Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Hijos del mar.

"- No te vas a ir. Asunto arreglado- Luffy volvió a hablar, sentenciando a la chica para luego darle la espalda e intentar salir como si hubiese terminado la discusión- son órdenes de tu Capitán.

Ler miró el techo de madera, frustrada. Habían cientos de pensamientos en su cabeza, mil emociones saltando salvajemente en su corazón y un millón de cosas que quería decirle para explicar su decisión. Porque si, ya estaba tomada, pero no había forma de hacerle entenderlo.

- Lo lamento entonces, Lu...- respondió sacándose la libreta que tenía guardada entre su falda y camisa, dejándolo encima de la mesa. La libreta de anotaciones de un práctico- pero tendré que renunciar."

El segundo día del juicio terminó mucho más temprano que el primero, y aún así, mi corazón se sintió mucho más pesado que el anterior.

Cómo si el miedo a estar de pie frente a una multitud viéndome manchada con todos mis pecados no fuese nada al miedo que le tenía a volver cada noche a aquel lugar y estar sola. Es como si aquella pequeña habitación me recordase con sus pocos metros que yo seguía siendo una "causa" sin resolver en esta vida, que como siempre, me mantendría esperando a que alguien diese el visto bueno para poder ser libre. Aquellas paredes que me encerraban, aquellos guardias que me custodiaban y todas las medidas que me retenían alejada del mar, eran el simbolismo más grande de que mi libertad siempre dependería de alguien más.

Que nunca tuve ni voz ni voto ni siquiera en mi propia vida, pero debo hacerme cargo de lo que hice a lo largo de ella.

"Todos nacemos libres, pero mientras vivimos elegimos quien controla esa libertad".

Me entristece más estar aquí que en cualquier otra parte. El corazón me duele porque se que siempre soñé con conocer y navegar el mar de forma romántica, como sabiendole infinito y protector a mi persona, dónde nadie tendría la capacidad de alejarme de él una vez más, atrapandome en ninguna jaula.

Y nuevamente me siento en una, como si fuese una bestia que ha hecho algo muy malo y a la que todos le temen, le culpan, y por ello es motivo de exhibición. Y resulta que la única verdadera elección que hice alguna vez, fue la de estar aquí.

Y yo alguna vez llamé a Luffy tonto...Pero es que esta vida está llena de ironias.

No puedo pensar otra cosa mas que en defenderme mientras estoy siendo juzgada, en defender mis memorias y a las personas que las crearon conmigo, pero cuando el día termina y tengo el tiempo suficiente para pensar en todo, veo en retrospectiva el dia y me doy cuenta que estoy siendo juzgada, otra vez.

Y es devastador. Es tan devastador como la primera vez que significó la última en lo que yo era y s quien tenía.

Las lágrimas corren silenciosas por mis mejillas y yo no me esfuerzo por limpiarlas, en esta ocasión, ni Sabo, Garp, Dragón o Koala pueden acompañarme al tener que encargarse de otras causas ajenas a la mía como es su deber hacer al ser miembros activos del nuevo gobierno.

Al menos cuento con ese apoyo, con el conocimiento de que no todo el mundo se encuentra en mi contra y ellos han Sido lo suficientemente tajantes y firmes para mantener su posición de confianza o neutralidad en personas antes de que estás sean condenadas. Creen de verdad en la eficiencia de estos juicios.

Incluso el abuelo es cuidador de muchos criminales en sus procesos judiciales, por lo que debe vigilarlos durante todo el proceso, aunque la mayoría de las veces se las arregle para estar junto a mi. Me hace compañía en silencio muchas veces, como si pensara muchas cosas y quisiera decirlas, pero pese a que estoy dispuesta a escucharlas, el no se atreve a hablarlas.

Supongo que hay cargas con las que siempre deberemos cargar solos, porque creemos que merecemos que sea así.

Yo odiaba el pensar que aquello era una especie de obligación de su parte, aún más, el necesitarlo allí conmigo, como necesitaba a todos los demás para no sentirme tan sola y vulnerable, tan negativa. En un lugar donde la mayoría de personas deseaban mi muerte como justicia, aún habían personas que creían que lo mío fue un cumulo de circunstancias injustas que me trajo hasta aquí.

Y odiaba no poder ver a Luffy. Él fue realmente mi único amigo por mucho tiempo. Mi primer amigo. La primera persona que íntegramente reconocí como mi familia.

Tal vez, si fuésemos niños otra vez me habría gustado reírme más a su lado y no ser una aguafiestas, haber cantado más alto, haber bailado más con Sabo, haber besado más a Ace, haber corrido más sin pensar que al día siguiente no podría levantarme.

Tal vez.

Extraño esos momentos donde fui libre sin ser consiente de que lo era. Y pienso en lo tonta que soy al someterme a esto sabiendo que poco a poco está rompiendo mi corazón y se introduce como un látigo de fuego dentro de mi cabeza, provocándome las emociones que en su momento sentí y que ahora creía haber superado.

Pero es lo que necesito. Por los tres, para que nuestras almas sean libres por fin aunque no puedan serlo juntas.

Esa segunda noche se sentía más larga que la anterior y estaba segura de que ningún ave mensajera volvería a aparecer por mi ventana. No volvería a sentirme así de cerca de mi hermano hasta que todo terminara y quién sabe si lo haría bien.

Me dirigí atormentada hacia el aún más reducido baño, asegurándome de preparar todo, de poner el agua a la temperatura más baja posible para congelarme los huesos distrayendo el dolor interno que sentía en mi pecho antes de entrar totalmente en la bañera; dejé abierta la ventana superior cercana al techo, desde donde apenas y podían colarse unos cuantos destellos de la luz de la luna que hacían sombras graciosas por todo el lugar debido las luces estaban apagadas desde temprano porque los criminales no éramos merecedores de comodidad y a mí nunca me importó la comodidad. Siempre fui una chica más bien rústica.

Dejé caer mi cabeza hacia atrás, pensando en lo peculiarmente reconfortante que se sentía tomar un baño como ese, sabiendo que de pasar un largo rato en la misma posición, iba a afectarme. Estando sola, mis recuerdos son demasiado reales y absorbentes, cruzan la línea de lo ficticio a lo real y me convierten en alguien incapaz de percibir que es mi imaginación y que no.

Por eso aunque los juicios doliesen, era lo mejor para que mi mente dañada no drenase aún más parte de su daño a mi corazón. Pero a veces me gustaba recordar ese dolor...

Parpadee un instante solo para ver a Ace de cuclillas a mi lado, sonriendo de lado, burlona y orgullosamente como únicamente el lo sabía hacer.

-Tienes los ojos de un perro- su tono es divertido a pesar de la masculinidad y sensualidad característica de su voz, una que me parece no haber escuchado desde hace una eternidad y que me estremece por completo como el primero y el último de nuestros días juntos.

-¿De un perro?- rió yo, sacudiendo mi cabello cuando coloca un poco de espuma sobre el. Le recuerdo coqueto y hábil, inteligente y bufón, pero dedicado a irritante. El no parece buscar mi irritación esta vez .

-Si, esos ojos tristes que te conmueven el corazón, que te hacen preguntarte profundamente...¿Qué te ha pasado?- la piel morena de su mano se extiende a tomar la mía escondida bajo el agua y la espuma. Se siente tibio y pícaro aprovechando el viaje para tocar lo que el considerara adecuado y por lo que yo le habría reñido hace mucho. Hoy solo quiero que se quede allí.

Levanto mi vista y aprieto los labios con fuerza, sin querer gritar lo que siento en realidad, lo que me quema y lastima. Lo encuentro serio, esperando: - Solo estoy cansada, Ace.

Él insiste con su mirada, sus pecas esparcidas por todo su rostro y que forman un discreto pero hermoso puente en su nariz, saltan cuando forma un mohín al no creerme. Y mi corazón, a su vez, salta con ellas de la emoción al verle tan claramente como en vida.

Cierro los ojos con dolor mientras me aferro a su mano y la coloco junto a mi mejilla, apoyándome en ella para sentir la calidez que he anhelado durante tantas noches desde que se fue: - Muy cansada, mi amor- confieso suspirando profundamente en un sollozo- ha sido tan difícil...

Y siento que mi máscara cae. Cae poco a poco frente a él.

Porque me ha dolido, me ha dejado devastada. Me he visto envuelta en toda una historia de cientos de años en la que me condeno a mi misma a perderle una y otra vez, en la que mi corazón se repara temporalmente para volver a romperse.

Hoy, especialmente, me siento más pesada y adolorida que nunca. Hoy, le extraño aún más.

El no sabe que decirme, supongo que está arrepentido o solo se encuentra muy cansado también.

Luego de un momento de silencio mientras sollozo pegada a su mano, el habla: - ¿Recuerdas cuando éramos niños y solías cantarnos aquella canción? Aquella que le cantaste a Luffy la primera noche en la cabaña de Dadan, la que usaste con Sabo cuando estaba triste y conmigo cuando tenía pesadillas y no podía dormir. ¿Lo recuerdas?

La melodía suena en mi mente con tal claridad como si las notas de un piano se colasen por la ventana abierta desde afuera, entrando con fuerza e invadiendo el pequeño lugar. En aquel momento, aquel fue el arrullo que escogí para calmar sus corazones solitarios y adoloridos sin saber lo importa que sería un día.

Recuerdo a los chicos como niños y el como aquella canción marcó nuestras vidas en las distintas etapas de las mismas cuando tomamos caminos diferentes, pero que nos mantuvo unidos hasta el final. No importa donde o con quién estuviésemos, ni siquiera la bandera que ondeara sobre nuestras cabezas, aquella canción nos recordaba que eramos iguales, que siempre seriamos hermanos.

" Somos hijos del mar,

nunca nos hemos rendido.

No hay tiempo para llorar,

es el hogar que hemos elegido."

Yo, cuyo corazón es puramente de una marine, se que nunca podré volver a serlo y me conformo con navegar al lado de mi hermano como pirata, porque aún sobre las olas, sin importar el título que lleve encima, me siento como una de sus hijas.

Siento la música tan clara como los dedos de sus manos tamboreando en mi piel. Tan tibios, tan cariñosos...Beso su mano abierta mientras lloro, conmovida, ansiosa, necesitada de su afecto, de su calor corporal y cercanía, de su amor.

Aún creo escucharlo llorar como niño, aún creo acariciar su cabello diciéndole que es amado, que no está solo, que tiene un destino. Aún creo sentir sus torpes labios sobre los míos, temblando como la primera vez.

"Aunque mis padres me abandonen

Y mis amigos mueran al ir a la guerra a batallar,

aunque mis piernas tiemblen

y escuche los cañones y balas estallar.

Recuerdo que soy hijo del mar,

del mar,

no tengo miedo."

Recuerdo a Luffy y a la guerra, como reímos y lloramos de niños y adultos, como la vida nos separó y nos volvió a juntar. Recuerdo el dolor en las piernas y la sangre en nuestros cuerpos, las explociones y el miedo a perderlo todo, y aún así, un anhelo mucho más grande que todo eso por tener la libertad. Recuerdo nuetra promesa final y como estuvimos a punto de perderlo todo.

Ace se une a mi canto suave y lastimero, apoyando ambos brazos en mis hombros, abrazándome desde atrás:

"Somos hijos del mar,

incluso aquellos que ya nos hemos ido.

Las novias vestidas de blanco van a llorar,

los novios dejarán de estar prometidos."

Pensar en el tiempo que lloramos por Sabo creyendole muerto aún duele, duele como recordar que a penas era un niño cuando se preguntaba que estaba mal con el, porque había nacido en un mundo lleno de odio y crueldad, de distinciones y abuso, aún le recuerdo llorar por su vida, aún nos veo llorar por creer que la había perdido.

Aún lo recuerdo arrepentido por no haber salvado a Ace, por no proteger más a Luffy, por no evitar todo lo que me pasó a mí.

Entonces, Ace me recuerda que esta allí, atrayendome hacían el. La fuerza de su abrazo me aturde, así como la de la música, que ahora soy consciente, es parte del ambiente que nos rodea.

Qué me rodea.

Porque bastó otro pequeño instante, solo uno, para abrir los ojos desesperada al no poder respirar, al sentir como el agua se colaba en mis pulmones y darme cuenta que él simplemente ya no está. Soy consciente de que he estado sola y apunto de ahogarme, así como de que en verdad hay música.

Los sonidos de las botas de los militares, marines y de tierra, se escuchan por todo el pasillo de afuera, así como en el techo y en la planta baja. Me apresuro a tomar la toalla que cuelga de un tubo de hierro al lado de la bañera y me levanto sin importar que la rapidez me lleve a quebrarme la cabeza, en cambio corro hacia afuera siendo consciente del alboroto.

Un alboroto que ha sido creado por la música.

Música que se escucha en todo el lugar.

- ALGUIEN BLOQUEÉ ESA MALDITA SEÑAL- grita quien reconozco como el vicealmirante Momonga. Siento su presencia a unos metros de mi puerta, deteniéndose frente a ella un momento antes de seguir corriendo hacia donde puedo percibir que se agrupan los militares.

Esta vez soy yo la que se echa a correr hacia la ventana para abrirla.

La música invade el lugar en su totalidad, con fuerza y sentimiento que me llega al corazón y me hace llorar finalmente sin pudor alguno, sin miramientos o vergüenza. Lloro hasta caer de rodillas mientras me agarro el pecho con fuerza, sosteniendome únicamente por las barras de piedra del mar que cierran el balcón de la habitación, convirtiéndola en una cárcel.

Una cárcel personal de lujo.

Una donde me siento sola, herida, pero que ahora mismo me reconforta.

Me reconforta como aquella canción.

Ace aparece de nuevo, esta vez con vendas y curitas en el rostro, sosteniendo una tubería en su mano izquierda, y la derecha, colocándose en mi hombro. Su gesto es rudo y serio, pero lleno de la inocencia y preocupación con la que un día me miró.

Sabo me muestra su sonrisa inocente con dientes faltantes cada tanto, su ropa sucia y rota no le quita la magia y alegría que ha desbordado siempre. Se ve como el sol y alumbra mi pena, me da esperanza y calor

Y Luffy, mi querido hermano , se ve igual al día en que cayó sobre mi, pero esta vez extiende su mano y me ayuda a ponerme de pie. Una vez más, es el quien me levanta de entre los muertos para compartirme de su vida y motivación, me llena de dicha y amor, me recibe sin cuestionamientos.

"Somos hijos del mar,

esta vida es la que tenemos por elección.

no importa si de pirata o marine es tu corazón,

las olas te reciben con brazos abiertos para bailar,

las estrellas te cantan para dormir,

las playas te acompañan a descansar."

En mi mente, Luffy aún es un niño, aún llora en mis piernas, aún se siente solo y abandonado, aún no sabe que crecerá para ser más que amado, respetado y seguido, para lograr todo lo que solo podía soñar.

Toda la Isla es un caos, uno que no se compara al que siento en mi interior.

"Que cante la sirena así como canto yo!

Porque soy hijo del mar,

porque somos hermanos,

moriremos en el agua o en el barco

Sin que ninguna bandera nos divida

por más difícil que sea la vida

SOMOS HIJOS DEL MAR"

Cuando la música termina, y el piano deja de sonar, reconozco que era la voz de Brook, el esqueleto de la tripulación de mi pequeño hermano quien cantaba, quien llevaba el son de la canción y de mi alma.

Sin embargo, disparos y explosiones se oyen cuando el sonido vacío es todo lo que queda hasta que alguien parece tomar el micrófono.

Se escucha el forcejeo, golpes y maldiciones hasta que alguien habla finalmente:

- LEEEEEEEEER- el grito es fuerte y lleno de emoción, parece despertar a todo el edificio de detención- LEEEEEEEEER.

Levanto mi cabeza con rapidez, buscando el lugar de donde proviene la voz: -¿Luffy?

Pero el sonido está en todas partes, en todas las bocinas de la Isla Judicial.

- NO TE RINDAS. SE QUE ESTAS SUFRIENDO. PERO. NO. TE. RINDAS.

Sonrio y cierro mis ojos, las manos de los niños dándome apoyo. Cuidándome como siempre, como aquellas noches en donde yo los cuidé de sus enemigos invisibles.

Otro golpe se escucha, así como a los militares gritar enojados mientras intentan silenciar la señal interrumpida, aún así, parece como si ellos estuviesen muy lejos de alcanzar al Rey, que logra mantenerse firme en su mensaje: - NO DEJES DE SOÑAR, LER. TODOS SOMOS HIJOS DEL MAR.

"-Siempre seremos hermanos.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo."

El micrófono se apaga, suena como si hubiese sido golpeado con fuerza o se hubiese fundido, pero no hay silencio pues inmediatamente tras esto, la canción vuelve a sonar.

Mis labios tiemblan junto a todo mi cuerpo mientras miró las estrellas e imagino que estoy una vez más en mi hogar.

En el mar.

Y tengo a mi familia, a las personas que amo a mi lado, con Luffy tomándome de la mano, diciendo un chiste tonto que me hace reír.

La canción termina y vuelve a empezar.

Lo hace una y otra vez a lo largo de la noche, lo hace hasta que el sol se pone en el cielo, hasta que todos se cansan de intentar apagarla y deciden desconectar la luz. El sistema de emergencia se activa, y la canción, valiente e imparable como quienes la entonan, vuelve a sonar.

- Gracias- susurro antes de caer dormida, enrollada en el suelo, acunada por la nana que Luffy ha elegido para mi.

Y me deshago con mis recuerdos.

Y me deshago en lágrimas de alegría.

Y paz.