¡BIENVENIDA!
Pasaron dos largas semanas, risas prolongadas y encuentros íntimos silenciados por la noche, la vida rozaba el término de paz y Rin no podía pedir más. Sus arduos entrenamientos continuaron esta vez con los soldados regulares, a veces era inevitable que recordara a Ryuji y se preguntaba como estaría. La extrañaba era la mera verdad. Oyuki se mostró más atenta y las reuniones de té en los jardines se hicieron más frecuentes, el entorno sobre el que Rin se formaba de gran amabilidad y atención.
Por las noches eran los momentos favoritos de la muchacha, su señor trabajaba todo el día y aunque solía visitarlo por momentos o lo asaltaba en los pasillos contándole sobre algo que había aprendido ese día y de vez en vez robarle unos besos o caricias. Cuando era niña le toco que el demonio la lamiera en pequeñas heridas que se llegaba a hacer, ahora a momentos deslizaba su lengua por alguna parte de su cuello, como si la saboreara para devorarla después, cosa que hacía todas las noches.
Los días transcurrieron hasta que el amo dio una noticia, los sirvientes del palacio se conglomeraron en el jardín principal y el solo habló desde su gran balcón de piso de mármol. Se acercó hacía el borde y prosiguió:
-Habré de irme esta tarde, se encargaran de sus labores tal cual lo han hecho hasta ahora, cualquier acto de desobediencia será castigado.-Muchos sintieron un escalofrío y al final solo hicieron una reverencia.
Fue corto su discurso, sin detalles y sin cambiar su voz fría. Rin se sentía deprimida de que no tendría cerca a su señor, pero sabía que él regresaría, aunque a veces por la noche la asaltaban pesadillas donde el la abandonaba. Despertaba asustada y en ese momento un pálido brazo la abrazaba, atrayendola al pecho desnudo del Lord y en segundos lograba conciliar el sueño tranquilo. No quería estar sola, detestaba estarlo, pensaba en Oyuki y Jaken pero muchas cosas habían pasado y el fuerte lazo que lo unía con el perro se había cada vez mas imponente.
Sin embargo, su nana ya la conocía lo suficiente, esa misma mañana mientras el Lord arreglaba detalles de su viaje, llegó con una petición. Se llevaron un poco más de una media hora y finalmente, la kitsune hizo una reverencia y salió.
El sol comenzaba a meterse y Rin se sentía cada vez más ansiosa. Jaken lo estaba aún más pues parte de la administración del palacio quedaría en sus manos.
-Pero señor Jaken, yo recuerdo que usted me había dicho que quería el puesto de ministro del imperio de mi señor, ¡lo ha logrado!
-No es tan fácil, Rin. Un error y mandará cortarme la cabeza.-Decía imaginándose su cabeza rodar.
-No piense eso, es obvio que el amo no lo haría.-Le aseguró tranquilizando al demonio.
Sesshomaru caminó a paso sereno con Rin por una de las veredas del palacio hacia los establos de las bestias de transporte, ella se asombró de ver a Ah-Un con una carroza para dos personas, algo pequeña pero confortable y detrás dos sirvientes terminaban de colocar dos baúles.
-Amo ¿irá en compañía?.-Jaken no iría ni ella, ¿entonces, quién?
No respondió hasta que llegó donde estaba el dragón.
-Buenas tardes, Lord.-Oyuki salió detrás de Ah-Un, Rin ya no entendía de que iba todo eso. Un sirviente abrió la portezuela para entrar a la cubierta de Ah-Un.
-Irás con Oyuki al Sengoku.-Sentenció Sesshomaru quien comenzaba a caminar alejándose de las mujeres. Un rápido palpitar acudió a su pecho.
-¿De verdad? ¡Muchas gracias!.- Antes de que pudiera alejarse más, Rin le abrazó por la espalda y reía para si misma.
-Gracias, amo.
-Pórtate bien.
Ella sonrió llegando hasta su rostro.
-Ya no soy una niña.-Dijo con diversión.
-No, pero sigues siendo igual de escandalosa.-Le contestó él con el afán de molestarla en broma.
Los sirvientes tras ellos no voltearon. Rin depositó un tierno beso en los labios y regresó para abordar a su amigo.
-El Lord nos escoltará hasta las fronteras, el tomara el este y nosotras el norte.-Le informó la kitsune.
Sesshomaru comenzaba a elevarse y enseguida Ah-Un le siguió el rastro.
-¿Llevan nuestras cosas?.-Preguntó.
-Claro pequeña, convencí al amo para que te dejara venir con la única condición de que te acompañará.
-Dime ¿no hay problema con que dejes a tus pequeños solos?
Ella parecía que si le pesaba pero contestó:
-Mis pequeños estarán bien, su padre y yo tuvimos que cambiar de roles, yo trabajo y el los cuida, es un poco cansado, pero lo vale cuando llego a casa y mis pequeños me reciben, cuando regrese veré sus rostros más radiantes que antes y los abrazaré y besaré como nunca.
Esto conmovió a la humana que sonrió.
-Muchas gracias Oyuki.-Exclamó Rin mientras abrazaba a su nana.
La noche comenzaba a hacerse presente Rin disfrutaba del paisaje nocturno y se mostró contenta a estar sobre las nubes. Asomó su cabeza, no muy lejos de ella su amo se movía con gracia mientras su estola ondeaba en armonía con el aire. Le miraba de espaldas y su rostro entristeció, era más que feliz sabiendo que vería a su familia pero no le gustaba estar lejos de su señor. Sintió unas inmensas ganas de abrazarlo y besarle.
¿Por qué no hacerlo?
Miró hacía atrás y observó el rostro durmiente de la kitsune, tal vez la reprendería... Salió un poco de Ah-Un y miró el gran abismo que se abría a sus pies. No tenía miedo, eso jamás. Cerró sus ojos y al abrirlos el tono del mar se apoderó de ellos, un par de alas se desplegaron y como una voluta de humo se elevó un poco alcanzando velocidad. Agitó sus alas más fuerte y alcanzó la altura de su señor, este pareció sorprendido de verla.
-Rin ¿Qué estas haciendo?.-Preguntó aunque era obvia la respuesta.
La mencionada le sonrió y simplemente se acercó a él.
-Sabes, sé que volverás... Pero me es imposible el no extrañarte.
Esto pareció desconcertar al demonio, sería tal vez por el rostro sonriente de la chica o por las palabras que le estaba diciendo en ese momento, pero ella no esperaba que le respondiera con una sonrisa, su orgullo aún era muy grande, solo regresó su vista al camino. Eso era bastante respuesta. Ella ya no pidió nada más, solo voló muy cerca de él.
La brisa de la noche la hizo estremecer, pero no se inmutó, no quería separarse, no ahora. La luna, su compañera de todas las noches volvía a estar presente ¿por qué la admiraba tanto? Fue testigo de la muerte de sus padres, su compañera cuando estaba sola y no podía dormir, muda igual que ella, su brillo la reconfortaba, ahora solo permanecía quieta mientras su vida pasaba frente a ella, sus lágrimas nocturnas tras la misma pesadilla, el calor de una fogata y la mirada ambarina que destellaba velando sus sueños, ya no había porqué temer más, no, ya no.
Suspiró, ya tenía que admitirlo, tenía sueño. Cerró sus ojos intentando descansar aunque fuese unos segundos en el aire, antes de poder abrirlos chocó con el cuerpo de su señor, el cual seguía de espaldas.
-¿Amo? ¿Ya llegamos?
Su voz sonaba triste, pero solo observó como el la miraba de soslayo. Ah Un no se detuvo y cuando los rebaso, Sesshomaru se giró para tenerla frente a frente. Los cabellos oscuros se mecieron en el aire y guardó el aire sorprendida. Su brazo solo alcanzó a rodear su cuello cuando el volvió a emprender el vuelo mientras la sostenía fuerte entre sus brazos.
-Sesshomaru.-Susurró y la brisa acarició su rostro de nuevo. Tras unos instantes sintió el calor que el cuerpo del hombre emanaba, podía ser pálido pero no era nada comparado con lo que estaba sintiendo, cerro sus ojos y escondió su rostro en el cuello de él. Percibió su aroma y lo aspiró mientras se abrazaba más. No quería dormir, solo quería permanecer así por toda la eternidad.
Lamentablemente, nada es eterno y tras unas horas. Ah-Un se detuvo al igual que el Daiyoukai, el no dijo nada, miró la luna y después a la niña que había caído sin poder resistirse en un sueño.
-Siempre te duermes en las mejores partes.-Le dijo aún sabiendo que no lo escuchaba. Se acercó a la carroza de la bestia dragón y abrió la puerta.
-Déjemela.-Dijo Oyuki, podría haber estado dormida pero no era tonta, había notado la ausencia de Rin desde hacía tiempo. Ella la tomó en brazos como una niña y la acomodo dentro del transporte.
Sesshomaru solo alcanzó a acomodarle varios mechones del rostro y observar sus labios entreabiertos. Así permaneció por unos instantes.
-Asegúrate de que no le pase nada. Iré por ustedes en cuanto haya terminado esto.
Oyuki asintió y el simplemente desapareció en la neblina nocturna. Se cerró la portezuela y tomaron rumbo distinto.
-Ay pequeña, eres tan dulce. No entiendo como un ser tan gélido como el ha podido cautivar tu corazón.-Se decía así misma mientras la veía dormir. Rin se movió un poco incómoda y su nana solo la abrigo un poco más.
-Ses...homaru...
-Los humanos son increíbles.-Susurró.
-Amar con tanta pasión...-Añadió. Viró su vista hacía la noche que avanzaba más. Habrían de llegar mañana por la mañana.
-Al menos esta pequeña sorpresa para tu familia te hará sentir más feliz.-Finalizó mirándola y esperando que por fin llegase el mañana, admitió que tenía curiosidad de conocer un pueblo humano, conocer a la segunda familia de la niña, al medio hermano del amo. Rin solía contar tantas cosas que los aromas de las flores y los ambientes familiares ya se le hacían tan conocidos a la kitsune.
Ella sabía que la humana extrañaría al Lord, recordó que ella le había advertido las primeras semanas de su llegada que el amo podría tornarse posesivo, pero ahora parecía tragarse sus palabras. Aunque Rin no lo viese, era obvio que el amo la necesitaba, puede que incluso el no se diera cuenta, ella misma se sintió feliz de que al menos había brillo en la mirada del señor. Durante su estancia solo respondía con monosílabas, pero solo era cuestión de momentos...
-¡Amo Sesshomaru!.-Entraba la pequeña y se acercaba a el.
En ese instante, se podía ver como cambiaban sus facciones, la luz era distinta, el aire se volvía cálido y se respiraba tranquilidad en el ambiente. Oyuki seguía analizando la situación de sus señores cuando no advirtió como el sol se abría paso. Sintió un calosfrío y bostezó, la humana frente a ella comenzaba a removerse la gran capa que la había cubierto por la noche. Solo alcanzó a ver como las montañas se dibujaban, estaban bajando de altura.
Se levantó bruscamente.
-¡No, me he quedado dormida!.-Se regañó.
-Cálmate, podría decirse que el amo te arrulló hasta que te dormiste, llegamos a la frontera y te entregó a mi.-Explicó pero Rin sabía perfectamente eso.
-Quería despedirme de él.-Dijo algo decaída.
-El lo hizo por ti... No te preocupes, solo son unos días. El mismo dijo que en cuanto terminase sus asuntos vendría por nosotras.
Esto consoló a la muchacha y se distrajo con el paisaje por donde se abrían camino.
-Prométeme que me enseñarás todo.-Oyuki tomó la mano de la chica.
-Claro nana.
Pasaron un par de horas.
-¡Yo conozco ese valle!.-Exclamó Rin que se asomaba casi medio cuerpo fuera de la carroza.
-¿es decir que estamos cerca?
-¡Así es! Estoy tan ansiosa de volver a ver a todos. La señorita Kagome, el joven Inuyasha, el pequeño Inutenshi y la familia del monje Miroku y la señora Sango.
Ah-Un gruñó en el aire y revoloteando en el aire por fin logró tocar tierra. La bestia parecía cansada y dio un gran bostezo.
-Mi gran amigo, lamento el largo viaje.-Dijo Rin, el dragón le correspondió el gesto y frotó sus dos cabezas contra el cuerpo de la chica. Oyuki bajó y observó a sus alrededores.
-Es claro el aroma a humanos.-Dijo mientras olfateaba con cuidado.
Rin la vio extrañada, parece que esto le ponía los pelos de punta a la zorra mágica. Caminó un poco y aspiro del puro aire, cerró sus ojos intentando recobrar memorias de su niñez en ese lugar.
-¿Qué sucede Rin?
-Nada, me alegra estar aquí de nuevo.-Le respondió. Comenzó a caminar.
-¡Vamos, quiero presentarte a mi familia!
-¡Espera, Rin!.-La kitsune la jaló de su brazo y la puso detrás de ella en posición defensiva.
-Hay un aroma extraño...
Rin no comprendía a que se refería pero alcanzó a escuchar como varios arbustos comenzaban a moverse, esto no parecía asustarla. Notó la presencia de algo o alguien por entre los arbustos y de alguien más en las copas de los árboles, sus ojos se encendieron en su particular color primario y sonrió ampliamente.
-¡Shippo!
Frente a ambas mujeres se abrió camino un inmenso mounstro con la piel de reptil y dos cuernos, parecía una serpiente gigante.
-¿Pero qué clase de broma es está?.-Se preguntó Oyuki que relajó su postura.
-¿Rin?.-Preguntó una voz gruesa, la serpiente frente a ellas no movía los labios pero su voz era clara. Una nube de humo hizo desvanecer esa ilusión y se escucharon los pasos cautelosos de un pequeño niño zorro.
-¡Rin, eres tú!.-Exclamó y se lanzó a sus brazos, la humana lo recibió tan feliz que olvidó que sus nuevas habilidades la habían dotado de super fuerza, casi le rompe las costillas.
-¡Shippo, discúlpame, aún me falta para acostumbrarme a esto!.-El alma parecía salir de la criatura adolorida. Recobró la compostura.
-No te preocupes.
-Yo... un momento...
Sus ojos volvieron al color azul y sintió un aroma realmente conocido. Tras ella una sombra salió de una de las copas de los árboles y comenzaba a caer en picada desde las espaldas de la muchacha, pero en unos segundos ella se dio la vuelta y extendió los brazos feliz.
-¡Pequeño Inutenshi!
El niño reía feliz abrazándose a la joven.
-¿Un hanyou, acaso es el hermano del amo?.-Preguntó Oyuki. Shippo notó su presencia y miró sus orejas y colas, cuando la kitsune notó su mirada lo miró algo extrañada, la miraba con los ojos cristalinos y un sonrojo en sus mejillas. No pudo evitarlo y llegó un estrujo a su corazón, el niño le recordaba a sus pequeños, no pudo mirarlo tiernamente y le sonrió, esto hizo que el pequeño se sonrojara aún más y desvió la mirada.
-¡Señorita Rin, creí que ya nunca regresarías!.-Le exclamó el niño que restregaba su cuerpecito contra el de la muchacha.
-Claro que no, yo nunca los olvidaría.-Respondió, se giró hacía su nana.
-Bueno Oyuki, te presento al pequeño zorro mágico Shippo.
El mencionado no la miraba, su rostro seguía rojo, solo hizo una reverencia.
-Fue un gran guerrero en la guerra contra el monstruo Naraku.-El zorrito se llevó su brazo tras la nuca.
-No es para tanto...
-Señorita Rin ¿quién es ella?.-Preguntó Inutenshi.
-Para allá voy, mira Oyuki.-Se acercó a su nana.
-El es el sobrino del amo, es el hijo de la señorita Kagome, su nombre es Inutenshi.
El niño movió sus orejas y se acercó al rostro de la kitsune, la olfateó.
-Hueles muy bonito.
El comentario hizo sonrojar a la mujer quien solo río. El pequeño grupo comenzó a caminar hacía la aldea, Ah-Un les seguía el camino. Conforme se adentraban, los aldeanos saludaron calurosamente a la niña que les respondía los saludos, otros más solo saludaban a la kitsune, era extraño ver tantos humanos en un solo lugar. Era una nueva experiencia aún con sus 800 años.
-Eres muy conocida.-Le dijo mirando sus alrededores.
-Rin, siempre fue protagonista de travesuras y una niña muy linda, era popular entre la aldea.-Decía Shippo.
Oyuki seguía observando, de alguna forma aquél lugar le recordaba a la ciudad del Lord, por un momento sintió nostalgia, hacía mucho que no salía de las tierras del Lord, no desde que dejó su anterior puesto y se encargó de tener familia. Nadie parecía asustado de la presencia de los yokais y esto alivio a la mujer.
-¡Señorita Kagome, señorita Kagome!.-Un joven corrió hacía la cabaña de la mujer quien salió alarmada creyendo que se trataría de un problema.
-¿Qué pasa Sosak?
Cual fue su sorpresa, sus ojos se abrieron al máximo y vio a su pequeño en brazos de la muchacha de los ojos chocolate.
-¡Rin!.-Corrió a su encuentro.
-¿Rin?.-Dijo Sango que salió detrás de la miko, la cual se separó de ella y recibió a su pequeño.
-Pero, ¿qué haces aquí? Hace poco más de dos meses que te dejé en el palacio con Sesshomaru.-Le preguntaba sonriente.
-Es una larga historia.-Respondió.
-¡Oh, es un placer volver a verte Oyuki!
-Lo mismo digo señorita Kagome!.-La kitsune se inclinó un poco.
-Por favor, deja de formalidades, estas en tu casa. Por favor, pasen. Haré té.-Decía Kagome abriendo las puertas de su casa.
La gente iba a visitar a la chica, no solo había sido la niña que acompañaba a un gran demonio por las tierras tras el rastro del monstruo Naraku, era una gran compañía para todos. Le llevaron flores y frutas como bienvenida, los niños corrieron a verla y jugaban con ella a momentos.
-Me hace tan feliz volver a verlos a todos.-Susurró.
Comenzaban a comer y las gemelas estaban ahora a un lado de ella haciéndole preguntas como: ¿Cómo es el palacio?, ¿cómo eran las personas de ahí?, ¿estaba feliz de vivir rodeada de demonios?.
-Niñas, dejenla en paz, debe estar cansada por el viaje.-Les decía Sango mientras colocaba dos platos rebosantes de comida ante la niña.
-¡Vaya muchas gracias! Me he estado muriendo de hambre.-Exclamó Rin que comenzaba a devorar lo que tenía frente a ella.
-¿Desde cuando tienes tanto apetito?.-Preguntó divertida Kagome.
-Debe ser desde que hice las pruebas con mi suegra.-Respondía Rin aún con alimentos en su boca.
-¡es cierto, Kagome, nos contó todo lo que tuviste que pasar! Tienes que enseñarme tus técnicas, ¿no habrás olvidado a tu maestra, verdad?
Sango puso su mano sobre el hombro de Rin y ella sintió un escalofrío. ¡Claro que las recordaba!
.:FLASHBACK:.
-Rin, corre.
-Pero es un tronco muy delgado.-Decía Rin con solo 12 años, tenía que cruzar un gran río rápido a través de un árbol.
-¡Oh, claro tienes razón! Los enemigos tras de ti dirán: "Oh, espera, la niña no puede cruzar, será mejor ayudarla y después la degollamos"
El sarcasmo no era necesario pensó la niña. Cerró sus ojos y comenzó a correr para cruzar, apenas habían pasado unos segundos cuando chocó con un árbol frente a ella, su frente se adorno de un rojo intenso.
-¿Por qué has cerrado los ojos?.-Le decía Sango quien ya había cruzado el río.
-.-.-.-.-
-Rin, cuando estas sola en una situación de muerte, tienes que aprender a confiar ¿de acuerdo?
La mencionada permanecía en la rama de un árbol dándole la espalda a su maestra. La palabra muerte le ponía la piel de gallina.
-Entonces, anda, déjate caer. Yo te atrapo.
-¿¡Qué!?.-Gritó la niña que con un movimiento brusco por intentar voltear casi se cae de la rama.
-Confianza Rin, confianza...
Una gotita de sudor corría por su rostro, tragó saliva y se dejó caer de espaldas.
-¡Regla número, no confíes en nadie cuando se trata de tu vida!
Sango con los brazos estirados los retiró rápidamente y se alejó unos pasos. Solo se escuchó un golpe seco del cuerpo de Rin golpeando el suelo.
-Itaiii...
-.-.-.-.-
-Señorita Sango, quiero ir al baño.
-En la guerra no tendrás tiempo de ir al baño...
Ya eran los 15 minuto más largos de toda su corta vida y ella permanecía ahí de pie con dos mancuernas con piedras atadas a sus pies y manos.
.:FIN DEL FLASHBACK:.
-S-si... claro que lo recuerdo.
-Oyuki espero que no te sea incómodo tu estadía aquí.-Le comentó Kagome.
-Oh, no claro que no. Tenía muchas ganas de conocer a la familia de Rin.
-¡Kagome!
Un gritó estremeció el lugar y una rápida ráfaga color roja se adentró a la casa, ¿era una ráfaga?
-¿Dónde está?.-Decía Inuyasha con colmillo de acero desenvainada. Miraba a todos lados y rastreaba bajo los muebles.
-¿Qué carajos pasa contigo, Inuyasha?.-Preguntó exaltada su mujer con una vena saltada.
-No estoy loco, ¡aquí apesta a ese idiota de Sesshomaru!
-¡ABAJO!
El suelo se estremeció ante tremendo golpe que se había dado el medio demonio. El hanyou se plantó frente a ella y la observaba, ¿por qué estaba tan enojada? El solo quería protegerla.
-S-señor Inuyasha... Es un gusto volver a verlo.-Dijo Rin intentado romper ese tenso ambiente.
-¿Rin?
Esto si que era una sorpresa, en su mesa, Sango y sus niñas, su pequeño cachorro, Rin, Shippo y una mujer extraña que no conocía de nada.
-Rin ¡has vuelto!.-Exclamó y regresó a colmillo de acero a su vaina. Rin se levantó y caminó a abrazarlo.
-Es tan agradable volverlo a ver.-Le dijo y le besó en la mejilla. Inuyasha simplemente sonreía, podía ser un malhumorado pero no era tan descortés cuando se trataba de su familia.
-¡Papá, has vuelto!.-Inutenshi corrió a sus brazos y trepó por sus piernas hasta llegar a su rostro.
-Espero no hayas hecho travesuras enano...
El niño olfateaba a su padre y era una escena feliz, el cabello oscuro del infante contrastaba con el blanco de su progenitor.
-¿Ha regresado Miroku contigo?.-Preguntó Sango.
-Si, no debe tardar creo que se distrajo con un par de muchachas.
-¿Muchachas, has dicho?.-Un aura negra se formó rápidamente atrás de la exterminadora e Inuyasha solo alcanzó a esconderse detrás de Kagome con las orejas gachas.
-¿Por qué se pone así?.-Le decía asustado.
Kagome bufó cansada. La exterminadora salió junto con sus hijas molestas.
-Inuyasha trata de comportarte, tenemos visitas...-Su mujer hizo el ademan para que observaba a la kitsune que permanecía a un lado del zorro mágico.
-¿Y tu eres...?
Oyuki se levantó y caminó hacía el joven, lo miró de arriba a abajo con una mirada severa. Rin creyó que su señor se había encargado también de infundir su odio hacía su medio hermano ¿Oyuki también le odiaba? Pasaron unos segundos y solo se escuchó:
-En verdad que se parece mucho al amo Sesshomaru...-Dijo sonriente mientras miraba a Rin, la cual junto con Kagome sintieron una gotita de sudor sobre sus cabezas.
Con esas palabras Inuyasha solo alcanzó a tensar la quijada.
-Grr ¡no me compares con ese idiota! Ya tengo suficiente con que se haya llevado a la niña frente a mis narices.-Respondió molesto.
-Bueno, son semejantes, ambos ocultan lo que sienten.-Dijo de nuevo sin romper su sonrisa, una segunda venita saltó de la cabeza del Inu y su hijo lo miraba asustado.
-¡Que no me compares con el!.-Vociferó.
-¡ABAJO!
La escena se repitió.
-Es mi nana señor Inuyasha, se ha encargado de mí, desde que llegué al palacio.
-¿Qué no se supone que ese era el trabajo de Sesshomaru?.-Decía del hanyou desde el suelo.
-El amo suele estar muy ocupado, pero no se diga por las noches... ¡Rin es su objeto sex-!
La mencionada alcanzó a cubrirle la boca para que no dijera más barbaridades. La miko le cubrió las orejas a su hijo y junto con su esposo el color de sus rostros se tornaron tres veces más fuerte que el tono de las ropas de Inuyasha.
-Con razón apestaba a él...-Masculló.
Aguardó unos segundos.
-¿Inuyasha?...
-¡Ese madito degenerado, es un maldito pedófilo, no tuvo suficiente con hacerla llorar el día que la dejó aquí, sino que corrompe ahora su castidad!
-¿Pedófilo?.-Preguntó Rin nerviosa.
-.-.-.-
-Oh, no por favor amo, no toque ahí.
-Relájate Rin, seré amable.
-¡Ah! basta por favor, soy virgen.
-Lo sé.
-No siga por favor, esto me asusta.
-Te asusta pero te gusta...
-.-.-.-.
Oyuki se partió de risa con esas imágenes en su cabeza y lágrimas salieron de sus ojos a causa de ello.
-¿O-oyuki?.-Intentó calmar a su nana, pero la conocía, sabía que había dejado volar su mente mucho.
-Todas las mujeres están locas.-Dijo Inuyasha.
-¿Qué dijiste?.-De nuevo había hecho enojar a su mujer.
-¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo! ¡Abajo!
Rin creyó que el hanyou terminaría cavando su propia tumba a base de "abajo". Aunque ya no hacía nada, rió para si sola, extrañaba, extrañaba ese ambiente. Se sintió tan cómoda y por un momento olvidó a su señor. Cada quien tiene lo suyo, el amor de su amo y su inmenso lazo que la unía a la familia que no era de sangre pero que la vida le había regalado.
Se sintió tan feliz que se unió a la diversión. Tomaría esto como unas vacaciones, si, eso eran...
