FINEO Y LAS ARPÍAS
TRACIA – MAR EGEO
—¿Me pueden explicar qué hacemos aquí? —preguntó por quinta vez el moreno.
—Ya te lo dijimos Blase —suspiró con cansancio la ahora pelinegra—, debemos buscar al Rey Fineo.
—Y para qué es bueno ese —cuestionó nuevamente el slytherin.
—Por Merlín Blase, él nos puede decir cómo entrar al laberinto.
—¿Por qué él tendría que saberlo? ¿Por qué no Hermione usa sus poderes y lo busca?
—Así no funciona —dijo rodando los ojos la chica—. Además, él es un brujo poderoso que tiene el don de la visión y nos puede decir la forma exacta para entrar en el laberinto.
—A eso voy, yo no quiero estar cerca de un toro gigante —dijo el slytherin, mientras pasaba saliva ruidosamente.
—Por Merlín, es solo una leyenda —se desesperó el rubio.
—Y tú ¿cómo lo sabes? —Le respondió toscamente el moreno—, no quiero arriesgar este hermoso cuello.
Ambos chicos, empezaron una discusión sobre lo cobarde que era Blase, por un lado y los instintos suicidas de Draco, por el otro. Hermione, ya estaba harta de escucharlos discutir; lo único que quería ella, era destruir todos los Horrocrux y ayudar a Harry que acabe con ese maldito monstruo; aun así haya resultado ser su padre.
Para la ex castaña, Jane y Bryan Granger, eran y siempre serían sus padres. Ellos la habían criado y amado; y nadie podría decir lo contrario. En ese momento su corazón se llenó de melancolía —¡cuánto los extraño! —dijo pensando en ellos—. Prometo que apenas termine todo y si sobrevivo, iré por ustedes—. Lanzó una promesa, que sin ella saberlo aún; jamás podría ser cumplida.
De pronto sintió un ruido extraño, como garras y todos sus sentidos se pusieron en alerta; percatándose lo irresponsable que había sido al alejarse de los chicos e internarse en el espeso bosque. Volvió a escuchar, como si alguien pasara por detrás de ella, a una velocidad humanamente imposible y se dio la vuelta, con la varita en mano.
—¿Draco? ¿Blase? —preguntó cautelosa—. ¿Son ustedes? —pero no obtuvo respuesta alguna.
La gryfindor empezó a retroceder poco a poco, buscando volver al linde del bosque. Se empezaban a escuchar más movimientos cerca y sabía que la estaban rodeando. Apuntaba a distintas direcciones, cada vez que escuchaba un ruido nuevo, pero nada se asomaba o la atacaba. La respiración de la chica se volvió cada vez más superficial, hasta el punto de sentir su corazón latir en el cuello.
Por otro lado Blase y Draco, continuaban discutiendo sin percatarse de la ausencia de la ahora pelinegra. Los dos se habían enfrascado en una pelea verbal sin fin.
—Te dije que no es cobardía —se defendía el moreno—. Es autopreservación.
—Si claro —se volvió a burlar el rubio—. Admítelo Blase, te cagas de miedo.
—¡No tengo miedo! Se ve que te hace daño la influencia de cierta chica; ya que te estás comportando como un maldito gryfindor —se cruzó de brazos.
—Marica
—No soy… —iba a contestar Blase, pero fue interrumpido por un fuerte grito proveniente del bosque. Los dos miraron a todos lados, sin ubicar a cierta pelinegra y el miedo recorrió sus cuerpos.
—¡Mierda! —gritaron los dos al mismo tiempo, mientras corrían en dirección de un nuevo grito, con varita en mano.
Al llegar al lugar, encontraron a la chica tendida en el suelo, con lo que parecía ser un profundo corte en su pierna; mientras intentaba alejar a una decena de arpías, que buscaban llegar a ella a toda costa.
—¡Aléjense de ella malditas criaturas! —gritó Draco, mientras se lanzaba a defenderla, junto a Blase; usando todo su arsenal de hechizos que conocían. Varios rayos de luz verde chocaron contra algunas de ellas, haciéndolas precipitarse al suelo sin vida. Esto provocó que las demás huyeran, dejándolos tranquilos.
—¿Estás bien? —preguntó un preocupado rubio, mientras se agachaba y trataba de reincorporarla.
—Sí, me tomaron por sorpresa —respondió la chica, mientras se ponía nuevamente de pie, con ayuda de él.
—Eh chicos —se le escuchó al moreno, pero no le hicieron caso— ¡Hey!
—Ya sé lo que vas a decir Blase —lo cortó el rubio—. Entiende que debemos terminar con esto, para deshacernos de ese maldito.
—No es eso idiota —le respondió, casi gritando—. ¡Esas cosas están volviendo con más de ellas! —Señaló al cielo y precisamente, se aproximaba toda una bandada de arpías—. Mierda ¡corran!
Los dos hicieron caso y empezaron a correr, tratando de alejarse lo más posible; pero la pierna herida de Hermione, no le permitía ir muy rápido. Draco al ver eso, la subió a su espalda y siguió corriendo; pero aun así parecía que no avanzaban lo suficientemente rápido.
—Vamos allá —señaló la chica, con el dedo en dirección a un castillo que se encontraba en una pequeña elevación.
—¡Blase! ¡Al castillo! —indicó el rubio.
Mientras los tres trataban de avanzar lo más rápido posible a la edificación, las criaturas empezaban a lanzarse sobre ellos en picada, intentando herirlos. Hermione había invocado un escudo sobre ellos, pero el corte en su pierna había provocado que perdiera mucha sangre y empezó a sentir sus ojos pesados; debilitando su protección.
—No te duermas, ya falta poco —le dijo el rubio, al sentir su cuerpo laxarse—. Resiste.
La gryfindor intentó mantenerse despierta, pero su cuerpo no le respondió y se desmayó —mierda —dijo Draco al sentir el peso muerto, del cuerpo de la chica—. ¡Blase! —Llamó a su amigo, quien se acercó corriendo y la tomaba en sus brazos—. Llévatela, voy a intentar darles tiempo —el moreno asintió y salió corriendo con una Hermione desmayada en brazos; mientras que el rubio se preparaba, con la varita apretada en su mano.
Las arpías al percatarse que el escudo había desaparecido, se lanzaron todas en picada. Draco empezó a lanzar maldiciones a toda criatura que se acercaba, pero eran demasiadas y ya había recibido dos cortes por sus afiladas garras. Justo cuando una de ellas se le lanzaba encima, dispuesta a matarlo, fue derrumbada por una bola de fuego; y luego empezaron a caer otras bolas de fuego a las demás arpías.
—¡Por aquí! —Escuchó una voz y al voltear, pudo ver a un anciano con las manos extendidas, de donde salía el fuego—. ¿Por qué te me quedas mirando? ¡Vamos, mueve el culo! —y Draco, no esperó más y corrió donde él estaba, dentro del castillo; cerrándose las puertas tras ellos. El slytherin de pronto, alzó la mirada preocupado, buscando a sus compañeros de viaje; y pudo respirar tranquilo al percatarse que también estaban a salvo.
—¡Mocosos idiotas! ¿Qué mierda estaban pensando? —Empezó a despotricar de pronto el viejo—. ¿Acaso quieren morir?
Draco, no le hizo caso y se acercó a Hermione —¿Cómo está? —preguntó preocupado a Blase, mientras de fondo se escuchaba todo un pintoresco repertorio de malas palabras.
—A perdido mucha sangre Draco —respondió igualmente preocupado el moreno—. Necesita una poción reponedora de sangre ya.
—¿Y dónde consigo eso maldita sea?
—¡Muévanse! déjenme ver —les urgió el anciano, empujándolos a ambos, abriéndose paso. Sin embargo, sus pequeños ojos se agrandaron al ver a la chica—. Circe…
GRIMMAULD PLACE
Un punzante dolor en el hombro lo despertó y se encontró en su habitación. Theo se estaba empapado en sudor y sabía que se debía a las incesantes pesadillas que sufría, desde que el maldito de Voldemort, lo hechizó. Abrió su camisa y se descubrió el hombro izquierdo, justo donde ahora se encontraba la serpiente de la marca tenebrosa.
—¡Huy!, eso sí que se ve mal —escuchó una voz hacia la entrada de la habitación y pudo distinguir una silueta femenina en la oscuridad.
—¿Qué demonios haces aquí? —Soltó entre dientes—. Lárgate —se escuchó una carcajada en respuesta y la silueta femenina, empezó a avanzar hacia él; logrando revelar a Nicte.
—Eso modales deberías de cuidarlos Nott —lo regañó, como si de un niño pequeño se tratara—, podrías perturbar a la insípida de Luna con eso.
—Primero, vuelves a insultar a Luna y te vas a arrepentir —la amenazó; mientras que, con dificultad, se incorporaba de su cama. Intentó ponerse de pie, pero un mareo, lo obligó a mantenerse sentado.
—Si claro, como si tus amenazas me importaran —se burló la ahora castaña, mientras lo empujaba y debido a su debilidad, Theo cayó echado. Nicte, aprovechó el momento y se subió sobre él, a horcajadas.
—¿Pero qué mierda haces? —intentó sacarla de encima, pero su debilidad por la maldición era tal, que ni fuerzas para empujarla, tenía—. ¡Muévete maldita loca! —en respuesta escuchó una carcajada por parte de la chica.
—En serio Nott, sí que eres patético —dijo, mientras se acercaba al rostro del slytherin, que la trataba de asesinar con la mirada. Al agacharse, su escote se mostró más prominente; haciendo que Theo voltee hacia un lado—. ¿Qué? ¿Temes tener una mujer de verdad tan cerca? —Volvió a decirle, mientras lo tomaba del mentón para obligarlo a verla— ¿Temes descubrir que yo soy más que la insulsa esa? ¿Temes desearme? —Por un momento, Nicte pensó que lo había logrado quebrar; pero luego se dio cuenta que, lo que hacía era reventarse a carcajadas.
—Hay Nicte, la patética eres tú —contratacó el castaño—. En serio, debes estar bien aguantada por Weasley; como para creer que yo podría desearte a ti —continuó inyectando su veneno; ya que como buen slytherin, sabía muy bien cómo hacerlo.
—Yo no estoy aguantada por nadie imbécil.
—Por favor, eso no te lo crees ni tú misma —prosiguió con su burla—. Pero el problema es que no eres Hermione y si él llegara a acercarse, solo sería pensando que eres ella.
—Eso lo dices, porque crees que todas somos tan poca cosa como Luna.
—Lo digo, porque yo sí que tengo una verdadera mujer a mi lado; no un saco lleno de pura mierda, como lo eres tú.
En respuesta, recibió una bofetada por parte de una furiosa y dolida Nicte; quien se reincorporó de inmediato, dejándolo libre para tomar asiento nuevamente. La chica lo quedó viendo, con una mirada profunda de odio; pues, ella sabía que Ron solo se le acercaba porque pensaba que era su hermana; pero ella quería pensar, que también era merecedora de ese amor. De pronto, el rostro de la ahora castaña, cambió del puro rencor; a uno burlesco.
—No sabes lo gratificante que fue saber, que mi padre hizo justicia contigo —esto fue un golpe bajo a Theo.
—¿De qué mierda hablas?
—No sabes lo feliz que estaba, que su hija se comunicase con él; porque había descubierto a un traidor.
—¡Maldita perra! ¡Fuiste tú! —en respuesta, la chica se empezó a reír, mientras se marchaba de la habitación; dejando en ella, a un furioso Nott.
TRACIA – MAR EGEO
Escuchaba unas voces a lo lejos, pero los ojos le pesaban tanto; que no se atrevía a abrirlos. Hasta que su cerebro recordó todo lo acontecido y se incorporó de golpe, con la respiración entrecortada. La luz de la habitación le dio de lleno y tuvo que entrecerrar los ojos, para que no le doliesen. Luego, sintió unas manos en sus hombros que la empujaban para recostarla, volteó para ver quién era y su semblante se tranquilizó al ver que era Draco.
—¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? —preguntó angustiada.
—Shh tranquila, estamos a salvo —la calmó el rubio, hasta acostarla nuevamente.
—Así que ya despertaste —escuchó una voz y buscó de dónde provenía; pudo ver a un anciano a los pies de la cama—. Necesito hablar con ella —exigió como si le estuviera hablando a unos súbditos.
—¿Quién te crees para hablarnos así? No nos moveremos —dijo un ofendido Blase.
—No pienso dejarla sola —secundó Draco, tomándola de su mano; lo que la hizo ruborizarse.
—Esto no les incumbe a ustedes —les respondió de forma despectiva el viejo—. Solo a ella le diré lo que vinieron a buscar.
—Está bien chicos, déjenme hablar con él —ambos slytherin, se tomaron su tiempo antes de abandonar la habitación. La chica siguió con la mirada a sus dos nuevos compañeros de aventuras y una pequeña sonrisa se le escapó, por el porte protector de ambos.
—Tantos siglos sin vernos, querida Circe —esta vez la voz del anciano fue dulce, como si le hablara a una vieja amiga.
—Disculpe señor, pero soy Hermione Granger —trató de persuadirlo—. Me está confundiendo con otra persona —ese nombre, aún la perseguía desde la isla de Lemnos y no había tenido el valor de contárselos a los chicos y menos de procesarlo, por completo.
—No, sé muy bien quien eres —la contradijo—, te reconocería en cualquier parte —Hermione suspiró, veía que era inútil tratar de contradecir al hombre.
—Supongo que usted es el rey Fineo —él solo asintió.
—No te preocupes, ya volverán —le sonrió.
—¿Quiénes volverán?
—Tus otros recuerdos, siempre lo hacen —luego se quedó por un momento observándola—. Aunque; ahora que te veo bien, estás distinta. Y no hablo de ese feo cabello negro que te manejas hoy —dijo mirando mal a sus rizos azabache, lográndola sentir incómoda.
—No le entiendo.
—Espera, no puedo —la gryfindor estaba confundida, por el comportamiento del anciano. Quien puso sus manos sobre la cabeza de la chica, cerrando los ojos—. Mucho mejor, no hay como el castaño original.
Hermione se agarró la cabeza, como protegiéndola. Luego volteó hacia un espejo que tenía al lado derecho de la cama y pudo ver nuevamente su natural cabello color miel.
—¿Cómo lo hizo?
—Magia elemental querida —le respondió con el entrecejo fruncido—. Tú fuiste quien me la enseñó.
—¿Yo? Pero es imposible, yo no lo conozco señor.
—Oh sí que nos conocemos; y muy bien por cierto —le lanzó a modo de confidencia—. Yo solía ser muy apuesto en esos años —Hermione se puso roja ante la insinuación del viejo—. Bueno, en realidad conocí a una de tus reencarnaciones; pero ¡Qué años!
—Reencarnaciones, ya veo que no mentían esas mujeres —habló la castaña, asimisma.
—Hablarás de las mujeres de Lemnos —la interrumpió el anciano—. Muy bellas sí, pero también muy locas.
—Ellas me dijeron que era la reencarnación de la diosa Circe, pero eso es imposible. Yo soy una bruja común y corriente.
—Nada de eso, tú no tienes nada de común y nada de corriente, en ninguna parte de ti —la contradijo—. Eres perfecta y ahora más que nunca —se la quedó observando por un instante, antes de proseguir—. Tengo la ligera sospecha que eres diferente a las otras; hay una energía más fuerte y tu poder se siente cada vez más.
—Rey Fineo, no sé si soy una reencarnación; pero hemos venido por su ayuda —Hermione habló directamente, ya habían perdido mucho tiempo.
—¿Para qué quieren entrar ahí? ¿No saben que es peligroso?
—No puedo decirlo, aunque sospecho que realmente sabe la respuesta —le respondió la gryfindor.
—Hermosa e inteligente, definitivamente eres Circe.
—Entonces si soy ella, le pido que por una antigua amiga, nos ayude —Fineo suspiro, antes de empezar a dar vueltas por la habitación.
—Es muy peligroso Cir.
—Lo sé.
—Primero prométeme que tomarán lo que vayan a buscar y se largarán de inmediato.
—Eso haremos.
—Si durante su estancia en el laberinto, la temperatura aumenta un solo grado; prométeme que darás media vuelta y saldrás de ese lugar.
—¿Entonces es verdad la leyenda?
—¿Del minotauro? —Preguntó, antes de soltar aire—. Por supuesto que lo es.
—Pero pensé que si era real, ya lo habían asesinado.
—Ese monstruo no puede morir —le contó—, solo entra en un profundo sueño, si logras herirlo de gravedad claro; y se despierta luego de unos siglos.
—Ya veo —la cabeza de la castaña, era todo un lío. Había leído sobre el minotauro, pero ahora no sabía qué cosas eran verdad y cuales, creación de la gente.
—En la plaza central del Palacio de Knossos, ahí debes buscar un "Labrys".
—El símbolo de Zeus.
—Y también de donde proviene la palabra laberinto.
GRIMMAULD PLACE
Ron se sentía un traidor a su casa, se supone que era la de los valientes y de valentía no tenía ni un ápice. Hace días que en su cabeza rondaba declararse a Hermione, incluso había conversado con Harry y a pesar que su amigo no estaba muy convencido; él sentía que había una conexión distinta con la castaña, una que desde su escape de los Mortífagos, se había intensificado.
Pero cada vez que se resolvía a decirle lo que sentía, su boca se secaba al punto de dejarlo mudo y sin voz suficiente, como para emitir palabra alguna. Es que esos hermosos ojos castaños, lo volvían estúpido y la forma de mirarlo; como si él fuera importante, era suficiente para hacer latir su corazón.
—Ron —escuchó a lo lejos—. ¡Ron! —Esta vez salió por completo de sus pensamientos y pudo ver una sonrisa burlona en Hermione—. ¿Por qué tan distraído?
—Disculpa, me perdí por un momento.
—¿Un momento? —Soltó una suave carcajada Nicte—. Te vengo preguntando hace más de media hora —esto hizo que el Gryfindor se pusiera tan rojo como su cabello.
—Lo siento, últimamente estoy muy distraído —se disculpó—. ¿Qué me preguntabas?
—Quería saber qué opinas sobre este hechizo que encontré para destruir los Horrocrux —cuestionó la ex pelinegra, sosteniendo en alto un libro de la biblioteca.
—Ehhh… Si está bien —dijo nuevamente encerrado en sus pensamientos el pelirrojo. Nicte dio un suspiro y cerró el libro.
—Muy bien, dime ¿Qué sucede? —preguntó ya un poco contrariada; la verdad desde hace unos días lo había sentido distante y eso le hacía sentir un dolor en la boca del estómago, que no lograba interpretar.
—¿Sucede?
—Sí, sucede —respondió un poco brusca—. La verdad es que todos estos días te noto distante, como si te molestara mi presencia —le reclamó.
—¿Molestarme tu a mí? ¿En serio piensas eso? —se sorprendió al darse cuenta que había mandado un falso mensaje a la castaña.
—Es obvio ¿No?
—Por supuesto que no Hermy, no es eso —Grandioso, en su estupidez le había hecho creer a la chica que le gustaba, todo lo contrario.
—Entonces ¿Qué es? —ante eso Ron se volvió a colorear de un rojo intenso.
—Es que hay algo que quería decirte hace mucho —dijo retorciendo sus manos, de puro nerviosismo.
—Dímelo ahora —respondió Nicte, con el corazón acelerado sospechando qué era lo que quería decirle el pelirrojo.
—Bueno es que tú… yo… —¡Maldición! De nuevo esa sensación de tener la boca seca. Debía calmarse, era ahora o nunca—. Tú me gustas Herms —soltó a bocajarro.
—Tú también Ron.
—Yo sé que no soy muy listo como tú y de que seguro esperabas estar con otro chico, pero no puedes negar que hay algo… —de pronto se quedó en silencio y volteó a verla con los ojos como platos—. ¿Yo te gusto? —en respuesta, la chica solo asintió con una sonrisa.
El Gryfindor no pudo controlarse más y se lanzó a los labios de la ahora castaña, quien lo recibió enredando sus manos en su rojizo cabello. El beso se tornó largo y es que ambos habían esperado mucho tiempo este beso; era como una explosión interna, poder sentir los labios del otro; y Nicte no encontró otra forma para describir lo que sentía en ese momento, que "Felicidad". Pura, agobiante y hermosa felicidad.
…
Hola a todos, sé que me desaparecí por un buen tiempo; pero lamentablemente esta situación con esta maldita enfermedad, llegó a afectarme directamente. He perdido tres familiares a causa del Coronavirus y soy sincera, mi mente quedó en blanco. A pesar que tengo ya en esquema varios capítulos; las palabras no salían y ruego que me disculpen, porque estoy completamente comprometida en terminar la historia y no dejar al aire, a quienes me leen.
Igualmente, quiero agradecer a todos los que me están leyendo ahora, a pesar del tiempo pasado entre capítulos y sé que no actualizo tan rápido como quisiera; pero intento hacerlo lo más rápido posible.
Por último, para ya no aburrir a nadie, les deseo toda la salud del mundo; porque he llegado a aprender que es de las cosas más importantes en la vida, junto a la familia y seres queridos. Muchas bendiciones y buenas vibras.
