Disclaimmer: Los personajes no me pertenecen, son de la popular caricatura Hey Arnold, del creativo Craig Barttlet. Excepto aquellos que no reconozcan, esos me los he inventado.

Gracias por la paciencia. ¿Les ha pasado que están tan enojados, tan indignados por algo, que momentos después no recuerdan lo que hicieron durante ese periodo de tiempo con exactitud? Algo así me pasó, y no podía encontrar el cargador de mi computadora portátil, durante ese lapsus de ardiente ira condenatoria, lo había metido en una gaveta con mi ropa, y después no me acordaba de haberlo hecho.

¡Ha sido desesperante! Pero finalmente lo hallé, y lo único que saqué en claro de esta experiencia es que no debo dejarme llevar por esas emociones negativas, me hace falta mucha inteligencia emocional y un amigo me envió este proverbio de Lao Tse que quería compartir con ustedes "Aquel que conoce a los demás es inteligente, el que se conoce a sí mismo es iluminado. Aquel que domina a los demás es fuerte, el que se domina a sí mismo es poderoso. Aquel que se contenta es rico, el que se esfuerza sin cesar es voluntarioso. Aquel que permanece en su puesto, vive largamente. El que muere y no perece, es eterno". Después de leerlo me di cuenta que las acciones de otros escapan de mi control, que yo sólo puedo gobernarme a mí, y a través de mis acciones influir en las de los demás. Quise dejarlo aquí por si le es de utilidad a alguien. Gracias por los reviews que me han dejado, los leía en mi celular XD

Revaca27: gracias por comenzar a seguir la historia, espero no te decepcionen los siguientes capítulos, que la aventura empieza a llegar a puerto finalmente. Gracias por dejarme saber tu opinión, me has alegrado el día. Esperaré a por ver si dejas algún review sobre lo que te parece este capítulo.

Nimia Forctis: Yo también soy team Gerald. Pero aún pienso hacerlos sufrir un poquito más. Así la fruta es más dulce cuando se prueba. Y también me da ternura que ahora haya cierta incomodidad, me pasó que suele haberla cuando quieres pasar de tener una amistad a una relación romántica y tienes ese temor de que todo te explote en la cara y te quedes sin novio y sin mejor amigo. Espero que estés disfrutando de la historia. XD me hiciste reír con eso de "pobre chico está volviendo de la casi muerte" originalmente iba a haber un funeral, pero me he encariñado tanto con Lorenzo que tuve que cambiar eso. Espero conocer tu opinión sobre este capítulo, saludos.

S Sandra SD: Jajajaja eso, come to the dark side, ¡Súmate al team Gerald! Qué gusto me da que te haya gustado el giro de los acontecimientos, sobre la cena, decidí dejarlo en puntos suspensivos en este capítulo también, para que se cuezan en su propio jugo a la expectativa de lo que tengo planeado para esta parejita. Y como te lo mencioné, me encantó tu idea de hacer sufrir a Arnold, lo pensaré seriamente.

AdyTema: ¡Hola de nuevo! Esa escena fue inspirada en hechos reales, no me sucedió a mí, pero sí a una persona cercana, siempre me pareció divertido aunque a la persona en cuestión no tanto, y creo que a Helga tampoco. Gracias por dejarme tu review, me hace muy feliz saber que te gusta la historia, sé que la pareja no es cannon, pero al ver la película de la jungla empecé a verlos cada vez más como una pareja con potencial. ¡Me encanta que le hayas dado una oportunidad a MaryMorante! Es de mis historias favoritas, espero que la estés disfrutando. Espero que disfrutes de este capítulo también, y me dejes saber tu opinión. Saludos y no olvides cuidarte mucho.

Mario DV: La verdad... fue un poco improvisado porque el borrador que tenía originalmente, tenía un final muy diferente para Lorenzo. Pero escribir sobre él, sobre todo en Before Chronicles me ha llevado a querer mucho al personaje, y luego pensé que sería interesante manejar las interacciones entre él y las hermanas Pataki... ya verás lo que pasará, aunque no me molestaría escuchar tus teorías. Sabes que disfruto leyéndolas. Gracias por continuar siguiendo la historia, me halagas mucho, y como siempre, me alegras la vida con tus reviews. Espero que estés muy bien en las condiciones actuales del mundo, y que por lo menos te pueda arrancar una sonrisa con mis ocurrencias.

Espero que disfruten del capítulo 29, Gracias a todos.

-¿Estás siendo sarcástico?- preguntó un confundido rubio. La relación entre ellos había alcanzado un punto de animosidad en el que, una invitación a su casa a pasar nochebuena podría ser cualquier otra cosa excepto una invitación a su casa a pasar nochebuena. Helga pareció tener la intención de intervenir, pero Harold la tomó de la mano para atraer su atención y cuando hicieron contacto visual, el chico negó suavemente con la cabeza… No era buena idea que la razón del resentimiento entre esos dos saliera en defensa de alguno, o de ninguno.

-No- el rostro de Gerald era inescrutable, tenía la expresión que muchos maestros del póker buscan perfeccionar a lo largo de su carrera en el juego de azar y estrategia –Te estoy diciendo en serio que puedes sumarte a la celebración de mi familia… Si no quieres venir, no vengas, no estás obligado- y Arnold sintió un tic en su párpado izquierdo, aquello en vez de una amigable conversación le parecía el despliegue del equivalente militar a una estratagema y que buscar una respuesta para continuarla, le daba la sensación de tener que cruzar un campo de minas ocultas. Hicieron contacto visual, y parecía que en los ojos del rubio había un mar embravecido que empequeñecía ante la intensidad de la mirada del moreno, que se había oscurecido un par de tonos y le recordaba al rubio a un par de agujeros negros que podrían consumir cualquier cosa que entrara en su campo gravitacional.

-Qué amable es Gerald, ¿Verdad amor?- interrumpió el duelo de miradas la señora Berman, que no soportaba más el tenso silencio que se formó en la habitación. Solía ver a ese par de jóvenes en su infancia ser inseparables y vivir aventuras con un brillo muy diferente al que ahora se dedicaban uno a otro, era triste ver lo que el tiempo podía provocar en una relación –Tu familia siempre ha sido un pilar en nuestra comunidad- Jerry intentaba comunicarle con su lenguaje corporal a su esposa que parara de hablar, y había dejado atrás la idea de ser sutil, ahora agitaba sus brazos intentando llamar la atención de su mujer, sin éxito –deberías aceptar la invitación, estoy segura de que tus abuelos estarán muy contentos de ver a los Johanssen- Marilyn sonrió, segura de haber hecho la buena obra del mes con aquella intervención. Helga sentía que se había tragado un saco de piedras. Harold habría dado cualquier cosa por ser sólo un avestruz con la cabeza enterrada, de la vergüenza que sentía del comportamiento de sus progenitores. Jerry desistió de sus intentos por frenar a la mujer ¿Qué más daba? Aunque parecía casi increíble que Marilyn no se hubiese percatado de que esos dos no podían estar en la misma habitación sin enrarecer el ambiente, fuera cual fuera la razón.

-Tiene razón Señora Berman- habló por fin el rubio.

-¿La tiene?- preguntaron Helga, Harold y Jerry, con similares tonos de incredulidad.

-Sí. A mis abuelos les hará muy feliz pasar a saludar a tu familia en nochebuena, Gerald- casi escupe el nombre de su antiguo mejor amigo.

-Me parece fantástico, Arnold- El moreno fulminaba a su interlocutor con la mirada, y la menor de las Pataki no se desmayaba sólo porque Harold la aferraba con fuerza de la mano, manteniéndola con los pies sobre la tierra.

En otra habitación del hospital, dos pelinegros intentaban resolver su propio asunto inconcluso, inmersos en una confesión por parte de la Wellington Lloyd acerca de lo que pretendió que pasara al dejarlo quedar en su casa.

-Cielos, Rhonda. No me habría imaginado que Harold era tu novio si no me lo dices tú misma- fue lo único que se encontró capaz de decir. ¿Qué otra cosa podría añadir? La joven de la que había pasado media vida enamorado acababa de confesarle que solamente lo usó para confundir lo suficiente a sus padres para que no la desheredaran por salir con Harold, que recibió un balazo por ella y que al despertar le pidió tiempo… ¿Cuál era la convención social para alguien en su posición?

-Debes odiarme- expresó con desgana, lo peor que podría pasarle es que dos de los tres hombres más importantes de su vida decidieran que no quieren verla ni hablarle.

-Por supuesto que no- respondió con mucha convicción el pelinegro –quiero decir- Lorenzo intentó erguirse un poco más en la cama, pero una punzada en la cabeza no se lo permitió, Rhonda acudió inmediatamente a su lado y le pidió que no hiciera ningún esfuerzo, con una expresión de genuina preocupación por él tatuada en el rostro -¿Ves? ¿Cómo podría odiarte?- la pelinegra alzó su mirada, enzarzándola con la del chico, que ahora brillaba de manera peculiar –Tú te preocupas por mí, y me cuidas… eres mi mejor amiga aun cuando yo me alejé todos estos años, ni siquiera estuve ahí para ti cuando me enteré lo que pasó en el baile de graduación de tu preparatoria- Lorenzo estiró una temblorosa mano para rozar la mejilla de la pelinegra –tú eres quien debería odiarme y no lo haces, ¿Por qué lo haría yo?- los ojos acuosos de la chica se desviaron en ese momento… no quería que Lorenzo la viera llorar. No quería preocuparlo más –No estoy en esta cama por tu culpa… estoy aquí porque Curly me atacó… Deja de castigarte- delicadamente, tomó su mentón y volvió a girar el rostro de la chica para verla directamente cuando le dijera lo que había en su corazón –Yo… siempre he estado enamorado de ti- Rhonda se tensó, encontrando sólo verdad en los ojos de su amigo -y eso no cambió nunca y comienzo a pensar que no cambiará…-la chica estuvo a punto de interrumpirlo, no estaba segura de lo que quería decirle, pero no soportó el atisbo de dolor que se coló en sus pupilas -Así que, si no puedes corresponder esos sentimientos, por lo menos, no te agobies por mí, no quiero ser razón para que derrames más lágrimas- Rhonda emuló la amarga sonrisa del chico, a veces olvidaba que sólo tenían 20 años… no era necesario que tuvieran todas las respuestas ahora.

Gerald invitó al resto de la pandilla a la cena de nochebuena en su casa, Marcy dijo que ella se daría una vuelta después de visitar, son sus padres, a su abuela, Patty prefería pasar ese día en casa, Park rodó los ojos y dijo que estaba seguro que esa invitación no era extensible para él, Gerald lo miró como diciendo "eres un maldito genio, claro que no iba dirigida para ti", Sheena, Nadine, Lila y Agatha preguntaron si podían llegar por la mañana para ayudar a preparar la cena para tantas personas, Sid y Stinky bromearon con que si la fiesta era de traje, ellos llevarían su hambre, Olga se mantuvo abrazada a Helga como si temiera que desapareciera en cualquier momento y no la soltaba a pesar de las protestas de su hermana, pero alcanzó a afirmar que los Pataki estarían ahí, evidentemente; Mary se disculpó pero su madre era muy estricta respecto a que esa celebración era para estar en familia, que al día siguiente quizás se pasara por ahí y podía conseguir que su padre les permitiera ir a su campo de Gotcha para que descargaran frustraciones pasando un buen rato el día 25, a todos les pareció una idea fenomenal.

El segundo hijo del matrimonio Johanssen se acercó a Brian, mientras los demás conversaban ultimando detalles, Sid y Stinky iban a visitar a Harold y Rex se dirigía a la habitación de Lorenzo.

-Brian- el castaño levantó la mirada encontrándose con el moreno – ¿Crees que podamos hablar a solas?- aquello le pareció muy extraño, la curiosidad le hizo aceptar la petición de su amigo, lo invitó a seguirlo al jardín interior del hospital para poder tener privacidad, la cantidad de visitantes era demasiada alta.

-Aaah… ¿De qué quieres… aah… hablar?- preguntó impaciente cuando el silencio entre ellos se prolongó por un considerable tiempo, poniéndolo nervioso.

-Sé que… lo que dijo Park te ha molestado un poco - el castaño desvió la mirada al entender el tema del que Gerald quería hablar, casualmente lo único de lo que él no quería hablar–… pero Helga no disfrutaría la navidad si tú no estás ahí- Brian pareció sorprendido con las palabras de su amigo.

-Estarás… aaah… tú- no pudo evitar el tono de reproche en su voz, había estado negándose a aceptar lo que pasaba frente a él y no podía continuar engañándose a sí mismo –Después de todo… aah… te besó- el moreno endureció su gesto.

-Eso no tiene nada que ver Brainny- la advertencia en la voz del moreno pasó inadvertida para el de lentes, que continuó externando en voz alta sus pensamientos.

-Aah… ahora entiendo por qué… aah… fuiste a buscarme… aah… a casa de Robert… aah… querías que yo… aah… te confirmara algo que… aah… tú sabes que no es verdad- Gerald apretó ambos puños y presionó sus molares, intentando contenerse –Para mí… aah… es evidente que si ustedes… aah… se besaron, no pudo ser… aah… en nuestra infancia… aah… o adolescencia, cuando tú y Phoebe estaban… aah… juntos, y tampoco mucho antes… aah… porque Arnold estaba en Hillwood- Los ojos del moreno brillaron peligrosamente –Así que… aah… debió pasar uno de estos días… aah… porque si hubiera pasado en Londres… aah… Helga no hubiese aceptado… aah… mudarse contigo- una imperceptible sonrisa se formó lentamente en el rostro del moreno.

-Muy impresionante Sherlock… pero no es algo que te incumba- Brian lo miró sorprendido, era la primera vez que Gerald le hablaba de esa forma –Además… me parece hipócrita de tu parte que te molestes porque te ocultó que besó a otros chicos, cuando tú le ocultas tu relación con Lila- y el castaño boqueó, impactado de haber sido pillado… Él fue muy cuidadoso, y no creía que Marcy o Arnold fueran de lenguas sueltas a contarle, y eran los únicos que sabían. Aunque quizás con los días que habían pasado en el hospital más de alguno se dio cuenta.

-¿Cómo… aah… lo sabes?- preguntó Brian.

-Basta con ver las miradas de soslayo que se dedican constantemente. ¿Quieres que te recuerde cómo terminaron las cosas la última vez que le ocultaste que Lila te gustaba?- los colores desaparecieron del rostro del castaño ante el recuerdo –la madre de Helga está muy enferma, y… es muy probable que sea la última navidad que pasen juntas- era la primera vez que Brian no podía leer las intenciones de Gerald –ella te necesita… te quiere mucho… por favor… deja esto de lado por un momento y visítanos mañana en la noche- el moreno puso una mano sobre el hombro de su compañero y le sonrió afablemente, aunque esa sonrisa nunca llegó a sus ojos.

Brainny asintió después de unos segundos en silencio, le parecía que algo estaba molestando al Johanssen, pero no pudo preguntarle al respecto porque los demás les llamaron para que volvieran.

Ese martes por la mañana era 24 de diciembre.

En la casa de los Johanssen se vivía un bullicioso despertar, y siendo que ese día tendrían demasiados invitados, que probablemente no entrarían en la casa, Peter y Marcus, los tíos de Gerald, eran los encargados de conseguir una carpa, mesas y sillas para rentar y colocar en el amplio jardín de la residencia.

Tairisha y Kendra corrieron a todos los del género masculino de la cocina en cuanto Lila, Nadine, Sheena y Agatha llegaron para ayudar a preparar la cena. Nadine comentó que los padres de Rhonda ofrecerían el baile de nochebuena que siempre acostumbraban y que, después de contarle a los señores Mota de Larrea dónde estaba Lorenzo y que comprobaran su buena salud, asistirían a casa de los Lloyd. A Melissa le pareció que dejar a su hijo solo en esa fecha era despreciable.

Comenzaron a preparar los alimentos, y rápidamente se hizo notorio que Helga no tenía el don culinario, sobre todo cuando le pidieron que vigilara el hervor de la pasta y en lugar de al dente, tenían como resultado un engrudo similar al que se usaba para pegar el periódico en la elaboración de las típicas piñatas mexicanas.

Y cuando confundió la azúcar refinada con la sal y se la puso a la crema de apio que sería la entrada de la cena… Ese fue el momento en el que Tairisha le sugirió que ayudara a colocar los platos en las mesas cuando estuvieran listas.

-A mí me parece adorable que no puedas hacer ni siquiera lo básico bien- le dijo Nadine, antes de que abandonara la cocina, ganándose una expresión de odio de parte de Helga que contra todo pronóstico le arrancó una carcajada a la bronceada rubia –Hay algo que quería decirte desde hace días- Helga alzó una ceja intrigada, ellas no tenían una relación cercana ¿Qué podría querer decirle? Nadine le hizo una seña de que le siguiera, y cuando estuvieron al pie de la escalera, suficientemente alejadas de la marabunta de mujeres que intentaba trabajar en la reducida cocina de la casa Johanssen, ambas rubias hicieron contacto visual -¿A ti… te gusta Gerald?- la pregunta tomó desprevenida a la menor de las Patakis que enrojeció hasta las orejas.

-¿¡Eso a ti qué rayos te importa!? Criminal, Nadine, ¿No te enseñaron a meterte en tus propios asuntos y dejar en paz a los demás?- la otra rubia la miró impávida, sin amedrentarse por la reacción de Helga.

-Me imagino lo difícil que debe ser… Phoebe es tu mejor amiga- Helga hizo una expresión de dolor ante lo dicho por su compañera –pero… quería decirte que… decidas lo que decidas, elijas no arrepentirte- la menor de las Pataki la vio con sorpresa –si alguna vez necesitas a alguien fuera de todo ese drama que te escuche y te dé su opinión objetiva… puedes contar conmigo- y sonriéndole, le dio un amistoso apretón en el brazo derecho y se giró en redondo para volver a la cocina –Y deberías darte una ducha, no sé cómo conseguiste terminar con harina en el cabello si ni siquiera estamos usándola- añadió entre risas antes de desaparecer por la puerta.

Helga sonrió conmovida. Por lo menos, no estaba sola en esa decisión.

Gerald estaba de pie en el pasillo, frente a la puerta de la habitación de Helga, indeciso entre tocar o irse de ahí, antes de parecer un poco obsesivo…

-Ella está en la cocina con las demás… si quieres robarle su ropa interior, éste es el momento- la voz de su hermano mayor lo sacó de sus cavilaciones, y encontrarse con la expresión de burla en su rostro, provocó que su vergüenza incrementara.

-¡No estaba pensando hacer eso!- aunque, ahora que Jamie O. lo había mencionado, no podía decir que la idea no rondaba su mente en esos momentos.

-Hey, tranquilo- elevó ambas manos en señal de rendición –Sólo estoy bromeando, sé que mi hermanito no es ningún pervertido- y tomándolo bruscamente de la nuca, bajó su cabeza para frotar sus nudillos en su coronilla.

-¡Déjame!- se quejó empujándolo. Los nervios volvían cuando pensó en que quizás Helga lo había escuchado gritar, pero se calmó en cuanto recordó que Jamie O. había dicho que estaba en la cocina. El recuerdo de la última vez que abrió la puerta de esa habitación y la encontró tendida en su cama, arqueándose de placer mientras se acariciaba y soltaba suspiros de placer, incrementó exponencialmente su nivel de ansiedad -¡Ve a molestar a alguien más!- y el mayor soltó una carcajada.

-¡Estás enamorado, hermano!- le gritó mientras se alejaba por el pasillo. El peso de sus palabras cayendo como un martillo sobre su cabeza.

Suspiró, intentando sosegarse. Si Helga no estaba en su habitación, podía aplazar la conversación que tenía pendiente.

La noche anterior, al volver a casa, habían discutido en el cuarto de Gerald.

Helga fue a buscarlo a medianoche y le reclamó por haber invitado a Arnold sin decirle antes, y admitía que no estaba orgulloso de su reacción. Haberla culpado porque no le dirigió la palabra después del incidente, no fue para nada justo. Y que ella le dijera que le parecía que hizo aquello sólo para poder invitar a Phoebe y que ella no opinara al respecto, le revolvía las entrañas.

¿Helga estaba celosa? ¿Había insinuado que la presencia de la oriental en la cena la pondría celosa? ¿O sólo eran desvaríos suyos en su urgente búsqueda de hallar señales que le indicaran que lo quería más que a cierto rubio?

Frustrado, se frotó con vehemencia el rostro, gruñendo.

La rubia se fue en la madrugada, airada y refunfuñando, ofendida y molesta. Y a él, le hubiese gustado salir corriendo tras ella para girarla y estrellar sus labios, besándolos como ansiaba desde que dejaron la habitación de hotel en Seattle. Pero sólo pensar en la escena que protagonizaron los dos rubios cuando Arnold le dio la noticia sobre Lorenzo a Helga, le hacía sentir que la sangre se le convertía en lava hirviendo, ansiosa por arrasar con todo a su paso, como la erupción del Krakatoa en Indonesia, 1883 que liberó 9 kilómetros cúbicos de magma, congelándolo en su sitio, impidiendo que fuera tras ella…

Y todo se concentraba en la boca de su estómago, provocándole un ardor incandescente que le hacía creer que si tuviera frente a él al unigénito Shortman, sería capaz de sacar fuego por la boca.

Y esperaba que haberlo invitado a su casa diera sus frutos…

Se cercioró que nadie lo estuviera viendo y se coló a la habitación. El aroma característico de la rubia inundó sus fosas nasales… Agua de rosas… Se acercó con curiosidad al buró, en el que reposaba una pequeña libreta de pasta roja. Sabía que no estaba bien husmear, pero parecía que algo ajeno a él había tomado control de sí mismo. Ya estaba molesta con él. Gerald sólo quería encontrar algo que le ayudara a arreglar las cosas.

Al abrirla, casi por la mitad, se encontró con un compendio de frases sueltas, algunas como "Cuando uno no sabe aun lo que es la vida, ¿Cómo podría conocer lo que es la muerte?"- Confucio, o "La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo." - Epicuro de Samos, "Algo hay tan evidente como la muerte… y es la vida"- Charles Chaplin, y algunas otras como "No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas" –Paulo Coelho, o "Supe que ser amado no es nada. Que amar, en cambio, lo es todo" -Hermann Hesse…

Recordó con cariño la primavera de ese año, cuando visitaron Corfú en Grecia con su grupo de amigos de la universidad, Gerald sólo estuvo con ellos unos días porque viajó a Capri, Italia para encontrarse con Phoebe. Ahora recordaba de dónde le parecía conocida esa libreta, era la misma que Helga llevó a ese viaje y por la que Kevin le había preguntado cuando la vio escribiendo en ella.

-Digamos que es mi todo en uno- respondió la rubia, encogiéndose de hombros. Unos hombros al descubierto por el bikini sin tirantes que usaba, sobre el que se puso un short de mezclilla desgastado, su piel estaba un poco enrojecida por los rayos de sol, y Gerald podía adivinar, a pesar del sombrero y las gafas de sol, que se la estaba pasando bien.

-¿Todo en uno?- preguntó Ariana, una pelinegra británica demasiado extrovertida para su propio bien y que se había interesado en la conversación, desviando su atención por primera vez en dos horas del griego sobre el que estaba sentada y hasta hace unos segundos, besaba con vehemencia -¿Qué quiere decir eso? ¿Es alguna costumbre de los estadounidenses?- la rubia se volvió a encoger de hombros, Gerald no entendía por qué no podía apartar la vista de la piel en esa particular zona.

-No… Sólo significa que uso la libreta para todo, como cuaderno de ideas, cuaderno de lecturas, diario de sueños, colección de citas o frases célebres, cuaderno de recortes, lo que se me ocurra… Mi todo en uno- Kevin sonrió entretenido.

-¿Y qué escribías justo ahora?- preguntó el rubio, Ariana rodó los ojos, perdiendo un poco el interés y volviendo a besar a su griego.

-¿Quieres que lo lea?- Gerald sonrió de lado. Sus amigos intentaban tratar a Helga como una más, podía ver cómo se esforzaban, solían decir que era porque veían lo importante que era la rubia para él, pero el moreno se daba cuenta que todos y cada uno, en el fondo, algunos más superficialmente, eran admiradores del trabajo publicado de la chica y siempre que había oportunidad le pedían que recitara o leyera algo.

-Sí, por favor- ese había sido George, un moreno de ascendencia mestiza, una mezcla entre una británica y un irlandés que le daba rasgos peculiares. Gerald ni siquiera notó en qué momento se acercó a la popa del yate para sentarse con ellos y escuchar.

-De acuerdo…- Helga tomó la libreta y miró de reojo a su amigo, Gerald sonrió animándola a continuar, esperando pacientemente como los otros a deleitarse con el sonido de su voz –"Las playas griegas tienen el agua más cristalina que mis ojos han tenido la fortuna de contemplar, navegar en ellas puede dar la sensación de estar flotando si observas fijamente el fondo por el tiempo suficiente para terminar cayendo en la ilusión óptica. Es la primera vez que estoy en Corfú, aquí todo parece tan diferente, que juraría que la brisa marina tiene un aroma distinto al de otras playas y otros mares. El yate de la familia de Ariana es lo más lujoso en lo que me he sentado a escribir… intento grabar a fuego en mi mente cada milímetro del paisaje que puedo contemplar desde aquí… no podría pensar en mejor compañía para disfrutar de esta vista, y seguramente mañana todos nos veamos dos tonos más bronceados de lo acostumbrado, pero vale la pena… algo así de hermoso, vale la pena"- cuando terminó de leer, George tenía la boca abierta, Kevin sonreía y Ariana había dejado de besar al griego para darle toda su atención a la rubia. Gerald abrió los ojos lentamente, siempre le gustaba cerrarlos cuando Helga leía, le parecía disfrutar más de la experiencia de esa forma, y los sentimientos que despertaba la voz de la rubia podían estremecerlo hasta el lugar más recóndito de su cuerpo.

-Decir que te odio por tener tanto talento en ese delgado cuerpo ¿Me haría ver como una perra?- la diversión en la voz de Ariana se hizo evidente, y todos rieron cuando el chico griego sobre el que estaba sentada malinterpretó la conversación por su falta de conocimiento del idioma y comenzó a gritar, "Perra, perra" alegremente, como si fuera un cumplido o una razón de celebración.

Ahora que lo recordaba, la tentación de hojearla se volvió más fuerte. Era su todo en uno, ¿Habría escrito ahí algo sobre él? Pero no le fue posible averiguarlo porque Helga entró en ese momento al cuarto, envuelta en una toalla que le quedaba corta, a medio muslo, mojada y oliendo maravillosamente bien.

Peligrosamente bien…

Gerald agradeció que el tono de su piel contribuyera a disimular su sonrojo.

-¡Criminal! ¡Casi me da un infarto, Geraldo! ¿Qué estás haciendo aquí?- el moreno habría preferido no tener que responder a esa pregunta… pero como solían decir que la sinceridad era la mejor política, y siendo que no contaba con la concentración suficiente para formular una excusa creíble por la imagen de la rubia que se le presentaba frente a él, dijo sencillamente la verdad.

-He venido a hablar contigo- bueno, no era una mentira –quiero que arreglemos las cosas, no me gusta que estés molesta conmigo- y eso no era otra cosa que la verdad absoluta.

-¿Y no podías esperar a que me vistiera?- el sarcasmo de Helga sólo avivó lo que ya refulgía en el interior del chico, que se puso de pie y se acercó a ella, como un depredador acorralaría a su presa. La rubia sintió la necesidad de pasar saliva, pero un nudo en su garganta se lo impidió.

-No. De hecho, esa toalla me ofende mucho- y jaló de un extremo, dejando visible el cuerpo desnudo y mojado de la dueña de la habitación.

-¡Gerald!- exclamó con sorpresa, intentando llevar sus brazos a las zonas íntimas de su cuerpo para cubrirse, aunque los reflejos del moreno lo hicieron moverse más rápido impidiéndoselo, tomando sus muñecas y alzándole las manos por encima de su cabeza, haciendo que pegara la espalda a la puerta de entrada -¡¿Qué crees que haces?!- preguntó sin poder disimular el nerviosismo y la excitación que le producía, a partes iguales, la situación.

-¿Tú qué crees que hago?- la intensidad en los ojos avellana del moreno estremecieron a Helga. Recordaba vagamente que se suponía que estaba molesta con él, pero perdida en esa mirada como se encontraba, no podía recordar la razón de su enojo. Su cuerpo respondió rápidamente a la presencia del moreno y a su mirada indecorosa que la recorría hambrienta. Intentó tragar de nuevo, sin éxito.

-N-no lo sé- pasó su lengua por su labio inferior, observando cómo esa simple acción parecía enardecer las brasas que ardían en las pupilas del moreno.

-¿Qué quieres que haga?- le susurró al oído con una voz gutural, cavernosa, primitiva, que estimuló cada terminación nerviosa en el cuerpo de Helga… cerró los ojos intentando concentrarse, la lengua de Gerald jugando con el lóbulo de su oreja se lo ponía muy difícil… Vaya habilidad que tenía el moreno de cambiar el tema de la conversación…

-Quiero que… pares- dijo con esfuerzo la rubia, el calor que emanaba del moreno era demasiado atrayente. Pero no podía dejar que pasara de nuevo en medio de una discusión sin terminar… no quería sentar un precedente.

-¿Segura?- y no pudo contenerse más. La rubia giró el rostro para unir sus labios en un hambriento beso que buscaba tomar todo lo que el otro tuviera para ofrecer, o lo que no estuviera dispuesto a ofrecer. El moreno abandonó sus muñecas para dirigir ambas manos a su trasero y alzarla en volandas para que ella lo rodeara con sus piernas, se sentía desfallecer en medio de un torbellino de placer, cuando escuchó una voz que sintió como un balde de agua helada con cubos de hielo flotando dentro.

-¿Helga, estás ahí?- era Timberly. La rubia tenía los pies en el piso y la toalla alrededor de ella antes de que su mente registrara que alguien le había hablado -¿Puedo pasar?- Helga adoraba a la hermana menor de Gerald, pero justo en ese momento podría fulminarla con sus propias manos por lo que acababa de interrumpir, algo que deseaba tanto que se repitiera que le avergonzaba admitirlo hasta para sí misma.

-Me duché. No estoy vestida, Tim. ¿Es urgente?- respondió sin abrir la puerta, un poco a voz en grito.

-No… no te preocupes, puedo ir a por algo a mi habitación y volver- los pasos alejándose por el pasillo relajaron la tensa postura de Gerald.

-Se ha ido- suspiró el moreno.

-¿Me quieres explicar qué hacías en mi habitación? Y esta vez, quiero que me digas la versión completa de la verdad, sin ninguna alteración- se puso las manos en la cadera, intentando intimidar al chico como hacía en su niñez.

-En realidad… prefiero que no- y salió de ahí riendo mientras lo bombardeaban con almohadas y almohadones por su impertinencia.

La hora de la comida llegó. Las mujeres de la casa lucían bastante agotadas. Sin embargo, además de los platillos para la cena, habían preparado una sencilla merienda para todos. Miriam y Bob no tardaron en llegar, pero se comportaban de forma extraña y cuando Helga les preguntó por Olga, se volvió bizarro.

Todos tomaron sus sándwiches preparados con el sobrante del relleno para el pavo, y sus aguas frutales. Agradecieron el esfuerzo y el trabajo de las responsables de la cena, y Nadine, Lila, Sheena y Agatha se acercaron a Helga con caras sonrojadas.

-Hola, Helga. ¿Qué haces?- la rubia las miró como si hubieran perdido la cabeza, con su último trozo de sándwich a medio viaje hacia su boca.

-¿Qué parece que hago señorita perfección?- refunfuñó. No le agradaba la pelirroja, y no quería que ella malentendiera la cordialidad que tenían con una amistad, no podía perdonarla después de lo que pasó con Brian en el último año de preparatoria.

-Parece que disfrutas del sándwich que preparó Lila Sawyer, con quien estás siendo grosera- respondió Nadine, cruzándose de brazos. Helga rodó los ojos, con lo que había pasado en su habitación unas horas antes, la verdad era que las chicas la traían sin cuidado, estaba muy frustrada, y su cuerpo se amotinaba contra ella porque aunque deseaba dejar de sentir la necesidad de ir corriendo al otro lado de la mesa y exigirle a Gerald que la tomara como lo hizo en Seattle, su cuerpo palpitaba, ante la emoción de cruzar miradas con el moreno, sentía su presencia abarcándolo todo, inundándolo, obnubilando todo lo demás.

-¿Qué quieren?- soltó a bocajarro Helga, sintiendo demasiado calor, atípico con el clima invernal que estaban viviendo, seguramente esa noche nevaría.

-Queríamos pedirte que nos prestes tu habitación para arreglarnos para la cena- dijo Agatha, con las manos a la cintura y mirándola retadoramente -¿O prefieres que le diga a Gerald que me deje desvestirme en su habitación?- la rubia fulminó con la mirada a la atrevida prima de Sheena, para luego girarse a la pelirrosa que ya se veía venir el reclamo.

-¿Tú le dijiste que eso me molestaría, Sheena?- la aludida tuvo la sensatez de sonrojarse avergonzada por su desliz.

-Y-Yo… es que te vimos hace unos días en la tienda de ropa con Gerald…- intentó explicarse la alta chica.

-¿¡Qué!? ¿Quiénes?- azorada, Helga pareció más mortificada cuando Lila y Nadine desviaron sus miradas, intentando pasar desapercibidas –No puedo creerlo, ¡Nos estaban espiando!- las señaló acusatoriamente, la rubia bronceada frunció el ceño.

-Nosotras ya estábamos en la tienda, sólo los vimos llegar juntos- Sheena y Lila asintieron con vehemencia.

-Como sea… ¿Tenían que contárselo a la A-gartha?- Nadine se rio al escuchar el mote que Helga le asignó a la chica de cabello largo color negro-azulado. A Agatha no le pareció igual de gracioso a juzgar por su expresión.

-¿A quién llamas A-gartha?- se quejó, iniciando una discusión que atrajo la atención de los adultos. Martin decidió acercarse a las chicas para fungir como mediador, o al menos intentarlo. Después de un par de minutos, finalmente consiguió que se calmaran lo suficiente para que escuchara a Lila explicarle de qué iba el tema.

-Nosotras sólo queremos arreglarnos en el cuarto de Helga-la pelirroja quería una oportunidad para llevarse mejor con la rubia, después de todo, era una persona importante para su novio. No se esperó que Agatha fuera a decirle algo así.

-En ese caso, Lila y Nadine pueden arreglarse contigo y Sheena y Agatha pueden hacerlo con Melissa- comentó Martin, zanjando el tema. Nadine suspiró aliviada, toda la mañana en la cocina con esa chica la tenía de los nervios. Era estresante tener que compartir con ella el espacio, sobre todo teniendo en cuenta su historia pasada.

Hicieron como fue pactado, y Timberly se acercó a Helga cuando las chicas partían hacia el interior de la casa.

-Helga ¿Por qué no te he visto con mi hermano? Creí que ya eran novios- el comentario enrojeció hasta lo indecible a la rubia, que se tomó su brazo con el otro, frotándolo ansiosamente.

-Tim… hay cosas que no son tan simples- la morena observó a su mejor amiga Sasha de reojo.

-Creo que sé de lo que hablas… el amor es complicado- Helga notó a dónde se desviaba la mirada de la menor, soltó un suspiro. Olvidaba que no era la única sufriendo por culpa de sus propios sentimientos confusos… Timberly y Sasha no parecían llevarlo bien tampoco.

-Sí… supongo que nosotros lo complicamos con nuestros secretos y penas y pasados… sin mencionar los traumas que nos dejan nuestros padres- la morena sonrió con el comentario.

-Tu madre se ve mejor que ayer… antes de irse del hospital noté que la veías con preocupación- Timberly se fijó en Miriam y Bob que platicaban con Peter Johanssen sobre algo que parecía muy interesante, más bien, Peter relataba algo con entusiasmo y Miriam lo escuchaba intentando emular ese estado de ánimo, consiguiendo sólo una sonrisa cansada, y Bob tenía cara de desear estar en cualquier otro lado.

-A veces olvido su condición- la mirada de Helga se apagó en cuanto se posó en su madre… Tenía mucho tiempo sin sentir empatía por ella, ignorar sus llamadas cuando estaba en Londres no le supuso ningún esfuerzo, incluso pasó desapercibido para ella el momento en que empezaron a ser menos frecuentes hasta que dejaron de suceder. No la extrañaba… Ni a Bob… vivió muchos años esperando a que un milagro sucediera y Miriam despertara un día con la convicción de dejar de beber, y Bob mágicamente despertara su sensibilidad. El milagro nunca llegó. O llegó muy tarde y se presentó de una forma inesperadamente cruel… ¿De qué servía que ahora se mantuviera sobria? ¿O que Bob hubiese dejado de lado su negocio para poder centrarse en su familia? ¿Qué familia quedaba? Y ella, no podía determinar qué sentía en esos momentos ¿Había perdonado y olvidado? ¿O sólo era egoísmo de no querer perder la oportunidad de tener buenos recuerdos de su progenitora antes de que perdiera cualquier otra oportunidad? Si Miriam no estuviera enferma de gravedad, ¿La habría recibido con los brazos abiertos por su sobriedad? No tenía la respuesta, podía ser cualquier cosa, la más probable era que su lado rencoroso resentiría aún más que decidiera estar bien justo cuando ella ya no vivía en la casa Pataki.

-Las cosas mejorarán antes de empeorar- le dijo Timberly cuando se dio cuenta que la rubia estaba perdida en sus propios pensamientos, y por el cambio en su aura, seguramente no eran positivos.

-¿Quién dice?- le preguntó con amargura, en su experiencia personal, podría decir que siempre empeoran antes de mejorar.

-Mi padre. Mi padre siempre dice eso- la brillante sonrisa de la menor contagió a la rubia. Debía dejar de lado esa tendencia de vivir en el pasado. Su presente no era idílico, pero al menos, tenía personas que se preocupaban genuinamente por ella, personas a las que les importaba, una familia según habían dejado claro los hermanos Johanssen. Desvío unos segundos su mirada hacia Gerald, que platicaba con Jamie O. y Melissa, y le devolvió la sonrisa a Timberly… últimamente, había estado apoyándose demasiado en Gerald, agradecía que contara con su amistad. Y ese sentimiento nuevo que intentaba florecer entre los dos, esperaba reforzara su relación… aunque mentiría si no reconociera que estaba aterrada como cervatillo frente a los faros de luz de una camioneta en plena autopista, temerosa de dar un paso en falso y sofocar ese naciente resplandor en su vida o enterrar la bella amistad que compartían. Definitivamente, su presente necesitaba de toda su atención si quería arreglar el embrollo en el que estaba si recordaba lo que cierto rubio le había asegurado en la cafetería del hospital el día anterior.

-¿Te he dicho que me agradas mucho, fastidiosa?- le preguntó juguetona a Timberly antes de abrazarla, la risa alegre de la morena ayudó a apaciguar su incertidumbre.

-Hablando de fastidios. ¿Qué piensas usar esta noche?- la rubia alzó una ceja, negándose aún a dejar ir de entre sus brazos a la morena.

-Estaba pensando… aunque claro, sólo si tú lo apruebas… en usar ropa… pero si te parece mejor idea puedo bajar desnuda, digo, a tus padres quizás les parezca de mal gusto, pero sé de alguien que no se quejaría- y le guiñó un ojo haciéndola reír. Timberly se liberó del abrazo y golpeó a Helga en el brazo, la rubia sonrió complacida –Tienes una buena izquierda, ¿Has pensado en darle nombre a tus puños?- la morena pareció confundida por la pregunta.

-¿Por qué le daría nombre a mis puños?- su tono de obviedad hizo negar con la cabeza a una divertida rubia.

-Au contraire- exclamó en francés la menor de las Pataki -¿Por qué no se lo darías? Con el buen desempeño que tienen, merecen ser nombrados- y la morena escuchó durante veinte minutos la historia de cómo Helga nombró a sus puños Betsy y los cinco vengadores. Terminó tan fascinada, que pensó para sí que se encargaría de pasar esa historia de generación en generación para asegurarse de que todos conocieran el fascinante relato… aunque es una historia para ser contada después, porque justo ahora, los preparativos para la nochebuena continuaban en las habitaciones, con una algarabía que nacía de la emoción de tener a tantos invitados para aquella noche y entre exclamaciones del tipo "¿Qué atuendo te parece mejor?", "¿Has visto mi plancha para el cabello?", "¿Quién fue el gracioso que cambió el champú por espuma para afeitar?" y "¡Si los pillo ya se enterarán de quién soy, bribones!", la tarde se fue desgranando minuto a minuto, hora a hora.

Lila se estaba colocando el set de pestañas postizas que compró especialmente para la ocasión cuando recibió un mensaje. Al ver el remitente, miró con ansiedad alrededor. Helga ayudaba de mala gana a Nadine con el cierre de su vestido corto decorado con un diseño geométrico de lentejuela dorada sobre un fondo negro, parecían bastante concentradas en sus asuntos como para que la pelirroja pasara desapercibida. Así que, sintiendo más confianza, abrió el mensaje para leerlo.

Era de Brian.

"¿Quieres que vaya a la cena de los Johanssen?" El mensaje la confundió. El castaño solía evitar reuniones sociales. A menos que involucraran a Helga. Miró de reojo al par de rubias que ahora discutían porque el cierre no subía completamente y Nadine culpaba a Helga mientras la última le decía que no debió tomar un segundo y tercer sándwich a la hora de la merienda.

"Verte siempre me hace feliz" se apresuró a responderle.

-¡¿Puedes creer lo que está diciendo esta grosera, Lila?!- gritó Nadine, sorprendiendo a su amiga que tiró el celular al tocador, creando un desastre con los productos que estaba usando para maquillarse.

-Helga, por favor, es nochebuena, si el vestido de Nadine no le cierra porque comió de más, no se lo digas de forma tan directa- pidió mientras intentaba limpiar y ordenar las consecuencias de su descuido. El rostro de Nadine enrojeció hasta las raíces de su cabellera en cuanto estalló la risa de su compañera rubia.

-¡No estoy gorda! El cierre se atoró, trae un jabón en barra- en medio de sus risas, Helga hizo como le indicaron, sólo porque estaba muy divertida para registrar que estaba siguiendo una orden de Nadine -¿Qué haces Lila? Acabas de insinuar que Helga tiene razón para decir que comí mucho, normalmente no dirías algo así- el sonido de un mensaje entrante puso muy nerviosa a la pelirroja.

-Eh… sí… Lo siento, no era mi intención, es que…- la mirada intrigada que la rubia le dio elevó su nivel de ansiedad -¡Tengo novio!- y en cuanto lo dijo, se cubrió la boca con ambas manos, los ojos de ambas chicas estaban abiertos de par en par.

-¿Por qué no habías dicho nada? Eso es fantástico- exclamó la rubia, frenándose un momento –Al menos que… ¿Regresaste con Iggy?- la pelirroja se sonrojó, y su amiga terminó malinterpretando su reacción -¡Regresaste con Iggy!- en aquel momento justo, entró la dueña de la habitación con la barra de jabón –Hablaremos después- le dijo a susurros Nadine, y se acercó de nuevo a Helga. Lila se quedó mortificada de no haber podido aclarar ese malentendido, pero cuando un segundo sonido de mensaje entrante sonó, decidió aplazar esos pensamientos de momento.

"A mí también me haría muy feliz verte :3", Lila sonrió.

"¿Qué habrá de cenar? Para saber qué clase de vino llevar, mi mamá insiste en que no debo llegar con las manos vacías, ¿Quieres que te lleve algo?", la pregunta le hizo emocionarse, que él estuviera pendiente de ella constantemente resultaba halagador y refrescante en comparación con sus anteriores relaciones.

"Cenaremos pavo relleno, lo mejor será el vino tinto. ¿Puedes traerme mis zarcillos? Los dejé en tu buró. Me alegra mucho que decidieras venir, te estaré esperando :D" Lila se quedó más tranquila, con Brian en la cena, quizás podría ayudar a mejorar el ambiente alrededor de Gerald y Helga… a pesar de lo que pasó, para ella, un momento no cambiaba años de aventuras.

Y después de lo que Patty les contó y ver las interacciones entre ellos, quería contribuir en que estuvieran juntos, para poder traer paz mental a Brian finalmente. Aunque su novio no lo expresara con palabras, podía leer en su comportamiento que estaba preocupado por Helga, vivía preocupado por ella. Lila no se lo dijo a Brainny, pero su corazón le decía que el chico se equivocaba y la felicidad de la rubia no estaba necesariamente en Arnold.

Volvió a enfocar su atención en terminar su arreglo personal.

-Cielos, Lila. Luces hermosa- Nadine se veía radiante con la sonrisa que se pintaba en su rostro, el cierre había subido finalmente y con las botas negras largas a la rodilla, y el cabello en rizos dorados cayendo sobre sus hombros y espalda, quitaba el aliento al verla.

-En realidad, no creo verme tan bien- respondió tímidamente al halago de la rubia. Con su sencilla falda plisada larga de color plateado y su blusa de corte halter verde botella, las miradas se concentraban en su rostro donde la magia ocurría, labios color melocotón con un color más intenso al centro de ellos, una técnica de contorno que jugaba con tonos terrosos dándole un aspecto natural, con matices, y sus ojos, el color verde en contraste armónico con el sombreado ahumado que con las pestañas postizas agrandaba su mirada –En la clase de maquillaje en la universidad pasé con la mínima nota aprobatoria- comentó la pelirroja jugando con un mechón de cabello que se escapaba de su recogido alto con trenzas que formaban la figura de una rosa al enrollarlas sobre sí mismas.

-Yo nunca podría lograr una terminación tan profesional como la tuya- le aseguró Nadine, intentando reconfortarla. De reojo, notó a Helga observándose en el espejo de la habitación, intentando componer la falda corta rosa metálica sobre que combinó con un croptop blanco de algodón sencillo, con cuello en V, y dos collares de oro, uno largo sencillo, el segundo más corto, del cual colgaba un hermoso y delicado rubí en forma de lágrima dentro de un corazón de cristal cortado de swarovski tornasol –Ese dije es hermoso- comentó Nadine embelesada con el accesorio de la otra rubia. Helga se giró al darse cuenta de que se dirigían a ella. Lila y Nadine la observaron sorprendidas… La chica estaba usando maquillaje, uno estilo nude, pero era maquillaje... era la primera vez que la veían así. Ni siquiera para el baile de graduación de la preparatoria había permitido que le pusieran nada más que brillo labial.

-¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?- les preguntó incómoda con la atención que recibía.

-No… no… es sólo que… nos sorprendiste, creí que no te gustaba maquillarte- Helga se encogió de hombros.

-Una amiga de Gerald en Londres, adora salir de fiesta y me incluye continuamente sin tener en cuenta mi opinión… con el tiempo me acostumbré y luego empezó a enseñarme a maquillarme… no es tan molesto como pensé que sería. Aunque prefiero hacerlo sólo cuando estoy de humor- la pelirroja tuvo su respuesta.

-¿Y ese dije?- insistió Nadine, acercándose a curiosear la pieza de joyería. Helga se removió inquieta, sonrojándose suavemente.

-Lo tengo desde hace tiempo. Siempre lo uso. Pero lo llevo debajo de la ropa- esperaba que no le preguntara más. Lila intentó convencer a Nadine que bajaran a ver quién ya estaba listo, ella sí recordaba el origen del dije… un regalo de Gerald por sus 16, el cumpleaños al que ella fue invitada por Brainny.

Cuando Helga se quedó sola, volvió a mirarse en el espejo. Tomó su suéter gris de cuello de capucha, de esos que hacen parecer que llevas una bufanda grande envuelta alrededor del cuello, colgando el extra de tela al frente del suéter. Cenarían en el jardín, así que haría frío. Se calzó sus botas largas blancas que tenían el efecto de arrugas a lo largo de ellas, y suspiró. No quería que pareciera que se esforzó en su apariencia, no quería que Gerald creyera que intentaba seducirlo, acordaron que dejarían que las cosas tomaran su propio curso, pero pensar en el hecho de que Arnold vendría esa noche, le hacía desear que se le cayera la mandíbula en cuanto la viera.

¿Qué clase de sentimientos eran esos?

-¿Estás lista?- Melissa le sonreía desde la puerta de su habitación. Su hermoso vestido burdeos inspirado en los saris indios, bordado con hilo dorado. Se veía exquisita. Su modesto maquillaje le daba el protagonismo al vestido y la sonrisa de la chica… no necesitaba nada más para verse como estrella de Bollywood.

-Hoy me siento muchas cosas… pero lista no es una de ellas- la rubia sonrió tristemente. Aceptó vivir con la familia del moreno para conocer lo que había pasado entre él y Phoebe, ese día en el muelle jamás se imaginó todo por lo que pasaría para estar sentada en la cama de la habitación de huéspedes de los Johanssen, a punto de bajar a encontrarse con el resto de su familia y conocidos.

-Es normal… es la primera navidad que pasas con la familia de tu novio- la rubia enrojeció –todavía recuerdo mi primera navidad como novia de Jamie- Helga se olvidó de contradecirla en cuanto mencionó aquello.

-¿Cómo fue tu primera navidad con los Johanssen?- Melissa amplió su sonrisa, se acercó a la cama y tomó asiento junto a la rubia.

-¿De verdad quieres que te cuente? Los demás no demorarán mucho más en llegar- la menor de las Pataki se encogió de hombros, al menos tendría un pretexto para postergar su encuentro con cierto par de chicos que traían su interior hecho una serie de luces navideñas guardadas mal y a la carrera por todo un año… Le tomaría un tiempo desenredarlas -¿Hay algo que no me estés diciendo, cariño?- las miradas de ambas se encontraron –Sabes que puedes decirme lo que sea- Melissa se preocupó cuando notó un atisbo de desesperación cruzar los azules ojos de la joven a su derecha, pero aquello desapareció tan pronto como apareció.

-Quiero escuchar la historia de tu primera navidad como novia de Jamie O.- intentó sonreír, tuvo algo de éxito al ver que la mayor se relajaba un poco.

-Está bien- rio divertida –todo empezó cuando estaba estudiando en la biblioteca de Brown, intentando explicarle a mi compañera de clase cuáles eran los fundamentos de la teoría del subconsciente de Freud. Era un día común, pero de un momento a otro, una canción comenzó a sonar por todo el sitio, la bibliotecaria daba miedo, era muy extraño que algún alumno fuera lo suficientemente osado para hacer algo así, arriesgándose a que lo expulsaran- Helga alzó una ceja.

-No me digas… era Jamie O.- Melissa negó con la cabeza.

-En realidad, el novio de mi compañera era el capitán del equipo de baloncesto y obligó a su equipo entero. Sí, Jamie O. incluido, que cantaran Santa Baby como si fueran un grupo de a capela, la música no venía de ningún instrumento, eran las voces de los chicos encargados de los "Ba bums" y los "Turu Turus" de fondo… El chico lo hizo para pedirle que aceptara viajar con él para pasar navidad juntos y conocer a su familia… una forma de formalizar la relación- Helga intentaba imaginarse al moreno cantando una letra como la de "Santa Baby" y no podía mantener su cara de póker, la imagen que le venía a la mente era, como mínimo, hilarante –Así que… cuando terminaron, y mi compañera aceptó, Jamie O. se acercó y me pidió mi opinión… "¿Qué opinas sobre conocer a la familia de tu novio en navidades?" y yo sólo le dije que era tierno. "¿Por qué no lo hacemos nosotros también? Puedes imaginarte que todo este numerito era para ti"- Helga no aguantó más la risa.

-Vaya el nervio de J. O. (yey ou)- exclamó entre risas –Puedo adivinar que aceptaste- Melissa sonrió orgullosa.

-Por supuesto que acepté. Aunque te diré que durante la cena las cosas se pusieron muy raras, el señor Johanssen no paraba de hacerme preguntas del tipo "Mi hijo dice que estudias psicología, a ver ¿En qué estoy pensando?" o "Dime qué significa lo que soñé anoche" y no me contaba su sueño, luego estaba la señora Johanssen "¿Así te vistes para ir a la escuela?" era una cena navideña, claro que no me vestí igual a como asisto a la escuela, y toda la noche estuvo señalando todos y cada uno de mis defectos. Timberly acaparaba la atención de Jamie O., como si estuviera celosa de que yo cenara en su casa. El único respiro de normalidad era Gerald- Helga sonrió –Bendito chico, es el más sensato. Me alegró mucho ver que correspondes sus sentimientos- la rubia se puso de pie de golpe.

-Creo que escucho a Kendra gritarnos desde el piso de abajo… Hay que apresurarnos- y salió como un bólido de la habitación. Melissa volvió a sonreír para sí, complacida, se había percatado de que la chica tenía problemas para reunir el valor de bajar las escaleras. Un empujoncito lo necesitamos todos en algún momento.

Sid, Stinky y Eugene ya habían llegado y ayudaban a pasar la comida a las mesas que estaban ubicadas como si fuese un buffet, para que pudieran servirse de las entradas, ensaladas y complementos, las veces que quisieran y de los tipos que desearan. Los tres llevaban pantalones de vestir, pero Sid tenía una chamarra de piel con borrega por dentro en color vino que hacía juego con sus pantalones verde oscuro, mientras que Stinky llevaba una camisa a cuadros rojos y verdes con un chaleco de punto encima con diseño navideño, y Eugene llevaba unos pantalones color beige con un "ugly sweater" muy festivo, con cascabeles y la figura de Rodolfo el reno que encendía y apagaba, intermitentemente, una luz LED roja en su nariz.

Sheena y Agatha conversaban con las más pequeñas. Sasha, Timberly y Jules, la prima pequeña de la morena, estaban emocionadas por iniciar la celebración. Timberly adoraba el puré de camote y moría por probarlo, ondeando su vestido corto, ceñido por la cintura, desde donde la amplia falda caía con pequeñas flores nochebuena alrededor del cinto. Sasha usaba un enterizo de manga larga con diseños de espirales que brillaban cuando se movía, con un escote en la espalda, y unos zapatos charol de tacón. Jules tenía un vestido dorado y plateado con el que adoraba tomarse fotos, Sheena tenía un vestido sencillo corte imperial en color azul cielo, sobre el que usaba una torera de pelo sintético, y Agatha levaba su cabello suelto y planchado, un bello maquillaje colorido y un vestido negro con transparencias que tenía aquí y allá algunos detalles de perlas.

Todos se habían vestido para la ocasión, y Helga se sintió de pronto demasiado sencilla. Miró alrededor y se encontró con que los adultos estaban vestidos formalmente… ¿Tendría tiempo de subir a cambiarse? Pero no tenía más ropa, cuando fueron de compras, la rubia no pensó mucho en lo que debía ponerse cuando el 24 finalmente llegara.

-¿Todo bien?- se giró con sorpresa para hallar a Lila a su lado -¿Es por Arnold?- y cuando Helga iba a preguntarle a qué se refería, escuchó la risa del rubio. Sin dudas, Arnold Shortman estaba en la habitación de al lado, y por las voces que le llegaron, Brian y Gerald estaban con él.

¡No estaba lista!

Intentó huir por las escaleras, de nuevo a su habitación, pero Melissa estaba bajando con Jamie O. y detrás Isaac y Jhon.

Se giró en redondo y junto a Lila estaba Nadine. A su derecha, Kendra le abría la puerta a cierta pelinegra oriental que en ese instante llegaba con sus padres a la cena, al quitarse el abrigo reveló un hermoso vestido de corte sirena con cuello en V, de color rojo.

De pronto, sintió que empequeñecía. Era varios centímetros más alta que la unigénita de los Heyerdahl, siempre lo había sido, pero en ese preciso momento, no se sentía para nada de esa forma y cuando clavó sus ojos, libres de los usuales anteojos (seguramente estaba usando unos lentes de contacto) el peso que llevaba consigo esa mirada le dio escalofríos…

¿Acaso estaba retándola?

El señor Heyerdahl fue el primero en ver aparecer a Gerald en la habitación, que era seguido por Olga, Arnold, Stella y Miles.

-¡¿Cómo está mi yerno favorito?!- el padre de Phoebe abrazó a Gerald ante una atónita rubia –Me alegra que pudieran arreglar sus diferencias, ustedes han estado juntos demasiado tiempo- Helga sintió que su corazón se le caía al estómago y empezaba a ser digerido por sus jugos gástricos que corroían el órgano que solía latir pacíficamente en su pecho, ¿Era una pesadilla? ¿Gerald y Phoebe habían vuelto? Hacía tan solo un par de horas, el moreno la besaba como si fuera a dejar en ello su vida, hacía tan solo un par de horas él le dijo que… bueno, no se habían dicho mucho, y de pronto enrojeció al recordar las osadas manos del moreno sosteniéndola. ¿Gerald había jugado con ella?

-Sí, papá. Nos hace muy felices. ¿Nos permites un momento? Debo conversar con Gerald y Helga a solas, por favor- su padre sonrió aprobatoriamente. Helga sentía el aire atrapado en sus pulmones, incapaz de continuar con su función normal de respiración. ¿Phoebe quería hablar con ambos? ¡¿Pero qué demonios estaba sucediendo?!

-Pueden usar la cocina. Ahora está vacía- comentó Lila. Helga la fulminó con la mirada "Gracias, Señorita Perfección" pensó ácidamente, enervada por la actitud solícita de la pelirroja.

-En ese caso… ¿Seguimos?- preguntó la pelinegra, indicando con un ademán el camino hacia la cocina. Gerald se giró, empezando a caminar, evitando la mirada de la rubia deliberadamente. "¿Ah, sí, cretino? Me parece perfecto, vamos los tres a hablar solitos, que ya tendrás un melancólico reencuentro con la vieja Betsy y los cinco vengadores" se iba diciendo a sí misma, mientras la rubia seguía a Phoebe a través del pasillo. Una vez alejados de oídos ajenos, Phoebe pareció desinflarse un poco. Su expresión mutó a una de desolación.

-Antes de que le tires los dientes- empezó a decir la oriental –escucha lo que tengo para decirte- Helga la miró, dispuesta a negarse a darle la oportunidad de humillarla más de lo que ya se sentía, pero al notar que algo parecía estar perturbando a la joven, le pareció que igual su corazón no podía estar más lastimado que en ese momento –Gerald y yo hemos vuelto a ser novios- Helga perdió el aliento. Aquello… ¿era verdad entonces?