Derrotado

Eran casi las seis, Prince se dirigió a su dormitorio, le costó un mundo subir las escaleras. "Estoy tan derrotado que lo único que me apetece es echarme una siesta con la poción Reparadora. Y pensar que éste era el día en que iba a relajarme… No he debido ir a Londres, sino dormir mientras Hipólita estaba con sus amigos para poder estar después con ella. Espero que esté con ellos todavía y no esperándome en mi cuarto, porque no me siento con ánimo ni para hablar con ella."

Entró en su dormitorio sin hacer ruido, la cortina de su cama del lado de la puerta estaba echada. "Cuando me he marchado por la tarde estaba descorrida, como la dejan los elfos. Sí que está, escondida por si entran Anthony o Jack, para que no la vean. Voy primero al baño."

Fue al baño, se lavó la cara y se miró en el espejo. "Jo… incluso tengo mal aspecto. Buf… he de hacer algo para que no me lo note, y no me siento capaz de luchar, estoy demasiado derrotado como para disimular. Que sea lo que sea, ¿quién sabe cuánto tiempo lleva esperando? Y le va a saber a poco el rato que nos queda hasta la cena."

Volvió hasta su cama, se aproximó por el lado de la ventana, por donde estaban la mesilla y el baúl, la cortina de ese lado estaba descorrida. Hipólita leía sentada en la cama, alzó la vista hacia él cuando lo oyó.

-¡Hola, Prince! – exclamó.

Tiró el libro a un lado, se puso en pie sobre la cama y lo abrazó por el cuello, así era más alta que él, la cabeza de él quedaba contra su torso, él la estrechó contra sí.

-Jo… ya estaba preocupada por ti… - con dulce reproche - Has tardado un montón…

-Lo siento mucho, cariño, era bastante complicado lo de ir a Londres – muy apenado - Si lo hubiera sabido no habría ido, me habría quedado esperándote.

-Estás muy triste, Prince… - algo apenada también.

-Sí, estoy derrotado.

-Jo… Yo tampoco he debido irme con mis amigos, tú me necesitabas más, si me hubiera quedado no te habrías marchado a Londres.

-No, Hipólita, no pienses eso, has hecho muy bien, debes estar con los chicos de tu edad. ¿Lo has pasado bien?

-Sí, pero no tanto como contigo – ya recuperada - Al final me he quedado tres horas, he vuelto a las cinco.

-Jo… llevas casi una hora esperando.

-No te preocupes por mí, he estado entretenida – muy segura de sí misma y animosa - Estás muy cansado, métete en la cama, anda. ¿Quieres que me vaya?

-No, cariño, no quiero que te vayas, quiero estar contigo.

Él comenzó a llorar.

-Vale, entonces me quedo… – muy dulce.

Ella comenzó a acariciarle la cabeza. "Está cuidando de mí como yo cuido de ella… Merlín, cuánto bien me hace…"

-¿Has merendado? – le preguntó él.

-Sí, Prince, pero no empieces con tus preguntas. Hoy no te preocupes por mí, hoy me toca a mí cuidar de ti, estoy perfectamente.

"Merlín, qué voluntariosa es… Debe estar también pasándolo fatal por verme así y no se arredra, con catorce años recién cumplidos. Otra tabla de salvación, ¿quién lo hubiera dicho? Hoy la he tachado de frágil y no lo es en absoluto, el frágil soy yo. Ella es robusta como los robles."

-Cuéntame lo que te pasa, anda… – le dijo ella.

-Que soy un desastre, Hipólita. Lo hago todo al revés, no sé cuidar de mí mismo.

-Porque te pasas la vida cuidando de los demás.

-Cierto, qué bien me conoces.

-Tienes que dejar de preocuparte tanto por los demás. Lo pasas mal, te pones triste.

-Tienes toda la razón, Hipólita.

-Que cada uno cuide de sí mismo, como lo estoy haciendo yo. Yo enseguida me di cuenta de lo mal que te lo estaba haciendo pasar cuando no quería comer el segundo plato y comencé a comportarme bien para que no te pasaras las comidas llorando.

-Claro, tienes razón.

-Pues no quiero que vuelvas a preocuparte por nada que me pase a mí. Puedo cuidar de mí misma, ya sabes, soy independiente.

-Hipólita, te quiero tanto que me duele…

-Pues que no te duela, debería hacerte feliz, porque yo también te quiero.

-Es un dolor que me hace feliz, es muy difícil de explicar.

-No, lo entiendo perfectamente. A mí me pasó lo mismo el martes en el estanque, cuando nos abrazamos por primera vez, y también esta mañana cuando has gritado lo de 'Más vale morir en pie que vivir arrodillado'. No he llorado porque tuviera miedo por ti, sino porque te quiero tanto y me pareces tan valiente, que siento algo que no soy capaz de explicar, como te pasa a ti, y me parece que tengo mucha suerte porque tú también me quieres.

-¿Cómo no iba a quererte? Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

-El martes no me dijiste eso, me dijiste que era lo mejor que te había pasado en mucho tiempo.

-Pues he cambiado de opinión, eres lo mejor con diferencia.

-Tú también para mí, he probado un montón de recuerdos de esta mañana cuando volvía del Bosque y me han salido un montón de Patronus incorpóreos, todos contigo.

-Vaya…

-Soy muy feliz contigo, Prince. ¿Quieres que te los cuente?

-Claro.

-El primero, cuando te mandaba besos a la grada. El segundo, cuando he atrapado la snitch justo en ese momento para que me vieras. El tercero, cuando te he abrazado al salir del campo. El cuarto, cuando he gritado el lema de casa. El quinto, cuando has gritado tú el tuyo. El sexto, cuando hemos entrado al Comedor con el lema de casa de nuevo. El séptimo, cuando he vuelto a gritar el tuyo en el Comedor. Y el octavo, cuando toda la gente se ha levantado para darte abrazos.

-Vaya… te ha faltado uno para nueve.

-Ya no, porque tengo otro ahora, que es corpóreo seguro, este momento.

-Para mí también, ¿quieres que lo probemos juntos?

-Vale, pero si luego volvemos a abrazarnos, quiero mucho rato de abrazo.

-Claro que sí, cariño.

Se separaron, cada uno cogió su varita, Hipólita la tenía sobre la cama, Prince en su mochila. Conjuraron a un tiempo, los halcones volaron por el dormitorio. Los dejaron volar un largo minuto, por fin Hipólita habló:

-Ya no han vuelto a luchar desde el primer día.

Prince dejó de evocar también, los halcones no desaparecieron inmediatamente.

-Porque no hemos vuelto a luchar el uno contra el otro. Cuando volvamos a luchar volverán a hacerlo también ellos.

-Anda, quítate las botas y túmbate en la cama, nos abrazamos en la cama.

-Buf… Hipólita… - sufriendo de nuevo.

-Lo de siempre, comprometido. A ver cuándo se te quitan esas tonterías de la cabeza. Mi padre también me abrazaba en la cama cuando era pequeña, me despertaba por una pesadilla o una tormenta y me iba a dormir con ellos a su cama.

-Pero eras pequeña y era tu padre.

-Con Ariel no te importa, duerme contigo a veces, nos lo ha contado.

-Porque es un chico.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Tienes razón, pero hay algo más.

-Pues cuéntamelo mientras te quitas las botas y yo te diré si es un problema o no. Si lo es, me voy a la cama de al lado, porque necesitas descansar y queda poco tiempo hasta la cena.

-Vale.

Hipólita volvió a sentarse en la cama, dejándole sitio. Él se sentó para quitarse las botas y le preguntó:

-¿Sabes lo que es la Legeremancia?

-Por supuesto que lo sé, lo que hacen el viejo, Voldemort y Lestrange.

-Wow… Hipólita… - profundamente admirado.

-Ya te dije que me entero de todo lo que pasa en casa, yo también he convivido con los maléficos y espiaba sus conversaciones. Recuerda que quiero ser guerrera desde primero, hay que conocer al enemigo.

-Entonces ya imaginarás por dónde va lo que quiero decirte.

-Sí, ya lo imagino. El maldito viejo ha podido leerme esta mañana. Ya lo he pensado cuando he subido a recoger la Copa, por eso ese momento no ha sido feliz, lo he probado y no me ha salido incorpóreo.

-Hemos pensado lo mismo a la vez, nos ha amargado la victoria a ambos.

-Ya te digo. Pero luego he pensado que no sé qué problema puede haber, si tú estás continuamente con él y también puede leerte.

-No, cariño. Yo soy oclumante.

-¿Y eso qué es?

-Otra Arte Mental, encierras en tu mente lo que no quieres que lea un legeremante y no puede hacerlo.

-Claro… ¿Y por qué no me enseñas?

"Buf… ya me he ido de la lengua."

-Te enseñaré cuando sea el momento.

-¿También eres legeremante?

"Ya ha atado cabos, es extraordinaria, merece saberlo."

-Sí.

-Entonces tú también puedes leerme. ¿Es por eso que no quieres enseñarme?

Prince bufó. "He de contárselo todo, de lo contrario dejará de confiar en mí."

-Voy a explicártelo todo. Yo no soy como el viejo, que lee a cualquiera a la menor ocasión para conocer todos sus secretos. Yo sólo leo a los enemigos, como a los víboras antes de echarlos, y a los amigos sólo en casos de emergencia, cuando corren algún peligro y debo ayudarlos.

-Como cuando yo no quería comer.

"Qué rápida de mente es, no necesita pensar."

-Eso, Hipólita. Ya hace casi una semana que no te leo, y solamente leía eso. Sé buscar lo que quiero leer y sólo leo lo imprescindible, de lo contrario no necesitaría hablar contigo, ya sabría todo lo que piensas.

-Claro…

-No puedo enseñarte Oclumancia hasta que esté seguro de que has superado tu problema con la comida, por si me mientes, ¿lo comprendes?

-No te mentiría, Prince, me da pena que lo pienses.

"No me miente, pero tampoco me cuenta toda la verdad."

-Lo siento mucho, cariño. Por el momento no voy a hacerlo, pongo por delante tu salud y tu vida.

-Lo entiendo, Prince. Yo también pongo tu vida por delante de todo lo demás.

"Ahí está, lo que me ha contado Sirius esta mañana, por delante de la suya propia."

-Gracias por comprenderlo.

-Sigo donde lo habíamos dejado, ¿vale? Estábamos hablando de qué problema había en que nos abrazáramos en la cama.

"Estupendo, lo ha aceptado, sigue confiando en mí. Cómo la adoro."

-Ya, ya sé.

-Si yo ya sabía lo del viejo sin conocer que eres oclumante y te lo he propuesto, ya puedes imaginar lo que opino del tema, ¿no?

-Desde luego.

-Pues dilo tú.

Él ya había terminado de quitarse las botas, la miró.

-Que no te importa en absoluto que se entere.

-¡Eso! ¡Que le den por saco! - tajante y profundamente despectiva - ¡No pienso dejar que nos amargue más los momentos felices de nuestra vida!

-¡Bravo, Hipólita! – profundamente emocionado, aliviado y admirado.

-¡Venga! – autoritaria – Túmbate en la cama.

Lo hizo y corrió la cortina de su lado.

-Espera, pon el despertador por si nos dormimos – ya tranquila.

-Vale.

-A las siete, por si vienen Jack o Anthony, que no me vean.

-De acuerdo.

-Que sepas que lo hago por ti, ¿eh? A mí me importa un comino que se enteren.

Puso el despertador y volvió a correr la cortina.

-¿Cómo quieres que te abrace? – le dijo ella, muy dulce.

-Como quieras tú.

-¿Cómo duermes tú?

-Tal y como estamos, dándote la espalda.

-Pues ponte así.

-Pero así no puedo abrazarte a ti.

-Pero yo a ti sí, y hoy me toca a mí cuidar de ti.

-De acuerdo.

Se puso en su postura habitual, Hipólita lo abrazó por detrás, posando la mano sobre su corazón, que él estrechó. Ella le dijo:

-Ojalá me duerma yo también, no he dormido con nadie desde que era pequeña, con mis padres.

"Pobre…"

-¿Quieres dormir conmigo esta noche, después de la fiesta?

-Wow, Prince… claro que sí.

"Lo siento mucho por Genevre. Esto no lo cambio por nada, no vamos a volver a poder hacerlo en todo el verano."

-Entonces lo haremos, cariño, y dormiremos todo el tiempo que nos apetezca, nos despertaremos sin despertador, mañana no tenemos obligaciones hasta la tarde.

-Genial.

Sev se durmió casi al instante, a las siete sonó el despertador y despertó, todavía abrazado por Hipólita. "Wow… qué bien me ha sentado." Sacó el brazo por la cortina para apagarlo, cogió también la varita y conjuró el Muffliato.

-Cariño, ¿has podido dormir? – le preguntó él.

-Sí que podría haberme dormido, Prince – le dijo ella, muy dulce, emocionada - Pero he preferido quedarme abrazándote sintiéndote.

"Vaya…"

-Y no empieces con tus preguntas, ¿eh? – añadió ella.

-No, no.

-¿Qué tal has dormido tú? ¿Estás mejor?

-Me ha sentado genial, me has curado de todo.

-Como haces tú conmigo, lo que te dije el otro día, valemos igual. Hoy no pienso despegarme de ti en toda la noche, yo no puedo leerte como haces tú conmigo para vigilarme, pues te vigilaré a mi manera.

"¡Toma ya! Lo tengo bien merecido. Ella misma va a salvarme de volver a caer."

-Como quieras, Hipólita, tú mandas.

-Venga, levanta de la cama y mira si están Anthony o Jack – separándose de él - Yo no los he oído entrar, pero antes tampoco te he oído a ti, mira por si acaso.

Prince descorrió la cortina, se levantó de la cama y fue hasta las de Anthony y Jack, desde allí los rastreó, ambos estaban en la Sala Común.

-Vía libre, Hipólita.

Hipólita salió inmediatamente de la cama por su lado, sacó de debajo de la cama sus zapatos, se los puso y se largó sin más, con su libro y su varita.

Prince rio. "Qué mona, había escondido los zapatos debajo de la cama para que no los vieran. Merlín, cómo la adoro…" Volvió a sentarse en la cama diez minutos más para saborear los dulces recuerdos del ratito que había pasado con Hipólita antes de dormirse y reflexionar sobre lo que había vivido esa tarde.

"No se ha enfadado conmigo ni me ha exigido nada en absoluto, ha sabido mantener el talante exacto que yo necesitaba en cada momento para recuperarme, sin pensar en lo que a ella le apetecía. Con apenas catorce años, es extraordinaria, la mejor con diferencia de todas, por algo me he colgado así.

Ahora comprendo lo que me decían Lily y Lauren, que se sentirían mal haciéndoselo con alguien que no fuera yo. Es eso exactamente lo que siento después de lo de esta tarde con Genevre, me siento sucio, siento que he traicionado un sentimiento muy, muy profundo por dejarme llevar por mis impulsos.

He de aprender a reprimirme, no se trata sólo de que estuviera saturado, se trata de que siento que le pertenezco a ella, soy suyo, me ha ganado por completo, todo mi ser. Siento por ella lo que siento por Lily, que la amaré para siempre. Sólo dejaré de ser virgen con alguien por quien sienta eso, si Lily me acepta, con ella, y si no lo hace, esperaré a Hipólita.

Y pienso que debo ampliar la decisión de no estrenarme al ámbito completo de relaciones, como lo estaba haciendo hasta ahora, ni besos, ni hacérmelo, ni dormir con nadie más que con ellas, ni siquiera pensar en chicas cuando me lo haga solo, sería lo mismo que serle desleal, pues a Hipólita no puedo contárselo todavía.

Y no sólo eso, sería traicionarme a mí mismo. Ya está, decidido, por el momento y hasta que pueda estar con Lily, abstinencia."

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Aquí termina la octava parte del relato, la siguiente 'El Año de la Revolución IX. La Búsqueda del Equilibrio.'