosotros tenemos talentos adicionales."
"Algunos de… hay más que…"
Edward le sonrió de forma alentadora, viendo una miríada de emociones pasar por su rostro en solo unos segundos.
"Definitivamente necesitamos hablar." Bella soltó su mano y se movió para sentarse.
Edward se apartó grácilmente de su camino, dándole libertad para acomodarse dónde deseara. Cuando consiguió enderezarse, Bella acomodó su vestido, cruzó sus tobillos y entrelazó las manos delicadamente en su regazo al mismo tiempo que se apoyaba en la cabecera.
"¿Cuántos?" Demandó.
"¿Cuántos qué?"
"Vampiros. ¿Todos aquí en Evermore son vampiros?"
"No todos."
"Bueno, eso es alentador," replicó moderadamente, levantando una ceja. "¿Entonces, quiénes?"
"Emmett, Rosalie, Alice, Jasper, Carlisle, Esme, Will y yo."
"Ajá." Asintió pensativa, su mente dando vueltas al tratar de procesar la información presentada.
Edward la miró inquisitivamente, tratando de descifrar qué quiso decir con su respuesta.
"Bueno, pensándolo bien, tiene sentido."
"No has hecho la pregunta más imperativa," Edward señaló gentilmente.
"¿La pregunta más imperativa? No es mi intención discutir, pero mi tía ha sido secuestrada, mi tío está destrozado emocionalmente, mi novio acaba de informarme que él y otros a mi alrededor son vampiros, ¿y tú estás siendo quisquilloso con mi orden de preguntas?"
Edward tuvo la delicadeza de verse moderadamente avergonzado al suspirar y agachar la cabeza.
"No has preguntado en qué consiste nuestra dieta," murmuró bajito.
"Oh. Eso."
"Sí. Eso."
"Bueno, supuse que ya que no ha desaparecido nadie en Evermore, entonces no es de sangre humana."
"Una."
"¿Una, qué?"
"Una desaparición. Pero no fue debido a mi familia."
"Vamos a dejar eso para después. Empiezo a tener una sobrecarga de información." Bella masajeó ligeramente sus sienes y su frente. "Muy bien, señor Cullen. ¿Qué es lo que comen?"
"Sobrevivimos de sangre animal."
"¿Animal?"
"Valoramos demasiado la vida humana como para consumirla."
"Gracias a Dios por eso," murmuró Bella bajo su aliento, pasando una mano ligeramente por su garganta.
"Sí."
"¿Sería seguro asumir que L sabe de la existencia de vampiros?"
"Podrías decir eso."
"Pero no la incluiste en tu lista."
"L no es vampiro."
"Pero no es humana." Bella lo dijo simple y llanamente. Preguntas que había estado considerando desde su llegada a Evermore tenían cada vez más sentido. Después de vivir día tras días con la mujer, a Bella le habría sorprendido enterarse que L fuera completamente humana. No se estaba volviendo loca. Verdaderamente había poderes más allá de su compresión funcionando en torno a ella, haciendo que ocurrieran cosas a su alrededor que hasta este momento no había podido comprender.
"No."
"¿Es una bruja?"
"No."
"¿Entonces, qué?"
Edward suspiró y pasó una mano por su cabello.
"A Emmett le gusta llamarla una híbrida."
"Una híbrida. Como una mezcla entre…"
"Exactamente."
"Y todos ustedes tienen talentos especiales."
"La respuesta breve es sí."
El estómago de Bella gruñó ruidosamente, y ella se dio cuenta que habían sido casi doce horas desde la última vez que había comido.
"Vamos a conseguirte algo de comer, y responderé cualquier pregunta que tengas," Edward le ofreció con sinceridad.
~EE~
Bella bostezó y se estiró, su espalda tronó cuando se arqueó. Las bancas de cocina estaban bien para comidas rápidas, pero no estaban diseñadas para discutir durante horas incluso si las conversaciones eran muy informativas.
Después de las revelaciones en la planta de arriba, Edward la había acompañado a la cocina donde pasó varios minutos rebuscando en la alacena para encontrar una barra de pan y un pedazo de buen cheddar, Bella se había puesto a preparar una tostada con queso. Cuando su cena estuvo frente a ella, se pusieron cómodos en la pequeña mesa, y Edward respondió todas las preguntas en las que Bella pudo pensar al respecto.
Tras escuchar los chirridos y crujidos de las articulaciones de Bella, Edward hizo una mueca en su interior. Había olvidado que el cuerpo humano de Bella no estaba hecho para permanecer largos periodos de tiempo en una dura banca de madera; pero la discusión había sido provechosa e interesante, y Bella le aseguró que no iba a salir corriendo.
"Entonces, no tienes idea por qué mi mente está normalmente cerrada para ti," inquirió Bella, levantándose con rigidez.
"Tengo una teoría, pero sin Eleazar para que confirme mis sospechas, no me atrevería a conjeturar." Edward se movió para pararse detrás de ella y empezó a masajear suavemente sus hombros rígidos.
"Mmmm…"
"Es hora de que la humana se vaya a la cama," Edward sonrió, dejando un ligero beso en su hombro.
"No tengo sueño," Bella hizo un puchero pero no se resistió cuando él tiró delicadamente de ella hacía las escaleras.
"Nada dice que tengamos que dormir," murmuró bajito, provocando cosquillas en su oreja con sus palabras. Edward rodeó su cintura con su brazo y acercó a Bella.
Bella respiró con un jadeo, al darse cuenta del doble significado tras sus palabras. Se volvió para quedar frente a Edward y lo miró a los ojos. Bella había visto antes esa mirada; ese salvaje deseo que la atraía como una polilla a una flama.
"No haré nada que no quieras que haga, Bella," susurró Edward, acariciando su mejilla con el dorso de sus nudillos.
"Lo sé," susurró ella en respuesta, inclinándose suavemente hacia su caricia.
"No quiero lastimarte." Se agachó y dejó un suave beso a un lado de su garganta con sus fríos labios. Su lengua lamió ligeramente dónde estaba su pulso, provocándola un poco.
"No lo harás," ella articuló, incapaz de pronunciar un sonido.
"Podría hacerlo," respondió él.
Bella sacudió su cabeza, incapaz de aceptar el hecho de que él pudiera causarle daño alguna vez.
"¿Por favor?" Dijo ella bajito.
"¿Por favor, qué, mi amor?"
"Te deseo. Te quiero en mi vida, en mi corazón, en mi cama." Bella llevó su mano torpemente hacia atrás y movió a tientas el pomo de la puerta de su recámara. Finalmente, la puerta se abrió.
Con un gruñido bajo, Edward tomó a Bella en sus brazos y casi voló hacia la cama. Al instante se encontró presionada contra el poste de la esquina, mirándolo con ojos amplios por la velocidad con la que había cruzado la habitación.
"Velocidad de vampiro," murmuró ella, más para sí misma que para alguien en particular.
"Algunas cosas las hacemos muy rápido." Edward empezó a desabrochar su camisa, botón por botón. "Y otras cosas…" Deslizó la tela de sus hombros, revelando piel pálida inmaculada sobre huesos perfectos. "Otras cosas, las hacemos muy, pero muy despacio."
"Despacio puede ser bueno," Bella balbuceó, viendo cada uno de sus movimientos con impaciencia. Se dio cuenta que cualquier otro hombre que había visto alguna vez sin camisa quedaba ahora avergonzado por la perfección frente a ella.
"Despacio puede ser muy bueno." Edward la acercó a él, sus piernas a cada lado de las de ella, sus cuerpos tocándose mientras la electricidad crepitaba casi audiblemente entre ellos. "Bella, tengo que preguntarte algo."
"Tomo la píldora. No te preocupes," Bella soltó. "Nunca he… estoy limpia… jamás he."
Edward inclinó su cabeza con curiosidad antes de entender lo que había balbuceado, pero antes que pudiera reaccionar, ella continuó.
"Oh, Dios," suspiró, agachando la cabeza. "No es que no hubiera querido, me refiero a que no soy anti… es solo que nunca me tomé el tiempo, quiero decir que de verdad, los hombres allá en casa, tú no habrías querido… quiero decir. Por supuesto, tú no habrías querido, ¿cierto? Por todo eso de la compañera. Una persona para toda la vida. Una vampiresa, quiero decir."
Las palabras de Bella eran cada vez más rápidas antes que finalmente se tapara la boca con sus manos en un intento de contener la diarrea verbal que amenazaba con dominarla.
"Bella," susurró Edward, deseando que levantara la vista. "Por favor, mírame."
"No puedo."
"¿Por favor?"
Bella levantó la vista lentamente, su rostro de cuatro diferentes tonos de rojo. La sonrisa que recibió la tranquilizó en seguida y se relajó significativamente. No había indicios presentes de querer tomarle el pelo o burlarse en los rasgos de Edward, más bien se veía casi aliviado.
"Allí está ella. Mi Bella."
"No puedo creer que acabo de decir todo eso."
"Bella, en mi vida humana, se esperaban ciertos comportamientos de las damas—y los caballeros. Fui transformado a los diecisiete años. Nunca experimenté la adultez y los placeres explícitos de esa época. Estoy más que extasiado de que podamos compartir eso."
Los ojos de Bella se abrieron ligeramente cuando vio el destello del joven inocente en los rasgos de Edward, no al Edward Cullen maduro y seguro de sí mismo que se había acostumbrado a ver. Asintió sin decir nada, pensando que le gustaban ambos lados de esa moneda.
"Entonces, ¿qué querías preguntar?" Susurró.
Ahora era el turno de Edward de sentirse ligeramente avergonzado.
"Quería saber si necesitabas una manta extra."
Bella sacudió su cabeza cuando una risita brotó de su interior. Fue recompensada con una espectacular sonrisa de Edward que rompió inmediatamente la tensión entre ellos.
"Creo que me estoy enamorando de usted, señor Edward Cullen," Bella murmuró, rodeando su cuello con sus brazos.
"Sé que yo lo estoy, señorita Isabella Swan," respondió Edward, acercándola a él para un beso lento e intenso.
Cuando rompieron el contacto, Edward giró a Bella con delicadeza para que quedara de espaldas. Botón por agonizante botón—aunque solo eran cinco, desabrochó su vestido, dejando un beso frío en su espalda al abrir cada uno. Sus manos ayudaron un poco a que pálido algodón cayera silenciosamente al suelo, dejando a Bella de pie en sus calzones largos y enaguas que pronto siguieron el camino de su vestido.
"Mi hermosa Bella," susurró Edward, tirando del listón de su cabello y dejándolo caer alrededor de sus hombros. Pasó la punta de sus dedos por sus rizos, deleitándose en la suavidad que sentía y en lo hermosa que ella era realmente. Su Bella era pura belleza. Sin plástico, ni silicón, ni líneas duras. Solo delicadas curvas, piel suave y la gracia con la que había nacido. Edward comprendió que esto no iba a ser lento.
"Edward…" Bella dijo entre su aliento, girándose para quedar frente a él.
"Shh," dijo para calmarla, guiándola gentilmente hacia atrás contra las sábanas almidonadas, luchando consigo mismo para no arrojarla sobre la cama y devorarla.
Edward dio un paso atrás y miró cariñosamente a Bella. Ella era la que había estado esperando por un siglo. Era la que había buscado y ahora yacía, cálida y tentadora, esperándolo.
"Edward, por favor," Bella murmuró con urgencia, haciéndole señas para que se acercara a la cama. "No necesito… solo te necesito a ti."
"Déjame ir despacio," le suplicó bajito.
Bella podía ver la agitación en sus ojos ahora negros. Estaba luchando contra su propia naturaleza y todo lo que necesitaría era una pequeña grieta y las compuertas se abrirían.
Bella siseó, de rodillas al instante en la orilla de la cama, agarrando la cintura de sus pantalones y tiró de Edward hacia la cama.
"No me romperás," murmuró, bañando su mandíbula con pequeños besos mientras sus manos abrían sus pantalones.
"No sabes eso," susurró, bajando las manos por su espalda y sobre sus caderas, dejando una estela de piel erizada.
"Entonces, qué forma de irse," Bella dijo con los dientes apretados, metiendo la mano en sus pantalones y agarrando su erección, gimiendo de placer por su dura longitud.
"Bella," Edward gruñó con los dientes apretados, incapaz de impedir que sus caderas se movieran ligeramente.
"Llévame a la cama," susurró ella.
"Bella," dijo con un suspiro.
Ella decidió que la espera se había prolongado lo suficiente. Esta danza de apareamiento iba a terminar justo aquí, en este momento. Bella se levantó sobre sus rodillas un poco más alto y lo miró directamente a los ojos, cubriendo con una mano la parte de atrás de su cabeza, sujetándolo con la otra.
"Fóllame," demandó antes de estrellar sus labios contra los de él, estremeciéndose de alegría al escuchar el gruñido que salió de los labios de Edward.
El tiempo para hablar había terminado, incinerado más allá de la recuperación. Bella se encontró acostada en las suaves y frías sábanas, sus brazos ahora rodeando los hombros de Edward mientras él dejaba un rastro de besos al bajar por su cuello y su clavícula. De repente, se movió un poco y llevó sus labios a su pecho. Bella se arqueó, disfrutando la sensación de su lengua, tentándola suavemente mientras gruñidos incoherentes salían de la boca de ella.
Bella soltó una risita cuando los dedos de Edward delinearon sus costillas, jugueteando con una pequeña cicatriz al mismo tiempo que se movía hacia su otro pecho. La risa desapareció en seguida cuando su placer se intensificó.
"Por favor," susurró, subiendo una pierna sobre la cadera de él. Sintiéndolo tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, no era suficiente. Lo necesitaba. Justo. Allí. De Inmediato.
Y entonces lo estaba. Bella hizo una mueca, su rostro contorsionándose ligeramente y una solitaria lágrima llenó sus ojos. Cualquiera que asegurara experiencias con ángeles, corderos, mariquitas y luciérnagas en su primera vez podía joderse, reflexionó, tomando una respiración profunda y deseando que su cuerpo se relajara. El dolor repentino desapareció rápidamente, y se dio cuenta que podía concentrarse en la plenitud. La plenitud en la que tenía que moverse. De inmediato.
"Bella," murmuró Edward a modo de disculpa, rozando sus pestañas con reverencia.
"Si te disculpas, voy a tener que hacer que Emmett te patee el trasero," Bella murmuró, girando sus caderas debajo de las suyas.
"Oh, joder," gimió, imitando los movimientos de ella.
Bella se dio cuenta que le gustaba un Edward con la boca sucia, para su sorpresa y lo acercó aún más, gimiendo por el placer.
Momentos después, los ojos de Bella se abrieron cuando sintió que su liberación se acercaba. Vio cómo los ojos de Edward se cerraban en concentración, moviéndose ágilmente sobre ella. Si viviera hasta un milenio, Bella no podría imaginar una vista más hermosa que el rostro sobre ella, con la cabeza hacia atrás en los maravillosos momentos de pasión. Bella sintió que su cuerpo respondía cuando él se tensó y entonces de pronto se liberaba en su interior.
Edward se estiró con cuidado sobre ella, sus piernas colocadas entre las de ella, la parte superior de su cuerpo apoyada sobre sus codos intentando no presionar todo su peso en ella. Los dos se miraron el uno al otro en perfecto silencio por varios minutos. Bella sintió que su cuerpo se relajaba, se centró nuevamente, volviendo a su equilibrio personal a medida que su respiración y su pulso se calmaban. Ella levantó su mano perezosamente y quitó un rizo suelto de la frente de él y sonrió contenta.
"Hola," susurró él en voz baja.
"Hola," ella murmuró en respuesta antes que diera un gran bostezo.
"¿Soñolienta?" Edward bromeó.
"No, no lo estoy," Bella insistió, con otro bostezo intentando escapar.
"No, estás exhausta."
"Bueno, si alguien no me hubiera dejado verdaderamente exhausta…"
El rostro de Edward sonrió alegremente, viéndose para todo el mundo como el chico de diecisiete años que había sido, en vez del vampiro de un siglo de edad en el que se había convertido.
"Ve a tomarte un momento humano. Estaré aquí esperando cuando regreses," la instó.
Bella bajó de la cama y corrió detrás de la pantalla para atender sus necesidades físicas. Después de lavarse, se puso de prisa su camisón y cepilló su cabello apresuradamente. Un vistazo en el espejo le dijo que en realidad no fue de ayuda en lo más mínimo, pero se encogió de hombros y salió del vestidor.
La vista de Edward reclinado en su cama le recordó lo que acababa de ocurrir entre ellos y un nuevo sonrojo apareció en sus mejillas. Subió tímidamente a su lado y se puso cómoda en los brazos de Edward, suspirando alegremente cuando él dejó un rápido beso en su cabeza.
"¿No tienes que estar con los otros?" Murmuró suavemente.
"No requieren de mi ayuda," le aseguró Edward, acercando a Bella aún más.
"¿Pero qué pasa con L?"
"Deja que los otros se preocupen por ella. Créeme, un nómada y una neófita no son competencia para mi familia."
Bella sonrió al escuchar el orgullo que Edward expresó en esa simple declaración.
"Debe ser lindo tener una familia grande," suspiró. "Mis padres fueron hijos únicos y se divorciaron cuando yo era pequeña."
Bella hizo una pausa y luego inclinó su cabeza, su ceño fruncido, pensando. Imágenes contradictorias cruzaban por su mente. Muertos. Vivos. Casados. Divorciados. 1827. 2010. Institutriz. Estudiante. Enamorada. Le mintieron.
"Esto no es real, ¿cierto?" Susurró, las lágrimas inundando sus ojos.
"¿Qué no es real, Bella?" Edward tomó su rostro con ternura entre sus manos y limpió con sus pulgares la humedad que empezaba a caer por sus mejillas, su expresión el reflejo de su preocupación.
"¡Esto!" Agitó sus manos furiosamente alrededor. "¡Oh, Dios mío! ¡Nada de esto es real!"
"Bella," dijo para tranquilizarla. "Cálmate."
"¿Cálmate? ¿Qué demonios crees…? No puedes… Yo…" Bella empezó a tartamudear y a resoplar, con lágrimas de enojo cayendo por su rostro. Las limpió de prisa y se alejó. "No. Me. Toques," siseó cuando Edward intentó agarrar su mano.
"Bella, no comprendes."
"Acabamos de pasar horas hablando, y pensé…que tú… yo… nosotros…" Comenzó a hiperventilar y empujó sus manos que intentaban agarrarla.
El rostro de Edward decayó cuando entendió al instante lo que pasaba. El hechizo de L se debilitaba aún más, y Bella estaba al borde de un ataque de pánico cuando de pronto las emociones en conflicto se apoderaron de ella. Una parte de ella empezaba a darse cuenta que en realidad no estaba en 1827, pero en el intento de su mente por comprender qué era real y qué era fantasía, Bella veía todo como falso.
"Respira, Bella," le dijo Edward para calmarla, tomándola en sus brazos.
"¡Suéltame!" Bella forcejeó contra él, golpeando su pecho. En su furia, ignoró el dolor y continuó lanzando golpe tras golpe hasta que él atrapó sus manos y las mantuvo quietas.
"Bella," murmuró, acercándola a él. "Vas a lastimarte."
"Por favor," le suplicó. "¡Por favor, suéltame!"
"No, amor. No hasta que te calmes."
"No me llames así. Me. Mentiste," aulló, sus lágrimas fluyendo libremente. "¡Mentiste sobre todo!"
"No, Bella."
"¡Sí!"
"No," le susurró, sacudiendo su cabeza mientras la miraba a los ojos. "Una parte de Evermore es mentira, sí. Will trató de advertirte."
"¡No lo culpes por esto! Tú me mentiste. Pensé…" En seguida desvió la mirada, incapaz de ver la verdad que temía en lugar de la verdad que estaba realmente frente a ella.
"¿Qué es lo que piensas?"
Bella se rehusó a responderle.
"Déjeme ir, señor Cullen," declaró con frialdad.
"No."
"¿Qué?" Chilló.
"No hasta que se aclare la parte de la mentira que más te lastimó. Me has acusado de mentir en todo, y lo he negado. Di lo que piensas, y te liberaré."
"Pensé que tú… podrías…" La voz de Bella se apagó. "Pero no soy nada más que…"
Edward asintió. La entendía completamente. Pero Edward necesitaba escucharla decir las palabras y eso no pasaría hasta que le aclarara unas cuantas cosas.
"Bella Swan, los de mi clase no tienen relaciones fugaces. Soy un vampiro. He vivido por más de cien años. No, rectifico eso. He existido por más de cien años. He vivido desde el momento que mis ojos encontraron los tuyos."
"No puedes decirme cosas así," susurró, un nuevo torrente de lágrimas cayendo por sus mejillas.
"¿Por qué?"
"No sé qué creer."
"Cree que voy a estar aquí, en cualquier capacidad que me aceptes por tanto tiempo como me lo permitas."
Bella miró a los ojos de Edward, buscando la verdad. No vio nada más que anhelo sincero y un destello casi de dolor.
"No sé qué creer," repitió, con la derrota en su voz.
"Lo sé," Edward dejó un suave beso en su sien y aflojó ligeramente su agarre. "Has tenido mucho qué procesar en las últimas horas."
Bella asintió sin decir nada, su mente dando vueltas a un kilómetro por minuto mientras que el agotamiento invadía poco a poco su cuerpo. A pesar de sus mejores esfuerzos, Bella sintió que la presión caía pesadamente sobre ella y suspiró. Esto era más que un simple dolor de cabeza. Sentía pesado su corazón, como si se hubiese convertido en plomo y se negara a latir. Un lloriqueo escapó espontáneamente de sus labios.
"¿Bella?" Murmuró Edward, aún sin verla por respeto a ella.
"Pensé que eras real," susurró, enterrando su rostro en la almohada.
"Lo soy, Bella," le aseguró. "Si me toma una eternidad probarme digno, lo intentaré todos los días hasta que me creas."
"Yo solo… solo…" Bella sacudió su cabeza y salió corriendo de la recámara, dejando a un atónito Edward sentado en silencio.
"Bella," dijo con un suspiro, poniéndose sus pantalones y dirigiéndose hacia la puerta.
Edward miró por el pasillo pero no vio a Bella. Sacudió su cabeza y escuchó para determinar en qué dirección había corrido y de inmediato siguió el latido de su corazón hacia la biblioteca en el tercer piso, caminando despacio en un intento de darle el tiempo necesario para calmarse.
Bella limpió descuidadamente las lágrimas de sus ojos, sorbiéndose la nariz mientras intentaba recuperar el control. Sacudió su cabeza a medida que la noche se reproducía una y otra vez en su mente. Era casi demasiado para soportar y sintió como si su corazón se fuera a salir de su pecho. Bella escuchó que la puerta se cerró detrás de ella y se tensó, esperando que fuera Edward. No estaba segura de estar preparada para enfrentarlo todavía.
"Hola, chica hermosa," ronroneó una voz que sin duda no era la de Edward.
~EE~
Oh oh, ¿quién será el que la encontró primero? Pobre Bella, tanta información la abrumó y sin el hechizo de L controlando su mente, ahora no sabe qué es verdad y qué es mentira. ¿Le creerá a Edward que lo que ocurrió entre ellos es verdad? No es de extrañar que lo dude cuando todo este tiempo la han hecho creer que vivía en el año 1827 y que sus padres habían muerto. Ahora que la verdad empieza a salir a la luz, también duda de los verdaderos sentimientos de Edward, y tal vez también de los de ella. Ya veremos si Edward puede convencerla de que la ama, eso por supuesto dependiendo de con quién se ha topado ahora. En cuanto a L, bueno, al menos sabemos que está bien, algo maltratada pero con vida, ¿pero qué habrán significado esas últimas palabras de James? ¿Qué tendrá planeado? Eso lo veremos más adelante, mientras tanto, como siempre esperaré ansiosa sus reviews para saber qué les pareció el capítulo y cuáles son sus teorías, y así podremos leer pronto el siguiente. Recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y no les cuesta nada chicas. Solo escriban unas cuantas palabras en el cuadrito de abajo y envíen, ni siquiera tiene que estar registradas en FF.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: JessMel4, liduvina, freedom2604, Aislinn Massi, Say's, Angeles, Smedina, paupau1, kaja0507, Pam Malfoy Black, NarMaVeg, Marie Sellory, CelyJoe, bbluelilas, Lizdayanna, Lectora de Fics, tulgarita, Tecupi, rjnavajas, Pameva, saraipineda44, Sully YM, Manligrez, EriCastelo, lagie, Car Cullen Stewart Pattinson, ariyasy, alejandra1987, Ali-Lu Kuran Hale, gabomm, Tata XOXO, injoa, Lady Grigori, Kriss21, aliceforever85, Liz Vidal, piligm, Mafer, Adriu, Mss. Brightside, Rosii, glow0718, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, ¿cuándo? Depende de ustedes ;)
