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Capítulo 24: En plena tormenta

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Ver a su amiga Valka y a su jefe Stoick con un bebé de pocos meses de edad era una dicha que le causaba emociones conflictuadas. Era claro que ella estaba feliz por su amiga, pero también era un constante recordatorio del sacrificio que ella (consiente o inconsientemente) realizó cuando perdió a su bebé.

Finn se había percatado de su añoranza, de sus lágrimas discretas y los suspiros entrecortados cada vez que cargaba a Hiccup o a cualquier bebé de la isla.

Como curandera era difícil ayudar a los demás cuando no sabía ayudarse a sí misma.

¿Quieres ir a Bog Burglar por un tiempo?

Esa fue la pregunta que marcó un parteaguas en su matrimonio, en su vida, y sin tener la más mínima idea, también en todo el archipiélago vikingo.

Sí, quiero ir con Erick, Bertha… y con la bebé, algo me dice que Astrid necesita a su tía consentidora. ―confesó emocionada por verla.

El corazón de la mujer no se equivocó.

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El barco berserker se alejaba de la isla berkiana. Todo había sido muy bueno.

Había ayudado a su amiga.

Había rescatado a su hermano.

Había salvo a Berserk de una guerra injustificada.

Y pronto sería libre de irse con el amor de su vida.

Al cabo de varias horas atracaron en su isla natal. Desembarcaron y a pesar de las ganas que tenía de irse de una buena vez; la noche y el frío eran enemigos naturales para la decisión de marcharse.

―En cuanto pase la nevada. ―ordenó Karena mientras vigilaba que su consanguíneo fuera llevado a sus aposentos.

Sotma y Norberto pasaron la voz a los seguidores de la princesa, mientras ella se encargaba de instalar a su hermano.

―Vigílalo esta noche. ―ordenó Karena mientras veía que Dagur aun convaleciente estaba en su habitación. ―¿Entendido?

La chica encomendada asintió sonriente. ―Yo lo atenderé en lo que necesite. Confíe en mí. ―prometió la muchacha.

La castaña la miró confundida. ―¿Tu nombre es…?

La esclava sonrió tranquila y muy feliz, servicial como siempre.

―Skaoi, para servirle.

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Bertha fue arrastrada cruelmente por toda la playa. Le amarraron sus manos con una gruesa y oxidada cadena. La subieron al bote junto con algunas otras mujeres de su isla.

Bertha, ¿dónde está la bebé? ―preguntó una de ellas.

La jefa sintió un nudo en su estómago por imaginar el peor de los casos para su niña. Pero sabía que su bebé estaba con su madre.

Mildred, escúchame bien. No quiero que se sepan que tengo una hija, una de las tradiciones que tienen los saqueadores es en secuestrar o asesinar a los herederos de las islas. No quiero que se enteren de ella.

Las cinco mujeres estuvieron de acuerdo en lo que la jefa decía, mientras tanto, las cruentas escenas seguían atormentándolas.

Había sido horrible, mientras subía al barco alcanzó a divisar la escasez de vida que lo quedaba en la isla. El volcán lanzaba fuertes llamaradas hacia el cielo, cayendo con brusquedad sobre las construcciones, el bosque, la playa de la isla, quemando todo a su paso. Su consuelo era la gente que había alcanzado a salvarse, entre ellos su hija, era la única que importaba; sin embargo, su corazón también empezó a quebrantarse en cuanto pensó en Erick.

El amor de su vida probablemente estaba muerto, y ella no había podido ayudar.

Un brusco movimiento las zarandeó. En medio del movimiento escucharon cómo los malhechores disfrutaban de las riquezas que saquearon de la isla.

Ellos pagarían con creses cada herida que habían osado en realizar.

Saldremos de este maldito barco. ―masculló mientras buscaba una debilidad en esa maloliente habitación en la que estaban.

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La suave acogedora fogata alumbraba y compartía calidez a la princesa, a quien su más fiel servidora y amiga le cepillaba el cabello con delicadeza.

―En serio, estuviste genial. ―repitió Sotma, dando un brinquito, seguía sin superar lo que había ocurrido en el día.

―Basta, me ruborizas. ―Karena intentó minimizar la hazaña de ese día. ―Me preocupa Dagur cuando despierte. Creo que nos irá a buscar.

―Pues no nos va a encontrar. ―se prometió la rubia. ―Para cuando él despierte estaremos muy lejos de aquí.

Karena no estaba conforme con ese plan a medio elaborar. Tal vez no era la mejor de las ideas.

En su mente empezó a imaginar cómo sería si ella fuera la jefa, ese día había descubierto que sí tenía madera y don para ser líder, quizá podría hacer mucho más si permanecía allí.

Deseaba tener la fuerza propia para ser valiente, para atreverse, para eliminar todos los miedos e inseguridades que le habían obligado a tener por tanto tiempo. Ella sólo quería ser diferente a lo que era.

―¿Lo trenzo? ―preguntó Sotma mientras terminaba de cepillarla.

La castaña despertó de sus pensamientos. Negó suavemente, ya tenía planes para su cabellera en esa noche.

―Está bien así. Gracias. Ve a descansar.

Las amigas se despidieron y la rubia se marchó.

En cuanto a Deranged se quedó despierta, aún debía encargarse de otra cosa.

Escuchó que la puerta se abría sigilosamente y sonrió emocionada. Era él. Se levantó de la cama y cerró la puerta, olvidando poner un pasador para evitar intromisiones.

―¿Por qué tardaste tanto, Norberto? ―preguntó mientras lo abrazaba, rodeando su cuello con sus brazos.

El rubio correspondió dándole un apasionado beso, el cual sería el preámbulo para esa mágica noche de invierno, la última que ambos pasarían en Berserk.

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En Berk, era otro panorama.

Se respiraba tranquilidad y una sensación de paz mientras todos se deleitaban en el calor del Gran Salón con bebidas calientes y relajantes, pero también había quienes no salían de sus casas.

―¿Segura que te sientes bien? ―preguntó Gylda mientras inspeccionaba a su sobrina, en la cabaña Hofferson.

―Sí tía, deja de preocuparte. ―pidió Astrid, acomodando su camisa, después de que Gylda le revisara la respiración.

―No cualquiera se recupera de una hipotermia como la que te dio. ―mencionó sin querer alarmar mucho. ―Es probable que por unas semanas puedas tener dificultad para respirar.

―¿También Hiccup puede tenerlos? ―preguntó con preocupación.

―Es una posibilidad. ―sinceró muy a su pesar. ―Pero ambos son jóvenes y se repondrán pronto.

La muchacha miró con amor a su tía. No compartía lazos sanguíneos, pero ambas, a su manera, se adoraban.

―Gracias. ―expresó la muchacha de la nada.

La curandera se quedó mirando con extrañeza.

―De nada, es decir, en serio ustedes son jóvenes.

―No lo digo por eso. Es… por todo lo que has hecho por mí. En mi mente no hay memorias sin que tú estés presente. Recuerdo que cuando era pequeña, después de la muerte de mis padres, tú fuiste quien me arropó durante las noches de tormenta que vivía. Sanabas mis heridas cuando me raspaba, checabas mi frente para notar si tenía fiebre y…

―Astrid, está bien.

―¡No! ¡No está bien! En ningún momento debiste mantenerme, ni de pequeña, ni después de hace un par de años cuando… falleció mi tío Finn. No tenías porqué seguir cuidando de una huérfana, y lo hiciste. Eres como una madre para mí, incluso si ella siguiera viva, no dejarías de serlo. Y ahora con lo que acaba de pasar, tú no dejaste de creer en mí ni un momento. Te aferraste a una idea y gracias a esa idea es que ahora soy libre de un compromiso que nunca me habría hecho feliz. NADIE podrá acercarse a lo que has hecho por mí.

Astrid no solía tener esos momentos de sinceridad, por eso es que adoró cada palabra de su sobrina.

―Tú eres la hija que nunca pude tener. ―mencionó con un nudo en su garganta. ―Una hija que amo con todo mi corazón; mientras yo esté viva, te aseguro que tendrás mi apoyo y amor para todo.

Ambas rubias se abrazaron con cariño y limpiaron una que otra lagrimita traviesa.

―Bueno, hay que cenar. Debemos celebrar que tú e Hiccup por fin son pareja oficial. ―dijo la curandera mientras servía un buen tazón de caldo de pescado.

La joven enrojeció sus mejillas.

―¿Cómo es que tú…?

Gylda se le quedó mirando. ―Son tan obvios, pero también los seguí en el bosque. ―terminó por confesar mientras se sentaba.

Por su parte, Astrid estaba asombrada por la rapidez de su tía.

―Por cierto, hija. Creo que debes saber de un tema importante. Ya lo hemos hablado, y ustedes lo han de notar mucho en primavera con tantos dragones cortejándose.

La ojiazul tenía la cuchara a punto de llegar a su boca.

―Tía, no hace falta que…

La tía se echó a reír. ―Debiste ver tu cara. ―se rio de buena gana, comiendo tranquilamente. ―Pero hablo en serio, ahora que son pareja, y si acaso desean tener otro "nivel" de relación pues…

―No tía, nada de eso. ―Astrid se ruborizó más.

―Quería decir que no te dé pena preguntarme o pedirme nada. No tengo que estar de acuerdo en tus decisiones para que las lleves a cabo. La sociedad dicta muchas reglas de comportamiento, pero ten por seguro que las únicas reglas que debes seguir son las de no lastimar a nadie sólo porque sí, fuera de eso, haz lo que te haga feliz.

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Iban de camino a la isla de su hermana, todo parecía tranquilo, el mar era pacífico salvo una tormenta que se veía hacia el noroeste, fuera de eso todo era normal. Sin embargo conforme se fueron acercando a las costas de la isla un olor azufroso empezó a penetrar en el aire; era el volcán que se creía dormido haciendo erupción desde lo más profundo las entrañas de la tierra.

Debemos ir ayudar, tal vez hay heridos. ―opinó Gylda preocupada, mirando con uno de los catalejos que la familia Hofferson portaba.

El matrimonio y los suegros de la rubia siguieron navegando en el pequeño barco hasta que atracaron en el muelle deshecho de la isla, sin embargo se llevaron una sorpresa al notar que habían demasiados cuerpos en la orilla de la playa y también dentro del bosque.

Busquen sobrevivientes. ―ordenó Einar, el abuelo de la pequeña desaparecida. ―Busquen a mi nieta inmediatamente.

Los cuatro viajeros trataron de localizar alguna señal de vida, pero todo estaba muerto. La vegetación ni siquiera se sentía viva, la frescura del bosque cuyas hojas siempre se mostraron verdes y los árboles resistentes ahora habían sido reducidos a cenizas inertes. No había ganado, no había oro tampoco y los cuerpos que se encontraron tenían grandes y crueles marcas de haber sido masacrados con filosas espadas.

Fue un ataque. ―opinó el rubio.

Otro ataque también de parte de la naturaleza. ―continuó la curandera.

¿Dónde estarán Bertha y Cami?, espero que hayan logrado escapar. ―mencionó la abuela Astrid, preocupada.

El rubio, como miembro de la armada de la isla no podía dejarse llevar por sus sentimientos, Así que empezó a observar a su alrededor.

Fue a la choza de su hermano y cuñada, pero estaba cruelmente saqueada, incluso se alertaron cuando notaron que la cunita de la bebé estaba volteada.

Continuaron en las demás casas, pero estaban vacías de igual manera. Después logró ir al gran salón, eso albergó a un par de esperanzas porque notaron algunas pisadas rápidas con rastros de ceniza y tierra forestal.

Lograron escapar, estoy seguro que lograron escapar mencionó el abuelo de la heredera al trono.

Eso les daba una diminuta esperanza más. Decidieron ingresar por ese túnel, aunque era muy lioso debido a que desconocían la tierra de la isla, pero por encontrar a su familia darían lo que fuera necesario.

Una vez ahí llegaron a unas cavernas donde debía haber barcos.

Lograron salir. ―mencionó Finn, debido a que su hermano le había platicado de las estrategias de la armada que había estado ideando para ayudar a la isla ante un ataque, mismas a las que él llegó a cooperar.

Una vez allí afuera de las cavernas decidieron dar una última vuelta al bosque. Rogando a sus dioses que pudieran encontrar algún sobreviviente o bien, encontrar algún indicio del lugar donde habían escapado los aldeanos.

Gylda estaba preocupada, no solamente se trataba de su cuñado y de una amiga suya, también se trataba de la pequeña Astrid de quién se había encariñado tanto y amaba como si fuera su propia hija.

¡No te muevas!

Avisó su esposo, sacándola de la ensoñación en la que estaba perdida, pues enfrente de ellos había un dragón celeste, muy pequeño como si se tratara de una pequeña cría de Nadder.

No podemos matarlo, si lo matamos ahora aparecerá su madre, y por el momento no estamos en condiciones de enfrentar un ataque de dragones. ―opinó Einar Hofferson, como buen cazador de dragones.

Entonces el pequeño dragón se subió a lo que parecía ser un gran tronco. Olfateo algo adentro y tras hacer un sonido extraño y ver a los visitantes se echó a volar con torpeza.

Después mataremos a esa bestia. ―musitó Finn.

Inmediatamente los visitantes siguieron caminando hasta que llegaron a esa zona donde habían visto al dragón, pues ahora no solamente estaba lleno de lava dura y seca sino que algo más peculiar llamó la atención el contenido de ese tronco ahuecado pues inmediatamente se percibió el llanto de un bebé.

Escuchen. ―pidió la abuela, sintiendo una conexión poderosa con ese llamado.

Los vikingos pusieron atención y descubrieron que además del llanto también estaba el quejido del dolor de otra persona.

Hay alguien aquí. ―indicó el soldado de la isla moviendo con brusquedad y rompiendo en dos el tronco para liberar a quien se encontraba en medio.

La sorpresa fue que se encontraron a la jefa Camicazi Essen en posición fetal, abrazando con su cuerpo a un pequeño e inocente ser.

¡Es la jefa y la bebé! ―gritó Gylda al reconocerla.

Ella y su esposo abrieron de abrupto ese tronco mientras sacaban a la víctima.

Se va a poner bien, tranquila estamos aquí. ―trató de calmar la curandera.

Sin embargo la mujer rubia cuando notó que la ayuda había llegado respiró tranquila y trato de hablar mientras Gylda tomaba en brazos a la bebé que berreaba con miedo, dándosela a la otra abuela.

Cuiden a mi nieta, es la heredera. ―murmuró mientras sufría por las quemaduras que tenía.

Sí, tranquila. Nos ocuparemos de ella. Pero tenemos que atender sus heridas. ―Einar trató de calmar la consuegra, pues estaban llena de llagas y quemaduras. Al parecer grandes porciones de la lava fría le había penetrado bajo su piel.

No, lo sé… me lo dijo el dragón. ―estaba delirando.

La familia Hofferson trató de darse prisa.

Cuiden a mi nieta y traten de salvar a quienes puedan. ―rogó, soportando el dolor de sus heridas.

Claro que sí, pero dígame a donde fueron. ―pidió Finn, mientras su esposa le daba una mirada de regaño, no debían alterarla.

Un burglar no tiene rumbo, adonde vaya ella, irán todos. ―mencionó señalando a la nieta, dejando reposada su cabeza sobre el tronco que le había servido de refugio, entregó también el collar a la curandera.

Está delirando. ―mencionó la Gylda al ver que esas heridas no tenían cura.

La acompañaron lo más que pudieron, pero en unos minutos más la jefa dejó ese mundo.

Haremos un funeral para ella. ―expresó Einar, afectado por lo que le sucedía a su familia.

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Un par de días después Dagur despertó, notando a una mujer al lado de su cama.

Le dolía la cabeza, pero logró despertarla. ―Ey… ¿qué haces aquí? ―preguntó extrañado, sentándose.

La mujer se enderezó y ayudó a que el pelirrojo también lo hiciera.

―¿Cómo te sientes? ―preguntó animada, quitándole un pedazo de tela de su frente.

Deranged empezó a recordar lo que había ocurrido. ―¿Dónde está mi prometida?

Sakoi cambió su semblante, ¿así agradecía haberlo cuidado tanto? ―En Berk, tu hermana rompió el compromiso a cambio de que te regresaran.

Esa noticia acabó con la idílica vida que él había soñado. No, su hermana no podía acabarlo así.

Él le daría una lección.

―¡KARENA!

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Parece que Cami no tiene quemaduras ni daños. ―expresó aliviada Gylda. ―se había quedado dormida de tanto llorar. ―No sé cuándo fue la última vez que comió algo, pero debe ser pronto.

Y debemos encontrar más sobrevivientes. ―opinó la abuela Hofferson, cargando a su nieta de nuevo.

Si ellos lograron salvarse, tal vez mi hijo también. ―mencionó el hombre mayor.

La lava está fría, significa que ya pasaron muchas horas, incluso días desde que el volcán hizo erupción y se calmó, de hecho ya ni humo está expirando. ―opinó Finn, que no había dejado de observar el derredor.

Significa que tenemos el tiempo encima si hay sobrevivientes hay que encontrarlos. ―siguió Gylda, conocedora de la salud humana.

Inmediatamente la abuela de la bebé se quedó cuidando a la pequeña en una de las chozas que seguían medianamente habitables.

Mientras tanto, Einar, Gylda y su esposo trataban de buscar sobrevivientes entre los cuerpos que se veían en la costa y en el bosque, los apilaron para darles un funeral digno más tarde, después de todo eran los habitantes de la isla de su familia.

Hasta que un descubrimiento los dejó sin aliento.

Son Ivette y Norberto. ―mencionó la rubia con un nudo atravesado en su garganta.

Son los mejores amigos de Bertha, estoy muy preocupado. ―mencionó Finn, cerrándole los ojos al fallecido mercader.

Lamentablemente ese panorama era desalentador.

¡Qué será de Cami sin sus padres! ―opinó Gylda, imaginando el peor de los escenarios.

Ey, tranquila aún no sabemos lo que pasó con mi hermano y Bertha. Y si, por desgracia ocurrió lo peor con ellos, Cami nos tiene a nosotros.

La vamos a cuidar siempre. ―prometió junto a su esposo. La rubia se aguantó las ganas de llorar, no soportaba ver a los mejores amigos de ellos con quien también tuvo grandes con vivencias. Le dio mucho remordimiento ver que habían muerto tomados de la mano, hasta que siguió algunas huellas La arena y las señaló a su esposo.

Mira se veía que habían arrastrado a una persona hasta las grandes pozos que había, por suerte la marea había bajado y se podían apreciar esas huellas y el viento favoreció porque casi no se percibía.

Se llevaron a algunas personas. ―susurró afectada.

El rubio entendió a lo que se refería a la muchacha. Sólo faltaba encontrar a quienes. No obstante en cuánto espantó a algunas aves de rapiña que había cerca de allí, logro visualizar a su compañero de travesuras de la niñez.

¡Erick! ―gritó fuertemente mientras corría un par de pasos hasta llegar a su consanguíneo.

Gylda se dio cuenta también al igual que Einar, aproximándose a ellos.

La curandera trató de socorrer, inmediatamente le tomó los signos vitales y se tranquilizó al escuchar muy levemente sus latidos.

Está vivo, pero está muy mal. Ha perdido mucha sangre. ―mencionó haciendo presión en la herida. ―Por favor trae un poco de agua.

Pero el mencionado ya se había adelantado, y ahora estaba dándole un poco de su alforja. El jefe de la isla no se movió, aspecto que preocupó mucho el matrimonio.

Tendremos que moverlo, hay que llevarlo a una zona en la que no le dé tanto el sol. Sólo así logrará sobrevivir. ―mencionó la rubia, preocupada.

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Dagur estaba furioso, tanto que entró a la habitación de su hermana sin tocar ni preguntar.

―¡Oye! ―gritó Karena tapándose debido a que estaba cambiándose.

―¿Qué pasó en Berk? ―preguntó, cerrando la puerta del cuarto.

―Déjame cambiarme y nos veremos en la sala del trono si así quieres. ―se defendió Karena, ajustando su chaleco, asombrada por la intromisión de su consanguíneo.

―No, aquí y ahora. Lo último que recuerdo es clavar una daga en el pecho del escuálido Hiccup y de repente me encuentro con una esclava a mi lado.

―Ella te estaba cuidado de la fiebre. ―recordó la castaña mientras caminaba hasta el lado de su hermano, abrochándose una bota.

―¿Y por qué dejaste a Astrid en Berk? Ella es mi prometida.

―Era. ―corrigió encarándolo. ―Ella no te quiere, jamás lo haría. Tú sabes a quién pertenece su corazón.

Dagur pateó una mesita que tenía allí y también rompió una silla.

―Tranquilízate. ―pidió Karena con tranquilidad característica de ella.

El pelirrojo dio un grito fuerte hacia el techo de la habitación.

―Hablamos después. ―expresó la castaña, sacándolo del cuarto.

Dagur se detuvo en la puerta y se le quedó viendo con suspicacia. ―¿Qué te traes entre manos? ―preguntó.

―Nada. ―comentó nerviosa, desviando la mirada al piso.

El jefe se le quedó viendo de nuevo. ―Hermanita, esto no se quedará así. Ya lo verás. ―amenazó mientras cerraba la puerta.

Karena se recargó, cerrándolo con llave.

Suspiró con fuerza y se empezó a reír.

―Ya puedes salir, Norberto. ―expresó, empujando la cama.

Con movimientos bruscos salió el esclavo. ―Vaya forma de interrumpir, que suerte que me abrochaba las botas, el suelo me quedó cerca.

―Sí, creo que dormimos de más ahora. ―mencionó Karena, acercándose a él.

―Eso parece.

Norberto le dio un beso en la frente.

―Saldré primero, espera un poco y después tú. ―ofreció la castaña. ―Hoy en la noche los espero en el muelle. La tormenta ya pasó, podremos irnos.

―A buena hora despertó tu hermano. ―se quejó el rubio.

―Sí, pero no será impedimento para que podamos irnos. ―prometió la fémina. ―Nuestra vida cambia hoy.

La princesa no se equivocó, su vida cambiaría, solo que para mal.

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Habían pasado horas desde que encontraron al rubio. Como era de esperarse no encontraron más sobrevivientes en todo el territorio. Era lamentable, era una desgracia; pero conforme las horas pasaban también se apreciaba el cambio en la salud de Erick.

El color había regresado a sus mejillas y mostraba algunos reflejos que incitaba en la curandera. Poco a poco empezó a abrir los ojos.

Hola, qué bueno ver que estás despertando.―escuchó la tierna voz de Gylda.

El rubio se removió con dolor sobre el lecho que prepararon en lo que quedaba del gran salón.

¿Dónde estoy? ―preguntó en un murmuro.

La rubia les hizo una seña a los demás para que se acercaran. En ese momento la bebé empezó a llorar y fue el impulso que requirió el rubio para despertar por completo.

¡Hija! ―gritó el jefe, extendiendo los brazos para recibirla, sin embargo en ese movimiento con el rubio sintió una punzada en su costado.

No, no debes moverte, la herida se te va a abrir. ―regañó la curandera quien de inmediato le cambió los vendajes por otros más limpios.

Mientras la curandera hacía su trabajo, empezaron a llegar los recuerdos a la mente del jefe, siendo una tortura por la cantidad de información.

¿Dónde está Bertha? ―preguntó dolido.

Los presentes se miraron. No sabían qué responder.

Encontramos a tu niña en el bosque, la cuidaba tu suegra.

Sí, Bertha me dijo que ella le estaba cuidando, que habían logrado escapar. ¿Cómo están?

Su hermano le tocó el hombro. ―Me temo decirte que tu suegra falleció. ―la información le cayó de peso, su esposa sufriría. ―Acerca de Bertha, no sabemos nada de ella. Es probable que haya escapado.

No habría dejado a nuestra hija aquí. ―empezó a considerar esa opción. ―No, ambos estábamos peleando en la playa. Yo… escuché cuando ella me llamaba.

Miró a sus padres, a su hija, a su hermano y a Gylda.

Ella está viva.

Finn resopló. ―No sabemos, no hay sobrevivientes en la isla, sólo tú hija y tú están vivos. ―expresó con dolor.

Erick fue poseído por una rabia descomunal. Una tristeza que le ahogaba y una terrible sensación de abandono al sentirse separado de Bertha.

Ella está viva, esos mercaderes se la llevaron, lo sé. ―determinó convencido de sus palabras.

Ahora lo importante era cómo buscar y encontrar a su bella esposa.

Encontraría a Bertha, le devolvería su mamá a su hija, y todos serían una familia nuevamente.

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Notas de la autora:

Lo siento, masacre en Bog Burglar. De momento el Hiccstrid tranquilo y y el próximo capítulo habrá un avance significativo en ellos. Lo difícil va a ser rescatar a Bertha… ¿alguna idea?

Mil gracias a KatnissSakura, Guest y Vikingo54 y a los lectores que pasan desapercibidos.

Nos leemos a la próxima.

Gracias por leer

Quédate en casa

**Amai do**

―Escribe con el corazón―

Publicado: 20 de mayo de 2020