—Beka…

Se mantuvieron abrazados por unos largos segundos sin moverse. Otabek con su fuerza mantenía sin problema alguno a Yuri sobre él, el cual estaba rodeado al kazajo con piernas y brazos, era como un monito abrazando su árbol favorito. Yuri no pensó en nada más, en esos instantes, cuando Otabek volvió a su lado sintió que todos los recuerdos y los malos sentires se desvanecían para darle solo paso a la dicha de estar nuevamente con el kazajo. Encontraba increíble el poder que tenía el mayor sobre él, sin embargo no le molesto aquello, ya que con solo Otabek él podía sentirse tan bien.

—Yura —Otabek siguió acariciando su cabeza con devoción, Yuri sonriendo hundió más su rostro en el cuello de su amigo. Ahí estaba el olor que tanto había extrañado durante un largo y angustiante mes.

—¿Estás aquí, verdad? —preguntó Yuri, temiendo que toda la felicidad que sentía solo fuera un sueño, una ilusión de su subconsciente. No quería despertar y verse nuevamente solo.

—Lo estoy, tal cual como lo estás tú —respondió Otabek, susurrándole en la oreja. Yuri al oírlo tan de cerca y al percibir su cálido aliento tuvo una corriente eléctrica tras su nuca.

Plisetsky volvió a sonreír manteniéndose en silencio por unos segundos más, quería aprovechar lo que más pudiera el calor del kazajo. Otabek seguía manteniéndolo bien sujeto sin titubear ningún instante mientras el mundo seguía avanzando alrededor de ellos. El ruso cuando sintió un leve tirón en su espalda por lo adolorido que estaba su cuerpo, se separó un poco del mayor y en eso volvieron a unir sus miradas. Otabek con su derecha despejó la vista de Yuri dejando a relucir sus dos maravillosos iris.

—Hola, ojos de soldado —saludo Otabek, marcando su hoyuelo; aquel hoyuelo que Yuri había extrañado muchísimo apreciarlo.

Sintió sus mejillas arder en cuestión de segundos, su corazón se agitó mucho más como hace tiempo no lo hacía y las ganas de seguir abrazándolo volvieron a asaltarlo, sin embargo se mantuvo quieto y callado sonriendo con cohibimiento, pues no encontraba las palabras o el gesto apropiado para devolver ante aquel peculiar saludo.

—¿Cómo estás, Yura? —preguntó su amigo, y el nombrado asintió sin poder hablar en ese instante. Tenía tantas emociones asidas en su interior que sus palabras parecían atrapadas por una red muy gruesa en su garganta—. ¿Por qué tienes los ojos llorosos? —investigó ahora pasando su pulgar bajo los ojos de Yuri.

Este iba responderle, decirle que no era nada y que no se preocupara, pero no logró emitir palabra ya que otra voz, más suave, voló hasta ellos dejando enmudecido al rubio quien dirigió de inmediato su mirada esmeralda a la mujer castaña que llegaba y se paraba al lado de Otabek arrastrando una gran maleta con ruedas.

—Otabek, que alivio llegar —dijo ella, con una suave sonrisa mientras movía su cuello a ambos lados tratando de sacarse las tensiones del viaje.

—Sí —respondió el kazajo, volteando a ver a la mujer sin soltar al ruso.

Yuri al fijarse en ella y en la complicidad que tenían ellos dos con esas escasas palabras, notó como un nudo apretado se le formaba en el estómago y repentinamente la felicidad se esfumó y el mal humor lo invadió provocando que sus manos rodearan con más fuerza el cuello de Otabek, haciendo que sus cuerpos quedaran muchos más juntos.

—Oh, qué lindo que te hayan venido a buscar. Espero descanses que te lo mereces, has estado fantástico todo este mes —prosiguió la chica viendo al moreno sin borrar su sonrisa—. En fin no interrumpo más. Estamos en contacto, Otabek —ella le dio una pequeña palmada en el hombro izquierdo al kazajo para después ver a Yuri, el cual parecía gato erizado mirándola con demasía—. Adiós, linda —finalizó guiándole un ojo para después volver a marchar arrastrando sus pertenencias.

Yuri al escucharla de inmediato se le reventó la vena de la ira y giró su cabeza en dirección a ella para comenzar a gritarle por confundirlo con una mujer, quiso bajarse de Otabek y perseguirla para dejarle en claro que había comentado un gran error, sin embargo no logró hacer nada ya que Otabek no lo soltó a pesar de su pataleta para que lo liberarse.

—¡Déjame, esa arpía me dijo mujer! —chilló, sin importarle llamar la atención de las personas que pasaban.

Otabek, inmutable como el mismo negó con la cabeza haciendo sulfurar más a Yuri por lo enojado que estaba, no obstante, el rubio sintió toda la ira desvanecerse en cuestión de segundos cuando el kazajo se rio y acarició su cabeza como siempre acostumbraba hacerlo. Yuri se sonrojó de inmediato y descubrió con esa caricia mucha tranquilidad que la ira de hace segundos atrás parecía no haber existido.

—Ahora suprime tus instintos asesinos, quiero ir a casa para descansar. Estoy agotado —dijo Otabek, cerrando los ojos para luego suspirar.

—Está bien… —aceptó desviando la mirada tratando de calmar su corazón y de que se desvaneciera su sonrojo—. Pero ¿Quién es esa tipa? —preguntó la duda que lo carcomía desde que la vio.

—Tasya, es la mujer que me buscó para el trabajo en Moscú. Ella es la creadora de eventos que me contrató y vio que mi estadía allá fuera la mejor.

Yuri quedó pensando unos instantes hasta que recordó algo.

—¿Es ella la que te fue a buscar al club esa vez que el idiota de Jean dijo que serías padre? —Yuri frunció su ceño al recordar aquello, no le gustaba recordar aquel mal momento causado por su estúpido compañero de club.

—Ella misma.

—Hum… —Yuri no dijo más, pero no era secreto ni era necesario que dijera algo para saber que esa mujer llamada Tasya ya le caía mal por dos motivos. Uno era por haberse llevado a Otabek tanto tiempo y el segundo era porque lo confundió con una mujer. Esperaba no volver a verla nunca más, aunque sabía que se mantendría en contacto con Otabek y eso, aunque fuera de forma profesional, le molestaba.

—Yura.

La voz de su amigo lo sacó de sus pensamientos y volvió a unir su mirada jade con la castaña del kazajo. Vio que Otabek le iba a decir algo, pero Yuri al notar algo despegó sus labios sin pararse a seleccionar sus palabras.

—Beka, estás duro.

Otabek lo quedó viendo extrañado, pestañeó varias veces para a continuación elevar una ceja. Parecía perdido.

Yuri vio de reojo como una señora que pasaba justo al lado de ellos cuando dijo eso, se tapaba la boca y se iba a paso más acelerado. Miró insistentemente a su amigo esperando a que dijera algo hasta que sintió su rostro arder mucho más al percatarse de sus palabras… palabras que podían ser malinterpretadas de la peor forma.

—¡Di-Digo… Tus músculos! ¡Tus brazos los siento más duros! —se corrigió de forma violenta, atropellando todas sus palabras por la desesperación que no se percató el haber subido demás la voz.

El kazajo a los segundos soltó una risa que aturdió un poco más a Yuri, pero no lo culpó ya que de él fue la culpa al hablar sin pensar haciendo que todo lo que saliera de su boca fuera malinterpretado. Otabek después de unos instantes se calmó y respiró profundamente para recuperar su tranquila expresión.

—Ya pensaba que no dejarías de reírte… —soltó Yuri en un susurró caprichoso. Estaba muy avergonzado por lo que dijo que no podía subir más su voz.

—Lo siento, Yura… es que sales con cada cosa. Ah, realmente extrañaba esto.

—Solo cállate —masculló avergonzado, desviando la mirada.

—Me ejercité allá también, no podía descuidarme por el trabajo, quizás por eso ahora esté más… duro —dijo Otabek, haciendo énfasis en la última palabras avergonzando más al ruso.

—¡Ahhh! ¡Ya calla, tonto! —chilló, dándole un golpe con sus manos en la cabeza y al hacer eso sintió que se iba a caer por haberse soltado de su cuello que era su único agarre que lo separaba del suelo. Sin embargo Otabek lo seguía manteniendo firmemente tomado que apenas sus cuerpos se separaron unos escasos centímetros.

Otabek volvió a reír al parecer disfrutando mucho de avergonzar al ruso. Yuri después de unos largos segundos aprecio que su amigo se calmaba y volvía a poner su expresión de póker que lo caracterizaba tanto, aunque a pesar de eso su voz seguía sonando suave para él.

—Debo ir a dejar las maletas a casa —anunció Otabek viéndolo fijamente. Yuri asintió aún estando sobre él—… Yura.

—¿Qué pasa? —inquirió ladeando su cabeza, encontrando extraño que Otabek no se moviera.

—Pienso que va a ser un poco complicado irnos así, pero de alguna forma creo que puedo llevar ambas maletas si te tomas bien a mi cuello —habló Otabek sonriéndole de lado marcando ese maldito hoyuelo tan llamativo. De seguro muchas mujeres habían caído por él gracias a ese hoyuelo.

—¡Eh! —Yuri dándose cuenta de la situación miró rápidamente las maletas plomas de Otabek que estaban a los lados del moreno y después pasó sus ojos hacía sus piernas las cuales rodeaban fuertemente el torso del mayor—. Oh mierda… —más avergonzado ya que no se había percatado que aún permanecía sobre Otabek, pues estaba muy cómodo y feliz junto a él, quiso bajarse de inmediato y alejarse una distancia considerable, sin embargo, se sorprendió al ver que Otabek no se lo permitía haciendo presión en su cintura para no dejarlo ir—. ¿Beka?

—Bueno, vamos —dijo Otabek, dibujando más su sonrisa de medio lado.

—¡De-Déjame ir! —pidió muerto de vergüenza. Yuri pensó que Otabek estaba disfrutando mucho con la situación, le dieron ganas de pegarle para que dejara de reír, pero no lo hizo—. Beka… ¡Bájame!

—De acuerdo, de acuerdo —Otabek posterior a unos segundos lo dejó en el suelo y Yuri tuvo que obligar rápido a sus piernas adoloridas a mantenerse firmes en el piso.

Después de unos pequeños reclamos de Yuri y de pequeñas sonrisas libre de culpa de Otabek, ambos se encaminaron al exterior del recinto. Yuri acarreando una de las maletas ya que la pidió llevar para ayudar a su amigo, se sintió tan libre cuando dio pasos fuera del aeropuerto. El nudo que había tenido en su garganta desapareció y de forma mágica los recuerdos que lo torturaron antes de la llegada de su amigo se esfumaron para guardarse en lo profundo de su corazón; no quería pensar más en ello, no ahora que tenía mejores cosas que atender.

Tomaron un taxi donde ambos, después de acomodar las maletas en el portaequipaje, se sentaron juntos en los asientos traseros. Otabek le dio su dirección a la conductora y después de eso el par de amigos comenzó a conversar del viaje del mayor. Yuri le preguntaba animadamente todo lo que no le había dicho Otabek por sus llamadas y este último le contestaba relajado viendo al ruso y a la ciudad que pasaba rápidamente tras las ventanillas del automóvil. Yuri sintió el corazón rebosante de alegría al verse nuevamente junto al kazajo y de disfrutar cada palabra trasmitida. Durante el largo trayecto, el cual deseaba que no acabara tan pronto, llegó a la conclusión de que con solo Otabek él podía manifestase como era realmente, con su yo verdadero, sin ninguna mascara ni mentiras. Otabek era el único humano —aparte de su abuelo— que tenía ese fuerte poder sobre él y eso increíblemente no le molestaba para nada.

Cuando llegaron al edificio donde el mayor vivía, Yuri se encargó de bajar las maletas mientras Otabek pagaba el transporte a la taxista. Una vez con las maletas abajo y ellos en el exterior, comenzaron a caminar a paso relajado al interior del edificio de veinte pisos. Miró con mucha curiosidad la entrada del lugar, era una recepción normal donde los saludó un señor de mediana edad para luego ellos ir a los ascensores. Otabek marcó en el panel de números el 15 y luego de eso las puertas se cerraron dejando a ambos juntos dentro del ascensor.

Yuri sintiéndose un poco inquieto al estar en tan estrecho lugar con el kazajo se sonrojó levemente y por eso escondió su rostro tras sus flequillos largos. Otabek en todo ese corto trayecto miraba las puertas mientras sostenía su maleta. Se veía realmente cansado que parecía que caería rendido por el sueño en cualquier momento.

Cuando las puertas se abrieron el primero en descender fue Otabek, Yuri sin conocer la residencia de su amigo lo siguió arrastrando la maleta sin dificultades gracias a las ruedas y caminó tras el mayor unos cuantos metros, hasta que se detuvo al ver que Otabek se paraba frente a una puerta de madera con el número 1502 pegado en la pared. Apreció como el kazajo buscaba en sus bolsillos de su nueva chaqueta de cuero —la que por cierto le quedaba de maravilla— su juego de llaves con tranquilidad. Una vez abierta la puerta Otabek giró hacia Yuri y poniendo su maleta a su lado lo invitó a pasar primero.

Un poco nervioso como también emocionado Yuri se adentró con cuidado de no golpear el equipaje que trasladaba y una vez adentro soltó un silbido de admiración. El departamento no era un lugar muy grande, estaba perfecto para una persona sola o con pareja. Otabek no tenía muchos muebles pero los pocos que poseía eran de color carbón bien distribuido por el lugar que regalaba una esencia acogedora. Había un pequeño comedor de madera junto a un par de sofás color crema que se veían muy cómodos. Las cortinas pálidas en la pared izquierda tapaban una posible terraza. Había una televisión plana puesta en la pared y bajo de ella descansaba una consola de videojuegos que Yuri reconoció de inmediato. Era un PlayStation 3, la misma consola que él tenía en su casa. Eso lo hizo sonreír. Separado del living-comedor por unas puertas corredizas se hallaba la cocina que Yuri no pudo apreciar desde su posición pero se veía cómoda para cocinar. A su espalda, terminando el pequeño pasillo donde estaba parado habían tres puertas que Yuri supuso que se trataban del baño, la recamara y la zona de lavado. Todo se veía muy ordenado aunque un poco vacío ya que las paredes no tenían ninguna decoración.

—Se ve bien el lugar —comentó, entrando más hasta llegar a los sofás, donde se sentó de inmediato descansando su cuerpo adolorido. Sonrió sutilmente al encontrarse con unos cojines muy suavecitos.

—¿Te gusta? No es el mejor lugar pero es suficiente para mí —dijo Otabek, cerrando la puerta para después seguir los pasos de Yuri y sentarse a su lado.

—¿Qué dices? Esta perfecto, yo feliz me quedaría aquí —lo contradijo Yuri sonriente, no obstante al estudiar sus palabras se corrigió de inmediato—. Digo, yo estaría feliz de tener un lugar así cuando salga de casa.

—¿Dejaras a tu abuelo?

—No… pero igualmente debo pensar en mi futuro.

Otabek asistió para luego echar la cabeza para atrás apoyándose en los almohadones. Cerró los ojos y suspiro. Yuri volvió a notar lo agotado que estaba.

—Puedes quedarte aquí cuando quieras —mencionó Otabek, con la voz cansada.

—Lo sé… —respondió Yuri, mirando nuevamente el lugar. Mostró en su semblante seriedad pero por dentro esas palabras habían mecido mucho su corazón.

Permanecieron en silencio unos segundos. Yuri se preguntaba qué hacer, Otabek parecía dormitar a su lado. No quería interrumpirlo.

—Yura, lo siento de verdad, pero necesito descansar unos minutos para no andar somnoliento —habló repentinamente Otabek, llamando la completa atención del ruso.

—Huh, no hay problema. Ve a descansar.

—Pero no quiero dejarte solo, quizás debería tomarme un café para tener más energías —dijo el moreno, mirando en dirección a la cocina. Yuri de inmediato negó con la cabeza.

—Ni lo pienses. Debes descansar —insistió Yuri, al verlo tan agotado.

—Debes tener hambre, ya son más de la una de la tarde… —Otabek no pareció escucharlo—. Debería ir a comprar algo para cocinar, como me fui de viaje no tengo nada en la despensa para preparar…

—Beka… eso no importa —Yuri se levantó y se puso delante de su amigo para que lo viera. Otabek al tener la imponente figura del ruso frente a él tuvo que prestarle atención—. Yo cocinaré, tú solo ve adormir.

—Pero…

—Nada de peros… Yo iré a comprar y todo eso, ahora ve a descansar que estoy seguro que te caerás a medio camino si sales de aquí —le ordenó cruzándose de brazos tratando de mostrar su fiera mirada.

—No puedo dejar que hagas eso, no quiero molestarte. Además que vayas solo… —el kazajo a cada segundo parecía más complicado.

—Otabek —lo reprendió Yuri, frunciendo más su ceño.

El nombrado pareció sorprendido por como lo trataba Yuri, aunque después de unos segundos asintió dejando descansar sus hombros.

—De acuerdo. Dejaré esto en tus manos solo si no es ninguna molestia —Otabek se levantó mirándolo fijamente.

—No es molestia —aseguró Yuri, dibujando una sonrisa segura en sus labios rosados.

—Bien. Te daré dinero para que compres lo necesario —Otabek sacó de sus pantalones su billetera algo vieja y raspada de color rojo y de ahí sacó un par de billetes que de inmediato se los pasó a Yuri.

—¿No es mucho? —inquirió el ruso al ver el dinero. Hace tiempo no tenia tanto en sus manos.

—Hum, no tengo cambio, pero da igual, confió en ti. Compra lo que desees —Otabek al terminar de decir aquello bostezó pegándole ese gesto a Yuri, el cual quedó con los ojitos cristalizados al terminar de bostezar.

—Ya vete a dormir que me estas contagiando el sueño —le ordenó, empujándolo a donde fuera su habitación.

Yuri viendo que Otabek se encaminaba a la recamara guardó el dinero y salió del lugar cerrando detrás de él la puerta, pero de inmediato se arrepintió al darse cuenta que no traía consigo las llaves. Se giró en sus talones e iba a golpear la puerta avergonzado para que Otabek le pasara las llaves, sin embargo no alcanzó a tocar la madera ya que la puerta se abrió del otro lado dejando ver a Otabek sonriendo de lado.

—Creo que se te olvidó esto —le pasó las llaves a Yuri mientras le decía donde ir a comprar, el ruso las recibió muy avergonzado pensando que ya estaba comenzando con sus idioteces. Debía calmarse—. ¿Vas a estar bien sin mí o no?

Enrojecido hasta la frente Yuri guardó las llaves en sus pantalones para después girarse sin querer enfrentar la risa divertida de su amigo.

—Claro que sí, ya no soy un niño…. Ve a dormir —dijo Yuri, caminando hasta el ascensor el cual se abrió a los segundos.

—Cuídate —le dijo Otabek a la distancia sin cerrar la puerta.

Yuri ya dentro del transporte oprimió el botón del primer piso y le sacó la lengua a Otabek cuando las puertas del ascensor se sellaron.

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No demoró mucho en el mercado, compró lo necesario para hacer una rica pasta italiana ya que eso se le hacía lo más fácil y rápido, no obstante estaba preocupado en hacerla bien para que Otabek recuperara todas sus energías. Al volver cargado de bolsas, abrió la puerta con cuidado tratando de no hacer mucho ruido; si Otabek estaba dormido no quería despertarlo con su llegada y con el ruido de las molestas bolsas. Al percibir solamente silencio en el departamento, Yuri se encaminó donde creía que estaba la cocina y una vez en el lugar dejó las bolsas sobre la encimera. Vio que había una delgada capa de polvo en los muebles, cosa no extraña si se había descuidado todo el departamento un mes completo. No queriendo cocinar así buscó los implementos de limpieza e hizo lo posible para dejar el lugar donde cocinaría limpio.

Después una hora, de mucho moverse de allá para acá, de descubrir donde estaban las cosas que necesitaba y de no hacer ni el menor ruido, Yuri percibió por su olfato que la comida ya estaba lista. Vio el tiempo y sonrió al asegurarse que la hora de comer había llegado. De forma tranquila apagó la olla y filtró los espaguetis para quitarle el agua, luego juntó estos con la salsa de tomates que había hecho y lo dejó reposar unos minutos mientras se encargaba de buscar cubiertos y platos para servirse. Su estómago rugía por el hambre y rezaba mentalmente para que su preparación hubiese quedado buena.

Cuando terminó de poner todo en la mesa, corrió las cortinas dejando a la vista una mediana terraza que le permitía ver el exterior frío. Más iluminado todo Yuri fue hasta la cocina y sirvió los dos platos para luego dejarlos en la mesa del comedor. Viendo que todo estuviera en su lugar asintió satisfecho con su labor y se encaminó hasta la habitación de Otabek. Permaneció por unos instantes parado frente a tres puertas cerradas tratando de adivinar cuál era la de su amigo, al final se decidió por la del medio y le atinó ya que al abrir la puerta pudo visualizar la gran cama en medio de la habitación y a Otabek durmiendo sobre ella profundamente.

Tragando saliva, Yuri avanzó con pequeños pasos hacia su amigo ignorando todo su alrededor. Por alguna razón se sintió extraño al entrar al cuarto del mayor, pero sabiendo que debía avisarle para comer, no se detuvo hasta cumplir con su labor. Cuando llegó al lado de la cama observó con algo de sorpresa y admiración el rostro tan relajado de Otabek. Al estudiarlo parecía un bebé durmiendo, ajeno a todo el mundo y a todos los problemas. Yuri sonrió al verlo nuevamente así y sin dudarlo se sentó en la cama para alzar su izquierda y acariciar suavemente el sedoso cabello de su amigo. Otabek ante aquel gesto solo frunció un poco el ceño entre sueños pero de inmediato se relajó soltando un pequeño suspiro. Yuri temiendo despertarlo alejó su mano lentamente, no obstante, poco duró ya que a los segundos volvió a posarla en la cabeza del moreno.

Permaneció varios segundos acariciándolo con ternura. Le era increíble como lo había echado de menos todo ese maldito y largo mes y que ahora estuviera junto a él, tan tranquilo, tan indefenso.

"¿Qué es este sentimiento tan cálido?", se preguntó de forma serena al igual que sus caricias.

"¿Por qué será que mi corazón no se calma al estar contigo?". Esta vez frunció su ceño al no entender sus dudas.

"¿Qué debo hacer para dejar de estar tan confundido?". Ahora apretó su mandíbula dirigiendo sus ojos a los labios entre abiertos de Otabek. "¿Acaso… debería besarlo?". La idea que le pasó por la mente no le gustó para nada pero de alguna forma sentía que era la única manera para aclararse de una vez.

De verdad necesitaba saber si lo que sentía por Otabek era amor o no.

Tragó en secó sintiendo un nudo en la garganta. No podía hacerlo, no tenía el valor para hacerlo, sin embargo lo necesitaba… aunque no podía hacerlo.

No podía traicionar así a su amigo.

De un segundo para otro el miedo lo envolvió.

«Sé que no podrás descubrir tu verdadero sentir ahora ya que el causante de todo está lejos, pero cuando sea el momento apropiado déjate llevar, no reprimas lo que puedas llegar a sentir por miedo… Sé que sí las cosas no resultan como tú quieres y resulta que Otabek te… gusta, este llegará a entender todo, él no se alejará de ti por algo así. Eres importante para él.»

Recordó las palabras de Leo y se sonrojó con fuerza. Según su consejo ahora era el momento para averiguar qué diablos le pasaba con Otabek ya que estaba de vuelta. Debía dejarse llevar y no temer, ya que según Leo, el kazajo no se enojaría con él… Sin embargo Yuri no lo creía así. De verdad temía joder todo con Otabek si llegaba a resultar que de verdad le gustaba de una forma romántica. No quería perder a su primer amigo. No, no estaba dispuesto a eso. Sí tenía que vivir con la duda sobre sus sentimientos hacia él, prefería eso a que perder a Otabek.

Ya decidido se levantó de golpe y observó a su amigo dormitar. Nuevamente sus ojos azules cayeron en los labios rosados del mayor y la idea juntar sus bocas para saber que sentía volvió a su mente. Más asustado que animalito se llevó sus manos a sus cabellos sintiéndose complicado y por un segundo mandó todo a la mierda en su mente.

Ya estaba harto de estar con la duda, si iba a hacerlo ahora era el momento y no debía perder el tiempo. Sin pensárselo más volvió a sentarse en la cama para después poner sus rodillas en el colchón y apoyándose con sus manos se acercó al kazajo que permanecía ajeno a todo. Cuando llegó cerca de su rostro sintió el aroma de Otabek y se sonrojó mucho más. ¿Qué estaba haciendo? Sí alguien lo viera pensaría que era un pervertido atacando a alguien dormido. Por un segundo se acobardó pero no se movió de ahí, ya había llegado tan lejos para echarse para atrás. El plan era simple: Besar los labios de Otabek rápidamente y luego alejarse como si no hubiese pasado nada, esto era para saber que sentimientos despertaban en él tras ese rápido beso, sin embargo al pensarlo nuevamente se sintió como un idiota. Todo sonaba tan tonto ahora en su mente que quería matarse. Tirarse por la ventana.

Estando absorto, manteniendo su rostro sobre al de Otabek a escasos centímetros, pensó de forma rápida en qué hacer. Retirarse sonaba tentador, pero su cuerpo no se movía. Su corazón le latía tan apresurado que ya juraba escuchar como rompía sus costillas.

"Solo hazlo ya… maldita sea, Plisetsky…"

Ya decidido cerró los ojos muy nervioso para besar de una maldita vez a su presa, sin embargo sus labios jamás llegaron a tocar los del otro ya que justo en ese instante Otabek se dio la vuelta entre sueños dándole la espalda al ruso. Yuri al percatarse de eso contuvo la respiración preguntándose mentalmente que rayos estuvo a punto de hacer. Se iba a retirar cuando escuchó que repentinamente el móvil del kazajo comenzó a sonar despertando de sorpresa a Otabek, y con eso provocó que este al levantarse sobresaltado chocara su cabeza con la frente de Yuri dejando al ruso muy adolorido tirado en la cama.

—¿Yura? —dijo el kazajo sorprendido, trasladando su mano a un costado de su cabeza donde recibió de lleno la frente del menor—. ¿Qué pas…? —no logró continuar ya que el móvil seguía sonado por lo que lo tomó de forma rápida.

—¡Ayyy! Duele… —se quejó Yuri, tapándose el rostro muy avergonzado.

Otabek habló por teléfono por unos minutos, al parecer lo llamaba Leo preguntándole por su llegada y demás cosas. Yuri en todo es momento, sabiendo que Otabek no apartaba su mirada sobre él, permaneció quieto tapándose su rostro y sobando su frente justo en el lugar donde había recibido el cabezazo de su amigo. Quería morir por todo lo que ocurría. ¿Qué lo había llevado a esa tonta idea de besarlo mientras dormía?, ¿Qué iba a lograr con eso? ¿Acaso Otabek se había dado cuenta de todo? No quería ni pensar que le diría el kazajo al acabar la llamada.

—Está bien, nos vemos el lunes… sí, no lo olvidaré, lo tendré en cuenta, aunque una fiesta no la encuentro necesaria… sí, adiós—se despidió el kazajo cortando la llamada. Yuri al escuchar eso se tensó no sabiendo que explicación dar—. Yura, ¿Estas bien? Nos dimos un cabezazo fuerte.

—Estoy bien —dijo con la voz empequeñecida. No tenía la fuerza ni el valor para hablar más fuerte. Estaba avergonzado y arrepentido por todo.

—¿Estás seguro? A mí me ha dolido.

—Seguro…—habló Yuri.

Un silencio algo incómodo pasó entre ellos. Yuri ya rendido y sabiendo que no podía escapar de esta, decidió sentarse en la cama y descubrir su rostro avergonzado.

—Cielos… Tienes un chichón —comentó Otabek sorprendido, asustando a Yuri que de inmediato se llevó sus manos a su frente—. Iré a buscar hielo.

—¡N-No! Está bien.

—Pero, Yura… —Otabek lo miró extrañado.

—Te digo que está bien… no te preocupes tanto por mi… idiota —susurró esto último más avergonzado. Ver la preocupación de Otabek por su persona hacía que su corazón latiera con más fuerza. Eso le molestaba… o quizás no.

Otabek lo vio insistentemente hasta que despegó sus labios para hablar. Yuri cerró los ojos temiendo lo que fuera a decir.

—Pero no entiendo… ¿Por qué chocamos? ¿Estabas sobre mí? ¿Por qué? —preguntó Otabek, dejándose ver muy confundido.

Yuri abrió los ojos un poco más relajado, al parecer Otabek no se había percatado de nada y eso lo aliviaba. Desvió sus ojos tratando de buscar una respuesta.

—Bueno, porque quería… —enmudeció tragando la inexistente saliva de su boca por los nervios—. Quería decirte que la comida esta lista… y no despertabas, por eso me acerque a ti para despertarte… —mintió a medias enrojeciendo hasta las orejas.

Otabek lo miró dudoso hasta que después de unos insufribles segundos asintió.

—Vaya, quizás no desperté ya que estaba muy cansado. Pero ya recupere energía. Ven vamos a curarte para luego comer —Otabek se levantó y luego le estiró la mano a Yuri.

Este ultimó sin poder negarse, ya que su chichón dolía con demasía, tomó la mano de Otabek sintiendo en eso miles de sensaciones y se colocó de pie frente al moreno. Ya que todo había salido medianamente bien, se obligó a olvidar lo ocurrido y a actuar normal con Otabek, sin embargo las siguientes palabras de su amigo lo dejaron completamente congelado.

—Para la próxima se más existente, Yura —Otabek le soltó la mano suavemente para luego dirigirse al comedor sin decir más.

Yuri petrificado se llevó sus manos a su corazón muy asustado mientras veía la espalda de Otabek.

¿Qué rayos habían significado esas palabras?

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Gatitos míos, al fin un nuevo capítulo.

¿Les gustó? Uwu

Besitos a todos y nuevamente muchas gracias por su contaste apoyo y el placer de su compañía.

Bye!