Capítulo 31

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Un sonido estridente fue lo que la despertó.

Prácticamente cayó de la cama. El sonido seguia…

-¡Demonios!-. Gruñó con una mano en la cabeza. El pesado libro de cuentos le había caído encima.

Intentó despejarse del sueño. Le dolía horrores la cabeza y no era precisamente por el golpe.

Se había quedado dormida llorando.

Ella había recordado. Había recordado y lloró por todo lo perdido.

Su precioso ángel se había vuelto malvado y ella no pudo evitarlo. No estuvo ahí para ella.

Habían tenido un hijo juntas, pero ella había perdido la oportunidad de criarlo junto con su esposa y la morena había perdido la oportunidad de verla embarazada. De compartir desde el primer momento juntas. Y ni siquiera sabía que era su hijo biológico.

Volvió a oír el estridente sonido y cayó en cuenta que era su teléfono móvil. Al ver quien la llamaba entró en pánico.

Era Regina.

No sabia que decir. Ni como actuar.

La morena parecía no reconocerla… y si llegaba y le contaba que se conocieron en el bosque encantado? Si le decía que estaban casadas? Que Henry es hijo biológico de ambas? Una de dos, o la recibía con los brazos abiertos o la enviaba directo al manicomio.

Dios! No sabia que hacer… y si Regina recordaba? Si sabia quien era? Entonces porque no se había acercado? Porque actuaria como si la odiara? Era porque resultaba ser hija de Tontanieves?

Ave María Purísima por los clavos de Jesucristo redentor ella era hija de Tontanieves!. Viéndolo desde esa perspectiva a ella misma le daban arcadas. Pero no. Regina no era así. Ella aún a pesar de odiar al rey quería mucho a Nieves.

OH POR EL INFIERNO! ERA NIETA DEL MANACIDO DE LEOPOLD!

Ahora si que iba a vomitar.

El teléfono volvió a sonar y esta vez contesto inmediatamente.

-DONDE DEMONIOS ESTÁ INTENTO DE SHERIFF?!-. Tuvo que despegar el móvil de su oído. –SE SUPONE QUE DEBERÍA DE ESTAR EN SU PUESTO DE TRABAJO DESDE HACE DOS HORAS!-. Emma se levanto del suelo, desenredándose de las cubiertas de la cama.

-Lo sé, lo lamento… pero no me encuentro muy bien que digamos-. Dijo mirándose en el espejo del baño. Estaba muy pálida.

-Déjese de escusas! Apuesto que se le pegaron las sabanas! Yo sabía que no tomaría este puesto con respon… -. Se detuvo en cuanto escucho los ruidos al otro lado de la línea. –Miss Swan? Miss… Emma! Emma estas ahí!-. Demonios esos sonidos eran claramente los de alguien vomitando. Dios había intoxicado a la sheriff con su comida? Eso era imposible! Ella y Henry lo estarían también.

Colgó la llamada y salió inmediatamente de su oficina. Cogió su auto y condujo con dirección al departamento de la rubia. Demonios, si la estúpida Swan se había enfermado con su comida, seguro Henry pensaría que intentó envenenarla y la odiaría otra vez. Solo por eso la iría a comprobar.

Al carajo! a quien quería engañar? también estaba preocupada por la rubia. Con lo bien que se estaban llevando ahora.

Al llegar estacionó el coche y se bajó inmediatamente.

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Dios… odiaba vomitar.

Cuando estaba embarazada eso era lo peor.

La sensación de lanzar su estomago completo hacia el exterior. Vomitaba solo con recordar la monstruosidad de abuelo que tuvo. Compartir sangre con ese desgraciado ser, la hacía querer llorar y jalarse del cabello.

Su amada… su ángel… su esposa… fue mancillada por su propio abuelo.

De pronto escuchó que aporreaban la puerta de entrada y recordó que había estado manteniendo una llamada telefónica con Regina. Recogió el olvidado teléfono del suelo el baño, e intento ponerse de pie. Sus fuerzas flaquearon y cayó al suelo. El teléfono volvió a sonar. Otra vez Regina.

-Ábreme la puerta.

-No puedo ponerme de pie-. Dijo la rubia llorando. No escuchó respuesta de la morena por lo que miró el teléfono. Había colgado…

Pronto escuchó como la puerta principal se abría. Se extraño, aún era pronto para que Mary Margaret llegara y tarde para que aun no se hubiera ido. Sus preguntas fueron olvidadas cuando vio por el rabillo del ojo a la morena que era su esposa.

-Que diablos te pasó? Estas hecha un desastre-. Dijo acercándose y poniéndose a la altura de la rubia. Estaba pálida como un papel, ojerosa y tenía los ojos rojos.

-Yo… yo…-. La rubia rompió en llanto nuevamente. Y se aferró fuertemente al cuello de Regina.

-Hey… que te ocurre?-. Dijo la morena sorprendida y asustada. –Te haz enfermado con mi comida?

-No…-. Dijo escapándosele una media risa-sollozo. –No quiero estar aquí.

-Bien, vamos a la sala-. La separó levemente de su cuerpo.

-No, no quiero estar aquí, no quiero estar cerca de ella. Por favor Gina sácame de aquí, te lo ruego-. Rogó desesperada la rubia nuevamente aferrándose a su cuello.

-Que ocurrió? Porque estás así?-. Preguntó totalmente asustada de la reacción chica.

-No quiero estar aquí, por favor, por favor sácame de aquí! Por favor!

-Vale, tranquila…-. Dijo acariciándole la espalda. –Primero tienes que cambiarte ropa, si?-. La rubia asintió con la cabeza, y Regina la separó lentamente de su cuello –Ven, te ayudaré a ponerte de pie. Donde está tu habitación?

-Arriba…

-Okay, te llevaré allí-. Dijo la morena, salieron del baño hacia las escaleras. Una vez llegaron a la habitación, Regina elevó una ceja. –Te caíste de la cama o tienes un extraño romance con el suelo de tu habitación?-. Le preguntó al ver las cubiertas claramente tiradas a un lado de la cama, junto con el libro de cuentos. La rubia dejó salir una pequeña.

-Me caí-. Respondió sentándose en la cama. Mientras Regina levantaba las cubierta poniéndolas nuevamente encima de la cama.

-Te quedaste hasta tarde leyendo?-. Preguntó cogiendo el libro, la rubia asintió con la cabeza. –Y cual es el juicio entonces? Me crees la reina malvada?-. La miró sonriendo.

-Si-. Dijo y la sonrisa de la morena se desvaneció y en remplazo frunció el ceño. –Pero estoy segura que tenias una muy buena razón para volverte malvada-. Dijo sonriendo.

-A sí?... Y que razón tendría para haber matado a miles de personas?-. Dijo siguiendo el juego con una sonrisa. Pero para la rubia fue evidente la tristeza y arrepentimiento en sus ojos.

-Creo que estabas muy triste… sola… y con muy mala influencia-. Le dijo y la morena le miró con una sonrisa incrédula antes de acercar su mano a la frente de la chica.

-Creo que tienes un poco de fiebre. Te dejaré para que te cambies… te espero afuera-. Dijo caminando fuera de la habitación y cerrando la puerta tras ella.

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Como era posible que supiera como se sentía devuelta en su tierra? En el libro no decía nada de eso. Solo hablaba pestes de ella. Jamás contaba su versión de la historia. Se preguntaba Regina sentada en un taburete de la cocina con el libro frente a ella.

Por que le tomaba tanto tiempo a la rubia? Subió nuevamente hasta la habitación y golpeo levemente. No hubo respuesta así que volvió a golpear. Puso la oreja en la puerta para oír algo. Se escuchaban sollozos. Soltando un suspiro abrió la puerta. Ahí estaba la rubia, vestida pero con los codos en sus piernas y la cara escondida entre sus manos llorando silenciosamente.

La morena se acercó sentándose a su lado.

-Quieres hablar de eso?-. Preguntó poniendo una mano en el hombro de la chica. Esta negó con la cabeza –Bien… quieres que te lleve a algún lado?, el hospital, con el Dr. Hopper?-. La rubia volvió a negar –A mi casa?

-No te quiero molestar más…-. Dijo mirándola a la cara.

-Tonterías… además Henry es muy bueno para subir el ánimo. No quiero que crea que te eh hecho algo… Vamos te quedarás con nosotros, haz un Bolso. No se hable más-. Dijo con un tono que no dejaba lugar para discutir.

Okay…

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En cuanto vio a su madre fuera del colegio, corrió a su encuentro. Estaba ahí… como había prometido.

-Hola mamá!-. Saludó con un apretado abrazo.

-Hola cariño. Como te fue hoy?-. Preguntó acariciándole el rostro.

-Bien, saqué 10 en el trabajo que me ayudó Emma… Habrá que recompensarla con otra cena, no crees?-. Dijo moviendo otra pieza de su operación.

-Si… cariño hay algo que tengo que decirte de Miss Swan-. Dijo más seria.

-Se están llevando mal otra vez?-. Preguntó desanimado.

-No, no es nada de eso-. Dijo intentando sonreír –No sé que le ocurrió con Mary Margaret pero… se quedará unos días con nosotros en la mansión.

-Con nosotros en la mansión?, porque no donde la abuelita? Que le ocurrió-. Pregunto extrañado, en su casa fue el último lugar que se le hubiera ocurrido. Que le ocurrió con Mary Margaret? Habría servido el libro y ahora no quería estar cerca de ella por que sabía que era su madre? Eso no tenia sentido o si?.

-No estoy muy segura… pero cuando no se presentó en la estación la llame. No se escuchaba muy bien al teléfono por lo que fui a verla. Supuse que se había enfermado con mi comida, por lo que creí que me culparías diciendo que la había envenenado o algo-. Dijo riendo para relajar el ambiente y luego ambos subieron al auto.

-Entonces… la cuidarás porque se enfermó con tu comida? Quien se enferma con tu comida?

-No está enferma en realidad.

-A no?

-No, solo un poco… triste creo. Y pensé que tú podrías animarla un poco. Eres bueno en eso-. Dijo conduciendo a casa.

-Si está triste deberíamos pasar por helado-. Dijo el niño sonriendo –Siempre me das helado cuando estoy triste…

-Tienes razón, creo que podríamos hacer galletas también.

-Si!, hace mucho que no hacemos galletas juntos-. Contestó muy feliz.

-Bien.

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-Mamá el helado se está derritiendo!-. Dijo el niño desde dentro del auto. Éste simplemente no quería partir.

-Iré a ver si es el motor-. Dijo la morena saliendo el auto.

Diablos. No tenia idea de que podría ser… mataría a ese incompetente mecánico. Se supone que el auto estaba bien en la revisión de hace unos días atrás.

-Cuidado!-. Dijo Henry al ver que su madre se golpeaba con el capo del auto. Iba a salir para ver si podía de alguna forma ayudarla, pero David se adelantó.

-Algún problema?-. Preguntó el rubio acercándose.

-No funciona… acabo de comprar cosas y… bueno este no ha sido un buen día.

-Ah lo revisaré-. Dijo el rubio entrando al lado del piloto –Hola Henry.

-Hola, tenemos mala suerte. El helado se derrite-. Dijo sonriendo. El rubio giró la llave pero nada. Volvió a salir del coche.

-No tiene batería.

-Que?-. Dijo Regina.

-No tengo las pinzas pero puedo llevarlos a casa en mi auto.

-No, no, no, eh… gracias pero no quiero molestar.

-No insisto… a menos que quiera su auto todo lleno de helado derretido, verdad Henry?

-Si!-. Gritó el pequeño haciendo reír a ambos.

-Claro-. Dijo Regina asintiendo con la cabeza. Entonces David sacó las bolsas con ayuda de Henry y subieron a su camioneta.

-Te veo muy feliz… fue bien la escuela?-. Le preguntó el rubio a Henry.

-Si, saque 10 en un trabajo y ahora íbamos a festejar con helado!-. Dijo todo sonriente.

-Solo un poco de helado. Cenaremos pizza casera-. Apuntó la morena.

-Pizza casera eh? Wow.

-Estás totalmente invitado. Cierto Henry?.

-Sí!

-Oh no, no quiero molestar.

-Es lo mínimo que podemos hacer por haber sido nuestro héroe-. Respondió la morena.

-Cierto!, como nuestro caballero de brillante… eh, franela-. Dijo el niño estallando en risas, contagiando a los adultos.

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Puedes dejarlas en la cocina, Henry te mostrará el camino-. Dijo Regina dirigiéndose a su sala.

Ahí estaba la rubia, acurrucada en el sillón, con una caja de pañuelos. Viendo televisión.

-Hey-. Dijo la morena apoyada en el marco de la puerta.

-Ya volvieron.

-Si, pasamos a comprar algunas cosas y tuvimos un pequeño accidente con el coche-. Acercándose a sentarse a su lado.

-Accidente?-. Dijo preocupada la rubia –Están bien? No les ocurrió nada?-. Pregunto cogiéndola de los brazos y examinado su cuerpo, en busca de cualquier herida.

-S.. Si estamos bien. Debería haberme explicado mejor. El coche tuvo un pequeño desperfecto y no quiso encender. David nos ayudó y nos trajo antes de que el helado se derritiera-. Dijo sonriendo. –Se quedará a cenar, Henry y yo lo invitamos… Enserio no quieres hablar de lo que te pasa?

-No, aún no-. Dijo pérdida en los ojos chocolate –No quiero que te preocupes por mi.

-Preocuparme por ti?, Ja! Ya quisieras… me preocupa que Henry se asuste que andes como alma en pena por la casa.

-Mhm, claro… solo por eso-. Dijo con una sonrisa –Sabes que tengo un poder para detectar las mentiras no? Y las tuyas las veo desde la luna.

-Estas segura?

-Uhjum… te conozco más de lo que crees-. Le dijo guiñándole un ojo, a lo que la morena se sonrojó.

-Emma!-. Gritó el niño entrando a la sala, feliz de ver a sus madres tan cerca y tomadas de las manos.

-Hola niño-. Respondió la rubia recibiendo el abrazo del niño.

-Hola Emma.

-Hey David-. Respondió un poco extrañada. Es que este hombre era su padre.

-Mamá dijo que te quedarías unos días con nosotros…

-Si chico, ahora podré comer esas suculentas tortitas de las que hablaste.

-Esto es genial! Podemos hacer pijamadas! Podemos mamá? Di que si!-. Pidió juntando las manos.

-Ya veremos... Bueno yo me voy a la cocina para hacer la pizza-. Dijo levantándose.

-Necesitas ayuda?-. Preguntaron ambos rubios a la vez.

-Alguno sabe cocinar?-. Preguntó con una ceja alzada, a lo que los otros dos adultos se sonrojaron y negaron con la cabeza.

-Yo puedo ayudar mamá?

-Claro bebé.

-Espera… porque él si puede ayudar y nosotros no?-. Pregunto infantilmente la rubia. Causando que los otros tres estallaran en risa.

-Yo puedo al menos ayudar a poner la mesa?-. Preguntó David con la mano alzada.

-Vale… y Emma puede hacer la ensalada-. Sentenció y todos fueron a la cocina.

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La cocina parecía realmente un campo de batalla. Había rodajas de tomate por doquier, el piso completo cubierto de harina. Y era peor la ropa de los intentos a chef.

Todo había comenzado cuando Regina había terminado de hacer la masa y salió al comedor para ayudar a David.

Henry había cogido un puñado de harina y se lo lanzo a Emma. Y la rubia le lanzó un tomate. En cuanto la guerra comenzó, tanto Regina y David volvieron a la cocina para saber a que se debía el ruido, solo para ser cubiertos de harina.

El silencio reinó por unos segundos. Todos atentos a la reacción de la dueña de casa. De pronto las carcajadas de Henry se oyeron y la morena lo silenció con un podo de harina. Causando la risa de los rubios, y volvieron a la guerra. Fue un desastre total.

Afortunadamente Regina pudo hacer la pizza, mientras los otros se encargaron de limpiar y Henry se daba una ducha.

-Creo que deberían de darse una ducha también. Lastima que no tengo ropa de hombre para que te cambies-. Le dijo Regina a David. Por lo que Emma se alegró. Al parecer Graham no dormía aquí, o al menos no dejaba su ropa. Maldito hijo de… tendría que buscar una forma de alejarlo de la morena.

-Ah tú tranquila, si la sacudo bien queda relativamente libre de harina. Pero necesito lavarme la cara.

-Aquí a la vuelta esta el baño de la planta baja-. De dijo apuntando la dirección.

-Tú el que está en la planta superior-. Le dijo a Emma antes de salir de la cocina yendo a su habitación.

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-Mmm definitivamente. Esto es comida de dioses-. Dijo la rubia.

-Mhm Emma tiene razón, tu si que sabes como hacer magia-. Dijo David. Causando que Regina sonriera y Emma con Henry soltaran una pequeña carcajada.

-Mamá es toda una chef! no puedo decir lo mismo de ustedes-. Se burló el pequeño riendo junto con Regina. –Mamá podemos ver una película luego?

-Está bien, de todas formas mañana no tienes colegio.

-Bien, yo lavo los platos-. Dijo David levantándose.

-Yo te ayudo-. Se ofreció Emma y ambos se perdieron en la cocina.

-Fue una buena cena-. Dijo Henry abrazando a Regina.

-Si-. Realmente fue buena. Emma había dejado de estar triste, su hijo se había divertido y ella también.

-Ojalá esto se repita.

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-Entonces… Que pasó? Sirvió el libro? Recordaste algo? Sabes como romper la maldición?-. Pregunto el pequeño esa noche antes de acostarse a dormir.

-Yo… si recordé. Pero, hay otras cosas que también recordé además de eso de la maldición.

-Que?

-Yo… recuerdas la historia de cuando salvé a ese niño de ahogarse?-. El niño asintió.

-Dijiste que casi te ahogas tú.

-Si, así es. Pero… no sé como paso, pero en ese momento luego de hundirme… desperté en un bosque. En EL BOSQUE ENCANTADO.

-Espera… dices que estuviste en el bosque encantado? Cuando?

-Antes de que Regina se convirtiera en reina. Dios Henry… tendrías que haberla visto, era tan hermosa y tan alegre. En el momento en que la vi, creí que era un ángel… -. La rubia le contó todo lo que pasaron en ese tiempo juntas. Evitando obviamente las partes no aptas para un niño de diez.

-Entonces tú y mamá están casadas!-. Dijo el pequeño asombrado.

-Si… y esa parte no lo único. Aún no se cómo, pero alguien nos separó. Yo jamás hubiera dejado a Regina, nunca hubiera permitido que se convirtiera en la reina malvada-. Dijo derramando una lágrima. –La última vez que nos vimos fue en mi tienda, fuera de la casa de Red y Granny. Recuerdo mirar hacia abajo y estar vestida con la ropa con la que llegue al bosque y luego sentir que algo me jalaba. Luego despertar nuevamente en el lago Tempe. Sin recuerdos… sin saber. Sin saber que yo… que yo estaba esperando… un hijo de ella.

-Un hijo de mi mamá?... espera. No puede ser… yo?. Soy hijo biológico de ambas? Pero eso es imposible, no? Las dos son mujeres… o acaso… SON AMORES VERDADEROS! LA MAGIA MAS PODEROSA DE TODAS!

-Eso creo chico. Pero no fue muy complicada la verdad. Fue una jugarreta de Rumple… Rumple debe saber que fue lo que ocurrió!

-Pero el señor Gold no recuerda… aun esta maldito.

-Entonces tendremos que romper la maldición-. Dijo la rubia.

-Mi mamá es mi mamá-. Dijo Henry llorando de emoción.

-Si niño.