¿Acaso es todo lo que quieres decirme?

La rutina de constantes tareas en sus días, entre su labor de enfermera en el pueblo, el cuidado de su yegua y los ratos con los niños del Hogar, la ayudaba a paliar la sensación de añoranza por Albert, mientras esperaba la respuesta a su carta.

Creía haberle aclarado muchas cosas en su respuesta y haberle hecho ver que ella también necesitaba que él le aclarara otras. Esperaba que comprendiera la magnitud de las emociones que en ella provocaba en sus encuentros, que para nada lo percibía como un viejo, que le parecía intuir que a él también le costaba expresar lo que sentía... Siempre podría desmentírselo en su contestación... aunque deseaba no lo hiciera.

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"...

A veces disfruto tratándole como si fuera un anciano, pero en realidad aparenta mucha menos edad de la que tiene.

Solo que, en aquel momento... decir que parecía más joven quizá no fuera la expresión correcta...

No me estoy explicando bien, pero...

En cualquier caso, parecía diferente al tío abuelo que yo conocía y mi corazón dio un vuelco enorme.

...

Fue entonces cuando sentí que iba a ocurrir algo importante,

pero nunca me habría imaginado,

ni en mis mejores sueños,

lo que sucedió después.

Cuando llegamos a la colina, nos quedamos un momento en silencio.

Al cabo de unos minutos, el hombre se armó de valor, se giró hacia mí y me dedicó una sonrisa tímida...

..."

¿Le resultaría lo suficientemente evidente para darse cuenta de que ella no podía avanzar más si él no la ayudaba? ¿Qué ella necesitaba saber sus motivos?

"...

No podía dejar de llorar, pero, en esta ocasión, eran lágrimas de alegría.

Príncipe, ¡eres una persona horrible! En la Casa de la Magnolia te enseñé el broche muchísimas veces e incluso hablé de ti.

Si mal no recuerdo, el tal 'señor Albert' se quedaba allí escuchando,

de brazos cruzados,

sin decir nada...

¿Quién sabe si en aquel momento ya habías recuperado la memoria?

¡Tengo que aprovechar ahora que puedo para hacer todas las preguntas que quiera!

...

Me encantaría saber qué estabas haciendo el día en que nos conocimos y por qué desapareciste de repente...

Pero te lo pregunto ahora. ¿Por qué?

..."

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Quería recibir de Albert algo más que una misiva. Le recordó que se aproximaba su cumpleaños, con la esperanza que la visitara y poder hablar tranquilamente y de verdad, en persona. Con un poco de suerte podrían escapar de los niños, en algún paseo y exponer realmente todo lo que tenían que decirse, sin dejar temas pendientes, como había pasado en las últimas ocasiones.

La siguiente semana recibió su contestación. Ella había bromeado lanzándole un conjuro a Albert, en referencia a la acusación que Eliza le hizo en la fiesta de Inauguración del hotel. No entendería nunca a aquella familia pero tampoco podía evitar encontrar diversión en sus ocurrencias ¡Decir que Neal seguía soltero por su culpa! ¡Qué no encontraba novia porque ella lo había embrujado!... ¡Por favor! Si ella hubiera sido capaz de hacer magia y hubiera deseado hechizarlo, su hechizo hubiera sido para que él se olvidara de su total existencia y no deseara hablar con ella nunca más. Solo pensar en Neal sentía escalofríos de repulsión. Eso sí, quizás lo mejor, para las mujeres en general, era que él permaneciera soltero de por vida. Si algo sobraba, en este mundo, era gente tan triste, manipuladora, cobarde, voluble, sin escrúpulos y que disfrutaba dañando a los demás.

Sabía que Albert, en ese aspecto, también disfrutaba riéndose de aquellas ridiculeces, aunque él, más que repulsión, sentía compasión por ellos. La gente así, por más que lo tuviera todo, jamás llegaba a sentirse satisfecha y culpaban a los demás de su propia desidia y hastío. En realidad, el hechizo para Albert, había sido su forma de rogarle que la viniera a ver, tomándose alguna licencia de sus obligaciones empresariales por ella. La decepción en la respuesta fue compensada por la invitación de todo el orfanato a Chicago, para celebrar allí su cumpleaños. Aun así, ciertas partes de su contestación despertaban nuevas incógnitas y ajetreo en su corazón. Esto último, empezaba a convertirse en una familiar reacción a las palabras de él.

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"...

A pesar de todo, creo que tu magia ha funcionado en parte.

Desde que me llegó tu carta, no hago otra cosa que pensar en los días pasados.

..."

Después él empezaba a responderle alguna de sus preguntas. Explicándole hechos que no había tenido ocasión en compartir debido a su ajetreada agenda. Albert le había explicado alguna de aquellas cosas, cuando se revelara como el tío abuelo William, pero no con tanto detalle. Su madre murió tras el parto. Saber que tan solo con ocho años perdió también a su padre, quedando, desde entonces, oculto al mundo, llenó su corazón de pena por él.

Ella era huérfana pero había podido crecer rodeada de amigos de su edad. Él, solo de ancianos. Lo más pronto que él se había empezado a relacionar, con otras personas de su misma edad, fue al ingresar en el Royal Saint Paul de Londres. No era de extrañar que fuera tan reservado. De hecho, Anthony también había mostrado parte de esa misma reserva. La mayor parte de su infancia, ambos, estuvieron bajo la tutela de la tía Elroy, tras la muerte de Rosemary.

Le habló de aquel día en que la conociera, de la celebración en la mansión de Lakewood, de como se había escapado vistiéndose con el atuendo habitual de los jóvenes Andrew para los eventos oficiales. Con diecisiete años continuaba sintiéndose preso, recluido. Ella, a esa edad, ya llevaba dos años viviendo por su cuenta y ya había decidido ser enfermera. Si el breve paso por el internado, a ella, ya le había parecido una prisión, no quería ni imaginar lo que había supuesto para él, aquellos casi diez años de reclusión entre adultos y sirvientes. Ahora podía comprender sus ansias de libertad, de vivir como un vagabundo, de escapar. Ella, con toda su pobreza, había tenido una infancia mucho más rica y libre que él, con toda la opulencia de los Andrew.

"...

A día de hoy, sigo sin saber por qué me detuve ni por qué subí aquella colina.

Tal vez lo hice porque su altura y tamaño eran perfectos.

...

Candy, no lo sabes aún, pero en aquel instante me sobrepuse a todo.

...

Fue entonces cuando una niña subió corriendo por la colina, veloz como una bala y con una mueca horrible en el rostro.

Sí, Candy, estoy hablando de ti.

...

Y también fue la primera vez que pude admirar una sonrisa tan bonita.

No pude evitar acercarme y hablar contigo.

...

En aquella colina, descubrí lo que quería hacer con mi vida.

Nunca olvidé a aquella niña, por eso te reconocí de inmediato al salvarte cuando te caíste de lo alto de la cascada.

..."

Así que la colina guardaba un significado especial desde aquel momento también para él. Al igual que para ella, aquel lugar había sido crucial para decidir qué quería hacer cada uno de los dos con sus propias vidas. Tras leer aquella carta aún se sintió más unida a él.

"...

Te espero en Chicago,

Albert

P.D.: Candy, sabes que puedo soportar cualquier cosa, pero,

¿podrías dejar de llamarme 'príncipe de la colina'?

Me da escalofríos"

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Candy rio con las últimas líneas. Buena recompensa a cambio de las palpitaciones que él la provocaba cada vez con mayor frecuencia. Sin embargo, no le había respondido sobre si ya había recuperado su memoria cuando le hablara de él mismo en el apartamento.

Continuará...


Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita

Pg. 10-11 - Presente de Candy, contempla el cuadro del hogar de Pony desde la colina:

"Allí tengo el óleo 'Número 10', con un marco hecho a mano. Mi amado lo ha colocado de tal forma que se vea desde cualquier punto de la casa. Lo encontró hace muchos años, en un mercadillo de Londres.

Qué maravilla de regalo.

Con una sola mirada, vio el 'Numero 10' entre un montón de pinturas viejas, y supo al instante que se trataba del Hogar de Pony.

No era un cuadro cualquiera: era un paisaje con el Hogar de Pony visto entero desde la perspectiva de una colina cercana.

...

El caso es que me da la impresión de que Slim pintó ese cuadro para mí.

Era un precioso día de mayo. La colina de Pony estaba cubierta por un manto de delicadas flores blancas. Bastaba subir a la cima para deleitarse con una vista espectacular del Hogar de Pony, rodeada de un exuberante bosque frondoso que hechizaba la mirada. La hierba, alta y fina, se mecía con el viento. Los razimos de flor de lupino y los girasoles adornaban con vivos colores el jardín.

..."

Pg. 371-372 - Para el príncipe de la colina - Carta de Candy pidiéndole más explicaciones a Albert.

Pg. 373-377 - Querida brujita Candy - Carta de respuesta de Albert a Candy, donde trata de responder a dudas de la anterior.