Por fin ha terminado el viernes y todos pueden descansar en paz, aunque Marinette todavía tiene que hacer frente a otras situaciones inevitables. Al menos está con su hombre y su ahijada, todos bajo el mismo techo. Tomoe les da un reporte de lo ocurrido en su casa y Kagami decide hacer una visita muy en su estilo. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. Assassin's Creed es del mismo modo, propiedad de UBISOFT. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras.
Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos y a resistir como mejor podamos.

Abróchense los cinturones y no salgan a buscar el bicho

Puede haber spoilers de la tercera temporada.


MIRACULOUS CREED

Capítulo 24: Secretos

Departamento de Marinette.

Viernes, 23:52 hrs.

Ese tenía que haber sido uno de los días más duros de toda su vida. Toda la musculatura le dolía horrible y estaba asustada. Tras detener a Gabriel Agreste y marcharse de la mansión, dejando que la rueda de la justicia por fin comenzara a cobrarle las cuentas pendientes, ella y Chat Noir habían regresado a su casa. Gracias al poder de la restauración, el departamento había regresado a la normalidad y todo parecía estar en su sitio, por lo que solo tuvo que lamentar un poco de desorden. Ni bien estuvieron a salvo en el departamento y en la privacidad de su habitación, se abrazaron largo rato antes de deshacer la transformación. Marinette hubiera querido quedarse por siempre en el abrazo de Adrien, pero éste le besó la frente con inusual ternura antes de decirle algo y marcharse.

Cuando lo hubo hecho, segundos después, Marinette corrió al baño a vomitar de nuevo, pese a que ya no tenía nada más en el estómago, todo mientras Tikki le revoloteaba histérica. Ahora la chica estaba sentada en la ducha, sintiéndose horrible y muerta del miedo.

—¡Vamos al hospital, Marinette, por favor! ¡Decimos que te caíste por las escaleras y ya! Eso explica tus heridas bastante bien…

—No. No quiero. Me quedo. —a ver, no es que Marinette quisiera quedarse, pero de pronto como que no confiaba en sus rodillas ni en su estómago. No se quería alejar del baño.

—¡Por favor Marinette!

—Dije que me quedo —Marinette sorbió aire con dificultad: cierto, se sentía horrible, pero no creía estar ad portas de la muerte… ella o… sus otras aprensiones.

¡Cierto!

Sin mencionar que tenía terror de confirmar sus aprensiones. Miró asustada hacia el lavamanos… el empaque que había estado revisando cuando la secuestró el akuma seguía ahí tan campante como si fuera la cosa más normal del mundo. Comenzó a morderse las uñas…

—Tikki… —la llamó con suavidad, sin dejar de mirar aquél objeto.

—¿Marinette? Aquí estoy…

—Tengo miedo.

—Vamos Marinette… escapaste a un intento templario de asesinato, saltaste del piso 38 y acabas de terminar con el reinado de terror de Papillón, todo en un día. ¡Eres muy valiente!

—Ya. Pero a eso le tengo terror. —explicó mientras señalaba con la cabeza el infame empaque.

Tikki bajó los hombros, pero no se desanimó. Voló hasta su portadora y comenzó a animarla lo más maternalmente que podía. Marinette, después de todo, tenía todo el derecho del mundo a estar parada de pestañas, sobre todo después de un día tan espantoso como el que había tenido. Estaba en eso cuando sintió que llamaban a la puerta…

—¿Huh?

—¿Quién podrá ser?

Marinette se obligó a salir de la ducha y del baño, teniendo la precaución de guardar el empaque antes de salir en uno de los cajones. ¡Todo fuese por evitar hacerse la prueba en lo inmediato! Caminó hasta la puerta de su departamento y empinándose un poco, se asomó a la mirilla, exclamando de sorpresa cuando vio quienes estaban del otro lado. Se apuró en quitar los seguros y dejó pasar a sus visitas, quienes con timidez le sonrieron cuando Marinette cerró la puerta.

—¿Ustedes aquí? ¡Es casi medianoche! —exclamó con ganas de llorar de la emoción.

—Dije que volvería —le dijo Adrien con una sonrisa. El tipo estaba agotado a morir, pero lucía como un gato que se comió un canario— ¿No te acuerdas?

—Errr…

Adrien se le acercó muy coqueto, apoyó su frente sobre la de ella, ronroneó un poco y suspiró profundo.

—Dije "voy por Minnie y vuelvo" y aquí nos tienes… claro… si nos aceptas…

—Agú —balbuceó Minnie medio dormida desde los brazos de su papá.

Marinette parpadeó sorprendida: miró a Adrien, luego a Minnie y luego… al bolso de ropa que estaba a los pies de su chaton. Era evidente que se trataba de unas pocas mudas de ropa para él y tres toneladas para accesorios para Minnie, incluyendo el moisés que les habían regalado esa mañana en la mansión Agreste, pero ahí estaban. El corazón comenzó a latirle con fuerza en el pecho, lleno de contento y…

—¿Qué los acepte? —Marinette se puso las manos en las caderas—. ¿Por qué haría yo eso?

—¡Ah! ¿Vas a echar a un padre soltero y a su Minnie a la calle a estas horas? —preguntó Adrien exagerando el drama.

—No, claro que no —Marinette hizo un puchero y le acarició el rostro a Adrien— Pero tampoco quiero que ese papá soltero y su Minnie estén de paso… —murmuró con ternura…

—Era la idea… de ponerte caritas para que no nos echaras en mucho rato y quizás… dejar que nos quedáramos… bastante más que un par de días.

—¿Y porqué traes tan poquitas cosas?

—Tenemos tiempo: luego voy por el resto —nuevamente Adrien frotó su frente sobre la de Marinette— ¿Nos dejas quedarnos?

—¿para siempre?

—No puedo decirle que no a tus ojazos…

Marinette murió de amor en ese momento. Sus preocupaciones quedaron de lado y se sintió tan en paz con el mundo, que bien podría haber muerto en ese instante. Tomó a Minnie en brazos y la acunó contra su pecho: la peque tenía puesto su pijama y estaba somnolienta, lo cuál era bastante lógico, considerando el día de perros que la pobre había pasado. Ni siquiera tenía energía para estar mañosa. ¡Ninguno lo había pasado bien! Había sido sin duda una jornada bastante victoriosa, pero estaban hechos puré.

—Trae tus cosas. Es hora de dormir.

—¿Me puedo dar una ducha antes?

—Es tu casa, ahora, ¿no? —dijo Marinette girándose a media marcha, con un sonrojo en las mejillas—. Puedes usar la ducha todo lo que quieras. Luego ya me ducharé yo.

—Creí que ya te habrías duchado a estas alturas…

—Me distraje…

—Oh… y… —Adrien le alzó las cejas coqueto— ¿Y no me quieres acompañar y ahorramos agua?

—¿Y quién cuidaría a Minnie?

Marinette se metió al cuarto con la peque y al poco rato Adrien la siguió junto con todas las cosas. Cayeron en un ritmo muy calmado, en el que instalaron el moisés, se ducharon por turnos, hicieron dormir a Minnie y ellos mismos se prepararon para descansar. La pequeña también estaba agotada y no puso mayores problemas para descansar por fin. Antes que pasara mucho rato ya estaba echando humito de gusto. En cuanto a los héroes de París, una vez que dejaron a la beba en su moisés, se metieron bajo las cobijas y se acomodaron con calma. Tuvieron la noción que los kwamis se quedaron cerca de Minnie para acompañarla y echarle un ojo durante la noche, para que así sus portadores estuvieran más tranquilos y pudieran descansar mejor… o esa sensación tuvieron.

Una vez que apagaron las luces y se hubieron arrimado uno más cerca del otro, comenzaron por fin a descansar, no sin antes tomarse de las manos o enredar las piernas.

—Por fin acabó… —murmuró Marinette mientras sentía las caricias de Adrien en su rostro— esta aventura al menos.

—Nos quedan montón más… —añadió Adrien reprimiendo un bostezo— incluyendo criar a Minnie…

—¿Yo incluida?

—¿En serio vas a dejar que yo críe solo a Minnie? Creí que eso ya lo habíamos dejado claro, ¡¿Qué clase de madrina eres?! —se burló Adrien coqueto— Si quieres, claro…

—Sabes que sí, chaton… además firmé. —Marinette se le acurrucó un poco más cerca— Pero ahora shhhh… toca dormir…

—Una estupenda idea.

Adrien rodeó a Marinette con los brazos y antes que pasara mucho rato, ambos ya estaban dormidos, descansando por fin del horrible día que habían tenido.

Minnie durmió de corrido toda la noche.

Eran casi las 10 de la mañana cuando despertaron gracias a la histérica llamada de Alya, quien hiperventilando como nunca, les comunicó la noticia que la policía había arrestado a Gabriel Agreste la noche anterior, luego que Ladybug y Chat Noir lo individualizaran como el villano Papillón, con las respectivas pruebas. Pusieron las noticias y se dieron cuenta que los medios no hablaban de otra cosa, incluso pasando a ratos el vídeo que había tomado el Gorila de la pelea. No digamos que le dieron mucha importancia, después de todo conocían todos los entretelones. Seguían somnolientos, y más les preocupó la hora. ¡Era tardísimo! Se abalanzaron sobre Minnie solo para descubrir que Tikki y Plagg le habían dado el desayuno, pero no le habían cambiado el pañal, cosa que Adrien comenzó a hacer, pero de lo que Marinette se hizo cargo en seguida. El gato fue a preparar el desayuno, descubriendo de paso que tenía una insana cantidad de llamadas perdidas en el teléfono, de Suzanne, Nathalie, Nino, Julián, varios ejecutivos de Agreste, incluso de la policía, quienes buscaban hablar con él con urgencia. Devolvió algunas llamadas, envió mensajes cuando correspondía, pero la llamada que más le llamó la atención, y que por ende sí devolvió, era la de Tomoe: necesitaba que él y Marinette fueran a su residencia lo antes posible, cosa a la que accedió sin pensarlo mucho.

Los padres de Marinette también habían estado llamando, pero principalmente para saber como seguía su hija. La noche anterior habían tenido la precaución de pasar a verlos tras haber detenido a Gabriel, para que se aseguraran que Marinette estaba a salvo y con bien, antes de que Adrien fuera a dejarla al departamento, pero de todos modos insistieron en llamar de nuevo, incluso invitándolos a almorzar.

Desayunaron juntos, retozaron un poco, hicieron control de daños, tanto con el asunto templario como con Papillón, Adrien rechinó entre dientes que esa noche iría a cataclismear la Tour Montparnasse solo porque sí, y se alistaron para ir a la panadería a ver a Tom y Sabine en donde almorzaron con ganas. Fue un buen rato, una suerte de oasis que les ayudó a distraerse de los asuntos que no les interesaba enfrentar de momento (la policía quería hablar con Adrien por el asunto de su padre, pero el rubio no quería saber nada al respecto). Entonces llegó el momento en que tuvieron que ir a lo de Tomoe, pero por alguna razón no querían llevar a Minnie con ellos…

—Oh no se preocupen. ¡Nosotros podemos cuidar de Minnie! —dijo Sabine con entusiasmo.

—¿Madame? ¿Está segura? —preguntó Adrien saliendo de su sorpresa

—¡Pierde cuidado, Adrien! —exclamó Tom— la niña estará segura aquí, y podremos consentirla bastante. ¡Ustedes necesitan el respiro y pasar tiempo juntos!

Papa, pero Minnie… —comenzó a decir Marinette— ¿En serio pueden?

—¡No habría ofrecido ayuda de lo contrario! Además… sé que es un día difícil. —añadió Sabine como haciendo alusión a la situación de Gabriel— Seguro quieren ir tranquilos a lo de Tomoe.

—Ya… pero le recuerdo que no puede comer baguette. —murmuró Adrien aprensivo mientras dejaba que Sabina tomara el bolso de la bebé.

—No te preocupes, cariño, nadie le dará pan a Minnie. —aseguró Sabine— ¡Ya váyanse que a mi comadre no le gustan los impuntuales!

Ambos asintieron con calma y quizás más aprensión de la que hubieran querido expresar. Aceptaron el ofrecimiento de Sabine y Tom y pronto estuvieron en camino hacia la residencia Tsurugi, lugar al que llegaron unos veinte minutos más tarde. Antes de llamar a la puerta, le enviaron un mensaje a Mariya y Julián para avisarles donde estaban. No alcanzaron a tocar el timbre cuando abrieron la puerta. El mayordomo estaba ahí con su formalidad de siempre.

—Joven Agreste, mademoiselle Dupain–Cheng… Madame Tsurugi los espera en el dojo.

—¿En el Dojo? —preguntó Marinette levantando la cabeza con alarma. Conocía bien a Tomoe y sabía que cuando recibía visitas en el dojo, las cosas no solían salir bien para quienes la habían hecho enojar. Adrien frunció el ceño, sin hacer comentarios— ¿Por qué no su despacho?

—Por favor, síganme.

Adrien y Marinette intercambiaron miradas, pero siguieron al mayordomo cada vez más aprensivos. Incluso comenzaron a prepararse para un posible enfrentamiento, sobre todo al ver algunas cosas como fuera de lugar. La casa estaba curiosamente vacía de sirvientes, cuando solía haber bastantes más, y había signos preocupantes por toda la casa. Por fin llegaron a la puerta del dojo, el mayordomo se detuvo y se volvió hacia ellos.

—Esperen aquí en lo que anuncio su llegada.

El hombre entró con ceremonial esperado al dojo, dejando a la pareja sola por breves momentos. Adrien tomó a Marinette del brazo y la atrajo hacia sí.

—Creo que estuvo el escuadrón de limpieza asesino aquí hace poco.

—¿Qué has dicho? ¿Esos existen?

—Sí, y créeme que son eficientes, pero… sospecho que todavía tienen limpieza que hacer…

—¿Por qué habrían de haber venido? ¿Qué motivo…?

—Madame Tsurugi los espera —interrumpió el mayordomo indicando al interior del dojo.

Ambos héroes tragaron saliva y se dispusieron a entrar, con el corazón en un puño. Aguantaron la respiración al entrar al dojo y ver el estado en el que estaba. En medio del espacio estaba Tomoe acompañada de dos japoneses quizás un poco menores que ella, pero de rostros muy serios. También estaba Kenji presente, junto a uno de los hombres, pero no parecía asustado. Nervioso sí y con justa razón, considerando la escena que los rodeaba.

Había sangre por todos lados. No estaba encharcada, el exceso había sido retirado, pero todavía había manchas por doquier. No había cuerpos, pero se notaba con claridad en donde habían estado. El ácido olor los pateó literalmente en las narices. Marinette se tapó la nariz y boca, mientras se sujetaba del brazo de Adrien, quien trataba de ser todo lo profesional que podía.

—Más te vale que estés tratando bien a Marinette, Adrien–san. ¡Es como una hija para mí! —le recordó Tomoe, como adivinando la cercanía de la pareja, que había caminado hasta el grupo cuidando de no pisar nada extraño.

—Tomoe–sama. —Adrien hizo una reverencia respetuosa, que Marinette imitó— ¿Puedo preguntar qué pasó aquí?

—¿Tomoe–obasan? —la llamó Marinette con evidente preocupación en la voz— ¿Está usted bien?

Los hombres suspiraron un poco y quizás relajaron el rostro. Kenji, les sonreía cómplice. Tomoe sonrió.

—Claro que sí, Marinette. Adrien–san, gracias por tu preocupación —aseguró Tomoe antes de señalar a los dos extraños— Antes que nada, ellos son mis hermanos menores Satoshi y Tetsuo Tsurugi, el padre de Kenji–kun. Hermanos míos, ellos son Adrien Agreste, el padre de mi nieta Marinette, y Marinette Dupain–Cheng, a quien considero como hija. También espero que los traten como si fueran de la familia, por las razones que ya les expliqué.

Ambos japoneses se quedaron viendo a su hermana mayor un buen rato, antes de hacerle una reverencia que sabían que nunca iba a ver. Entonces se volvieron hacia los recién llegados y por fin sonrieron un poco más, al menos para sus estándares, y les hicieron una reverencia.

—Nos alegra conocerlos por fin. —los saludó Satoshi— Aneue-sama nos ha hablado mucho de ustedes dos.

—Siempre es una alegría conocer nuevos parientes. —afirmó Tetsuo— Aquí estoy para lo que pueda ayudar.

Una proverbial gota se les deslizó a Adrien y Marinette por las cabezas. Bajo circunstancias normales eso habría sido un gran recibimiento, pero considerando la cantidad de sangre que decoraba el piso, se tornaba un poco perturbador. ¡Además ese olor! Parecía que le pateaba los sentidos. Si se sentía así sin haber cuerpos, no quería ni imaginarse como habría sido antes que los sacaran. Marinette insistió en taparse la boca y nariz, tratando al mismo tiempo de no parecer maleducada: el olor era realmente muy fuerte. ¿Era la única que lo estaba notando?

—Vinimos en cuanto pudimos. Ayer estuvo algo movido. —confesó Adrien con prudencia— ¿Puedo preguntar qué pasó aquí? El cambio de decoración es bastante…

—Gore. —intervino Kenji. Su padre lo miró feo.

—Lila Rossi y otros templarios vinieron a mi casa a intentar generar una alianza comercial. —comentó Tomoe como quien habla del clima— Tan solo diré que no hubo negocios, pero que Alma Negra cobró una deuda que Rossi tenía con nuestra familia.

—No negociamos con sectarios, ni menos con quienes afrentan a los Tsurugi. —comentó de pronto Tetsuo con mucha gravedad, evidentemente aprobando las acciones de su hermana mayor.

No había que tener dos dedos de frente para saber qué había transpirado en ese dojo. Adrien y Marinette lo supieron casi en seguida: entonces Tomoe comenzó a contarles con más detalle de lo ocurrido y mientras lo hacía, Marinette comenzó a mirar en derredor. Ya no había cuerpos, pero sí mucha sangre derramada, cuyas manchas todavía tenían que desaparecer. Habían sido tres los charcos principales y cerca de uno de ellos había otro más pequeño… ahí había caído la mano de Lila luego que Tomoe se la hubo mochado y hasta casi se podía ver su contorno con un poco de imaginación. El olor de la sangre comenzó a hacerse cada vez más insoportable y Marinette comenzó a pelear contra sus náuseas.

—Contactamos al número que nos dijiste, Adrien–san, para esos casos. —continuó Tomoe con calma— Vinieron en seguida y ya se llevaron los cuerpos. Limpiaron lo que más pudieron… No quiero saber qué va a pasar con ellos.

—Dijeron que volverían con más químicos —añadió Kenji— Ahora en un rato más, si no me equivoco.

—Para cuando nosotros llegamos, ese grupo ya estaba limpiándolo todo. Nos perdimos la acción, pero nos quedaremos un tiempo para ayudar a nuestra hermana —explicó Satoshi.

—¿Vinieron Charles y su patrulla, no? —preguntó Adrien relajando los hombros.

—Sí. Fueron bastante rápidos con lo pesado. Me aseguraron que los detalles más finos estarían desaparecidos esta tarde. —dijo Tomoe.

—Quédense tranquilos, no van a dejar rastros de nada. Son muy buenos haciendo control de daños. Lo más probable es que… ¿Marinette? —Preguntó Adrien de golpe, volviéndose a su novia, al notar que su agarre se tornaba algo más pesado.

—Disculpen… pero no me siento…

—¡Marinette!

Marinette no terminó su oración. Se desmayó antes de poder hacerlo: el olor a la sangre, el relato de lo que había pasado ahí en ese dojo, y toda la presión del día anterior por fin se le apiló como montaña de ladrillos encima y simplemente reinició el sistema. En su bolso, Tikki casi murió angustia al percibir el desmayo de su portadora, pero Plagg, quien compartía escondite con la Kwami, solo rodó los ojos y le brindó su apoyo.

—Más te vale que la estés tratando bien, Adrien–san —gruñó Tomoe— Mi nieta necesita a su madrina… y hermanitos con quien jugar.

—¡No es el momento, Aneue! —la regañó uno de sus hermanos, pero Tomoe solo se encogió de hombros. Bastó una mirada de su padre para que Kenji corriera en busca de un vaso con agua.

—Concuerdo —siseó Adrien mientras recostaba a Marinette en el suelo y revisaba que estuviera respirando bien, mientras le despejaba el rostro— Vamos, ma vie… ¡abre los ojos!


En efecto abrió los ojos. Marinette despertó confundida momentos más tarde, pero no estaba en el dojo, sino en una de las habitaciones de la casa, tendida sobre un futón. Estaba sola y se sentía muy bien. Se incorporó preocupada y quiso levantarse cuando una voz la detuvo…

Lo siento mucho amiga mía. No debí…

¿Huh? ¡Kagami! —Marinette casi murió de felicidad. De un salto abrazó a su amiga, que estaba arrodillada junto al futón. Tras soltarla, se sentó cruzada de piernas frente a ella— ¡Cómo me alegra verte! ¡¿Por qué me das estos sustos?! Debiste haberme dicho algo y no desaparecer así…

En su momento fue lo prudente… lo lamento mucho, no quise preocuparte así…

Marinette sintió un vuelco en el corazón cuando vio a Kagami hacer una reverencia de disculpas. ¿Qué era lo que no le cuadraba? Sentía como si esto fuera lo más normal del mundo, como si hubiera visto a Kagami el día anterior, pero al mismo tiempo… sabía que no era normal verla en lo absoluto.

¡Por supuesto! Estaba muerta… ¡¿Qué estaba pasando?!

Quise venir a despedirme… y a pedirte disculpas.

¿Otra vez? Amiga… no tienes nada de lo que pedir disculpas, yo… ¿De qué te quieres disculpar exactamente?

De haberle pedido ayuda a Adrien con Minnie —explicó Kagami— No debí haberle pedido nada, debí seguir insistiendo con otras alternativas. Yo sabía de los sentimientos de ambos y… aun así… fui débil y le pedí ayuda… y perseveré. No pensé en otra cosa.

Oh. Eso. —Marinette se miró las manos y tironeó sus propios dedos— No digas esas cosas. Dudo que le hayas puesto una pistola a Adrien en la cabeza y… bueno… no éramos nada, llevábamos años sin vernos y…

Minnie no tiene la culpa… creí que… iba a poder estar ahí para ella, verla crecer. Yo… no alcancé a pedirte que fueras su madrina. Te falté el respeto y…

Admito que me puse tantito celosa… pero como bien dices… Minnie no tiene la culpa de nada. —Marinette reprimió un puchero— Y no debió quedarse sin su mamá. ¿Y sabes algo?

¿Huh?

¡Me alegra mucho que hayas podido cumplir tu sueño! Adrien es buen papá… aprensivo, pero bueno… y… cuida bien a Minnie, aunque me gustaría…

¿Qué te incluyera más? Ya lo hará. Tiene miedo de ser como su padre y no estar presente en la vida de sus hijos… le voy a dar un susto para que entre en razón. Después de todo… —Kagami reprimió un puchero, pero no alcanzó a atajar las lágrimas— Minnie te va a considerar a ti como su madre…

¡Oh No! Yo soy su madrina, no ocupo tu lugar. Marinette siempre sabrá que es hija de la dragona. ¡Me voy a asegurar que sepa quien fuiste! Y a su abuela Tomoe y…

Por favor Marinette… ¡trátala como si fuera tu hija! No voy a poder cuidarla de ese modo, por favor… ¡hazlo por mí! —le suplicó Kagami, sujetándola de los hombros— Y por favor… cuida a mi mamá también… es una mujer muy seria y grave, pero en el fondo… sí es una buena persona.

Descansa en paz Kagami… Minnie está a salvo conmigo —Marinette se tragó el nudo en la garganta, mientras le corrían las lágrimas por las mejillas. Kagami la soltó y volvió a su posición, arrodillada frente a ella.

Arigato, Marinette. Mi familia nunca olvidará esto y yo tampoco —le dijo haciendo otra profunda reverencia. Cuando se hubo incorporado, rodó los ojos burlonamente, como señalando al techo —Ahora despierta antes que Adrien se vuelva loco.

¿Huh?


Marinette volvió a despertar. Seguía en el Dojo: esta vez estaba en el suelo, pero en los brazos de Adrien, quien le echaba aire con un abanico que quizás de donde había sacado. Alguien le ofreció un vaso con agua que por momentos rechazó antes de aceptar a regañadientes para beber algunos sorbos. Un pequeño robot, de los tantos que había por la casa, parecía estar monitoreando sus signos vitales.

—¡Qué bueno que despertaste, ma princesse! —exclamó Adrien, muy compungido.

—Disculpen… ¡qué vergüenza! —balbuceó Marinette intentando incorporarse, pero Adrien no la dejo— No debió haber pasado…

—No te juzgo: no digamos que es una buena escena. ¡Cualquiera se desmaya! —dijo Kenji muy atento, antes de volverse a los adultos— ¿Van a limpiar todo esto, verdad?

—Van a dejar como nuevo —intervino Tetsuo con calma— O más les vale.

—Ustedes han pasado por mucho —sentenció Tomoe con seguridad— Tatsu los llevará a casa. ¡Deben recuperar fuerzas!

—A todos nos sacude una fuerte tormenta —añadió Satoshi— Necesitamos la mente clara. ¡Vayan a casa!

Y eso hicieron. Unos cuarenta minutos después Adrien y Marinette, junto con Minnie estaban entrando al departamento todavía arrastrando el peso del mundo. En el trayecto, Adrien por fin había contestado a la policía, solo para decirles que le valía madres si Gabriel se pudría en la cárcel, pero accedió a conversar con ellos a primera hora del día siguiente para darse por enterado de los detalles relacionados con su arresto y con lo que sería el juicio del año. ¡Domingo! ¡¿Quién trabajaba un domingo?! Pero ni modo, mientras antes conversara con ellos, antes lo dejaban en paz y ¡Vaya que necesitaba un poco más de paz mental!

—¿En serio te sientes bien, Marinette? —preguntó Adrien, quien en la última hora había notado a su novia cada vez más ansiosa. Minnie, siempre en los brazos de su papá, comenzó a chuparse las manos.

—¡ESTUPENDO! Entrar solo al baño necesito. ¡Cinco Dame!

—¡¿Huh?!

Eso disparó las alarmas en la cabeza de Adrien. Marinette solo tenía problemas de sintaxis cuando estaba muy nerviosa o intentaba ocultar algo, pero antes de poder preguntarle nada, entró a su cuarto y de ahí derecho al baño, en donde se encerró dando un portazo. Adrien intercambió miradas con Minnie, pero la beba solo se chupó las manos, clara señal que tenía hambre. En eso Plagg salió de su escondite al igual que Tikki y comenzaron a revolotear.

—Si me lo preguntas, creo que por fin encontró las agallas. ¡Ya era hora! —comentó Plagg mucho más tranquilo que su contraparte, que se notaba que estaba colgada de las lámparas.

—¡Cállate Plagg! —ladró Tikki angustiada— ¿Qué no ves que está asustada? ¡Yo estoy asustada! —la kwami comenzó a volar en círculos— ¡¿Qué Hago, Qué Hago, Qué Hago?!

—¡Obvio que está asustada! Algo así asusta al más templado —insistió Plagg rodando sus ojos— ¿Alguien tiene queso?

—¡¿Tienes Que Ponerte Así De Desagradable, Calcetín Apestoso?! —gruñó Tikki deteniéndose en seco, encarando a Plagg muy esponjada.

—¡No estoy siendo desagradable! Digo la verdad. ¡Además la que está más histérica eres tú!

—¡Es porque estoy preocupadísima! ¿Qué no te diste cuenta de todas las palizas que recibió Marinette ayer?

Adrien tuvo un tic nervioso. Se había dedicado a observar la conversación de este par casi fascinado de curiosidad, pero cada vez intrigándose más. ¿De qué estaban hablando los kwamis? Estos dos le estaban ocultando algo y ODIABA cuando hablaban de cosas que él no sabía.

—¿De qué se supone que hablan ustedes dos? —preguntó Adrien con firmeza, pero fue ignorado.

—¡Ayayay! ¡Si les pasa algo no me lo voy a perdonar nunca! —lloriqueó Tikki mientras volaba en círculos y tiraba de sus antenitas.

—¡Va a estar bien! Aunque sí la habría llevado al médico —razonó Plagg de pronto.

Ambos kwamis siguieron ignorando a Adrien, quizás a propósito. Entonces el gato con mucha calma dejó a Minnie en su moisés mientras miraba con atención la puerta del baño en donde Marinette estaba encerrada, sospechando de los sollozos que escuchaba por parte de su novia a través de la puerta. Los comentarios de los kwamis por fin lo habían tostado. Tikki estaba angustiada y se notaba, Plagg también, pero se veía más relajado, pero como que conocía a su kwami, sabía que éste estaba planeando alguna travesura

—¡¿Y si les pasa algo?!

—Paciencia, Sucrette, pacien… ¡UGGH!

¡Ay!

Sorpresivamente, Adrien sujetó a los dos kwamis en sus manos y se los llevó a la altura de su rostro, dándoles una leve sacudida para concentrar la atención de los dos y que dejaran de ignorarlo. Tanto Tikki como Plagg se lo quedaron viendo con carita de inocencia máxima, y quizás una nota de susto. Después de todo, Adrien era el guardián y al menos Tikki, nunca lo había visto así.

—¡Ahora Los Dos Van A Tomar Aire Y Me Van A Decir Qué Tanto Secreto! Saben que no me gustan.

—Oooooh, ya lo sabrás cachorro… —se apuró en decir Plagg divertido— En cualquier momento si me lo preguntas. —añadió tras mirar de reojo al baño.

—¡No diré nada! —exclamó Tikki— Es Marinette quien te…

¡AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAA AAAAH!

Se escuchó un fuerte grito desde el interior del baño, seguido de un golpe seco contra la puerta y el suelo y un silencio que lo hizo pegar un brinco. Evidentemente algo le había pasado a Marinette y por las pintas parecía que se había desmayado de nuevo. Adrien sintió como si las tripas se le vaciaran del abdomen del susto que se llevó. Hasta soltó a los kwamis de la impresión momentos antes de abalanzarse sobre la puerta del baño, que en vano intentó abrir.

—Ouch… eso debió doler. —se lamentó Plagg, al escuchar el golpe.

—¡Marinette! ¿Estás Bien? ¡Abre la puerta! —pero la puerta no se abría, por lo que Adrien intentó darle un empujón sin éxito alguno. Algo parecía estar bloqueado el paso.

—¡Marinette! —Tikki voló hacia el interior del baño atravesando la puerta. Segundos después volvió a asomarse— ¡Se desmayó contra la puerta!

—¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! —en ese instante, Minnie se largó a llorar.

Adrien se refregó la cara con las manos. ¿Y ahora qué?

Continuará,

Por

Misao – CG

Publicado el miércoles 29 de julio de 2020


Próximo capítulo: Cerrando ciclos

Tuvo que contactar a su tía Amelie para que pudiera verla, quien había tomado el primer tren que pudo y cruzado a Francia para ir a ver a su hermana. Se tardó casi tres horas en llegar al hospital, hasta donde se fue directo desde la estación del tren. Había viajado con Félix, a quien no veía desde hacía años, por lo que se generó una agridulce reunión familiar. Emilie no tenía buen pronóstico y desde que la habían sacado de aquella heladera su condición solo comenzó a empeorar cada vez más. Ya se había reunido un comité de médicos discutiendo su caso y habían quedado en esperar un día más para ver como evolucionaba antes de considerar desconectarla…


Notas finales: Miren eso, me quedó más corto de lo esperado. Pero nada que hacer, después de todo las cosas ya tienen que volver a un punto de calma. Gente, ya quedan dos capítulos antes de que dejemos a estos seguir con su vida y sus aventuras, que bastante se lo merecen. Ya comencé tratativas con mi musa sobre el próximo fic… no soy tan rápida como Abby, así que tomará un tiempo. Ya en su momento les diré de qué va a ir. Por ahora… solo diré que involucra un asesino en serie.

LO QUE ME RECUERDA… Lean el fic Apariencia y Realidad de Abby Lockhart1, que me está dejando calva del estrés. El tal Calvin me pone la piel de gallina...

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


Pues ahí tienes, Manu. Fu akumatizado y bastante difícil de manejar. Al menos pudieron volverlo a la normalidad y ya lo mandaron al Tíbet a que deje de molestar. Ten, tiramisú para resistir la plaga y ¡GRACIAS POR LEER!