AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).
ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.
ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.
En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.
Capítulo 33: Brecha
Unos dedos ensangrentados se posaron sobre la superficie fría y metálica del grifo, moviéndolo para dejar salir el agua. Las manos llenas de sangre se posicionaron debajo de aquel líquido incoloro, el cual rápidamente se tornó rojizo al mezclarse con la sangre que se desprendía de la piel al entrar en contacto con el agua.
El dueño de aquellas manos apartó los ojos de las mismas para posarlas en la imagen que se reflejaba en el espejo frente a él. Kakashi observó su rostro manchado con salpicaduras de sangre e incluso, pudo comprobar que algunos mechones de su cabello habían dejado de ser grises y ahora se veían de un rojo oscuro. Necesitaría meterse en la ducha para librarse de toda aquella suciedad, pero en ese instante, era más urgente que se encargara de otro asunto. Su mirada bajó hasta la gran mancha de sangre que se había formado en su ropa.
Tras lavarse las manos con jabón y librarse de todo rastro de sangre, se las secó con la toalla más cercana antes de dirigirlas a los botones de la camisa y empezar a desabrocharlos. Un gesto de dolor se formó en su rostro cuando la tela se despegó de la piel lacerada.
Después de deshacerse de aquella prenda, observó la herida que tenía en su abdomen. Gracias a la presión que había estado haciendo anteriormente sobre ella, apenas sangraba ya, lo que le quitaba una preocupación y, además, le permitía inspeccionarla mejor. No parecía demasiado profunda, lo cual indicaba que, por suerte, no había tocado ningún órgano; ni tampoco parecía infectada, pero si tardaba mucho en limpiarla y suturarla, podría infectarse antes de que sus habilidades sobrehumanas empezaran a actuar.
Estiró una mano para alcanzar otra toalla limpia y abrió de nuevo el grifo para meterla bajo el agua, dejando que lo absorbiera hasta que consideró que estaba lo suficientemente mojada. La escurrió un poco para soltar el líquido sobrante y después la acercó hasta la parte externa de la herida.
Con cuidado, fue limpiando la piel alrededor de aquella laceración, desde el centro hacia fuera, usando siempre partes limpias de la toalla. Cuando terminó, arrojó la toalla ahora sucia al lavabo para encargarse de la siguiente tarea: limpiar el interior de la herida.
Abrió el primer cajón del mueble de baño y sacó de su interior una caja de cartón con monodosis de suero fisiológico. Cogió uno de los pequeños botes, le quitó la parte superior para abrirlo y vertió el contenido a lo largo de la herida para quitar tanto la sangre sobrante como cualquier otro resto de suciedad que se pudiera haber metido. Repitió la acción con otra dosis de suero hasta que el tejido blando quedó limpio.
A continuación, revolvió el contenido del cajón abierto hasta que encontró un pequeño botiquín que dejó sobre la encimera. Hacía tiempo que no revisaba su contenido, ya que no solía usarlo puesto que sus heridas leves solían curarse rápido, y cuando eran un poco más graves, acudía a Minato, por lo que esperaba tener todo lo necesario para suturar aquel tajo que cruzaba su abdomen.
Lo abrió y revisó lo que había dentro: hilo para suturar, pinzas, aguja, diferentes tipos de gasas, clorhexidina... Se detuvo ante el antiséptico. No sería mala idea echarse un poco para desinfectar el corte, así que lo cogió, le quitó el tapón y apretó el botón del spray cuando lo acercó a su abdomen.
Al sentir el ligero escozor que indicaba que el fármaco estaba haciendo su trabajo, no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño. Era un poco molesto aunque, comparado a otras lesiones que había sufrido a lo largo de los años, era como si alguien le estuviera haciendo cosquillas. Tras dejar actuar a la clorhexidina, volvió su atención al material sanitario que tenía en el botiquín.
Pese a que su condición de hombre-lobo le permitía sanar a una velocidad mucho mayor que un humano normal, prefería cerrar la herida para que curara todavía más rápido, así que sacó una aguja e hilo de sutura del botiquín. Cortó un buen trozo de hilo y, después, pasó a desinfectar la aguja. Por último, tomó aquel pequeño trozo de metal ligeramente curvado en la punta y trató de enhebrarlo con el hilo.
Un chasquido de frustración salió de los labios de Kakashi. Sus manos le temblaban, no sabía a ciencia cierta si era por el dolor que sentía por todo el cuerpo, la preocupación y estrés que había acumulado en las últimas semanas o por la adrenalina de lo que había ocurrido hacía tan sólo menos de media hora. Quizás incluso fuese por todas esas razones juntas, pero le estaba poniendo de mal humor no poder meter el puñetero hilo por aquel diminuto agujero.
¡Por fin! Cuando Kakashi estuvo a punto de lanzar al suelo la aguja y el hilo debido a la frustración, finalmente consiguió enhebrarla. ¡Lo que le había costado acertar! Ahora llegaba la parte más difícil, o al menos lo sería para cualquier otra persona, pero Kakashi aguantaba bien el dolor y no necesitó pensárselo dos veces antes de agarrar un extremo de la herida, unirla y meter la aguja por una de las partes de la piel separada y sacarla por la otra.
Poco a poco, fue cerrando la herida y conforme iba suturando, recordó cómo había acabado con el abdomen abierto.
Flashback
El día anterior, cuando le comunicaron que a Minato le iban a dar el alta a la mañana siguiente, Kakashi llamó a su contacto para que dejara el coche que le había conseguido en el parking del hospital. Ya tenía todo lo demás preparado, sólo faltaba poner en marcha el plan en cuanto el médico se marchara tras entregar los papeles del alta a Minato.
– Toma – dijo Kakashi pasándole a Minato un paquete de plástico cerrado herméticamente con lo que parecía ropa en su interior, cuando el doctor se fue y solamente quedaron ellos dos e Ibiki en la habitación.
El rubio miró el paquete en sus manos sin entender muy bien por qué le daba aquello.
– Es ropa nueva – le aclaró al ver su desconcierto –. Quítate la ropa que llevas puesta y dáselas a Ibiki para que se cambie, pero no te la pongas hasta que nos marchemos nosotros, así evitaremos que cualquier rastro nuestro se pueda pegar en ella.
– ¿Es realmente necesario? – preguntó el rubio creyendo que aquello era un poco excesivo.
– Es mejor ser precavidos y tomar todas las medidas necesarias para que no puedan seguiros – le respondió Kakashi.
– De acuerdo – asintió Minato, dejando el paquete de plástico sobre la cama y comenzando a desvestirse.
Kakashi sacó de la misma bolsa donde había llevado la ropa, un pequeño bote de plástico lleno de un líquido y lo dejó en el colchón al lado de las prendas sin estrenar.
– Después, échate un poco de esto. Es una mezcla de hierbas que enmascara tu propio olor y puede atrofiar ligeramente el sentido del olfato de ciertos animales y hombres-lobo – le explicó al rubio.
– ¿Con esto no conseguirán rastrearme? – preguntó Minato.
– Es la idea. Es una medida temporal, pero esperemos que funcione hasta que estéis a kilómetros de la ciudad. De todas formas, ahí llevas suficiente para que te eches un par de veces si crees que el efecto está pasando. A Naruto ya le dimos ayer un vial para él.
– De acuerdo – contestó pasándole el jersey que se había quitado a Ibiki, quien también se estaba desvistiendo para ponerse la ropa de Minato.
Mientras ellos dos continuaban con esa tarea, Kakashi siguió extrayendo más objetos: una peluca negra envuelta en su precinto y una caja del tamaño de una mano. Ambas cosas las dejó en la cama junto al resto de cosas.
– ¿Qué es? – preguntó Minato señalando la caja.
– Un teléfono desechable. He guardado el número de la persona que os va a acoger y he programado la dirección del lugar donde os espera en el GPS. Si algo se tuerce antes de llegar al sitio acordado, llamadle y él os ayudará. También tendrás que sacar la tarjeta SIM de tu móvil, la batería y tenerlo apagado, ya que no sabemos si en la manada de Zabuza hay alguien con conocimientos tecnológicos que pueda rastrear la señal de tu teléfono y el de Naruto. A él, ya se lo comenté ayer, así que supongo que ya lo habrá hecho – explicó Kakashi.
Ante todo aquello, Minato sólo consiguió asentir. Pese a que había aceptado marcharse de Twain Harte y habían estado un tiempo ideando y preparando el plan, al ver todo aquello y estar tan cerca el momento de irse, de repente, todo se había vuelto muy real y no podía evitar sentirse nervioso.
– Todo saldrá bien – trató de animarle Kakashi.
– Nos encargaremos de Zabuza lo antes posible y estaréis de vuelta antes de daros cuenta – participó Ibiki en la conversación.
Ante las palabras de ánimo de sus amigos, sonrió levemente en señal de agradecimiento, aunque no le ayudaba a sentirse mejor, sobre todo, al recordar que ni siquiera su hijo y él podrían acudir al funeral de Kushina. Sabía que ya habían realizado la autopsia semanas atrás, pero la policía no liberó el cuerpo por algunas contradicciones surgidas en la investigación y a las que no conseguían dar explicación.
Le dolía no poder despedirse de su esposa, no poder estar presente para darle el último adiós cuando la enterraran en el cementerio del pueblo, pero así de mal estaban las cosas. Tanto que había tenido que darle un poder notarial a Kakashi para que le entregaran el cuerpo de Kushina a él y pudiera hacer todos los trámites para darle el descanso que se merecía.
No podría estar presente el día de su funeral, pero se prometió que volvería y la visitaría en su tumba cada día hasta que muriera y le enterraran junto a ella. Aquel pensamiento fue más fuerte que las palabras de ánimo de Kakashi e Ibiki, y consiguió que su nerviosismo disminuyera, otorgándole una mayor determinación.
– Yo ya estoy listo – comunicó Ibiki vestido con la ropa de Minato, una peluca rubia y una mascarilla tapándole parte del rostro.
– De acuerdo – dijo Kakashi –. Saldremos nosotros primero y, en cuanto estés camuflado, sal. El coche está aparcado en la plaza M56, Naruto ya debería estar allí con las llaves del coche – informó el alfa a Minato.
Durante unos segundos, los tres hombres se miraron entre sí, sabiendo que sería la última vez que se verían en algún tiempo y no pudieron evitar sentirse decaídos ante ello. Kakashi tenía ganas de abrazar a Minato, pero sabía que no debía.
– Esto no es un adiós – dijo Minato, interrumpiendo los pensamientos de Kakashi y mirando a ambos hombres frente a él –. Volveremos a vernos pronto.
Ambos hombres-lobo notaron cierta convicción en las palabras del rubio, pero también pudieron notar que era una especie de deseo para que todo saliera bien, nadie resultara herido y poder realmente volver a casa.
– Así es – afirmó Kakashi.
– Buena suerte, Minato – fueron las palabras de despedida de Ibiki.
– Buena suerte también a vosotros.
Ante aquellas últimas palabras, Ibiki y Kakashi salieron de la habitación y se dirigieron al parking, en la dirección opuesta donde debía encontrarse Naruto, ya que era donde Kakashi había dejado la furgoneta de Minato cuando había llegado al hospital.
. . .
Kakashi e Ibiki llegaron a la camioneta de Minato sin problemas, no parecía que nadie les estuviera siguiendo pero tampoco podían bajar la guardia aún, porque lo más probable era que si Zabuza quería atacar, lo hiciera durante el trayecto o cuando llegaran a casa de Minato. Era demasiado arriesgado que moviera ficha en las proximidades del hospital. Salieron del parking y se dirigieron al antiguo hogar de los Namikaze-Uzumaki.
Llevaban unos diez minutos de recorrido y todo parecía tranquilo. Kakashi iba tras el volante mientras que Ibiki iba sentado en el asiento del copiloto con todos sus sentidos en alerta.
– ¿Notas algo? – le preguntó Kakashi.
– No, sólo oigo el tráfico normal, tampoco huelo nada fuera de lo común – le respondió Ibiki, aunque Kakashi ya sabía de antemano lo que iba a decir; él tampoco había notado nada raro.
Kakashi giró hacia la derecha para tomar el camino que se alejaba de la zona más céntrica de la ciudad, para dirigirse a la zona residencial. Casi a los pocos minutos pudieron notar la diferencia, aquella parte de Twain Harte era más tranquila.
– Quizás intenten algo una v...
Pero Kakashi no pudo terminar la frase porque, de repente, algo arremetió con fuerza contra el vehículo por la parte del conductor. A causa del impacto, la camioneta salió de la carretera y acabó unos metros más allá del arcén. Por suerte, no se estrellaron contra un árbol ni tampoco el vehículo dio vueltas de campana. Sea lo que fuere lo que les había golpeado no era tan fuerte como si otro coche hubiera colisionado contra ellos.
Pese a ello, los ocupantes del vehículo estaban desorientados debido al golpe. Kakashi se llevó una mano a la cabeza mientras ponía una mueca de dolor en su rostro, intentando que todo dejara de darle vueltas.
– ¿Estás bien? – preguntó el alfa a su compañero.
– Eso creo – le contestó Ibiki palpándose el pecho y el vientre en busca de posibles lesiones – creo que no tengo nada roto, no siento dolor. ¿Y tú?
– Creo que sólo algunos cortes por los cristales rotos – señaló la ventanilla rota.
– ¿Y no ha saltado el airb..
De nuevo, la frase quedó incompleta cuando la puerta del copiloto fue arrancada de un tirón. Debido al estar todavía aturdido por el accidente, Ibiki no pudo reaccionar a tiempo cuando alguien cortó el cinturón de seguridad y lo sacó del interior del vehículo.
– ¿Pero qué...? ¡Déjale en paz! – gritó Kakashi imaginando quién podía ser el responsable del "accidente".
Kakashi, aún algo mareado, se quitó el cinturón de seguridad y fue a salir por la parte del copiloto, cuando su puerta también fue arrancada y un par de manos lo sacaron a la fuerza.
– ¡Suéltame! – gritaba el alfa intentando librarse del agarre para ir en ayuda de su amigo.
– Por fin serás mío, Minato – oyó que decía Zabuza. Podría reconocer esa voz en cualquier parte.
Parecía que aún no se había dado cuenta del engaño, pero no tardaría mucho en hacerlo, por lo que debía librarse de quien le estuviera agarrando con tanta fuerza.
– Vaya, no pareces tan fuerte como antaño.
Kakashi se paralizó al escuchar esa voz a su espalda. No podía ser... era imposible, debía estar muerto.
– Te maté – susurró sorprendido.
– No, me dejaste casi muerto, pero sobreviví – le respondió Raiga Kurosuki, miembro original de la manada de Zabuza y al que Kakashi creía haber matado hacía muchos años –. He resurgido de entre los muertos para vengarme.
Kakashi volteó ligeramente para comprobar que realmente se trataba de Kurosuki y no era un producto del golpe que se había dado en la cabeza. Pero antes de que pudiera hacerlo, un grito lleno de ira captó toda su atención.
– ¡¿Qué demonios es esto?! ¡Tú no eres Minato! – gritó Zabuza con la peluca rubia entre sus manos.
– Parece que no eres tan bueno como te crees si has tardado tanto en darte cuenta de que no soy Minato – se burló Ibiki siendo sujetado por otro miembro de la manada de Zabuza.
La ira que le invadió al susodicho al sentirse humillado por haber caído en aquella triquiñuela era tan fuerte que solamente pudo reaccionar de manera violenta. Zabuza usó no sólo la cara de Ibiki como un saco de boxeo sino su abdomen también.
Al ver cómo golpeaba a su amigo sin piedad, Kakashi salió de su estado de incredulidad, dio un pisotón en el pie de Kurosuki y después, echó la cabeza hacia atrás con fuerza dándole en plena nariz. Cuando éste le soltó, el alfa aprovechó para agarrarle el brazo, usar su fuerza sobrehumana y rompérselo.
La persona que aprisionaba a Ibiki se desconcentró al escuchar el grito de dolor de su compañero Kurosuki y aflojó el agarre, hecho que Ibiki aprovechó para pelear también.
– ¡Fuguki! ¡Inútil! – gritó Zabuza cuando se percató del error del otro.
Zabuza sacó sus garras con intención de atacar a Ibiki, pero antes de que le alcanzase, Kakashi se lanzó hacia él, agarrando su brazo y tirándolo al suelo. Ibiki aprovechó la ayuda de su alfa para librarse del todo del agarre de Fuguki y comenzar a pelear contra él.
– Mierda – murmuró el alfa agarrándose el vientre con fuerza. Parecía que alguna garra le había alcanzado y ahora tenía un tajo en su abdomen.
– ¡¿Dónde está Minato?! – se abalanzó Zabuza sobre Kakashi, pero éste logró esquivarle.
– No lo sé – le contestó.
– ¡Mientes! – gritó iracundo arremetiendo de nuevo contra el que consideraba culpable de no tener ya al rubio entre sus brazos.
– Lo único que sé es que nunca le tendrás – le dijo sonriendo con sorna antes de recibir un puñetazo que no pudo esquivar y que lo tiró al suelo.
Zabuza iba a aprovechar para seguir golpeando a Kakashi hasta sacarle lo que quería saber, pero su puño se quedó en alto cuando éste se detuvo en seco. Kakashi no entendía por qué se había detenido hasta que se dio cuenta de algo.
Todos los presentes oyeron los neumáticos de un coche acercarse hacia la zona, pero no fue eso lo que más llamó la atención de todos los presentes, sino el olor que captaron venir a la misma velocidad con la que se aproximaba el vehículo. Tobirama Senju iba en su interior, lo cual no era bueno para ninguna de las dos partes.
Seguramente, el idiota había seguido a Kakashi para vigilarle a él y también a Minato. Zabuza chasqueó los labios frustrado, quería seguir con la tarea que tenía en mano, sin embargo, no le interesaba que Tobirama le viera allí, ya casi tenía en la palma de su mano al detective, por lo que no podía arriesgarse a que le pillara matando a Kakashi.
– Ni creas que esto se ha acabado – le amenazó antes de hacerle una señal a sus secuaces y marcharse de allí a gran velocidad transformados en lobos de gran tamaño.
Así era como habían golpeado la camioneta y les habían tendido la emboscada, con sus propios cuerpos de lobo.
– Ibiki, márchate – le ordenó Kakashi quitándose la chaqueta que llevaba y poniéndosela sobre la herida para hacer presión y detener la hemorragia.
– ¿Qué? ¡No! – se rehusó Ibiki –. Necesitas que te ayude con eso – señaló la herida.
– Estaré bien, no es nada grave. Puedo ocuparme de ello, no te preocupes, pero tú tienes que avisar a la manada cuanto antes de que no todos los antiguos miembros de la manada de Zabuza están muertos. Es hora de pasar a la ofensiva y, para eso, necesitamos información – le dijo con prisa, no quería perder tiempo discutiendo.
– Entiendo, pero... – miró hacia donde debería estar llegando Tobirama con su coche.
– Yo me encargo. Vete.
Ibiki asintió y llevándose la peluca rubia consigo, escapó del lugar. Por su parte, Kakashi no pensaba quedarse ahí para aguantar el interrogatorio de Tobirama, por lo que se subió a la furgoneta de Minato y giró la llave en el contacto. El golpe no debería haber sido tan fuerte como para que el motor se hubiera dañado. El alivio le recorrió todo el cuerpo en cuanto escuchó el rugido del motor, así que sin más dilación, se metió de nuevo en la carretera y se alejó de allí.
Fin del flasback
Kakashi terminó de hacer el nudo con el hilo y cortó el sobrante. Sacó una gasa adhesiva y la colocó encima del corte recién suturado. Cuando terminó, se dejó caer con cuidado sobre la taza del inodoro y no pudo evitar pensar en lo ocurrido. Demasiadas cosas habían pasado en tan poco tiempo, pero lo más impactante fue descubrir que Raiga Kurosuki seguía vivo. ¿Habría sobrevivido alguno más o era el único? No lo sabía, pero pronto lo descubriría.
. . .
"Si en mis ojos ves oscuridad, en mi camino verás sombras".
Los árboles movían sus ramas en la oscuridad de la noche. El ruido del viento se colaba entre las ranuras de los cristales. ¡Aterrador! Es lo que a mucha gente le habría parecido ese silbido.
La casa estaba silenciosa. Todos dormían, menos él. Sus ojos, hinchados por las lágrimas derramadas, ya no podían llorar más. Miraba con atención las ramas del árbol de enfrente moverse. Como garras de monstruos que intentaban arrancar su corazón, creando sombras en su habitación bajo la luz de la luna menguante.
Sentado en su silla de escritorio, el brazo derecho caía sin remedio. Un par de gotas de sangre golpeaban la tarima a un ritmo lento y nada uniforme. El teléfono, con la pantalla encendida, reposaba en la mano ensangrentada.
Bip… Bip… Bip… "El número al que llama está apagado o fuera de cobertura"
Los oídos de Sasuke captaban ese pequeño y lejano sonido. ¡No podía localizarle! Llevaba toda la noche realizando el mismo gesto. Su dedo pulgar marcaba de nuevo y una vez más…
Bip… Bip… Bip… "El número al que llama está apagado o fuera de cobertura"
Podía oler el intenso aroma de su hermano al otro lado de la puerta. Estaba en el pasillo, como un perro guardián, custodiando que estuviera bien, escuchando lo mismo que él escuchaba. El viento… y el teléfono. ¡Ya no podía llorar más! Estaba seco y, aun así, el dolor era más intenso que nunca. Su corazón sangraba sin remedio. Él, que nunca creyó en el amor, ahora estaba en esa situación. ¡Se había enamorado y le habían arrancado el corazón de un tirón!
La vibración del móvil en su mano hizo que, finalmente, Sasuke elevase la mano con una efímera esperanza que fuera Naruto dando una maldita explicación. La palma estaba llena de sangre, fruto de las veces y con la fuerza que había apretado sus puños ante el desgarrador dolor. Ahora, todo estaba en calma, como la calma que precedía a la tormenta, como la calma tras la tormenta, dejando tras ella las consecuencias desastrosas y dolorosas.
Sólo un nombre pudo leer en la iluminada pantalla. Hacía horas que Sasuke había escrito a su compañero y, por fin, casi a las seis de la mañana, recibía la respuesta. ¡No era Naruto!
"A las siete en el viejo sauce del estanque"
Su brazo volvió a caer, esta vez, sin ser capaces sus dedos de sujetar por más tiempo el teléfono, golpeando contra el suelo y envolviendo la carcasa en su sangre. Esperó allí, dejando que el silbido aterrador del viento colándose por cualquier resquicio inundase todo su mundo.
Media hora fue lo que transcurrió hasta que la puerta se abrió. Itachi se levantó con rapidez del pasillo al ver a su hermano. ¡No hablaba! ¡No lloraba! Apenas era un zombie que se movía porque algo debía hacer, un autómata que acababa de perder todos los sentimientos. Miró sus manos. Sangraban por haber apretado tanto, por la ira y el dolor que había sentido y que aún guardaba en su interior.
– Voy… – intentó hablar Sasuke. Su voz se cortó, teniendo que intentarlo nuevamente –. Voy al bosque.
– Te acompaño.
Ni siquiera tuvo fuerzas para negarle esa opción. Jamás vio a su hermanito en un estado semejante y eso sólo hacía que el odio hacia Naruto creciera más. Durante toda la noche, pensó qué estaba ocurriendo, intentaba encontrar un motivo pero… para ser sincero consigo mismo, ahora mismo no le importaba nada, sólo su hermano y su dolor.
Sus padres no quisieron entrar a verle después de la explicación de Itachi. ¡Le han roto el corazón! Fue lo único que dijo cuando volvieron de su cena. De alguna forma debía explicar el desastre de su cuarto. ¡Aún estaba todo por medio! Todos en la casa pensaban que tarde o temprano, se le pasaría el dolor, necesitaba tiempo y por eso mismo, se lo estaban dando.
Bajó lentamente los peldaños de las escaleras seguido por Itachi, hasta que se detuvo en el primer rellano.
– No… hace falta que vengas.
Su voz se entrecortaba constantemente. Luchaba contra sí mismo para poder hablar, para intentar no llorar a cada palabra que decía, por tratar de no pensar en Naruto y lo sucedido.
– Eres mi alfa – dejó caer Itachi ante el asombro de Sasuke – si tú vas, yo iré.
– Yo no soy… un alfa.
– Sin Naruto, el beta pasa a ser el alfa.
No pronunció palabra alguna, simplemente, continuó bajando las escaleras y tomó su chaqueta. Durante todo el trayecto, caminaron. Era raro no ver a su hermano correr por el bosque, de hecho, era raro no verle entrar al bosque. Se mantenía por la carretera. Twain Harte era un lugar realmente turístico por sus pistas de esquí en invierno y por sus excursiones y lagos en verano, pero a esas horas, ningún turista estaba a la vista.
El estanque al norte del pueblo, allí iban. Itachi lo supo en el momento en que olió una fragancia conocida: Gaara. Sentado sobre una de las rocas, esperaba la aparición de los dos lobos que había olido hacía unos minutos.
– Por fin llegáis. ¿Qué era tan urgente? – preguntó mientras se levantaba de la roca.
Itachi se mantuvo a cierta distancia, pero Gaara intuyó que algo iba realmente mal al ver el rostro de Sasuke. Sus ojos hinchados y rojos de haber llorado, sus manos heridas y el no notar el típico aroma que Sasuke desprendía. La química de su cuerpo había cambiado. ¡Tristeza y dolor! Es lo que emanaba de él.
– Necesito… que asciendas – susurró Sasuke.
– ¿A beta? – preguntó un poco desubicado – pero, tú eres el beta y te lo ganaste. No entiendo por qué debería subir…
– A alfa – corrigió Sasuke ante el asombro tanto de Gaara como de Itachi.
Unos tensos segundos de silencio donde nadie sabía el motivo para que Sasuke dijera algo semejante. Él era beta, si alguien debía subir a alfa, era él.
– ¿Te has vuelto loco? – preguntó Itachi notablemente enfadado con esa decisión.
– ¿Qué está ocurriendo? – se alarmó entonces Gaara –. ¿Naruto está bien?
– Ese hijo de puta se ha largado – se enfadó Itachi, consiguiendo que las palabras hirieran a Sasuke, aunque sólo ladeó la cabeza intentando ocultar que lloraría si seguía escuchando el nombre del alfa.
– ¿De qué coño hablas? – se enfadó Gaara al escuchar semejante insulto a su amigo y alfa – no te atrevas a…
– Se ha ido – aclaró finalmente Sasuke – y no sé por qué, pero… estamos solos. Yo no puedo hacerme cargo ahora mismo de la manada, Gaara, ya tengo bastante con intentar superar esto como para tener que proteger a los demás.
Aquella sinceridad abrumadora relajó a ambos lobos. Aun así, Gaara estaba realmente tenso e incrédulo. ¿Cómo podía ser que Naruto no fuera a venir? ¿Por qué irse? ¿Sería por lo de su madre? Nada tenía sentido para él. ¡Hablar con Kakashi! Eso es lo que debía hacer.
– No puede ser que Naruto…
– Lo vi marcharse – aseguró Sasuke – camuflaba su olor y se despidió indirectamente de mí. Necesito que me ayudes a decirles esto a la manada.
– Sasuke, tú eres beta, ellos confían en ti, tienes que decirlo tú.
– Yo no soy objetivo, Gaara. Mírame, ahora mismo, es el cabrón que me ha destrozado y abandonado. ¿Crees que puedo decir eso a la manada? ¿Crees que puedo darles un discursito sobre el motivo de Naruto? ¡Ese mierda ni siquiera me ha dicho a mí, que soy su beta, el puto motivo! – se enfadó Sasuke.
Gaara recapacitó. Era cierto que Sasuke con lo dolido que estaba, era posible que no fuera capaz de medir sus palabras de enfado. Sin motivos aparentes, no podían sacar sus conclusiones precipitadas, o eso pensaba él. Naruto siempre había hecho las cosas por algún motivo, pero reconocía que le dolía que no hubiera dicho nada.
– Maldita sea – se quejó Gaara – está bien. Yo lo diré y asumiré el mando momentáneamente, pero sólo hasta que puedas hacerte cargo.
. . .
– ¡Como broma está bien! Admito que casi me lo he creído – reía Kiba al escuchar semejante estupidez de la boca de Gaara.
– ¿Crees que bromeo con esto? – preguntó Gaara con su tono serio habitual, lo que hizo que Kiba dejase de reír, empezando a creer que iba en serio todo el asunto.
Sasuke permanecía a su lado, cabizbajo y sin pronunciar palabra alguna. Los demás, insólitos ante las palabras "Naruto no vendrá a entrenar, se ha marchado". ¡Solos! Estaban solos y era una información realmente difícil de asimilar.
– Tiene que haber un motivo – susurró Ino, lo que provocó que Sasuke apretase un poco los puños, no por sus palabras, sino dolido por no saberlo, por haber fallado como beta y no tener información de lo que el alfa estaba haciendo –. Naruto no haría algo así, no nos abandonaría. Vamos, chicos… ¡Es Naruto! Me salvó en mi primer celo, me ha ayudado en todos y defendido, nos ha entrenado, acogido en su manada y se enfrentó a otros lobos por nosotros – intentaba defenderle.
– Pero se ha ido – dijo Neji basándose en los hechos – da igual el motivo por el que lo haga o lo que hiciera en el pasado, la cuestión es… que nos ha abandonado.
¡Una brecha! Los que aún confiaban en Naruto y los que veían la situación crítica creyendo que era una decisión errónea. Todos iban a separarse y era lo peor que podía ocurrir a una manada.
– Sasuke debe tomar el control ahora – replicó Neji.
– Estoy de acuerdo en eso – susurró Itachi – él aún está aquí.
– Estoy de acuerdo por ahora, hasta que Naruto vuelva – comentó Ino.
– Si Naruto vuelve… deberá ganarse el derecho a ser alfa – se quejó Neji – aquí todos nos ganamos nuestro puesto y él ha decidido abandonarnos.
– Pero por algún motivo importante, seguro – intentó defenderle Kiba.
– Ya vale – se quejó Gaara – yo voy a tomar el mando por ahora.
Eso sorprendió a todos, porque por jerarquía, le tocaba a Sasuke hacerse cargo, pasando Gaara a beta.
– Me rehúso – dijo Neji – Sasuke debería…
– ¿Quieres enfrentarte a mí? – se enfureció Gaara, haciendo que Neji recapacitase, porque incluso aunque él estaba sólo una posición por debajo del pelirrojo, seguía estando por debajo, lo que indicaba que aún no era capaz de superar su fuerza en la manada.
Todo el ambiente estaba tenso. Deidara mantenía el silencio, sin saber aún bien qué pensar pero apoyando a su novio en todo esto. Sai, por otro lado, parecía confuso con la situación. Él era el más leal a la jerarquía y se notaba que en breve estallaría.
– No pienso obedecer a alguien ilegítimo – se quejó finalmente.
– Sai, escucharás a quien yo te diga – rugió Sasuke esta vez, consiguiendo que Sai bajase su tono al respetarle como superior, en ese instante, el alfa – que quede claro para todos. No voy a ser alfa y estamos en la peor situación que podría experimentar una manada, ahora mismo necesitamos estar unidos y hacer frente al problema. Yo no estoy capacitado en este momento y mi decisión es que Gaara asuma el mando y Neji le apoye como segundo al mando. Necesito que hagas de beta y que todos colaboréis en esto. No es una buena situación pero vamos a salir como sea.
– Pero, Sasuke... – intentó Ino suavizar el ambiente.
– Ino, por favor. Ya me siento bastante mal con todo esto. ¿Crees que puedo ser un buen alfa cuando ni siquiera sé por qué se ha largado ese idiota? No contó conmigo, no me dio explicación ni trató de pedirme ayuda. ¿Qué clase de beta te crees que he sido? Yo te lo diré, uno que no ha podido ayudar a su alfa. No voy a tomar su puesto. Gaara está más capacitado ahora mismo y me gustaría que respetaseis mi decisión.
