Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XXIV: Cambios.

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Bakugo Mitsuki cerró la laptop frente a ella una vez que la última persona de su junta ejecutiva había salido de la sala de reuniones. El día iluminaba con fuerza, la temperatura era cálida y ella necesitaba estirar las piernas aunque sea con ir a por un vaso de agua a su propia oficina. Se levantó del asiento y aprovechando la ausencia de sus empleados, comenzó a estirar los brazos tras la espalda, sentía que aquella reunión se llevó parte de su buen humor matutina; duró más de lo que esperaba porque Shoen se encontraba indispuesta esos días y ella debía asumir las reuniones de cierre de ciclo.

Abril finalizó y con él, las ventas del mes debían ser evaluadas. Tuvieron un descenso de compras que era notorio en sus evaluaciones, reduciendo un 10% de la producción normal. No era demasiado pero sabía que aquello podría convertirse en una gran bola de nieve si no lo detenía cuanto antes.

La puerta de su oficina se abrió, vio a Shoto en el umbral y ella le dedicó una sonrisa pequeña que él correspondió con un asentimiento. Sin Shoen por el momento, ambos debían trabajar el doble y ese día, él se encargó de una teleconferencia con los encargados de las pequeñas tiendas que adquieren sus cafés. El hombre se acercó a ella con una carpeta en donde podía imaginarse qué encontraría.

―¿Es algo que quiero escuchar? ―Preguntó Mitsuki. Shoto se encogió de hombros―. Entonces, necesito aire. Siento que voy a explotar.

―¿Le traigo un café? ―Mitsuki estaba harta del café, había pasado la noche realizando el balanceo oficial del mes con respecto a los informes de sus grandes compradores y distribuidores; tenía café inyectado en las venas―. ¿Quizá un te?

Shoto la conocía bien.

―Sin azúcar.

Ella se encaminó hacia su propia oficina para dejar sus carpetas e informes, necesitaba no ver números por al menos un par de horas. Se llevó ambas manos a la frente, la sentía caliente a consecuencia de tener los nervios de punta. Las cosas podían ir empeorando si no hacía algo al respecto con las ventas.

Shoto ingresó a su oficina con una taza de té que ella tomó casi de inmediato. Té matcha, ayudaba a aliviar sus dolores de cabeza y a relajarla un poco.

―Entonces, ¿te comieron vivo en la reunión? ―Preguntó Mitsuki con una sonrisa. Shoto parpadeó un par de veces, olvidaba que el hombre era demasiado literal―. Me refiero a si no te presentaron inconvenientes.

―Ninguno aunque sí expresaron su inquietud en cuanto a la baja demanda de éste mes.

―Carajo… ―Dio un sorbo profundo―. Lo que para los grandes distribuidores representa un 10%, para los pequeños significa un porcentaje aún mayor.

―25%.

―¡¿Qué mierda?! ―Mitsuki casi echó su taza de té ante la noticia―. Tiene que ser una puta broma.

―No es una broma, lo revisé bien. ―Mitsuki negó sencillamente, no estaba de humor para explicarle a su abogado y mano derecha que no todo lo que decía, debía ser tomado de forma literal―. Tiene que hablar con Shoen-san sobre el tema.

―No quiero hacerlo ―Respondió enseguida la mujer―. La veo estropeada. Hoy apenas fue a su consulta médica porque la obligué, pero sé que si sabe de éste descenso, su salud podría empeorar. No estamos listos para perderla como cabeza.

―Estoy de acuerdo. Sin embargo, en algún momento lo sabrá ―La mujer miró los ojos bicolor del abogado, eran serios y distantes, pero sin duda eran sinceros―. Necesitamos tomar una postura para afrontar éste nuevo mes.

―Estoy en eso ―Respondió dando un nuevo sorbo―. Hablé con los distribuidores, ¿tienes la lista de las tiendas con incremento de ventas? ―Shoto asintió―. Bien, quiero fortalecer los puntos que están más sólidos. Pero antes, necesito respirar aire puro.

―¿Le aviso al chofer? ―Mitsuki negó.

―¿Me acompañarías a caminar? ―Él la miró con duda―. Vamos, sé que te has visto con Ochako. ¿Te ha dicho algo sobre Katsuki?

Shoto vio el rostro de su jefa y sabía que no tenía otra opción más que acompañarla. Había trabajado el tiempo suficiente a su lado como para saber que la insistencia en Mitsuki era la suficiente como para evitar un mal rato negándole algo. Además, la notaba un poco extraña, como si el peso de su cuerpo le esforzara aún más, teniendo en cuenta que la mujer era de complexión delgada. He allí por qué admiraba tanto a Uraraka Ochako, pues ésta parecía ser más entendida en el ámbito de las emociones de los demás.

Dejaron la oficina para salir a caminar por las calles de Tokio, se dirigieron a pie hacia una de las plazas cercanas a la sede central de About Life Coffee, muchos funcionarios de distintas compañías próximas al suyo propio, salían a caminar en sus horarios libres. Mitsuki supo por medio de su abogado que su hijo viajaría a Nagoya para pasar el fin de semana con la familia de su novia. No es que tuvieran la mejor relación madre-hijo, principalmente después de la muerte de Masaru, pero carajo, el domingo era el día de la madre y su hijo iba a pasar ese día lejos de ella.

Aquella noticia la tomó ciertamente por sorpresa aunque no debería; hacía años que no veía a Katsuki durante el día de la madre. Pensar que había jodido tanto su relación con su hijo para poder ayudar a la empresa de su marido, intentando resguardar lo último que éste había dejado en vida, le dolía de sobremanera. Pasaba el tiempo pensando en Katsuki y la idea de que la empresa tuviese una baja muy grande económicamente hablando, hacía que el estrés laboral y emocional la hicieran mierda.

Y allí estaba, sábado de noche casi dando inicio al domingo, fumando en el balcón de su habitación, mirando la luna tan lejana y tan solitaria, pensando en su hijo, en la relación fallida que tenía con él, en el intento de acercamiento que creyó podría cambiar las cosas entre ambos con los planos de su padre fallecido pero sólo volvió a generar una brecha muy grande.

Exhaló el humo de su interior, no podía dejar de mirar a la luna que la observaba con cierta gracia retorcida. Recordaba una vieja canción que había escuchado la primera vez que Masaru la invitó a una reunión familiar; una prima suya cantó una canción llamada Figlio Della Luna, una balada triste sobre cómo una gitana hizo un pacto con la luna para poder casarse, pero a cambio, la luna se quedaría con su hijo, no lo sabía hasta que el esposo la terminó matando por creer que aquel hijo no era suyo, dejando al bebé a su suerte en un bosque sin nombre para que la luna, finalmente, se volviera madre.

En su momento, Mitsuki escuchaba la historia que Masaru le relataba como una tontería, pero aún recordaba cómo su piel se erizaba cuando oía la voz de la mujer cantando aquella historia tan triste, llena de tragedia y sangre. Mitsuki no entendía por qué recreaban a la luna de aquella manera.

Pero en esos momentos en el que se hallaba ante ella, la veía tan solitaria y triste, anhelando acabar con aquella soledad. Podía imaginarse un poco cómo se sentía, finalmente, ella también se sentía así: sola. Desde la última vez que vio a su hijo y que éste se marchó molesto de allí, no volvió a saber nada más de él. Ella volvió a guardar los planos de Masaru con cuidado, intentando no estropearlos más de lo que el tiempo se encargó de hacerlo, guardándolos de vuelta en la caja de madera que terminó entre penumbras y libros.

―Te dije que ese niño no apreciaría tu gesto, Mitsuki ―Habló Shoen cuando la vio en la biblioteca, guardando los planos de su difunto esposo. Mitsuki apretó con fuerza la superficie de madera entre sus manos―. Katsuki sigue siendo un egoísta.

―No tienes derecho a decir eso ―Respondió su nuera con rabia, mirándola. Shoen no disimuló la sorpresa de escucharla de ese modo―. Todos intentamos controlarlo, incluso tú, invitando a esa niña aquí. ¿Qué esperabas? ¿Qué ella interviniera por ti?

Shoen rio por lo bajo.

―Los hombres son seres básicos, Mitsuki. Lo dejan todo por una mujer; ya deberías de saberlo. ―Y con esa frase, se alejó de allí, dejándola con más rabia encima.

Mitsuki dejó escapar el humo de sus labios, recordando su cruce de palabras con Shoen y sus palabras aún taladrando su pecho. Masaru había dejado todo por ella: renunció a su sueño, a su libertad, por un futuro a su lado y una vida bajo el yugo de su madre. Era la única manera, solía decir su esposo cuando ella le decía que no tuvo por qué haber hecho eso, haber renunciado a todo por ella. Pero entendía por qué no podía ir contra su madre: Shoen tenía muchos privilegios, contactos y podía asegurar la vida de Katsuki como la suya, tanto como podía destruirla si iba en contra de su madre.

Como Katsuki intentaba hacerlo, aunque por veintiocho años, su hijo pudo burlar a su abuela y su intento por perpetuar la cabeza de la empresa. No comprendía por qué tanto afán en seguir con una empresa cafetera, el mercado era hostil contando con las empresas de importación sudamericanas y del Oriente Medio. Katsuki no era tonto, sabía que ir contra su abuela era elegir una vida lejos de privilegios, por ese motivo se había empecinado en trabajar por su cuenta, en hacer lo que amaba sin depender de nadie más.

Pero entonces, llegó esa niña: Uraraka Ochako y desestabilizó la vida de su hijo tanto que hasta accedió a pasar su cumpleaños con su abuela y con su madre. Debía estar agradecida con Ochako, pero sabía que mientras más poder le das al amor, haces que la posibilidad de que lo utilicen en tu contra, aumente. Como ya lo dijo Shoen, ella mejor que nadie sabía cuánto estaba dispuesto a entregar un hombre enamorado.

Volvió a dejar escapar el humo de sus labios, cerró los ojos. Estaba harta de estar en medio de todo aquel caos familiar. Aspiró profundo y se dejó abrazar por el viento nocturno que llegó a ella.

―Masaru… ―Susurró. Quería pensar que aquella brisa eran sus brazos, envolviéndola de aquella manera que sólo él sabía. Masaru era la calma para alguien tan temperamental como ella.


Ochako y Katsuki dejaron Nagoya el domingo después de almorzar con los Uraraka. Ochako le había preparado un regalo a su madre que consistía en un vestido veraniego en tonos rosas que su madre no tardó en probarse, completamente feliz ante el obsequio de su hija, incluso lo llevó puesto cuando llevaron a la pareja a la estación de tren con destino a Tokio.

Chieko y Kiyoshi abrazaron con fuerza a su única hija, ella prometió volverlos a visitar. Katsuki los veía con una pequeña sonrisa en los labios, le gustaba la química que tenían los tres; entonces la atención de Chieko fue a él y se dirigió al novio de su hija para envolverlo en sus brazos, incomodándolo. Sintió la mano de su suegra en su rostro, mirándolo con cariño, eso lo relajó un poco más, entonces la mujer se apartó de él.

―¿Me saludarías a tu madre de mi parte? ―Preguntó Chieko a Katsuki. Él sólo asintió, apartando su mirada sonrojada de la mujer.

Se despidieron de los padres de Ochako para subir al tren y acomodar sus pertenencias, se sentaron nuevamente uno al lado del otro y como el viaje de venida, Ochako se acomodó contra su hombro aunque ésta vez, no durmió todo el camino, ambos iban escuchando música con auriculares desde el teléfono de Katsuki; sonrió a Ochako al verla meciendo su cabeza con la melodía de Only for You de Heartless Bastards, era una de esas canciones que lo hacía pensar en ella.

Llegaron a Tokio a las tres de la tarde, pidieron un taxi y se dirigieron al complejo tardando apenas unos quince minutos. Tsuyu, Mina y Eijiro los aguardaban en la planta baja para fastidio de Katsuki que sólo quería llegar a su cama, claro que Ochako no se marchó de allí sin antes poner al corriente a sus amigos sobre su fin de semana.

―Así que ya conociste a tus suegros, eh ―Comentó Kirishima con diversión, golpeando el brazo de su amigo.

―¿Quieres morir?

―Katsuki ―Regañó Ochako―. Que no les engañe, estaba muy a gusto en Nagoya ―Comentó Ochako, recibiendo risas por parte de los otros tres.

―¡Cara Redonda, te quedas afuera! ―Bramó Katsuki molesto, caminando hacia el palier de ascensores. Ochako corrió detrás de él, despidiéndose de sus amigos.

Cuando llegaron al departamento, bajaron su pequeña maleta y lo primero que hizo Ochako fue tirarse en su cama, abrazando la almohada y lloriqueando que deseaba dormir todo el día. Él se dirigió a ella para tirarse encima suyo, ocultó su rostro en el cabello castaño de la mujer, inundándose en su aroma a fresas. Carajo, cómo adoraba su esencia.

―¡Katsuki, me aplastas!

―¿Qué quieres que haga si ocupas toda la cama, Cara Redonda? ―Ella siguió quejándose aunque ninguno hizo nada por apartarse, le gustaba el modo en el que el cuerpo de cada uno se acomodaba con el otro.

―Deberíamos de bañarnos. ―Comentó Ochako. Ella se acomodó para quedar rostro a rostro con el hombre, sonriendo a la mirada cansada que traía su novio―. A la tarde compraré los ingredientes para el pastel.

―No te preocupes, los compraré yo ―Respondió él. Katsuki cerró los ojos al sentir las manos de la mujer tocando sus mejillas―. Necesito dormir. Siento que mañana me lamentaré por perder el ritmo del trabajo.

―Oh, vamos. Necesitabas un fin de semana de descanso ―Ella estironeó sus mejillas, riendo ante las quejas de su novio―. Además, no parecías molesto con tomar unas mini-vacaciones.

―Cállate ―Ella siguió jugando con sus mejillas, riendo por lo bajo.

Fueron a bañarse un momento después y como se lo había dicho, Katsuki salió del departamento con destino a la tienda, quería comprar los ingredientes para el pastel que Ochako se ofreció en preparar para su madre; habían pasado varios días desde la última vez que había visto a su madre y sí, reaccionó muy mal ante todo lo que se le fue revelado, incluso lastimó a Ochako en ese altercado de emociones.

Su madre no estuvo excenta de heridas por su parte y no mentía, la pensó mucho todo ese tiempo. El viaje a Nagoya fue suficiente para hacerle entender que quizá fue demasiado duro con ella y que el tiempo transcurría, no se detenía por nadie; quizá él perdió demasiado tiempo por intentar cambiar su realidad, dejando de lado a Mitsuki.

Ingresó a la tienda de víveres, había cierta circulación de personas así que sólo se dirigió al área de repostería, recordaba los ingredientes que Ochako le había comentado que debía comprar, tenía buena memoria además sabía a la perfección qué marcas de productos utilizaba Ochako casi siempre. Fue metiendo los productos que necesitaba en la canastilla que traía en su diestra cuando escuchó una voz conocida detrás suyo.

―Tsuki, que agradable coincidencia. ―La voz de Camie llegó a él y éste se volvió a verla, dedicándole una pequeña sonrisa al reconocerla. Llevaba una canastilla semejante a la suya con dos envasados de carne fresca y otros ingredientes más.

―¿Ahora cocinas? ―Inquirió él con cierta diversión. Ella sonrió al mirar su propia canastilla.

―Alguien tiene que hacerlo ―Respondió ella―. Mi madre vendrá ésta noche para cenar. ¿Y tú? ¿Qué haces en ésta sección?

―Ochako quiere prepararle un pastel a mi madre ―Respondió sencillamente él. Camie no disimuló su sorpresa y él prefirió ignorarla.

―Vaya, sí que van en serio. No recuerdo que hayas pasado éste día con tu madre ―Dijo ella distraídamente―. Me alegra saber que las cosas con tu familia van cambiando.

―No lo llamaría "cambiar".

―Pero sin duda, tú ya no eres el mismo. ―Él la miró en silencio, ella sólo sonrió vagamente―. Entonces, ¿crees que escogí bien la carne?

―¿Dos embazados de carne para sólo dos personas? Es tu dinero, no mío.

―De hecho, tengo a un tercer invitado ―Dijo ella acomodándose un mechón de cabello tras la oreja. Bakugo pareció entrever una sonrisa en sus labios―. Conocí a alguien.

―¿Y ya lo vas a presentar con tu madre?

―¿En serio quieres hablar del tema? ―Katsuki se sonrojó―. Eres el menos indicado.

―Cállate.

Katsuki siempre encontró en Camie cierto refugio cuando todo parecía ofuscarlo, desde que se conocieron, su dinámica fue esa; tenían buena química, ella era de esas personas que se ambientaba con facilidad a todos los que la rodeaban, no importaba en donde estuviese, ella siempre sabía cómo adaptarse al entorno en donde estaba. Por eso a él le resultaba sencillo hablar con ella, eran buenos amigos, incluso con su historial juntos.

Fueron a la caja a pagar los productos de cada uno y una vez en las puertas de la tienda, ella se despidió de él con esa sonrisa contagiosa que tenía.

―Salúdame a Ochako-chan ―Dijo antes de desaparecer de su vista.

Katsuki caminó en sentido contrario al que Camie tomó, el atardecer iba cayendo y con él, el Golden hour inundó la ciudad. Tokio era asfixiante muchas veces, no podías caminar sin tropezar con otras personas, pero el atardecer parecía enlentecer todo un poco más; quizá por eso le gustaba tanto.

Subió hasta su departamento y vio a Ochako en la cocina, tenía el teléfono en el oído y una sonrisa en los labios, la escuchaba hablando con su madre. Él sólo dejó sus ingredientes en la mesada, besó su frente y se alejó de ella para dejarla terminar con su llamada.

Más de un mes de convivencia, pero unas semanas siendo oficialmente novios, tenían su rutina de domingo que consistía en sentarse en el sofá a ver alguna maratón de películas, principalmente de tinte rosa porque Ochako aún no le perdonaba que haya omitido el hecho de que EndGame finalizaba con la muerte de Tony Stark y Natasha Romanov. Casi tres días sin hablarle por ese motivo.

Ese domingo en particular, cambiaron su rutina por algo distinto, algo que no creyó llegar a hacer. Katsuki ayudó a Ochako en la preparación del pastel cuando ésta terminó su llamada, él sabía los procedimientos pero le gustaba verla al mando, aunque no lo dijera, le gustaba ver su expresión de concentración cuando preparaba platillos.

Más de un mes de convivencia y unas semanas siendo oficialmente novios; nadie en su trabajo estaba al tanto de su situación para su alivio, después de todo, había una estricta regla de no compromisos entre empleados por una cuestión de profesionalidad, además de que Ochako cuidaba mucho su imagen frente a sus demás compañeros. Él nunca cambió su trato hacia ella, aunque no mentía, había veces que quería meterla en el depósito y desnudarla, carajo que ella no necesitaba hacer nada para encenderlo. Eso le gustaba en Ochako.

Comenzaba a pensar si realmente debía ir a ver a su madre. Es decir, podía quedarse con Ochako, desnudarla y hacerla suya hasta que los dos no puedan más en lugar de enfrentar un problema que aún no sabía estaba listo para hacerlo. La idea no sonaba para nada mal. Se acercó hacia ella por detrás y rodeó su cintura con sus brazos, pegando su vientre contra su trasero. Ochako rio por lo bajo y lo miró de soslayo.

―¿De verdad, Katsuki? ―La escuchó preguntar con un tono acusatorio.

―¿Qué? ―Preguntó él en un ronroneo contra su oído, enviando una corriente de electricidad por ella. La sentía estremecerse. En poco tiempo, él fue descubriendo y memorizando sus puntos débiles para hacerla sucumbir.

―Katsuki, así no terminaré el pastel ―Respondió ella, sintiéndolo detrás suyo. Él sabía cómo tocarla para hacerla perder la concentración―. Katsuki…

―Te ayudaré con el resto después ―Insistió.

―¿Qué no estabas cansado?

―No lo suficiente, Cara de Ángel ―Susurró y ella se volteó a verlo con una ceja enarcada―. ¿Qué?

―No quieres ir a la casa de tu madre, ¿es eso?

Katsuki dejó escapar un suspiro cansino tras sus palabras, ella rodó los ojos.

―Carajo, ¿no puedo coger con mi novia cuando quiera?

―Si tu novia está preparando un pastel para tu madre, no ―Respondió ella cruzándose brazos. Él chasqueó la lengua molesto. La vio acercarse hacia él y entonces sintió la mano de Ochako en el inicio de sus pantalones, jalándolo despacio hacia ella sin apartar su mirada de la suya. No mentía, lo tomó por sorpresa―. Si me ayudas a terminarlo, tendremos un par de horas libres antes de ir a su casa.

Él contuvo el aliento un momento, no podía borrar su sonrisa de sus labios o apartar su mirada de la castaña, ella sólo podía verlo con una determinación divertida. Carraspeó para alejarse de ella e ir a por los ingredientes que faltaban añadirse, maldiciendo por lo bajo.


Mitsuki abrió la puerta de la habitación de Shoen hallando a su suegra recostada en la cama, la mujer la vio y sonrió a su nuera. Eran las siete de la tarde pero Shoen solía acostarse temprano debido a su salud. Mitsuki ingresó a su habitación para tomar asiento en el sofá cerca de la cama queen size en la que se hallaba la mujer mayor.

―¿Cómo te sientes? ―Preguntó Mitsuki entonces.

―Agotada pero entera ―Respondió con una sonrisa ligera―. No te he visto desde ayer. ¿Algo que debas decirme?

Mitsuki se mordió la lengua con fuerza. Había algo que siempre odiaría de Shoen (bueno, eran muchas cosas pero principalmente esa) y era su facilidad para percibir cuando algo anda mal o le están ocultando algo. La reunión del sábado con los grandes exportadores dio pie a que ella no se presentara en la casa por al menos, gran parte del día. Ella había tomado el trabajo de Shoto para mantenerse ocupada todo el fin de semana e intentar hallar una manera de contrarrestar la baja en ventas sin tener que mencionárselo a su suegra.

Sin embargo, la mujer parecía percibir su inquietud.

―No necesitas ocultármelo ―Dijo entonces Shoen―. Sé que la empresa no está pasando su mejor momento pero hemos tenido caídas peores.

―¿Cómo…?

―¿Olvidas que tengo acceso a los archivos en internet? ―Preguntó ella con una ceja enarcada, sorprendiendo a su nuera―. Sé que soy una anciana pero Shoto se tomó el tiempo para enseñarme todo lo que necesito saber.

―Carajo.

―No es culpa de nadie, Mitsuki ―Siguió hablando Shoen―; de hecho, es algo que se veía venir pero intenté mantener a raya todos éstos años. Nos cuesta mantenernos en el mercado por la excesiva competencia existente gracias a los granos traídos de América, ya sabes, Brasil y Colombia son los más grandes del mercado.

―Supongo que necesitamos un plan de contraataque.

―La actualidad nos está pasando por encima ―Shoen suspiró y movió las sábanas que cubrían sus piernas, Mitsuki la vio bajando la cama con cierta dificultad―. Es imperativo que Katsuki se involucre cuanto antes en el negocio: el niño es un terco de mierda, pero es visionario. Supo cómo levantar a Towers como lo conocen en la actualidad.

Mitsuki no lo dijo pero le sorprendió escuchar a Shoen hablar del restaurante de Katsuki sin emplear algún mote despectivo o desprestigiando su trabajo. Ambas mujeres dejaron la habitación de Shoen para dirigirse a la cocina, la mujer quería un vaso de agua y Mitsuki era su bastón.

―¿Éste año Katsuki tampoco te felicitó? ―Preguntó entonces a su nuera. Mitsuki sólo tensó su mandíbula.

―No quiero hablar del asunto.

―Vaya cruz te has cargado sobre los hombros desde que entraste a ésta familia. Imagino que te lo replanteas diariamente.

―Sin importar las circunstancias ―Dijo Mitsuki mirándola a los ojos―, nunca me arrepentí de nada.

Mitsuki frunció su ceño al mirar a su suegra; ésta no se inmutó en absoluto. Su nuera había tolerado todo tipo de tratos por parte de la mujer desde que comenzó a salir con Masaru, incluso después de casados y una vez que éste asumió la presidencia de la empresa, Shoen no se molestó en endulzar su trato hacia ella.

Por su parte, Mitsuki amaba más a Masaru de lo que le molestaba su madre y nunca se rebajó a tratos hostiles como la mujer, todo lo contrario: Mitsuki le demostró en más de una ocasión que no la temía, que no importaba cuánto hablara o cuánto intentara menospreciarla, ella siempre se había mantenido firme.

Shoen lo sabía y por ese motivo, supo respetar a Mitsuki y la nombró su vice-presidenta cuando Masaru murió. Aún recordaba el día que, frente a la lápida de su hijo recién fallecido, le dijo que necesitaba un pilar fuerte en la empresa.

Eso era Mitsuki para Shoen, un pilar: trabajaba a compresión, no importaba cuánto sumaban en su espalda, ella no se doblegaba y eso fue lo que necesitó la actual presidenta para saber que su hijo eligió bien a su esposa. Porque alguien frágil no tenía lugar frente a un Bakugo.

Los pasos de una de las empleadas del lugar se escucharon acercándose hacia ellas, traía la respiración acelerada y parecía nerviosa por algún motivo que alteraba a Mitsuki.

―¿Tomoe? ¿Qué pasa? ―Preguntó. La mujer aspiró profundo para responder.

―El joven Bakugo está aquí. ―Tanto Shoen como Mitsuki compartieron una mirada inquieta al escuchar sus palabras y no dudaron en ir hacia la entrada principal.

Bakugo Katsuki dejó de presentarse en fechas festivas como lo era aquella desde hace tiempo. Masaru falleció y fue lo último que Katsuki necesitó para apartarse por completo de su familia; solían encontrarse en el cementerio por el aniversario del hombre pero nada más. Pensar en eso hacía que a cada paso, los latidos de Mitsuki se hacían más y más fuertes, resonando en sus oídos. Mitsuki olvidó a su suegra, no tenía tiempo para esperar por ella, la idea de saber que su hijo había roto la maldita tradición de ignorar fechas festivas, fue más fuerte. Llegó al salón principal y entonces, vio a su hijo junto a Uraraka Ochako, él con las manos en sus bolsillos y ella con una caja de cartón con un moño encima.

―Katsuki… ―Susurró su madre al verlo allí. Ochako le dedicó una pequeña sonrisa―. Ochako, ¿qué hacen aquí?

―Katsuki y yo quisimos hacerte una visita ―Dijo Ochako entonces.

La castaña miró a su novio y éste se encogió de hombros, aparentando no darle importancia al asunto. Katsuki chasqueó la lengua con hastío, tomó el pastel de Ochako con sus manos y fue hacia su madre para tendérselo.

―Feliz día, mamá ―Dijo por lo bajo, un ligero sonrojo adornaba sus mejillas. Mitsuki observó a su hijo por un largo momento, muda, tiesa.

―¿Acaso estás enfermo? ―La voz de Shoen ingresando a la sala llamó la atención de los demás, quienes la vieron llegar de la mano con la empleada que las había notificado la llegada del heredero de los Bakugo.

Ochako se encogió en su sitio sintiendo la gran tensión en el lugar; por su parte, Katsuki frunció su ceño y masculló molesto.

―¡Cállate, vieja!

Mitsuki tomó el pastel entre sus manos e ignorando la tensión de la sala, sonrió a su hijo.

―Gracias por el gesto, Katsuki ―Él sólo se encogió de hombros sencillamente, se alejó de su madre.

―Eso era todo.

―Katsuki ―Reprendió Ochako.

Shoen sonrió para sí al ver la pequeña discusión de la pareja, Ochako reprendiéndolo por ser tan poco expresivo y él sólo maldiciendo que ya no tenía nada que hacer allí. Los ojos de Mitsuki se humedecieron un poco y apartó la vista a otro punto para no hacerse notar. Claro que Shoen sí lo hizo.

―¿Por qué no lo compartimos juntos? ―La voz de la matriarca se oyó fuerte. Mitsuki la miró sorprendida y ésta sólo se encogió de hombros―. Dejemos la riña familiar a un lado y bríndale a tu madre un día de paz.

Ochako miró con urgencia a su novio, pero éste seguía observando a su abuela como esperando que de alguna ponzoña. Él podía esperar lo que sea de su parte. Katsuki sintió la mano de Ochako tomando la suya, la miró y luego vio a su madre. Podía ver los húmedos ojos de su madre.

―Maldición. ―Dijo a regañadientes.

―Nos encantaría ―Respondió Ochako de pronto.

―Cara de Ángel ―Habló Katsuki mirándola con el ceño fruncido.

―Está bien ―La voz de Mitsuki llamó la atención de la pareja―. Éste gesto es más de lo que esperaba recibir hoy. No tienen que quedarse.

Katsuki vio cierta fragilidad en los ojos de su madre, era la primera vez que lo hacía. Él sólo había visto llorar a su madre cuando su padre falleció, luego en ninguna otra oportunidad la vio a tal punto de parecer romperse en cualquier instante. Había pospuesto por demasiado tiempo aquel asunto. Chasqueó la lengua y encogiéndose de hombros, dijo.

―No tenemos nada que hacer después ―Dijo y Ochako lo miró con una sonrisa―. Podemos quedarnos un rato.

―¡Já! Quién diría que nació la mujer que dominaría a Bakugo Katsuki ―Comentó Shoen con gracia.

Su nieto comenzó a maldecir en todos los idiomas recibiendo sólo burla por parte de su abuela caminando en dirección al comedor principal. Ochako rio ante la escena, siguiéndolos por detrás; sintió entonces la mano de Mitsuki en su hombro, se volteó a verla.

―Gracias.

La castaña sonrió a la mujer, podía sentir el verdadero agradecimiento por su parte y en verdad sabía que su hijo comenzaba a dejar el odio y el rencor de a poco; no podía ocultar el agradecimiento que le tenía a la mujer que estaba consiguiendo sanarlo. Ambas se dirigieron hacia el comedor.

Y tal como lo había dicho Bakugo Shoen, esa noche dejaron de lado la riña familiar para intentar cenar, no como una familia unida, no podían mentirse tanto, pero al menos como personas que podían estar en la misma habitación sin declarar la tercera guerra mundial sólo entre ellos.

Ochako veía a su novio hablando con su madre, ésta le hablaba de la situación de la empresa y Shoen sólo soltaba frases como "te lo dije" en varias ocasiones, mientras comían el delicioso pastel que había preparado Uraraka. No supo en qué momento comenzó a reír pero el ambiente se había vuelto menos tenso y más agradable. Sintió la mano de Katsuki tomando la suya, dirigió su atención a los ojos rojizos del hombre, sonrojándose ante la intensidad de su mirada. Ella sólo había hecho un pastel, no podía darse crédito de nada, sin embargo sentía en su mirada muchas cosas.

El teléfono de Katsuki comenzó a vibrar entonces en el bolsillo de sus pantalones, llamando su atención, molestándolo. Lo ignoró un buen rato, hasta que las vibraciones continuaron con otra llamada que hasta a Ochako llamó su atención.

―Contesta, podría ser importante ―Dijo su novia.

Él se encogió de hombros para sacar su móvil y comprobar que era una llamada de Utsushimi Camie, miró extrañado la pantalla de su teléfono sin saber muy bien por qué lo estaba marcando. Prefirió ignorarla.

―¿Está todo bien? ―Preguntó Ochako al verlo guardando su teléfono.

―No es nada ―Ella sonrió y él pasó su brazo sobre los hombros de su novia, escuchando a su madre hablar de una de sus tantas memorias sobre Masaru.