Hola bellezas.
He aquí un nuevo capítulo lleno de más amor para ustedes.
Creo que lo disfrutarán. Así como el siguiente :D *música de misterio*
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Capítulo 22
Desafortunadamente lo que uno a veces desea no se cumple, por más que lo desees con todas tus fuerzas. Pues porque sí, obviamente volví a ver a Grisella, demasiadas veces para mi gusto, pues resulta que ella y su familia (que trabajan en aquella frutería) son grandes amigos con los Ganger. Y es que son sus mayores clientes, ya que la panadería y repostería siempre está necesitando de las frutas y verduras, entre otras cosas que venden los padres de ella.
También resulta, que al parecer era la única que no me enteraba de dicha amistad porque Peeta trata muy bien a Grisella, más de lo que me gustaría admitir, e incluso se lleva bien con sus padres... pero bueno, Peeta es amable con todos y eso me deja a mí siendo la chica apática y grosera que apenas cruza tres palabras. En verdad que no me importa lo que piensen, yo me la paso metida atrás con el sr Ganger para enterarme de gran cosa, pero lo poco que puedo observar en mis escasas idas a la parte delantera del negocio, es que los Ganger y Peeta tienen una excelente relación con los padres de Grisella. Con una siempre muy pegadiza Grisella en toda ocasión. Peeta siendo amable y respetuoso, pero tampoco haciendo ningún intento de alejarla. Al ver este tipo de cosas, me obligo a retroceder, volver por donde había venido, y tratar de bloquear las imágenes de mi mente.
No he hecho ningún intento de acercarme de forma más personal a él, ni dentro ni fuera de la casa de Johanna ya que sólo con verlo pegado a ella, me produce una cantidad de nudos en el estómago y una especie de comezón en el cuerpo, y lo único que me dan ganas es de alejarme antes de acabar haciendo alguna insensatez.
Algunas veces estando en la casa Peeta nota mi actitud, y me mira raro, casi como analizándome, yo no digo nada, y él acaba por rendirse y agita su cabeza de un lado al otro como para despejarse.
Sin embargo con el tiempo, a pesar de todo y de todos, hemos recuperado esa relación casi amistosa que en algún momento anterior habíamos llevado. Ya no se limita a saludos y conversaciones cordiales, ni a expresiones frías ni decaídas. Cuando hablamos, me gusta contemplar la manera en que sonríe cuando cuenta alguna anécdota graciosa, cómo mueve sus grandes y blancas manos cuando quiere explicar algo, la manera en que frunce el ceño cuando está pensando en cómo solucionar algún problema... Y es que él fácilmente logra sacarme de cualquier estado emocional negativo en el que me encuentre.
Lo único que empaña todo eso, es ella, ya que no puedo evitar sentir apatía en lo que le respecta, incluso aunque sólo hayamos hablado aquella vez en la que Peeta nos presentó.
Dejo atrás todos estos repentinos pensamientos, salgo del baño, me arreglo como siempre y salgo directamente fuera de la casa, preparada para un nuevo día, sin mirar atrás.
Entro por la entrada principal del negocio, haciendo sonar como todos los días la campanita que funciona como timbre, la sra Ganger está allí, al verme, me sonríe y sale directo a saludarme.
— ¡Oh querida! Pensé que no vendrías, te estabas demorando. —exclama mientras me da un rápido abrazo.
—Sabe que no, siempre estaré aquí dispuesta a realizar mi trabajo. —le respondo con una leve sonrisa.
—Tú siempre tan seria y tan atenta... —y me mira casi maternalmente. De repente recupera su compostura—. Querida, hoy no tengo tiempo para absolutamente nada, y te estaba esperando porque quería comentarte algo sin que George escuche... —susurra esto último.
Extrañada, me dejo guiar al amplio patio trasero, detrás de unos pocos árboles, donde ella se detiene y me encara.
—Hoy es el cumpleaños de George. —susurra emocionada, haciendo que se noten más la arrugas alrededor de sus pequeños ojos— Le dije que se arreglara para la noche ya que íbamos a salir a visitar a unos amigos.
— ¿En serio? Me parece muy bien, iré a felicitarlo. —y me doy la vuelta dispuesta a ir a la cocina. Pero Clare me detiene.
— ¡Katniss! espera... Quiero hacerle una celebración, aquí, en nuestra casa. Nada extravagante tú sabes... una cena especial, unas cuántas personas más allegadas, un poco de decoración...
—Oh. Mm... —me quedo sin palabras por unos breves momentos—. Bueno eso me parece muy agradable de su parte sra Ganger, a George no le vendría mal distraerse un poco...
— ¿Verdad que no? Mi George se lo merece... —musita con una mirada del más puro amor en su rostro. No puedo evitar sonreír levemente—. Pero bueno, lo que quería preguntarte es si tienes un vestido disponible y adecuado para esta noche.
— ¿Qué?
—No pongas esa cara querida, ¿quiénes crees tú que son nuestros allegados? Obviamente tú y Peeta están en nuestra lista. —termina con una sonrisa.
Me quedo muda, ¿un vestido? ¿Salir en una cena especial? —Sé que lo hace con toda la amabilidad Clare, pero yo no creo poder...
— ¡Claro que debo! La cena estaría incompleta sin ti, ya que Peeta me dijo que sí más temprano. Así que deja de negarte, permítete a ti misma salir, para que no estés todos los días haciendo lo mismo una y otra vez querida... En verdad quiero que tengamos la oportunidad de disfrutar todos. —sentencia con voz firme. Pero aun así, ni siquiera tengo que ponerme y no quiero—…Y no te preocupes por tu atuendo si es que no tienes, creo que tengo algo para ti. —me dice, sabedora—. Te veo en la tarde, y ya sabes, totalmente secreto. —y se retira del patio sin esperar ninguna objeción.
Pensándolo bien, hacer algo distinto no me caería nada mal, además que estaré rodeada de amigos, en una celebración. Me recorre un escalofrío al pensar en cuánto tiempo ha pasado sin vislumbrar nada parecido a esto. Soy una inexperta, aunque en realidad nunca tuve una oportunidad propiamente dicha, simplemente para arreglarme, salir a reuniones, celebraciones, charlar alegremente con mis amigos... Cosas normales de jóvenes de mi edad. Todo eso y más haciendo parte en la lista de lo que la guerra me quitó.
Sacudo mi cabeza y me dispongo a regresar para retomar mis deberes diarios.
Alrededor de las cinco, cuando el sr Ganger ha salido de la cocina en busca de unos bienes, ingreso a la parte delantera del negocio buscando a la sr Ganger alrededor...
— ¡Katniss! —pego un brinquito ya que la voz de Peeta me toma totalmente desprevenida—. Lo siento.
—No... está bien —digo yo saludándolo— ¿Has visto a Clare?
—Sí. De hecho me pidió que te dijera que la esperaras mientras busca algo allá arriba en el segundo piso. —dice mirándome inquisitivamente— ¿Aceptaste venir esta noche?
—Umm casi obligada, pero sí.
—Ja-ja Clare puede ser muy convincente. —musita mientras termina de revolver la masa de un pastel que tiene en sus manos—. Meteré esto en el horno, espero que esté listo para la cena o sino...
—Lo estará. —Lo animo, mirando ahora detenidamente el pastel—. Todo lo que haces te queda lo más de bien.
Peeta me mira tal como siempre hace, con el leve resplandor que parece hipnotizarme, y parece querer decirme algo pero antes de que eso pase, la sra Ganger aparece.
—Katniss menos mal que llegaste, ya te iba a buscar, ven conmigo. —y se da la vuelta directo a la escalera en forma de caracol, que está en una esquina de la estancia— Y Peeta, es mejor que te vayas arreglando, para que cuando llegue George que no te vea.
—Eso haré, nos vemos Katniss. —dice cuando me ve subiendo las escaleras, siguiendo el rumbo de la sra Ganger.
Al llegar arriba, lo primero que noto es lo pequeño de la habitación, ya que es eso, una habitación, con una puertita en un lateral de lo que supongo será un baño, la estancia muy bien podría ser un ático, sin embargo está muy bien cuidado y conservado, con un tocador que se ve de muchos años. La enorme cama en un lado recubierta de sábanas color crema, una mesita de noche, la ventana cubierta por una cortinas que lucen algo viejas, y un baúl de madera ubicado en una esquina al lado de un gran closet.
—Bueno Katniss. —la sra Ganger me saca de mi estupor, está ahora torpemente agachada al lado del baúl, revolviendo entre varias cosas—. Creo que este vestido te caerá perfectamente, era de mis años de señorita. —con esto se ríe— Tenía la misma contextura que tú en aquellos tiempos, y este vestido me encantaba, por eso lo conservé.
Y de repente saca del baúl, un sencillo vestido de color verde... o azul marino oscuro, posiblemente llegue hasta poco antes de la rodilla, con un cinturón de seda del mismo color del vestido atado en el quiebre de la figura, de allí para arriba, está recubierto por un bonito encaje que llega hasta la altura de los hombros. Un vestido perfecto.
—Oh. Clare... es muy lindo. —susurro sin saber qué más decir.
—Lo sabía... presentía que era tu estilo, eres una chica bohemia Katniss, te quedará estupendamente, además que dejarás a más de uno con la boca abierta. —dice esto último con un guiño.
Siento mis orejas calientes al saber exactamente a quién se refiere, pero lo oculto lo mejor que puedo.
—Bien, no te quito más tiempo, aquí te dejo las zapatillas, y por favor, cuando llegues al cabello me encantaría arreglártelo —declara—. Puedes usar el baño, estaré abajo querida, no te demores.
Con esto, sale de la habitación, y me deja a mí y toda esta nube de emociones.
Después de alrededor de una hora, me paro frente al espejo del tocador, con Clare justo detrás de mí.
—Luces divina, querida —dice con emoción palpable en su voz. Noté que al arreglarme el pelo lo hacía con una concentración tal, y con una expresión en su rostro de anhelo y a la vez tristeza, lo cual me hizo preguntarme por qué nunca tuvo hijos. Dejé que me terminara el peinado en silencio, el cual consistía en un recogido parcial de mi cabello en la parte de arriba, dejando libre unos escasos mechones sueltos; decidiendo que le preguntaría cuando se presentara la ocasión.
Ella ya se había arreglado igualmente, luciendo un elegante vestido estilo griego rosa pálido hasta los tobillos, se había rizado su pelo corto, haciéndola lucir increíblemente más joven. Definitivamente el sr Ganger quedará pasmado.
Sin más, me dispongo a bajar las escaleras pero Clare me detiene.
—Katniss, ésta es una buena oportunidad, aprovéchala. —murmura misteriosamente. Yo simplemente asiento, ella algunas veces parece saber cosas que yo no.
Bajando lentamente las escaleras, tratando de no tropezarme y arruinar el vestido, no noto que alguien se ha quedado parado justo en el inicio. Levanto mi mirada para encontrar a Peeta vestido elegantemente, luciendo demasiado apuesto, su rostro petrificado con su mirada recorriéndome una y otra vez.
—Woah... Katniss... —traga fuertemente—. Estás... estás... perfecta. —susurra esto último, con su mirada estancada en mi rostro. Inevitablemente me siento sonrojar, mientras le devuelvo la mirada con la misma intensidad. Nuestros ojos son como imanes, e incapaces de apartar la mirada, noto cómo mi corazón parece salirse de mi pecho, casi puedo escucharlo. Su mirada refleja todas las emociones que siente en ese momento, en ella puedo ver admiración, sorpresa y una última emoción que no me atrevo a admitir ya que no estoy realmente segura. No quiero imaginar ni pensar de más de lo que en realidad es. Lo único que hago, es sonreírle un poco vergonzosa, mientras admiro los atisbos del Peeta que conocía hace tiempo atrás, el Peeta que quiero que regrese a mí.
—Bueno mis queridos, dejemos la coquetería para después, ahora los necesito para que me ayuden a terminar de organizar todo. —interrumpe la señora Ganger nuestro momento, bajando apresuradamente de las escaleras— Oh Peeta... estás espectacular, ¿verdad que sí Katniss?
—Uh... ah... sí. —titubeo mientras bajo la mirada y termino de bajar las escaleras.
Peeta parece despertar de su ensoñación y se dispone a ir a la cocina no sin antes mirarme por encima del hombro unas pocas veces más.
—Y tú querida, acompáñame al patio por los últimos detalles. —añade Clare dirigiéndose a la parte trasera de la casa.
Cuando llegamos, me doy cuenta de que la sra Ganger lo ha preparado todo para que luzca a la vez de elegante, muy bonito. En el centro hay una mesa, recubierta por un mantén blanco, encima de ella, un par de botellas de vino, las respectivas copas y platos en cada asiento, con un hermoso arreglo floral en todo el centro. Alrededor de la estancia, están unas extrañas luces amarillas... o doradas, no sabría decir, enredadas entre los árboles y los arbustos, cubriendo el jardín con un delicado destello de luz en toda la estancia. Esto, añadido a la luz de la noche y las estrellas, crea el ambiente perfecto para una reunión especial.
—Katniss querida, ve a por las servilletas en la cocina, por favor. —interrumpe Clare mi inspección mientras termina de colocar los cubiertos.
Con esto, devuelvo mis pasos a la cocina para encontrarme a un muy concentrado Peeta decorando un pastel.
— ¡Oh Katniss! ¿qué necesitas? —dice sin levantar la mirada de su labor.
—Las servilletas, tranquilo, yo las busco. —busco en la alacena y las encuentro más rápido de lo que hubiera pensado.
—Esta dichosa crema no quiere cooperar... —dice Peeta en voz baja— ¿Será que le añado un poco más de mantequilla? —añade hablando más para sí mismo, con sus manos ocupadas. De repente mete su dedo meñique en la mezcla y me mira tendiéndomelo—. Katniss, ¿será que puedes darme tu opinión? tú tienes buen gusto.
Me quedo un poco pasmada, pero aún así pruebo el poquito de crema que me tiende, degustándolo hasta el final. —Está muy bueno, no le añadas más, oh no... mejor... yo diría una cuchara pequeña de azúcar... sí, eso. —termino mirándolo distraídamente, en modo crítico.
Al no escuchar respuesta alguna, enfoco mi mirada de nuevo en él, descubriendo que ahora me mira de forma rara, sus profundos ojos azules se clavan en los míos intensamente y, hasta diría que me mira incluso... anhelante.
De repente sumo dos más dos, y me siento enrojecer, la escena anterior da para interpretaciones varias. Puede que sea una total inexperta en cosas como esa, pero no soy una tonta. Él parece recobrar su compostura, casi como si hubiera vuelto a él, y me mira apenado, dándose cuenta de lo que había hecho. Carraspea.
—Ehh, gracias Katniss —dice enfocándose en su pastel— Le añadiré un poco más de azúcar, terminaré esto rápido antes de que...
La campanita que funciona como timbre suena interrumpiendo lo que fuera que iba a decir. Puedo escuchar varios pasos entrando a la estancia, por lo que Peeta, que ya estaba terminando de decorar el pastel, y yo, nos asomamos para ver a varias personas saludándose unas con otras. Peeta y yo salimos dispuestos a saludar a los invitados, cuando una cabellera castaña clara que destaca entre la multitud sale de en medio, derecho hacia Peeta, sin ofrecerme ni una mirada.
— ¡Oh Peeta! Luces muy bien, ¿cómo estás? —dice, enrollando sus brazos alrededor del cuello de Peeta.
—Hola Grisella —saluda devolviéndole el abrazo—. Bien, tú también luces estupenda.
—Oh gracias... me esforcé en lucir lo más decente posible. —dice riendo dulcemente desenrollándose de él, pero aun así, agarrándose de su brazo. Por fin dirige su mirada a donde estoy— Katniss, tú también estás... estupenda. —dice, su rostro arrugándose cuando dijo "estupenda". Peeta no se da cuenta de nada.
—Gracias, iré a saludar a los demás. —digo secamente y sin una palabra más.
Al acercarme a los demás, vislumbro al sr Ganger, y me dirijo hacia él, envolviéndolo en un abrazo.
—Oh Katniss... estás preciosa. —dice mientras me devuelve el abrazo. Él también luce apuesto en su traje negro, contrastando con su barba gris.
—Gracias. —le digo sinceramente, separándome de él. Al mirar a sus ojos verdes, puedo ver lo feliz que se siente, al tener todas estas personas cercanas alrededor de él, compartiendo un momento especial. Con una mano en mi espalda, me guía al resto de personas, que charlan alegremente con Clare.
— ¡Oh amigos míos! Y aquí está mi Katniss... —dice la sra Ganger cuando nos ve. Los rostros de la pareja, que al parecer son los padres de Grisella, me miran, y no puedo evitar sorprenderme cuando lo que veo en sus ojos no es nada más que amabilidad. La sra Ganger tuvo que haberles hablado de mi situación. Se lo agradezco silenciosamente— Ya la conocen obviamente... y Katniss, te presento a el sr y la sra Quant. —termina con una sonrisa radiante.
—Buenas noches. —digo lo más firme que puedo, mirando a los señores. La sra no puede pasar de los sesenta, mientras que el señor si ya luce un poco mayor, los dos lucen elegantes, y sus sonrisas bastante amables. No puedo evitar pensar en dónde habrá dejado eso Grisella. Ellos me saludan igualmente, y sin más palabras, nos dirigimos al patio.
Cuando todos están sentados y charlando cómodamente, el sr Ganger abre el vino para ofrecerle a sus invitados. Todos ríen y toman alegremente, mientras la sra Ganger y yo, ubicamos la comida en la mesa para así empezar a comer. Me sorprendo al ver a Grisella ayudando a llevar las cosas a la mesa, sin embargo después no tanto cuando veo que lo más probable es para quedar bien en frente de Peeta, que en esos momentos lleva en sus manos un hermoso pastel.
Al estar todos ubicados finalmente alrededor de la repleta mesa, Grisella en la cabeza, con Peeta a un lado, yo en el otro, el sr y sra Ganger al lado mío y los señores Quant enfrente de ellos.
—Katniss, ese vestido te queda adorable. —dice la sra Quant con una sonrisa agradable.
—Gracias. —respondo con vergüenza.
— ¿Verdad que sí Theresa? Es perfecto para ella, dejó a más de uno boquiabierto. —dice la sra Ganger, guiñándole a Peeta. Él se pone colorado y Grisella rueda los ojos con discreción.
—Pero bueno George, ¿siempre nos vas a decir cuántos años es que cumples? —añade el sr Quant al ver que la mesa se ha quedado en silencio.
—Ja-ja ese es un secreto entre Clare y yo —responde el sr Ganger mirando con adoración a su esposa. Ella le da un besito en la mejilla.
Y así, entre conversaciones, anécdotas divertidas, un par de horas pasan, conmigo soltando un par de risas como nunca pensé que haría. Intercambio miradas con Peeta de vez en cuando, él también sigue mirándome con esa emoción que aún no logro discernir al verme reír tanto, yo sonriéndole de vuelta, pero siendo interrumpida con la chillona voz de Grisella, que buscó cualquier momento para quitar la atención de Peeta en mí. Desgraciadamente, lograba su empresa porque observaba a Peeta muy concentrado con ella, y en ocasiones riendo abiertamente. Esa apatía de antes llegaba, pero la ignoraba escuchando las conversaciones de los demás. Alrededor de las nueve, los señores Quant anuncian que se van, por cual se despiden de todos, dejando a Grisella atrás por la misma petición de ella.
Nos quedamos solos mientras los señores Ganger van a despedir a sus amigos, yo sintiéndome una tercera con Peeta y Grisella charlando animadamente, Peeta algunas veces tratando de meterme en la conversación, pero fallando infructuosamente, no puedo hablar cuando la tiene a ella al lado, más cuando ella no hace más que ignorarme lo más posible; por lo que me limito a terminarme de comer el pastel, que ha quedado delicioso.
En algún momento después (no podría especificar cuánto) veo horrososamente cómo Grisella se inclina lentamente hacia Peeta, él ha bajado la mirada a tomar un poco de pastel, por lo que no se da cuenta, y yo, en un ataque total y completamente impulsivo al pensar que podría besarlo o algo parecido... Alzo mi mano hacia mi copa que aún tiene vino (y debo decir que bastante) y hago como que voy a levantarlo cuando y en vez de hacerlo, lo derramo encima de ella, mojando completamente su regazo.
— ¡Ah! — se escucha el gritito de Grisella llenando el patio. Peeta enseguida levanta su mirada, sorprendiéndose al ver a Grisella espantada.
— ¡Oh lo siento! qué descuidada —digo con la mayor cara de inocencia que tengo, sin embargo no hago nada para ayudarla a secarse. Ella me mira con furia, mientras usa servilletas para hacerlo.
Peeta se levanta, y procede a ayudarla a secarse mientras yo, trato de limpiar el mantel que también se manchó un poco.
— ¿Pero qué ha pasado aquí? —dice Clare entrando junto a George.
—Katniss ha derramado el vino sobre Grisella sin querer. —responde Peeta terminando de ayudarla a secarse. Si el supiera.
—Y ahora tendré que irme. —añade Grisella haciendo una mueca, pero de repente su cara se ilumina—. Peeta, ¿me acompañas a mi casa?
—Oh. Ah, sí — dice Peeta sonriendo, mirándome de reojo— Ahora vuelvo, Katniss.
Mi interior se revuelve sin poder evitarlo, mientras veo cómo Peeta toma del brazo a Grisella y la lleva hasta la puerta. La sra Ganger empieza a recoger la mesa y el sr Ganger se despide de mí con un abrazo antes de dirigirse a su habitación. Ayudo a Clare a recoger todo, disponiéndome a lavar los platos, pero ella me detiene y me dice que espere a Peeta y que no haga nada más, luego se despide con una última sonrisa amable antes de ir tras su esposo. Me pongo mi chaqueta, y salgo a encontrarme con la oscura noche ya que no planeo esperarlo.
La rabia bulle en mi interior mientras camino hacia la Aldea de los vencedores... como siempre Grisella buscando pegarse a Peeta del modo que sea, a costa de lo que sea, creo que ya quedó bien claro su posición. Y que se entienda que no es la mía. Pero lo que más me afecta es que Peeta no hace nada. Nada. Él deja que ella haga todo lo que le plazca, y no es que él tenga ninguna culpa, yo sé que está en su naturaleza ser cariñoso, amable, respetuoso con todos... Pero ella se aprovecha de eso, y temo...
Temo que lo aleje de mí.
Llego a la casa más rápido de lo que había pensado, pero no tengo ganas de subir a mi habitación. Por lo que me tiro en el sillón de la sala, dispuesta a que las profundidades del sueño me lleven para evitar tener que pensar más en ellos juntos.
No sé cuándo logré dormirme, posiblemente hace quince minutos, o una hora. El tiempo no es importante justo ahora cuando siento cómo unos grandes y fuertes brazos me levantan, inconscientemente me pregunto quién será. Aunque sólo puede haber una persona en realidad, pero aún me siento dentro del sueño así que no pienso mucho.
Con los ojos cerrados e incapaces de abrirse siento cómo esa persona me acomoda en una cama cómoda y esponjosa. Se siente como plumas finas y suaves al tacto, mientras recuesto mi cabeza sobre esa superficie tan delicada. Alcanzo a sentir cómo me quitan las zapatillas, y cómo una sábana tibia me cubre hasta la cintura. En los tentáculos del sueño, siento como ese alguien deposita un... ¿beso? en mi mejilla y se levanta dispuesto a irse. Pero antes de que eso pase, mi mano se alza involuntariamente y lo toma por la muñeca.
—No te vayas... —susurro en una voz aterciopelada, e incluso me pregunto si en verdad estoy en un sueño o no ya que mi voz normalmente no suena así. Sin embargo es un sueño muy real, porque puedo sentir a mi corazón revoloteando realísticamente, casi como si pudiera romperse si en verdad esa persona me decía que no.
Este definitivamente era un sueño muy bueno y hermoso, porque en verdad quería... bueno no. Necesitaba que esa persona se quedara, porque si eso pasara; creo que este podría ser el sueño más perfecto que haya tenido nunca.
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¿Qué les pareció Katniss interactuando por primera vez con tanta gente en una sola sala después de todo lo que le ha pasado? ¿Y que no salió a esconderse a un huequito?
Avanzando, avanzando estamos *corazones*
Review?
