La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Veintiseis
Sue Clearwater tenía treinta y siete años. Su relación era complicada y era una gerente de publicidad en West Coarse Technology. Tenía el cabello castaño, un rostro en forma de corazón, ojos avellana que estaban un poco demasiado juntos detrás de anteojos de montura delgada, cejas perfectamente recortadas y arqueadas y un cuerpo pequeño y compacto.
Su grado de licenciatura era de la Universidad de West Scottridge.
Compartió cinco memes de perritos a lo largo de ayer, tres memes con frases sarcásticas durante la última semana y tenía más de dos mil amigos en las redes sociales.
Recientemente había recibido un golden retriever llamado Bugsy y está "emocionada de tener a su nuevo cachorro para un nuevo capítulo de su vida".
Me incliné hacia adelante para ver la fecha y hora de esa última publicación. Era de hacía cuatro años, publicada a las 7:03 de la tarde. Recorrí los comentarios.
—¡Te amo! Tan orgullosa de ti.
—Grandes abrazos, nena xoxo.
—¡No puedo esperar para conocer a Bugsy!
—¡Adorable! ¡Yay! (inserte un gif de un perrito destrozando un cojín y luego cayéndose hacia atrás para caerse del sillón.
emoji de corazón, emoji de corazón, emoji de corazón, emoji de corazón
—Maravilloso escuchar eso. Tan feliz por ti.
Dejé de leerlos. Aparentemente todas sus amigas estaban muy felices por ella. Quería cagarme en cada una de ella.
Que se jodan. Que se joda ella. Que se joda mi papá. Que se jodan todos.
Ese "nuevo capítulo" no era simplemente acerca de un perro. Apuesto que no sabían eso. Quizás debería de educarlas a todas.
—¿Todavía la estás acosando en internet? —preguntó Alice mientras se dejaba caer en la silla junto a mí en la biblioteca de nuestra escuela.
Todavía. Casi me reí de eso, pero la rabia había sido una amiga constante desde anoche.
No había dormido después de que Jasper y yo regresáramos a mi habitación. Él lo hizo, pero yo no pude. Me fui directamente a la computadora y obtuve toda la información sobre la amante de mi papá. Conocía su dirección de internet y su cumpleaños. Había encontrado a los miembros de su familia. Sabía a dónde había ido para estudiar la preparatoria y la universidad. Y Google me había ayudado a adivinar su ingreso anual.
Pero nada de eso me dijo por qué.
¿Por qué mi papá? ¿Lo persiguió? ¿Él la buscó? ¿Cómo se habían conocido en primer lugar? ¿Un proyecto compartido? ¿Trabajaba con él en proyectos? ¿Habían comenzado a coquetear en la fuente? ¿Tal vez en el quiosco del café?
La odiaba.
No la conocía, pero la odiaba.
Miré hacia Alice. Le había dado a Jasper la tarea de interrogar a sus padres acerca de Sue la Destruye Hogares Clearwater, pero necesitaba a alguien tan loco como yo con las habilidades de acoso.
—Quiero conducir hasta su casa y cortar sus llantas —le dije—. No, no, quiero conducir hasta su casa, tocar el timbre y hacerla sentir tan incómoda como ella hizo de mi familia un infierno. —Lo que sería mucho.
No necesitaba que Irina me ayudara. Estaba proyectando todo en esta amante y lo sabía.
No me importaba.
Mi papá estaba en duelo. Se suponía que acudiera a mi mamá para eso.
El burro hablando de orejas.
Está bien. Escuché a Irina en ese momento. Nuestra familia apestaba en consolar y hacer sentir bien al otro, excepto que mi mamá realmente había decidido ser una madre. Había ido más allá de eso. Recibí un mensaje diciendo que la visita a Seth había sido pospuesta y que sabía que había hablado con mi padre. Prometió hablar conmigo más tarde porque sabría que tendría preguntas. Y si todo eso no fuera suficiente, llamó a la mamá de Jasper.
Se suponía que me quedaría en casa de los Whitlock por el resto de la semana y durante el fin de semana, pero no en la cama de Jasper. Fui a casa después de la escuela, empaqué una maleta y Jasper me llevaría hasta su casa.
Puse mis ojos en blanco cuando leí ese último mensaje. Era una madre tan tonta (o delirante) actuando como si estuviera en tercer grado y hubiera arreglado una pijamada de una semana. Iría a casa de Jasper, pero probablemente no a tiempo para los bocadillos después de clase. Iría cuando quisiera ir. Algunas veces se le olvidaba que, de hecho, ya tenía dieciocho.
Puse los ojos en blanco y pulsé el icono enojado debajo de una de las publicaciones de Sue.
Alice se inclinó hacia adelante y se rio por lo bajo.
—Estás en la cuenta de Facebook de tu hermana. Eso es espeluznante y divertido al mismo tiempo.
Sentía el orgullo de Irina y me encogí de hombros.
—Pensaría que es increíble.
Alice me miró, su mirada permaneciendo en mí, pero la ignoré. Seguí revisando más de las publicaciones de Sue para poner el ícono enojado en todas ellas.
—Sabrá que eres tú. Lo sabes, ¿cierto?
Lo sabría y sonreí.
—Puede intentar demostrarlo.
Alice se movió hacia atrás.
—Amiga. Luces malvada en este momento.
Si tan solo supiera lo que está sucediendo dentro de tu cabeza.
Ignoré a Irina y pulsé el icono enojado debajo de otra publicación.
—Ese es un meme de Pinterest sobre decoración de aficionado para Halloween.
Seguí revisando.
—Mi papá odia Halloween. Debería saber eso.
Alice se rio de nuevo, pero el sonido se estaba volviendo menos divertido y más cauteloso.
No podía molestarme con cualquiera de esos. Era una mujer enloquecida en una misión. Si mi mamá no iba a enloquecer con toda esta situación. Yo lo haría. Irina estaría perdiendo la cabeza. Habría gritado, exigido respuestas. Habría utilizado el teléfono, llamando a la amante y a nuestra mamá al mismo tiempo.
Habría quemado nuestra casa hasta las cenizas, figurativamente… ¿creo?
Esperé para ver si Irina tenía algo que decir, pero estaba en silencio. Ahora que pensaba en ello, últimamente había estado cada vez más callada.
Me estaba apoderando de su personalidad.
Era por eso. Irina vivía a través de mí, así no tendría que hacerlo ella y la campana sonó.
Gracias a los dioses. Eso evitó que tuviera toda una conversación en mi cabeza sobre por qué mi hermana muerta ya no estaba hablando... en mi cabeza.
Alice tomó su mochila y se puso de pie. La abrazó contra su pecho mientras cerraba todo en mi computadora.
—Todo el mundo irá a Patty's para la comida. ¿También vas a ir?
Tomé mi mochila y comencé a salir de la biblioteca.
—¿Quién es todo el mundo? —pregunté cuando llegamos a la puerta.
Salió detrás de mí.
—Los chicos. Jasper, creo. Lauren. Su grupo. —Se encogió de hombros—. No lo sé. La gente popular.
Ah. Popularidad.
La cosa normal sobre la que se preocupaban los adolescentes normales.
La miré, pero no me estaba mirando.
—No soy popular.
—Sí, lo eres.
—No. —Negué—. No lo soy.
—Sí, lo eres. Confía en mí. Lo eres, incluso si no lo sabes. Estás con Jasper y las otras chicas te tienen miedo.
Deberían tenerlo. Había dos de mí y una de nosotras podía perseguir sus traseros. Me reí de eso, pero no respondí. No era popular y no me importaba. No me había importado en Arizona y eso no había cambiado. Jasper era el único beneficio de la mudanza.
Me detuve en mitad del pasillo. Algunos estudiantes protestaron detrás de nosotras. Los ignoré.
Alice había dado un paso hacia adelante, pero se detuvo y miró hacia atrás.
—¿Es por eso por lo que querías estar con él? —pregunté.
Sus ojos se agrandaron y su boca hizo un sonido de estallido.
—Eh, ¿qué? —Ajustó la mochila frente a ella, abrazándola más fuerte.
—¿Quieres ser popular? —Negué—. ¿Pero no lo eres? Eres amiga de esos chicos. ¿Eso no debería también hacerte popular?
Un chillido estrangulado salió por su garganta.
—Esto es tan vergonzoso.
—¿Por qué?
La gente intentaba rodearnos para pasar. Un chico nos maldijo, luego me vio y tosió para encubrirlo.
—Lo siento. Hola, Isabella. —Se había ido antes que pudiera decir algo, pero pude ver su nuca poniéndose roja.
—¿Ves? DJ Tyler no tiene idea de quién soy. Eso nunca había sucedido conmigo. —Apuntó la dirección en que se fue.
—No, no lo hago. Yo estoy... —Dañada. Rota. Medio muerta. Teniendo sexo, cambia eso por tuve sexo. Era experimentada sexualmente hablando, algo así—. Esta no es mi yo normal. Confía en mí. Mi yo normal no es popular. Mi yo normal... —Vacilé, pero mi yo normal era como Alice. De alguna manera.
Todos te quieren, Bella. Superalo. Nunca tendrás que intentarlo para conseguir algo.
Irina me había dicho eso el día en que descubrimos que nos mudaríamos. Me encogí cuando lo recordé.
Había estado tan equivocada. Ella era a quien todos querían. Incluso mis dos mejores amigas me abandonaron porque la extrañaban demasiado. ¿No entendía eso? ¿Realmente no lo había entendido? Ella era la estrella.
Aparté la mirada.
—Mi yo normal era invisible. Confía en mí.
Estaba equivocada. No había sido como Alice. Ella se preocupaba de la forma en que Irina se preocupaba, pero Irina había tenido éxito. Había progresado con las cosas de jerarquía social.
Necesitaba dejar de pensar en Irina.
La sentía resoplar y pensé para ella: Lo siento, me haces sentir ligeramente enloquecida.
¿Solo ligeramente?
Alice y yo teníamos que movernos. La siguiente campana sonaría pronto y me sujeté de su brazo. Me miraba con su cabeza inclinada hacia el costado, pero quería asegurar que me escuchara.
—Perdí a mi hermana. Mi hermano se cambió a una escuela diferente y anoche descubrí que mi papá va a dejar a nuestra familia. Si pudiera cambiar mi lugar contigo, lo haría. No estoy diciendo que no tengas problemas o luchas. Todos las tenemos, pero te estoy diciendo que pienses de nuevo lo que quieres. Si quieres ser tan popular, olvídalo. No vale la pena.
Bajó la mirada, pero la escuché decir.
—No vale la pena para ti.
—No vale la pena para nadie.
Eso sería una utopía. Si todos fueran amables, si todos fueran dignos. Si no hubiera odio, dolor o sufrimiento. Si la gente no pudiera ver el color de la piel de alguien, la calidad de su ropa, dónde vivían. Si nada importara salvo el corazón y la mente.
Quería vivir en un mundo como ese. Casi podía probarlo, lo deseaba con tantas ganas.
Suavicé mi tono.
—Si soy popular, entonces confía en mí. Soy miserable. Tú no. Te he visto con los chicos.
La segunda campana sonó.
Iba tarde, pero mientras recorría el pasillo vacío, que estaba afortunadamente vacío, miré hacia atrás. Alice no había volteado su espalda hacia mí.
Esperanza surgió en mi pecho. Era pequeña, pero estaba ahí.
Una cuarta pieza dentro de mí encontró a las otras tres. Encajaban a la perfección.
