DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
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¡Hooola de nuevo!
Guau no me puedo creer que hayamos llegado a este momento: EL CAPÍTULO FINAL. Jolín, ¡Qué de emociones se sienten siempre en el capítulo final!
Como siempre lo primero que quiero hacer es agradeceros por todo el apoyo que me habéis dado y la comprensión que habéis mostrado cuando me he retrasado eternamente (y sin fechas) en las publicaciones. Llevo muchos años por aquí y sé que no es fácil tener ese tipo de público tan respetuoso. Además, siempre me regaláis palabras muy bonitas que las personas que de escribir sabemos poquito suenan casi como el mayor de los halagos. MIL, MIL GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE AHÍ DETRÁS Y HACER DE ÉSTE UN PEQUEÑO HOGAR. Gracias a todas:
Lily, Dulce Carolina, LauritaCullenswan, Antonella Masen, Chikkita, Jane Bells, Flor Mcarty, Diannita Robles, Sandy56, Torrespera172, mrs. pff, Cavendano13, Robaddict18, Ana, PaolaValencia, Randa1, jupy, Azul, v3r0nika, Albanidia, Flor, Daniella, Maryluna, Julia, OnlyRobPatti, Gera, Lidia, Nere, Jimena, catableu, Poppy, Brillo de las estrellas, , fabi, Vanessa, Mary de cullen, marian, Ale, Katie D.B, Loquibell, debynoe12, maria, Andre22-twi, marian24, mabel y a todos los guest que lamentablemente nunca puedo daros las gracias personalmente.
No me quiero enrollar mucho, solo decir que abajo os dejo unas pequeñas palabras de cierre. Espero que os animéis a leerlas aunque no tengan nada que ver con la historia.
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SÍ QUIERO
BPOV
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Habían pasado tres meses desde que el maldito de mi hermano me secuestró.
Conseguimos armar una gran defensa para que estuviera en la cárcel el máximo tiempo que la ley nos permitía y, sin duda, estaba feliz. Esta vez había hecho caso a Edward y no había tenido piedad.
Sus actos hablaron por sí solos. Me secuestró encontrando pruebas en el maletero de su camioneta que hacían sospechar que quería librarse de mí; disolventes, bolsas de gran tamaño, herramientas de todo tipo…
Me costó mucho recuperarme emocionalmente de los recuerdos que me provocó volver a ese lugar al que nunca deseé, ni imaginé volver. Además del miedo por todo lo que podría haberme hecho si hubiera llevado hasta el final su macabro plan. Por suerte la policía y el avis de ese bendito vecino me habían encontrado antes de que pudiera hacerlo.
Los primeros días mis emociones estaban a flor de piel. Cada ruido me asustaba, cada movimiento inesperado me paralizaba. Gracias a mi familia y la inestimable ayuda de Rose y Edward en la empresa pude tomarme unos días para recuperarme en la tranquilidad y seguridad de mi hogar. Edward se negó en rotundo a dejarme sola las primeras semanas pero Swan's reclamaba nuestra atención. Fue él quien, de nuevo, cubrió mis espaldas y se encargó de todo para que yo me dedicara únicamente a cuidarme y reponerme del nuevo revés que me había dado la vida.
Edward también había tenido su propio proceso de recuperación durante este tiempo y aun así había sido mi sustento. Cada pesadilla se desvaneció en sus brazos protectores. Poco a poco y con paciencia infinita me ayudó a acabar con mis miedos acompañándome a cada paso del camino. Pero también él había luchado contra sus propios monstruos y por mucho que no quiso demostrarlo yo notaba su nerviosismo cuando no podía localizarme o la culpa cada vez que teníamos que someternos a algún encuentro judicial con mi hermano.
Era diciembre y finalmente todo parecía estar en calma nuevamente. Habíamos aprendido a sanar nuevamente y el que Anthony estuviera en la cárcel de manera definitiva nos había ayudado mucho a hacerlo.
Sonreí mientras miraba mi reloj.
Cinco minutos más….
Había esperado casi tres meses para darle esta sorpresa a Edward y finalmente había llegado el momento.
Este regalo fue una de las cosas que Anthony estropeó. Estaba todo preparado para que Edward lo descubriera cuando volviéramos de nuestro fin de semana pero todo se precipitó y después no me sentí con ánimos de hacerlo. Quería que fuera un momento feliz, algo especial para él y no un simple trámite lleno de caras tristes y asustadas.
Divisé a Edward entrar a toda prisa al edificio.
Llegaba con el tiempo justo y eso era algo que odiaba. Sonreí al verlo de lejos desde este pequeño escondite que había encontrado para no ser vista y controlar mi aparición. Edward era increíblemente apuesto. El traje oscuro que había escogido esta mañana, se escondía debajo de su perfecto abrigo, le daba la apariencia de galán del Hollywood dorado que hacía a más de una girar su mirada cuando se cruzaba con él.
Esperé pacientemente unos minutos más, antes de encaminarme siguiendo sus pasos.
La gente con la que me cruzaba me miraban extrañados, supongo que no estamos acostumbrados a ver a alguien con una sonrisa de oreja a oreja como la que tenía en estos momentos mientras caminaba por el centro de la ciudad un frío día invierno.
Subí al ascensor, que me llevaría al lugar al que había citado a Edward, algo nerviosa. Habían pasado tantas cosas desde que ambos habíamos estado en esta misma situación que más que unos cuantos meses parecía que hubiera pasado una vida entera.
Todo había cambiado.
Nosotros habíamos cambiado.
Entré de nuevo a esa gran oficina que parecía estancada en el pasado. Sus muebles viejos de madera oscura y los libros agolpados en las estanterías continuaban provocándome escalofríos al pensar cuantas décadas llevaban siendo testigos del paso del tiempo.
-Buenos días, soy Bella Swan, tengo una cita con el Señor Rowling –me presenté a la impertérrita secretaria que insistía en mirarme por encima del hombro con aire de superioridad.
-Isabella Swan, aja. – me corrigió como siempre hacía. – Puede esperar en la sala que hay en el fondo del pasillo. En seguida la atienden. El señor Cullen acaba de llegar también. – me informó algo más simpática.
Recuerdo el miedo y la tristeza que sentí al recorrer estos pasillos tras la muerte de Charlie. Venía a esta cita como un preso recorre el corredor de la muerte. Pensaba que mi vida tal como la había escogido había acabado. Creí que nunca podría adaptarme a lo que tenía ahora pero, en cambio, descubrí una nueva Bella. Había aprendido a amar Swan's Networks no por ser la empresa de papá sino por ser un lugar propio en el que me sentía querida y valorada.
Finalmente giré mis pasos para entrar en la sala dónde, sin él saberlo, me esperaba Edward. Christofer había sido tan amable de cubrirme en mi mentira para hacer que fuera una auténtica sorpresa. Ese hombre era demasiado bueno conmigo. Debería enviarle una buena botella de vino en agradecimiento.
La casualidad había hecho que se sentara en el mismo lugar en el que lo encontré hace poco menos de un año haciendo mucho más fácil que mis escasas dotes de actuación fueran algo creíbles.
-¿Edward? – pregunté intentando parecer asombrada de verlo allí.
Edward se levantó sorprendido al verme. Su cara reflejaba la confusión.
Le pedí a Christofer que lo llamara excusándose en el trámite de algún papeleo relacionado con la zona este. Ese departamento lo llevaba casi en exclusiva Edward, así no tenía razón para sospechar de la llamada de nuestro notario.
-Mi amor, ¿qué haces aquí? – preguntó intentando buscar una explicación mientras estiraba su brazo para acercarme hasta él. Lo acepté encantada y en cuanto estuve lo suficientemente cerca me acurruqué a su lado. Edward posó un beso distraído en mi frente, signo que su mente seguía trabajando a mil por hora y no pararía hasta obtener una respuesta.
-Me llamaron. No me mires así, tampoco sabía nada. – contesté haciéndome eco de las mismas palabras que me dijo hace tanto tiempo ya. – Puedes sentarte, no voy a morderte. – bromeé y por el brilló que cruzó su mirada supe que, finalmente, había entendido porque me comportaba así.
- Supongo que ahora soy yo el sorprendido. – respondió mientras nos sentábamos en el sofá. Parecía haber recuperado su humor, sin duda, intrigado por qué era lo que me traía entre manos.
-Por una vez tampoco pasa nada. – dije guiñándole el ojo.
-No me vas a contar qué tramas, ¿verdad? – inquirió divertido. Me miraba de tal manera que tuve que hacer un gran esfuerzo para no confesarle hasta la vez que leí el diario de Alice porque quería saber si estaba enamorada de JC Meyer, el chico malo del campamento de verano.
Negué efusivamente haciendo del silencio mi mejor aliado para aguantar la influencia de su sonrisa torcida y la intensidad de mi particular criptonita.
La estirada secretaria nos interrumpió para acompañarnos hasta el despacho de Christofer que nos esperaba con una cómplice sonrisa. Tomamos asiento.
-Parece ser que soy el único que no se qué es lo que estáis tramando. – Edward interrumpió las presentaciones impaciente por descubrir qué estaba ocurriendo. Tanto Christofer como yo reímos en respuesta.
-Tienes razón… Siempre has tenido un olfato especial. – bromeó nuestro notario. – Aunque creo que, de momento, es mejor que sea Bella la que te explique por qué estás aquí. – cedió amablemente.
Le agradecí con una sonrisa que me dejara aclararle a Edward la razón de toda esta sorpresa.
-Antes de nada, esto debería haber pasado mucho antes, pero lamentablemente Anthony tiró por la borda mis planes…- le puse en antecedentes mientras Edward se acomodaba ligeramente en el asiento sosteniendo mi mano. -
Cogí aire intentando poner en orden mis pensamientos y emociones.
-Creo que no es una sorpresa si te digo que no me puedo imaginar mi vida sin ti, pero mucho menos Swan's Networks sin tu liderazgo. Eres más que mi mano derecha… No habría podido llegar a ser quien soy sin tu ayuda. Siempre lo has sido pero ahora eres tan necesario en la empresa que sé que no funcionaria sin ti. No podría estar en mejores manos que en las tuyas, lo has demostrado cada día desde que entraste a trabajar. Yo lo sé, y lo que es más importe papá lo sabía.– vi como Christofer cabeceaba dándome la razón.
Edward se tensó conmovido por mis palabras.
-Bella…- me interrumpió Edward nervioso seguramente temiendo que fuera a huir. Sonreí intentándolo calmar.
-Déjame acabar- insistí antes de continuar. – Les he comprado las acciones a Seth Clearwater y Sam Ulley. Quiero hacer de Swan's una empresa familiar. – Christofer nos entregó la carpeta con los documentos necesarios para formalizar legalmente mis deseos. – Quiero que tengas el cincuenta por ciento de la empresa. Yo tendré el otro. – expliqué nerviosa.
Hacía tiempo que le había entregado mi corazón a Edward ahora le entregaba otra parte de él.
Estaba segura que fuera dónde fuera que Charlie estuviera en estos momentos estaría feliz y orgulloso con esta decisión. Quería a Edward como un hijo y confiaba en él más que en nadie. No solo estaba haciendo lo correcto, sino también justicia. Edward llevaba años dejándose la piel en esta empresa. Su visión de negocios había abierto grandes puertas a Swan's y merecía mucho más que un treinta por ciento de la empresa.
-¿Estás segura? – me preguntó sin molestarse a mirar los documentos que detallaban los pormenores de lo que le estaba explicando.
- Más que nada en este mundo. – contesté sin rastro de duda en mi voz.
-¿Y si nos separamos? – preguntó con una sonrisa de lado. Ninguno de los dos contemplábamos esa opción, y él lo sabía tan bien como yo.
-Deberás aprender a trabajar con tu ex pareja. – declaré encogiéndome de hombros haciendo reír tanto a Edward como a Christofer con mi respuesta.
-Intentaremos que eso no ocurra. – rebatió Edward presumido.
-Edward. – le llamé al ver que se limitaba a observarme como si por mucho que lo hiciera fuera a acabar cambiando de opinión.
-¿Qué? – preguntó automáticamente.
-Firma los papeles. – ordené divertida.
-Gracias. – dijo sincero antes de besar mi mano.
-Gracias a ti por hacerlo siempre fácil. – le agradecí sabiendo que no era un regalo arbitrario. Era lo que se merecía por todo su trabajo.
Edward firmó los papeles sin leerlos. Aun así, Christofer insistió en explicarlo detalladamente como era su obligación y nos dio nuestras respectivas copias. Nos quedamos un rato más charlando con él, poniéndonos al día con un viejo amigo antes de despedirnos.
Salimos a la calle que nos recibió con su viento helado, tan característico de esta ciudad. Me protegí dentro de mi abrigo pero aun así me resguardé en Edward.
-¿Has traído el coche? – pregunté al ver que buscaba un taxi.
-No, he venido en taxi porque se me hacía tarde y no quería perder el tiempo aparcando. –explicó.
- Pues demos un paseo ya que no tenemos que volver a la oficina. – propuse tirando de él por la acera. Edward me siguió acomodando nuestra postura para que no me alejara de su lado. –
-Así que llevas meses planeando esto a mis espaldas… eh… - sacó a relucir divertido.
-No ha sido fácil, pero sí. Era algo que rondaba por mi mente desde hace mucho y decidí que era hora de cambiar. – volví a explicar. Conociendo a Edward estaría unos días intentando decidir si había tomado la mejor decisión pero en cuando lo meditara seriamente, más de cinco minutos, se daría cuenta, igual que lo había hecho yo y lo haría cualquiera, que era la mejor de las decisiones.
-Supongo que Seth y Sam no fueron fáciles de convencer. – adivinó certeramente. Edward conocía a nuestros antiguos socios perfectamente.
¡Habían sido un dolor de muelas!
Estaban acostumbrados a que Swan's les reportara los beneficios de sus acciones anualmente sin aportar nada a cambio. Eran dos lastres que solo me miraban como si fuera algo insignificante. Pues bien, esta mujer insignificante les había dado su merecido y ahora sus acciones estaban en las mejores manos del mundo.
-Nada ni nadie se pone en mi camino cuando me propongo algo. – le dije evitándole detalles aburridos. Se los explicaría otro día pero hoy solo quería alegrías.
-Lo sé, créeme que lo sé, pequeña. – aseguró haciéndome reír por la resignación que transmitía su voz.
Atravesábamos la zona judicial de la ciudad. Era un lugar curioso, podías encontrarte personas desoladas ante su cita con la justicia y a parejas eufóricas por su reciente matrimonio.
De repente nos vimos arrollados por una chica que corría veloz, a todas luces huyendo del hombre la seguía. Edward me apartó. Si no fuera por sus rápidos reflejos el furioso novio hubiera acabado tumbándome en medio de la calle.
-¡¿Todo esto fue idea tuya y ahora te echas atrás!? – reprochó indignado cuando al fin consiguió detener la marcha de la que era una autentica novia a la fuga.
-¡No te quiero! – chilló la novia desesperada.
Miré a Edward sorprendida por la escena telenovelesca que estábamos presenciando.
-Démosles algo de intimidad. – dijo haciéndonos avanzar por nuestro camino impidiéndome presenciar el desenlace, aunque no había que ser un avispado guionista para saber cómo acabarían.
-¿Quién se casaría obligada en pleno siglo veintiuno? – reflexioné en voz alta pensando en los reproches de la joven.
-Espero que tú no. – contestó Edward. Lo miré sorprendida por su respuesta pero estaba distraído mirando los edificios.
-¿Y cómo podría pasar eso? Que yo sepa no tengo ninguna propuesta sobre la mesa. – bromeé pero al contrario de lo que solía pasar no respondió a mi broma con una rápida e inteligente respuesta.
Edward me giró en sus brazos, quedando parados en medio de la calle mirándonos frente a frente.
-Hagámoslo. –propuso destilando seguridad y decisión.
-¿Qué hagamos el qué? – pregunté confundida por este arrebato tan poco propio de alguien siempre mesurado como Edward.
-Cásate conmigo Bella. – se declaró haciendo que mis piernas temblaran hasta el punto que su agarre en mi cintura se intensificó. – Te quiero. Te quiero más de lo que nunca he querido a nadie y sé que tú me quieres de la misma manera. – continuó fervientemente. – Siempre he considerado unos locos a los que se casaban y perdían su libertad pero ahora que te he encontrado es lo único que deseo. Déjame compartir el resto de mis días contigo, por favor, mi amor. – acabó su declaración emocionado aunque nada se podía comparar a lo que sentía yo.
Casarme con Edward Cullen era algo que hasta mi mente enamoradiza y fantasiosa no se había atrevido nunca ni a imaginar. Era algo tan imposible que no me había ni planteado esa opción. Edward, quien siempre había renegado de esta clase de uniones pública y privadamente, me estaba proponiendo matrimonio en plena calle.
Estaba loco.
Y, quizás, yo también lo estaba porque estaba deseando gritar a todo pulmón que claro que quería casarme con él.
-¿Quieres que vayamos a comprar un anillo antes? – preguntó nervioso y algo inseguro ante mi silencio.
Negué con la cabeza emocionada.
-¿No quieres que compremos un anillo o no quieres casarte conmigo? – volvió a preguntar impaciente.
-Quiero casarme contigo hoy y siempre y me importa un comino el anillo. Solo me importas tú. – le dije antes de saltar a sus brazos.
Edward me cogió alzándome para poder besarnos.
En nuestros labios se mezclaron el sabor salado de mis lágrimas que por primera vez en mucho tiempo fueron de pura alegría.
-Llevas tu carnet de identidad, ¿verdad? – cuestionó aun sabiendo la respuesta ya que veníamos del notario dónde ambos lo habíamos necesitado. Asentí divertida por su despiste. Esto sí era histórico, Edward estaba nervioso. – Vamos a pedir nuestra licencia matrimonial, si tenemos suerte no tendremos que esperar mucho para casarnos. – declaró antes de arrastrarnos hasta el edificio que albergaba el departamento de licencias matrimoniales.
-¡Estás completamente loco! – declaré divertida y tan emocionada como una niña pequeña el día de navidad.
Después de varias horas de interminables colas y algún que otro favor conseguimos nuestra licencia. En cuarenta y ocho horas teníamos cita en el City Hall para casarnos.
Estaba tan emocionada que el grito que soltó Alice al enterarse quedó en nada en comparación del mío al contarle las buenas noticias. Mi amiga casi colapsó al saber que disponía solo de dos días para inventarse un traje de novia pero, al igual que su hermano, se tomó esta dificultad como un reto y se puso a trabajar rápidamente.
Dejé a Edward que fuera él quien lidiara con Emmet mientras yo me encargaba de la parte más dulce que fue contárselo a sus padres. Carlise y Esme se emocionaron tanto como lo hubiera hecho Charlie y aunque no me libré de algún que otro reproche por las prisas su felicidad era la nuestra.
Tan solo cuarenta y ocho horas más tarde nos encontrábamos a punto de dar un paso más en nuestra relación. Mucha gente podría decir que era el paso más importante en nuestra vida pero estaba tan segura de compartir mi vida con Edward que tan solo sentía que estaba haciendo algo tan natural como respirar.
Entré en la sala acompañada de Carlise. Emmet se negó rotundamente a ocupar ese lugar cuando se lo pedí y dejó que su maestro y mi segundo padre lo hiciera por él.
Allí nos esperaban todas las personas imprescindibles en nuestra vida.
Emmet y Rose ocupaban un banco de la izquierda, junto a una llorosa Alice que saltaba emocionada en brazos de Jasper. Esas cuatro personas eran el núcleo más importante de mi vida.
Sky y Sue ocupaban la bancada derecha, justo detrás de Edward. Sonreí agradecida su presencia. Su cara de completa sorpresa tanto por la inesperada noticia como por la invitación quedará para siempre en mi memoria. Ellos habían sido fundamentales para que lograra sentirme feliz entre las paredes de Swan's y tenían que estar aquí por todos los instantes de risas y apoyo compartido.
Mi vista se desvió hasta Carl y Ernest ambos con estrambóticas pajaritas.
-Estás guapísimos. – murmuré bajito al pasar por su lado.
Y por supuesto justo en el centro de la sala, con sólo el oficiante delante de él, y una orgullosa Esme a su lado, me esperaba el hombre que se había convertido en mi vida y mi felicidad. Alguien que había pasado de provocarme la rabia más absoluta a ser el epicentro de mi felicidad, junto el resto de personas que hoy nos acompañaban.
Edward había vuelto mi vida al revés consiguiendo darle un sentido que no sabía que buscaba. El del amor más real e intenso que jamás sentí por ningún hombre.
Carlise paró nuestros pasos justo antes de llegar al laico altar.
-Charlie hubiera estado muy orgulloso de todo lo que has enfrentado este año... Has conseguido todo lo que él siempre deseó para ti, pequeña… Que fueras feliz. – me dijo antes de besar con cariño mi mejilla y entregar mi mano a Edward para iniciar la ceremonia.
Lo contemplé más tiempo del necesario en su elegante traje ruborizándome al pensar que ese adonis iba a ser mi marido en tan solo unos minutos. Una vena primitiva nació en mí al imaginarlo con nuestra alianza, símbolo de nuestro amor, rodeando su dedo anular.
-Estás preciosa. – me alagó suavemente acercándose a mi oreja dónde aprovechó para dejar un delicado beso antes de apartarse.
Alice había hecho un trabajo excepcional. Había reconvertido un delicado vestido blanco roto con delicadas flores bordadas en los tirantes como vestido nupcial. A pesar de poner el grito en el cielo e intentar negociar tanto con Edward como conmigo unas semanas extras había conseguido crear un diseño maravilloso. Incluso diseñó el delicado ramo con el que me había sorprendido esta mañana, a conjunto con los bordados del vestido.
El oficiante comenzó la ceremonia que me costó seguir por estar sumida en mis recuerdos.
Deseaba tener a mi padre cerca, pero si algo había aprendido durante estos meses sin él es que nunca me abandonó. El amor con el que Charlie me recibió en su vida y me crió fue el legado más precioso que me dejó. Ese amor me acompañaría siempre, cada día de mi vida y en cada paso que daba.
Hoy Charlie estaba presente porque su amor vivía dentro de mí.
Edward apretó mi mano para traerme de vuelta a la realidad. Me guiñó un ojo cómplice adivinando el motivo por el qué me había perdido parte de nuestra ceremonia de matrimonio. Un te quiero silencioso se desprendió de su perfectos labios que deseé besar saltándome el protocolo.
-Así pues, os pregunto. – dijo el oficiante después de aclararse la voz para llamar nuestra atención. – Edward Cullen: ¿Quieres contraer matrimonio con Isabella Swan y efectivamente lo contraes en este acto?
-Sí quiero. – contestó seguro sin demorar su respuesta.
-Isabella Swan: ¿quieres contraer matrimonio con Edward Cullen y efectivamente lo contraes en este acto?
-Sí quiero. – respondí con una sonrisa que amenazaba con provocarme una contracción en las mejillas. Alice aplaudió incapaz de contener para ella misma tanta emoción.
- Ahora podéis proceder al intercambio de anillos.- nos invitó divertido por el acto espontaneo de mi amiga.
-Yo, Edward, te tomo a ti, Isabella, como esposa y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.- declaró seguro, sin errar en el discurso, mientras deslizaba la sencilla alianza en mi dedo.
Sonreí nerviosa al ver como mi mano temblaba al recoger la alianza de Edward de la pequeña caja que Esme sostenía para mí.
-Yo, Isabella, te tomo a ti, Edward, como esposo y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.- prometí emocionada sellando mis palabras con el anillo que tanto había deseado ver en su mano.
- Yo, en virtud de los poderes que me confiere la legislación del Estado de Washington, os declaro unidos en matrimonio. Enhorabuena, podéis besaros. – sentenció justo antes que todos nuestros amigos rompieran el silencio con bitores y aplausos.
Edward se acercó a mí con deliberada lentitud tomando mi cara entre sus masculinas manos besándome con suavidad. Nuestros labios se encontraron cómplices como tantas veces lo habían hecho y a la vez diferentes. Sabiendo que este beso era diferente. Sabiendo que este beso sellaba algo para toda la vida. El crecimiento de una nueva familia.
La familia Swan-Cullen.
-Te quiero. – volvió a declarar Edward, esta vez solo para mí.
Nos había costado muchos años darnos cuenta de nuestros sentimientos pero ahora no había un solo día en el que nos dijéramos qué sentíamos el uno por el otro. Finalmente los secretos se habían acabado para nosotros…
Tan solo quedaba uno del que mi recién esposo no tardaría mucho en enterarse.
-Yo también te quiero, mi amor. – contesté sincera y emocionada ante la perspectiva del precioso futuro que teníamos por delante.
-¡Y ahora a celebrarlo por todo lo alto! – chilló entusiasmado Emmet.
:: FIN ::
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NA:
"Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una― George R.R. Martin"
Cito esta frase porque sin duda es lo que siento como "escritora" cuando acabo una historia. Si echo la vista atrás a cada una de mis historias puedo recordar "una vida". El trayecto de "Si estás aquí" ha sido largo y muy difícil en lo personal. Comencé esta historia con ganas. La he escrito sentada en medio de plazas europeas envuelta de gente haciendo fotos mientras mi imaginación volaba con esta loca pareja. A medio camino la vida se encargó de recordarme que es caprichosa y viví un momento de distancia con la historia pero finalmente, si algo bueno ha traído este confinamiento al que nos hemos visto evocados, es volver a escribir con calma para poder disfrutar de los últimos capítulos. Espero que os haya gustado la historia o que, como mínimo, os haya hecho olvidar la realidad un ratito. Vuestros comentarios lo han hecho conmigo. Gracias a todas y cada una que me habéis apoyado en esta historia, vuestras muestras de cariño son la mejor energía para mí y creo todas las escritoras de FF.
PD: Antes de que me echéis bronca el apellido de Bella delante del de Edward (familia Swan-Cullen) está hecho expresamente ;) No me despido del todo porque aún queda el epílogo/outtake final.
Así que, como siempre digo, nos leemos en el próximo!
Un fuertísimo abrazo ;)
