Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.


Thank you iambeagle for trusting me with your story!


Capítulo 27

—No puedo creer que me vas a dejar.

—Tenía que pasar tarde o temprano —dice Emmett sonriendo—. Aunque estaremos al final de la calle, así que no creas que estás completamente libre de mis travesuras. Te he dado lata por doce años. —Una mirada de orgullo transforma su cara—. No puedo ni quiero detenerme.

Bufo una carcajada, pero aplasto la emoción que se hincha en mi pecho.

—¿Eso es lo último? —pregunta Rose, saliendo de la casa. Tiene una pequeña caja apoyada en la cadera y se protege los ojos con la otra mano. El sol decidió salir hoy, algo por lo que estoy agradecida. Si estuviera nublado y gris, no creo que sería de aceptar tan bien esto.

Em toma la caja que carga ella y se dirige al camión de mudanzas.

—Dios, va a ser muy raro sin ustedes aquí —murmuro, mirándolos.

Rose me sonríe gentilmente.

—Te mudarás pronto, ¿cierto?

Asiento.

—En una semana. Hay un apartamento de una habitación como a diez minutos de mi trabajo. No es mucho, pero tiene lavadora y secadora en el lugar lo cual es honestamente un sueño. Por supuesto que cuesta un jodido brazo y una pierna, pero cualquier cosa en la ciudad está a ese precio.

—Dímelo a mí —suspira Rose—. Pero es maravilloso. ¿Los demás se quedarán en la casa?

—Estoy muy segura que Alice vivirá para siempre en el sótano. Y Jasper se acaba de mudar hace unos meses, así que sí. Él también se queda.

—Por cierto, esos dos se están acostando —dice Emmett sonriendo al caminar de regreso a nosotras.

—¿Por qué lo crees?

—Lo vi bajar una vez al sótano.

Pongo los ojos en blanco.

—Sí, claro.

—Lo juro.

—Siempre piensas que todos se están acostando —señalo.

—Pues tenía razón, ¿no? Sobre ti y Edward.

Mi estómago se cae ante la forma casual en que lo menciona.

—Sí. Tenías razón.

Rose le golpea el estómago.

—Bien, ¿ya terminamos aquí?

—No —dice seriamente—. Ahora que lo pienso, en realidad no he visto a Jasper desde que bajó ahí.

—Bien, ahora sólo estás jodiéndome —digo sin emoción alguna.

Se ríe con demasiada fuerza.

—No estoy bromeando, pero como quieras. Salte de aquí mientras puedas.

—Eso haré. En una semana.

—Podemos venir a ayudarte —se ofrece Rose.

—Eso sería genial. No tengo mucho, pero lo apreciaría. —Aparte de lo que está en mi habitación, todo lo demás se va a quedar.

Los tres nos quedamos ahí parados sin movernos.

—¿Quieres venir a comer pizza? —pregunta Rose con amabilidad. Creo que puede notar que me siento un poco emocional porque Em se va a mudar, pero está siendo lo suficiente amable para no decírmelo directamente.

Rechazo su oferta.

—No, no. Ustedes vayan a disfrutar su nueva casa. Desempaquen, pónganse cómodos.

Em sonríe.

—Y por ponerse cómodos se refiere a bautizar cada superficie del lugar.

Rose y yo gemimos al unísono.

Adiós —digo directamente, rodando los ojos. Em me jala a un abrazo, lo cual se transforma en él envolviendo su brazo alrededor de mi cuello y tallando sus nudillos contra mi cabeza—. Dios, no voy a extrañar esto —murmuro y lo empujo, peinándome el cabello.

Sonríe.

—Claro que sí.

Rose y yo compartimos un abrazo rápido antes de que ellos se suban a la troca. El camión de mudanzas se aleja de la acera, Em saca la mano por la ventana para decirme adiós. Le devuelvo el gesto, esperando hasta que desaparecen de mi vista y dejo que se asimile el agridulce final de una era.

XXX

No disfruto particularmente de llorar en terapia. De hecho, intento evitarlo, a pesar de que sé que eso anula el propósito de intentar ser vulnerable.

Pero hay un día cuando no puedo contenerme sin importar qué tanto me esfuerce.

Emily dice que necesitamos revisar algunas de mis experiencias de la infancia. Me dice que cierre los ojos, respire, me relaje y cuando esté lista, visualice a una Bella más joven. De cualquier edad. Me río a medias – es raro, pero me incita a concentrarme.

Me pregunta dónde estoy visualizando a mi yo más joven y le digo que en casa de Charlie, en la cocina. No sé por qué, sólo aparece. Pregunta cómo me sentía a esa edad y, una vez más, medio sonrío, sintiéndome incómoda. Emily no me regaña, pero me dice que no seré capaz de aprender nada de esto si no me lo tomo en serio.

Con una respiración profunda, recuerdo el momento en el que estoy pensando – la primera vez que Renee se fue, o al menos, la primera vez que fui capaz de comprender que ella no iba a regresar.

Emily me pregunta qué estoy sintiendo en el momento que estoy recordando. Es una pregunta muy simple, pero es jodidamente difícil de responder. Con los ojos todavía cerrados, siento las lágrimas detrás de mis parpados. Intento imaginar exactamente cómo me había sentido, pero es difícil de identificar. Sólo recuerdo la confusión – una urgencia por arreglar el momento, de ayudar a Charlie antes de ayudarme a mí misma. No recuerdo haber llorado. Ni siquiera recuerdo estar alterada, no frente a él… porque no quería que él se pusiera triste.

Emily sigue guiando la conversación, diciéndome que necesito estar ahí para mi yo más joven. Que justo ahora, mi rol aquí es mantener a salvo esta versión de Bella y reconectar con ella, escuchar cómo se siente por dentro. Porque nadie pudo hacer eso por mí mientras crecía.

Es entonces cuando me derrumbo.

Me tapo los ojos con las manos, sollozo en ellas, uso mi camiseta para limpiarme la nariz. No puedo evitarlo – y de verdad lo intento – pero las lágrimas no se detienen.

Emily se queda en silencio por un momento, luego sigue. Dice que reprimir mis emociones como adulta afecta en todo. Que necesito ser compasiva y darme cariño cuando las emociones que desencadenan esto aparecen – necesito apoyarme en ellas, sentir curiosidad de por qué se despiertan ciertos sentimientos. Entre más profundo escarbe, más me voy a sintonizar conmigo misma.

Las lágrimas no se detienen, pero por una vez, no estoy llorando por perder a Edward y no estoy llorando por Renee. Estoy llorando por mí, y se siente más sanador que cualquier otra cosa.

XXX

—¿Tienes un minuto para hablar?

Ben está parado cerca de mi cubículo, hay una sonrisa tímida en su rostro. Ha estado actuando raro desde nuestra interacción hace meses, un poco formal. Creo que mi rechazo fue una llamada de alerta para que fuera más profesional y no coqueteara con sus jodidos empleados. Es lo mínimo que podía hacer.

—Podemos hablar —digo, golpeteando el escritorio con mi pluma—. ¿Qué sucede?

—Estamos a meses de abrir el centro de logística en Santa Barbara —dice, sus ojos azules están concentrados en mi cara.

Asiento, apartando mi mirada de la suya y moviendo unos papeles en mi escritorio.

—Cierto. ¿Cómo va todo eso?

—Bien. ¿Estás disponible para viajar allá la siguiente semana? Creo que sería bueno cubrir ese acontecimiento en redes sociales. Visitar algunas de las granjas con las que estaremos trabajando, echar un vistazo al detrás de cámaras.

—¿Sólo yo? —Lo que de verdad estoy preguntando es si él irá.

—No. Yo estaré ahí. También Paul y María. —Golpetea con sus manos la partición que me rodea. Hace mucho eso – pequeños movimientos ansiosos. Golpetea con sus manos, se truena los dedos.

—Creo que sí. ¿Qué días estaremos fuera? —pregunto, mirando mi calendario pegado a la pared.

—Del miércoles al domingo. Tal vez regresemos el lunes.

Mi mente va inmediatamente a Edward y si es que se presentará o no la oportunidad para verlo. Me contengo de preguntarle a Ben si habrá tiempo libre.

—Seguro, iré. Gracias por preguntar.

—Genial, le pediré a Leah que reserve tu vuelo y tu habitación de hotel. Mantente al pendiente del itinerario.

—Lo haré.

Asiente, la sonrisa tímida sigue presente antes de irse.

Cuando se va, mi corazón comienza a latir rápidamente. Abro Google Maps y reviso qué tan lejos está Santa Barbara de LA. Está a dos horas, que podrían ser más con el tráfico quizás. Pero está más cerca que Seattle. En definitiva, es posible.

Esto hace que mi cabeza de vueltas, la posibilidad de ver a Edward la siguiente semana. Si él quiere, claro. Pero no puedo imaginar que no quiera. Si su email de hace semanas es alguna indicación de cómo se siente, entonces no tengo ninguna duda de que querrá verme.

Agarro mi teléfono y le mando un mensaje sin pensarlo dos veces.

Estaré en Santa Barbara la siguiente semana por trabajo. ¿Crees que tengas tiempo para vernos? De verdad me gustaría verte.

Edward responde al instante, esta vez no se toma toda una semana para responder.

Absolutamente. ¿Qué días estarás ahí?

Le sonrío a mi pantalla.

Del miércoles al domingo, quizá el lunes también.

Sólo avísame cuándo y dónde, y haremos un plan.

Comienzo a responder, luego me detengo un par de veces antes de optar por un cauteloso, Bien.

Él hace lo mismo, aparecen sus burbujas y desaparecen, pero sin enviar nada en realidad.

Estoy jodidamente emocionada por verte, agrego, porque me siento valiente y él merece saberlo.

Yo también. ¿Puedo llamarte antes de esa fecha? ¿Está bien?

Mi estómago se revuelve con anticipación.

Sí, me encantaría.

O sea, ¿esta noche? Pregunta.

Con una sonrisa todavía en mi rostro, escribo .

XXX

No me separo de mi teléfono por el resto del día. Mantengo el volumen alto, lo reviso de vez en cuando para asegurarme de que no se haya apagado, o haya muerto, o le haya pasado cualquier otra cosa extraña que nunca antes ha sucedido pero que me separaría de hablar con él esta noche.

Me ocupo preparando la cena, me baño e incluso organizo mi armario porque ya se me terminaron las cosas por hacer y necesito distraerme. Estoy ansiosa, emocionada. Para cuando llama, cerca de las ocho, estoy en el sofá fingiendo estar tranquila.

Respondo en el primer timbre, ni siquiera intento pretender estar relajada.

—Hola —digo, preguntándome si puede escuchar la sonrisa en mi voz.

Bella. —No me había dado cuenta que extrañaba el simple placer de escucharlo decir mi nombre—. ¿Cómo estás?

—Estoy bien. ¿Y tú?

—Bien —dice con cansancio—. Mentalmente exhausto, pero bien.

—¿Has estado muy ocupado con tu trabajo?

—Sí —es todo lo que dice—. Pronto comenzaré a trabajar con un nuevo proyecto y me quieren en Chicago.

—Oh. O sea… ¿te mudarás, o…?

—No. Sólo durante un mes.

—Podría ser genial —comento, no estoy segura de qué decir—. ¿Has estado ahí antes?

—Nop, pero estoy esperando que llegue el momento. ¿Cómo te va en el trabajo?

—Muy bien. Sigo enfocada en redes sociales y así.

—No sé si lo notaste, pero hace tiempo empecé a seguir el Instagram de la compañía. —Sí lo noté—. Me gustan tus publicaciones —dice con dulzura—. En especial cuando publicas memes sobre café.

—Oh. Gracias. —Sonrío, enredándome un mechón de cabello en el dedo—. Si de mí dependiera, toda la cuenta sería de memes.

—Y si dependiera de mí, publicarías más contenido contigo en él.

Oof. No estaba esperando que fuera así de directo.

—Pues… estoy intentando vender café. No a mí —me río ligeramente—. Puede ser un poco raro.

—Supongo. —Se queda callado—. Entonces, ¿de qué trata este viaje de trabajo? —pregunta, suena genuinamente interesado.

—Abriremos un segundo centro de logística. Dos de las granjas con las que nos asociamos están en las laderas de Goleta, la cual está justo afuera de Santa Barbara. Nos vamos a reunir con algunos granjeros para fortalecer un poco las relaciones de negocios. Y yo documentaré algunas mierdas para publicar en redes sociales y alborotar a la gente. —Hago una pausa, riéndome por hacerlo parecer tan importante—. Supongo que la gente en realidad no se alborota por una suscripción mensual para una caja de café. Tal vez se alborotan por el café, pero… —Edward se ríe y me toma por sorpresa—. ¿Qué? —pregunto.

—Nada.

—Dime.

—Eres bonita. Escucharte hablar sobre el trabajo y eso… sí.

—Oh.

—Me gusta escucharte cuando te emocionas. Lo he extrañado.

—¿De verdad? —pregunto en voz baja.

—Entre otras cosas. —Mis mejillas se calientan, mi corazón explota—. ¿Estoy siendo muy directo? Puedo… contenerme.

—No. No, me gusta. Estás siendo honesto y es dulce, así que… no te detengas, por favor.

—Bien.

—Me salí de la casa —digo para cambiar el tema—. Igual que Emmett.

—Lo sé.

—¿Él también te contó sobre mí?

—Pues sí, pero sólo porque yo le pregunté.

—Oh.

—Pregunto sobre ti todo el tiempo —admite en voz baja y mi estómago revolotea—. También pienso en ti todo el tiempo. Sí. Creo que eso lo cubre.

—Edward, yo… —Su honestidad enciende algo dentro de mí, algo que hace que la idea de abrirme a él se sienta segura—. Tú también siempre estás en mi mente. Has estado ahí desde el día en que te fuiste.

—Esperaba que dijeras eso. —Se aclara la garganta—. ¿Qué más ha pasado? ¿Qué tal tu nueva casa?

—Está bien. Es algo raro vivir sola.

—¿Por qué?

—Pues sólo he vivido contigo y con Emmett. Él y yo nos mudamos juntos cuando teníamos 19, luego tú te uniste a nosotros a los 22. —Mi garganta se cierra un poco—. Ustedes eran mi familia. Es sólo que a veces extraño la dinámica.

El tono de Edward se suaviza.

—Seguimos siendo tu familia.

—Sí. —Trago—. Puedo mostrarte mi casa, si quieres. Es pequeña, pero me gusta. ¿Podemos hacer una llamada de FaceTime?

—No… sé.

Me crispo ante sus palabras, pero me recupero rápidamente. No puedo esperar que las cosas sean perfectas entre nosotros y sé que va a tomar tiempo regresar a dónde estábamos, como amigos y románticamente.

—Está bien —digo tranquila—. Puede que sea demasiado y muy pronto, y…

—Bella, no. No es que no quiera —me interrumpe, exhalando en el teléfono—. Es que… no te he visto en más de tres meses. No quiero que la primera vez que te vea sea a través de una pantalla. Quiero ver lo real.

Mi corazón se hincha por su franqueza. Amo lo sincero que está siendo ahora, dejándome cero espacios para cuestionar sus intenciones, el cómo se siente.

—Aunque —dice, su tono de repente es ligero y juguetón—, es muy tentador tomar lo que pueda conseguir justo ahora. Tal vez deberíamos llamarnos por FaceTime.

—¿Sí?

—Sí. Hagámoslo.

—Dame un segundo. Necesito ponerme una blusa —bromeo.

Su gemido llena mi oído.

—¿En serio, Swan?

—Lo siento, fue un mal chiste.

Su risa se escucha sin aliento y pronto me encuentro mirando su hermosa cara. Unos familiares ojos verdes, el cabello un poco más corto, más claro, pero sigue siendo un desastre. Con una piel besada por el sol, miro sus labios curvarse en la sonrisa más dulce del mundo. Se ve increíblemente bien, incluso mediante el jodido FaceTime.

—Dios, es tan bueno verte —exhala, sus ojos se arrugan en las comisuras.

—Dime por favor que ese brillo es real y no que ahora usas spray para broncearte.

Su risa es genuina, ilumina todavía más su cara.

—Tenemos algo en LA llamado luz solar. ¿Has escuchado de ello?

—Claramente no desde hace tiempo. Estoy jodidamente pálida por aquí.

Se ríe de nuevo.

—Cállate. Te ves hermosa. —Mi estómago se tensa—. Jodidamente hermosa —añade, y es mi turno de reírme.

—No deberías decirlo.

—Es cierto, lo eres.

—No, me refiero a que no deberías decir jodidamente. No te queda, en absoluto. Suenas como un anciano intentando estar en onda.

Sonríe y resopla una carcajada.

—Entonces puedo decirte hermosa.

—Seguro. Quiero decir… si eso es lo que piensas, o como sea.

—Sí lo pienso. O como sea —imita mi tono.

Dios – esto. Esto es lo que extrañó. Las bromas, el coqueteo. Su tono juguetón que crea un sentimiento de ligereza en mi corazón, mi estómago y mi cabeza. A pesar de todo el dolor entre nosotros, es claro que siempre tendremos un lugar especial el uno por el otro. Siempre seremos capaces de seguir donde nos quedamos. Esta es la parte fácil, pero sé que tenemos mucho trabajo por delante. Por ahora, aceptaré felizmente la comodidad que existe entre nosotros.

—Entonces… ¿quieres un tour?

—Ya no —dice, medio sonriendo—. Preferiría verte a ti.

Mis mejillas se calientan y las siento arder más que antes porque esta vez él puede verme.

—Todavía provoco eso en ti, ¿eh? —pregunta, medio coqueto, medio sexy. Su sonrisa ya no está, fue reemplazada con algo más pesado. Algo que se parece mucho a la lujuria.

Me mojo los labios.

—Supongo.

—Tú todavía me afectas también.

—Que bueno —digo, sintiéndome valiente por su admisión.

Seguimos tranquilamente la conversación, ambos nos ponemos al corriente sobre lo que hemos hecho para llenar nuestros días. Él habla de su trabajo, incluso expresa un poco de molestia por uno de sus compañeros que constantemente intenta ganarle en todo. Habla mierdas sobre el tráfico, pero sólo tiene cosas buenas que decir respecto a la comida. Le gusta su apartamento, a pesar de que sigue muy vacío – al parecer, no se ha sentido motivado para decorar. Eventualmente admite que los primeros días en LA fueron difíciles porque todo en lo que podía pensar era la vez que fuimos juntos. Le digo que para mí tampoco ha sido fácil aquí. Ambos nos quedamos callados después de eso.

Cuando vuelve a salir el tema de Santa Barbara, es por iniciativa de Edward. Vacila un poco, pero sugiere ir desde LA y quedarse ahí mientras yo esté allá. Puede pedir unos días libres en el trabajo, entretenerse mientras yo estoy ocupada y rentar su propia habitación de hotel. Lo pienso y todo lo que dice suena jodidamente maravilloso. Pero se ve preocupado, como si fuera a rechazar su idea – puedo verlo en sus ojos. Cuando sigo sin responder, él sigue hablando, diciendo que tiene más sentido que él se quede en Santa Barbara que tener que manejar de ida y vuelta todas las tardes. No nos dará tiempo suficiente, dice. Y todo lo que quiere es tiempo.

—Bien —digo después de un momento—. Si te parece bien… estoy de acuerdo.

El alivio inunda su cara.

—¿En serio?

Asiento.

—No me gusta la idea de uno de nosotros manejando de ida y vuelta. Y creo que será bueno tener tiempo para hablar apropiadamente. Porque… necesitamos hablar.

—También lo pienso.

—O sea, hablar de verdad. No el tipo de charla que estamos teniendo ahora. No charlas divertidas.

—Bella —dice con gentileza, con comprensión—. Lo sé.

—Bien.

—Entonces… avísame en cuál hotel se quedarán y rentaré una habitación.

Mi corazón se siente tan lleno, y tener esto por delante enciende todos esos sentimientos que han estado dormidos durante los últimos meses. Como el deseo, la emoción, el anhelo.

—Sí —digo—. Te avisaré.

Su cara se ve tan jodidamente dulce con sus cejas alzadas y los ojos esperanzados.

—¿Tal vez pueda llamarte de nuevo mañana?

Mi estómago revolotea.

—Puedes. ¿Tal vez alrededor de la misma hora?

—Tal vez. —Sonríe e imito su expresión—. Definitivamente.


Pues les traigo la actu extra de este fin de semana, votaron en el grupo de Facebook y (para nada) sorprendentemente, esta historia fue la vencedora.

Volviendo al capítulo, lo he dicho mil veces y lo repetiré mil más: me encanta la dinámica entre estos dos. Muchas querían saber de Edward, él regresa a la historia no se preocupen. Y ahora sí en el siguiente capítulo conoceremos el contenido de ese sobre 😉

Gracias por sus reviews, si les gustó el capítulo no olviden dejarme sus comentarios 😊

Nos leemos el miércoles con la siguiente actualización.