Capítulo veinticinco: Cambia, todo cambia

"A veces no hay advertencias.

Las cosas ocurren en segundos.

Todo cambia.

Estás muerto.

Estás vivo.

Y todo sigue adelante"

-Charles Bukowski

Melek la envolvió en un gran abrazo en cuanto volvieron a Arabia, los niños se arremolinaron alrededor de Amads y Eriol y todos se alegraron de verlos volver con bien.

-¿Has podido calmar tu alocado corazón, niña? -casi se burló la general- ¿Encontraron a Ana? ¿Le dijiste lo que tenías que decirle?

Ella sonrió por cortesía, estaba contenta de volver pero no de no haber cumplido su cometido.

-Necesito que tú y yo bajemos. -fue lo que le dijo, seria- Omar y Sila deberían unírsenos, también.

La sonrisa se borró del rostro de la mestiza, quien no tardó en hacerle una seña a uno de sus hombres para que buscaran al resto de los integrantes del consejo de Melek. Eriol y Amads se unieron, también.

-Ana está en Europa. -informó, antes que nada- Sólo Kaios y los esbirros patrullan Arabia, es por eso que aprovecharemos a tomar el país. -soltó la noticia, aunque más bien era una propuesta. Después de todo, sin sus aliados, los mestizos, su plan no podría funcionar tal cual.

-Tomar Arabia. -hizo eco Omar, la mano derecha de Melek- Tomar Arabia de Ana.

-Arabia es el piloto de prueba, podría decirse. -agregó ella- Más adelante, Ana quedará fuera del tablero y tomaremos todas sus tierras.

-Estamos hablando de eliminar a Ana, ¿verdad? -quiso cerciorarse Sila- Una señora demonio, eso es algo imposible.

-No, no lo es. -intervino Melek, una sonrisa comenzó a formarse en una esquina de su boca- Cayó Aaron, ¿por qué no caer Ana?

-Aaron no cayó. -corrigió Eriol- Pero sí, podría decirse que se puede replicar el mismo fenómeno.

-¿Qué dices, Melek? -inquirió Amads, serio y a la espera de su palabra- ¿Nos ponemos en movimiento o seguimos robando migajas de pan y agua a cuenta gotas? -se inclinó sobre la mesa, sus palmas sobre ella.

Tomoyo cruzó los dedos, esta era la oportunidad.

Este podría ser el comienzo de algo, o de todo.

Melek observó primero a Omar.

-…lo hemos intentado antes y con peores números, Melek. -dijo él- Tenemos que deshuesar más almacenes y reclusorios. Tiramos uno y ponen cinco más. -bufó- ¿Quieres mi opinión? -señaló la mesa con su índice, se inclinó hacia la general con su ceño fruncido- Quememos todo y reconstruyamos sobre las cenizas, siempre lo hicimos así.

La general asintió, fue el turno de Sila de ofrecer su opinión al respecto.

-Bueno… -suspiró- No puedo decir que no suena tentador. -admitió- Pero,… la última vez que Kaios estuvo aquí… -observó a Amads de reojo- Nosotros somos muchos, pero uno a uno no podemos enfrentar lo que ustedes tres sí.

-Si te preocupa Kaios, tacha eso de tu lista. -le aseguró el caballero- La próxima vez, no habrán más sorpresas. -dijo él y Tomoyo asintió una única vez.

Algo dudosa, Sila asintió.

-Si tomamos el lugar, podremos mejorar las condiciones de vida. -dijo Eriol- No sólo el agua y la comida, los niños necesitan estudiar y poder jugar. -frunció el ceño- Podremos ayudar a más personas, no sólo los mestizos están pasando faltas en esta parte del mundo y nosotros podemos intentar cambiarlo.

-Podemos lograrlo. -habló ella- Sé que es un gran esfuerzo, pero la recompensa es igual o más grande. -observó a Melek a los ojos, emocionada- Melek, podemos darles libertad. Verdadera libertad. -insistió- ¡Viven hacinados aquí, estos niños merecen una vida mejor y nosotros se las podemos dar! ¡Podemos… -se mordió el labio, afectada- ¡Les podemos dar un futuro, uno mejor que nuestro presente y pasado!

El trío observó a Melek, expectantes. La comandante tenía la última palabra, ella decidía por todos los mestizos de allí porque ellos confiaban sus vidas en ella. Melek no podía defraudarlos, ella no los defraudaría.

-…estamos contigo porque confiamos en ti, Tomoyo. -mencionó la árabe- No nos haz faltado, siempre cumpliste. -Tomoyo asintió, ella no dejaría a las personas que le dieron su primera oportunidad- Y estaremos contigo, estamos contigo en esta, también. -le sonrió- Sé la señora de Arabia, lidera el camino al nuevo mundo.

Llevó ambas manos hacia su rostro, cubrió la enorme sonrisa en el y los ojos cristalinos. Melek y los mestizos estaban con ella, lo había logrado.

-Gracias, gracias… -murmuró- Gracias, Melek.

Se levantó de su asiento y abrazó a la general, esta palmeó su espalda y besó su frente.

-Gracias a ti, Tomoyo. -mencionó ella- Gracias por venir con nosotros, por cuidarnos tanto.

La ayuda era mutua, el desierto y sus mestizos la habían sanado de formas que ni ella sabía que necesitaba.

Más tarde, en la noche, Amads revisó la herida de su espalda mientras los ánimos se reavivaban en las filas.

-Tienes que estar bien si planeas enfrentarte a Ana. -dijo- No sólo eres la reina en esta partida de ajedrez, necesitamos que luches.

Sila, como siempre, tenía un ungüento indicado para su espalda. Naranja chillón y con aroma a tabaco, no sabía con qué estaba hecho y no pensaba preguntar. Sus recetas mágicas, decía ella, el arte de su abuela.

-No soy una reina, no me pongo ninguna corona. -mencionó ella mientras sostenía su camiseta sobre su pecho- Me importa la gente, me preocupo por ellos. Supongo… que ahora tengo el poder para ayudarlos. -observó hacia atrás, él levantó la vista hacia ella- Tú y yo no somos tan distintos, Amads. -le regaló una sonrisa.

-Yo dañé a estas personas en el pasado, mi deuda es con los mestizos de Arabia. -le recordó con pesar- Mi otro único interés es verte cumplir tu objetivo, no creas que mi corazón es tan noble o mi alma tan bondadosa. -una sonrisa agria se formó en la esquina de su boca- No soy un ángel, dulce.

Tomoyo frunció el ceño, pero no agregó nada más. Él terminó de aplicar el ungüento y vendó la zona, ella dejó caer su camiseta en su lugar y el guardó los utensilios en el botiquín.

-Todo listo. -dijo él, sentándose junto a ella en la cama.

Él tenía tantas cosas que decirle, que preguntarle; ella lo sabía sin necesidad de observarlo a la cara. Recostó su cabeza sobre su hombro, él besó su sien y se apoyó en ella.

-Dime. -le pidió- ¿Estás enojado porque me hirió Mirko? -inquirió ella.

Él se tomó su tiempo en responder, se tomó dos minutos, tres, y los nervios incrementaron en ella con cada segundo.

-En Marruecos. -comenzó diciendo él- Con aquel esbirro, tú y ella hicieron algo. -pasó un brazo sobre sus hombros, su mano sobre su cabeza- ¿Qué fue eso? ¿Cómo lo hiciste?

-Obtuve las respuestas que necesitábamos. -se limitó a responder, sabiendo bien a qué se refería él.

-Ella hizo algo, ella estaba ahí. -continuó él en voz baja- Era… diferente. -hizo una pausa- Tú eras diferente.

Ella aspiró su olor y se mantuvo a su lado con comodidad, no quería hablar al respecto.

-Se acerca el cumpleaños de Eriol. -mencionó en cambio- Cumplirá la mayoría de edad.

Él suspiró, ella lo observo de reojo.

-Lo sé, créeme que lo sé. -pasó una mano sobre su rostro, tenso- ¿Qué vas a hacer al respecto?

-Vamos a hacer lo que ya se acordó. -respondió- Siempre que él mantenga su postura, voy a hacerlo mi caballero, así como lo eres tú.

-Entonces seremos dos… -murmuró, pensativo- ¿Piensas crear más caballeros luego de Eriol? -inquirió, serio- Tus primas no, pero otros Pilares han tenido varios caballeros a su disposición. -le comentó- Catherine, antes de Ángel, mantuvo siete caballeros cuidándola y ayudándola con sus deberes.

No, esa sería su respuesta en un principio. Sin embargo, ella no podía ver el futuro, no tenía la bola de cristal de Skull. Ni siquiera había considerado necesitar más caballeros en un futuro, para sus planes. Luciana, con Joel, mantuvo tres caballeros, todos conviviendo con ella bajo un mismo techo. Amads siempre hizo bromas acerca de lo que todos pensaban sobre ellos dos viviendo a solas en el prado.

-Te espera una larga vida, Tomoyo. -le recordó en un susurro. Era raro oírlo llamarla por su nombre, solía hacerlo cuando le preocupaba algo o la situación lo desbordaba- Tienes grandes planes, ambiciosos planes. También tienes grandes enemigos, obstáculos delante de ti.

-Lo sé. -frunció el ceño- Lo sé, por eso agradezco que Eriol acepte ser mi caballero, al igual que tú. -los ojos de ella brillaron al observarlo- No sé qué haría sin ustedes dos a mi lado.

Los oscuros ojos de él la observaron, estaban tan cerca uno del otro que ella podía sentir su respiración en su mejilla. Era… abrasadora, la manera en la que su caballero la observaba cada vez que estaban a solas. Sentía sus entrañas arder, ella sabía que era excitación lo que él causaba en ella. Él la miraba a los ojos, encendido, jamás encontraría esa mirada en su pecho o sus caderas. No, Amads la hacía sentir mujer sin necesidad de dudar de su cuerpo porque él no necesitaba de él para encenderse; no sabía qué veía él en ella, pero siempre sentía que observaba su alma a través de sus ojos. Era una sensación maravillosa, casi espiritual.

-¿Puedo besarte?

Él preguntó, descolocándola por un segundo o dos. Amads jamás pedía permiso para besarla.

-¿Me estás pidiendo permiso? -se rió levemente ante lo ridículo que parecía aquello visto de ese modo- Jamás te detuvo nada.

-No lo sé… -parecía algo… perdido- No quería asustarte, pero me dieron unas ganas increíbles de besarte. -confesó sin pudor.

Se apartó de su lado y ella lo imitó, dándose la vuelta para quedar enfrentados. Sin embargo, él no la besó.

-No, ven. -la tomó de la mano y la hizo levantarse, pararse frente a él- ¿Puedes sentarte en mi regazo? -volvió a preguntar, extrañándola nuevamente, pero obedeció. Asintió y él la tomó por la cintura, ella se sentó sobre su regazo con las manos sobre su pecho y una sonrisa divertida en su rostro- Así.

Y él la besó, ahora sí.

Fuego, si al besarse con Eriol sentía que tenían todo el tiempo del mundo, los besos con Amads eran un incendio forestal. Fuego y pasión, él la hacía estremecerse con sólo un beso y eso… la aterraba.

Ella lo abrazó por el cuello y él acunó su mejilla, la otra mano descansó sobre su muslo mientras devoraba su boca en un beso pasional. Ella intentaba seguirle el ritmo animoso con ansias, él a veces parecía burlarse de ella. Cuando sentía que la cabeza le daría vueltas por la falta de aire, él se separó, pero su boca descendió hasta su cuello y ella gimió con satisfacción mientras él masajeaba su muslo. Una de sus manos se aferró a su nuca, como un ancla, mientras la otra acarició su amplia espalda bronceada.

-Dices esas cosas. -susurró él en su mente, sus labios aún sobre su cuello de porcelana- Dices esas cosas tan bonitas, ¿no sabes… lo que me haces?

Sintió mariposas en su vientre. Sí, ella sabía que las palabras de afecto y agradecimiento lo desarmaban y calentaban su herido corazón. En su interior, él aún era aquel niño que tuvo que crecer demasiado rápido y sin nadie allí.

-¿Sabes…

Él la tomó por sus cabellos, ella sintió una corriente por su columna vertebral al encontrarse con sus ojos encendidos antes de que él volviera a besarla.

-¿Sabes todo lo que causas en mí, Tomoyo?

Ella no cerró los ojos durante el beso, aquello sólo la hizo elevarse más. Las manos de él volvieron a su cintura, la volvió a levantar y ella pasó una pierna sobre su regazo y ella se sentó sobre él una vez más.

Cerró los ojos, su pecho estaba sobre el de Amads y sus lenguas enredadas entre sí mientras ella yacía sobre él.

Las manos de él descendieron, sus palmas sobre su trasero mientras la presionaba lentamente sobre él.

Ella gimió, él alejó su boca de la de ella con el pulso acelerado y el aire escapando a bocanadas.

-Nunca amé a nadie. -confesó él luego de unos segundos, ella abrió los ojos y lo observó- Yo… nunca tuve esto con nadie.

Ella descansó sus manos sobre los hombros de él, un nudo en su garganta.

-… no sé si te amo, Tomoyo. -casi parecía una confesión.

-Amads. -susurró su nombre, afligida- No te estoy pidiendo nada-

-Yo te quiero. -la interrumpió- Te quiero más que a nada en esta vida, yo lo sé. -la tomó por las mejillas, ancló su mirada con la suya- Mírame a los ojos, te quiero.

Ella lo miró, ella lo sabía antes de mirarlo en aquel momento.

-Yo también te quiero. -le hizo saber con palabras- Te quiero a ti y también lo quiero a Eriol. -por sobre todas las cosas, ella tenía que recordárselo- A cada uno, yo lo quiero de forma única.

Él desvío la mirada, ella sintió algo de dolor provenir de él.

-Tú lo amas y él a ti también…-le recordó- Yo, yo…

Ella lo besó tiernamente en la mejilla, no sabía qué más hacer. Lo abrazó, y él a ella.

La respiración se le atoró en la garganta luego de oír las siguientes palabras de él.

-Yo nunca amé a nadie. -volvió a decirle- Pero creo que te amo, porque quiero hacerte el amor, Tomoyo.

Evan se quitó su máscara y su capa, las dejó sobre su cama y se observó frente al espejo.

Era joven, aún para ser en parte bestia, él era joven. Tenía quince años cuando Ofelia apareció en el Zoológico, en su nido solitario, con un par de ojos de un turquesa familiar flotando dentro de un contenedor cilíndrico.

"-El Cielo lo ha decidido, serás el siguiente en portar los ojos que nos representan."

Él no tenía padres, él no tenía parvada. Todos en el Zoológico se mantenían alejados de él, así como él de ellos. Los niños de la guerra, los hijos de los Pilares eran temidos y respetados en partes iguales.

Desconocidos,

Una minoría,

Olvidados.

Eran los hijos de aquellos que partían muy de prisa o abruptamente, de seres nómades y solitarios, alejados de todo y de todos.

Había conservado sus ojos de nacimiento, los ojos ámbar de un ave salvaje del Bestiario, y adquirido, además, los ojos que una vez llevó su madre: los ojos del Pilar del Cielo.

Cuando se dio la vuelta, ya no estaba en su habitación. Paredes blancas y espejos, escaleras y cristales de colores en el techo.

-Sea bienvenido, joven Pilar.

Era Ofelia quien se encargaba de recibirlo siempre, así como de guiarlo por los pasillos laberínticos allí arriba, en el Cielo.

-Han sonado las trompetas, nos informan que Pía arribó en Alemania hace algunas horas. -le informó ella- Seguimos su rastro, dejó humo y mucho fuego en Oslo.

-¿Oslo? -detuvo su paso y observó al ángel- ¿Qué hay en Oslo?

-Qué había. -corrigió ella, guiándolo de nuevo en la marcha- Teques, seis de ellos, y contenedores. -compartió con él- Pía estaba negociando con los otros señores, la moneda de cambio era una nueva tanda de Siervos mejorados con genes de bestias exiliadas.

Frunció el ceño, frente a él el pasillo se bifurcaba.

-¿Quién inició el fuego?

Tintineo, Ofelia lo tendió ante él.

-Lo dejaron atrás. -explicó ella mientras le entregaba la pulsera- Se reportaron varias explosiones, supongo que debieron correr y no pudieron volver por el. -señaló el objeto- No cabe duda, es de uno de ellos.

Evan tomó el objeto frente a su rostro, una pulsera de oro. Los niños más grandes y avanzados de Paz recibían un objeto de joyería hecho de aquel material que les otorgaba su nombre: Oro. Aquella pulsera en particular irradiaba ondas protectoras, un talismán, aquello se debía a Paz. Pues, según habían logrado averiguar, las pepitas de oro con las que se trabajaban aquellas piezas eran nativas del Instituto, con una pureza y agregado únicos que las distinguía de otros.

-El Instituto volvió a moverse. -observó él- Interesante.

-Sospechamos que volvió a moverse por su cuenta, no hay señales de la intervención de otros miembros de la mesa.

-¿Abajo saben de esto?

-Ahora mismo deberían estar hablando con su Pilar. -estimó mientras se detenían frente a unas puertas dobles- Lo dejo continuar, joven. -se despidió Ofelia con una leve reverencia.

Evan suspiró antes de empujar las puertas y abrirse camino, él ya sabía que estaba allí y no hacía falta pedir permiso, puesto que lo estaban esperando.

El techo estaba formado por cristales celestes, amarillos, rosas, verdes y naranjas; la luz del sol atravesaba el techo y salpicaba la habitación con alegría, calidez y paz. Las paredes pintadas de blanco y el suelo de madera barnizada le daban un toque hogareño, familiar. La silla de alto respaldo en la parte más profunda le daba el toque de formalidad, allí se llevaban a cabo las citas con el jefe y Evan, el Pilar de allí, tenía una con él hoy.

-Buenos días, señor. -hizo una reverencia, se quedó unos segundos así antes de volver a enderezarse- Recibí su llamado, Ofelia me ha informado acerca de la situación. ¿Desea que accione de alguna forma, señor?

Sobre la silla, una figura comenzó a materializarse. Un hombre, alto, con túnica blanca y cabellos oscuros con reflejos chocolates. Su rostro desconocido, oculto por una máscara dorada que dejaba entrever ojos castaños y labios finos. La figura de autoridad en el Cielo, aquél que los cristianos llamaban Dios.

-Hola, pequeño Evan. -saludó con un asentamiento- Necesitamos de ti en esta ocasión, así es. -afirmó con voz melodiosa- Los demonios que desafían al Infierno han sido enfrentado por el Instituto de Paz, su señor se enfadará y accionará en represalia. -el albino asintió, de acuerdo- Sin embargo, Paz sigue siendo nuestro aliado y una pieza de importancia para lograr nuestro objetivo. Es por eso que tú, Evan, debes ir hasta Alemania y confrontar a Pía de inmediato.

Aquello sorprendió a Evan, una confrontación tan directa e inmediata. No habían pasado más de dos días desde la última jugada contra Pía, Paz se habían encargado de ello.

-¿Debo dejar en claro que es el Cielo quien desafía a los demonio, señor? -inquirió, necesitaba más detalles para cumplir con su deber perfectamente- ¿O desea que el enemigo sea sorprendido?

-No, necesitamos que la identidad de los cielos quede expuesta. -respondió, seguro- Necesitamos dar un mensaje, que sientan la fuerza de esta alianza más consistente de lo que en realidad es.

A pesar de las jugadas en solitario del Instituto, el Cielo y el Infierno no se habían alejado de la mesa, como sí lo hizo el Zoológico. Tomoyo y su gente seguían jugando bajo la misma bandera, pero no siguiendo la misma jugada. La verdad sea dicha, la mesa unida era más una fachada que una realidad hoy en día. Sin embargo, parecía estar funcionándoles a todos, de momento, o eso hacían pensar.

-Comprendo. -asintió- Necesitaré unas horas para encontrar una buena oportunidad, pero no pasará de hoy que Alemania sentirá la ira de los cielos, señor. -volvió a realizar otra reverencia, la reunión estaba finalizando.

-Sé que así los harás, pequeño Evan. -asintió- Oh, antes de que se me olvide. -mencionó, llamando la atención del Pilar- El Valle de las Plumas se encuentra momentáneamente obstaculizado, me temo que no podrá visitar a su querida madre por el momento.

-¿El Valle? -se alarmó- ¿Qué sucedió en el Valle, señor?

El Valle de las Plumas era un plano celestial muy cercano al Cielo, casi un paralelo a lo que era el Pantano de la Cruz con el Infierno. En el, descansaban santos, ángeles, vírgenes y las almas de los Pilares del Cielo. El Pilar del Cielo podía buscar paz y consejo con sus antecesores; Evan, además, podía visitar a su madre. Varios meses atrás, Aaron había quebrantado la barrera para ingresar junto a Sakura para llevar a cabo un ritual, en el cual un ángel perdió la vida, así como sus alas. Mucho antes, el Pilar del Infierno se había colado para robar varios objetos consagrados que, luego, fueron entregados al Puen Tum.

-¿Han violado la seguridad del Valle, señor? -se alteró, no pudo mantener su preocupación a raya. Después de todo, era todo lo que le quedaba de su madre, junto con los ojos que ahora cargaba.

-Esta mañana se encontraron irregularidades. -informó- Luego de la última vez, optamos por tomar precauciones. Ahora mismo están llevando a cabo un recuento de seguridad, queremos estar seguros de no perder a nadie más. -agregó en tono tranquilizador- No se detectó ninguna infiltración, podría tratarse de un intento fallido. En cuanto tengamos novedades, le informaremos para mantenerlo al tanto.

Antes de que pudiera comentar al respecto, las puertas se abrieron y Evan observó en su dirección. Cuando volvió la vista hacia el señor, ya se había marchado.

Luciana y Uriel se hallaban frente al carnero, ya todo el mundo estaba al tanto del fracaso de Pía.

-Pía va a contactar con Aaron. -informó Uriel- Cuando él se entere de lo que sucedió, va a ordenar tomar represalias contra Paz y sus chicos.

Sí, no hacía falta ser un genio para llegar a esa deducción, pero ella no estaba allí para señalar lo obvio.

-¿Cómo es que nosotros manejamos menos información que Paz? -le preguntó ella al demonio de ojos cian- ¿No tenías ojos y oídos atentos, Uriel? -señaló ella en voz despreocupada- ¿No era tu trabajo?

-No empecemos con cuál es el trabajo de cada quien, Luciana, porque te aseguro que no estás en condiciones de. -pidió entre dientes, ambos frente al jefe del Infierno.

-Aaron no estará contento. -tomó voz por primera vez- Sino moviliza al Aviario, será a las serpientes.

Luciana apretó sus manos en puños.

-No sabemos nada de las serpientes. -mencionó Uriel- Pero sigo buscando en África.

-Adivino. -habló ella- Me toca atender el Aviario.

-Tienes que rastrearlo y seguirlo de cerca. -fueron las órdenes para ella- Debemos cuidar la mesa de Paz, no podemos perder este Consejo. -bramó antes de desaparecer en la oscuridad.

Ella asintió, aunque perseguir el Aviario sería un reto, al menos ella tenía una pista que seguir.

Ambos salieron de la habitación sumida en la oscuridad, cada uno con sus órdenes dadas. Uriel le mantuvo el paso y ella sabía que sólo la estaría provocando.

-Un Pilar sin caballeros es un Pilar indefenso. -murmuró él- Tres de tres, déjame decirte que podrías haberlo hecho peor.

Ella no respondió, apuró el paso.

-Sin embargo, no eres inmortal y tampoco irremplazable. -le recordó bruscamente- Necesitamos que estés al cien por ciento de tu capacidad, que no nos des problemas.

-Yo nunca fallo. -le recordó ella- Ocúpate de lo tuyo y yo de lo mío, Uriel.

Pero él no se quedó callado y el pasillo parecía interminable en aquella ocasión.

-Te crees Dios pero eres de carne y hueso. -espetó- En el Aviario te siguen superando uno a doscientos, sino es que más. Si te toca enfrentarlo, ¿cómo planeas salir con la frente en alto y por tu propio pie? -le cortó el paso, uno frente al otro- No tienes a nadie cubriendo tu espalda, no creas que me preocupas por ser tú, sino que todavía tienes que cumplir con tus deberes aquí. -entrecerró sus ojos, se cruzó de brazos- ¿También defraudarás al Infierno que te dio el regalo de la vida, Luciana Daidouji?

-Voy a seguir como seguí siempre, sola. -espetó entre dientes- Si esta es la vida que me regaló el Infierno, con gusto se la devuelvo. -gruñó mientras se abría el paso, logrando llegar a la puerta de salida.

Cruzó un portal hacia su plano, Fuuma la esperaba sobre el sofá, boca arriba, jugando con sus colas. Eran ella y Fuuma, por ahora. Nunca estuvo sola del todo, aún incluso cuando estuvo con Aaron en aquel horrible lugar. Uriel no estaba errado, aunque ella jamás se lo reconocería en voz alta, ella necesitaría apoyo si debiese enfrentar a Hancock y sus aves. Eran muchos y eran fuertes, tal vez podría ganarles, pero no salir con vida de allí. Pero no, había decidido no tomar más caballeros si no era algo de vida o muerte. Después de todo, siempre podías contar con mercenarios de ser necesario.

Recordó la osa preñada que Joel capturó cuando estaba buscando al doctor, aquella bestia exiliada. Hoy en día era muy difícil encontrar una bestia exiliada, muchas se habían escondido cuando el Zoológico salió a cazar sacrificios para el Infierno; muchas otras cuando Pía contrató a los osos polares en Europa. El instinto de supervivencia era su Norte, ninguna sería tan tonta para tomar semejante riesgo. Luego, ella supuso, estarían las incubadoras del doctor. La situación estaría dura, pero ella sólo tomaría bestias si debía tomar un ejército.

Los gatos, recordó. Era un ejército del cual nadie conocía su paradero, pero del cual todos conocían su valía. Gatos contra aves, le pareció una buena apuesta.

Y, si de matar pájaros se tratase, ella sabía que podía matar dos pájaros de un tiro.

-Fuuma, nos vamos. -informó, sabiendo a quién debía de encontrar- Andando.

El zorro corrió y saltó hacia sus brazos, ella lo recibió gustosa, con ojos escarlatas, mientras abría un portal que la llevase hacia Sakura. Luego de haber robado su sangre en el Instituto, podía enlazarse a ella con un extra más de energía.

Seguía siendo tarde en la noche en Francia, no podían arriesgarse a quedar al descubierto pero tampoco ir a un hotel. Dejaron atrás la zona céntrica y se arriesgaron a la zona residencial en busca de refugio. Todo estaba tranquilo, ni siquiera los perros callejeros asomaron sus narices tras su paso.

-¿Cuánto tiempo debemos esperar para volver a París? -inquirió Kero, resguardado dentro del abrigo de Sakura.

-Mirko está advertido, si la fiesta sigue en pie luego de hoy, no contemos con que la seguridad será humana. -masculló la bruja, atenta a las ventanas de los hogares a oscuras.

-Eso si Gia todavía nos deja seguir con esta misión. -le recordó él- Marco y Tania se quedaron al margen, pero no dudo que ya informaron a Kelian.

-¿A Kelian? Ja. -se jactó ella- Tania habrá ido directo con Gia, que no les quepa la menor duda. -gruñó, deteniéndose frente a una residencia- Pero, ¿qué crees? -le sonrió a su compañero en medio de la noche- Sin nosotros, ellos morirán si siguen con el plan.

Sueño se materializó frente a las narices de su ama.

-En el segundo piso, una pareja en una habitación. -le indicó ella- Por favor, hazlos soñar hasta el mediodía, Sueño.

La carta asintió y se marchó a cumplir con la petición, ni lenta ni perezosa.

-Ven, Shaoran. -ella tomó su mano y lo jaló hacia la entrada- Pasaremos la noche aquí y ya veremos en la mañana cómo volver a París.

Tomó unas hebillas de su cabello, le tomó treinta segundos abrir las rejas y otros veinte la puerta de la casa. Sueño se reunió con ellos, Sakura le agradeció y ella volvió con sus hermanas. Cerraron las cortinas y volvieron a cerrar las puertas, se limitaron a encender sólo la luz de la cocina.

-Marco te ofreció una salida. -mencionó él luego de tomar un vaso con agua del grifo, ella lo observó desde su lugar en el sofá- Si Tomoyo no hubiese intervenido, nuestra situación sería otra.

-Tú hubieras sido asesinado y yo capturada, lo sé. -asintió mientras tanteaba la herida en su pecho- Pero no confío en Marco, no confío en los niños de Gia.

Él rodó los ojos, casi divertido.

-No confías en nadie. -murmuró, casi para él mismo, pero ella logró escucharlo.

-Confío en ti, Shaoran. -le recordó, algo herida- ¿Por qué iba a dejarte atrás? -frunció el ceño- Tú, Kero y las cartas son mis compañeros, son mi familia. Cuando acepté aliarme con Gia, no cambié mis lealtades. -soltó un quejido, la quemadura estaba cicatrizando dolorosamente- No dejaré a nadie atrás.

El peluche, preocupado, echó un ojo a la herida y, por su rostro, no le gustó lo que vio.

-Esto va a tomar tiempo, creo que me excedí. -se lamentó- Lo siento, Sakurita.

La bruja dejó de observarlo para acariciar a su guardián.

-No te preocupes, estamos aquí para tomar un descanso y recuperar energías. -le regaló una sonrisa cansada- Hiciste lo que te pedí, no cometiste ningún error. -acarició su cabecita, él cerró los ojos ante sus mimos- Ve arriba, debe haber una habitación libre. Descansa un poco, tomaré el primer turno.

-¿Segura? -dudó.

-No voy a descansar nada hasta que no cicatrice, de todos modos. -admitió, resignada- Ve, en la mañana volveremos a correr y necesito que estés bien descansado.

Sabiendo que era la verdad, les deseó un buen descanso y se despidió escaleras arriba. Shaoran volvió a servir agua en su vaso, pero se lo ofreció a ella.

-Gia dijo que iba a enseñarte a controlar ese sello. -recordó él- No te lo he visto usar antes.

-No, tienes razón. -aceptó, junto con el agua- Sin embargo, sólo quise demostrarle a Mirko con hechos, y no sólo palabras, que debería tenerme en cuenta con seriedad. -murmuró antes de beber el agua.

La última y única vez que él vio aquel sello en acción, Sakura había quedado paralizada, adolorida. Incluso, había perdido la conciencia.

-¿Cómo es que lo controlas? -se sentó a un lado suyo, se apoyó sobre sus muslos con cansancio- ¿Usas fuego?

Ella se tomó un minuto antes de responder, un minuto en el cual observó el suelo en silencio.

-El sello está hecho con la sangre de Aaron, no lo controlo completamente.

Él escuchó con atención.

-A decir verdad…. -ella sonrió, una sonrisa forzada- Sería mejor admitir que no lo domo por completo, no me obedece.

Shaoran presionó sus manos juntas, jugó con sus nudillos mientras el sonido de las respiraciones de ambos se fundían con el silencio de la noche. El nombre de Aaron traía recuerdos, amargos y dolorosos recuerdos. Él no era el pasado, seguía siendo el presente a pesar de la distancia.

Y eso pesaba, más de lo que admitían ambos.

-Este sello me lo hizo mi padre. -confesó él mientras le enseñaba sus palmas desnudas, rígidas- Yo tenía cinco años, había comenzado a entrenar con la espada.

Él jamás le había contado aquella historia a nadie, jamás hablaba de su padre y nadie preguntaba por él.

-A los ocho años, mi padre me obsequió la espada que llevo siempre conmigo aquí dentro. -siguió hablando- No pude mover los brazos por tres días, tardé una semana en controlar el temblor en las manos. El metal, el filo del arma… a veces sentía como si la espada se moviera por mis venas. -dijo él, recordando la sensación- Cortando, arañando desde dentro y manteniéndome aterrorizado.

-Una sensación fantasma. -comprendió ella- Como la comezón en una pierna amputada, la carne que no está pero el cerebro no lo termina de asimilar.

El se rió.

-Yo sentía una espada fantasmal recorriendo mi cuerpo, hubiera preferido la comezón. -bromeó a medias, ella sonrió- Sin embargo, nada de eso me preparó para la primera vez que activé el sello para sacar la espada… -negó en silencio, podía sentirlo como si hubiera sido ayer- Todas mis terminaciones nerviosas se sacudieron. Yo veía mis manos, no había nada allí. -elevó aún más sus palmas- Pero mi cabeza, en mi mente, yo sentía que la espada estaba perforando desde dentro para salir al exterior, para escapar del interior de mi cuerpo. -balbuceó en un intento de expresar exactamente lo que sintió ese día- Cuando comenzó a salir, no había sangre. Ni una sola gota, pero mi mente me engañó y yo comencé a gritar de dolor, necesitaba que el tormento terminase, era una tortura.

Sakura cerró los ojos, ella sabía exactamente de lo que estaba hablando él. Incluso, lo imaginó. A un pequeño Shaoran, el que vio en aquellas fotos que le enseñó Shiefa la segunda vez que visitó China, gritando del dolor, sufriendo.

-Dolió menos la segunda vez. -dijo- El dolor se convirtió en un cosquilleo a la cuarta vez. -cerró sus manos otra vez, las dejó a un lado suyo en el sofá mientras se recostaba sobre el respaldo- Hoy sólo siento una calidez en las palmas, como una brisa veraniega al alcance de mis manos. No duele, ya no duele como aquella vez.

Ella asintió, ella esperó que algún día todo fuera tan sencillo.

-Un sello mágico no tiene demasiada magia. -explicó él- Acelera la descomposición de materiales, como, por ejemplo, el metal de mi espada. Además, ayuda al sistema a soportar la cantidad adicional del mismo, a que no se elimine del sistema o enferme al huésped. -aquello se lo habían enseñado de joven, en aquellas lecciones impartidas por su madre- El cuerpo del huésped debe adaptarse, es muy extraño que un huésped rechace un sello… -dirigió sus ojos hacia su pecho, donde estaba el sello del contrato- El tuyo no es un sello ordinario, no sigue este orden.

Sakura palpó la zona por sobre la tela, la acarició con las yemas de sus dedos en una caricia fantasmal.

-Mi sello es, además, un sello de enlace. -asintió- Y no obedece mis órdenes, sino las de su dueño. -explicó con pesar- Gia dijo que podía tratar de manipularlo afectando mi propio bienestar, ya que el sello se extingue en cuerpos inertes y sin vida. -sonrió sin ganas- En simples palabras, sólo se retrotrae cuando me encuentro en peligro de muerte.

Shaoran recordó la orden de Sakura a su guardián.

"-¡QUÉMAME EL PECHO!"

No la pierna, no un brazo o su espalda. Sakura había dado la orden específica de quemar su pecho. El impacto y la quemadura afectarían los pulmones, las vías respiratorias directamente y, en algunos casos, detener el corazón.

-…no eres inmortal, Sakura. -murmuró, sintiendo ahora el gran riesgo de tal acción- Puedes parar tu corazón, no sabes si-

-Gia casi me rompe el cráneo contra una pared, Shaoran. -lo interrumpió, soltando cada palabra entre dientes- El sello no se movió ni un solo centímetro. -le dijo ella- Ni uno solo.

Él respiró, tomó una gran inspiración antes de frotarse la cara con ambas manos.

-¿Cuántas veces has hecho esto antes? -quiso saber él.

Necesitaba saber él.

Ella pensó la respuesta, tal vez socavando la posibilidad de engañarlo, evaluar si él podría soportar su respuesta.

-Dos. -terminó por admitir- Gia quiso estar segura de que no fue una casualidad, y no lo fue. -suspiró, cansada- Es la primera vez que Kero lo hace, él está al tanto de todo y puede trabajar bajo presión. -hizo una pausa- Lo hizo bien hoy, ahora estoy segura de que podrá mantenerme a raya.

-Hablas de ti misma como si fueras un… -se mordió la lengua, no pudo terminar la oración.

-¿Un monstruo? -rió ella, esta vez parecía realmente divertida. Él no respondió, ella se tomó un minuto o dos para volver a hablar- Mientras más rápido asimiles que eso es lo que soy, más rápido te darás cuenta que este no es tu lugar, Shaoran.

Entre enfadado y confundido, él la observó de nuevo, pero ella ya se estaba levantando para acercarse a la ventana y observar detrás de la cortina.

-Faltan seis horas para el amanecer. -le informó- Ve a descansar con Kero, te despierto en dos horas para cambiar la vigilancia. Kero tendrá el último turno. -lo observó detrás de su hombro- Buenas noches.

No quiso marcharse, pero tampoco quería volver a hablar sobre el tema sin terminar. Entonces, él siguió su consejo y se marchó.

"-Te amo. -afirmó con un nudo en su garganta- Pero tú a mí ya no. -sonrió con tristeza- Si te sedujera para engañarme a mí misma de lo contrario, sería el monstruo que crees que soy"

Tal vez todos ellos eran monstruos,

Tal vez aquello no estaba mal.

Gia estaba tomando el té en la sala de los Li cuando Kelian entró con prisas, llamando su atención.

-Eso fue rápido. -sonrió mientras dejaba la porcelana sobre la mesa ratonera- Creí que llegarías de Tokio en la noche. -observó el reloj de su muñeca masculina- Son pasadas las dos de la tarde, Kelian. -apretó los dientes en una sonrisa más forzada- Dime, ¿qué sucedió?

La señora Li se encontraba fuera, impartiendo clases a los jóvenes magos de la familia Li y Meiling estaba en el Concilio, consiguiendo unos papeles para el verdadero Shaoran. Claro, nadie sabía que ella no era el verdadero Shaoran.

-Daisy llamó. -dijo él- Interceptó unos mensajes de Sean. -le tendió unos papeles y ella casi se los arrebató de la mano.

"La subasta fue interrumpida, Pía está destinada al fracaso y nosotros también si dejamos que ella siga liderando.

-Sean"

Luego de leer aquello, observó al joven mago en busca de más respuestas.

-Hubo una subasta en Oslo hace poco menos de dos días. -contextualizó- Investigamos, un edificio está envuelto en llamas que el agua no puede extinguir.

-En Oslo. -repitió, confundida- Allí no hay nada, sólo… empresas fantasmas en las que lavan dinero. -dijo, aún sin entender- ¿Qué subastaron? Y, lo más importante, ¿quién se enteró antes que nosotros? -escupió entre dientes.

Luego de la caída del Aviario, ella había sido los ojos y oídos de Paz. ¿Quién más estaba siguiendo los hilos y uniendo los puntos?

-Los testigos declararon oír una serie de explosiones y, previamente, algunos disparos. -continuó relatando el mago.

Cerró los ojos, ¿cómo pudo ser tan tonta?

-Los niños de Paz, claro. -negó- ¿Sabemos que se subastaba?

Él volvió a tenderle otros papeles, eran imágenes captadas satelitalmente. Tenían fecha de dos semanas atrás. Tres camiones de refrigeración, sin custodia. Entraron por un estacionamiento subterráneo, no pudieron observar lo que descargaban, pero eso no importaba ya.

-Entonces el lote se terminó antes de lo que pensamos… -entrecerró los ojos, necesitaba pensar- Supongo que ya no importa, ahora que Paz lo destruyó.

-¿Quieres que vaya a Oslo y me cerciore? -ofreció.

-No. -negó de inmediato- No, no. No vamos a arriesgarnos a ser descubiertos, voy a confiar en los niños de Paz por esta vez.

El asintió, no volvió a mencionar la idea.

Gia se levantó del sofá, caminó a un lado de la mesa y se colocó a espaldas de su pequeño consentido. Colocó sus brazos por debajo de sus axilas y abrazó su pecho, recostó su cabeza en su espalda, en la base de su cuello. Cuando Kelian era más joven, ella solía abrazarlo de aquella manera cuando necesitaba pensar. Él era una roca, era su ancla y le recordaba el por qué ella hacía lo que hacía.

-Quería robarlos para nosotros. -le confesó en un murmullo, planes ahora inútiles- Hubiera sido el golpe maestro, con eso hubiéramos dejado a Pía en el borde de la cornisa. -frunció el ceño, enojada con su viejo amigo- No le hubiese quedado otra que saltar, porque Aaron no perdonaría tal error.

-Aún podemos hacerlo. -insistió él- Todavía tenemos con qué forzarla a saltar, madre.

-Mmm… tal vez. -aceptó, desanimada.

-Sí, todavía podemos. -insistió, alzando sus brazos para abrazar los de ella sobre su pecho- El laboratorio sigue en Francia, el doctor no debe estar muy lejos.

Ella se paró sobre las puntas de sus pies, Shaoran seguía siendo más bajo que Kelian y ella seguía con la fachada de su cuerpo.

-Te lo dije, no podremos llegar a él. -murmuró junto a su oído- El doctor es el arma secreta de Aaron, está más guardado que Pía, más guardado que Aaron cuando huyó con Sakura.

-Yo voy a llegar a él. -prometió- Yo voy a conseguirlo para usted, madre.

Lo abrazó un poco más fuerte, Kelian era su favorito de todos, su favorito de siempre. Ninguno de sus niños se dedicó tanto a ella, ninguno la quiso tanto o más que Kelian.

-No prometas imposibles, no me gustaría verte fracasar. -soltó su agarre lentamente- Centrémonos en lo que verdaderamente podemos hacer.

Gia se separó de él, se acercó hacia la ventana mientras evaluaba su siguiente movimiento. Kelian se volteó hacia ella, a la espera de nuevas órdenes.

-…okey, creo que ya lo tengo. -dijo para sí misma- Sí, esto es lo que quiero que hagas. -asintió- Envía apoyo a Daisy, necesito seguir a Sean a sol y sombra, él será nuestro caballo de Troya y debemos estar al pendiente de sus planes.

-Julio y Serafina están en la Patagonia, puedo reubicarlos. -ofreció.

-No. -negó ella- Michael y Sonia están en Venezuela, envíalos a ellos. -ordenó- Con la cabeza de Joel en el Zoológico, es obvio que Luciana comenzó a moverse otra vez. -masculló- Si nosotros sabemos lo de Oslo, Luciana ya habrá recibido órdenes. Dejaremos de seguirla, por ahora.

-Entendido. -asintió él.

-Y necesito despejado los túneles, ¿tienes noticias de Tania? -inquirió, algo ansiosa- Si no mal recuerdo, hoy debía llevarse a cabo el operativo.

-Sakura y Marco informaron que el Puente arribó en París el día de ayer por la noche. -respondió- Les ordené seguir el encuentro e informar sobre cualquier cosa que sucediera. Espiar, pero no interferir.

El espíritu atrapó la lengua entre sus dientes, Sakura no podía seguir una orden como aquella y ambos lo sabían muy bien.

-¿Y tenemos noticias el día de hoy?

El silencio de Kelian lo fue todo.

-¿Qué hace Tomoyo en Francia? No ha salido de África en meses. -gruñó.

-Según Sakura, ella iba a encontrarse con Mirko. -respondió él- Desconocemos el objetivo final, lo siento.

-Bien. -espetó- Yo iré a Tokio, tú vete a París y asegúrate de que tengamos esos túneles limpios hoy. -ordenó entre dientes- ¡No podemos quedarnos atrás, se supone que estamos a la cabeza! -gruñó, fiera- ¡Maldición!

Y Gia desapareció en una tormenta de hojas verdes, dejando a Kelian con las manos atareadas.

Una vez que el sol amaneció, Sakura y Shaoran se pusieron en movimiento. Tomaron algo de ropa prestada de la pareja a la cual dejaron durmiendo plácidamente antes de sumergirse en las calles de Lyon. Todo el mundo hablaba del gran apagón en París, la energía eléctrica había regresado hace una hora y todo el mundo hablaba sobre terroristas, una masa preocupada.

-Oscuridad lo hizo muy bien. -elogió Shaoran- Y tú, magnifico. Utilizar la energía de la red eléctrica fue una gran estrategia, nadie sospecha nada.

-Sí, tal vez lo hicimos demasiado bien. -masculló, pensativa- Recuerda que necesitamos movernos esta noche, como lo planeamos. Creo que tal vez no debimos interferir, como ordenó Kelian. -cerró los ojos, maldijo por lo bajo y Shaoran la tomó por el codo y la llevó a un lado de la calle.

-Oye, tranquila. -murmuró, observó a los alrededores para asegurarse de que nadie los estuviera viendo- Ella sigue enfadada, no pensó lo que dijo.

-Ella tiene razón, fui una tonta al llegar como si nada hubiera sucedido. -escupió, enojada con sí misma- Si jamás me perdona, está en su justo derecho. Soy yo la que debe aprender a vivir con eso, no puedo expiar todos mis pecados. -lo observó a los ojos, suspiró por lo bajo- No basta con sentirlo, Yue tenía razón.

Las palabras se atoraron en su garganta, no pudo decir lo que pensaba al respecto. Al menos, no en ese momento. No ahora, no mientras corrían por sus vidas.

-Nos preocuparemos por ello más tarde. -dijo él- Vámonos, necesitamos encontrar un vehículo para llegar a París rápido y sin levantar sospechas.

Las carreteras estarían vigiladas, no tenían documentos para tomar un avión y la policía estaba resguardando toda clase de autobuses, incluso los turísticos. No podían ir a pie, sería muy sospechoso y tomaría mucho tiempo, usar magia alertaría a todos de inmediato.

-¡Rayos! -maldijo Shaoran mientras se escondían en una tienda de recuerdos, un esbirro estaba hablando con la policía dos cuadras adelante y ellos tuvieron que desviarse- No llegaremos nunca así.

-Podemos olvidarnos de Gia si no le conseguimos lo que quiere, maldición. -escupió ella.

Kero se asomó fuera del abrigo de Sakura, observó los alrededores en busca de una idea, de una iluminación divina, cuando el ruido de las aspas giratorias de un helicóptero cortaba el aire y llamaba su atención. Estaban frente a un hospital, uno muy grande, el cual contaba con helipuerto. Recordaba haber visto una película sobre niños con cáncer, el compañero de habitación de uno de ellos estaba esperando un trasplante de hígado. Fue al final de la película, él creyó que el órgano jamás llegaría, pero lo logró a último momento.

Había llegado en un helicóptero del hospital.

-Sakura, Sakura. -llamó él, jaloneando de sus cabellos- Creo que tengo una idea, una muy alocada idea.

La parte difícil no fue ingresar al hospital, una red de mentiras abría muchas puertas. Tampoco fue difícil llegar a la azotea, las escaleras de incendios no tenían cámaras de seguridad ni alarmas integradas. No, la parte difícil fue hallar al piloto, puesto que ninguno de los tres sabía pilotear un helicóptero.

Volvieron a la planta baja luego de descubrir que el piloto había abandonado el transporte divino, necesitaban obtener su identidad y ubicación. Habían transcurrido veinte minutos desde que habían visto el helicóptero en el aire, el sujeto debía encontrarse allí todavía.

Sakura buscó una enfermera, la más joven e ingenua que pudo encontrar. Preparó unas lagrimas al borde de sus ojos y corrió hacia ella, debía ser la actuación de su vida; digna del Óscar.

-¡Señorita, señorita! -la llamó, tomándola del brazo con desespero mientras le sonreía como loca- ¡Necesito su ayuda, por favor, señorita! ¡Tiene que ayudarme, oh, por favor! -se sujetó con fuerza de su brazo, casi la tira al suelo.

-Por favor, tranquilícese y dígame lo que le sucede. -pidió, alarmada- Vamos a urgencias, vamos a ayudarla.

-¡Pero si me han ayudado ya! -mintió con maestría- ¡Mi familia! ¡Mi familia fue ayudada por un ángel que descendió de los cielos! -las lágrimas corrieron por sus mejillas, abrazó a la enfermera de improvisto- Ayúdeme, necesito encontrar al ángel que iluminó a mi familia en este día maravilloso. -la tomó por las mejillas, amplió su sonrisa a su máxima capacidad sin parecer una psicópata- Llegó a tiempo, voló a toda velocidad y nos trajo un milagro empaquetado en una caja refrigerante. Necesito su ayuda. -repitió ella- Salvó su vida, nos dio una segunda oportunidad… ¿Dónde está él? Necesito agradecerle en persona, por favor.

Las manos de Sakura descendieron hacia sus hombros, sus rodillas se debilitaron y la joven enfermera la tomó por los brazos para que no se derrumbara en el suelo; todo el mundo en la sala de espera las estaba observando.

-¿Puede llevarme con él para agradecerle por traerme este milagro, por favor? -rogó, suplicó.

Si no lo lograba, estaban jodidos.

En la sala de enfermeras, comiendo un sándwich mientras coqueteaba con una enfermera con cabello escarlata y labios oscuros y rellenos. Sueño noqueó a las dos enfermeras a la vez que Shaoran y Kero ingresaban.

-Mi ángel. -sonrió ella- Ayúdeme con un milagro o dos, se lo pido de corazón.

Estuvo a punto de atacarla, a mano limpia, con sólo sus puños. Era grande y fornido, quizás boxeador en su juventud. Sin embargo, ella no tenía paciencia en aquella ocasión, así que le enseñó sus ojos alquitrán y una sonrisa más grande que la del gato Chesiré.

Estaban en el aire diez minutos más tarde, esperaba que Marco y Tania estuvieran dispuestos a continuar con el plan. O, de lo contrario, arriesgarse con ella a lo que fuera para cumplir el objetivo.

El hospital de París era un caos, el apagón había traído accidentes de trafico, domésticos y algo de paranoia, así que nadie notó un helicóptero sobrevolando el helipuerto. Ellos saltaron, el aterrizaje del helicóptero sería problemático y ellos ya tenían suficiente preocupación respecto a aquello con lo que se encontrarían en París.

-Ustedes nunca se aburren, ¿verdad?

Claro que encontrarse con Luciana en la azotea no era para nada lo que ellos esperaban.

-Lu… -murmuró, tomada por sorpresa- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué sucedió?

La rubia los observó mientras buscaba algo en el bolsillo de su chaqueta.

-Te estaba buscando. -le enseñó cuatro cartas en su mano- Recibí distintas señales, así que vine aquí a investigar.

Oscuridad, Disparo, Gemelos y Laberinto salieron disparadas hacia la mano de Sakura; había querido marcharse de inmediato para recuperar sus cartas, Tomoyo no le había dado tiempo de recuperarlas en su huida.

-Gracias. -murmuró, aún extrañada.

-Mirko y yo tuvimos nuestros… problemas en el pasado. -comentó la rubia, observando el paisaje- Soy persona no grata en sus tierras, pero supongo que el espectáculo en la ciudad no fue porque sabían que venía… ¿Me equivoco? -entrecerró los ojos en su dirección- Ni siquiera voy a preguntar por qué están juntos ustedes dos, ni te voy a preguntar si están trabajando con Gia porque ya sé que es así. -hizo una pausa, ellos no dijeron nada- Porque yo sé que es así. -repitió y Sakura rodó los ojos, mas no habló- Casi los atrapan y de todas formas volvieron, por lo que deduzco que aún tienen una tarea pendiente aquí.

-Ya no tengo ocho años, no necesito que me ayudes con mi tarea de matemáticas, Lu. -espetó- No me malinterpretes, estoy contenta de volver a verte pero este no es el momento. Créeme. -gruñó lo último.

-Eres pésima en matemáticas y eres aún peor siendo una niña de Gia. -se burló, trayéndole a la bruja el recuerdo de la vieja Luciana, la que se había perdido entre tantas idas y venidas- Créeme tú, el papel de sumisa te queda pésimo. Nosotras no somos niñas de nadie, no podemos serlo.

Luciana y Sakura se observaron la una a la otra, nunca antes se habían sentido tan estrechamente unidas como ahora, luego de ambas admitir estar arruinadas por el mismo demonio. Shaoran no quería interrumpir el momento, pero seguían corriendo para ponerse a salvo y aún tenían una misión que cumplir.

-¿Qué necesitas, Luciana? -preguntó lentamente, como se le hablaban a las fieras para no sorprenderlas- Tenemos toda Francia buscándonos, no podemos seguir aquí arriba, al descubierto.

La rubia asintió.

-Puedo llevarlos. -ofreció.

-No podemos. -descartó Sakura- Tú lo has dicho, todavía no terminamos aquí.

-Entonces dime a dónde los llevo, abriré un portal y seguiremos nuestra conversación allí. -suspiró- Yo también tengo el tiempo contado, necesito que me ayudes con algo.

Ambos brujos se observaron, el departamento de Tania y Marco tal vez estuviese limpio a estas alturas. Luciana podía saber de su trato con Gia, pero el espíritu no debía estar al tanto de aquello.

-No nos pueden ver contigo. -le dijo a la rubia- No puedo tener a Gia en su lado malo, ella no va a estar muy feliz si se entera.

-No importa la sonrisa en su rostro, ella siempre está en su lado malo. No te dejes engañar. -recomendó mientras abría un portal en el suelo- Los llevaré a un lugar seguro, podrás contactar con los tuyos allí. Mientras tanto, hablaremos. -dijo- No tomará mucho tiempo, te lo aseguro.

De nuevo, se observaron entre ellos.

-No tenemos nada mejor. -le recordó su compañero- Y el tiempo no se detendrá, así que vamos.

Luciana, al oír aquello, se dejó caer en picada y los otros tres la siguieron. Aterrizaron en un departamento, Shaoran se acercó a una ventana y pudo ver la Torre Eiffel a lo lejos. Sakura lo imitó, no estaban tan lejos de su viejo lugar allí.

-Ten. -Sakura atrapó el teléfono satelital que la rubia tomó de un cajón- Estamos en Lafayette al mil quinientos, a cuatro kilómetros de la Torre. Llama a los tuyos, voy a estar en la otra habitación; ven cuando termines. -indicó antes de partir.

Sakura no dudó, Luciana no era de la que te ponía una trampa, ella te sacaba la información de frente o a los golpes. Podía manipularte, pero no le gustaba el espionaje como tal, así que marcó sin dudarlo. Shaoran se colocó a un lado suyo para oír.

-Hable. -fue la voz de Marco.

-Hola Marco, ¿todavía tienes los panecillos que te di? -inquirió con voz grave- Se me antoja algo dulce para pasar el mar rato, ya sabes.

No respondió de inmediato y, cuando lo hizo, fue la voz de Tania.

-Eso fue rápido. -chilló- ¿Dónde están?

-No tan lejos como piensan. -fue Shaoran el que respondió- Pero hay mucho tráfico, nos demoramos más de lo debido. ¿Dónde están?

-¡Tienen suerte de que nuestra madre no haya llamado aún, tanta suerte! -la acusación en la voz chillona de la bruja los hizo alejarse del teléfono- ¿Por qué-

-No estamos para panecillos de chocolate, la fiesta se canceló. -Marco debió arrebatarle el teléfono a Tania, puesto que de fondo se escucharon quejas y más quejas- Sin embargo, habrá un espectáculo de fuegos artificiales hoy a las ocho de la noche.

Sakura observó alrededor de la habitación en busca de un reloj, eran las once con treinta y siete de la mañana.

-Me encanta, ¿dónde nos juntamos? -quiso saber- Vamos juntos, les ayudamos a preparar las cosas.

-Escuela, una hora.

Y colgó.

-…rayos. -masculló Shaoran- ¿Por qué siento que esto será peor que el plan de Gia? -inquirió entre dientes, tirando de sus cabellos.

-Porque estamos acorralados. -respondió con simpleza- Y tú sabes lo que sucede cuando un animal es acorralado… no piensa, sólo actúa para sobrevivir.

Ella masajeó sus sienes, iba a ser un día muy largo y agotador.

-Ve qué quiere Luciana. -le pidió- Todo habrá sido en vano si nos descubren con ella…

-Sí, lo sé. -asintió- Lo sé.

Sakura se marchó y Shaoran se quedó a solas con Kero. El peluche se acercó a la ventana, había mucho tráfico y varias personas en la calle con prisa.

-Vamos a tener que explotar las bombas, ¿podrás hacerlo? -preguntó mientras sus pequeños ojos seguían una ambulancia abrirse paso entre los autos.

Shaoran no quería hacerlo, pero debía. Así que sí, tendría que poder.

-Sí. -verbalizó su repuesta- Voy a hacerlo.

-¿Y por qué? -inquirió con el ceño fruncido, esta vez observándolo a la cara- Sakura está con Gia porque no podemos hacerlo solos, es la única forma de acercarnos más a Pía y detenerla. Con Aaron fuera, Pía es la única que irá tras de Sakura y su familia. -le recordó- Ya no amas a Sakura, ya no estás más con ella. ¿Qué haces aquí, qué haces con Gia? -su tono era uno de reproche, mezclado con verdadera confusión- Volviste a China, tienes a tu clan y tu familia. ¿Por qué no te alejaste, por qué no lo dejaste?

Eran buenas preguntas, eran muy buenas preguntas con respuestas muy complicadas. Una cosa llevó a la otra, estaba enterrado hasta la coronilla cuando quiso darse cuenta. Sin embargo, jamás vio el rechazo como una posibilidad. Nunca se planteó dejarlo ir.

-...Kelian se ofreció a entrenarme, me siguió a China y se quedó conmigo por un tiempo. -comenzó explicando, tratando contarlo todo claro- Gia vino con la armadura una noche. -levantó su playera y reveló la remera sin mangas que todos llevaban bajo la ropa, el símbolo del clan Li en la espalda- Cuando me di cuenta, ya estaba en el Concilio como representante de la alianza y trabajando para ella… -hizo silencio, le pareció ridículo y se rió de ello- Sólo… ocurrió.

-¿Sólo ocurrió? -gruñó, incrédulo- ¡No pones en riesgo tu vida y la de tu familia sólo porque sí, así nada más!

-… lo sé. -admitió mientras pasaba una mano por su rostro, estresado- Pero no lo pensé para nada, sólo lo hice. -agregó.

Nunca tuvo que pensarlo, siempre se sintió como el camino a seguir. Lo inició con Sakura y, luego de separarse, lo siguió de la misma manera. Quizás siguió junto a Gia porque sabría que, tarde o temprano, sus caminos volverían a enlazarse. Desde los once años que su vida estaba unida a ella, quizás no sabía seguir sin ser parte de su camino.

Tal vez debería aprender a ser más independiente y comenzar un propios camino… pero no le veía el sentido, de momento.

Volvió a aquella piscina llena de hierbas, flores y sangre. Se sumergió, sus ojos como dos pozos de alquitrán, y comenzó a canalizar energía para poder comunicarse con él.

El cuerpo de Aaron era un cadáver, podía ver las larvas amarillas sacudirse debajo de su frágil y descompuesta carne, las moscas alrededor del tejido blando de sus ojos esperando por un bocado. Ella había visto mucho en si larga vida, para nada más desagradable que aquello.

-El Instituto interrumpió la subasta, incineraron el edificio y destruyeron los contenedores. -admitió con rabia, ya no podía maquillar la verdad con ninguna mentira, con ninguna escusa- Sean estaba allí, volvió a… desafiar mi autoridad.

Observó el suelo, ni siquiera se atrevió a mirarlo a su putrefacta cara.

-Europa está al setenta por ciento, están trabajando duro para retomar el resto que queda y volver a funcionar con normalidad. -le comentó.

-… ¿Asia? -logró balbucear, su voz le causó escalofríos.

-A-Asia está al cincuenta, el Concilio de China sigue pisando fuerte y los magos y brujos se niegan a someterse. -admitió otro fracaso- Rusia es la única que se mantiene al cien. -Yona tenía mano de acero y no tenía reparos en derramar sangre- Sin embargo, con bajas que pudieron evitarse, mano de obra perdida. -eso sí, para nada redituable.

-Agh… ak.

Respiró hondo, el olor a descomposición era potente y se encontraba concentrado en aquel espacio vacío y reducido. Sintió el suelo pegajoso bajo sus pies y tuvo miedo de no poder retener la bilis.

-Re-fuer-zos. -logró mascullar- Arruinaste… agh… oportunidad.

Y ella fue expulsada de allí.

Para corx ba, que devoró Reencuentros y Sorpresas para continuar con Listos o no 3 ¡Espero lo disfruten! ¡Vienen muchas sorpresas!