Dante desenvainó su espada y corrió hacia los gritos de Silvana, pero pronto hasta aquel sonido se perdió en medio de los atronadores estampidos que los gigantes producian al moverse por aquel sitio.

Para sorpresa y desconcierto de Dante los gigantes lo ignoraron por completo (O al menos no intentaron aplastarlo deliberadamente) y continuaron destruyendo todo lo que había en la cima de aquella colina en busca de algo.

O alguien… El joven no tuvo ninguna duda de lo que esos gigantes estaban buscando de forma tan desesperada, pero si todavía guardaba una esperanza de estar ante un evento desafortunado, al oir la voz del gigante que parecía ser el jefe de aquel grupo se sintió desfallecer.

—¡Un arma nueva para el que capture a esa Druida!

Los gigantes se volvieron aún más locos al oír aquello. Enormes nubes de polvo se levantaron por toda la cima de aquella elevación mientras rocas y árboles eran destrozados por igual ante la furia de aquellos monstruos de casi diez metros de alto.

Diógenes se había arrojado al suelo mientras se cubría la cabeza con ambas manos para protegerse de los escombros y ramas que volaban por todos lados. Dante se arrodilló junto a él y lo levantó de un tirón. —¡No es hora de acurrucarse! —gritó por sobre el ensordecedor estruendo.

El Archivista lo miró con incredulidad. —¿Qué rayos dices? Se acabó, van a aplastarnos como a cucarachas.

—Si, eventualmente… pero no lo han hecho aún, así que levanta al culo y sígueme.

—Pero...

—Tenemos que hacer lo posible por encontrar a las chicas y luego evacuar este lugar.

—Estas loco. —exclamó Diógenes incorporándose con dificultad. —Hemos perdido, se acabó la aventura para nosotros.

—Tal vez, pero en todo caso logramos nuestro objetivo.

—¿Objetivo…?

—Hemos conseguido inteligencia valiosa, sobre el bosque y sobre el Enjambre… eso solo ya ha valido la pena, pero eso no quiere decir que me haya rendido aún.

El joven volvió a tironear de las ropas del Archivista y ambos se ocultaron tras un tronco destrozado.

—La clave es Silvana. —dijo Dante.

—¿Silvana?

—Una vez que vuelque en el mapa todo lo que vió en el Valle del Enjambre podremos extraer toda la información que necesitemos… incluso si nos matan ya hemos conseguido más de lo que necesitábamos saber.

Diógenes tomó a Dante del brazo y lo miró con seriedad. —Dante. —dijo con voz grave.

—¿Que?

—Si esos gigantes nos matan, reviviremos en la ciudad.

—Si, eso lo entiendo. —respondió el joven sin comprender.

—Y se aplicará una penalización a nuestros personajes.

—Si… algo de esa mecánica me es familiar. —respondió.—¿A qué quieres llegar con esto...?

—A que también perderemos toda la experiencia ganada de esta jornada…pero no solo el número de puntos que forma el recuento de niveles de nuestros personajes, sinó que esa experiencia incluye también nuestros conocimientos sobre los lugares que visitamos, así como la memoria y conocimientos adquiridos.

Una sombra de preocupación apareció en el semblante de Dante. —¿Como que…?

—Para que tu personaje "memorice" algo que ha experimentado en el juego tiene que descansar en una cama…—explicó el Archivista. —Si no lo hace y muere antes, la memoria ganada se pierde, eso incluye anotaciones en el mapa del juego y entradas al Diario del Juego.

—Oh mierda… eso quiere decir…

—Perderemos la información del Valle.

El joven apretó con fuerza los dientes pero contuvo cualquier otro insulto; comprendía su situación y ninguna groseria cambiaría aquello. —Okey, sea como sea, la retirada es la única opción que nos queda— dijo mientras volvía a envainar su espada.

Se arrastraron entre las rocas y troncos caídos y lentamente se alejaron del centro del tumulto. La idea de Dante era rodear la cima de aquella colina cubriéndose por el terreno y por las nubes de tierra que los gigantes levantaban en su desesperación. Por el momento todo iba bien y salvo las rocas que volaban, estaban relativamente a salvo de aquella locura colectiva.

—No veo a las chicas. —dijo Diógenes asomando la cabeza. —¿Crees que han escapado?

—Ojala pero… no lo creo. —respondió el joven.

—Silvana debe estar utilizando alguno de sus hechizos de camuflaje. —observó el Archivista.

—¿Camuflaje?

—Los druidas pueden usar la vegetación para esconderse… son maestros del camuflaje.

—Comprendo. —asintió Dante. —Pero aun así…

—Estos hijos de puta estan destrozando toda la colina… dudo mucho que dejen siquiera una sola ramita sin destrozar.

El jugador no exageraba; los gigantes habían destrozado todos los árboles de la zona y ahora se dedicaban a arrancar de raíz los matorrales y arbustos con sus enormes manos. Definitivamente quien los dirigía sabía tanto como Diógenes de los trucos a disposición de los Druidas.

—Esto no me gusta nada. —dijo Dante. —Si siguen asi…

Un grito penetrante se escuchó por encima del barullo y la sangre de los dos aventureros se heló por completo.

—¡Silvana! —gritó el joven.

Uno de los arbustos que habían sido arrancados de cuajo y lanzados por el aire por la fuerza de los gigantes sufrió un cambio repentino cuando estaba aún en el aire y en medio de un espejismo de colores se transformó en una figura humana que de inmediato comenzó a caer entre piedras y ramas destrozadas.

—¡Silvana! —volvió a gritar Dante saltando desde su escondite, pero ya era tarde.

Un gigante atrapó a la Druida en el aire y la sostuvo en alto mostrando el trofeo a los demás jugadores —¡La tengo¡ ¡Ya la tengo! ¡Es mía! —gritó.

Se escucharon algunos vítores, pero principalmente maldiciones e insultos de aquellos quienes se habían perdido la recompensa.

—¡Buen trabajo, tendrás tu arma en cuanto volvamos a la base! —exclamó el gigante a quien Dante había identificado como líder de aquel escuadrón de ataque; un Zentradi más alto que los demás que además llevaba una armadura de cuero precariamente confeccionada con diferentes cueros de animales enormes y una enorme lanza con punta de hierro oxidado.

Antes que el gigante que había capturado a Silvana pudiera contestar escucharon un grito agudo y todos se giraron de inmediato en busca del origen de aquel sonido.

Mirna dió un salto y usando los garrotes de los sorprendidos Zentradi como plataformas de un Parkour prehistórico, saltó de arma en arma hasta llegar a la altura de las cabezas de los gigantes.

—¡Nya! —gritó.

Pero para sorpresa de todos no atacó a nadie y tras dar una voltereta en el aire aterrizó en cuatro patas sobre el hombro del gigante que tenía capturada a su amiga.

El Zentradi extendió su mano libre y atrapó a la arquera Voldoriana sin ninguna resistencia.

—¿También tendré un arma por esta? —preguntó mientras mostraba a la jugadora presa en su mano izquierda.

El gigante al mando sacudió la cabeza. —Lo discutiré con el Jefe. —dijo. —Esa es sin duda alguna la Guardaespaldas de la Druida, una Arquera Voldoriana de nivel medio.

Otro de los gigantes clavó el garrote en el suelo y se apoyó en él con gesto aburrido. —¿Misión cumplida entonces? ¿Se acabó el recreo?

—Bueno… todavía queda el bonus. —dijo el gigante de la armadura volviéndose hacia los demás. —Les doy diez minutos para que encuentren al guerrero y al enano ese que viajaban con ellos… deben estar medio enterrados por ahí en algún lado.

—¿También los quieren vivos? —preguntó otro de los gigantes.

—Claro que no… esos son de ustedes… hagan lo que quieran.

Los gritos de júbilo y risotadas volvieron a helar la sangre de los dos jugadores que contemplaban la escena aterrados.

—Oh mierda. —exclamó Dante. —Ahora sí que estamos jodidos.

Diógenes lo miró a los ojos. —¿Cual es la estrategia que recomiendas entonces? —preguntó.

—Correr.

No habia nada mas que discutir y los dos compañeros se arrastraron fuera de las rocas y comenzaron a descender la colina lo mas rapido que podian, lamentablemente no fueron demasiado lejos; un grito a sus espaldas y el temblor de una docena de cuerpos gigantes corriendo a toda velocidad por la pendiente fué todo lo que oyeron.

En un abrir y cerrar de ojos estaban rodeados por los gigantes.

Dante se levantó del suelo y ayudó a Diógenes a ponerse de pie. Ya no había razón para ocultarse así que decidió que moriría allí mismo peleando. Apartó la capa y colocó su mano sobre el pomo de la espada, viendo como los gigantes sonreían al ver su patético intento de defensa.

—GG. —dijo Diógenes suspirando mientras dejaba caer los brazos.

—¿GG? —preguntó Dante.

—"Good Game" —respondió el jugador.

—Ah… si, "GG" entonces. —dijo con una sonrisa en el momento en que los gigantes saltaron todos juntos sobre ellos, pero Valkyria fué más rápida y de repente el relámpago de plata que era la yegua a la luz del atardecer apareció frente a ellos.

—¡Dame la mano! —gritó Karina tirando de las riendas.

El tiempo pareció detenerse un instante, pero Dante no dudó un segundo en obedecer a aquella impetuosa voz. Tomó a Diógenes de las ropas y extendió la otra hacia donde la Teniente O'Higgins ofrecía aquella mano pequeña y salvadora. Nunca un apretón de manos en Calypso fué tan fuerte como aquel y de un solo tirón Guerrero y Archivista pronto estaban casi aplastados en la grupa de la yegua mientras una pared de cuerpos gigantes estaba cayendo sobre ellos.

—¡Sujétense!

Valkyria emergió de entre los Zentradis mientras los gigantes chocaban entre ellos en la desesperación por atrapar a los minúsculos guerreros. Hubo un estallido de gritos y maldiciones y de pronto toda la masa de gigantes quedó enredada en una especie de esfera de piernas y manos que comenzó a rodar colina abajo en dirección al Valle de los Gigantes.

Pero no todos los gigantes habían atacado al mismo tiempo y pronto se encontraron de frente con el resto de la tropa de Zentradis, quienes atraídos por el griterío se lanzaron a correr colina abajo en dirección al jinete que había aparecido de la nada. Todos ellos portaban los enormes garrotes que se asemejan a troncos de árboles.

Karina hizo que la yegua se apartara del camino de los brutos y saltó entre las piedras mientras uno de esos enormes troncos pasaba silbando sobre su cabeza. En aquel terreno pedregoso Valkyria no podía cabalgar, pero también limitaba la movilidad de los Zentradi, quienes cada vez que tropezaban creaban una avalancha de rocas y piedras que les imposibilitaba mantenerse de pie.

Valkyria volvió a saltar sobre las rocas justo cuando uno de los gigantes descargaba un poderoso golpe de lleno con el garrote. La piedra estalló en mil pedazos y las esquirlas volaron en todas direcciones.

—¡Karina! —gritó Dante sujetándose de la Teniente O'Higgins. —¡Tenemos que rescatar a Silvana y a Mirna! ¡Ellas están…!

—¡Ni hablar! —respondió la joven tirando de las riendas para esquivar otro de los ataques. —¡Tenemos que salir de aquí antes que alguno pueda golpearnos con algo!

—Pero…

—¡Pero nada! —gritó la Teniente. —¡Es una orden!

Danter cerró la boca de inmediato. ¿Una orden? ¿De Duval o de ella? Sea como sea aquello había sido dicho de una forma tan imperiosa que no tuvo la fuerza necesaria para contestar. —Sí… —dijo. —Lo que tu digas.

Cabalgaron colina arriba y entonces vieron al gigante de la lanza que se arrojaba contra ellos. —Este es mio. —dijo Dante desenvainando la espada. —Mantén la cabeza gacha.

Karina asintió y agitó las riendas. Valkyria se lanzó a toda velocidad directamente hacia donde el Zentradi había separado las piernas y se preparaba para atacar. Usando sus dos manos esperó a que los jugadores estuvieran a su alcance y lanzó un terrible puntazo con el arma a una velocidad increíble.

—¡Derecha! ¡Abajo! —gritó Karina.

La yegua la obedeció y giró rápidamente hacia un lado mientras agachaba la cabeza haciendo que sus crines revolotearan salvajemente al viento. La siguiente en pegar el cuerpo sobre la grupa fué Karina, sintiendo en su rostro la onda de choque el aire empujado por la enorme cabeza de hierro de la lanza.

Dante no se agachó. Tomando la espada con las dos manos se apartó hacia atrás de modo que, por una fracción de segundo, una parte de la enorme punta piramidal de hierro oxidado estuvo entre él y Karina. Entonces lanzó el golpe.

La punta de hierro estaba conectada a la enorme pértiga de madera y protegida por varias vueltas de metal martillado de forma desprolija, pero la afilada hoja de propiedades mágicas de Dante cortó metal y madera como si no ofreciera resistencia.

Todo el mango de madera explotó en un millar de astillas, como si la espada hubiese enviado una onda de choque mortal a través de la misma, haciendo que el gigante perdiera el equilibrio y cayera hacia delante de cabeza, pasando a unos pocos centímetros de los cascos de Valkyria.

—¡Eso fue alucinante! —gritó extasiado Diógenes sin poder creer lo que veía.

Dante envainó la espada y volvió a sujetarse de la capa de Karina, quien volvió a azuzar su cabalgadura para salir al galope tendido de aquella colina maldita.

Pronto los gritos y maldiciones de los gigantes se perdieron en la lejanía. Karina no aminoró la marcha ni por un solo segundo, entrando al bosque a toda velocidad confiando en la vista de Valkyria para esquivar troncos, raíces y rocas que aparecian de pronto frente a ellos. La yegua galopaba a toda velocidad y nada parecia detenerla. Pronto cruzaron un pequeño arroyo y el terreno comenzó a elevarse nuevamente, alejándose hacia el oeste y adentrándose cada vez más en la parte más profunda del bosque.

No obstante no recorrieron mucha distancia. Dante calculó que habían galopado unos ocho o diez kilómetros cuando de pronto Karina tiró de las riendas y Valkyria se detuvo relinchando al pié de los árboles, sin mostrar ningún signo de cansancio a pesar de haber galopado con dos adultos (y un archivista) en su lomo.

—¿Sucede algo? —preguntó Diógenes trepando a la espalda de Dante para ver mejor. La oscuridad ya ocultaba por completo el bosque pero frente a ellos, a una distancia de doscientos metros podían ver una zona en donde las sombras retrocedian un poco, tal vez indicando la presencia de un claro en el bosque.

Karina no dijo nada pero Dante adivinó a que se debía aquella parada. —Esta bien Karina. —dijo en tono tranquilizador. —Diógenes en parte del equipo y tiene la completa confianza del Director… no habrá ningún problema. —aseguró. —Lo que me recuerda… voy a agregarte a la Party ahora mismo, Karina.

La joven asintió en silencio y tras aceptar la petición de Dante de unirse al grupo movió las riendas, haciendo que la yegua avanzara al trote ligero.

—Me imagino que encontraste otra "carreta". —comentó el jugador volviendo a su lugar tras Dante.

Recorrieron los últimos metros bajo los árboles y salieron al claro. El sol ya se había ocultado casi por completo y era poca la luz que se colaba entre las ramas superiores, pero pudieron ver con claridad que en el centro de aquel claro circular había algo grande oculto bajo un manto de ramas y hojas. Debido a la forma y disposición de aquel bulto, Dante supo de inmediato que se trataba de un caza en modo Gerwalk, aunque no pudo saber si se trataba del VF-1 o de otra aeronave. Abrió la boca para preguntar como había hecho Karina para conseguir otro Caza Variable pero las cosas sucedieron demasiado aprisa.

La Teniente O'Higgins soltó las riendas y dió un salto en aire. Al aterrizar Dante vió con terror que había desenfundado su pistola y apuntaba hacia los árboles cercanos. Si Diógenes estaba sorprendido por ver aquella arma moderna en manos de la joven, al menos no dió muestras de estarlo.

—¡¿Quien anda ahí? ¡Muéstrese o disparo!

—¡Oh mierda!. —exclamó Dante tomando a Diógenes de la cintura mientras saltaba él también de la Yegua. —¿Y ahora qué pasa?

Valkyria abandonó el claro al galope y los tres compañeros quedaron espalda contra espalda junto al VF camuflado, mirando nerviosos las sombras oscuras bajo los árboles.

—¿Qué sucede? —preguntó Diógenes sacando el cuchillo de entre sus ropas mientras miraba los rostros de ambos jóvenes. —¿Por que estamos en posición de combate?

Dante también había desenvainado la espada y la mantenia erguida frente a él con ambas manos. —No lo se. —dijo nervioso. —No veo nada.

—Alguien… o algo alguien estuvo aquí. —aseguró Karina moviendo el arma de lado a lado mientras observaba los alrededores. —Y… le hicieron algo a mi nave.

—¿Que hicieron….?

—Yo dejé una red de camuflaje puesta. —explicó la joven. —No… esta cosa.

Dante comprendió. Lo que tenia atrapado al VF no era una red de camuflaje estándar de la NUNS, sinó verdaderas ramas y hojas que se enroscaban alrededor de las piernas y fuselaje del aparato, efectivamente aprisionandolo en aquel sitio.

—¿Magia? —preguntó.

—Es posible. —respondió Diógenes mirando las plantas trepadoras. —No veo ramas cortadas… esas plantas crecieron en el sitio en donde está parada esa… cosa.

—¡Silencio! —exclamó Karina. —Algo se acerca…

Los tres compañeros guardaron silencio de inmediato. Solo se escuchaba el susurrar de la brisa nocturna en las ramas de los árboles y los crujidos de la madera, pero pronto hasta esos sonidos quedaron opacados por el incesante palpitar de sus corazones acelerados.

Dante apretó aún más su espalda con la de Karina. —Esto no me gusta nada. —dijo apretando el pomo de su espada.

La brisa nocturna desapareció y vieron las primeras estrellas aparecer sobre ellos. El silencio se volvió tan tenso que Diógenes tuvo ganas de gritar para no tener que soportar aquello.

De pronto estaban rodeados.

Las figuras grises simplemente aparecieron a su alrededor, tan silenciosas como el bosque unos minutos antes, por eso el ruido que hicieron los arcos al tensarse sonó como si de pronto algún extraño animal hubiese lanzado un gruñido.

—Estamos rodeados. —dijo Karina. —Ocho… no, doce. —dijo moviendo la cabeza hacia ambos lados sin dejar de apuntar con la pistola a la figura que tenía más cerca. —Todos están armados con arcos y flechas.

—Lo veo. —dijo Dante.

—Son monstruos del juego. —comentó la joven. —Algún tipo de criatura humanoide

El joven estratega lanzó una maldición. —No tenemos tiempo para jugar con los monstruos de Calypso… tenemos que rescatar a Silvana y a Mirna de esos gigantes.

—Yo me encargaré de estos. —dijo la Teniente. —Este es el plan; a mi señal arrojense al suelo y cubranse la cabeza. Tengo doce balas en el cargador asi que deberia poder abatir a todos los enemigos sin problemas.

Diógenes levantó la cabeza hacia la joven. —¿Ese es tu plan? —preguntó.

—¿Acaso tienes uno mejor? —respondió Karina molesta.

Antes que el Archivista pudiera responder una de las figuras se acercó silenciosamente a ellos. Karina apuntó su arma y el haz del láser iluminó la sien de la criatura que se acercaba.

Dante abrió los ojos como platos. —¡Espera Karina… esa es…!

La Driada no conocía la amenaza del arma de fuego de la Teniente O'Higgins por lo que ignoró la pequeña luz que danzaba en su cabeza. Se detuvo a unos pocos metros de los aventureros y los observó en silencio.

Dante y Diógenes reconocieron de inmediato a la criatura como una Dríada del Bosque, muy similar a aquella desgraciada que habían conocido brevemente durante el ataque del oso zombie. Media algo más de un metro y medio de altura y de era de contextura delgada. A la poca luz de las estrellas apenas podían distinguir las formas de su vestimenta pero era evidente que eran un tipo de atuendo femenino que imitaba ciertas estructuras vegetales como hojas y ramas y, como mucha de la vestimenta de aquel juego basado en los estereotipos de los juegos de rol clásicos, resaltaba las formas femeninas, especialmente el generoso pecho de la criatura por medio de un amplio escote. La Driada llevaba el cabello atado en una larga cola con fibras vegetales y vieron que su arco de madera negra estaba colgado a su espalda junto a un carcaj de flechas de plumaje verde.

Karina sonrió. —Si esta es la líder del grupo, será más fácil eliminarla primero. —dijo colocando el dedo en el gatillo.

—Detente. —reaccionó rápidamente Diógenes pasando bajos las piernas de Dante. —Dejame hablar con ellas.

El joven sacudió la cabeza. —Son enemigos. —dijo mirando nuevamente la interfaz que desplegaba información delante de sus ojos; sobre la cabeza de la recién llegada se destacaba claramente el marcador de color rojo de enemigo seleccionado (Cosa que sucedía automáticamente al centrar la vista sobre un monstruo o personaje hostil en particular)

—Si estos NPC's hubiesen tenido intenciones hostiles ya nos hubieran acribillado a flechazos. —exclamó Diógenes. —Tenemos que evitar iniciar una pelea nosotros.

Dante y Karina dudaron un momento. ¿Qué otra cosa podían hacer?

Sin saber qué responder se mantuvieron en su sitio mientras el Archivista avanzaba hasta quedar junto a Karina tras lo cual depositó el cuchillo en el suelo. Luego lentamente volvió a retroceder unos pasos sin apartar la vista de la figura.

—Sentimos haber invadido vuestro bosque. —dijo levantando ambas manos. —No deseamos ningún mal para árboles ni animales. —explicó.

La Driada no respondió y continuó mirando a los aventureros sin cambiar de expresión. Dante comprendió que Diógenes necesitaba algo de ayuda en aquel momento y lentamente depositó su espada en el suelo tras lo cual retrocedió unos pasos tal y como había hecho su compañero.

Karina suspiró y bajó el arma, pero a diferencia de los demás no la arrojó al piso y simplemente la guardó en la cartuchera oculta bajo sus ropas.

Aquel gesto hizo que las figuras que estaban a su alrededor liberaran la tensión de los arcos. Aún mantenían las flechas preparadas pero al menos ya no estaban listas para disparar. Con alivio vieron que el rostro de la Driada que tenían frente a si se relajaba y el indicador de enemigo que flotaba sobre su cabeza pasó del rojo al azul, indicando neutralidad.

—Es un progreso. —dijo Dante aliviado.

La Driada se cruzó de brazos sin dejar de mirarlos. Al cabo de un minuto se decidió a hablar. —Ustedes son Aventureros. —No era una pregunta.

—Si, lo somos. —respondió Diógenes. —Entramos al bosque por la mañana; venimos desde Jenne.

—Los habitantes de Jenne son enemigos del Bosque. —afirmó con dureza la criatura mientras un relámpago de ira cruzaba aquellos ojos color esmeralda. —Las chimeneas y hornos de esa ciudad han quemado gran parte de los Dedos del Bosque que se extendían hasta la pradera… ahora solo hay rocas y tocones secos en aquella región.

Karina sopló impaciente. —No hemos venido al bosque a derribar árboles por leña. —dijo de mala manera. Diógenes le dirigió una mirada de desaprobación.

—Deja hablar a nuestro Archivista. —la tranquilizó Dante apoyando una mano sobre el hombro de la joven. —Sus habilidades son la única carta que tenemos a disposición ahora mismo.

Las demás Driadas habían bajado sus armas pero por los murmullos que se escuchaban, no estaban demasiado dispuestas a creer las palabras de los aventureros.

—Mi compañera dice la verdad. —aseguró Diógenes. —No hemos venido a lastimar al bosque ni a ninguno de sus habitantes.

—¿Y por qué entonces vienen del Valle Maldito? —preguntó la criatura. —¿Que asuntos tenéis en aquel lugar?

—¿Se refiere al valle de los Zentradi? —preguntó Dante pero un gesto del Archivista lo hizo volver a guardar silencio.

—¿Zentradi? —preguntó la Driada visiblemente confundida. —¿Así se llaman esos gigantes?

Diógenes asintió. —Nuestro grupo estaba investigando ese valle, los gigantes son nuestros enemigos y fuimos sorprendidos antes de poder iniciar el regreso. Tuvimos que huir de allí pero han capturado a dos de nuestros amigos; una Arquera y una Druida Voldoriana.

La Driada los miró sorprendida. —¿Ustedes… ustedes conocen a…?

—Silvana es parte de nuestro grupo. —afirmó Diógenes. —Ella nos guió dentro del bosque para poder cumplir con la misión que nos encomendaron.

Al oír el nombre de la Druida los murmullos aumentaron en intensidad pero el rostro de la criatura que comandaba aquel grupo de Dríadas se ensombreció aún más. —Tu… ¿Tu estabas presente cuando una de nosotras…?

Ante la sorpresa de todos, fué Dante quien se puso de rodillas e inclinó la cabeza frente a la Driada. —Te pido perdón. —dijo golpeando su frente contra el piso. —No pudimos hacer nada para salvar a la Dríada que nos ayudó a derrotar a esa criatura maligna.

El silencio se hizo por completo en el claro. De pronto los aventureros observaron como pequeños puntos de luz comenzaban a elevarse desde las hierbas como si pequeñas gotas de rocío azul brillante se alzaran al vuelo. A la tenue luz de las pequeñas luciérnagas la Driada se acercó a Dante y lo miró desde toda su altura.

—Cuentame… cuentame lo que sucedió pidió. —Delia…. Delia era mi hermana.

Karina se volvió hacia el Archivista con cara de no entender nada. —¿De qué está hablando? ¿Quién es… Delia?

—Yo contaré lo que sucedió. —dijo Diógenes adelantandose. —Por favor escucha nuestra historia. —dijo tras lo cual narró todo lo que había sucedido desde que apareciera aquella criatura de pesadilla. La Driada escuchó con atención las palabras del Archivista sin interrumpirlo ni una sola vez mientras las estrellas giraban lentamente en el cielo despejado.

Una vez que Diógenes hubiera terminado de contar cómo habían escapado de los gigantes el silencio volvió a reinar en el claro por varios minutos, tiempo que Karina aprovechó para hacer saber que no estaba dispuesta a seguir ese "juego"

—Tengo órdenes del Director de sacarlos de este bosque. —escribió usando el teclado de su interfaz de juego, sabiendo que incluso los "NPC's" podían escucharla incluso hablando en privado. —No podemos perder tiempo con estas… cosas. —dijo.

—El hecho de que no sean humanos no significa que no podamos ayudarnos mutuamente. —respondió Dante usando el mismo medio de comunicación. —Además tu misma escuchaste la historia de Diógenes; no puede ser casualidad que las Driadas nos hayan encontrado, su aparición llega justo cuando más ayuda necesitamos, especialmente para rescatar a Silvana y a Mirna.

—¿Rescatar? ¿Eres tonto? —escribió con furia la Teniente O'Higgins. —Es un videojuego, que se desconecte del sistema y vuelva a su casa, no es como si estuviésemos atrapados aquí dentro contra nuestra voluntad.

—No es tan simple como eso. —explicó Dante. —Primero que nada...

Tuvo que dejar de escribir al ver como la Driada hacía una seña con las manos y el resto de las guerreras que los rodeaban desaparecian entre las sombras. —Si lo que dicen es cierto. —dijo mirando detenidamente al Archivista. —Entonces tengo que llevarlos de inmediato a la presencia de mi madre.

—¿Ahora mismo? —preguntó Dante.

—Ahora mismo. —repitió la criatura.

Karina se puso firme en el sitio y separó las piernas. —No voy a abandonar mi aeronave. —dijo e inmediatamente agregó. —Ni iré contra mi voluntad a ningún sitio… tengo órdenes de llevarme a esos dos conmigo. —afirmó señalando a los dos aventureros.

La Driada se volvió y enfrentó sin temor alguno a la joven Teniente. —Vendrán conmigo por las buenas o por las manos. —advirtió señalando la maraña de plantas que cubrían el caza de Karina. —Esa cosa… sea lo que sea no se va a mover de allí. —aseguró.

—Karina… creo que es de importancia crítica para nuestra misión que vayamos con ellas. —dijo Diógenes. —Por lo que he entendido… creo que también saben algo de la profecía.

Al escuchar aquello la Driada asintió con la cabeza. —Madre ha tenido ese sueño. —dijo. —Si su misión de encontrar a La Horda Escarlata, entonces tienen que escuchar lo que ella tiene que decirles.

—Te lo dije. —dijo Dante ante la mirada de desaprobación de la Teniente O'Higgins, quien tras mirar nuevamente a la Dríada y luego a donde su aeronave estaba oculta, suspiró y se dió por vencida. —De acuerdo. —dijo.

Tras recuperar sus armas y guardarlas comenzaron a caminar en fila y abandonaron el claro bajo el cielo estrellado. Una tenue neblina había comenzado a elevarse desde el suelto por lo que pronto se encontraron caminando entre el techo oscuro del bosque y un suelo blanco-lechoso que se escurria entre raices y piedras por el intrincado sendero por el que la Driada los conducia. Si bien solo ellos cuatros avanzaban por el camino, Dante creyó ver a las demás criaturas que avanzaban a su alrededor protegiendo los flancos y la retaguardia de su grupo. Incluso si quisieran escapar, era casi seguro que no podrian ir muy lejos con aquellas Driadas acechando todos los rincones del bosque.

Tras varios minutos de caminar en silencio, la Driada que los conducia volvió a hablarles de repente. —Esa... cosa que quedó en el claro ¿Ustedes la trajeron al bosque? —preguntó.

—Se refiere a tu Caza Variable. —dijo Dante volteandose para mirar a Karina, quien caminaba en último lugar.

La joven no respondió, aún molesta por lo que esas criaturas habían hecho con su nave.

—La toqué y no me gustó lo que sentí. —dijo al ver la reacción de Karina ante sus palabras. —Está hecha de metal. —Continuó hablando sin esperar una respuesta. —Metal como el que usan las hachas que matan los árboles del bosque. —dijo con la voz cargada de resentimiento. —Sentí que era algo malo, algo de inmensurable poder.

—Es un Artefacto. —respondió Diógenes antes que Dante o Karina pudiesen decir algo. —Uno poderoso ciertamente, pero no para utilizar contra el bosque o sus criaturas. —aseguró.

La Driada asintió en silencio. —Mi pueblo tiene una palabra para esas cosas. —dijo.

—¿Como los llaman? —preguntó el Archivista

—Kadum.

Diógenes se llevó una mano a la barbilla pensando detenidamente en esa palabra. —Qué palabra tan… extraña. —dijo.

—¿Extraña? —preguntó Dante.

—Es como… es como si fuera de otro lugar. —dijo pensativo. —Como si no proviniese de una lengua creada en el bosque.

—No entiendo de lo que hablas… pero si crees que vale la pena investigarlo, adelante. —respondió el joven. —Por cierto… ¿Tu tambien lo haz notado?

—¿Lo del mapa? Si.—respondió.

Karina los miró intrigada —¿Qué sucede? —preguntó.

—Mira el mapa… no se está actualizando. —explicó Dante. —Desde que hemos entrado al bosque ni siquiera la brújula funciona… y con tantas vueltas y revueltas que hemos dado, dudo mucho que podamos encontrar el camino de vuelta al claro en dónde quedó tu aeronave.

—Mierda.

—Creo que están usando algún tipo de hechizo para enmascarar nuestros movimientos. —observó el Archivista. —¿Veis las guerreras que nos rodean? Cada tanto se ve un destello de luz entre los árboles… deben estar creando un manto de ocultación de algún tipo...

—Duval había dispuesto varios satélites para que peinaran la zona. —explicó Karina. —Aunque dudo que alcancen a penetrar bajo las ramas de los árboles.

Dante mientras tanto no había dejado de revisar su libreta de contactos. Los nombres de Silvana y Mirna aún figuraban como conectados en Kalypso, pero sus contactos estaban apagados y Dante no podía interactuar con ellos de ninguna forma. —Las chicas todavía están conectadas. —dijo con voz preocupada.

—¿Realmente planeas rescatarlas? —preguntó Diógenes. —A estas alturas sería mejor que simplemente salgan del juego y esperen a que termine el tiempo de captura… ¿O realmente solo piensas en los datos que Silvana posee en su memoria?

Dante se volvió furioso hacia el jugador. —Me importa una mierda los datos. —dijo tajantemente. —Lo que no pienso es dejarla sola con esos monstruos. —aseguró.

—Sola no… al menos Mirna está con ella. —le recordó el Archivista.

El joven asintió. —Si… Mirna se dejó capturar para estar junto a Silvana y que no quede sola sea donde sea que esos gigantes planean llevarla. Esa chica tiene agallas.

Poco a poco el terreno comenzó a descender y la niebla del piso se volvió mas densa y alta. El manto lechoso que antes apenas les llegaba a los tobillos estaba ahora cubriendolos hasta la cintura. Dante tomó a Diógenes y lo cargó sobre sus hombros para que el hombrecillo no quedara sumergido completamente en la niebla y perdiera el camino.

—Ya estamos llegando. —informó la Dríada que los conducía. —Continúen caminando en línea recta y no se desvíen por ningún motivo o morirán.

—¿A qué te refieres…? —comenzó a decir Dante pero pronto la niebla se elevó sobre ellos y ya no vieron nada más que aquel blanco fantasmal.

—Continúen caminando, sigan mi voz pero no se desvíen. —se escuchó a la Dríada que caminaba varios metros por delante.

No tenían otra opción así que continuaron avanzando. Dante comprendió que ya no estaban caminando sobre el suelo del bosque sinó por lo que parecían ser losas de piedra. Sujetó firmemente a Diógenes y avanzó tras los pasos de la Dríada.

—Por favor continúa hablando. —pidió Dante. —Asi es mas fácil seguirte…. Por cierto ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Nelly. —respondió la voz frente a ella.

—Tu hermana nos salvó la vida y estamos eternamente en deuda con ella por lo que hizo. —respondió el joven.

—Delia… ella era una exploradora como yo. —dijo la voz melancólica entre la niebla. —Pero a diferencia mía, ella era la más dulce y delicada de todas nosotras… cuando conoció a esa Druida y comprendió el amor que sentía por el bosque, se dedicó a seguirla y cuidarla cada vez que podía.

—Silvana ama el bosque. —aseguró Diógenes sobre los hombros del Estratega. —Y haría todo lo que sea por protegerlo, especialmente en estos tiempos oscuros que se avecinan.

—¿Que saben de la profecía? —preguntó de pronto la voz sin detenerse.

—Creemos que está relacionado con cierto evento que ocurrió hace unos días. —respondió Dante.

—¿El Dragón despertó? —preguntó nerviosa la voz.

—Es posible. —contestó el Archivista. —Pero no sabemos qué relación hay entre Vorax y La Horda Escarlata… esperábamos encontrar alguna pista en el bosque.

En ese momento sintieron un soplo de viento huracanado y la neblina se disipó violentamente en jirones a su alrededor. Al mirar a su alrededor vieron que estaban en el centro de una enorme caverna en la que no podían ver el techo, pero lo más alarmante era lo que vieron tras de sí.

—¿Nosotros vinimos caminando por eso? —preguntó atemorizado Diógenes señalando el estrecho camino de no más de un metro de ancho que cruzaba un enorme abismo sin fondo, en donde ahora estaban fluyendo las nieblas como si se estuviera desagotando una pileta enorme al destaparse el desagüe.

Nelly estaba frente a ellos dándoles la espalda. Se inclinó y poniendo una rodilla en el suelo hizo un saludo reverencial. —Madre ¿Haz escuchado las palabras de estos estranjeros?

—"Lo hemos oído". —dijo una voz que parecía provenir de todos lados a la vez.

Las nieblas se disiparon por completo y las paredes de la enorme caverna se iluminaron con el fulgor de millares de pequeñas luciérnagas, sólo entonces pudieron apreciar las verdaderas dimensiones del lugar en donde estaban.

En el centro se erguía un enorme y milenario árbol cuyas poderosas ramas se extendían por casi todo el techo de la caverna, pero principalmente se elevaban por una enorme abertura hacia el exterior. Unas pocas estrellas brillaban entre las oscuras ramas y hojas de aquel colosal árbol.

—"Calypso ha hablado a través de este sueño" —dijo la voz (¿O eran en realidad un coro de voces?) —"Ahora somos nosotros quienes debemos responder a las señales de peligro antes que la oscuridad envuelva al mundo y tanto plantas como animales sucumban a los vientos de destrucción" —continuó hablando la misteriosa voz mientras Karina había vuelto a desenfundar su pistola y miraba nerviosa a su alrededor, tratando de localizar el origen del sonido. La mismas voz comenzó a recitar la Profecía que ya conocían al haber obtenido la Quest en la ciudad de Mir.

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Cuando la Horda Escarlata se alce desde lo más profundo del viejo bosque.

Los pilares de la creación sucumbirán al resquebrajarse las ruedas del tiempo

Y las Alas de la Noche impulsarán el Vendaval que destruirá el Mundo.

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—Creo… creo que sea lo que sea que nos está hablando lo hace directamente a nuestra cabeza. —dijo Dante señalando su propia sien mientras Diógenes daba unos pasos hacia donde la Driada llamada Nelly se había postrado con la cabeza gacha. —Queremos ayudar. —exclamó el Archivista llevando una mano al pecho. —Hemos venido desde la lejana Mir al oír las misteriosas palabras del mismo sueño que el patriarca de esa ciudad tuvo hace unos días. —explicó.

—"El sueño fué enviado a todas las criaturas de este mundo". —explicó la voz. —"Pero solo unas pocas fueron capaces de escuchar y entender las advertencias".

—¿Puedes ayudarnos a descifrar su significado? —preguntó Dante. —Hemos venido a este bosque en busca de una respuesta.

—"Los Tres Pilares del Mundo son las fuerzas que sostienen la vida en Calypso". —explicó la voz. —"En estos momentos uno de ellos se está resquebrajando y cuando lo haga, los otros dos pronto seguirán la misma suerte".

—¿Qué es La Horda Escarlata? —preguntó Dante. —¿Qué relación hay entre su presencia en el Bosque y el despertar de Vorax?

—"Para conocer la respuesta a esa pregunta deberás buscar a La Horda". —dijo La Voz. —"Sólo entonces podrán comprender la amenaza a la que nos estamos enfrentando"

—Más palabras vagas. —suspiró Dante, pero en realidad estaba satisfecho. Vió la ventana de la quest en donde nuevos texto estaba siendo registrado por el sistema en esos momentos. Al menos Duval y Willy estarían felices con eso. —haremos todo lo posible por ayudar a Calypso. —agregó. —Pero primero debemos rescatar a nuestras dos compañeras que han sido hechas prisioneras por los gigantes.

Las ramas del enorme árbol se agitaron pero no sintieron brisa alguna.

—"La Druida Silvana es Amiga del Bosque y tiene mi Bendición para entrar y salir de mis dominios cuando guste. Desde que llegó ha ayudado incontables veces al Bosque y a sus habitantes por lo que nos sentimos en deuda con ella"

Tras unos segundos de silencio la voz volvió a hablar.

—"Nelly os acompañará en esta difícil misión". —dijo de pronto mientras la Driada levantaba la vista sorprendida hacia su árbol-madre. —"Su conocimiento y habilidades os serán invaluables" —afirmó.

Karina volvió a enfundar su arma y se cruzó de brazos. —¿Como se supone que nosotros cuatro solos podamos atacar una base llena de gigantes? —preguntó.

—"Nuestras flechas no sirven de mucho contra esos gigantes"—reconoció la voz. —"Pero os ayudaré de la mejor manera posible".

Hubo un ligero temblor en las ramas más bajas del árbol y una liana con apariencia de tentáculo se extendió hasta el suelo en donde estaban los aventureros. —"Esto les será de utilidad" —dijo la voz.

Nelly se puso de pié y tomó aquello que el árbol había ofrecido. Luego caminó hacia Diógenes y lo mostró con ambas manos. —Es una Semilla Estelar. —dijo.

—¿Semilla Estelar? —preguntó el Archivista recibiendo aquel objeto.

—Es una planta que absorbe la luz de las estrellas y la refleja de vuelta en la forma que uno lo desea. —explicó la joven exploradora.

Diógenes tomó la pequeña semilla y la examinó con cuidado. —Es un ítem con algún tipo de encantamiento de ilusión. —dijo observando la ventana de descripción de objeto que había invocado. —Solo sirve para una persona.

Las ramas del milenario árbol volvieron a agitarse. —"Daos prisa valientes guerreros; deben aprovechar el manto de la noche para llevar a cabo su misión, que los espíritus del bosque os acompañen y ayuden en tan peligrosa labor".

Nelly se volvió hacia se madre e hizo una reverencia. —Así se hará, te lo prometo.

Las luces en las paredes de la caverna comenzaron a extinguirse lentamente y el silencio volvió a reinar en el lugar.

—¿Y ahora… qué hacemos? —preguntó Karina rascándose la cabeza. —Me imagino que diga lo que diga, no van a querer regresar a la base.

—No sin Silvana y Mirna. —respondió Dante. —No dejaremos a nadie atrás.

La joven lo miró con una expresión de resignación. —Te estás tomando este juego demasiado en serio. —dijo.

—¿Juego? —preguntó Nelly.

Los tres se volvieron hacia la Driada. —Lo siento. —dijo Dante. —Supongo que… eres bienvenida a la Party. —dijo encogiéndose de hombros.

—¿Pa-party? —repitió la exploradora sin comprender la palabra.

—Así llamamos a nuestro grupo de investigación. —explicó el Archivista tras lo cual se volvió hacia Dante. —Oye… ¿La vas a invitar a la Party? —preguntó.

—Supongo que si…. ¿Se supone que puedo hacerlo?

—Prueba.

Dante hizo un ademán con la mano y la interfaz de grupo apareció frente a él. Se aseguró que Nelly estuviera en su campo visual y seleccionada como objetivo de interés. —No… la opción de invitar me aparece apagada. —dijo con evidente frustración mientras agitaba el dedo en el aire ante la mirada confundida de la Dríada.

—Dame el control de la Party a mi. —pidió Diógenes. —Tal vez mi personaje pueda hacerlo.

Dante pasó el control del grupo al Archivista y se sentó en el suelo a observar. De pronto la interfaz se actualizó y el nombre de la Dríada y sus stats aparecieron en la ventana de información.

Nelly dió un grito y cayó sentada en el piso de piedra. —¿Que… ? ¿Qué es esto? —exclamó aterrorizada. —¿Que son estas cosas? —decía mientras agitaba sus manos en el aire.

—Oh mierda. —exclamó Diógenes comprendiendo de golpe lo que sucedía. —Ella puede ver la interfaz del juego ahora que es parte del grupo… esto es…

Dante se incorporó rápidamente y se acercó a la asustada joven.

—No tengas miedo, es algo que todos los aventureros podemos ver y ahora tú también— explicó con voz tranquilizadora.

—Veo… rectángulos brillantes.. y letras y números. —dijo moviendo la mano delante de su rostro. —No… no comprendo.

—Dame tu mano. —pidió Dante. —Déjame guiarte…. ¿Ves una pequeña "X" en algún sitio frente a tus ojos? —preguntó el joven.

—Creo… creo que si. —dijo la joven Dríada con un hilo de voz.

—Mantén la cabeza quieta y la mirada fija en mi. Voy a guiar tu mano hacia ella… cuando estés cerca usa tu dedo para tocarla ¿Entendido?.

—Voy… voy a intentarlo.

Dante procedió a levantar la mano de la Dríada con delicadeza sintiendo la suavidad de la piel.. ¿O era una corteza? Era una sensación extraña pero agradable. Olía a Jazmines y a Rosas. Cuando hubo elevado todo el brazo lo sostuvo en alto unos segundos. —Ahora extiende tu dedo y toca esa "X". —explico.

Lentamente Nelly extendió el dedo índice y lo movió en el aire.

La interfaz desapareció frente a sus ojos y solo la brújula y barras de Vida y Maná quedaron activas en su campo de visión.

—¿Mejor? —preguntó Dante sintiendo como los músculos de la joven se relajaban.

—Si… si. —respondió Nelly pasándose la mano por el rostro. Su respiración había vuelto casi a la normalidad —Lo.. lo siento, me asusté mucho. —dijo avergonzada.

—No te preocupes. —la tranquilizó Diógenes. —Te explicaremos poco a poco lo que puedes hacer con eso.

Karina suspiró y miró las estrellas por entre las ramas oscuras del silencioso árbol. —Va a ser una larga noche. —dijo resignada.

No se equivocaba.