Ahora si me apresuré y actualicé antes. Ojalá que este capítulo sea de su agrado.
Saludos y gracias a aquellas personas que desde el inicio de mi historia la han apoyado, compartido y promocionado.
Capítulo 22. Sombría obsesión
_Candy_
Todo me da vueltas…
… la cabeza me duele…
… quiero vomitar…
… ¿Dónde estoy?...
Quería abrir los ojos, pero no pude. Parecía como si mi cerebro se hubiese quedado sin energía. Como yo.
Quizás volví a perder la consciencia, o probablemente fui vencida por el sueño.
No lo sé con exactitud.
Me sentía tan débil que muy probablemente así sucedió.
Unas espantosas náuseas fueron el impulso que necesitaba mi mente para salir del estado de sopor que me mantuvo prisionera lo que sentí fue una eternidad.
En cuanto abrí los ojos, las escenas con Loyd y esa mujer que ahora sé era Margot Marlowe, saturaron mi mente.
Me quise enderezar, pero un fuerte mareo así como un par de manos sobre mis hombros me lo impidieron.
"Tranquila, mi amor, no te muevas, puede hacerte daño" giré mi vista hacia el dueño de esa voz y me encontré a Loyd sentado a un lado mío viéndome con falsa preocupación.
¿Dónde estamos? me pregunté intentando reconocer sin éxito este lugar.
"Aun estás bajo los efectos del cloroformo. Podrías lastimarte si intentas ponerte en pie" torpemente quise alejar sus manos de mí, pero no lo toqué siquiera.
Me encuentro tan mareada, que con los ojos abiertos o cerrados mi entorno gira tan violentamente, que reprimo las ganas incontrolables que tengo de vaciar mi estómago.
"¿¡Qué me hiciste!?" sostuve mi cabeza con una de mis manos sentándome contra su voluntad sobre la cama.
Súbitamente, alguien más importante que yo misma llenó cada uno de mis pensamientos.
Angustiada, enfoqué mi atención sobre mi vientre al tiempo que lo acunaba rápidamente entre mis brazos.
En cuanto sentí movimiento sobre las palmas de mis manos, un largo suspiro escapó a través de mi boca.
Mamá no dejará que nada malo te pase, le dije silenciosamente a mi bebé.
"Te traje a nuestro nuevo hogar" clavé mi mirada furiosa sobre él.
"¡Mi hogar está al lado de mi esposo!" grité al tiempo que me ponía en pie.
"No te levantes, te puedes caer" repitió calmadamente, pero lo ignoré.
Saldré de este lugar aunque tenga que arrastrarme para conseguirlo.
Desafortunadamente no pude dar dos pasos hacia la puerta sin que las fuerzas de mis piernas decidieran abandonarme por completo.
"¡Te dije que si te ponías en pie podías caerte!" masculló molesto mientras impedía que cayera al suelo "Vamos, te llevaré a la cama" lo empujé con todas las fuerzas que poseía, pero no conseguí hacerle un sólo rasguño.
A pesar de todo me sentí victoriosa al verlo dar dos pasos hacia atrás.
"¡No necesito de tu ayuda! Si estoy en este estado es por culpa tuya" cabizbajo, colocó sus manos sobre sus costados y bajó su mirada hacia el suelo al tiempo que soltaba un largo suspiro.
"Algún día comprenderás que todo lo que he hecho fue por tu bien. Desde un inicio mi único deseo ha sido protegerte a costa de todo, incluso de ti misma"
"¿De qué estás hablando?... ¿¡Qué has hecho, Loyd?!" mi voz se quebró antes de terminar de hablar.
Me aterraba escuchar su respuesta.
Sentía que las fuerzas de mis piernas flaquearían de un momento a otro, pero no le daré el gusto de verme débil. No ahora que necesito ser más fuerte que nunca.
Inconmovible, se mantuvo de pie a unos pasos de mí sin pronunciar una sola palabra.
Una fría sonrisa se dibujó en su rostro mientras tomaba asiento en uno de los sillones de este extraño lugar. Cruzó su pierna, colocó su barbilla sobre una de sus manos, y sin apartar sus ojos de mí, esperó, esperó… y esperó… pero ¿qué?...
Sin aliento, di varios pasos hacia atrás mientras varias preguntas sin respuesta llegaban a mi mente.
¿Quién llevó a Susana al teatro donde le disparó a Terry?
¿Quién le dio la pistola?
¿Quién fue la persona que filtró información falsa a la prensa dando como resultado esa nota amarillista que pudo haber terminado con mi reputación y la profesión de Terry?
¿Quién mató al perro que apareció en mi casa?
Antes que las fuerzas de mis piernas me fallaran, tomé asiento sobre la cama.
"Has sido tú todo este tiempo… fuiste tú quien llevó a Susana al teatro ese día que le disparó a Terry, la incitaste a que lo matara, ¿¡no es cierto?!" sabía que estaba profundamente resentido por nuestro rompimiento, pero jamás imaginé las locuras que haría en nombre del amor enfermizo que me profesa.
Mi corazón comenzó a latir tan rápido, que sentía dolorosamente su palpitar dentro de mi pecho.
Su sonrisa se tornó más amplia, mientras que sus ojos entrecerrados por la malsana alegría que sentía, no perdían detalle de cada uno de mis movimientos y expresiones.
"¡Todo ha sido obra tuya!… " dije sin aliento.
Por primera vez desde que esta pesadilla dio inicio, su presencia me inspiró terror.
No podía moverme. Me aterraba lo que en un acto de locura, fuese capaz de hacer, no a mí, yo no importo, sino a mi bebé.
"Te lo dije varias veces. No existe nada en este mundo que no sea capaz de hacer por ti" sin dejar de observarme, se acercó a mí con demasiada lentitud.
Quiero gritar, alejarme de él, pero no puedo… pensé aterrada.
Se hincó frente a mí, colocó su cabeza sobre mi regazo y en esa posición, me abrazó.
No pude alejarlo. El pánico por las súbitas revelaciones me impedían controlar mi cuerpo a voluntad.
"No tengas miedo, mi amor. Te aseguro que no existe prueba alguna que me señale como el culpable. Puedes estar tranquila" susurró.
"El subdirector del hospital te vio. Él puede testificar que fuiste la última persona que estuvo conmigo. En este momento la policía de Nueva York debe estar buscándote, y Terry…" abruptamente se enderezó, y furioso, clavó su mirada asesina sobre mí.
Inmediatamente guardé silencio.
"¡NO VUELVAS A PRONUNCIAR SU NOMBRE!" en cuanto vislumbró el terror de mi mirada, colocó sus puños sobre sus sienes y comenzó a caminar como león enjaulado alrededor de la habitación.
Instintivamente, me abracé a mí misma mientras me apartaba rápidamente de él.
"Perdóname, mi amor, te lo suplico, no te asustes, ven" extendió su mano en mi dirección, pero al ver que no reaccionaba a su gesto, volvió a perder los estribos "¡TE ESTOY PIDIENDO QUE VENGAS!" por mera sobrevivencia, hice lo que me indicó.
Tomó mi mano entre la suya, y como si su exabrupto no hubiese existido, lentamente la besó.
Mientras lo hacía, crispé fuertemente mis ojos. En un intento por sofocar la repulsión que me provocaba su contacto, cubrí mi boca con la mano que tenía libre.
"Mi cielo, ya no necesitas pensar en él. Ya estoy aquí contigo" levantó su mirada hacia mí y me sonrió. Tuve la impresión que Loyd de verdad cree que lo que está haciendo es admirable cuando es precisamente todo lo contrario. "Por la policía no te preocupes, ellos están buscando a Margot, no a mí" fruncí el ceño confundida.
"No entiendo… el subdirector y Catherine debieron verte cuando llegaste al hospital" negó con la cabeza al tiempo que, emocionado, tomaba mi rostro entre sus manos.
"¿¡Me crees tan descuidado?! Me aseguré de prestarle los recursos necesarios a Margot sin tener la necesidad de ensuciarme las manos. Fue ella la que pidió verte en el hospital no yo. Gracias a que era una habitación doble, pude ocultarme sin problema. El subdirector es conocido suyo. Si el hombre notó algo extraño en su comportamiento, es obvio que decidió no prestarle atención porque te mandó llamar prestamente." de su boca salían palabras tan espantosas, que lo único que su presencia podría inspirarme era repulsión
¿En qué momento permitiste que la oscuridad consumiera tu alma por completo, Loyd?
"Has perdido la cabeza…" susurré en un tono de voz tan quedo, que mis palabras fueron avasalladas fácilmente por la excitación de las suyas.
"La persona que contactó al reportero para publicar la nota falsa, la que llevó a Susana al escenario, la que mató al perro y escribió esas cartas fue Margot. Sabía que teniéndola como señuelo podría recuperarte sin levantar sospecha de nadie." palidecí.
¡Dios mío! La policía buscará a la persona equivocada.
"En cuanto a ese hombre ya no necesitas preocuparte por él, la producción de la película lo mantendrá ocupado un tiempo. Me aseguré que el lugar al que se dirigen no tenga acceso a telegramas" afirmó.
"¿¡Influiste para que modificaran el libreto de la película!?" el tono de mi voz fue intensificándose gradualmente conforme terminaba de hablar
"¿Se te olvida que soy socio de esa compañía?. No fue difícil hacerlo" furiosa, apreté fuertemente mis puños.
Quise golpearlo con todas mis fuerzas, pero me contuve. No podía darme el lujo de ser tan impulsiva en mi estado.
"¿Has estado manipulando todo este tiempo a una mujer enferma como Margot para que haga tu trabajo sucio?, ¡cómo pudiste caer tan bajo, Loyd!" ignorando mis malestares, me levanté y me alejé tanto como pude de él.
Afortunadamente esta habitación _que parecía de cristal gracias a los enormes ventanales que la custodiaban_ era bastante amplia, pero no lo suficiente.
Tengo la impresión que conforme más me alejo de él, las paredes de este lugar se ciernen lentamente alrededor de mí. Asfixiándome.
"Prometí ayudarla a vengarse de ese sujeto y eso hice, pero ya no tienes que preocuparte por Margot, ella ya no puede hacerte daño"
"¿Qué hiciste con ella?" pregunté temiendo su respuesta.
"La dejé en la calle. Ya no la necesito ahora que por fin te tengo conmigo"
"¿No tienes miedo que pueda delatarte? Ella debe conocer este lugar y…" una súbita carcajada le impidió responderme.
"¡Esa mujer no sabe más allá de lo que yo quería que supiera, mi amor! Todo está arreglado para que cuando la encuentren, se descubra la información que la vincula como autora intelectual de los hechos. Por otro lado, la policía está al tanto del historial médico de su familia gracias a mí. Puse a su alcance la información que necesitaban sin ellos percatarse siquiera. Créeme, con nadie estás más a salvo que conmigo." se acercó a mí, colocó sus manos sobre mi rostro, pero las alejé de un manotazo.
"¡Estás loco, Loyd!" una triste alegría destelló en su mirada oscura mientras observaba sus manos con repulsión y fascinación al mismo tiempo.
"¡LO ESTOY! CLARO QUE ESTOY LOCO. DEMENTE. TÚ ERAS MI MUNDO ENTERO. ¡MI AMOR MÁS PRECIADO! Y A PESAR DE HABERTE ENTREGADO MI CORAZÓN, TÚ ME DESECHASTE DE TU VIDA COMO SI JAMÁS HUBIESE SIGNIFICADO ALGO PARA TI." rompió el aire dando manotazos a su alrededor.
Si las miradas mataran, mi vida se habría extinguido en este momento.
Me vio con desprecio, pero fue completamente correspondido.
Respiró profundamente al tiempo que una de sus manos retiraba un mechón de cabello que cubría sus ojos huecos y vacíos
"En un instante mi alma me fue arrebatada, pero te aseguro que él vivirá en carne propia la agonía que he tenido que padecer desde que me dejaste para casarte con él. Le haré pagar muy caro su osadía. Te lo juro" dijo.
"¿¡Qué vas a hacer?! DIMELO" grité fuera de mis cabales.
Si algo le pasa a Terry, no lo podré soportar.
"Yo no le haré nada. Él mismo terminará con su vida cuando caiga en la cuenta que haga lo que haga no aparecerás jamás. No te haces una idea de lo mucho que disfrutaré saberlo sumido en la más pura de las agonías" masculló mientras daba unos pasos en mi dirección.
Instintivamente, acerqué mi mano a una figura metálica que descansaba a un costado mío. No le permitiría ponerme un sólo dedo encima.
Él mismo decidió estar sumido en su propia agonía.
Nadie más que él es responsable de su amargura.
"Pero por fin te he recuperado, mi amor. No admitiré que absolutamente nadie nos vuelva a separar" detuvo su andar a unos pasos de mí en cuanto su mirada se posó en mi mano.
"¡No dudaré en defenderme si te acercas!"
Tomé la figura y la levanté sobre mi cabeza, sin embargo, en lugar de sentirse amenazado comenzó a reír nuevamente.
"¡NO ESTOY BROMEANDO, LOYD!"
Sin borrar su burlona sonrisa de su rostro me dio la espalda y se encaminó lentamente hacia la puerta.
"Necesitas espacio y yo te daré todo el que necesites. Después de todo, si algo nos sobra es tiempo" musitó sereno, casi apacible, opuesto a las oscuras emociones que se desencadenaron dentro de mi pecho.
"¡La policía dará contigo y me sacará de aquí! Estoy segura que Richard, Albert y mi esposo no descansarán hasta encontrarme" giró el pomo de la puerta, pero antes de abrirla se detuvo.
Volteó lentamente su rostro hacia mí y esta vez con una lúgubre expresión dibujándose en sus facciones, habló.
"Nadie nos encontrará. Estamos muy lejos de la civilización y del mundo que conociste hasta ahora. Compré esta mansión especialmente para nosotros, aquí podremos empezar de nuevo hasta que nazca nuestro hijo, después, nos iremos a vivir aún más lejos. Nadie te alejará de mi otra vez"
"¿¡Nuestro hijo?! ¡deja de decir tonterías!" sin pensarlo dos veces, aventé en su dirección la figura que tenía entre mis manos, la cual, pudo esquivar con facilidad.
"Asher" Loyd no había terminado de pronunciar ese nombre cuando un hombre de cabello oscuro, vestido de negro y apariencia imponente apareció junto a él.
Era increíblemente alto y fornido.
Debe rebasar los dos metros de altura sin problema.
La expresión de su mirada es tan violenta, que me recuerda la de aquellos felinos salvajes que tantas veces me llegó a describir Albert durante sus pláticas.
"A sus órdenes Sr. Ainsworth" al igual que su apariencia, su tono de voz era grave y osca.
"Retiren todos los muebles y objetos filosos de esta habitación, excepto la cama. No quiero que el amor de mi vida se haga daño, y menos estando ella embarazada" el hombre asintió al tiempo que con una señal de su mano, otras personas con el mismo atuendo empezaban a hacer lo que Loyd había ordenado segundos atrás.
"¿Necesita otra cosa, Sr. Ainsworth?" preguntó.
"Una mucama la asistirá exclusivamente. Le traerá comida 3 veces al día. Esta habitación permanecerá cerrada y vigilada 24/7. Bajo ningún precepto, Candy tiene permiso de abandonar este recinto, ¿está claro?" dicho eso abandonó la habitación, seguido por el resto de sus guardaespaldas.
En cuestión de minutos me quedé completamente sola en este lugar desconocido.
Me acerqué a la cama y me dejé caer en ella mientras abrazaba con fuerza mi vientre.
Necesito escapar de aquí, o de lo contrario, no sé lo que Loyd será capaz de hacer.
_Albert_
"¿¡Estás completamente segura, mi amor!?, ¿de verdad no hay duda?" seguramente mis alaridos se escuchan en toda la casa, pero poco podía importarme hacer caso omiso de los estrictos modales bajo los que fui criado.
En este momento donde mi mundo acaba de cambiar por completo, tengo permiso de cantar y gritar si se me antoja.
Incluso mi difunta tía abuela Elroy excusaría mi penoso comportamiento… quizás…
Elina, paciente y con una deslumbrante sonrisa iluminando su rostro, contestó nuevamente cada una de mis alegres interrogantes.
"No hay ninguna duda, William. El doctor me lo confirmó hace unas horas. Estoy embarazada" extasiado, la tomé entre mis brazos, la besé y le di vueltas en el aire una y otra vez.
"¡Seremos padres!" anuncié extasiado al personal de servicio que se encontraba en estos momentos dentro de mi estudio.
Soy tan feliz que quiero compartir con el mundo mi felicidad.
"Ansío informarle a nuestra familia en Nueva York la buena nueva. ¡Soy tan feliz William!" emocionada, rodeó mi cuello con sus brazos.
Sin importarme tener público, la así contra mí cuerpo y la besé deseando transmitirle sin palabras lo feliz que ella y mi hijo me hacían.
¡Mi hijo!
Por fin experimento en carne propia las ansias de Candy y Terry por conocer a su bebé.
Mi amor no se divide. Se multiplica.
¡Qué sensación más maravillosa es experimentar los primeros momentos de la paternidad!
"Quiero ver la cara de Candy cuando se entere de la noticia. Puedo escuchar lo que dirá, gritará fuera de si ¡Lo sabía! mientras nos envuelve en uno de sus clásicos abrazos sin importarle lo avanzado que está su embarazo" casi podía imaginarme la escena en mi cabeza conforme la narraba.
"El comportamiento de Alisa no creo que sea muy diferente. En cada carta que me escribe me pregunta cuando le anunciaré que estoy embarazada como Candy. Finalmente tengo la respuesta" musitó risueña.
"La diferencia es que la actitud de tu hermana es justificable, después de todo es una niña de 9 años de edad, mientras que Candy…" ambos nos miramos a los ojos divertidos y comenzamos a reír.
Es maravilloso que a pesar del transcurrir de los años, Candy aun conserve esa capacidad de asombro que conforme crecemos, perdemos.
Besé a mi esposa de nueva cuenta, pero la puerta del estudio abrirse abruptamente nos sobresaltó tanto a ambos, que Elina dejó escapar involuntariamente un grito que ahogó al instante con sus manos.
Archie, pálido y bastante ofuscado, nos observaba tembloroso desde el umbral.
Sólo dos veces lo he visto en semejante estado, y fue cuando Anthony y posteriormente Stear fallecieron.
"Archie, ¿¡que sucede?!" consternado, corrí hacia él.
Sea lo que sea que estaba por decir, obviamente no era agradable.
"El Sr. Richard llamó por teléfono…" musitó turbado.
¿Por teléfono? ¿Qué es lo que ocurrió para que recurriera a ese medio?
"…Es Candy… secuestraron a Candy, Albert" sus ojos se tornaron cristalinos conforme hablaba.
Elina a un lado mío resopló impactada por la noticia, mientras que mi mundo, antes iluminado por la felicidad de saber que me convertiré en padre, ahora se oscurecía por completo.
Candy… secuestrada… pero ¿quién…? ¿cómo?
Por mucho que quisiera sentarme a lamentar la noticia, necesitaba actuar y pensar con la cabeza fría.
Ahora más que nunca, no puedo darme el lujo de perder tiempo tan valioso llorando por mucho que quiera hacerlo.
Candy me necesita, así que me trague mis lágrimas e hice a un lado los sentimientos abrumadoramente intensos que me embargan tanto o más que a Archie en estos momentos.
"¡Archie, sosiégate!" aturdido, levantó la cabeza hacia mí. Después de parpadear un par de veces, tuve su atención "¿Qué información tiene hasta ahora la policía?" pregunté.
En este momento mi punto emocional seguro era entrar en el papel del implacable patriarca de la familia Andley, de lo contrario, si me dejaba llevar por mis emociones, me desmoronaría en un instante.
"Parece ser que Candy desapareció ayer alrededor de las dos de la tarde. Dos testigos ubican en el hospital a Margot Marlowe como la última persona que estuvo con ella" explicó mientras se dejaba caer sobre uno de los sillones, escondiendo abatido su rostro entre sus manos.
"Terry debe estar desesperado…" negó con la cabeza.
"Para complicar la situación, Grandchester viajó a Europa por motivos de trabajo. ¡No pueden contactarlo!. Al parecer la locación donde se está llevando a cabo la filmación no tiene acceso a telegramas, ¿¡puedes creerlo?!. Una carta tardará demasiado en llegar, ¡maldita sea!" dijo y golpeó sus rodillas con sus puños.
Demasiado conveniente para Margot el viaje de Terry. Cuando él se entere de lo sucedido, perderá por completo la cabeza, pensé.
Pasos presurosos se escucharon acercarse al estudio. En cuanto apareció Annie, corrió a refugiarse en los brazos de su marido.
Mientras Archie le narraba lo poco que sabíamos, comencé a preparar nuestro viaje a Nueva York, mientras que Elina junto con las mucamas, alistaban en tiempo récord nuestro equipaje.
Archie y Annie no podían viajar con nosotros inmediatamente.
No les pareció prudente involucrar a sus hijos en esta situación. Son demasiado pequeños aun para comprender. En cuanto los lleven con los Sres. Britter, nos alcanzarán en Nueva York.
El viaje en tren estaba siendo demasiado largo.
Mientras me encontraba admirando el paisaje a través de la ventana de este vagón, las emociones que reprimí horas atrás amenazaban con salir de golpe sin darme tregua.
Impotente, escondí mi rostro entre mis manos al tiempo que escenas vividas con Candy en la casa hogar de Pony, en Londres, en su departamento durante mis años con amnesia, saturaron mi mente.
"Tranquilo William. Ya puedes desahogarte. Estamos solos" sorprendido, giré mi rostro hacia mi esposa y lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas.
Puedo fingir con el mundo entero que estoy en control de la situación, pero no con ella.
Desconsolado, escondí mi rostro en su cuello.
Ella mientras tanto, rodeó con sus brazos mi espalda, consolándome sin palabras.
"Aunque no llevemos la misma sangre, Candy es mi hermana. Si algo le pasa no lo podré soportar. No quiero perderla como a Rosemary… yo no…" no pude terminar de hablar sin que la voz se me quebrara en el proceso.
"Confiemos en que todo saldrá bien. Candy es una mujer muy astuta e inteligente. Ten fe, mi amor, además, tú, papá y mi hermano harán hasta lo imposible por encontrarla, ¿no es así?" coloqué mi cabeza sobre su regazo, y asentí.
Moveré cielo, mar y tierra para encontrarla.
"Tenemos que localizarla antes que Terry se entere de la situación, de lo contrario, no sé lo que será capaz de hacer" sentí sus manos crisparse ligeramente sobre mi espalda al oírme hablar.
Me incorporé y en su mirada brilló una angustia tan profunda, que inmediatamente la abracé.
"Tengo miedo, William. No quiero que mi hermano sufra otra vez. No lo merece" besé su frente y la pegué contra mi pecho.
Aunque me gustaría decirle que eso no sucederá, no quiero hacer promesas que no se si podré cumplir, así que preferí dirigir una plegaria a dos estrellas que brillan intensamente desde el firmamento.
Anthony, Stear, cuiden a Candy. Se los suplico, repetí una y otra vez sin cansancio.
En cuanto llegamos a Nueva York, nos dirigimos sin escala a la casa de los padres de Terry, los cuales como era de esperarse, estaban sumidos por completo en la angustia, especialmente la Sra. Eleonor. Por lo enrojecido de su rostro diría que ha llorado durante horas sin cesar.
"Ya estamos aquí. ¿Hay alguna novedad respecto al paradero de Candy?" preguntó Elina mientras rompía el abrazo con Eleonor.
"Han llegado justo a tiempo. El Sr. Hammill está en el salón. Tiene noticias importantes que compartir con nosotros" el Sr. Grandchester rodeó cariñosamente los hombros de su esposa y nos guio al salón.
En cuanto atravesamos el umbral, Alisa se encontraba sentada en uno de los sillones.
Al parecer su intención era participar en nuestra reunión con el detective, lo cual en ningún momento consideré prudente.
"Mi cielo, sube a tu habitación y espéranos ahí. Estas son pláticas de adultos" ni toda la condescendencia de la Sra. Eleonor, suavizó la dura expresión que se dibujó en el rostro de su hija.
Me recordó tanto a Terry durante sus años de adolescente, que una melancolía sumamente dolorosa se instaló en mi pecho al evocar esos años.
"¡Yo también quiero saber qué pasa con Candy!, ¡tengo derecho! ¡soy parte de la familia!" respondió desafiante mientras bajaba la mirada hacia el suelo y colocaba sus puños cerrados sobre sus muslos.
"¡Alisa, es una orden!" sorprendida pero resignada, evitó la mirada de su padre, y con sus ojos llenos de lágrimas, subió corriendo hacia su habitación.
"Lo mejor será que suba con ella, William" asentí "con su permiso" el detective se puso de pie y en señal de respeto, se quitó su sombrero.
Era un hombre de costumbres de etiqueta muy arraigadas.
Se habría llevado bien con mi tía abuela Elroy.
"Lamento que tengamos que volver a vernos en estas circunstancias, Sr. Andley" en cuanto el Sr. Grandchester le hizo un gesto con la mano, tomó asiento en un sillón frente al nuestro.
Con un gesto grave, colocó su sombrero a un costado suyo, respiró profundamente, y apoyó su mentón sobre sus manos. Parecía estar eligiendo cuidadosamente las palabras que usaría a continuación.
Por primera vez deseé que mi capacidad de leer a las personas, fuese incorrecta.
"Hemos encontrado a la Sra. Marlowe" la Sra. Eleonor a mi lado, sollozó de felicidad al escuchar la noticia, sin embargo, la expresión del detective se tornó cada vez más alicaída.
"¡Es una excelente noticia!, ¿ya les dijo donde tiene a Candy?" las líneas del entrecejo del Sr. Hammill se tornaron más profundas conforme apreciaba la excitación en el rostro de la madre de Terry.
Después de unos largos segundos de silencio, soltó un largo suspiro y continuó hablando.
"La buena noticia es que tenemos pruebas más que suficientes para encerrar a la Sra. Marlowe de por vida en un hospital psiquiátrico. Ella ha sido la responsable de todo desde un inicio; la nota falsa que se publicó en el periódico, la muerte del perro, las cartas y más. La mala noticia es que no podremos conseguir una confesión de ella, ni mucho menos nos será de utilidad para dar con el paradero de la Sra. Candy" la consternación en su hablar era sincera.
Se ha involucrado tanto a nivel personal en este caso, que estas revelaciones le afectaban a él tanto como a nosotros.
"¿Podría ser más específico?" al oír mi pregunta, el detective levantó sus ojos saltones hacia nosotros, y sin poder sostener nuestra mirada, prefirió clavarla sobre el piso bajo sus pies.
Sus cejas pobladas se contrajeron tanto, que sus extremos se rozaron sin problema.
"A palabras de los expertos; la mente de la Sra. Marlowe está en blanco. Se ha desconectado por completo de la realidad y es muy probable que jamás recupere la cordura. Me apena mucho decir lo siguiente pero, necesito prepararlos. Dadas las circunstancias, la probabilidad de que el caso de secuestro se torne en recuperación de un cuerpo es bastante alta"
"¡NO!" la Sra. Eleonor intentó ahogar en vano su grito con sus manos al tiempo que empezaba a sollozar fuera de sí.
"Tranquilízate, querida. Te puede hacer daño" el Sr. Grandchester rodeó la espalda de su esposa con sus brazos, pero los espasmos que sufría su cuerpo como resultado del llanto eran tan intensos, que tuvieron que acudir las mucamas con un té y sales medicinales para sosegarla un poco.
"Lamento profundamente ser portador de tan malas noticias. En caso de seguir la Sra. Candy con vida, no tenemos un punto de partida donde buscarla y el tiempo apremia. Tengan por seguro que mi equipo está peinando todo Nueva York para dar con ella… pero, mi deber es informarles los posibles desenlaces" me sentí incapaz de hacer audible cualquier clase de respuesta, por lo que decidí enterrar mi rostro entre mis manos.
Ni todo el autocontrol que poseo me da la fuerza para soportar esta noticia.
"¡Richard, si Candy y el bebé mueren, Terry no lo podrá soportar!" inconsolable, la Sra. Grandchester lloró sobre el pecho de su esposo hasta que este se excusó un momento para llevarla a su habitación.
"Sr. Hammill, no me importa lo que cueste. Cubriré todos los gastos que sean necesarios, pero haga hasta lo imposible por dar con el paradero de Candy" decreté y no aceptaría un no por respuesta.
"Haremos todo lo que esté en nuestras manos, Sr. Andley. Téngalo por seguro" dijo.
"Necesito hacerle una pregunta. ¿Ha investigado a Loyd?" indagué.
"Cuando se nos informó de la desaparición de la Sra. Candy, él fue la primera persona que se me vino a la mente. Realicé una visita a su domicilio en Nueva York alegando que por amenazas pasadas, él podría ser un posible sospechoso. En cuanto tantee la idea de investigar sus propiedades, accedió voluntariamente a que se le investigara. Sin demora le tomé la palabra esperando encontrar algo, una pista, lo que fuera que lo vinculara al caso, pero nada. El Sr. Ainsworth está limpio" resoplé molesto mientras trituraba mis rodillas con mis codos.
"Es demasiado extraño que esta mujer desequilibrada mentalmente, haya actuado con tanta premeditación sin ayuda, ¿no le parece?…" tengo la extraña sensación que tenemos al culpable frente a nuestras narices, pero igual que el humo, nos es imposible atraparlo.
¿Acaso Loyd está jugando con nosotros? O quizás me estoy empeñando en culpar innecesariamente a un hombre que, según indican las pruebas, es inocente.
"Aunque el Sr. Ainsworth parecería ser el sospechoso perfecto, me veo imposibilitado a proceder contra él. Tampoco puedo mantenerlo vigilado sin pruebas …" asentí molesto al tiempo que resoplaba frustrado.
Froté repetidamente mi frente con una de mis manos.
Muy en contra de mi voluntad empecé a ser presa del pesimismo y la desesperación.
Candy, ¿¡dónde estás!?
_Candy_
Me he cansado de gritar una y otra vez suplicando que alguien me ayude, de buscar algún modo de salir de este lugar, y aunque saltar de un tercer piso habría sido viable en otro momento, debido a mi embarazo no podía hacerlo.
De ningún modo pondré en riesgo la vida de mi bebé.
Encontraré otro modo de escapar de aquí, mi pequeño, te lo juro, acaricié mi vientre y me dejé caer impotente sobre la cama.
No me he dado por vencida. Simplemente necesito pensar con claridad como escapar ilesa de esta fortaleza que en verdad parece estar en medio de la nada.
¿Dónde estamos?, me pregunté.
Di unos pasos hacia uno de los tantos ventanales que decoran este lugar y lo único que alcancé a ver fue pasto, árboles, incluso montañas, pero ninguna casa o edificio a la cual pudiese pedir ayuda.
Tres golpes en la puerta de mi prisión me sacaron de mis cavilaciones, pero no respondí. Que caso tenía. Nadie en este lugar esta dispuesto a tenderme una mano amiga aunque saben que estoy aquí en contra de mi voluntad.
Unos pasos firmes pero ligeros se escucharon tras de mí, mientras que el sonido del cristal y el metal rozar entre si llamaron mi atención.
La mucama ha traído mi comida, pensé con apatía, pero no estaba interesada en mis alimentos sino en buscar un método para salir de aquí, o al menos, avisarle de algún modo a mi familia en qué lugar me encontraba.
"Le traigo su comida. Tengo instrucciones precisas de no retirarme hasta que haya consumido todos sus alimentos" algo en su tono de voz me resultó bastante familiar.
Curiosa, giré mi rostro hacia la persona que yacía varios pasos tras de mí y en cuanto sus ojos marrones reconocieron los míos, me observó con la misma sorpresa y alegría que yo.
"¡Dorothy!" los brazos de mi amiga me envolvieron en un fraternal abrazo.
Esta vez me fue imposible frenar el llanto que por todos los medios habría querido ahogar dentro de mi pecho, pero ver a Dorothy despertó en mi la llama de la esperanza.
Continuará...
Notas de la autora.
Dorothy aparece! a pesar que es un personaje que sólo sale en el anime, me parece que fue descuidado al prácticamente desaparecerla de la serie, así que quise ponerla en un punto crucial de la historia, y que mejor que en la misma casa donde Loyd mantiene secuestrada a Candy. Qué opinan?
Ojalá les haya gustado el capítulo y procuraré actualizar muy pronto.
