Dos días habían pasado desde que emprendieron su viaje y llegaron a destino, la isla de Valtandhers. Todo estaba muy silencioso, no se percibía un alma en ese lugar, pero un destello de colores y el aullido de un lobo oscuro proveniente de las ruinas, los hizo correr hacia allí.

-¡Levi!-

Gritó y silbó al aire, llamando al familiar animal de su hija, el cazador alfa. Él era el más rápido de todos ellos y fue el primero en llegar, abriendo las puertas de golpe. Pero siguió su camino en dirección al aullido del lobo, en otra ala del lugar, junto con su esposa.

Por otro lado, el alquimista de acero y el hechicero negro, se dirigieron en direcciones opuestas a estos, al percibir dos destellos más, fuera de las ruinas.

-¡Eyra!-

Exclamó con pánico, el vidente, al ver a su hija desmayada a los pies de las diosas de la cámara. Estaba vestida de pirata y con el rompecabezas del Milenio en una de sus manos. Se arrodilló junto a ella y la tomó en sus brazos.

-¡Despierta mi niña!- la hechicera tocaba el rostro de su hija, desesperada -¡Lai! ¡Esta helada!-

-Tranquila, preciosa- miró a su esposa -Sólo sufrió drenaje mágico...- bajó la mirada a la joven inconsciente en sus brazos -Todo estará bien, princesa- la beso en la frente, después de quitarle el sombrero de su cabeza -Mamá y papá están aquí- la arrulló con cuidado cerrando sus ojos, al tener una visión de su hija, como nunca antes -Resurrección- murmuró, apoyando una mano en ella.

La muchacha, inspiró profundo, como volviendo de un largo sueño y abrió lentamente sus ojos.

-Hola- susurró su padre, sonriendo con ternura -¿Fue un viaje largo, hija?-

Preguntó con dulzura. Los ojos de esa pequeña vidente, se llenaron de lagrimas y abrazó a su padre del cuello, para llorar en él, como si fuera una niña pérdida que había regresado a casa.

-No llores, mi niña- la consolo su progenitora, besando su cabello -Todo está bien... Ya estas de vuelta- limpió las lagrimas en los ojos de su hija.

-Fue horrible...- murmuró, apoyando su cabeza en el hombro de su padre -Pero ya estoy en casa...-

Levantó la mirada hacía uno de los pasillos del lugar y su prima, estaba inconscienteen los brazos de su padre, con su madre junto a él y un enorme lobo oscuro, caminando detrás de ellos.

-Gaia, ¿Cómo está?-

Cuestionó la hechicera, ayudó a su hija a incorporarse y los tres, se acercaron a ellos. La cara de esa joven mujer, expresaba, infinita preocupación.

-No logramos despertarla- tomó las manos de su hija, que estaban quemadas y a su vez, heladas. Al igual que parte de sus brazos, pecho y rostro -Ni siquiera Levi pudo hacerlo-

El lobo oscuro, tenía un corte en la parte derecha de su rostro, muy cerca de su ojo, pero no presentaba mucho más daño en él.

-¿Qué fue lo que paso, Eyra?- preguntó serio el cazador, mirando a su sobrina con intensidad -Y quiero que me digas la verdad- exigió.

-Keilot... No es el momento- contestó su amigo en el mismo tono que él.

-Cierra la boca, Lai... Tu sabes bien, que tokijin, no haría algo como esto- nunca le había hablado así, pero era lógico, estaba desesperado, su hija se veía muy mal -¿Y bien?- volvió la mirada a ella.

-Lo siento, tío... No quiso escuchar a nadie- limpió una pequeña lágrima de su ojo, acercándose a su prima -Ivi uso la espada de Valtandhers...- le tomó una mano, mostrando la pulsera de nomafroses en la muñeca de ella -Para pelear contra Golum... En la otra vida-

Lloró desconsolada, apoyando su cabeza en la sien de ella, al recordar lo sucedido. Su madre y su tía, se acercaron a ella consolándola. Según parece, la batalla contra Golum fue, realmente, un infierno.

-¡Seth!- zamarreó a su primogénito del cuello de su camisa con fuerza -¡Seth! ¡Muchacho! ¡Despierta!-

Lo abofeteo, fuerte en el rostro, que estaba magullado y con algunos cardenales en él.

-¡Orphen!- exclamó su esposa, al ver el golpe que recibió su hijo -¡Tienes que despetarlo! ¡No volver a noquearlo!- tomó la mano del hechicero, impidiendo que le diera otro golpe al muchacho -Seth... Hijo... Despierta-

Le acarició el rostro con ternura. El joven, apretó sus ojos con fuerza, producto del dolor en su mejilla y luego, los abrió de golpe, al recobrar la conciencia.

-¡Ivette!- exclamó a la nada, mirando alrededor y tomando las muñecas de su padre -¿Orphen?- preguntó perdido -¿Qué haces aquí?-

-¿¡Qué hago aquí!?- apretó más su agarre en él. Perdía fácilmente la paciencia con su hijo -¡Vinimos a buscarte! ¡Después de todos los problemas que nos causaste en la Torre y que desaparecieran por un mes!- lo sacudió con violencia y sin reparo, una vez más.

-¡Sueltame!- gritó igual él -¡Maldito hechicero demente!- intentó apartarlo -¡Tengo que buscar a Ivi! ¡Sueltame!-

-¡Orphen! ¡Ya basta!- intervino su esposa -¡No es el momento!- se colgó de uno de los brazos de él para detenerlo y no pudo hacerlo -¡Edward! ¡Ayudame!-

Suplicó al alquimista de acero, que se acercaba con su hijo y su esposa. Entre los dos, ayudaban al muchacho a mantenerse en pie. Este último, se veía agotado y respiraba agitado.

-¡Orphen!- exclamó mirando a su amigo y deteniendo su actividad -Luego podrán solucionar sus problemas... Ahora, tenemos que volver al barco y buscar a los demás- miró de reojo a su hijo -Dante nos dijo, que Ivette, posiblemente, esté mal herida y Winry podría ayudarla, si necesita atención-

El joven hechicero, se soltó de las manos de su padre y corrió desesperado, en dirección a las ruinas del lugar.

-¿Qué paso con ella, ahijado?-

Pregunto al muchacho, tomandolo por debajo de uno de sus hombros. El joven alquimista, cerró sus ojos, al ver bailar un mar de estrellitas frente a él.

-La magia de Valtandhers... Fue muy grande-

Murmuró y se desmayó, siendo sostenido por los dos hombres junto a él.

-Bien...- dijo firme la mecánica, examinando a su hijo con cuidado -Demonos prisa...- tomó el rostro del muchacho entre sus manos -Sólo estas deshidratado, hijo... Vas a estar bien-

Lo besó en la frente y se encaminaron hacía el pequeño barco, en el cual habían llegado.

Era tarde, de hecho, el sol estaba cayendo en el horizonte y los tripulantes de una pequeña embarcación, se miraban los unos a los otros, sin pronunciar una sola palabra. Todos estaban expectantes, ya que una pequeña cazadora de verde mirada, se encontraba aún dormida y acurrucada, sobre el regazo de su padre, sin dar indicios de despertar.

-Esta dormida- aseguró, comprobando la respiración de la joven y sus signos vitales -Volvió a la conciencia... Pero su cuerpo, quiere seguir durmiendo-

Los movimientos pausados y lentos del pecho de ella, lo comprobaban.

-Gracias, Win- mencionó la alquimista, besando una de las manos vendadas de su hija. Su amiga sonrió, acercándose a su hijo y esposo -Ahora...- le acarició el cabello -¿Quieren decirnos que pasó?-

Habló tranquila a los muchachos que estaban con ellos y que bajaron la mirada al no querer hablar de lo vivido. Excepto, el joven hechicero de ojos azules, que miraba fijamente a la chica que dormia en los brazos de su padre. Estaba aterrado, aunque lo disimulara.

-No vamos a regañarlos, chicos- mencionó en el mismo tono que su hermana -Sabemos muy bien, que no terminaron allí por propia voluntad... Hablen-

Estaban mudos, no querían hablar sobre lo sucedido.

-¡Hablen de una buena vez! ¡Maldita sea!- vocifero el cazador, causando pánico en ellos -¿¡Cómo dejaron que hiciera algo como eso!? ¡Expliquenmelo! ¡Porque no lo entiendo!-

Estaba furioso, perdía la compostura y la caballerosidad que lo caracterizaba, cuando su familia estaba en riesgo.

-¡Keilot!- exclamó su amigo o hermano por elección -¡Tranquilizate!- lo miró serio, entrecerrando sus ojos -¡Tu hija es igual a ti! ¡Sabes que nada la detiene cuando se trata de defender a los suyos!- lo apuntó con su dedo -¡Ellos no tienen la culpa de esto y lo sabes!- él enmudecio, tenía razón.

-Lai tiene razón, cazador- el hechicero negro, siempre lo llamaba así -Ellos no tienen la culpa de la imprudencia de tu hija- miró a la alquimista -Lo siento, Gaia...- era con una de las pocas personas con las que él se disculpaba -Pero sabes que tengo razón- ella asintió en total acuerdo.

-Callate, hechicero- acomodó a su hija en su regazo -No estoy culpandolos... Conozco a mi hija, pero me sorprende, que no hayan intentado detenerla- besó la mejilla de su pequeña que temblaba de frío -Estaba acompañada de dos hechiceros y un alquimista... Podrían haberlo intentado-

Frotaba los brazos de la joven, para darle calor. Todos asintieron, él tenía un buen punto.

-Dante...- su padre lo llamó y él, lo miró fijo -Tu nunca mientes y además, tienes memoria eidetica...- sonrió orgulloso por esas cualidades de su primogénito -Estoy seguro de que vivieron un infierno allí... Nosotros lo vivimos hace veinte años o quizás, un poco más- apoyó sus codos en las rodillas y lo miró, como queriendo leer sus recuerdos -Pero eres el único, que puede decirnos que paso-

Él asintió y observó a sus compañeros, buscando su aprobación.

-Sé que es difícil, cariño- mencionó tranquila, su tíaDea -Pero queremos saberlo, por si Ivi, no solamente esta sufriendo las consecuencias de la magia en ella-

-Estamos muy preocupados, hijo-

Indicó su madre, apretando su hombro, para darle ánimo.

-El demonio no la enveneno, si eso es lo que creen...- todos respiraron un poco más calmados -La batalla fue terrible...En un momento, nos vimos rodeados de Drag Mata, mazucos y nigromantes...- tomó su cabeza entre sus manos y observó a la vidente, que tenía la cabeza sobre en el regazo de su madre con sus ojos en blanco -Pero eso...Era el principio del final-

Los dos hechiceros más jóvenes, se sumergieron en ese traumático recuerdo, que era narrado tan detalladamente, por ese alquimista de dorada mirada.

Había anochecido y la Luna de sangre, estaba casi en posición. Cuando llegará al punto máximo, Golum despertaria todo su poder, sembrando el caos y la ruina en el mundo. El campo de batalla era inminente, la tripulación con todo su enojo y valor, se enfrentaba de manera despiadada y temeraria a un gran ejercito de Drag Mata, nigromantes y mazucos, que no se dejaban vencer.

-¡Te mataré! ¡Estupida!- la cazadora forcejeba con la drag mata que tanto le había amargado la vida a ella y a su familiar animal -¡Ahora si!- apretaba los dientes con furia -¡No te perdonare por haber herido a Levi otra vez!- su oponente río, sarcástica.

-No te preocupes... La próxima vez, no fallare- la empujó con fuerza, apartandola -Pero primero... Tengo que acabar con él-

Señaló al hechicero de ojos azules, que con solo unas palabras, acababa con cualquier ser a su paso, ayudado por la magia del lobo oscuro.

-¡Seth!- gritó presa del terror -¡Cuidado!-

No podía alcanzar a esa Drag Mata que se alejó de ella a gran velocidad y se dirigía hacia él. Mucho menos, el hechicero pudo escuchar su advertiencia, ya que estaba concentrado lanzando hechizos de aniquilación. Pero en una fracción de segundo, una sombra paso junto a ella, matando a su enemiga de una sola estocada. Era su hermano, Björn.

-Nunca...- murmuró con su voz sombría en el oído de su oponente -Te enfrentes con un alfa...-

Sacó la espada del cuerpo de ella, que cayó muerta, al instante. Su hermana sonrió agradecida, mirándolo, con la espada de Valtandhers sobre su hombro. Pero el gritó de terror de una alquimista, los hizo estremecerse y correr hacía ella, acabando con cualquier drag mata, que se interpusiera en su camino de manera implacable.

La vidente, se encontraba luchando codo a codo con ese alquimista que encendía fuego con sus manos. El nigromante y el ejercito que encabezaba, eran muy fuertes, pero darían todo para acabarlos.

-¡Rindete, Adán!- exclamó lanzando un hechizo hacia él -¡No quiero usar el rompecabezas del milenio contigo!- se cubrió de un ataque que le devolvió.

-¡No me hagas reír!- acotó, burlón -¡Tu y tu juguetito... No son rivales para mi!-

Juntó una gran bola de energía oscura entre sus manos, dispuesto a lanzarla contra ella. Era magia de destrucción.

-Yo no diría eso, si fuera tu...- el vidente se materializó detrás del nigromante, sonriendo malévolo -Viajero de la tierra y el mar, reúne tu energía a mi mano y envía este ser inmundo a un sitio lejano- dibujaba con sus manos en el aire -¡Portal astral!-

Una enorme estrella astral de cinco puntas, apareció bajo los pies de su oponente, abriendo un portal hacia otro plano del mundo, tragandoselo completo.

-Vaya...- rasco su nuca, atónita -No sabía que podíamos hacer eso...- acumuló magia entre sus manos -Elmekia lance-

Soltó el hechizo, aniquilando a un grupo de nigromantes que se acercaban a su hermano.

-Bueno... Aprendí de la mejor-

Sonrió cómplice y mirándola de reojo.

-¡Aren!-

Exclamó la hechicera, al ser acorralada junto con su hermana, por Golum. Estaban dando una buena pelea, pero el demonio, era muy fuerte y veloz.

-Hermano...- Estaban rodeados de nigromantes -Son demasiados...- retrocedian a cada paso que ellos daban.

-Ve con ellas...- Quitó el rompecabezas del Milenio de su cuello, entregandoselo -Yo me ocupare de ellos...-

Aclaró sin mirarla. La joven, abrió su boca para hablar, pero alguien la interrumpió.

-¿Te ocuparas?- acotó burlón el cazador, apoyando una mano en su hombro -Yo te ayudare... Hermano- él asintió.

-¡Vamos, primita!- exclamó la cazadora -¡Levi! ¡Ayuda al resto!- señaló a la tripulación que luchaba contra los mazucos. Tomó la mano de ella y corrieron en dirección al demonio -¡No mueras, Björn!- él sonrió al verla correr.

-Lo harás bien...enana- murmuró orgulloso.

-Listos... Muchachos- el hechicero negro, se materializó junto a ellos, poniéndose en guardia -¿Qué dices, Dante?- Miró al alquimista a su lado -Nadie retrocede...-

-Ni se rinde...-

Chasqueo sus dedos y llamas salieron de ellos. Los cuatro hombres, se lanzaron en batalla hacia el enemigo. No iban a rendirse y tampoco, iban a caer, ese no era su día.

-Se creen muy fuertes, ¿Verdad?- el demonio se acercaba a ellas con su grotesca forma humanoide, atacandolas con su poder. La hechiera, formaba un escudo entre ellos -Pero cuando la Luna este en posición... Yo las destruire-

-Eso lo veremos monstruo...- la alquimista junto sus manos y lo atacó, sin producir el menor daño -¡Yo acabaré contigo!-

Descolgó su arco caminando hacia él y cargando una flecha.

-¡Eyra! ¡No! ¿¡Qué crees que haces!?- se sentía exausta, su estado no le permitía usar todo su poder -¡Por favor! ¡No lo hagas! ¡Escuchame!-

La ignoro y siguió su camino, dispuesta a todo. Mientras el suelo se movia bajo sus pies y gigantescas rocas, atacaban a ese demonio, sin exito.

-Veo que eres muy valiente... Alquimista del sol- se acercó a ella, después de lanzarle un ataque a la hechicera, que esquivo de milagro -Pero tu alquimia, no acabarás conmigo-

Lo atacó con una flecha envuelta en llamas y nada paso. Él se arrastró velozmente por el suelo y con uno de sus brazos, prisióno a la muchacha, levantando una de sus pinzas para inyectarle veneno. La hechicera lo atacó, pero ningún hechizo llegaba a él y la luna, estaba casi en posición.

La alquimista, tenía un plan. Se acercaría lo más posible al demonio, para clavar una flecha cerca del corazón, sin importar las consecuencias.

Todo se veía muy lento, él sonreía malévolo dispuesto a dar su estocada final y ella, cerró sus ojos, esperando el momento que nunca llegó. La pinza cayó al suelo y un gruñido desgarrador, se escucho por todo el lugar. Alguien lo había atacado en cuestión de segundos.

-Mira, Golum...- se posicionó frente a su amiga apuntandolo con su espada -Creo que te falta una parte...- observó burlona la pinza a su lado -Yo que tu... Lo pensaría dos veces antes de hacer eso- el demonio la miró con irá y desprecio -A menos que...quieras terminar peor que un eunuco- río con sorna.

-Así que tu... Eres la otra alfa- mencionó con su horrible voz distorsionada -La que pretende acabar con mi ejército de Drag Mata... Al igual que la vidente- la nombrada, estaba ayudando a la otra joven a incorporarse -Aunque... No te queda mucho tiempo, ¿Verdad?- la muchacha lo miró sin entender sus palabras -La magia de Valtandhers te esta consumiendo-

Era cierto, aunque ella era una cazadora inmune a la magia, su descendencia alquimista, la hacía totalmente vulnerable ante armas como esas.

-Eso a mi no me interesa- blindo la espada una vez más -No me detendre hasta sellar tu poder- corría hacia él dispuesta a todo.

-Eso lo veremos...-

Rugió al aire y levantó una mano para atacar a esa pequeña muchacha, que osaba enfrentarlo.

-¡No te atrevas! ¡Monstruo!- exclamó furica -Flujo eterno e infinito...- posicionó sus manos cerrando sus ojos -Fuente de todo corazón, llama azul que nunca se apaga...- conjuró -Poder que duerme dentro de mi alma, acude desde el infinito y has justicia- pronunció en transe -La Tilt-

Atacó al demonio, apuntandolo con ese poderoso hechizo de magia blanca, equivalente al Drag Slave. Una barrera de energía, lo rodeo por completo deteniendo ese inminente ataque, que seguramente, los destruiría a todos.

-¡Eyra!- exclamó la heredera de la luna al ver al demonio estático -¡Drag Slave!-

Su hermana entendió todo, sellarian su poder.

-¡Si!- contestó firme, cargando su arco con una flecha -¡Pequeña Ivi! ¡Regresa!-

Exclamó al ver a la cazadora, tratando de herirlo con su espada desde diferentes flancos. Sus objetivos, eran las pinzas de ese demonio.

-¡Soy Ivette!- gritó en respuesta -¡Yo lo distraere... No tenemos tiempo! ¡Haganlo!-

Estaba agitada y sudaba frío. La magia de la espada, había quemado por completo sus manos, sus brazos y parte de su pecho. No podía resistir más, pero iba a darlo todo.

-¡Chicas!- Exclamó la vidente con una gran hemorragia nasal -¡No puedo detenerlo más! ¡Es ahora o nunca!-

Concentró su poder con ayuda del arma de su hermano.

-¿Lista, Eyra?- preguntó acercando sus manos.

-Nací lista, Ivette-

Contestó tensando su arco y comenzando a pronunciar ese mantra, que detendría todo.

-Después de unos instantes que parecieron milenios...- siguió narrando la historia, hundido en el recuerdo -El hechizo fue lanzado y dio de lleno en el pecho de Golum...- miró a su amiga que había despertado y lo escuchaba atenta -Él desapareció en una gran nube de humo rojo, jurando, que volvería en la próxima luna de sangre-

-Vaya... Nosotros jamás pasamos por algo así- pronunció asombrado su padre.

-Si, fue peor que hace veinte años- aseguró el hechicero y su esposa, asintió.

-¿Qué paso después, hijo?-

Cuestionó la mecánica y él hizo una mueca con su rostro, mirandola.

-Luego...- todos voltearon al escuchar su voz. No se habían percatado de cuando había despertado -El ejercito de Drag Mata, mazucos y nigromantes, desaparecio... Al igual que él- entrecerró sus ojos -Lo último que recuerdo, es que... De repente, sentí mucho sueño y escuche a Seth, Eyra y Björn, llamandome...- miró al joven frente a ella -Después, nada más-

Se acurruco en los brazos de su padre, tapándose hasta los ojos.

-Es porque después de eso, primita- apretó sus labios -Tu desapareciste en el aire... Como si te hubieras desintegrado en un instante-

-¿De verdad?-

-Si y fue aterrador...- mencionó el hechicero, tomando su cabeza entre sus manos -Creímos que la magia de Valtandhers te había matado- ella ahogó un suspiro.

-Después de que desapareciste... Eyra comenzó a gritar, tomando su cabeza con fuerza y sus ojos, se volvieron completamente negros- el alquimista miró a la hechicera con terror -El rompecabezas del Milenio comenzó a brillar, cegandonos a todos y cuando se detuvo, ya no estaba-

-Entiendo... Ya habíamos cumplido la profesia. No tenía sentido que nos quedaramos allí- dijo la nombrada y ambos asintieron -Pero, ustedes... ¿Cómo llegaron aquí?-

-Bueno...- rasco su nuca, nervioso -Yo no sé como llegue aquí, supongo que me transportaron de alguna manera... Pero Dante, desaparecio al envolverse su cuerpo en llamas- apuntó a su amigo.

-Por esa razón, desperté deshidratado y con poco oxígeno- afirmó sonriendo -Prácticamente... Sufrí una combustión espontánea-

Los jóvenes rieron a carcajadas y los adultos sonrieron. Era definitivo, sus hijos eran como ellos.

-Eso es genial, amigo... Tienes otra aventura que contar- chocaron puños. Ella aún seguía en el regazo de su padre -Me alegra estar de vuelta- él asintió dándole la razón.

-A mi también... Los extrañe- se sentó en las piernas de su padre y lo besó en la mejilla, tomando una mano de su madre -Ustedes se amaron mucho, ¿Saben?- les dijo a ambos, sonriendo.

-Lo sabemos, hija-

Dijo su madre, acomodandole el cabello.

Por otro lado, la alquimista del grupo, levantó una mano para hacer una pregunta. Esa historia le había fascinado.

-¿Si, madrina?-

Preguntó el joven hechicero, evitando mirar a su padre que quería asesinarlo.

-Tengo que decirlo y espero que no le tomen de loca por esto...-

-No... Como crees- agregó sarcástico, su pseudoamigo -Nadie piensa eso de ti, monstruo- comentó igual.

-Callate- lo apuntó amenazante -No hagas que te deje en vergüenza delante de tu hijo- él arremeda, burlón -En fin, ¿Qué paso con Eyra y Björn? Sobrevivieron ¿Verdad?-

-Si...- contestó su hija sin emoción -Ellos sobrevivieron, pero ya no estarían juntos-

-¿Cómo?- su padre la apartó para mirarla a los ojos -¿Por qué?- ella no sabía que decir.

-Él se alejó de su vida, Keilot- contestó su amigo. Era la visión que tuvo al tocar a su hija. Pero el cazador, no entendía nada -Al no morir, el destino quiso que no estuvieran juntos-

-Comprendo...- volvió a abrigar a su hija -El destino siempre quiso separarnos ¿No, amor?-

Sonrió a su esposa y ella asintió, peinando los hermosos rizos de su hija.

-Si, pero no pudo hacerlo, cuñado- respondió acariciando el largo cabello de su pequeña -Ustedes y todos nosotros, somos más fuertes-

-Bien... Como esta todo aclarado y veo que ya están recuperados- ella suspiró, mirando a su hijo y esposo -Llegó el momento de hablar, Seth-

Él asintió a las palabras de su madre, poniéndose de pie y alejándose del lugar con ellos.