"Papá, ¡esto es horrible!" Exclamó Julia.
Era la primera que los niños se quedaban en su nuevo departamento. Ross había alquilado un pequeño piso cerca del único local de 'Grace' que quedaba y ese día sus hijos habían ido por primera vez. Hacía semanas que Demelza y él se habían separado y ya no podía seguir pagando el hotel. No había quedado más remedio que cerrar la sucursal de Plymouth, el poco dinero que tenían ahorrado lo había utilizado para pagar la indemnización de los empleados que quedaron sin empleo y lo poco que sobró de la venta de las heladeras y mostradores que había logrado vender lo había utilizado para pagar el depósito del departamento y comprar algunos muebles. El resto de las cosas habían ido a parar a uno de los galpones al fondo de Nampara. Ahora ese local de Grace era todo lo que le quedaba.
Ross veía a sus hijos casi todos los días. Día por medio los iba a buscar en el auto temprano por la mañana para llevarlos a la escuela y los esperaba a la salida para volverlos a llevar a casa, y el resto de la semana pasaba junto a ellos la tarde en Nampara. Demelza había acomodado sus guardias para no estar allí cuando él iba, y cuando coincidían generalmente se metía a la cocina o él se iba con los niños a la playa y casi no hablaban. Él no sabía que decirle. Le había contado lo del cierre del local y ella había estado de acuerdo en que guardaran todas las cosas en Nampara. "Por supuesto, es tu casa." Había dicho. Pero no había hecho ningún comentario acerca de su decisión de cerrar la sucursal. Antes, ella le habría dado su opinión, su consejo, y más importante aún, al darse cuenta de lo difícil que era esa decisión para él, lo habría abrazado y besado, confortándolo de que no quedaba otro camino, que juntos saldrían de esa situación. Pero, no. Ross estaba solo.
Habían hablado otra vez días atrás. Casi discutido de nuevo. "Demelza, ¿puedo hablar contigo un momento?" Ross había dicho asomando la cabeza en la cocina donde ella estaba leyendo un libro de medicina. Solo allí se acordó del examen. Ella asintió y Ross entró en esa habitación. No tenía buenos recuerdos de la última vez que había estado allí.
"Estoy alquilando un departamento en Sawle. Es pequeño… queda frente a la sucursal de Grace. Lo estoy arreglando, todavía me faltan algunas cosas pero cuando este listo me gustaría llevar a los niños."
Demelza había estado temiendo ese momento desde que se habían separado semanas atrás. Y no era por Ross, el podía hacer lo que quisiera con su vida, si no por los niños. Si Ross y Elizabeth estaban juntos, era lógico que en algún momento Ross quisiera que los niños pasaran tiempo con ella también.
"¿Elizabeth vive contigo?" dijo.
"¿Qué?" lo había dicho tan bajo que él creyó escucharla mal.
"¿Elizabeth estará allí?" Demelza vio como su rostro se endureció en un instante.
"¡¿Elizabeth?! Dios, Demelza… ¿De verdad sigues pensando eso? No he visto a Elizabeth desde… desde que…"
"Desde que te acostaste con ella. ¡Es muy difícil no pensarlo cuando alguien vio lo que yo he visto!" Dijo ella.
Ross respiró profundo e intentó calmarse.
"No quiero pelear de nuevo." Dijo en un tono conciliador – "No, Elizabeth no estará allí. Ni cuando estén los niños ni cuándo no estén. Cualquier cosa que creas que paso entre ella y yo se ha terminado. Solo, solo te quería preguntar ya que, ya que yo no vivo más aquí, si los niños se pueden quedar algún día a dormir en el departamento, eso es todo. Sólo ellos y yo. Nadie más." Aclaró.
Demelza lo observó más detenidamente. Aparentaba ser sincero. Lo era, Ross nunca le mentiría en nada respecto a Jeremy y Julia. Y acerca de Elizabeth, ¿podría creerle? Su imaginación le jugaba en contra. Durante todo este tiempo ella se imaginó que estaban juntos. Libres al fin de sus esposos, podrían hacer el amor cuando quisieran, sin ocultarse. Pero todo esto ocurría en su mente, tal vez había sido dura con Ross por algo que no hizo, no en ese último tiempo al menos. Lo demás había quedado en el pasado. Ella asintió.
La próxima vez que Ross fue a Nampara, Demelza lo siguió hasta el auto cuando se iba. "¿Ross? Espera un momento." Dijo y volvió a entrar a la casa. Cuando salió de nuevo llevaba una gran bolsa en sus manos. "Toma…"
"¿Qué es?"
"Son sábanas para las camas de los niños, así no tienes que gastar en comprar nuevas y se sentirán más cómodos en ellas. Y algunas toallas. Y algo de ropa que puedes tener guardada en caso que se ensucien. Cuando vayan les diré que lleven algunos juguetes para que los dejen allí también." Ella no lo dijo, pero había estado leyendo en internet como se podía hacer más fácil para los hijos la transición cuando los padres se separaban y tenían que empezar a quedarse en otra casa. Tener cosas suyas, de su hogar, aparentemente era un buen consejo. Ross la miraba sorprendido.
"Gracias." Dijo. Los dos se quedaron de pie inmóviles sin saber que decir. "No te pregunté, ¿qué ocurrió con el examen? ¿Te presentaste o… tienes otra fecha?"
"Me presenté." Respondió ella rápidamente, no queriendo que el tema cambiara de nuevo a porqué no se habría presentado.
"¿Y?"
"Aprobé." Ross sonrió y ella no tuvo más remedio que sonreír también. Era la primera vez que lo hacía desde aquella semana.
"Te felicito. ¡Solo queda una!"
Ross se había ido esa tarde maldiciendo en el auto. Se había perdido el examen de Demelza. A decir verdad durante esos días se había olvidado por completo. No es que él la siguiera ayudando a estudiar, los temas lo habían sobrepasado en la tercer materia, pero aún así siempre la había ayudado con los niños en las semanas anteriores a un examen y, sobre todo, ellos tenían rituales la noche previa a un examen y cuando Demelza salía de rendir. Y esta vez él la había dejado sola. Desearía borrar esa semana entera de su vida.
"Si, es asqueroso." Añadió Jeremy.
"Asqueroso."
Dijeron sus hijos al mirar el intento de cena que Ross había preparado. Había tratado de aventurarse en su diminuta cocina y hacer las famosas empanadas de Cornwall, pero se le habían quemado un poco y ahora Julia pinchaba la suya con un tenedor como si fuera un animal muerto.
"Vamos, no digan eso. Aún no las han probado. Estoy de acuerdo que no se ven como las que hace mamá, pero aún así pueden estar ricas. Vamos, prueben el relleno."
Los tres Poldarks hurgaron con sus cubiertos dentro de la masa quemada por un poco de relleno y se llevaron la carne a la boca. Julia frunció la nariz y Jeremy sacó la lengua dejando caer su bocado en el plato.
"¡Puaj!" "As-que-ro-so. ¡Asqueroso!"
Ross luchó por tragar su bocado, y tuvo que beber un poco de agua para quitarse el sabor. Al parecer se le había ido la mano con la sal y el curry lo hacía incomible.
"Tampoco es para que lo digan así." Les dijo mientras levantaba los platos de la mesa y tiraba el contenido a la basura. "Estuve cocinando toda la tarde, hieren mis sentimientos." Parte era broma pero parte era verdad. Cuando estaba sólo muchas veces se olvidaba de la hora de la comida y comía cuando le daba hambre, la mayoría de las veces comida comprada. Delivery o en algún bar de los alrededores. Pero esa tarde al saber que los niños cenarían con él por primera vez se había puesto a cocinar. No recordaba la última vez que lo había hecho.
"Mamá nos preparó sándwiches y manzanas para llevar al colegio mañana, podemos comer eso."
"No." Dijo Ross. "O no tendrán comida para mañana. Mejor ordenemos una pizza."
Entre que esperaron a que llegara la cena, comieron, se bañaron y cambiaron para irse a la cama, a Ross le costó un buen rato más hacerlos dormir. A Jeremy la pequeña habitación le parecía muy oscura, pero tampoco quería dormir con la cortina abierta. "¿No tienes una lámpara de Winnie Pooh?" había preguntado.
"No. ¿Qué tal si hoy dejamos la luz de la cocina encendida y mañana compramos una lámpara para la próxima?"
Su hijo no pareció muy convencido y murmuró algo acerca de irse a dormir a casa, pero Ross simuló no escucharlo en caso de que de verdad le pidiera que lo llevara de vuelta a Nampara. Cuando logró hacerlos dormir, en una cama cucheta que apenas entraba en la habitación, Jeremy abajo y Julia arriba, ya era más de la media noche. Ross no había estado dormido ni una hora cuando sintió a alguien trepar a su cama acostarse sobre las mantas. Abrió los ojos y vio a su hija mirándolo fijamente.
"¿Qué pasa cariño? ¿No puedes dormir?"
La niña negó con la cabeza sobre la almohada.
"Jeremy está llorando." Dijo susurrando, como si le contara un secreto.
Ross se levantó de la cama y cruzó el corto pasillo que lo separaba de la habitación que había preparado para que durmieran sus hijos. Efectivamente, encontró a Jeremy hecho una bolita contra la pared, sollozando en la oscuridad.
"Jeremy." Dijo en voz baja sentándose en el borde de la cama. "¿Qué ocurre?"
Jeremy se pasó las manos por los ojos para secar las lágrimas. Sus ojos verdes húmedos y las mejillas coloradas le recordaban a Demelza.
"Quiero a mamá." Fue como si le hubiera dado una patada en pedio del pecho.
"Mamá está en Nampara." Le respondió con voz entrecortada.
"¿No podemos llamarla para que venga?"
"Es la mitad de la noche, mamá debe estar durmiendo." Los ojos del pequeño se volvieron a llenar de lágrimas. Y él no era un hombre que llorara a menudo, pero en ese momento sintió sus ojos arder y estuvo a punto de hacerlo al ver el rostro de su hijo. Y se preguntó cómo reaccionaría Demelza si la llamaba a las dos de la madrugada porque sus hijos no querían estar con él. "Ven Jeremy." Ross tomó al niño en brazos y lo llevó a su habitación.
Julia ya se había metido debajo de las sábanas e hizo espacio para su hermano cuando su papá volvió con él.
"Mamá nos deja dormir con ella." Dijo la niña. "Ya no llorará si nos dejas dormir contigo."
"¿Quieres dormir aquí Jer?"
El niño asintió "Sip." Dijo secándose las lágrimas con las sábanas. Ross guiñó un ojo a Julia agradeciéndole la solución y los arropó con las mantas.
Luego de unos minutos Ross los creyó dormidos y cerró los ojos, así que sorprendió al escuchar la voz de su hijo de nuevo.
"¿Papá? ¿Ya no quieres a mamá?" Podía ver la intensa mirada de Jeremy observándolo con el reflejo de luz que venía del pasillo.
"No… yo la quiero mucho." Le respondió intentando no despertar a Julia.
"¿Y porqué ya no vives más en casa?"
"Ya te lo dije Jeremy, es porque son divorciados." Dijo la voz de su hija. "Cuando las mamás y los papás ya no viven juntos es porque son divorciados." Aclaró.
"No, Julia." ¿De dónde habría sacado eso? – "Mamá y yo no estamos divorciados."
"¿Y porqué vives aquí y no con nosotros?" Fue Julia la que lo cuestionó entonces.
"Yo… yo hice algo malo, y mamá está enojada conmigo."
"¿Rompiste algo?" preguntó Jeremy.
"Algo así. Ahora a dormir que mañana deben ir al colegio."
Julia, obediente, se acurrucó debajo de las sábanas, pero Jeremy llevó una de sus manitos a su cara, acarició su mejilla y acercó su cabecita a la suya hasta que sus narices se tocaron. Frunciendo el ceño le preguntó: "¿Le pediste perdón?"
Ross no pudo responderle a su hijo. Las palabras se le hicieron un nudo en la garganta. Sólo movió la cabeza, negando sobre la almohada al igual que su hija.
"Cuando yo rompo algo y mamá se enoja le pido perdón y ella me da un beso y se le pasa. Dile perdón, papá." Jeremy volvió a dar unas palmaditas a su mejilla, el besó su frente y lo abrazó y así se quedaron dormidos.
