EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Nunca hay que perder la esperanza, las tormentas hacen a la gente más fuerte y nunca duran para siempre. Cuando estés en el extremo de la cuerda ata un nudo y agárrate fuerte".

ESPERANZA

CAPITULO XXVI

Albert iba entrando a la habitación y pudo tranquilizarla en el preciso momento que ella gritaba angustiada al cuerpo dormido de Anthony.

-Tranquilízate Candy, esta sedado no podrá despertar hasta mañana. – Le dijo mientras ella se abrazaba a él buscando consuelo.

-¿Qué sucedió? – Preguntó Candy confundida al ver a su príncipe con el rostro pálido y el miedo recorriendo su cuerpo.

-Neal y Jack vinieron a ajustar cuentas. – Decía Albert.

-¿Jack? –Preguntó Candy sorprendida y pensaba que todo era su culpa, que si no hubiera ido a Chicago tal vez aquellas personas no hubieran intentado asesinar a su novio. Albert asintió. -¡Es mi culpa! – Dijo ante el asombro de Albert.

-¿Qué dices? ¡Por supuesto que no! Tú no tienes la culpa de nada. – Decía firme para que Candy se tranquilizara.

-De seguro Neal me vio en el teatro. – Decía Candy comenzando a perder el control. Albert la tomó de los hombros y la enfocó en sus ojos.

-¡Candy, mírame! – Le dijo firme. – Jack trabajaba para Neal, lo más seguro es que desde mucho antes de verte en el teatro él ya tenía los planes contra Anthony.

-Puede ser, pero si yo no le hubiera dicho a Anthony que Jack me faltó al respeto, ellos no se hubieran peleado y Anthony no estuviera en esta situación. – Decía ansiosa y comenzando a hiperventilar.

-Tranquila Candy. – Decía Albert quien recordaba lo que le acababa de decir Tom. - ¡Escúchame! – Decía sin embargo Candy seguía sin escuchar y respirando agitada. -¡Stear, Archie! – Gritó a los chicos para que acudieran a su lado.

-¿Qué sucede Albert? – Dijo Stear.

-¡Candy! – Dijo Archie al ver a la rubia que estaba nerviosa y respirando con dificultad.

-¡Tranquilízate Candy! – Dijo Tom quien venía detrás de ellos. - ¡Recuerda lo que dijo el médico! – Habló un poco más fuerte para que ella se enfocara en él. Se abrió paso entre los presentes y los Andrew lo dejaron pasar para que lograra estabilizar a la rubia. – Tonny está bien, Candy, está dormido, sin embargo tú tienes que ser fuerte por él, por ti. – Le decía viéndola a los ojos, Candy poco a poco volvió a enfocarse en los ojos de su hermano. Tom la veía fijamente a los ojos.

-Mi bebé. – Pensó Candy de pronto, comenzó a respirar de una manera más calmada tratando de controlar los latidos de su corazón, sentía mucho miedo de perder a Anthony pero también tenía que cuidar a ese pequeño ser indefenso que crecía en su vientre y que dependía por completo de ella. –Estoy bien Tom, Gracias. – Le dijo a su hermano con una sonrisa.

-¿Estás segura? – Preguntó de nuevo para cerciorarse que era verdad. Candy asintió. – Candy, Tonny estará bien, el médico dijo que no hubo daño grave, solo hay que cuidar que no se infecte la herida, ¿Verdad Albert? – Preguntó al rubio mayor para que Candy se sintiera más tranquila.

-Es verdad Candy, Anthony se recuperará. – Decía Albert mientras observaba que Candy respiraba con mayor tranquilidad. – Por cierto creo que tendrás que administrarle otra ampolleta, dijo el médico que le tocaba otra dosis. – Albert extendió las indicaciones que previamente había dejado el doctor y Candy procedió a leer lo que decía, tomando el control de la situación, sabía que tenía que tener la cabeza fría, sin embargo cuando se trataba de Anthony perdía el control de todo, no sabía controlar muy bien sus sentimientos, siempre había sido así y lo demostraba una vez más.

-Estaré bien Albert. –Dijo Candy más tranquila fijándose en todo lo que el médico había dejado en la mesa de noche para poder comenzar con el tratamiento. Se acercó de nuevo a Anthony para cerciorarse que la temperatura estaba normal.

Albert y los muchachos decidieron dejarla sola con Anthony una vez que la rubia estaba completamente tranquila.

-Tom, George y yo nos tendremos que ir temprano por la mañana. – Decía Albert dirigiéndose a Tom, Jhon estaba al pendiente de lo que diría Albert, sino él tendría que hablar con su hermano respecto a Elisa.

-Muy bien Albert, no te preocupes por Tonny y Candy, yo me encargaré de ellos. – Dijo seguro de poder hacerse cargo de ellos y mantener todo el orden en el lugar.

-Me tranquiliza escuchar eso Tom, la verdad que te lo agradecería mucho, ya que yo tengo que ir a Chicago para ver lo del proceso en contra de los Leagan y saber el estado de Elisa. – Dijo para que Tom estuviera enterado de los movimientos que tenía que realizar y los motivos por los cuales no podía quedarse junto a Anthony y Candy.

-¿Elisa? ¿¡Qué pasó con Elisa!? – Dijo angustiado al escuchar el hombre de la chica que amaba.

-Tom, tranquilízate. – Dijo Jhon tratando de tranquilizar a Tom porque sabía cuál sería su reacción, Tom se enfocó en los ojos de Jhon y comprendió que algo grave había pasado. -¿Qué pasó con Elisa, Jhon? – Preguntó a su hermano entendiendo que él sabía lo que había pasado.

-Jack lastimó a Elisa. – Dijo Jhon bajando la mirada con preocupación y a punto de derramar las lágrimas por la noticia que su hermano recibiría, en ese momento Jhon cayó en cuenta que los hermanos que más quería estaban sufriendo de diferente manera.

-¿¡Cuando!? ¿¡Dónde está!? – Decía angustiado preguntando a Albert pero viendo a todos a ver quién le proporcionaba la respuesta que buscaba. -¡Habla Albert por favor! – Decía comenzando a perder ahora él el control, toda la tranquilidad que había mantenido para darle fuerza a Candy había desaparecido al escuchar que su chica estaba lastimada.

-¿Qué sucede Tom? – Preguntó Albert, nadie comprendía lo que sucedía, solo Jhon era el único que sabía que era lo que sucedía con su hermano.

-¿Tom? – Preguntaba Stear cuando lo veía tan angustiado por saber más sobre Elisa. - ¿Qué sucede? – Preguntó Stear.

-Elisa es la novia de Tom. – Dijo Jhon en respuesta al ver que Tom no respondía.

-¿¡QUÉ!? – Preguntaron los Cornwell con sorpresa, Albert fue el único que no se sorprendía del todo por lo dicho.

-¿Tú lo sabías? – Preguntó Archie a Albert.

-No, estoy tan sorprendido como ustedes, sabía que Elisa tenía a alguien porque había recibido informes de que alguien la visitaba, sin embargo no sabía que era Tom. – Dijo Albert quien el haber mantenido vigilando a los Leagan había podido tener acceso a esa información.

-¿Cómo está ella Albert? – Preguntaba Tom ya sin importarle que supieran de su amorío con Elisa, quería saber cómo esta ella. - ¡Necesito verla, por favor! – Decía tratando de mantener el control, unos minutos antes había tranquilizado fríamente a Candy aún a pesar que él tenía tanto miedo como ella de perder a su hermano, sin embargo el que se tratara de Elisa la que estuviera en peligro lo hacía comprender más el estado de la rubia, pero sabía que no lograría nada en ese momento, lo que había pasado ya había pasado, solo necesitaba saber en qué condiciones estaba.

-Tranquilo Tom, Elisa está en el hospital de Chicago. – Dijo Albert.

-¿Cuándo sucedió? ¡Yo la vi anoche! - Decía sintiéndose culpable por no haberla seguido más deprisa cuando salió corriendo por la parte trasera del teatro.

-Mis hombres me informaron que Jack acosaba a Elisa, así que decidí ponerle una escolta para que la vigilara día y noche, para así evitar que le sucediera algo malo, sin embargo el día que fue al teatro al parecer Elisa salió por la puerta trasera del mismo, no sabemos el porqué. – Dijo Albert, comenzando a relatar lo que sabía acerca de esa noche.

-¡Por mi culpa! – Gritó Tom desesperado ante el asombro de los presentes. Jhon estaba con los ojos llenos de lágrimas porque sabía la condición en la que estaba Elisa.

-¿Qué dices? - Preguntó Albert, quien quería saber la pieza que faltaba a ese rompecabezas que estaba armando.

-Candy y yo estábamos en el palco cuando llegó Terry y comenzó a reclamarle a Candy su compromiso, él creyó que era conmigo y Elisa escuchó todo, me reclamó el haberla dejado por Candy y le reclamó a ella que siempre se metía entre los hombres que amaba, yo no le aclaré la situación en ese momento, seguía dolido porque se había negado a huir conmigo. – Decía sin importarle ya nada, ni el que dirían, ni lo que pensaran en ese momento de él. – Me preguntó si me casaría con Candy y seguí sin responder, no sabía qué hacer en ese momento, por un lado Terry pensaba que era yo el prometido de Candy y por otro Elisa creía lo mismo, Candy me hizo reaccionar de pronto, pero Elisa ya estaba dándose la vuelta para salir corriendo de ahí, salí tras de ella sin embargo no logré alcanzarla. Salió por la puerta trasera, pero no la encontré por ningún lado.

-Entonces en ese momento fue cuando Elisa fue secuestrada. –Dijo Albert frotando su mentón.

-¿Secuestrada? – Preguntó Tom frustrado y con una culpa inmensa en su corazón. Albert asintió.

-Lucas dijo que cuando estaba esperando a Elisa, salió solo Neal y se reunió con Jack el cual salió de pronto, estuvieron hablando un rato y se separaron, sin embargo Elisa no había salido. Lucas se decidió a seguir a Jack para ver hacia donde iba y ahí fue cuando vio que en el callejón que está por el lado derecho del teatro Jack levantaba a Elisa, estaba desmayada y lo siguió hasta una casa vieja, sin embargo en lo que fue por ayuda no pudimos evitar que él la golpeara. – Dijo George sintiendo también algo de culpa por lo sucedido a la joven.

-¿Se atrevió a…? – Decía con la mirada envuelta en llanto, pero las palabras no lograban salir de su boca, se sentía fatal por no haber buscado más tiempo a Elisa, si se hubiera ido al lado contrario nada de eso hubiera pasado, él se había ido del lado de la calle pensando que Elisa iría para ese lugar, sin embargo no sabía porque había corrido para el lado contrario del teatro.

-No. – Dijo Albert comprendiendo el dolor que sentía aquel joven. – El médico dijo que Elisa no fue atacada de esa forma. – Dijo Albert, sin embargo no sabía cómo decirle a aquel joven que tal vez Elisa no despertaría. – Sin embargo… - Dijo deteniéndose en su intento.

-¿Sin embargo qué, Albert? – Preguntaba una vez más tomando a Albert por las solapas de traje obligando a George a tomarlo de los hombros para tranquilizarlo.

-Sin embargo los golpes que ha recibido en la cabeza le han provocado caer en un coma profundo. – Dijo con pesar Albert.

-¿¡CÓMO SE ATREVIÓ ESE IMBÉCIL A LASTIMARLA!? – Preguntaba Tom furioso, levantando su voz desesperado. – Albert necesito verla por favor. – Le dijo desesperado, angustiado, su voz era el vivo lamento de un hombre enamorado y completamente frustrado por la situación. - ¡Todo es mi culpa! ¡Ella me dijo que un imbécil la estaba molestando! ¿Y qué hice? Molestarme porque se negó a huir conmigo, ¡SOY UN IMBÉCIL! – Decía maldiciéndose a sí mismo por que según él todo lo que había pasado era su culpa. Tom decidió de pronto salir del lugar y se fue directo a las caballerizas, sabía que a caballo llegaría mucho más rápido.

-¡Tom! – Decía angustiado Jhon.

-No te preocupes Jhon, nosotros iremos con él. – Decía Albert dando la orden a George de que lo siguiera, era noche, sin embargo sabían que a un hombre enamorado nadie lo detendría. – Stear, Archie encárguense de todo por favor, nosotros acompañaremos a Tom. – Dijo de nuevo Albert, dando la orden a sus sobrinos de estar al pendiente de Anthony y de Candy.

-No te preocupes Albert, vayan con mucho cuidado por favor. – Dijo Stear. Viendo como George y Albert montaban de nuevo en sus caballos y emprendían el viaje de regreso a Chicago.

Mientras Tom iba a todo galope rumbo al hospital de Chicago, Candy seguía cuidando a su príncipe el cual seguía dormido sin siquiera mostrar una seña de querer despertar, había aplicado la ampolleta de penicilina y seguía al pendiente de que la temperatura no subiera de nivel.

-¿Creen que sería bueno avisar a Candy? – Preguntó Jhon a Archie y Stear.

-De ninguna manera Jhon, Candy está bastante preocupada por Tonny, mejor dejemos que se termine de tranquilizar. – Jhon asintió pero su rostro reflejaba la preocupación por todo lo que estaba pasando.

-Vamos Jhon, ve a dormir que mañana será un día largo. – Le dijo Stear al muchacho para que se retirara a descansar. – Nosotros estaremos al pendiente de Candy y Tonny. - Jhon asintió y se retiró a su habitación.

Candy seguía observando a Anthony, su respiración era tranquila.

-Tienes que recuperarte pronto Anthony, yo te cuidaré y no permitiré que se te complique la temperatura. – Decía tocando su rostro, acariciándolo con ternura como si se tratara de un niño pequeño en ese momento. – También cuidaré de nuestro hijo, tú no te preocupes de nada yo estaré ahí para los dos. – Decía Candy ya sin recordar nada de los sucedido en Chicago con Terry, ajena a todo lo que pasaba a su alrededor, sin enterarse de que Tom había salido como alma que lleva el diablo para ver a Elisa.

La noche pasó lentamente, sin embargo Candy seguía sentada en el mismo lugar, despierta aun cuidando de su príncipe, el cansancio no la había vencido del todo aún.

-Buenos días Candy. – Dijo Stear tocando la puerta para ver cómo había amanecido Anthony y como estaba la rubia.

-Adelante. – Dijo Candy al escuchar a su primo fuera.

-¿Cómo amaneció? – Pregunto a su prima viéndola a los ojos, unas profundas ojeras negruzcas adornaban sus bellos ojos verdes, la palidez en su rostro la delataba de que no había dormido nada en toda la noche.

-No tuvo fiebre en toda la noche Stear. – Le dijo un poco tranquila.

-¿Tú cómo te sientes? – Le preguntó preocupado también por ella era evidente que necesitaba descansar, y más por lo que había dicho Tom la noche anterior, sin embargo la rubia no había querido separarse ni un momento del rubio.

-Estoy bien Stear. – Dijo Candy. – Gracias.

-No te ves bien Candy, te ves cansada. – Le dijo Stear buscando su mirada para que le pusiera atención. – Desayuna algo y ve a dormirte un poco, por favor. – Le dijo con ternura, sintiendo pena por las facciones de su prima, su rostro se veía decaído y la inflamación de sus ojos junto con las ojeras la hacía recordar a la vez que la vio llorando por Anthony después de su "muerte".

-No quiero separarme de él. – Dijo triste.

-Candy, si tú no te cuidas ¿Quién va a cuidar a mi primo como lo haces tú? – Preguntó tomando sus manos para que atendiera a sus ruegos.

-Stear tiene razón Candy. – Dijo Archie quien llegaba para ver lo mismo que Stear.

-Pero si el médico llega… - Decía Candy aun sin estar convencida.

-Sí el médico viene, estaremos aquí Archie y yo. – Le dijo Stear tomando su mano para acompañarla a su habitación. – Tranquila, tú también debes estar bien, por ti, por él. – Le dijo Stear.

-Por nuestro bebé. – Le dijo el subconsciente a Candy. – Está bien. – Dijo dejándose guiar por Stear hasta la puerta de su habitación.

Archie había dado la orden de prepararle un desayuno completo a la rubia para que recuperara las fuerzas que había dejado en aquella silla esa noche. Una vez que desayunó en la comodidad de su habitación se dio un baño y se recostó en la cama, casi de inmediato se quedó profundamente dormida, todas las emociones contenidas en su cuerpo le habían pasado la cuenta y se las estaban cobrando en los brazos de Morfeo.

-¿Ya se durmió? –Preguntó Archie quien se había quedado con Anthony para estar al pendiente de él.

-Ya, me costó trabajo pero por fin cedió a mis súplicas. – Dijo Stear.

-Siento mucha impotencia por todo lo que están pasando Stear. – Dijo Archie molesto a su hermano.

-Yo también Archie, sobre todo por Tom, imagínate la culpa que debe de estar sintiendo al no haberle tomado importancia al acoso que sufría Elisa.

-Yo ni siquiera me imaginaba que ellos dos tenían algo que ver. – Dijo Archie aún sorprendido por la situación.

-Ni yo, nunca pensé que Elisa tuviera el corazón para enamorarse de verdad.

-Creo que nadie sabíamos que tenía corazón. – Dijo Archie y Stear afirmaba con la cabeza.

-¿Cómo ves a Anthony?

-Yo lo veo mejor que ayer, su cara ha recuperado un poco de color, le ha hecho bien dormir. – Dijo Archie.

-Sí, es lo mismo que creo yo.

El médico llegó a media mañana para ver cómo se encontraba el joven Stevens.

-Buenos días doctor. – Dijo Stear quien lo recibía para acompañarlo a la habitación de Anthony.

-Buenos días joven Cornwell ¿Cómo amaneció el joven Stevens?

-Pase usted mismo para que lo vea doctor, aún sigue dormido.

-Muy bien. – Dijo el médico colocándose su estetoscopio para cerciorarse de que todo estuviera en orden, midió la temperatura y comenzó a destapar la herida. - ¿La señorita White aplicó el medicamento anoche? – Preguntó a los muchachos.

-Sí doctor, Candy se encargó de él toda la noche y hace unas horas la convencimos de ir a descansar un rato.

-Hicieron bien, el joven Stevens se ve en perfectas condiciones, por lo que pude ver la señorita White lavó y desinfectó nuevamente la herida y eso le ayudó mucho para que no se infectara, todo se ve perfectamente bien.

-¿Es normal que aún no despierte doctor? - Preguntó Archie preocupado porque su primo seguía sin abrir los ojos.

-Es completamente normal, el sedante que le suministré ayer era para unas 12 horas, sin embargo había indicación para otro más hoy por la mañana y por lo que veo la enfermera ya lo ha suministrado, así que dormirá otras cuatro horas más o menos.

-Muy bien doctor. – Dijo Archie.

-Una vez que despierte, deberán alimentarlo únicamente con líquidos. – Dijo el médico, - Debemos evitar que tenga la necesidad de levantarse al baño, así la herida sanará mucho más rápido. - Stear y Archie asintieron a lo indicado por el médico y recibieron las nuevas indicaciones. – Espero para la tarde poder saludar a la señorita White. – Dijo el médico con una sonrisa.

-Muy bien doctor. – Dijeron los Cornwell con una sonrisa, sin embargo no estaban muy convencidos de lo último que había dicho.


En el hospital de Chicago un joven de melena castaña había llegado muy entrada la madrugada y una hora después habían llegado Albert y George, quien a pesar de haber salido tan solo unos minutos después que él no pudieron darle alcance, la velocidad con la que viajaba y los atajos que el joven conocía de memoria lo había hecho tomar ventaja en el camino, sin embargo el no ser familiar directo de Elisa y haber llegado a una hora poco prudente no le había valido para poder ver a su amada.

-¿Alguna noticia? – Preguntó Albert al muchacho cuando lo vio sentado en la sala de espera con el semblante triste.

-Ninguna, como no soy su familiar no pueden darme información, ni siquiera por ser su novio. – Dijo Tom, quien había tratado de convencer a las enfermeras por todos los medios para que le dieran informes sobre Elisa.

-No te preocupes Tom, dame unos momentos. – Le dijo Albert y se dirigió a la ventanilla de información, en el momento la enfermera lo identificó como familiar de Elisa y procedió a leer el expediente médico de la muchacha.

-Buenas días señor Andrew. – Saludó la joven emocionada de volver a ver al rubio aquel.

-Buenos días señorita, disculpe quiero saber sobre el estado de salud actual de mi sobrina, la señorita Elisa Leagan. – Dijo amablemente.

-Claro que sí señor Andrew, la señorita Elisa sigue inconsciente, sin embargo tuvo una reacción involuntaria hace unas horas. – Decía explicando.

-¿Reacción involuntaria? – Preguntó con duda sin entender a lo que se refería la enfermera.

-Sí, lo que sucede es que como aproximadamente a las dos de la mañana comenzó a moverse y a forcejear, movimiento producido por la angustia que tal vez sigue viviendo en su mente, lo que provocó que la temperatura de su cuerpo incrementara y se agravara la fiebre. – Explicaba la joven.

-¿Cómo está en este momento? – Dijo Albert preocupado.

-En estos momentos se encuentra estable, sin embargo la hora de visita aún no llega. – Dijo por si quería ver a su sobrina.

-Entiendo, muchas gracias. – Dijo Albert desanimado. - ¿El médico cuando llega? –Preguntó por último.

-El turno del doctor comienza dentro de dos horas. – Contestó con una sonrisa, la cual Albert correspondió y se retiró hacia donde estaba Tom y George.

-¿Qué te dijeron? – Preguntó Tom levantándose de pronto de su lugar en cuanto vio a Albert acercarse hacia ellos.

-Elisa no ha despertado, sin embargo tuvo un poco de fiebre debido a la angustia que al parecer está viviendo su cuerpo. – Tom no pudo hablar simplemente se volvió a sentar y unas lágrimas hablaron por él. – Tranquilo Tom, nadie tiene la culpa de lo que pasó. – Decía Albert sabiendo que lo más probable era que Tom se siguiera culpando por lo sucedido, no cabía duda que el remordimiento de un hombre era el peor enemigo que se podía tener.

Dos horas después llegaba el médico y después de revisar a la joven se encargaba de dar el parte médico a Albert.

-Señor Andrew, buenos días. – Le dijo el médico al joven patriarca.

-Buenos días doctor, dígame ¿Cómo amaneció mi sobrina?

-La señorita aún sigue en las mismas, dentro de unos minutos le haremos un estudio para ver cómo está la inflamación en su cerebro y dar un tiempo aproximado de cuando podría o no despertar.

-¿Pueda verla doctor? – Preguntó Tom al ver al médico que se había acercado a Albert. El médico lo examinó con curiosidad, preguntándose quién era aquel joven, Albert captó la reacción del médico.

-El joven es el prometido de mi sobrina. – Dijo Albert para que lo fueran identificando porque sabía bien que Tom no se movería de aquel lugar.

-Mucho gusto. – Dijo el médico ya cambiando su actitud para con él. – La señorita no puede recibir visitas, sin embargo haremos una excepción por tratarse de la familia Andrew, solo que será una vez que terminemos el estudio. – Tom asintió, sin embargo el tiempo se le hacía interminable.

-¿Alguien más ha venido a preguntar por ella?

-Nadie más según me informan señor Andrew. – Dijo el médico, se le hacía extraño a Albert que nadie hubiera preguntado por la salud de Elisa si él había mandado informar a su familia, lo más seguro era que ya hubieran apresado a Luis y su esposa.

Los Leagan habían sido aprendidos, sin embargo habían dejado en libertad a Sara ya que tanto Louis como Neal habían negado toda participación de la mujer, y el testimonio de James fácilmente había caído por el tiempo que tenía lo sucedido y por considerar que la memoria de aquel hombre podía estar fallando. Sara se encontraba en la sala de su casa con la mirada perdida, llorando por lo que había sucedido con su esposo y su hijo, en ese momento no le importaba Elisa y más cuando le habían dicho que tenía un amorío con el asqueroso vaquero hermano de Candy.

Al principio Sara se había preocupado y había querido salir a buscarla, pero antes de eso llegaron por ella y su esposo y Neal les comentó a grandes rasgos lo que Jack le había hecho a su hermana y que ella se había dejado envolver por el joven Tom Stevens.

-Yo ya no tengo hija. – Fue lo que dijo simplemente cuando llegó a su mansión, aquella enorme y gran mansión en la que se había quedado completamente sola, sin su marido y su hijo quienes pasarían un buen tiempo en la cárcel gracias a que aquel joven que habían tratado de eliminar hacía tiempo atrás seguía con vida, sin su hija quien estaba en el hospital y que la había llenado de vergüenza y deshonra al enredarse con un muerto de hambre.

Tom se encontraba con Elisa sosteniendo su mano, besándola cada tanto tiempo esperando el momento en el que ella despertara, sin embargo el médico había dicho que aunque la inflamación iba cediendo con rapidez no podía asegurar que tanto tiempo tardaría en despertar, la mente era muy caprichosa y nadie sabía lo que aquella joven estaba viviendo, la cual entre sueños seguía pasando en su mente una y otra vez las imágenes de Tom al lado de Candy y eso la angustiaba y de pronto le generaba reacciones en su cuerpo que le hacían incrementar la temperatura, al vivir una vez más el terror que sintió al ser agredida por aquel hombre.

-Elisa mi amor, despierta por favor, te amo bonita, no puedes dejarme por favor, perdóname. – Eran las palabras que no dejaba de repetir Tom en el rostro de Elisa el cual no se cansaba de besar y acariciar. Albert le había concedido que pudiera quedarse con ella en su habitación y los directivos del hospital habían cedido por ser el gran William Andrew.

Elisa parpadeaba entre sueños y soltaba algunas lágrimas que le recorrían su rostro, Tom las secaba con sus labios, repitiendo una y otra vez que lo perdonara y que si despertaba se dedicaría toda la vida a cuidarla y adorarla.

El médico hablaba con Albert en la recepción de la habitación, Tom seguía con Elisa sosteniendo su mano, era un cuadro muy triste ver a aquel hombre tan valiente y frío para algunas cosas convertirse en un manojo de nervios por el ser amado.

-Señor Andrew, tiene que saber que lo más probable es que la señorita Elisa despierte y no recuerde nada, ni a nadie. – Dijo el médico.

-¿Cómo? – Preguntó preocupado, él sabía muy bien lo que se sentía despertar en un hospital desorientado y sin saber quién era o cómo llegó a aquel lugar, con sus memorias perdidas. – Pero ¿Podría recuperarse o sería permanente? – Peguntó asustado.

-No sabría decirle, como puede que recupere sus recuerdos en unas horas, podría tardar años o simplemente no volver a recordar nada. – Decía el médico con pesar.

-Entiendo, muchas gracias. – Le dijo al doctor el cual se despidió. Albert miraba con preocupación a Elisa y a Tom.

-¿Qué dijo el médico? – Preguntó Tom quien al ver el semblante de Albert se dio cuenta que no era nada bueno lo que había dicho. Albert le explicó con detalles lo que el médico le había dicho y Tom lloraba como un niño sintiéndose perdido en aquella situación. Albert lo consolaba como a uno más de sus sobrinos le partía el alma verlo en esa situación.

Mientras tanto en el rancho de Tonny, Candy se despertaba ya más recuperada de la desvelada que se había dado, levantándose con más ánimo para seguir cuidando a su príncipe.

-¿Cómo sigue? – Preguntó una vez que entró a la habitación.

-Dormido. – Dijo Stear quien se había mantenido a su lado todo el tiempo, mientras Archie y Jhon se encargaban un poco de las actividades del campo.

Candy se acercó a él para poder sentir su temperatura y sonrió al hacerlo.

-¿Cómo está? – Preguntó ahora Stear.

-¿No ha tenido temperatura en toda la mañana? – Stear negó.

-Vino el médico a media mañana y dijo que despertaría por la tarde, sin embargo sigue dormido.

-Es normal, lo mantuvo sedado para que no se moviera y no se quejara del dolor, pero como no ha tenido temperatura eso quiere decir que lo más seguro es que no habrá infección. – Decía Candy ya un poco más calmada.

-Por lo menos una buena noticia. – Dijo Stear.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado? – Preguntó angustiada.

Stear le comento lo que había sucedido con Elisa y que Tom se había ido inmediatamente seguido de Albert y de George y que esperaban noticias por parte de ellos.

-Pobre Elisa y Tom, me imagino la angustia que debe estar viviendo. – Dijo Candy, no quería que nada malo le pasara a la joven a pesar de todo lo que había sucedido en el pasado.

-Esperemos que se recupere pronto Candy, por Tom, ya vez que dicen que hierba mala nunca muere. – Dijo Stear mientras Candy lo veía con el ceño fruncido. - ¡Oh vamos! ¡Ríete! – Le decía tratando de que ella también se despejara un poco. En eso Anthony comenzó a moverse inquieto en la cama.

-Anthony, tranquilo. – Le decía Candy, no quería que se moviera muy brusco y provocara que algún punto se abriera y con ello sangrara de nueva cuenta la herida, sabía que había perdido mucha sangre el día anterior.

-Candy. – Dijo Anthony al reconocer de inmediato la voz de su amada.

-Sí amor, soy yo. – Le dijo con ternura para que se tranquilizara. – No te muevas mucho por favor. – Le dijo muy cerca de su rostro.

-Tuve un hermoso sueño. – Le dijo al abrir completamente sus ojos y ver su bello rostro pecoso frente a él.

-¿Qué soñaste amor? – Le preguntó Candy con una sonrisa en los ojos.

-Soñé que me decías que íbamos a tener un hijo. – Le dijo con su bella sonrisa, la cual iluminaba el rostro de Candy y de inmediato le correspondía, comenzando Anthony a sospechar de que no había sido un sueño por la forma en que lo miraba, sin embargo de sus labios no salía aquella confirmación. Anthony volteó a ver a Stear y comprendió que tal vez ese era el motivo del silencio de su pecosa.

-Vaya sueño Anthony, mientras tú estabas en el país de las maravillas uno aquí con el alma en un hilo por ti. – Le decía Stear mientras Candy y él reían por sus ocurrencias. – Bueno ya que despertaste, me imagino que querrás estar un rato a solas, los veo más tarde. – Dijo Stear siendo prudente de que los rubios merecían un momento de privacidad.

-¿Fue un bello sueño? – Preguntó Anthony viendo a su mujer a los ojos. Candy amplió la sonrisa con travesura y le mostró el sobre que le habían dado en el hospital. – Positivo. – Leyó Anthony abriendo sus ojos con mayor asombro y su sonrisa se iluminaba inclusive más por el resultado que estaba plasmado en aquel pequeño pedazo de papel. -¡Vamos a ser padres! – Le decía emocionado y maldiciendo un poco por estar en esas condiciones y no poder agarrar en sus brazos a su amada.

-Sí amor, vas a ser papá. – Le dijo besando con cuidado sus labios, mientras Anthony la tomaba con el brazo sano y la juntaba más a su boca para poder besarla con pasión.

-Gracias princesa, te amo, me has hecho el hombre más feliz del mundo. – Le dijo mientras le acariciaba el rostro.

-Ahora usted señor Brower. – Le dijo simulando ser una estricta enfermera. – Se tendrá que cuidar mucho para que su hijo y su futura esposa estén tranquilos. – Le dijo con los brazos puestos en la cadera, provocando una sonrisa en el rostro de su amado.

-Te prometo mi vida que me voy a cuidar más que nunca, por ti y por él, por nuestro hijo. – Le dijo estirando su mano una vez más para atrapar la de su pecosa y besarla con ternura.

-¿Alguien más lo sabe? –Preguntó después.

-No. – Dijo Candy cambiando su semblante a uno de preocupación.

-No hermosa. – Le dijo acercándola a su rostro. – No te preocupes amor, nos casaremos cuanto antes y si es necesario yo hablaré con tus madres para hacerme responsable de todo. Tú no tienes la culpa de nada y mucho menos nuestro hijo. – Dijo colocando el cuerpo de su pecosa recargado entre su vientre y su torso, cuidando de no hacer algún movimiento brusco con su brazo izquierdo. - ¿De acuerdo?

-De acuerdo. – Dijo Candy, sin embargo la preocupación no se le retiraba por completo. Besó una vez más sus labios y él la recibió con gusto.


Tom se encontraba junto a Elisa desde que se había enterado de su situación no había querido retirarse del hospital, llevaba dos días ahí, y Albert era el encargado de llevarle ropa para que se cambiara, pero en cuanto se bañaba y se cambiaba llegaba de inmediato, no se tomaba más de media hora entre una actividad y otra y había veces que se había saltado la comida, solo por estar al pendiente de la recuperación de aquella joven caprichosa.

El médico acababa de retirarse y le habían dado un pronóstico alentador, Elisa mostraba mucha mejoría sin embargo no despertaba, seguía dormida. Cuando el médico se retiró, Tom tomaba la mano de Elisa una vez más y la besaba, le hablaba siempre que estaban a solas y le gustaba contarle historias en las que recordaba la manera como se habían conocido, y lo que él pensaba de ella. En eso la mano de ella reaccionó apretando la mano de Tom, él se sorprendió y se levantó de golpe, sin embargo Elisa ejerció mayor presión en su mano y él se negó a soltarla.

Elisa abrió por completo los ojos y de pronto se le comenzaron a humedecer al ver al moreno parado frente a ella, Tom le sonrió sin soltar su mano y con mucho cuidado acarició su rostro, besó su mano con ternura y Elisa seguía observando cada uno de los movimientos, mientras las lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas.

-¿Cómo te sientes amor? – Le preguntó con ternura, mientras ella lo miraba asombrada, sin poder contener sus lágrimas. – No llores hermosa, pronto estarás bien y podrás salir de aquí. – Elisa volteó a ver la habitación del hospital y comenzó a sentir ansiedad, sin embargo no se atrevía a soltar la mano de Tom. – Elisa, amor ¿Cómo te sientes? – Preguntaba Tom comenzando a angustiarse.

-¿Quién eres tú? – Preguntó por fin, sin embargo sus ojos no dejaban de llorar mientras lo veía y cuando hizo aquella pregunta él mismo comenzó a derramar las lágrimas que se había estado aguantando, sus piernas le temblaban por la impresión que recibió al escucharla hacerle esa pregunta.

Continuará…

Bueno jóvenes hermosas, hasta aquí otro capítulo, este me costó mucho terminarlo porque gracias a mis revoloteadores hijos se levantaron hoy temprano y no paraban de hablar y me costaba concentrarme, pero en fin ya quedó, espero que les guste mucho y lo disfruten y por lo pronto les pido que lo lean despacio si pueden en dos partes para que les dure más por favor jajajaja

Saludos y bendiciones a todas y cada una de ustedes, cuídense mucho y protéjanse por favor.