Un joven que pasaba cerca había escuchado el alboroto, al ver gran cantidad de personas reunidas sabía que algo había sucedido. La curiosidad le gano y se acerco, grande fue sorpresa al ver a un hombre herido y a su lado estaba una dama desesperada.
- ¡Está bien señorita!
- ¡Por favor ayúdeme! ¡Tenemos que llevarlo al hospital! Él no reacciona.
- Por supuesto.
- Gracias… Tengo una carreta cerca ahí podemos llevarlo. ¡Terry por favor no te mueras! Era el pedido desesperado de Candy.
- Tan pronto cuando el joven se aproximo para cargar a Terry, este empezó a moverse.
- Uh… ¡Ah!
- ¿Caballero está bien?
- T-Terry…
- ¡Ah! ¡Maldita sea! La bala de ese idiota me rozo el hombro. Dijo con gesto de dolor mientras se tocaba el hombro herido, se percato que su hombro había manchado de sangre su camisa hasta su pecho. - Ese idiota arruino mi camisa.
- Las personas estaba sorprendidas, habían visto como la bala literalmente había hecho que Terry cayera de golpe al suelo. Todos pensaban que había muerto.
- Candy no podía creerlo, estaba más que sorprendida con las manos tapándole el rostro. Entonces él voltio a verla y le dedico una sonrisa.
- Ella con una sonrisa se abalanzo sobre él. Él correspondió su abrazo, tenía la cabeza de ella enterrada en su pecho mientras le acariciaba la cabeza sintió su pecho mojarse - ¡Idiota! Dijo ella.
- ¡Eh! Pensé que me dirías otra cosa, no… ¿Insultos?
- ¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! Siguió ella. ¿Por qué lo hiciste? Se alejo un poco para verlo a los ojos.
- No iba a permitir que te hicieran daño. Dijo acariciándole la mejilla con su mano.- Ya no llores, estoy bien. Tú ¿No te hiciste daño? Siento haberte empujado tan fuerte.
- No te preocupes por eso, ahora debemos llevarte al hospital.
- No hace falta, esto es una simple herida pronto sanará. Dijo él.
- Al menos déjame llevarte al hogar, yo te curare. Subamos a la carre… Candy miro a todos lados y por ningún lado estaba la carreta con el caballo. - ¡Oh, se escapo!
- Debió haber sido por el disparo, el animal se asusto y salió corriendo. – No hace falta, iremos en el auto.
- ¡No! Tú estás herido. Replico ella.
- Eh… si me lo permiten yo puedo ayudarles, se manejar.
- Terry lo miro con mala cara.- No hace fal...
- Muchas gracias. Lo ves Terry no será necesario que manejes. Yo te diré el camino.
- Muy bien. Dijo el caballero.
Minutos después todos se encontraban en el auto. Candy miraba con preocupación la herida de Terry rogando porque no se infectara.
- ¡Candy, querida! ¿Qué ha pasado? Cuando vi al caballo regresar solo sabía que algo te había sucedido. Dijo la señorita Pony sorprendida al ver a Candy bajar del auto.
- Señorita Pony, por favor ayúdeme esta herido.
- ¿Herido? ¿Quién? Oh, muchacho ¿Qué te paso en el hombro?
- Fue una bala, señorita. Alguien quiso dispararme. Dijo Candy con un leve temblor en su voz.
- ¡Santo cielo! ¿Y estas bien? ¿No te hirieron?
- A mí no pero a Terry casi lo matan.
- Muchas gracias jovencito, has salvado la vida de mi pequeña.
- Señorita Pony, necesito el botiquín de emergencia por favor. Dijo Candy.
- ¡Claro que sí! Lo traeré inmediatamente.
- Terry siéntate aquí. Él obedeció.
- Aquí esta querida.
- Gracias.
- Iré dentro a preparar un poco de té parece que no vinieron solos. Dijo la señorita Pony observando que dentro del auto había alguien más.
- Candy asintió.
- Si necesitas algo, me llamas. Tras decir esto la señorita Pony se fue.
- Terry necesito que te quites la camisa.
- Eh… ¿tan pronto quieres verme sin ropa?
- No digas tonterías y haz lo que digo. Dijo Candy con molestia.
- Solo bromeaba. Lo haré. Tan pronto como intento desabotonarse la camisa el hombro le dolió.- ¡Oh!
- Será mejor que no te muevas. Y-yo te ayudare a quitártelo. Candy se arrodillo frente a él y con sus manos empezó a quitar cada botón y mientras lo hacia este dejaba al descubierto el abdomen bien trabajado de Terry. Él no le quitaba los ojos de encima, era divertido ver la expresión de Candy. Cuando al fin logro quitarle la camisa, ella trago saliva. Era la primera vez que lo veía así, sus mejillas se tiñeron de rojo. Terry noto como se ponía nerviosa y esto le pareció tierno.
- Candy tomo un poco de algodón con alcohol y comenzó a limpiar la zona afectada.
- ¡Ah!
- Lo siento pero no puedo evitar que duela.
- Te estás vengando por lo que dije hace un rato.
- No lo sé, tal vez.
En un abrir y cerrar de ojos Candy había terminado de limpiar la herida al menos con esto lograría que no se infectara.
- Ahora vuelvo. Dijo ella poniéndose de pie.
- ¿A dónde vas?
- Te traeré algo para que te cubras.
- ¿No te gusta cómo me veo?
- Aquel comentarios hizo que Candy volviera a sonrojarse.- Fingiré que no escuche nada, ya vuelvo.
- En lo que Candy se demoraba. Terry se sumergió en sus pensamientos.- ¿Quién era el que había intentado dispararle a Candy? ¿Qué motivos tenia? No sabía las respuestas pero estaba seguro de algo. Pase lo que pase él la protegerá.
- Aquí tienes.
- Eh ¿Y esto? ¿A quién se lo quitaste?
- Puedes dejar de hacer bromas tontas, me lo dio la señorita Pony. Eso llego en una de las donaciones de ropa que hicieron para el hogar.
- Oh entiendo.
- Sé que no es el tipo de ropa que sueles usar pero al menos se ve mejor que la camisa manchada de sangre.
- Si, está bien. Terry se abotono la camisa y se sorprendió de que fuera de su talla, bueno casi. Probablemente esa camisa antes le haya pertenecido a algún debilucho ya que le apretaba los brazos.
- Cierto, la señorita Pony me pidió que pasaran, el té ya está listo.
- ¿Pasaran? ¿Quiénes?
- Tú y el caballero que se ofreció a ayudarnos. Iré a decirle que pase. Candy se acerco al auto donde aún estaba aquel hombre.
- Por favor podría acompañarnos con una taza de té. Dijo amablemente Candy.
- Bueno aún tengo tiempo, así que no veo por que no.
- Venga conmigo.
- Al salir del auto, el hombre soltó una sonrisa.- Pero si este lugar es.
- Pase.
- Al entrar, el hombre reconoció todo el lugar, estaba tal y como había estado la última vez que se fue. Él tomo asiento esperando el té.
- Agradezco mucho su ayuda, caballero, no sé que hubiéramos hecho sin usted.
- No me diga usted señorita, me siento viejo además no creo que nos llevemos muchos años.
- ¿Acaso le estaba coqueteando? Terry no le apartaba la mirada al misterioso hombre.
- Oh lo siento. ¿Cómo se llama? Dijo ella.
- Me llamo …
- Aquí está el té, siento la demora es que no encontraba las galletas.
- El hombre reconoció inmediatamente a la dama que le servía el té.- ¡Señorita Pony!
- Sí, soy yo.
- ¿Acaso no me reconoce?
- La dama lo miro durante un largo rato y de pronto dijo.- ¡Oh cielos! ¡Tom! Dijo con alegría abrazándolo.
- Candy miro a la señorita Pony y luego vio al hombre y entonces comprendió ¡Tom! ¡Eres Tom!
- Han pasado muchos años. Dijo la señorita Pony.
- Pero yo si la recuerdo muy bien, sabía que este lugar me era familiar.
- Con razón al ver a Candy, su rostro me parecía conocido y quise ayudarla de inmediato.- Candy, casi no te reconozco, mírate eres toda una señorita y muy bella.
- Y tú todo un caballero. Dijo ella.
- Perdón pero no entiendo nada. Dijo Terry.
- Oh, es cierto tú no lo conoces. Él es Tom, vivía antes en el hogar.
- Mucho gusto. Dijo Tom extendiéndole la mano. Terry solo lo miraba.
- ¡Terry! Candy le llamo la atención entonces Terry sin muchas ganas correspondió el saludo.
- Vaya ¿Cuántos años han pasado? Éramos tan solo unos niños cuando nos separamos. Dijo Tom.
- Si, así fue. Sufrí mucho cuando te fuiste, eras mi mejor amigo.
- Eh… todavía lo soy ¿no? Recuerdas cuando competíamos con las cuerdas.
- Cierto, recuerdo como te ganaba enlazando.
- Bueno debo admitir que eras buena es eso, pero debes saber que ahora soy el mejor en enlazar.
- ¿Así? Demuéstralo.
- Vamos afuera. Dijo él.
De pronto todos los niños del hogar junto a las dos madres estaba de espectadores viendo la competencia entre Candy y Tom.
- ¡Vamos, Candy! Gánale. Decían las niñas.
- ¡Tom, tú puedes! Demuéstrale quienes somos los mejores. Gritaban los niños.
- Uhhh. Terry traía los ojos clavados en Tom, ese tipo no le caía para nada.
- Quien logre atrapar primero la manzana será el ganador. Dijo uno de los niños mayores.
- ¡De acuerdo! Dijeron al unisonó Tom y Candy.
- Listos ¡YA!
Candy tomo la soga y con un movimiento intento atrapar la manzana con la cuerda pero esta fallo entonces.
- ¡Tom gano!
- ¡¿Qué?! Candy giro a ver a Tom, quien sostenía en su mano la manzana.
- Te dije que ahora yo era el mejor.
- Eso fue porque…
- ¿Por qué?
- Porque… no había practicado por mucho tiempo.
- ¡Ja! Esas son excusas.
- Bueno está bien, debo admitir que eres bueno.
- ¿Bueno? Lo hice a la primera.
- Ah que tontería, atrapar una manzana ¿Cómo si fuera la gran cosa? Decía Terry para sí mismo.
…
- Querido, que bueno llegas. Ya es muy tarde ¿Dónde estuviste? Era la pregunta de Annie cuando llego su esposo.
- Yo… bueno…
- ¡SANTO CIELO! ¿QUE LES PASO? ¿POR QUÉ ESTAN LASTIMADOS? La abuela por poco se había desmayado al ver a su nieto con el hombro vendado.
- Te lo explicare todo, solo déjame tomar asiento. Dijo Terry.
- Claro que sí pero hijo… estaba tan preocupada.
- Abuela no es grave.
- ¡Oh Terry! Tu hombro. Dijo Annie.
- Se los explicare todo en un momento. Cuando Terry finalmente tomo asiento procedió a contar lo ocurrido.
...
- ¡Cielos! Pero ¿lograron atrapar a ese asesino?
- No abuela, el muy desgraciado se escapo. Dijo Terry.
- Cariño ¿a dónde vas? Dijo Annie.
- Eh… tengo mucho trabajo mañana, querida y…
- Tranquilo, entiendo. Dijo Terry a Niel.
- Niel asintió retirándose a su habitación.
- Pero ¿Por qué harían algo así? Tenemos que ir con la policía. Dijo la abuela.
- No abuela, eso será una pérdida de tiempo, yo mismo me encargare de que Candy esté a salvo y nadie le haga daño.
- Pero querido mira tu hombro, pudieron haberte matado.
- Pero no lo hicieron, de ahora en adelante no saldrás de esta casa hasta que me encargue de que ese miserable sea capturado.
- Pero…
- No saldrás, es por tu seguridad y si tienes necesidad de salir me lo informaras y yo te llevare.
- ¿Estás demente? No quiero un guardaespaldas.
- No hay lugar a objeción.
- ¡Ah tú! Candy estaba enojada.
- Me iré a mi habitación, tengo sueño.
Ya en su habitación Candy no podía dormir ¿Quién se cree que es para decidir lo que puedo o no puedo hacer? ¿Cómo si le fuera a obedecer? A pesar de su enojo Candy no pudo evitar sonreír recordando cuando ambos se habían abrazado. Debía reconocerlo a su lado se sentía segura.
En otra habitación
- Querido creía que ibas a dormir.
- Ahora lo hare querida. Dijo Niel quien miraba por la ventana pensativo.
…
- ¡Mamá!
- Hija, tienes que escapar ¡Huye! ¡Huye!
- ¿Por qué?
- ¡Huye! ¡Huye…
- Ham. Candy se despertó asustada, no era la primera vez que soñaba con su mamá pero esta vez el sueño había sido extraño ¿Huir? ¿por qué? ¿de quién?
Todos estaban desayunando cuando Terry bajo por las escaleras vestido con su traje.
- La abuela por poco y se atraganta.- Querido ¿pero a donde piensas que vas?
- Al trabajo.
- ¿Estás loco? Tienes una herida en el hombro.
- Estoy bien, las manos mágicas de Candy me curaron. Dijo Terry guiñándole un ojo a Candy quién por poco casi se atora con el jugo.
- Pero no crees que deberías descansar, llama a alguien y dile que se encargue por hoy de las cosas. – No abuela que clase de hombre sería si no cumplo con mi trabajo. Dijo Terry. Por más que la abuela insistió Terry se fue.
A los pocos minutos Candy se levanto.
- Muchas gracias por el desayuno. Annie me gustaría ir al hospital a visitar a los niños
- ¿Estás segura? Dijo ella.
- No te preocupes, no me pasara nada.
- Bueno si iras al menos ve con George.
- Candy asintió, sería de gran ayuda si George la llevaba así regresaría pronto.
- ¡Oh por poco lo olvide! Querida tenemos que ir a visitar a Regina.
- ¿Regina? Pregunto Annie.
- Si, ya sabes ¿recuerdas que nos invito a su casa?
- Oh cierto pero está un poco nublado ¿Si llueve?
- Mmm tal vez no llueva y si lo hace regresaremos tan pronto pase. Dijo la abuela.
…
- ¡Huérfana estúpida! Te salvaste por poco, ya me encargare de que tu existencia no sea más un estorbo en mi vida. Decía un hombre mientras escondía un arma.
…
Eran ya las 6:00 pm el cielo estaba totalmente nublado y las gotas de lluvia caían estrepitosamente a la tierra.
Las ventanas del automóvil estaban cubiertas de lluvia por lo que era casi imposible ver con claridad, afortunadamente llego a tiempo a casa. Tan pronto como entro sintió la soledad de su casa.
- ¿Abuela? ¿Annie? ¿Candy?
- Señor, sea bienvenido a casa.
- Lotty, ¿Dónde están todos?
- Las señoras fueron a visitar a una amiga y el señor Niel dijo que viajaría por unos días debido al trabajo.
- ¿Y sabes a que hora regresaran?
- Dijeron que volverían después de que la lluvia terminara.
- Como está el clima, dudo que vengan, lo más probable es que lleguen hasta mañana. Espera un momento ¿Y Candy?
- La señorita salió al hospital, dijo algo sobre visitar a los niños.
- ¡¿Qué?! Grito enfadado haciendo que la pobre mucama brincara del susto.- ¿Por qué tiene que ser tan desobediente? Le dije claramente que no saliera si no fuera bajo mi supervisión.
- ¿Señor a donde va?
- Voy a traerla.
…
- Nos vemos pronto. Candy se despedía del personal de salud. Al llegar a la salida se dio con la sorpresa que el pobre George seguía esperándola.
- Oh, George no era necesario que me esperes.
- Es mi deber llevarla sana y salvo a casa señorita.
- Está bien, vamos. Muy amablemente George le abrió la puerta a Candy.
- ¡Hola, Candy!
- Eh… al escuchar su nombre ella giro y vio a.- Tom.
- ¿Qué sorpresa verte aquí?
- Oh, vengo a menudo a visitar a los niños de este hospital.
- Que noble de tu parte. Siempre preocupándote por los demás. Dijo Tom mirándola con admiración.
- ¿Y tú que haces aquí?
- Vine con mi padre.
- El señor Steve ¿Cómo esta?
- Está bien, supongo. Lo traje a realizarse un control de salud. Ahora mismo le están haciendo unos análisis y bueno vine aquí fuera a esperar.
- Señorita Candy, es hora de irnos. Dijo George.
- Oh si, Cuídate mucho Tom.
- De igual modo. Tom se acerco lo suficiente para abrazarla.
Un poco lejos del hospital se encontraba Terry mirándolos y se pregunto.- ¿Por qué la abraza de esa forma? ¿Quién se cree que es? Ahora mismo voy a decirle lo que se merece a ese… Estuvo a punto de bajar y actuar impulsado por los celos pero luego recordó que no era lo correcto.
Muchas veces se había dejado llevar por sus impulsos y las cosas no habían resultado bien. Pero no podía evitar sentir celos al ver como ese se atrevía a abrazarla tan descaradamente. Antes de que cambiara de opinión puso en marcha el automóvil.
Llego a casa y se metió a su habitación, necesitaba un baño, la lluvia lo había dejado empapado.
Candy llego poco después, subió a su habitación rogando por no encontrarse con Terry, Porque si se lo cruzaba lo más probable sería que tendría una cara de Ogro y no iba a aguantar sus arranques de histeria.
Al entrar soltó un gran suspiro, había tenido suerte. – Uhm me duele los brazos, un baño caliente es lo que necesito. Se dijo a sí misma.
….
- ¡Maldita seas! ¡Es tú culpa que ella este muerta! Decía un hombre al pie de una tumba.- Si nosotros no pudimos ser feliz ella tampoco lo será, te lo prometo mamá.
- Señor debe irse, ya es muy tarde y el clima esta cada vez peor. Decía el encargado del cementerio.
- El hombre saco unos billetes de su bolsillo entregándole al encargado. – Por favor mantén este lugar limpio.
- Claro que sí señor.
- Me llamo Niel. Niel Legan.
…
- ¡Oh Cielos, por la lluvia se maltrataran los muebles en la azotea! Debo taparlos. Candy se levanto de su cama y se coloco un albornoz para cubrirse. Subió deprisa pensando en que los pobres muebles estarían maltratados. – Pero… Se llevo tremenda sorpresa al no ver ningún mueble. Lo más probable era que ya los empleados de la casa lo habían guardado.
Estaba lista para regresar a su habitación pero algo la hizo detener, la sensación de la lluvia caer en su rostro era maravillosa. Miro directamente al cielo y sentía como las gotas caían por sus mejillas. Se acerco al borde de la azotea a mirar las flores. – Espero que pronto recuperen su color. Dijo mirándolas con una sonrisa.
- ¡Pero que…! ¿Qué crees que estás haciendo ahí?
- ¡Ah!
- Dame la mano, te ayudare a volver.
- Terry, me asustaste. Dijo al girar y verlo asustado.
- El asustado soy yo, dame la mano o te caerás.
- ¿Acaso crees que soy una bebé que apenas está dando sus primeros pasos?
- El piso esta resbaloso. Replico él.
- No necesito tu ayuda. Candy camino por su cuenta de regreso sin embargo un mal paso le hizo perder el equilibrio.- ¡Ah!
- Te tengo. ¡Te dije que tuviera cuidado! ¡Pudiste lastimarte!
- Ella lo miro a los ojos, estaba muy cerca casi podía sentir su respiración.- Suéltame, no necesito que me ayudes. Regresare a mi habitación.
- ¿Por qué me desobedeciste?
- ¿Qué?
- Te dije claramente que no salieras a no ser que fuera bajo mi supervisión pero osaste a desafiar mi autoridad.
- Pero ¿quién te crees que eres? Acaso crees que soy uno de tus empleados a los que puedes manejar a tu antojo. ¡No! Si yo estoy aquí es por Annie, no por ti.
- Ah claro, ahora lo entiendo. Sales diciendo que iras a visitar a los niños pero en realidad esta de lo más feliz con tu amiguito.
- ¿Amiguito? ¿De que hablas?
- De ¡Tom! Los vi fuera del hospital.
- ¿Y que hacías ahí?
- Eso no tiene importancia, ¿Por qué te abrazaba? ¿Acaso ustedes..?
- ¡Ah! A veces eres insoportable ¿Y si así fuera que te importa? Puedo salir con quien quiera, además no tienes ningún derecho después de que me echaste, es más hasta ahora no termino de comprender por qué lo hiciste.
- Ese fue un error.
- ¿Error? ¿A que te refieres? De la noche a la mañana te volviste el mismo Ogro de siempre.
- Tú deberías saberlo.
- ¿Cómo saberlo? Si no me lo dices. Solo sé que la noche anterior estábamos… ¡Espera!
- Sí, yo los vi. Te vi con Anthony en este mimo lugar.
- ¿Y pensaste que él y yo? Jajaja. Candy empezó a reírse.
- ¿Qué tiene eso de gracioso?
- Pensaste que Anthony y yo éramos amantes. Que imaginación tuya. Dijo Candy conteniéndose la risa.
- Él estuvo a punto de besarte.
- Estaba ebrio y no midió las consecuencias. ¿Por qué no me lo preguntaste?
- Por eso regrese, en el fondo sabía que yo estaba equivocado.
- Pues tu cerebro esta vez tuvo razón. Dijo Candy. – Un momento, eso fue ayer pero ¿Cómo sabias donde encontrarme? Y me salvaste.
- Presentía que algo te ocurriría así que deje todo y regrese por ti.
- ¿Por mi?
- No sabía que haría si te pasara algo. Dijo acariciándole la mejilla.
- Ahora entiendes porque no quería que salieras, si te pasara algo jamás me lo perdonaría.
- Candy entonces entendió el motivo de su molestia. ¿P- Por qué te preocupas tanto por mí?
- ¿Aún no lo sabes? Le tomo el rostro con ambas manos y le acaricio los labios con el pulgar.- Porque te amo. Entonces la beso, tomo sus labios con los suyos en una caricia intima. Como había extrañado probar esos labios. Era un beso dulce y tímido pero este fue aumentando de intensidad. Lo que al principio parecía ser algo dulce se transformo en caliente y apasionado. A pesar de la lluvia ambos sentían que sus cuerpos estaban quemando.- Ah. Candy soltó un pequeño gemido liberando la lujuria de Terry. La cargo a su cintura sin dejar de besarla. Ella sintió algo duro que la apretaba en su entrepierna. Por un momento ambos dejaron de besarse dejando a ambos agitados.
- Candy… yo.
- Ella solo movió la cabeza en señal de aprobación.
- ¿Estás segura? Si me dices que no, entenderé porque luego no podre detenerme.
- Yo también te amo. Dijo ella. Entonces la poca cordura que Terry había guardado se perdió y sin darse cuenta estaban ya en su habitación.
Continuara…
Dejare esto aquí y me iré lentamente…
