Sugiura Ayano... Una chica de cabello largo y hermoso de color morado, estacionó su coche en el garaje de su casa, suspiro derrotada y caminó despacio hacia la entrada de la misma. Había sido un día pesado y eso era reflejado en su semblante cansado, ser una abogada de tiempo completo en un bufete jurídico no es nada fácil, y mucho menos teniendo que mantener a alguien especial... ah... para ella claro.

Volvió a suspirar derrotada al encontrar la casa desordenada. Había papeles esparcidos por toda la sala, ella recogió unos cuantos que estaban llenos de garabatos, todo era un absoluto caos. Ayano aún no sabía porque de su desdicha, cuando era una simple estudiante de preparatoria, se imaginaba su futuro... no tan brillante, pero al menos feliz en compañía de la mujer que amaba. La última parte si se le hizo realidad, ella se casó con la mujer que amaba y aun ama, pero...

"Kyōko... Kyōko" Ayano entrecerró los ojos viendo como su querida rubia estaba babeando con la boca abierta.

Una chica rubia de ojos azules dormía plácidamente sobre el sofá de su sala. Ayano trato de despertarla de la mejor manera posible, privarla de su sueño agradable podría considerarse de mala educación. Bien... pero hay que tener en cuenta que Kyōko es Kyōko. Ayano sacudió a la rubia bajo una pila de papeles, cuyos hojas antes blancas, ahora estaban garabateadas, a la vista de Ayano, con los dibujos hechos por la rubia

"Kyōko... ¡DESPIERTA!" gritó ya como única opción al sueño pesado de la rubia

"¡aaah!... ¿que?... ¡que!," la rubia se incorporó en el sofá y froto sus ojos "Ayano... ¿ya es hora de cenar?" pregunto bostezando. Parpadeó un par de veces para ajustar su vista al cambio de luz y posó su mirada azulada en una malhumorada Ayano

No había ni un solo 'bienvenida' o '¿Cómo estuvo tu día?'. Costumbres que por más simples que sean, dan un aire de conformidad a quienes están dirigidas. Ayano pensó que era su culpa por esperar demasiado de la rubia, bueno en fin, las cosas no iban de maravilla como se imaginó pero al menos sus sueños seguían vivos al día de hoy.

"si, ya es hora, y supongo que la cena ya está lista" dijo con sarcasmo cruzando sus brazos mirando a su querida

"wow, eres increíble Ayano, por favor me la traes aquí, voy a ver tv" dijo Kyōko no captando la idea mientras tomaba apresurada el control remoto de la tv.

Ayano observó por unos instantes a su esposa, quien presionaba con esmero los botones del control remoto en busca de algún entretenimiento en la caja idiota. Ella sabe que no puede seguir aguantando esa situación, todos los días era lo mismo. Ella tenía que trabajar incluso horas extras para mantener los caprichos de Kyōko, llegaba del trabajo a las ocho de la noche, y lo único que ella quería era que Kyōko la recibiera con un beso, con la cena lista, y con un buen masaje, o simplemente le dijera 'te amo' de vez en cuando… que ilusa fue en su día en creer que ese sueño se haría realidad. Ahora para Ayano ese era un sueño que iba muriendo lentamente.

Suspiró cansada sin esperar que Kyōko lo notara y se dirigió hacia la cocina, ella aun usaba su traje, no tenía tiempo de cambiarse de ropa, si quería comer pues tendría que preparar la cena vestida de esa forma. Mientras iba por los ingredientes a la nevera, se percató de una pequeña nota pegada sobre la puerta de la misma. Ella reconoció la letra, si así es, Ayano la había escrito en esa mañana; en ella le pedía a Kyōko que comprara la despensa, sin ingredientes para la cena Ayano resoplo molesta, ¿qué demonio fue lo que hizo Kyōko todo el día?.

"¡Kyōko!" grito Ayano desde la cocina "¡Kyōko!" pero como la rubia no respondía, fue en su búsqueda "Kyōko, ¿me puedes decir porque no compraste la despensa?" al decir verdad no es la primera vez que Ayano se enoja con Kyōko, todos los matrimonios tienen discusiones alguna vez, solo que en este, todos son provocados por la rubia.

"¿qué cosa?" Kyōko ignoró la pregunta de su esposa. Ayano no soporto la actitud de la rubia, se colocó detrás del televisor y lo desconectó de la corriente eléctrica.

"oye oye, yo estaba viendo eso" la rubia se levantó molesta protestando contra Ayano "parece que estuvieras en tus días" con la forma como lo dijo era difícil saber si se estaba burlando o estaba diciendo la verdad. Ayano ignoró ese comentario por el bien de Kyōko, pero eso no quiere decir que no le molestó.

"¿me puedes decir porque no compraste la lista de víveres que te deje en la cocina?" Ayano ya había cruzado sus brazos, lo que para la rubia no era buena señal

"bueno pues..." dijo Kyōko rascándose la mejilla

"¿Ahora que vamos a cenar?" preguntó, en realidad no le hubiera molestado demasiado si no estuviera muriéndose de hambre.

"si es por eso no hay problema, ordenamos comida y ya" la idea no sonaba tan mal, pero para Ayano eso es lo ultimo que quería hacer pues no hay nada mejor que una comida preparada con amor.

Ayano se suavizo por el momento, con todo lo que ha pasado ya no tenia de otra "bien, puedes darme el dinero que era para la despensa" dijo extendiéndole la mano

"¿Para qué?" Ayano era muy paciente con la rubia, pero la paciencia tiene un limite

"para pagar la comida... o no me digas que..." Kyōko sintió como una dura mirada cayó sobre ella, tal vez Ayano era adivina o simplemente ya lo veía venir.

"es que, me fui al cine... y después me dio hambre... y" ella no podía creer lo que estaba escuchando, sabia que la rubia era un poco irresponsable pero eso se estaba pasando

"¡Toshinō Kyōko!" grito Ayano "porque... ¿porque hiciste eso?, se supone que ese dinero era para la despensa, y yo ya no tengo más efectivo" Ayano trataba de la mejor manera hacer entender a la rubia el error que había cometido

"no te preocupes podemos pagar con tu tarjeta, no le veo el problema" pero era inútil

"¡la tarjeta no es para eso! ¡aun estoy en números malos por la ultima tontería que compraste!" dijo recordando como la rubia había comprado una colección de figuritas de Mirakurun de edición limitada "ya me estoy cansando de pagar por tus tonterías"

"entonces deberías trabajar horas extras, así no habría problema con el dinero" Kyōko es bastante tonta, a tal punto de enojarse con Ayano, ignorando que solo ella es la que tiene la culpa en primer lugar

"el problema no es el dinero, ¡el problema eres tú¡"

"¡yo! ¿Ahora que hice?" preguntó indiferente

"se parece poco, estar de perezosa durante tres años, solo dibujando tonterías"

"no son tonterías, mis mangas me harán famosa" dijo con orgullo

"¿pero cuando?... hay veces en las que desearía que dejaras de ser infantil, y te apegaras a la realidad"

"no me trates como una niña"

"pues entonces compórtate como una adulta, si tuvieras un trabajo yo podría pasar más tiempo... en casa… contigo…" susurró despacio notando que las cosas en verdad se estaban saliendo de control.

Ayano se detuvo en un instante, sintió ira dentro de ella queriendo explotar en la cara de Kyōko, pero ¿eso valdría de algo? No en realidad, tal vez las cosas empeorarían. Con respiraciones constantes trató de calmarse. Ayano no quería pelear con Kyōko, pero habían veces en las que la rubia buscaba conflicto. Ayano agachó la mirada negándosela a Kyōko, dando media vuelta ella se alejó de la rubia

"¿a... a dónde vas?" la atmósfera cambió, se sentía como si en cualquier momento con el mas mínimo movimiento la tormenta caería.

"Kyōko... ¿esto fue un error?" dolía creer que en algún punto de su vida, se iba a arrepentir de su mas grande decisión.

"..."

Kyōko no supo que responder, pues no sabía a qué venia esa pregunta. Ayano interpretó su silencio. A paso lento salió al pasillo rumbo hacia la escalera, bajo la mirada de la rubia parecía una persona decaída. Pero eso no era así, Ayano quería que Kyōko se disculpara, que la detuviera y la abrazara mientras le decía que amaba.

"Ayano... ¿estás bien?" dijo la rubia con tono de preocupación

"¡no! ¡No estoy bien!" Ayano se detuvo en medio de la escalera, pero aún se negó a mirar a la rubia

"es... es culpa mía ¿verdad?"

"no... todo es mi culpa"

"no debería castigarte así, es..."

"¡¿y a quien castigare?! ¡¿A ti?!" dijo mirándola por fin "quien no tiene idea de lo que sucede a su alrededor"

"siempre he sido yo, todo yo" Kyōko apretó sus puños deseando por una vez que Ayano hablara claro. Pero ella ya había hablado, solo Kyōko estaba entendiendo mal "¡no puedo saber lo que te pasa si no me lo dices!"

"has tenido suficiente tiempo para preguntármelo, incluso ya lo he dejado claro pero tú nunca escuchas"

"pero si casi nunca estas en la casa, ¿Cómo voy a saber lo que sientes? Llegas y lo único que haces es gritarme por cosas…" Kyōko creyó saber cual era el problema "por dinero"

"Kyōko..."

"¡desearía ser famosa, así el dinero ya no sería un problema y me dejarías en paz!." Kyōko se cubrió la boca con sus manos, pero el daño ya estaba hecho. Para Ayano estaba todo muy claro

Toda la casa se sumió en un absoluto silencio, tanto que casi podría haberse escuchado el corazón de Ayano rompiéndose en mil pedazos. Kyōko vio reflejado en aquellas gotas cristalinas que corrían por la mejilla de Ayano el error que había cometido.

Kyōko estiró su mano hasta el barandal de la escalera, quería acercarse a su esposa "Ayano… yo no…"

"pues... desearía... ¡que tu deseo se haga realidad!" Ayano grito dolida por las palabras de la rubia, ella se marchó con lágrimas en sus ojos rumbo a la habitación que comparte con Kyōko. Kyōko solo pudo escuchar un fuerte portazo y nada más.

Kyōko había cometido un error, ella lo sabe, pero decidió darle espacio a su esposa, trataría de arreglas la situación cuando se calmen las aguas. Fue entonces que partió de casa, donde la escucharían sin importar cuan mal estén sus ideas, no, no es el apartamento de Yui, sino un club, la misma en la que ha buscado refugio cada vez que discutía con Ayano, mejor, huir de sus problemas. Mientras iba conduciendo el auto, no podía dejar de preguntarse el porqué de muchas cosas, entre ellas el tener una boca floja y una mente idiota.

Kyōko ama a Ayano con todo su ser, ella no se imagina una vida sin ella, pero si ambas se aman... ¿qué es lo que están haciendo mal?. Kyōko debería saber que el amor no basta para garantizar la felicidad, cosa que Ayano si tiene claro

Kyōko es muy talentosa en lo que hace, le dedico tanto empeño y esfuerzo a su manga que ella no sabe hacer otra cosa. Tal vez ella piense de esa manera, pero para una dibujante con su gran talento no hay ninguna puerta cerrada.

Una medio hora mas tarde llegó a su destino, un bar pintoresco en alguna parte de la ciudad. Pero Kyōko no esperaba que su única ruta de escape estuviera cerrada esa noche, mala suerte y tendría que buscar otro lugarejo para pasar su miseria entre copas.

"las cosas no me están saliendo bien hoy" arrancó la marcha y salió en busca de un nuevo lugar, pero en un tiempo muerto frente a un semáforo en rojo, Kyōko notó sobre el asiento del copiloto un portafolios "Ayano" no tendría que ser una genio para saber que ahí esta el trabajo de su esposa "¿en verdad hice mal?"

Sus ojos azules fueron al retrovisor y su reflejo le saludó, en sus ojos vio reflejado el mal camino que anda siguiendo. Mientras la luz del semáforo cambiaba de color el brillo y verdoso se reflejó en una parte de su mejilla, era un punto que se movía deslizándose con la gravedad, una lagrima.

"estoy haciendo mal" No imaginaba por las cosas que tendría que estar pasando Ayano, mas sus azulados ojos que volvieron al portafolios parecía iluminarle el cerebro "siempre llega tarde" recordó que anteriormente Ayano siempre estaba temprano en casa, recordó como siempre sin importarle nada con una sonrisa le mimaba "ya veo" luego las cosas no parecieron ir bien, Ayano se retrasaba cada vez mas hasta el punto que casi ni la veía "yo soy el problema aquí" recordó como en un impulso gastó una exorbitante cantidad de dinero para comprar unas figuritas de plástico, dinero que le pertenecía a su esposa, ella lo había ganado "he sido tan tonta" pobre chica que creyó estar encaminándose a su felicidad, pobre e inocente ciega que no vio el dolor en los ojos de su amada, pobre tonta rubia que golpeo su cabeza contra el volante del auto descargando su furia contra sí misma. Por ser idiota, por no verlo antes, por pisotear los sentimientos de su amada, por las lagrimas que Ayano ha derramado por su culpa… y por todo lo demás siempre idiota Toshinō Kyōko.

Piiiii…. Alguien hizo sonar la bocina despertando a Kyōko de sus lamentos

Kyōko dió marcha y dobló en una esquina para recoger sus pasos y aprisa volver a su hogar. Al diablo mando su estupidez, imaginándose así misma en un mundo solitario lleno de risas y noches de parrandas, que si bien suenan bien, no dejaba de ser un mundo solitario sin nadie que la amara, sin nadie que la besara, sin nadie que compartiera sus sentimientos y caminara a su lado mientras se tomaban de las manos. Ese es un mundo donde Kyōko no quiere vivir.

"¿Qué estoy haciendo?" dijo. De esa lagrima le siguieron otras y pronto su vista estaba nublada que casi era imposible ver por donde iba

Para su suerte llegó devuelta a su casa y como si de su vida dependiera de ello salió a prisa del auto para entrar en la vivienda. Se quitó los zapatos y corrió escaleras arriba hasta que se detuvo de golpe cerca frente a una puerta cerrada. Ella limpió sus lagrimas con su mano que luego presionó en la madera de la puerta, no tenia fuerza para empujarla y simplemente recargó su frente en ella.

"lo siento" Apretó los dientes como si eso fuera suficiente para detener las lagrimas que querían salir "lo… siento"

Se empujo hacia atrás, dejando salir todo el aire de los pulmones para agarrar otra bocanada de aire. Las fuerzas necesita para tomar valentía y entrar en su cuarto, pero era difícil todo aquello, lo peor podría pasar cuando diera el primer paso dentro de la habitación, o simplemente no encontraría lo que tanto necesita y que por su necedad estaba al filo de perder.

Pero no ganaba nada con solo quedarse parada mirando la madera de la puerta, no, necesitaba verla a ella y rogarle de rodillas que le perdone. Al menos ahora vio la luz al final y cerca del tormento y el dolor parecía haber aprendido una lección. La soledad no es bonita, la tristeza no es bonita, la angustia el dolor el miedo, nada de eso es bonito.

"Ayano es bonita"

Con toda la fuerza del mundo llevó su mano temblorosa a la manija de la puerta, tirando hacia abajo se preparó para lo que sigue, que si bien podría ser una u otra cosa, el resultado podría ser aterrador. La puerta se desbloqueó, ella la empujó despacio encontrando nada mas oscuridad, pero la oscuridad no era parte de la habitación sino que sus ojos estaba nublándose otra vez.

Mas nada le impidió avanzar lentamente hacia la cama, despacio y con cautela. Así como avanza se va revelando a una chica acostada en la cama, la chica esta serena dormida. Kyōko va hacia ella y con cuidado se sienta sobre el colchón viendo lo que ha causado por tonta.

El cabello de Ayano cubre su hermoso rostro, Kyōko lo aparta y nota como en las mejillas parece mojadas. El dolor que le ha causado no se ha borrado, necesita borrarlo. Traga su llanto, se mueve suavemente y baja depositando un beso en la mejilla de su amada. Pero las lagrimas caen sobre su doncella durmiente mezclándose con las de esa chica que lo siente y lentamente abre los ojos.

"¿Kyōko?"

"perdóname" susurra "perdóname" dice "¡perdóname!" suplica

Kyōko cae sobre Ayano, grita y llora tratando de abrazarla. Ayano jamás la había visto así, tan mal tan lastimada herida triste hecha pedazos, tan fatal que le asusta. Ayano no lo duda y la envuelve en sus brazos, ruedan por la cama hasta que Kyōko cae lentamente acostada con el rostro lleno de lagrimas enterrado en el pecho de su esposa.

"perdóname mi amor" Ayano se sonroja por esa palabras pero ella no dice nada "perdóname Ayano" Ayano no responde simplemente la aprieta con todos las fuerza que le quedan ahogando el llanto de Kyōko en el calor y los latidos acelerados de su pecho "perdóname" Ayano la afloja un momento para separarse y verla a los ojos "perdóname" Ayano sonríe y la acerca para darle un dulce beso

"TE AMO… Kyōko"