Los Amamiya
Capítulo 26: Estigma
-¡¡Mmm!! ¡¿Cómo es posible que alguien pueda cocinar de manera tan exquisita?!- Exclamó con entusiasmo a la vez que soltaba toda clase de sonidos de satisfacción aquella alegre y hambrienta invitada que degustaba con voracidad los alimentos distribuidos en aquella improvisada mesa colocada en medio del pequeño patio de la casa a la vez que su acompañante comía con el mismo entusiasmo aunque con algo más de discreción. Aquellas dos personas sin duda eran diferentes en muchos aspectos pero ser capaces de devorar tres veces el alimento de alguien normal y aquella cara de felicidad que ponían cuando algo realmente les agradaba sin duda era una característica que compartían y que no había cambiado a pesar de la marea de sucesos que los había arropado en el último año.
-Lamento que no haya mucho más. Fue una verdadera sorpresa el que regresaran hoy. Mi hermano no dijo nada de ello.- Explicó Sakura mientras retiraba de la boca de el pequeño bulto en sus brazos el segundo tetero de leche desde que los había recibido en la puerta y tal y como le había indicado la madre colocaba un chupón en su lugar antes de que este soltara algún grito por la ausencia de aquel preciado líquido. Y es que aquella diminuta criatura rubicunda sin duda le hacía honor a su nombre al ser demasiado glotón para su diminuto tamaño, muy contrario a su hermano quien desde que habían llegado estaba dormido entre los brazos de su padre sin quejarse ni llorar ni una sola vez, pero con el pequeño ceño fruncido como si estuviese molesto por algo.
Para ser sincera aún no se recuperaba de la alegría y sorpresa que le produjo encontrarse con aquel par de personas frente a la puerta justo después de que el sonido del timbre retumbara en toda la casa con insistencia. Nakuru, Yukito y los pequeños Spinel y Kerberos habían llegado a Tomoeda está vez para quedarse y claro está, solo les bastó arrojar sus maletas en casa para ir a su encuentro.
-En realidad tampoco le dijimos nada pequeña Sakura, Nakuru pensó que sería más divertido si era una sorpresa. Así que no se preocupe por la comida. Estamos más que satisfechos, muchas gracias.
-Gracias a ustedes por acompañarnos. Será un placer recibirlos siempre que deseen ahora que seremos vecinos otra vez.- El chico de cabello plateado no pudo evitar sonreír mientras notaba que los ojos de aquel señor a quien veía como su padre seguían mirándolo con el mismo cariño de siempre a pesar de todo lo ocurrido. Al principio no estaba seguro de si las cosas podrían ser normales otra vez y debía confesar que la idea de volver a verle le había causado cierto nerviosismo, pero ahora observándolo sostener a su hijo con tanto cariño sentía una alegría y paz que no podía contener en el pecho.
-Bueno, la comida ha sido de ensueño en verdad. Pero hablemos de lo importante.- Propuso Nakuru después de pasar su dedo por el resto de salsa sobrante en el plato mientras se inclinaba hacía adelante en la mesa y veía a todos entusiasmada. – Cuenten. ¿Cómo están los tortolitos? ¿Ya ha dejado Touya de ser un gruñón ahora que está perdidamente enamorado?
Los ojos de Sakura se abrieron ampliamente al escuchar aquello mientras su padre poniéndose realmente inquieto intentó hacerle alguna seña a Nakuru para indicarle que no era una buena idea plantear tal tema, cosa que no evitó que Sakura contagiándose de su entusiasmo se sintiera aleccionada a hablar de aquel asunto que hasta ese momento había sido un misterio en esas cuatro paredes.
-Mi hermano no hablado nada al respecto con nosotros pero… hace unos días llamó para avisar que se quedaría en casa de una antigua compañera de preparatoria para cuidarla. Lo sospechoso es que desde entonces él llega bastante tarde a casa, y en una ocasión hasta trajo labial en una camisa, así que estoy casi segura de que ellos…
-Hija… ¿No crees que tu hermano se enojaría si te oyera hablando de sus cosas cuando no hay nada confirmado? Creo que es mejor idea que comamos el postre. -Propuso Fujitaka interrumpiéndola con una sonrisa, a lo que Sakura obedeciendo de inmediato le entregó al pequeño Kero a Nakuru y caminó hasta dentro de la casa mientras el pequeño bebé como si percibiera la confusión de sus padres comenzaba a llorar profusamente haciendo que fuese imposible para Sak9ura escuchar lo que se estaba hablando en aquel ahora tenso comedor.
-¿Qué rayos fue eso? Yo hablaba de la señorita Tomoyo, cuando nos visitaron esos dos estaban locos uno por el otro.
-Han pasado muchas cosas desde entonces, querida Nakuru. – Reconoció el señor mientras se perdía en su bebida y reflexionaba en lo difícil que se habían puesto las cosas de hacía dos semanas hasta allá. Touya estaba cada vez más distante y la verdad es que hacía mucho no tenía una conversación real con él, la última vez que había conseguido sacarle algo de información le había preguntado acerca de el lugar donde se estaba quedando tanto tiempo y su hijo le había explicado ambiguamente que estaba frecuentando la casa de una amiga. Touya jamás había sido del tipo de chicos que visitaban mujeres a solas así que él que le dijera aquello evitando su mirada le indicó que aquella relación que tenía con ella no era precisamente la de dos simples amigos, lo que le había dejado tan descolocado como lo estaban aquellos dos en ese momento, aunque lo peor de todo había sido la expresión de su rostro al preguntarle sobre que había pasado con Tomoyo, no recordaba la última vez que lo vio mostrar tanta desilusión y enojo al mismo tiempo. Cuando intentó investigar un poco mas el había sido sumamente tajante y le había solicitado no preguntar más al respecto. Un hondo suspiro salió de sus labios para intentar disipar un poco el peso de su impotencia en ese asunto que ahora definitivamente se le había salido por completo de las manos y retirándose los lentes procuró limpiarlos en un esfuerzo por esconder la tristeza de su mirada.
-Se que deben tener muchas preguntas, pero yo no soy el más indicado para contestarlas. Solo les puedo decir que esos dos han tomado caminos separados.
-¡Eso no es posible!- No tardó en exclamar una enfurecida Nakuru mientras golpeaba su puño contra la mesa llena de platos vacíos. -Usted debió ver como la miraba. ¡Jamás había visto a Touya con una expresión tan boba en la cara! Él es un tipo raro pero de ahí a cambiar de sentimientos de manera tan repentina, eso ni hablar. ¡¿Cómo demonios terminó con otra mujer?!
-También es desconcertante para mi, pero aunque me pese inmensamente decirlo no hay mucho por hacer. El asunto es que Sakura no sabe ni de Tomoyo ni de la otra chica así que lo mejor es no hablar de ello en su presencia.
Nakuru estaba a punto de lanzar una nueva réplica para refutar aquello que se negaba a aceptar cuando Sakura apareció con un gran pastel en las manos diciendo que podían comer todo lo que quisieran, cosa que la bulliciosa chica ni siquiera miró. Solo se limitó a ponerse de pie estruendosamente y salir caminando dispuesta a irse del lugar mientras Yukito se disculpaba con ellos dos y salía tras ella, comprendiendo sin que le dijera nada lo que le pasaba por la cabeza. Y es que después de oír tal noticia Nakuru estaba tan molesta que ya no tenía hambre.
-También me alegro de que estén en Japón, ¿pero era necesario hacer tanto escándalo para saludar?- Indagó Touya mientras masajeaba el puente de su nariz y se dejaba caer en el banquillo de la cafetería que Nakuru le había obligado a buscar para que le comprara algún postre y dejara de vociferar frente a la empresa toda clase de barbaridades en su contra mientras Yukito solo la observaba algo apenado por la situación.
-Nadie te ha dado permiso para hablar. Aquí solo eres el desgraciado que contestará mis preguntas con toda la verdad.- Señaló ella en voz alta apuntándolo con el tenedor que había estado hundiendo en aquel pedazo de tarta con una fiereza tal que parecía ir a hacerle un agujero a la pequeña mesa. - Tienes cinco segundos para decirme quien es esa arpía con la que sales y porque demonios no estás con Tomoyo.
-Primero ella no es ninguna arpía. Es maestra de primaria, una chica bastante calmada y no vocifera mentiras frente al trabajo de otras personas. Estoy seguro de que Yukito aun recuerda a Yoko.- Aclaró mientras fruncía el ceño y apretaba un poco el nudo de la corbata que Nakuru le había arruinado cuando lo cogió de ella para meterlo en aquel establecimiento mientras el aludido colocaba la mano en su barbilla y procuraba hacer memoria.
-En realidad la señorita Nakagawa como la conocía entonces, siempre se caracterizó por ser una chica aplicada, bastante tranquila y respetuosa. Una de las pocas chicas con la que Touya cruzaba más de dos palabras.
-Lo ves.
-¡¿Y por esa aburrida profesorcita de mocosos tiraste a la basura tu hermosa relación con Tomoyo?! ¿Qué? ¿Ella si quiso acostarse contigo a la primera?
-Cálmate Nakuru por favor.- Solicitó Yukito algo inquieto mientras intentaba que bajara la voz para quitar de ellos el medio centenar de miradas que los cubrían en aquella cafetería prácticamente llena. Touya no había respondido ni su pregunta ni su acusación pero tenía los brazos entrecruzados y una ceja más elevada que la otra por lo que conociéndolo bien como de hecho lo hacía estaba seguro de que la insistencia de Nakuru en mencionar el nombre de la amatista ya lo estaba sacando de sus casillas.
-No puedo tirar a la basura algo que jamás existió. Y sea cual sea mi razón para salir con Yoko, creo que a mi edad puedo decidir estar con quien me plazca.
-¡Te equivocas! Solo puedes estar con la persona a la que amas y esa es Tomoyo. ¿Acaso es tan difícil de entender para esa cabeza hueca tuya?- Vociferó ella aun más indignada teniendo que ser detenida por Yukito para que no cruzara sobre la mesa y le diese un par de bofetadas al moreno, mientras miraba a todos lados profundamente preocupado, y es que si no conseguía que se comportara solo sería cuestión de tiempo para que algún encargado apareciera y los echara del lugar por poner en peligro la paz de los demás comensales.
-Se que todo esto es difícil de asimilar para ustedes, pero deben aceptar que ella es mi realidad ahora.- Señaló él moreno mientras soltaba un suspiro lleno de cansancio y masajeaba su cada vez más estresada cabeza. - De hecho mañana su clase tendrá una obra por el verano y me dijo que puedes ir si tienes un boleto. A ti te encantan esas cosas Nakuru, si quieres le pido que les consiga alguno y así te convences de que es una buena chica.
-¡No, no quiero! ¡No voy a conocer a esa mujer! ¡Odio a los cobardes que abandonan lo que quieren, ese no es el Touya que yo conozco! - Gruñó la enardecida mujer y en un dos por tres salió de la cafetería llevándose por delante al camarero que iba en su dirección derramando en el suelo el pedido que este cargaba en su bandeja y que tal y como ella le indicó al siniestrado, Touya tendría que pagar también.
-Discúlpala, está enojada porque no pudo comerse el postre en tu casa.
-Está bien. Ya estoy acostumbrado a sus locuras. – Reconoció el moreno mientras insistía en masajear su frente en un esfuerzo por manejar su enorme tensión, a la vez que Yukito quien no había probado nada de lo que pidió su compañera continuaba mirándolo con algo de tristeza.
-Touya… ¿en serio estás bien?
-Si, lo estoy. Yoko es una buena chica.
-No es ella la que me preocupa. Cuando hablamos hace dos semanas atrás, parecías muy convencido de tus sentimientos por Tomoyo, así que el que ahora estés con alguien más me parece inaudito.- Reconoció el hombre de cabello plateado mientras lo veía llevar sus manos a la taza de café que aún no lo habían dejado probar frunciendo a más no poder el ceño al tomar el primer sorbo.
-Lo estaba, hasta que ella se revolcó con un tipo tan pronto regresamos.
-¡Eso es absurdo, Touya! Ella jamás haría algo como eso, no está bien que seas tan desconfiado.
-¡Tu tampoco parecías ir a alejarte de mi y mira donde estamos ahora! - Le gritó mientras se ponía de pie y lo miraba a los ojos con indignación. - Así que perdóname si tengo problemas de confianza, si no puedo ser el mismo crédulo de siempre, pero cuando le entregas todo a alguien y lo tira como si fuera nada, algo dentro de ti se quiebra.
Aquel amargo sabor que sintió en su paladar al ver como la mirada de Yukito se llenaba de pesar ante su reproche, fue aun peor que el que bajó por su garganta debido al líquido oscuro que había llevado a su boca unos segundos antes y al que había olvidado agregarle azúcar. Sabía que Yukito aun no se perdonaba por lo ocurrido y que de por si se sentía responsable por su falta de seguridad en los demás. Pero aunque lo cierto es que había zanjado ese asunto en su corazón hacía mucho ya y la verdad aquella no era la manera en cómo en realidad se sentía, arremeter en su contra era la única forma que conocía para liberarse de su propia culpa. Para justificar lo injustificable en su conducta.
-Solo… déjenme en paz. – Murmuró mientras bajaba la mirada incapaz de seguir viendo a aquella persona que se había quedado completamente muda frente a él y volvió a sentarse en su lugar agregando un par de cucharadas de azúcar a su taza y entonces escuchó a Nakuru entrar a la cafetería como una bala y después de rezongar a Yukito por ponerse del lado de los traidores, lo sacaba casi a rastras de la cafetería mientras él hacía señas para que le trajeran la cuenta y miraba su reflejo en aquella turbia taza cuyo líquido sabía ya no iba a beber.
¿Acaso era cierto que era un cobarde? ¿Acaso en serio se había convertido en una persona diferente, menos humana tal y como le había acusado Nakuru?
El llamado de atención del camarero que ya había regresado con su cuenta le hizo despertar de sus pensamientos y colocando el total a pagar dentro de la carpeta se puso de pie dispuesto a abandonar aquel lugar, concluyendo que de poco servía darle más vueltas al asunto. Hace dos semanas, justo después de confirmar sus temores, había aceptado que Yoko fuera parte de su destino, así que a aquellas alturas nadie tenía derecho a opinar al respecto.
-Fue una grata sorpresa que vinieran a casa. Aunque no le voy a negar que me preocupó un poco que la señorita Nakuru se haya quedado dormida tan de repente. - Reconoció Tomoyo mientras una de las sirvientas de la casa servían algo de té tanto a su taza como a la de Yukito mientras mecía al pequeño Spinel entre sus brazos haciendo que este se quedara plácidamente dormido a la vez que el pequeño Kero descansaba a sólo unos metros acostado sobre el pecho de su madre quien había caído rendida sentada en aquel cómodo sofá tan pronto llegaron a allí hacía unos minutos.
-Hoy ha sido un día algo agitado para ella y como sus fuerzas aun no están del todo restablecidas creo que le ganó el cansancio. Pero no te preocupes despertará tan pronto le de hambre y será la misma de siempre.
-Me alegro entonces.- Tomoyo se acomodó en el sofá y colocó al pequeño sobre su regazo mientras acariciaba su oscuro y liso pelo y sonreía con cariño. Ella había dicho que nunca había tenido un bebé en sus brazos antes, pero era obvio que tenia un don especial para transmitir paz aun a aquel algo malhumorado retoño suyo. Suponía que esa misma calma era lo que había relajado tanto a Touya en su momento y por tanto le desconcertaba que este hubiera dejado de lado tan fácil algo que le hacía tanto bien y que para colmo acusara a alguien como ella de haberle traicionado con otra persona. Touya jamás mentía, pero aquello no era algo que pudiese siquiera considerar.
-Disculpe que sea indiscreta Joven Yukito pero le veo desanimado. ¿Ocurre algo malo?
-Perdóname por preocuparte, supongo que soy muy obvio.- Reconoció él mientras intentaba forzar una sonrisa y miraba a la taza que tenía entre las manos y que en esos momentos calentaba sus palmas hasta hacerlas rojizas. - La verdad es que hace un rato estuvimos con Touya y las cosas no salieron bien. Para ser sincero Nakuru se molestó mucho con él porque nos enteramos de que ustedes no son tan cercanos como antes, y bueno fue aún más chocante enterarnos de su propia boca que… está saliendo con alguien más.
-Imagino que están aquí para preguntarme que pasó. Pero la verdad le mentiría si le dijera alguna explicación al respecto.- Aseguró ella mientras veía el humo subiendo de la taza humeante que aún permanecía sobre la mesilla de la sala de estar y se perdía en sus recuerdos de aquellas tortuosas dos semanas que había luchado por olvidar, dibujando en su cara una leve sonrisa para tratar de ocultar un poco toda la tristeza que le causaba aquel tema tan doloroso. -Creo que ambos estábamos algo confundidos en ese entonces, pero al final entendimos que debíamos tomar caminos distintos y justo eso hemos hecho. Así que no hay de que preocuparse.
Yukito intentó decir algo al respecto pero al ver en la mirada de Tomoyo la misma resignación que había notado en los ojos de el moreno no fue capaz de vocalizar nada más. Seguir indagando en el tema solo parecía ir a revivir viejas heridas y en serio no deseaba ser portador de dolor para ninguna de aquellas personas que a su manera intentaban sostener la rotación normal de su mundo aunque para ello tuvieran que enterrar sus propios sentimientos. Touya le había dicho que Tomoyo había terminado con otra persona pero por más que la observaba aquello aun no podía caberle en la cabeza, Tomoyo seguía siendo la misma chica pura y considerada de siempre y la creía incapaz de jugar con los sentimientos de él de alguna manera. Pero claro con el humor tan malo que tenía Touya en esos instantes considerar preguntarle al respecto estaba completamente descartado por unos días.
-Entiendo, pues en ese caso cambiemos de tema señorita Tomoyo.- Propuso mientras sonreía con algo más de sinceridad comprendiendo que no sería considerado seguir escarbando en un tema del que ella no quería hablar. – La pequeña Sakura nos contó que usted es la encargada de su boda y que de hecho ya ha terminado un hermoso vestido para ella. Siempre ha sido muy buena para esas cosas, tal vez debería pedirle sugerencias acerca de la mía con Nakuru.
-¿Suya con Nakuru? ¿Acaso ustedes van a casarse? ¡Oh Dios! Esa es una noticia maravillosa. Me niego a dar solo sugerencias. ¡Debo ser la organizadora de su boda!. Haré algo alegre pero elegante, tal y como la señorita Nakuru. Necesito una lista de invitados y que escojan algunos detalles que le gustaría usar. Y claro está las flores, las flores son muy importantes.– Enumeró ella mientras sus ojos centelleaban de la emoción y tecleaba algunas cosas en su teléfono, llamando la atención de el hombre de cabello plateado cuando de repente un brillo triste se alojó en sus ojos amatistas. - Solo hay un problema joven Yukito. Apenas me quedan unas dos semanas en Tomoeda, en realidad pensaba regresar justo este fin de semana a América pero como el abuelo aun está en reposo hemos retrasado una celebración importante en la empresa a la que no puedo dejar de asistir. Así que…
-Descuide, si cree que puede planearse para entonces podemos hacerla dentro de ese lapso. No podríamos celebrarla si no está presente. Aunque tal vez sea demasiado trabajo para usted.
-De ningún modo.- Aseguró mientras su sonrisa se ensanchaba ante la posibilidad que se extendía ante ella de participar en aquel emotivo momento, conmovida por que quisieran hacerla parte de aquel día especial. – Los Amamiya creemos firmemente que la abundancia de ocupación mantiene el cuerpo saludable.
-"Y también es un buen antídoto para los pensamientos desagradables"- Pensó para sus adentros Yukito mientras continuaba mirándola y percibía que aquella era su propia terapia personal. En realidad, ella intentaba huir de sus pensamientos cargándose con tantas responsabilidades, según parecía era la única forma que conocía para mantener a raya toda la tensión de su cuerpo y para bien o para mal era una característica que también compartía con el chico de ojos cafés que había perdido casi tanta vitalidad como ella misma y que conociéndolo debía estar matándose trabajando tratando de desviar sus pensamientos.
-Yuki… tengo hambre.- Escucharon murmurar a una voz adormilada y entonces al dirigir su mirada hacía Nakuru pudieron verla incorporándose mientras estiraba los brazos a la vez que su pequeño retoño bostezaba. Yukito sonrió al cumplirse exactamente lo que dijo y Tomoyo complacida por lo bien que se conocían aquella especial pareja se puso de pie dispuesta a conseguir algo delicioso para ella, mientras colocaba al pequeño bebé en los brazos de su padre colocando los mechones de su pelo detrás de sus orejas para que no le molestara en el rostro al incorporarse haciendo que Yukito se percatara de un detalle que sea por estar demasiado distraído o por no haberse fijado lo suficiente no se había percatado.
-¿Se ha cortado el pelo señorita Tomoyo?
-Sí, así fue.- Confirmó mientras un deje de melancolía volvía a llenar su mirada y agitando la cabeza, volvió a sonreír mientras aseguraba que traería algo realmente rico y caminaba hacía la cocina a prisa, mientras su cabellera que ahora apenas rosaba sus omóplatos ondeaba libre y ella deslizaba con sutileza los dedos por sus ojos intentando retirar las lágrimas que no pudo evitar que se asomaran ante tal recuerdo que volvía a su mente cada vez que se veía al espejo y que le recordaba aquella pena que la ahogaba. Que le recordaba, que aún habían cosas que no era capaz de entender.
Al descender las escaleras la amatista no pudo evitar contener la respiración al ver a Touya de pie en la sala de estar masajeando su cuello visiblemente exhausto. Dado que el día anterior había tenido una alta temperatura al despertar, Kurogane no le había permitido ir a trabajar ninguno de los últimos dos días por lo que había perdido cualquier esperanza de verlo.
Por eso había saltado con tanta prisa de su cama y había dejado su secador de pelo conectado a la electricidad mientras procuraba comprobar que aquello de que Touya había ido de visita a su casa a algo mas de las diez de la noche no fuese una broma de mal gusto. Y efectivamente no lo era.
En ese momento tenía frente a ella a la persona que le dejaba sin aliento y como si fuese la primera vez que le hablaba en la vida ni siquiera sabía que decir para anunciar su presencia.
-Bu… buenas noches Touya. – Soltó intentando que su boca por fin dijera algo y maldijo aquel balbuceo nervioso que salió de su garganta. Lo escuchó soltar un "buenas noches" cuando por fin elevó la mirada hacía ella al oír su voz y pudo notar que aunque sus ojos cafés lucían algo cansados y opacos sin duda la manera en cómo la veía no se parecía a aquella mirada tan fría que le había dedicado durante las últimas horas que estuvieron juntos, al contrario había cierto alivio en su rostro. Aquel mismo alivio que sentía ella de que por fin pudiese ver el rostro del otro y comprobar que las cosas no estaban tan mal como de hecho creían.
Descendió las escaleras un paso a la vez para no sufrir una caída por la manera en que sus piernas temblaban ante la expectación y una vez estuvo a su lado le invitó con amabilidad a pasar al jardín dónde hacía un poco más de frescor. Aquel día se había reportado en Japón la temperatura más alta en décadas y por tanto a pesar de ser de noche ya, la sala de estar aún podía considerarse un verdadero horno humano.
-Pediré que traigan algo de tomar. Espéreme un momento.- Solicitó mientras le indicaba que tomara asiento en uno de los bancos distribuidos en aquel jardín de rosas blancas y entonces lo sintió tomar su muñeca para detenerla antes de que volviera sobre sus pasos así que no pudo evitar quedarse quieta mientras lo escuchaba murmurar que no tenía sed. Aquel cálido contacto que la dejó petrificada mientras su corazón se aceleraba solo duró unos segundos y cuando él la hubo soltado ella se limitó a tomar asiento junto a él en aquel banquillo a unos veinticinco centímetros de distancia. El silencio casi podía palparse entre ellos y es que aunque quien había ido de visita era él, no parecía dispuesto a decir ni una palabra.
-Lamento haber faltado últimamente. Seguro tuvieron muchísimo trabajo por mi ausencia.- Inició ella rompiendo el silencio mientras sostenía sus manos una con la otra y miraba hacía sus pies incapaz de detener la manera en cómo sus manos sudaban por el exceso de nerviosismo en su cuerpo.
-No te preocupes. No es tu culpa que no te sintieras bien. Además ya casi completamos la plataforma, así que si mañana sigues mal no tienes porque ir.
-Se lo agradezco, pero en realidad espero no tener que quedarme otro día aquí. Estar en estas cuatro paredes me vuelve loca. Si fuera por Kurogane ni siquiera me dejaría levantarme de la cama.
Por alguna razón el silencio que siguió a su declaración fue aun más pesado que el anterior, de hecho el rostro del moreno había adquirido un marcado ceño que intentó disimular masajeando su frente. No estaba segura de que había dicho de malo pero era obvio que lo había molestado mucho.
-¿No te atas el cabello cuando estás en tu casa? Sinceramente no se como toleras el calor insoportable que hace con tanto pelo pegado al cuerpo.- Comentó él en un esfuerzo por cambiar de tema que más bien pareció un reproche, haciendo que ella cayera en cuenta en que en realidad no se había percatado de que el pelo de los bordes de su rostro estaba empapado de sudor a pesar de no haber salido de la ducha hacía ni diez minutos.
-Bueno, si lo ato. Es solo que acabo de terminar de secarlo y lo olvidé.
-Debe ser un problema secar todo ese cabello tu misma. ¿No has pensado cortarlo un poco alguna vez? Creo que jamás te he visto con el pelo corto.
-A veces he pensado hacerlo, pero me da miedo que al final no se me vea bien.
-Eso es imposible. Eres demasiado bonita para que algo no te quede bien.
Tomoyo lo miró algo sorprendida por lo que había escuchado y entonces notó que el moreno agitaba su cabello algo incómodo mientras explicaba que si al monstruo le quedaba medianamente bien el pelo corto no debería de ser diferente en su caso como una forma de que no se oyera tan comprometedor lo que había afirmado. Algo sonrojada por el cumplido la amatista estiró un mechón de su pelo y dejándolo caer sobre ella otra vez, sonrió pensando en que tal vez aquello no era tan grave como se lo había planteado.
-En ese caso ¿lo cortaría usted?. Se que en algunas ocasiones en que el señor Fujitaka no estaba, usted ayudaba a Sakura con ello.
-No creo que sea lo mismo. Tal vez sea mejor que visites un profesional para esto, no quiero ir a arruinarte el peinado y que luego me odies por ello.
-No se preocupe. Estoy segura de que hará un buen trabajo. Confío en usted.- La comisura de sus labios se elevara de manera exponencial mientras decía aquello último y desviando la mirada para dejar de verla a la cara lo escuchó decir que no se haría responsable de lo que ocurriera. Lo que la hizo sentir aún más emocionada.
-Espéreme aquí un momento. -Solicitó mientras se ponía de pie y poniéndose de pie salía a toda prisa en busca un par de tijeras y un peine para pelo. Acercándose posteriormente a él mientras les extendía el par de objetos y se giraba un poco para quedar de espaldas a él, mientras colocaba cada mechón de su pelo hacía atrás y solicitaba que lo dejara por encima de sus hombros.
-¡¿Estás segura?! ¡Es un cambio muy drástico!
-Si. Lo estoy. No se preocupe.
-De acuerdo.- Lo escuchó murmurar en medio de un suspiro y entonces lo sintió deslizar el peine por su suave pelo quitando los nudos que se habían hecho entre las hebras al haberse apresurado tanto en buscar aquellos utensilios dejándolo caer sobre su espalda baja una vez quedó totalmente desenredado.
-Jamás debí plantear algo como esto.- Lo escuchó murmurar y soltando una risita divertida por su inseguridad al respecto, ella le aseguró que crecería muy pronto así que no debía preocuparse.
Lo escuchó soltar un nuevo suspiro y después de sentirlo colocar sus dedos entre las hebras para sostener los mechones hasta donde deseaba cortar escuchó el sonido de la tijera haciendo cortes y supo que realmente estaba poniendo fin a las casi dos décadas de inmutabilidad en su apariencia, aunque aquello no se comparaba a la sorpresa que la embargó al sentir la delicadeza y precisión de la labor de Touya. Era increíble que un par de manos tan fuertes como aquellas pudieran actuar con tanta suavidad, de hecho estaba segura de que se estaba relajando tanto que podría quedarse dormida en cualquier instante.
-Ya terminé. Puedes darte la vuelta.- Lo escuchó anunciar mientras colocaba las tijeras a un lado después de varios minutos y la amatista obedeció volviendo a su posición original, notando como al observarla frente a frente una expresión indescriptible se dibujaba en su rostro. Una expresión que no sabía si interpretar como sorpresa o terror.
-¿¡Que… que pasa Touya?! ¿Me veo tan mal? – Indagó preocupada mientras llevaba sus manos a su cara y sentía el pelo rosando los lados de su rostro. Al principio le pareció una excelente idea, todo un hito personal pero ahora… ahora se daba cuenta de que fue una estupidez.
- ¡Oh no! ¡Oh no! A mamá le va a dar un infarto. La gente no va a reconocerme. Ni siquiera sabré como peinarme. No debí hacerlo, no debí cortarlo.- Comenzó a lamentar ella de manera confusa y apresurada mientras cubría su rostro comenzando a ser víctima de una gran inquietud. Diecinueve años, ese era el tiempo que había tenido aquella melena, el tiempo en que sólo lo había cortado cuando se hacía más largo de lo que podía manejar. Había puesto fin a su marca personal por simple impulso y ahora… ahora al ver los largos mechones sobre el banco y sentir como las hebras de su pelo rozaban sus hombros por primera vez desde los siete, en serio estaba aterrada.
Sintió de repente como Touya acomodaba los mechones de pelo que rozaban los lados de su rostro detrás de su oreja y abriendo los ojos se dio cuenta de que la miraba de manera distinta. Se veía mucho más tranquilo, más complacido y sus ojos cafés brillaban de una forma muy inusual mientras continuaba viéndola al rostro en silencio y una encantadora sonrisa se dibujaba en sus labios, una sonrisa tanto o más sorpresiva que las palabras que dijo a continuación.
-Te ves realmente hermosa. - Lo escuchó susurrarle mientras la veía a los ojos y su sonrisa se hacía aún más sincera, más encantadora, acelerando sin compasión sus latidos.
Era la primera vez que le sonreía de esa manera, que le decía algún cumplido sin arruinarlo luego con alguno de sus audaces comentarios y la verdad no estaba preparada para ello, de hecho, sentía que si seguía mirándolo al rostro se moriría de la pena en cualquier instante, pero la posición en que estaban las manos de él hacían imposible que desviara la mirada. Lo sintió aproximarse a su rostro mientras continuaba mirándola con aquella intensidad que le hacía contener el aliento, y en respuesta no pudo hacer otra cosa que cerrar los ojos y esperaba el roce de sus labios mientras tragaba en seco.
-Tu pelo… aún está algo desigual, ¿te molestaría si lo arreglo?- Lo escuchó preguntar con amabilidad y no pudo evitar abrir los ojos bruscamente mientras asentía de manera nerviosa, se ponía extremadamente roja y volvía a colocarse de espaldas para poner fin a la incómoda situación. ¡Touya asegurándose de hacer bien su trabajo y ella pensando en que la besaría! Era una tonta. No le importaba que la tierra se la tragara en aquel mismo instante.
Lo sintió deslizar el peine por su pelo nueva vez verificando que cada mechón fuera igual de largo que el anterior y aunque en escasos segundos lo sintió dejar de cortar decidió quedarse de espaldas hasta que él no le indicara lo contrario.
-Tomoyo ¿te has golpeado el hombro recientemente? Se ve como si tuvieras un moretón . – Lo escuchó preguntar mientras tocaba dicha área con cuidado y extrañada llevó su mano al lugar donde se unían su hombro izquierdo y su cuello al sentir cierta molestia. La verdad es que no era la primera vez que le dolía un poco al tocar ese lugar pero dado que hace dos días se había quedado dormida en una posición muy incómoda había pensado que solo se trataba de algún tendón mal posicionado y no le había prestado mayor atención pensando que tal molestia desaparecería sola. Hizo a un lado su blusa para que el pudiese ver mejor el área y le confirmara si se trataba de algún moretón pero contrario a decirle algo, él se quedó extrañamente callado, poniéndose de pie de repente mientras murmuraba que debía irse y sin darle tiempo a reaccionar caminaba a toda prisa fuera del jardín.
Aun sin comprender lo que ocurría pero sospechando que había pasado algo malo salió corriendo tras él dispuesta a alcanzarlo, viéndolo cerca de el portón de salida tomando a Kurogane del cuello de su camisa mientras su puño estirado parecía tener el claro objetivo de golpearle y uno de los guardias que estaban de servicio intentaban detener su brazo para que parara. No entendía nada, no sabía que estaba ocurriendo pero aun así no tardó en gritarle para que lo soltara viéndolo llevar su mirada hacía ella con tanto dolor y decepción que le provocó un enorme escalofrío.
Lo vio soltar a Kurogane mientras quitaba sus ojos de sobre ella y sin decir nada salir con decisión hacía afuera ante su mirada confundida. Intentó seguirle para aclarar las cosas pero Kurogane se interpuso en su camino extendiendo ambos brazos para evitar que escapara tras él.
-Por favor retírate Kurogane. Tengo que alcanzarlo.- Solicitó mientras intentaba escabullirse de él sin éxito sintiendo como este la tomaba de los hombros y la miraba realmente indignado.
-¿Para que quieres alcanzarlo? ¿Quieres comprobar que solo está jugando con tus sentimientos?
-Touya no juega conmigo.
-Entonces ¿te explicó porque no fue a trabajar hoy?¿Te dijo por que acababa de venir del departamento de otra mujer o por que ayer pasó toda la noche en casa de la misma?
-¿De que hablas Kurogane?
-De lo que tu querido primito ha estado haciendo a tus espaldas. Le pedí a una persona que le siguiera. Quería asegurarme de que se trataba de un tipo tan despreciable como supuse y así fue. Te apuesto a que no es la primera vez que se acuesta con esa persona, es más, te aseguro que justo ahora va hacía ella.
Se quedó desconcertada mientras seguía mirando los ojos de Kurogane que parecían convencidos de lo que decían. Su abuelo tenía muchas personas de ese tipo a quienes solicitaba información que siempre era totalmente verídica pero aquello no parecía más que el disparate de un hombre que estaba terriblemente celoso y que no terminaba de aceptar que la mujer que amaba solo tenía ojos para otra persona.
-Eso no es cierto. Touya no es así. Él… él jamás haría eso.
-Bien. Ven conmigo entonces y compruébalo tu misma.- Gruñó él mientras la soltaba y caminaba hasta el vehículo que su abuelo había puesto a su disposición abriendo la puerta del copiloto para que ella ingresara al mismo. Se sentía terriblemente insegura y sabía que Kurogane estaba muy molesto por dudar de sus palabras pero en serio deseaba ir al encuentro de Touya y si no era en su vehículo el hombre de ojos carmesíes jamás la dejaría partir.
Resignada y ansiosa Tomoyo abordó el vehículo y dejó que él la llevara, notando que conducía en la dirección contraria a donde estaba el hogar Kinomoto, pero aun así no quiso protestar aunque sentía que su corazón se le saldría del pecho al palpar aquella tensión que había en el vehículo y recordar el dolor de aquellos ojos café que últimamente cambiaban de expresión cada dos por tres y se sentía terriblemente confundida. No sabía que pensar, que sentir, sabía que Touya era un hombre íntegro y que conocía bien sus límites, pero no dejaba de ser un hombre ¿no?, no dejaba de estar dolido ¿no? ¿Acaso había la remota posibilidad de que lo que decía el hombre a su lado fuese cierto?
Sintió a Kurogane detener el vehículo y al levantar la vista al complejo de apartamentos frente al cual se detuvieron vio la silueta del moreno ascender con prisa las escaleras hacía el segundo piso.
Quitó el seguro del vehículo dispuesta a bajarse e ir a su encuentro cuanto antes, pero Kurogane detuvo su mano antes de que pudiese empujarla y le pidió que observara tranquilamente. Touya tocaba con insistencia la puerta de una de las habitaciones en medio de la oscuridad y de repente se había encendido la lámpara del pasillo y entonces vio salir a una chica de pelo castaño oscuro y ojos café de aquel departamento y solo fue capaz de llevar sus manos a su boca incapaz de creer lo que veía.
No supo cuanto tiempo se quedó suspendida en la misma posición solo mirando, pero al sentir las manos de Kurogane posándose en sus hombros y susurrándole que él no le merecía se dio cuenta de que aquello no era una pesadilla de la que en algún momento despertaría. Aquello que vio era justo lo que había pasado y por mucho que le pesara Kurogane había tenido razón.
Touya se estaba besando con aquella mujer y luego mientras aún continuaban más cerca de lo que hubiese podido desear ambos habían ingresado a tal departamento con un objetivo que hasta una niña de pequeña sabría reconocer.
-Vámonos ya.- Suplicó mientras su voz se partía incapaz de seguir imaginándose lo que estaba ocurriendo tras esa puerta que él había cerrado a sus espaldas y al sentir a Kurogane quitar su cinturón y abrazarla se dio cuenta de que estaba llorando y sollozando sin parar. Lloraba por él, por lo mucho que dolía quererlo, por lo normal que se había vuelto llorar por su causa, porque a pesar de todo su corazón no dejaba de intentar justificar las cosas, de intentar buscar alguna explicación que le convenciera de que él no había estado jugando con ella. Pero no tenía caso, ella seguía siendo un mero desahogo y obviamente él había hallado alguien que cumplía dicho papel mucho mejor.
- Él no merece que llores por su causa. Mereces ser amada Tomoyo. Mereces estar con alguien que te haga sentir feliz, alguien que no complique tu vida. Alguien que no te lastime. Déjame ser ese alguien, Tomoyo. Por favor. - Escuchó solicitar a Kurogane mientras la invitaba a mirarlo al rostro y limpiaba sus lágrimas con sus dedos mientras sus ojos centelleaban de furia contra Touya quien si antes le caía mal ahora se había convertido en un auténtico enemigo a sus ojos. Sabía que quería protegerla, que quería amarla, pero no podía evitar que su cabeza estuviera puesta en el moreno y lo que le había visto hacer hacía solo unos segundos. Sabía que Kurogane también estaba sufriendo, sabía que sufría porque ella no pudiese quererlo como él lo hacía pero no sabía que hacer o decir al respecto. Jamás había sido buena olvidando sentimientos, jamás había conseguido obligarse a querer a alguien aunque supiera que esa persona realmente quería.
El rostro de él comenzó a aproximarse hacía ella después de hacerle esa petición pero la verdad es que no tenía fuerzas para resistirse. Tal vez aquello era lo que necesitaba, olvidar a Touya, olvidar lo ocurrido, comenzar de nuevo. Cerró los ojos intentando convencerse a sí misma de ello y dejó que sus labios se fundieran con los de Kurogane mientras las lágrimas aun rodaban por sus mejillas y con cada gota que caía dejaba allí los pedazos rotos de su corazón. Por que al fin y al cabo después de aquello no quería volver a usarlo nunca más.
Y ahí está.
Lo sé, lo sé. Creerán que me he vuelto loca y deben sentirse tanto o más confundidos que la mitad de nuestros personajes pero todo tiene una explicación y razón de ser.
Así que antes de que me tiren unos cuantos tomatazos y dejen de seguir la historia por ser tan sádica, les adelanto que el otro capítulo cuenta los detalles de la otra cara de la moneda, ya que después de todo aquí solo está la óptica de Tomoyo.
¿Qué demonios pasó aquí? ¿Touya enloqueció? ¿Hay que matar a Kurogane? Pues nuestro moreno se lo contará.
Quiero agradecerles a todos los que siguen la historia y la comentan por su apoyo, pero quiero hacer una mención especial para sakuxsyao quien continúa siguiéndome aunque sea como visitante y me deja comentarios aunque no se los pueda responder. Te mando un besote enorme y si, claro que recuerdo mi promesa.
También quiero invitarles a pasarse por mi otra historia, La emperatriz para que me cuenten su opinión. Tiene un poco de TxT así que creo que les encantará, aunque gira sobretodo alrededor del SxS.
En fin, nos leemos muy pronto.
Att: Brie97
