Pues aquí estoy de vuelta, con un nuevo capítulo yay!
Muchas, muchas gracias a todas las lindas personitas que han entrado a leer, porque las visitas han subido *corazón* *corazón* *corazón*.
Espero que os guste este nuevo capítulo. ¡Disfrutad de él!
Sin más, ¡el capi número 23!
Cap. 23: Plan y fuga
Tokoyami había pasado sin dormir también aquella noche. El frío había entumecido sus brazos pero no quiso moverse de su puesto. Muy entrada la noche, cuando la temperatura estaba en su mínima, dos siluetas se acercaron lentamente hacia él. Se puso alerta en seguida pero reconoció a los dos muchachos y caminó hacia ellos. Bakugou pasó de largo como si no existiera, solo el pelirrojo lo saludó y le indicó que lo siguiera.
El de pico y plumas entendía la actitud de su jefe y, a pesar de la incomodidad del ambiente, obedeció. Había novedades sobre la desaparición del muchacho y no parecían ser buenas.
Tsuyu tampoco había dormido nada y esperaba noticias asomada a su pequeña ventana. Fue el pelirrojo quien la avisó. Nadie más fue a aquella improvisada reunión.
-Lo que voy a contaros es de suma importancia. Quiero que escuchéis con atención. –el jefe no abrió la boca. Se quedó quieto, de pie en una esquina en sombra, mientras su segundo al mando ponía al corriente a los otros dos. La rana se sobrecogió al escuchar lo que habían encontrado y necesitó sentarse en una de las pequeñas e improvisadas sillas que poseía el pelirrojo. En lo más tenso de la narración, unos suaves golpes en la puerta los devolvieron a la realidad. Era la joven invisible.
-¿Puedo… pasar? –el rubio no había olvidado que ella había estado involucrada. No era culpa suya y aún así tenía que hacer mucho esfuerzo para controlar la rabia.
-¿Qué quieres? –definitivamente no era bienvenida. Pero no le importó, estaba empezando a acostumbrarse a sus malos comentarios.
-Creo que tengo una idea que podría ayudar…
Midoriya seguía en su celda, contando los minutos y controlando cada movimiento al otro lado de la pesada puerta. La joven hacía rato que se había marchado, quizás llamada para ocuparse de algo más o solo relevada de su puesto. El cambio había sido notable, su nuevo carcelero parecía un hombre mucho más mayor que ellos porque había subido hasta allí despacio, con respiración entrecortada y pasos pesados. No había dicho ni una sola palabra, lo que dio al otro que pensar. ¿No había notado la muchacha que no tenía llaves que entregar a su relevo?
No pensó en aquello. Si era una trampa y lo estaban esperando, prefería morir intentando huir que languidecer allí a merced del rey. Los ronquidos de su carcelero le dieron el valor que le faltaba. Había estudiado en todo aquél rato las llaves para adivinar la correcta o, al menos, descartar todas las que pudiera.
-Allá voy –susurró para sí mismo cuando introdujo en la cerradura la primera.
-No estoy de acuerdo con el plan, quiero que quede constancia –Kirishima lo había intentado de todas las formas posibles pero todos los planes que se les habían ocurrido pasaban por colarse en el castillo y encontrar de alguna forma al muchacho humano.
-Gracias pero no es algo que puedas decidir tú –el rubio sentía la adrenalina latir por todo su cuerpo. Ya deberían de haberse puesto en marcha, no estar allí perdiendo el tiempo.
-Entiendo cómo te sientes pero…
-¡Tú no entiendes nada! –el demonio explotó, incapaz de mantener por más tiempo la calma. -¿No te das cuenta? Todo el tiempo que estamos aquí, hablando, lo perdemos. No quiero ni imaginarme lo que le estarán haciendo… lo que pueden haberle hecho… –se tapó la cara con las manos. Se sentía terriblemente impotente. No había sido capaz de salvar al muchacho, no era capaz de elaborar un plan para ir a buscarlo… ni siquiera lograba que su amigo confiara en él.
-Esto… yo… –la muchacha invisible llevaba desde que había llegado tratando de que la escucharan. Nadie había prestado atención a su idea. Por mucho que lo había intentado. -Creo que si mi idea se valorara…
-¿Y si volvéis a pedir audiencia con el príncipe? –Tsuyu veía, por lo que Tokoyami le había contado, un posible aliado contra el rey. -Si se firmara la alianza y lo tuviéramos de nuestro lado…
-No sé si ese chico estaría dispuesto a ir contra su padre –susurró el de pico, suavemente.
-Y de hacerlo, el precio a pagar por nuestra parte podría ser alto…
-Si no hablamos con él no podemos saberlo.
-No dejaré el futuro de Deku en manos de ese engreído príncipe, os lo aseguro.
-Bakugou, necesitamos toda la ayuda posible.
-¡De él no!
-¡SILENCIO! –todos se giraron, helados. Aquella chica invisible, que nunca alzaba la voz y a menudo pasaba desapercibida, los había callado. Incluso al jefe. Cuando la miraron, se sintió visible por primera vez. Todo el valor que tenía había sido mandado por Midoriya, estaba segura. Por eso respiró hondo varias veces, agarró su falda durante unos segundos y comenzó a hablar.
Momo corría por los pasillos alfombrados, por las escaleras de piedra, los jardines y las salas. Ni rastro. Se había esfumado. Su sustituto había resultado ser un completo inútil y ella cargaría con la culpa si el prisionero no aparecía. ¿Por qué? Las llaves se las había quitado a ella. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? No notó la ausencia hasta que había vuelto a su cuarto. La de veces que había dicho que tener cada carcelero unas llaves era absurdo…
-¿Dónde estará? –la chica estaba acostumbrada a aquellas paredes, conocía las zonas y no se perdería por los pasillos. Y, por desgracia, Midoriya también los conocía.
Al doblar una esquina, chocó contra alguien grande, que no se molestó en evitar que cayera al suelo. Se le heló la sangre y se arrodilló frente al rey.
-Su majestad, disculpe –el hombre no habló. Ni se movió.
-¿A dónde vas con tanta prisa? ¿Ha pasado algo? –el tono de su voz indicó a la joven que la habían delatado. Aquella rata se había chivado sin darle apenas tiempo para maniobrar.
-No su majestad.
-¿Estás segura? –la agarró por el pelo para alzarla y mirarla a los ojos. -Eres una completa inútil muchacha, creo que cometí un error al aceptar a alguien de tu calaña bajo mi techo. Aunque quizás, todo esto me sirva para algo. –la morena apretó los dientes para no gritar cuando sintió el dolor en el cuero cabelludo. No pudo evitar quejarse, sin embargo, cuando se golpeó contra el suelo mientras el olor a pelo quemado inundaba su nariz.
-Ven conmigo, arreglaré lo que has provocado –volvió a cogerla por el pelo mientras ella se resistía. No quería gritar y poner en peligro a Todoroki aunque habría dado lo que fuera por que apareciera para ayudarla.
El príncipe estaba en aquél momento ocupado. Le había sido imposible dormir y, mientras miraba al techo de su dormitorio, oyó ruidos en la pequeña puerta oculta tras un tapiz que usaba para ir a ver a Momo a escondidas. Aunque muy poca gente conocía de su existencia, nunca se confiaba. Siempre agarraba su cuchillo por si acaso. Cuando se apartó el tapiz y vio a la persona a la luz de la luna, su corazón se detuvo por el susto.
-¿Midoriya?
Bakugou había notado el frío de su cabaña especialmente aquella noche. Entró, encendió la chimenea, dejó algunas velas aquí y allá y le sobrevino de repente una sensación de vacío. ¿Siempre había sido su cabaña tan silenciosa? ¿Tan grande? No quería hablar con nadie y a la vez necesitaba que otra presencia llenara el espacio que amenazaba con devorarlo.
Se desvistió con lentitud, preparándose para dormir aunque no contaba con poder hacerlo. Se pasó la mano por el pelo y lo desordenó distraído. Tocaron a la puerta y lo sacaron de su ensoñación. Caminando a paso firme, armó su mejor expresión y abrió. En la oscuridad reconoció enseguida la silueta de Mina. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz de las antorchas de alrededor, vio que se mordía los labios y miraba a su alrededor nerviosa. Arqueó una ceja, esperando a que la muchacha hablara.
-¿Y bien? –como si recibiera un empujón, tendió hacia él sus manos, sujetando algo entre ellas.
-Lo encontré y no pude… dártelo antes –en silencio lo cogió. Antes de darle tiempo a contestar, la chica ya se había despedido y se marchaba. Se ahorró la despedida y cerró. El pequeño cuaderno aumentó su peso de camino al dormitorio. Se sentó en su cama, las velas alumbraban poco y solo su vista de demonio le permitía ver las letras con claridad. No lo había abierto sin embargo todavía.
-Deku… que idiota –lo había dejado caer al suelo, incapaz de aguantar más su tacto a cuero gastado. Se abrió por la página que más debía de consultar el muchacho de pelo verde: la suya. Ya había leído "sus datos" antes, solo que no los actualizados. Porque había seguido añadiendo detalles, más personales, sobre él. Como el tono que creía que tenían sus ojos; lo profunda que podía llegar a ser su voz; cómo de suave sería su pelaje.
Apretó los dientes porque no quería llorar. No sabía cómo, pero debía tragarse el nudo que sentía en la garganta y concentrarse en seguir respirando. La losa que tenía instalada sobre los hombros desde que había sabido lo que pasó, aumentaba de peso más y más.
Se permitió solo un segundo de angustia, aterradora y devastadora. Y una lágrima escapó de sus ojos. ¿Y si…? Ese segundo dio paso a otro y después a otro. Y se le escapó, de las manos escurrió el poco control que aún tenía y empezó a hiperventilar. Las paredes encogían a su alrededor, menos espacio a cada instante. Se precipitó hacia la puerta, tropezando con todo, consigo mismo. Necesitaba salir de allí.
La oscuridad y el silencio de la noche lo recibieron y reconfortaron. Seguía ahogándose pero por alguna razón, estar en un espacio abierto permitía un mínimo a respirar. Caminó sin rumbo alrededor de su cabaña, dejando a sus pies descalzos guiarlo. ¿Hasta dónde habría llegado si no lo esperara Kirishima un poco más allá?
-Sabía que tratarías de irte tú so… –dejó de hablar. Estaba claro que con ese aspecto no pensaba ir lejos. -¿Estas bien? –Katsuki intentó contestar pero tenía la garganta tan seca que no confiaba en articular palabra comprensible.
-Ven, entremos.
-¡No! –apenas alzó la voz y sin embargo su fuerza hizo comprender al pelirrojo la situación. -Me ahogo ahí dentro… no podía seguir dentro más tiempo.
-Está bien, demos pues un paseo –el rubio agradeció en silencio el frío de la noche, la hierba bajo sus pies y el silencio de su amigo.
Midoriya comía en silencio, disimulando todo lo que podía las ganas que tenía de devorarlo todo. No quería dar al príncipe la sensación de haber pasado hambre o sed. Si hubiera sabido que esa era la última de las preocupaciones en la lista del de pelo bicolor, posiblemente habría tardado la mitad en acabar con todo lo que le había traído.
A los aposentos del príncipe se podía llegar desde distintos pasadizos secretos. Todos pensados para poner a salvo a la familia real atacaran desde donde fuera o si un incendio se producía. Cualquier cosa estaba contemplada, había algunos que daban fuera de la muralla, a los jardines o a la calle principal del mercado. Otros a la cocina o a una de las torres del otro lado del castillo. Y él se los conocía todos al dedillo. Su padre se había ocupado de ellos con esmero. Esa noche, se lo agradeció en silencio. La voz del recién llegado lo sacó de sus cavilaciones:
-¿No vas a… preguntarme nada? –aquello solo lo dijo para romper aquella extraña atmósfera. Un interrogatorio no era la mejor opción pero lo prefería al silencio, era demasiado rotundo y contundente.
-No necesito hacerlo –acercó una silla y se sentó junto a la pequeña mesa donde había puesto la comida. La chimenea daba una calidez acogedora a la estancia, cuyas paredes cubiertas de tapices aislaban de la fría piedra. Era la única fuente de luz. Si por un casual alguien aparecía, entre las sombras sería mucho más fácil ocultar a su recién llegado invitado.
-Creo que en el fondo lo sabía.
-¿A qué te refieres? –lo miró. Las sombras en su rostro bailaban ajenas a su expresión seria.
-Algo no iba bien. Mi padre siempre ha sido un hombre poco abierto al diálogo, nunca sabes lo que ronda su cabeza. Sin embargo, nunca lo había sido tanto. Desde la visita de los demonios y luego sus escapadas… sabía que tramaba alguna cosa. Y por más que pensé opciones, jamás se me pasó por la cabeza… esta. –Midoriya escuchaba solo a medias. Mencionar a los demonios había traído hasta su mente al rubio. ¿Lo creería muerto? ¿Quizás solo secuestrado? Deseó con todas sus fuerzas que la chica invisible estuviera ya sana ya salva en la aldea.
-¿Puedo preguntar algo? –el de ojos verdes asintió, volviendo al presente. -¿Le has hecho algo a mi padre? –totalmente desprevenido, se atragantó con el agua que estaba bebiendo.
-¿Cómo dices? –su amigo negó con la cabeza.
-No me malinterpretes, sé que no harías nada contra nuestra familia… no acabo de entender porqué mi padre cree que podrías ser una amenaza. –Midoriya negó con la cabeza enérgicamente. Tenía que sacar a su amigo del error, no estaba enfocando las cosas hacia donde debía.
-No soy yo, no como cuestión personal al menos. Es por Bakugou –se cuidó de no decir su nombre. Era algo muy personal para los demonios y más para el rubio jefe. Ese detalle se le escapó a Todoroki, cavilando en temas más importantes como la frontera o la guerra que su padre siempre había querido comenzar contra los demonios al otro lado.
-Y tampoco por él –continuó frente al silencio del otro. -Todo se reduce a tener una excusa para avivar el odio hacia ellos. Matar a un humano sería algo tan terrible que las personas no podrían seguir convenciéndose de poder tener paz. ¿Qué mejor forma que un chico que ya ha estado desaparecido y que se sabe ha estado en contacto con los demonios de justo el otro lado del muro?
-Es retorcido hasta para mi padre. Las incontables vidas que se perderían solo para demostrar la supremacía del ser humano sobre los demonios… y ni siquiera eso, porque no somos rivales para ellos.
-Todoroki –se levantó para acercarse a él. -No hablamos de rivalidad o de poder ganar una guerra. Se trata de vidas inocentes de ambos bandos que morirían por una causa que desconocen –conforme hablaba su cerebro empezó a conectar ideas. ¿Y si Bakugou no sabía nada de él? O peor aún, ¿y si sí lo sabía?
-Vendrá hasta aquí…
-¿Cómo dices? –en un susurro, apenas pudo escucharlo.
-Es capaz de plantarse en la mismísima puerta del castillo, entrar hasta la habitación más perdida y recóndita para buscar al rey o… a mí.
-¿Hablas del feje demonio? –había seguido el hilo de sus pensamientos. Era fácil entender que el carácter del demonio no le haría ser precisamente sensato. Él solo podía empezar la guerra en cuanto apareciera.
-No sé cómo voy a llegar hasta allí. No hay tiempo.
-Espera, no puedes irte así sin más. Si alguien leal a mi padre te ve estás muerto. Y si te ven los demás, no vas a poder marcharte sin dar mil explicaciones. Tenemos que pensar en una forma.
-Sin poder comunicarnos es muy complicado, con que tan solo pudiera llegarle un mensaje…
-Primero tienes que ponerte a salvo. Y por desgracia, aunque esta sea la zona más segura de todo nuestro pueblo, es el sitio en el que más peligro corres. Lo siento mucho –se disculpó por no poder ser de más ayuda, no valer nada a pesar de su título.
-Hay que idea un plan pero, hay tantas variantes… tantas cosas que no sabemos…
Mientras esto pasaba, Kirishima y Bakugou miraban las estrellas tirados en un claro cerca de la aldea. Habían estado la mayor parte del tiempo en silencio, uno de esos que resulta agradable y no te exige llenarlo con comentarios insulsos.
-No vas a hacer caso al plan –era una afirmación. El pelirrojo no se quitaba de la cabeza la idea. Se giró para intentar mirar al rubio y, en la penumbra, vio que se giraba en su dirección.
-Si te soy sincero, no escuché ni una sola palabra. Lo siento, vuestro plan seguro que es muy bueno…
-Sé que no estabas escuchando. Te conozco lo suficiente para ver si tu expresión es de atención o no. Todo eso era un paripé amigo –el rubio no supo a qué se refería. Lo miró mientras se incorporaba para quedar sentado. -Para ti Midoriya lo es todo. No creo que ni tú mismo fueses consciente de ello hasta este momento. No me malinterpretes, me alegro muchísimo por ti, de verdad. Tan solo te pido que no te olvides de nosotros, de la gente a tu cargo. Hay muchos dispuestos a acompañarte a buscarlo, muchos que se apuntarían sin mirar los riesgos y eso dice mucho de su nobleza y del tipo de jefe que eres. No los decepciones siendo un irresponsable.
-No sé qué hacer, no sé cómo afrontar esto Kirishima. Por primera vez desde que me convertí en jefe, no sé qué camino tomar. Tengo delante un problema que no sé cómo afrontar. Siento que estoy perdido. Deku se ha llevado consigo todo… todo –con las manos hizo un gesto apuntando al firmamento, como usando de ejemplo su inmensidad para dar a entender a la cantidad. -Por un lado debo protegeros a todos y enfrentarme al rey o a cualquiera de ellos sería la excusa que busca ese hombre para declarar la guerra no solo a nosotros, sino a todos los demonios. Pero solo de pensar que podría recuperarlo… me llena de angustia imaginarme una vida sin él, sin volver a verlo, sin saber ni siquiera si tenía posibilidades de estar a su lado. No puedo pedirle a nadie que venga conmigo y yo solo no sé cómo podría hacerlo. Soy un kamikaze, ya me conoces.
-Por eso estoy yo aquí, para que la cosa no se te vaya de las manos –se levantó, sacudió la cola y le tendió una mano para que hiciera lo mismo. El rubio hizo caso y sintió entonces una presencia que hasta ese momento le había pasado desapercibida.
-Vas a tener que estar mucho más espabilado si vamos a infiltrarnos en el castillo –se atrevió a comentar la joven invisible. El dragón rió entre dientes mientras se ponían en marcha hacia la cabaña del jefe. Debían ser discretos, rápidos y tener además, un poquito de suerte.
La noche pasaba lentamente en el cuarto del príncipe. Izuku, instalado en la esquina más alejada de la puerta, dormía en el suelo. Habían improvisado una cama con mantas, cojines y todo lo blando que el príncipe tenía por su habitación. No estaba incómodo, eso no era lo que le impedía dormir. Su mente vagaba sin rumbo y el dolor de las heridas, que había ocultado deliberadamente a su amigo, lo mantenían en vela.
-Katsuki… –se le escapó en un suspiro. Giró sobre sí mismo para quedar de cara a una de las grandes ventanas. El cielo estrellado parecía imperturbable, ajeno a sus pensamientos. Por algún motivo, le pareció menor al que veía desde la aldea. Se acordó de Tsuyu, Kirishima… ¿cuántos de ellos estarían dispuestos a arriesgar sus vidas por ayudar a Bakugou en una arriesgada misión para venir a por él?
Unos tenues golpes lo tensaron en un momento. Contuvo la respiración pero los golpes se repitieron.
-Todoroki –susurró mientras se levantaba sin hacer ningún ruido.
-Silencio –dijo el otro en el mismo tono. -Escóndete –obedeció mientras miraba desde detrás de un enorme biombo, cómo no caminaba hacia la puerta, sino en dirección a una de las paredes cubiertas por un tapiz que mostraba la silueta de un soldado a caballo. Los golpes, esta vez más débiles, se volvieron a repetir antes de poder llegar, apartar la pesada tela y abrir lo que le pareció desde su posición al de pelo verde una puerta un tercio más pequeña de lo habitual. El príncipe lo hizo con un movimiento brusco, para sorprender a la persona al otro lado. Fue él, sin embargo, el sorprendido.
-¿Momo? –la joven dejó escapar el aliento que había estado conteniendo y se dejó caer sobre él. Cuando el príncipe la sostuvo, se llenó de sangre las manos.
-¿Mo… Momo?
Continuará…
¿Estás bien Momo? ¿Bakugou, vas a ser un imprudente?
¡Las respuestas en el capítulo 24! Gracias por leer :3
Por cierto, si me dejáis algún review me haréis sentir muy feliz y traeré prontito el siguiente capítulo.
