DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia NO ME PERTENECEN. Son propiedad de JK Rowling.


EPÍLOGO - DOS MESES DESPUÉS

SCORPIUS

Un fuerte olor a desinfectante llegó hasta mí cuando abrí la puerta del departamento. Suspiré porque sabía exactamente de dónde procedía.

-¿Mamá? ¿Dónde estás? – pregunté

-En la cocina cariño – respondió ella de inmediato – Pero no vengas aquí, aún no tengo todo listo

Me abstuve de preguntar qué era lo que no estaba listo y me dejé caer en el sofá. Había sido un día cansado en el taller y moría de hambre y de sueño.

-¿Cómo te fue en el trabajo?

Astoria entró a la sala y noté que parecía agitada, probablemente por haber estado fregando una vez más toda la casa.

-Mamá no tienes que limpiar todas las cosas todo el tiempo ¿sabes? – le pregunté

-Lo sé, yo sé – ella se sentó a mi lado y sonrió – Pero me ayuda a estar concentrada y no… no pensar en otras cosas.

Ella se ruborizó y ladeó la mirada, aunque podía adivinar el rumbo de sus pensamientos. Limpiar la ayudaba a no pensar en beber alcohol. Desde que había salido del hospital, Astoria había dado un cambio radical. Prometió dejar de beber y hasta asistía a reuniones de Alcohólicos Anónimos. Por supuesto había tenido algunas recaídas, pero en general ponía de su parte para no beber. Y eso se notaba. Cada día se veía más sana y estaba más atenta a todo. Lo único malo es que parecía canalizar su ansiedad por la bebida con su nueva obsesión por la limpieza.

-Entonces ¿cómo te fue en el trabajo? – insistió tras unos largos segundos de silencio.

-Bien, todo estuvo muy tranquilo – me encogí de hombros – Hay mucho trabajo y eso me favorece porque recibo una comisión por cada auto o moto que arreglo.

-Eso es fantástico cariño – sonrió ella – Pero no te exijas demasiado ¿está bien? Todavía estás recuperándote y…

-Mamá, ya estoy recuperado

Astoria asintió pero aun así llevó su mirada hacia mis brazos. Hice lo mismo y pude ver las cicatrices dejadas por el cuchillo en mi antebrazo. Ahora eran de un tenue color rosa, al igual que las de mis muslos y vientre. Y aunque al inicio me daba mucha rabia verlas, entendía que era mejor tenerlas ahí porque era un recordatorio continuo de lo que podía pasarte cuando tomabas decisiones incorrectas.

-Tengo una sorpresa para ti – dijo Astoria de pronto y tras revisar algo en su celular – Espera aquí

Solté una risita al verla dirigirse muy animada a la cocina ¿Qué habría estado preparando? Sólo esperaba que no fuera algún experimento culinario porque realmente no se le daba muy bien la cocina.

Pero Astoria, para mi sorpresa, regresó con un pequeño pastel en sus manos.

-Feliz cumpleaños cariño – dijo Astoria con un hilillo de voz – Ya pasa de la medianoche así que es ya tu cumpleaños – ella se sentó a mi lado y tomé el pastel de sus manos – Quise sorprenderte con esto ya que es una fecha tan especial

Un nudo de emoción se formó en mi garganta. Miré a mi madre y le sonreí ampliamente.

-Gracias mamá, en serio – le dije – Pero mmm ¿esto es comestible?

-¡Claro que sí! – ella rió, como esperaba que lo hiciera – Para ser honesta Daphne me ayudó a prepararlo pero yo lo decoré.

Estudié el glaseado y sonreí. Era muy rústico y por supuesto no podría ser obra de nadie más que mi madre.

-Te quedó bonito – le aseguré, animándola – Gracias mamá.

-Soy yo la que debe agradecer cariño – ella empezó a sollozar – Ahora eres todo un hombre y no gracias a mí. Soy… soy consciente de que nunca te atendí, que te excluí de mi vida después de que tu padre nos abandonara y…

-No hablemos de eso, por favor – le pedí – Mejor comamos el pastel ¿te parece? Además tengo mucha hambre y algo dulce me vendría bien.

-Claro, claro, como quieras – Astoria me sonrió – Iré por platos y cucharas. Pero antes… antes déjame darte un abrazo.

Astoria se lanzó a mí y la rodeé con mis brazos. Ni ella ni yo estábamos acostumbrados a ser tan efusivos pero no pensaba rechazarla. No cuando finalmente ponía de su parte para que estuviéramos bien.

-Bueno… iré a por esos platos

La observé irse y regresar con unos platos y dos latas de soda para ambos. Corté el pastel en silencio y serví generosas tajadas para ambos.

-Podrías guardarles un poco a Theo y Cassie – sugirió mamá y añadió – Y por supuesto a Rose

Reí entre dientes. Lo cierto es que mamá no terminaba de aprobar a mi novia y, aunque le había preguntado sobre el por qué, no me daba un motivo concreto. Yo suponía que eran celos de madre o algo así.

-Claro, guardaré algo para ellos – respondí – En realidad insistieron en que esta noche hiciéramos algo

-Eso es bueno. Mereces distraerte – sonrió mamá

Me llevé una bocanada de pastel a la boca y probé. Sabía muy bien. Astoria sonrió al notar mi gesto y comimos en silencio.

-La verdad es que también tengo un regalo para ti – dijo haciendo a un lado su plato

-¿Qué es? – pregunté sorprendido

Mamá sacó algo del bolsillo de su pantalón y me lo entregó. Era una pulsera de cuero negro.

-Era de tu padre – dijo – Sé que no guardas buenos recuerdos de él y lo entiendo, pero me parece que deberías tenerla.

-Yo eh… gracias, supongo – respondí sin saber realmente cómo sentirme

-Tu padre no fue siempre una mala persona ¿sabes? Fue muy atento y cariñoso al principio – ella suspiró y yo me pregunté si con "al principio" se refería a antes de que yo existiera – Físicamente te pareces mucho a él pero tú Scorpius… tú eres muchísimo mejor de lo que él era. Eres una buena persona, cariño.

-¿Buena persona? ¿Crees eso realmente? Porque he cometido tantos errores, hice cosas malas y…

-Sí pero eso fue porque te viste obligado a hacerlas… porque yo no estuve allí para ti – Astoria me miró y sus ojos brillaban con lágrimas contenidas – Lo siento tanto cariño. Lamento haber fracasado como madre.

-No fracasaste – me apresuré a decir – Sólo fuiste…

-¿Descuidada? ¿Imprudente? – ella sonrió – Aun así Scorpius, agradezco que sigas aquí. Agradezco cada cosa que hiciste y haces por mí. Te amo cariño, por favor, nunca dudes de eso. Nunca.

-También te quiero mamá. Mucho.

Abracé a Astoria y sentí como se desvanecía un peso que no sabía que cargaba. Por supuesto ella y yo aún teníamos mucho camino que recorrer y sabía que no sería sencillo, pero no pensaba darme por vencido con mi madre o aferrarme a antiguos rencores. Me gustaba el lugar en el que estábamos ahora y lucharía por conservarlo. Después de todo, teníamos todo el tiempo del mundo por delante.


EPÍLOGO - DOS MESES DESPUÉS

ROSE

Alisé los pliegues de mi vestido con cuidado y observé mi reflejo. Había pasado las dos últimas horas arreglándome y había dado sus frutos pues me gustaba lo que veía. Sonreí a mi imagen en el espejo y añadí una capa extra de brillo labial antes de tomar mi bolso y salir de mi habitación.

-¡Wow! ¡Te ves muy linda Rosie! – comentó Hugo mientras hacía a un lado su cuaderno de dibujo y se acercaba a mí

-¿Vas a salir? – preguntó Dominique desde la sala

-Te comenté sobre esto ¿recuerdas? Es el cumpleaños de Scorpius…

Dominique, como siempre que algo no le gustaba, arrugó la nariz al escuchar hablar sobre mi novio.

Después del episodio del hospital habíamos conversado mucho e intentábamos llevar la fiesta en paz por nuestro hermanito, aunque una que otra vez ambas habíamos explotado de rabia. Ahora, sin embargo, Dominique estaba siendo un poco más abierta respecto a mi relación con Scorpius. Y aunque no permitía que él entrara a casa, al menos dejaba que saliera en citas con él.

-¿Su cumpleaños? Vaya – replicó ella sin entusiasmo - ¿A dónde irán?

-Cenaremos algo y luego vamos a reunirnos con Cassandra y Theo, ya sabes, pasar el rato

-Ajam, ya – mi hermana suspiró y miró su celular – Puedes regresar a las doce supongo

Asentí sin querer contradecirla a pesar de que me hubiera gustado un permiso más extendido.

-¿Quién va a llevarte a donde sea que vayas? – quiso saber

-Pedí un taxi. Ya debe estar llegando

Dominique volvió a centrarse en su libro y yo ayudé a Hugo a colorear un poco en lo que el taxi llegaba. Cuando el conductor me indicó que estaba esperándome me despedí de mis hermanos y bajé hacia la primera planta.

Saludé al conductor y le indiqué la dirección para luego sumirme en mis pensamientos. Estaba nerviosa y ansiosa porque realmente quería que fuera un día especial, ya que después de todo por lo que habíamos pasado, nos lo merecíamos.

-Ya llegamos señorita – anunció el hombre

-Gracias – dije dándole el dinero

Bajé del vehículo, volví a alisar mi vestido y abrí la reja del edificio. Era una cálida noche de marzo y aunque Scorpius no me esperaba hasta dentro de un par de horas, había querido darle una sorpresa.

Subí hasta su departamento y toqué el timbre. Unos segundos después él mismo me abrió la puerta por lo que me lancé en sus brazos y susurré feliz cumpleaños a su oído.

-¿Rose? Creí que nos veríamos luego – dijo confundido pero sonriendo

-Quise felicitarte antes de ir directamente con los chicos – sonreí - ¿Puedo pasar?

-Ah sí, claro

Scorpius se hizo a un lado y entré en el departamento. El lugar estaba muy limpio y olía a desinfectante. Probablemente su madre había estado limpiando otra vez.

-Mamá no está aquí – me dijo mientras no sentábamos en el sofá – Pero tengo pastel que ella misma preparó para mí

Noté el orgullo y cariño en su voz y sonreí. Me gustaba que se llevara mejor con su madre porque eso lo hacía feliz y él merecía serlo.

-Claro que quiero pero antes… - solté una bocanada de aire – Tengo esto para ti – busqué en mi cartera y saqué el paquete que había forrado con cuidado – Feliz cumpleaños rubio

Él me miró levantando sus pobladas cejas y abrió el paquete.

-¿Un reloj?

-Mi padre solía decir que todo hombre debía tener uno – expliqué – Y como cumples 18 pues… me pareció adecuado

-Gracias pelirroja, me gusta mucho – él se acercó a besarme y respondí al contacto al instante. El beso fue corto sin embargo – Voy a ponérmelo justo ahora.

Sonreí, animada y lo observé colocárselo. Noté también que estaba usando una pulsera que nunca había visto.

-Esa me la dio mi madre – respondió él a la pregunta que no hice – Era de mi papá y bueno… creyó que sería momento de que la tuviera.

-Va bien contigo – comenté mientras pasaba los dedos sobre la pulsera, que tenía una M grabada.

-Sí, supongo – él se encogió de hombros – Honestamente no me importan mucho los regalos. Tenerte a ti es todo lo que deseo.

Me derretí ante sus palabras y me acerqué para besarlo. Scorpius me recibió en sus brazos y pasé estos por su cuello para enterrar mis manos en su rubio cabello.

Los besos fueron subiendo de intensidad y, de pronto, estábamos dirigiéndonos a su habitación. Scorpius me acostó con cuidado sobre su cama y jadeé al sentir su cuerpo sobre mí. Él se apartó un poco y me miró, preguntándome tácitamente si debíamos seguir. Pero yo no tenía dudas. Tal vez era el haber estado muy cerca de perderlo o simplemente el inmenso cariño que sentía por él pero estaba lista para el siguiente paso. Quería hacerlo y así se lo dije.

Nuestras ropas fueron desapareciendo y pronto nos sentimos piel a piel. La sensación era nueva e increíble y Scorpius fue cariñoso y completamente cuidadoso conmigo.

-Te amo – le dije una vez que terminamos, abrazados

-Te amo más, pelirroja – suspiró él, mirándome directamente con sus preciosos ojos azules – Te amo porque cambiaste totalmente mi mundo, porque debido a ti soy alguien mejor.

Enterré mi nariz en su pecho y aspiré su conocido aroma a menta. Ahora que estábamos así, juntos y más unidos que nunca, sentía que por fin estaba completa. Sentía que tras tantas malas noticias y cambios en mí vida, al fin había encontrado mi lugar.

FIN


N/A: ¡Y llegamos al final de la historia! Quiero agradecer a las personas que colocaron este fanfic entre su favoritos y también a los que siguieron la historia. Mil varitas de regaliz para ustedes ;) La historia de Cass y Albus la subiré en un par de días, si desean leer podrán encontrarla en mi perfil, se llamará Gracias a ti.