Los Amamiya

Capítulo 27: Secuela

Revisó su reloj una vez más mientras fruncía el ceño y se preguntaba que demonios le había pasado a Tomoyo para que se retrasara tanto aquella mañana. Sabía que apenas habían pasado quince minutos desde que había llegado y se había situado cerca del ascensor de aquel parqueo subterráneo en el que normalmente se encontraba con ella al principio del día, pero sentía que tenía una eternidad en aquel lugar.

La verdad es que había tenido una noche sumamente tortuosa en la que por mucho que lo intentó no fue capaz de conciliar el sueño ni siquiera unos minutos. No podía dejar de darle vueltas al asunto, dejar de preguntarse si lo ocurrido la noche anterior había sido sólo un malentendido o Tomoyo había sucumbido a la tristeza y había terminado aceptando el amor de ese sujeto. Solo pensarlo lo volvía loco, lo llenaba de rabia. Debía preguntarle pronto o si no, no podría con tanta ansiedad.

Presionó los lagrimales de sus cuencas mientras cerraba los ojos para controlar el ardor en ellos debido a la falta de descanso y suspiraba con fuerza tratando de eliminar el nudo en su garganta que le impedía respirar y entonces, como si se tratara de una revelación divina levantó la vista al escuchar a un vehículo ingresando al parqueo.

Se incorporó de inmediato dispuesto a ir a su encuentro al comprobar que efectivamente se trataba de uno de los transportes en los que normalmente Tomoyo se trasladaba, y entonces, vio como se abría la puerta del piloto y para su desconcierto aquel sujeto de ojos carmesíes descendía del mismo, mientras lo miraba con una animosidad que no era capaz de disimular y que sabía era lo mismo que se veía en su rostro al tenerlo frente a él.

-¿Qué haces aquí?- Indagó con más enojo que curiosidad, viendo como totalmente inexpresivo este se limitaba a introducir su mano dentro del vehículo y luego de sacar una carpeta llena de papeles extendérsela mientras él continuaba mirándolo con escepticismo.

-Tomoyo ha despertado con fiebre así que como le ordené que se quedara en cama para que descanse me ha pedido que traiga esto.

-¿Fiebre? Debió llamarme entonces, podría haber ido personalmente.

-Tal vez solo no quería verte ¿no te parece?- Señaló con aquella actitud prepotente y ácida que hacía que el simple hecho de escuchar su voz resultara terriblemente estresante para él y Touya no pudo hacer otra cosa que morderse la lengua antes de estallar en cólera. En aquel momento deseaba restregarle en la cara lo pobre de aquella insistencia suya en no ser capaz de aceptar el rechazo de ella solo para ver su insípida e inexpresiva cara deformarse de la sorpresa porque conociera dicho detalle, pero algo dentro de él sabía que si extendía aquella conversación solo unos segundos más su de por si mermada paciencia terminaría por agotarse y aquello acabaría muy mal para alguno de los dos.

-Cómo digas. No me interesa tu opinión.- Soltó mientras le arrebataba la carpeta de la mano y se daba la vuelta para marcharse antes de borrarle aquella insufrible expresión de un puñetazo. Si Tomoyo estaba mal lo último que necesitaba era saber que se había ido a los golpes con el tipo aquel, así que lo mejor que podía hacer era ignorar sus provocaciones y cumplir lo mejor que pudiera con su trabajo hasta que pudiese ir a su encuentro y aclarar todo aquello de una vez por todas. No debía perder su tiempo con él, no debía caer en sus provocaciones.

-Y los detalles de lo que ocurrió anoche antes de que llamaras. ¿Eso es algo que te interesa?- Lo escuchó preguntar mientras intentaba caminar hacía él ascensor y solo entonces se dio cuenta que aquello que llamaba paciencia no existía en él y que le importaba un pepino que hasta el primer ministro se enterara de lo que ocurriría allí. Se dio la vuelta en un solo movimiento y sin pensarlo demasiado asestó un fuerte puñetazo en la cara de Kurogane, tomándolo del cuello de la camisa tras de eso y estrellándolo contra la puerta de aquel vehículo con una fiereza tal que aquel golpe resonó en todo aquel parqueo mientras el hombre de ojos carmesíes escupía la sangre que le había hecho brotar con el golpe y sonreía complacido al ver la furia dibujada en su hasta ahora imperturbable rostro mientras murmuraba sin una gota de amedrentamiento que al menos no golpeaba como niña.

-Lo que dices no es cierto. Tomoyo jamás dejaría que te le acercaras.- Aseguró en medio de un gruñido mientras volvía a estrellar su torso contra la puerta sin que este dejara de sonreír con malicia complacido de haberlo hecho perder la compostura. No recordaba la ultima vez que había peleado en serio con alguien, la ultima vez que sintió aquella furia asesina corriendo por sus venas, sabía que si algún conocido pasaba por aquel lugar y lo veía actuar de esa manera se escandalizaría enormemente por ser tan inusual en el recurrir a aquella conducta tan violenta, pero todo tenia un limite en la vida, todo tenía una línea que no debía cruzarse, él había cruzado esa línea y no sólo la había cruzado si no que estaba disfrutando el verlo enloquecer.

-Me tomé la libertad de dejarle un pequeño recuerdo por si quieres comprobarlo. No tienes que agradecérmelo. Ya ella se encargó de ello.- Aseguró Kurogane con burla y simplemente eso fue la gota que derramó el vaso. No había dudas en su mente, esta vez si que no tendría ni una pizca de piedad.

-¡Oigan ¿que ocurre aquí?!- Touya detuvo el puño con el que se proponía volver a golpearlo al escuchar la voz de uno de los guardias que se acercaban apresuradamente hasta ellos y que fueron alertados por la alarma del vehículo que no había dejado de sonar, y entonces Kurogane aprovechó para asestarle un fuerte cabezazo y fulminarlo con un golpe en el estómago mientras los guardias le apuntaban con sus armas y le ordenaban retirarse del lugar. Sus ojos rojizos parecían arder de la rabia, era obvio que le tenía unas ganas tan grandes como las que Touya le tenía a él y que si no fuese por la intervención de aquellas personas que acababa de aparecer seguro que ambos se hubieran golpeado hasta que alguno de los dos saliera de allí en una ambulancia, pero aun así accedió a marcharse ante la insistencia de los guardias mientras Touya le miraba con una expresión que haría temblar a cualquiera mientras rechazaba con brusquedad la ayuda de los hombres que de inmediato habían reconocido que era uno de los empleados de la fábrica y que por tanto insistían en llevarlo a la enfermería a pesar de su negativa.

Cuando al fin pudo recuperar el aire y vio al vehículo salir de la propiedad el moreno procuró incorporarse y caminar hacía el ascensor mientras un hilillo de sangre bajaba desde su frente hasta el inicio de su nariz.

El dolor que sentía en su estómago no se comparaba con aquella tensión en sus poros. Sus manos estaban sudando y su corazón no podía estar más agitado. Era como si tuviese una daga clavada entre pecho y espalda, como si sus pulmones estuviesen a punto de colapsar. Sabía que debía mantener la cabeza fría, sabía que no debía caer en su juego pero…

-¡Demonios!- Rugió mientras golpeaba su puño contra la puerta del frío aparato provocando que sus nudillos sangraran y el ascensor se estremeciera. Si ese malnacido en verdad se había atrevido a ponerle un dedo encima, no podía hacerse responsable de lo que terminaría por pasar.


-Aun no se como pudiste trabajar todo el día con ese golpe en el estómago Touya. Deberías tomarte más en serio tu salud y más si tuviste un accidente en tu moto.

-Si, lo sé. Gracias por llevarme al hospital.- Respondió a Marc a la vez que yacía en el asiento del copiloto de su vehículo y se limitaba a mirar por la ventana intentando no poner en evidencia lo mal que le hacía sentir haberle dicho aquella tremenda mentira. La realidad es que se había hecho todo un escándalo en el piso al verlo llegar con la cara ensangrentada y la única forma en la que creyó que dejarían de hacer preguntas y podría evitar aquel tema era si decía algo como eso. Al final había conseguido calmar a la multitud aunque eso no evitó que Marc no lo dejara regresar a su casa hasta que un doctor lo revisara.

-No hay nada que agradecer. Si la señorita Tomoyo estuviera aquí estoy seguro de que también hubiera hecho lo mismo. Por cierto ¿Por qué no dejaste que le dijera de tu accidente hace un rato?

-Ya la conoces, se atrevía a venir enferma y tendríamos dos problemas en vez de uno.

-Eso es cierto.- Murmuró Marc con una sonrisa mientras pensaba en todo lo que sin duda ella haría si se enteraba que Touya estaba así de herido. No era difícil imaginársela yendo hasta allá con una fiebre sobre los cuarentas, ropa de pijama y su pelo totalmente despeinado de tanto dar vueltas en la cama, aunque esta de mas decir que la prudencia y la pulcritud era su marca personal intrínseca. La verdad es que cualquiera de los dos haría lo mismo en el caso contrario aunque no lo dijeran de manera audible, al fin y al cabo después de verlos intercambiar esas mirada cómplices y coquetear uno con el otro de manera inocente y solapada en su día a día en aquella oficina, se preguntaba cómo pudo ser tan estúpido en un principio para no darse cuenta de lo que esos dos sentían uno por el otro cuando la verdad es que no podían ser más obvios.

-Y dime ¿aun nada?

-¿A que te refieres?

-¡Vamos! Pensé que después de que viajaran juntos por fin serían sinceros con sus sentimientos, ¡no me digas que no han avanzado nada!

Touya se quedó callado ante la observación de Marc y volvió a mirar por la ventana sin ni una pizca de ganas de hablar del asunto. Después de todo él era el primero que pensaba que todo cambiaría después de hacer aquel viaje y hablar con Nakuru. Era cierto que todo había salido bien en ese aspecto pero… las cosas con Tomoyo estaban igual o peor que antes.

-Sabes, no se que es lo que te impide hablarle de tus sentimientos pero no deberías perder tanto el tiempo. Tomoyo es una chica maravillosa estoy seguro de que cualquier hombre haría lo que sea por tener algo con ella.

-¿Desde cuando te dedicas a actuar de cupido Anciel?

-No estoy haciendo tal cosa, solo intento poner mi granito de arena a la felicidad de mis colegas. Odiaría que uno de estos días ustedes terminaran separados solo porque ninguno de los dos es lo suficientemente sincero con lo que siente.

Marc dejó salir un suspiro al verlo quedarse totalmente callado mientras pensaba en lo difícil que era hablar con ese sujeto cuando no quería comunicarse. Era una buena persona si, y ya las cosas entre ellos estaban mas o menos bien después de aquel incidente, pero podía ser tan terco como una mula cuando se lo proponía y eso le frustraba en verdad.

-Sabes… si no estas seguro, yo podría tener algo con la señorita Tomoyo, después de todo siempre he estado algo enamorado de ella.

Por primera vez en toda la conversación tenía los ojos del moreno bien puestos en él y no precisamente de una manera amigable. La verdad es que por un momento parecía haber olvidado por completo que ya había quedado más que claro que a él no le gustaban las chicas. Lo sabia porque era obvio que quería arrancarle la lengua por el simple hecho de plantear la idea de robársela.

-Solo era una broma Touya, pero demuestra mi punto. Si te molesta tanto que otro la tenga deberías decírselo. Si sigues dándole vueltas al asunto aparecerá uno que no tendrá miedo de acercarse a ella y perderás tu oportunidad. Tomoyo no deja de ser una jovencita después de todo, puede cambiar de opinión en cualquier momento, no va a esperarte para siempre.

-Déjame en la parada de autobuses.

-¡Claro que no! Te llevaré a tu casa.

-Estamos en pleno Tokio y te has perdido una docena de veces, no quiero tener que ir a salvarte a media noche porque no encontraste la manera de salir de Tomoeda.- Gruñó él mientras se bajaba del vehículo en la primera luz roja que vio y entre dientes le daba las gracias por traerlo y cerraba la puerta bruscamente, haciendo que Marc sabiendo bien que lo mejor era dejarlo solo cuando se enojaba dejaba salir un suspiro lleno de resignación y arrancaba nueva vez el vehículo.

La verdad es que le sabía mal haber sido grosero con él pero lo último que necesitaba era que alguien le recordara lo que ya tenía tatuado en medio de sus cejas. Sabía que no tenía nada con ella, que ni siquiera le había hecho saber sus sentimientos claramente. Si al final ella decidía quedarse con el idiota ese porque él si había dado el primer paso ¿Qué demonios podía hacer contra eso? Eso solo dejaría claro que todavía era una adolescente inmadura y que sus sentimientos eran tan maleables cómo las de cualquiera de las mujeres que prácticamente tenía que sacudirse a cualquier lugar que iba.

Masajeó su cien sintiendo que la vena de su frente volvía a hincharse de la rabia y no queriendo pensar más en ello caminó hacia la parada de autobús al ver el vehículo acercarse, murmurando una maldición al sentir a una persona chocar contra él en medio de su caminar distraído.

Un acongojado y débil disculpa salió de la boca de aquella chica cuyo rostro lloroso no tardó en reconocer y que sin mirarlo continuó su paso con la misma premura de antes, y relajando sus facciones extendió la mano para detenerla y entonces comprobó que todo su cuerpo temblaba mientras ella no podía dejar de llorar.

-Yoko ¿Qué ocurre? ¿Te sientes bien?- Preguntó mientras tocaba su rostro invitándola a mirarlo y entonces al reconocerlo esta soltó un enorme sollozo mientras caía al suelo por la incapacidad de sus piernas de seguir sosteniéndola y un "mi padre está muy mal" salía de su garganta como un doloroso lamento que solo consiguió aumentar la fuerza de su llanto mientras se abrazaba así misma incapaz de controlar su propio cuerpo.

Llevó su mirada hacía el autobús estacionado a su izquierda que estaba a punto de cerrar sus puertas sabiendo que era el último que pasaría en alrededor de una hora, pero al verla tan aturdida concluyó que no podía abandonarla allí en plena calle cuando era más que obvio que en sus condiciones no podría seguir avanzando, que no podía quedarse sola.

Sabía que aquello era justo lo contrario a lo que Marc le había advertido pero esta vez, Tomoyo tendría que esperar un poco más.


-Buenos días Yoko.- Saludó el moreno mientras veía a la chica ingresar algo ausente a la sala, sorprendiéndola bastante al verlo todavía allí.

El día anterior después de ayudarla a incorporarse, la había acompañado al hospital al que se dirigía con tanta prisa y donde su padre estaba ingresado con el objetivo de irse en cuanto la dejara con algún familiar, pero para desconcierto suyo la madre de esta no sólo había llegado llorando a su encuentro sino que traía la desafortunada noticia de que los médicos habían desahuciado a su padre. Yoko comenzó a temblar como una hoja a su lado y antes de darse cuenta había sufrido un ataque de histeria que obligó a los médicos a medicarla y enviarla a casa. La verdad es que aun recordar su desesperación al comprobar lo ineludible no podía evitar que su corazón se estrujara de empatía al recordar su propia experiencia, y es que no importaba la edad que alguien tuviese la impotencia de saber que no podías hacer nada por un ser querido que estaba al borde de la muerte era un duro golpe para cualquiera. Tal vez aquello era lo que lo había motivado a ofrecerse a llevarla a casa y le había impedido marcharse durante la madrugada. Aunque por la sorpresa que no dejaba de mostrar el rostro de Yoko era obvio que al sentir el aroma que llenaba la cocina lo último que esperaba era encontrarlo a él frente a la estufa.

-Ya el desayuno está listo, así que puedes sentarte si deseas. Lo he hecho con lo que encontré en la alacena. Así que espero te guste aunque no sea la gran cosa.- Continuó explicando viendo como ella ahora reaccionaba y después de soltar un gracias se sentaba en el pequeño comedor de dos asientos, tomando el tenedor al verlo colocar el plato frente a ella y sentarse justo en el asiento del frente. Sus ojos estaban hinchados y sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba maniobrar el tenedor junto a ella pero al menos no estaba paralizada del terror como el día anterior, de hecho le había tomado menos tiempo del que creía llevar el primer bocado a su paladar.

-¡Oh Dios! Esto está delicioso. ¿En serio lo hiciste tú Touya?- La escuchó exclamar sorprendida mientras no podía abrir más los ojos y sonrió al verla cambiar por fin su expresión desde el día anterior mientras murmuraba que le alegraba que le gustara y volvía a enfocar la vista en su propio plato.

-Touya… siento mucho que tengas que pasar por todo esto.

-No te preocupes. No es nada.- Aseguró mientras llevaba un bocado de lo que había preparado a su boca más por cortesía que por hambre, y la veía volver a poner esa triste expresión al recordar todo lo ocurrido. La verdad es que aun no estaba seguro de si era buena idea dejarla sola allí sobretodo cuando su propia hermana le había dicho que su padre podía morir en cualquier momento del día. No quería ni imaginarse lo que pasaría con ella si al atravesar esa puerta la llamaban del hospital para decirle la triste noticia.

-Descuida, estoy mucho mejor. Vete tranquilo a tu trabajo, no quiero causarte más problemas.- La escuchó decir seguramente intuyendo lo que estaba pensando, aunque el que apenas hubiera tocado su plato no le decía que estaba realmente mejor. Llevó su mano a la que sostenía el tenedor y que de repente estaba temblando aun mas de lo habitual y al murmurar un "no es ningún problema" notó como sus ojos volvían a llenarse de lágrimas mientras incapaz de seguir conteniéndose más ella empezaba a sollozar mientras cubría su rostro con su mano. Era obvio que aún no podía con ello, que aún no era capaz de quedarse sola.

-Escucha, en unos minutos volveré a casa a cambiarme de ropa. Si te preparas mientras tanto puedo pasar a recogerte y acompañarte hasta el hospital antes de ir al trabajo. ¿Te gustaría?

Ella asintió mientras intentaba controlar sus lágrimas y él acarició su mano intentando ayudarla a serenarse. Hacer aquello significaría llegar al menos una hora mas tarde al trabajo pero seguro hasta el mismo Amamiya entendería tal situación. ¿Qué clase de corazón fuera el suyo si sólo la ignoraba en un momento como ese?


-Discúlpame de nuevo Anciel. Prometo quedarme hasta tarde mañana.- Aseguró Touya al amable joven detrás del teléfono mientras masajeaba su nuca intentando liberar su estrés. La verdad es que contrario a lo que había planificado, aquel día no pudo llegar al trabajo por que tan pronto había entrado al hospital junto a Yoko los había recibido la noticia de que el padre de ella ya había fallecido. No hace falta decir que esa noticia la puso tan mal que no había podido marcharse de allí.

Al final se había quedado para ayudar con los trámites funerarios a su madre y hermana que estaban igual de destrozadas y justo en ese momento, a las siete y cuarto de la noche acababan de regresar del sepelio. Tomoyo tampoco había podido ir al trabajo aquel día. Según le había dicho Marc, la razón por la que estaba sufriendo de aquellas fiebres era por exceso de estrés y el médico que estaba atendiendo a su abuelo y que para su fastidio sabía bien de quien se trataba le había impuesto reposo obligatorio por al menos tres días más por lo que estaba obligada a permanecer en su casa hasta entonces. No sabía si tal diagnóstico era genuino o solo había sido una treta de Kurogane para evitar que la viera pero aquello definitivamente representaba una gran traba para aclarar las cosas con ella, por lo que según parecía solo le quedaba una sola opción para conseguirlo. Tendría que ir a aquella endemoniada casa aun sabiendo que tanto Amamiya como ese sujeto estaban allá.

Después de colgar y respirar profundo dirigió sus pasos hacía Yoko que aún permanecía sentada en el sofá sosteniendo el vaso de agua helada que él le había puesto en las manos antes de tomar la llamada y que aún seguían intacto mientras ella continuaba con la mirada perdida.

-Perdona por hacerte esperar. ¿Cómo te sientes?

-Algo mejor. Lamento haberte hecho perder otro día.

-No pasa nada.

-Eres muy amable Touya. No cualquiera hubiera pasado tanto problemas por un desconocido.

-No eres una desconocida. Además si a alguien de mi familia le pasara algo similar, me encantaría que alguien hiciera lo mismo.

-Si. Es verdad.

Ambos se quedaron en silencio durante varios segundos mientras afuera se escuchaban los pasos de los ocupantes de el departamento contiguo que seguramente estaban llegando de sus labores. La verdad es que aunque supiera bien lo que era perder un ser querido no tenia ni idea de lo que debía decir o hacer en un momento como ese. De hecho de por si era bien malo para hablar de cualquier cosa, no era la persona adecuada para acompañar a alguien en un momento como ese.

-Yoko… ¿en serio no crees que hubiera sido mejor si te quedabas con tus familiares? Las personas no deberían estar solas en momentos como estos.

-Si estuviera con ellas solo me pasaría el tiempo llorando y le haría las cosas más difíciles.- Aseguró mientras reprimía un sollozo y volvía a mirar a la nada a la vez que su mano limpiaba con discreción una lágrima que se había colado por su mejilla y su voz se volvía cada vez más acongojada. -Me gustaría ser tan fuerte como mi hermana Akane. No la he visto llorar ni una sola vez. No se como logra mantenerse en pie a pesar de cargar con todo.

-Supongo que es una característica que adquirimos los hermanos mayores.

-Debes ser un excelente hermano mayor.

-No creo que el monstruo opine lo mismo.

-Si la llamas de esa manera no la culpo.

Ambos rieron ante la observación y por primera vez desde lo ocurrido la vio sonreír genuinamente, algo que no pudo menos que llenarlo de sosiego. Tal vez después de todo si valía la pena intentar buscarle algo de conversación antes de marcharse.

-Es una bella foto familiar.- Comentó al levantar la vista y fijarse en la foto que ella había traído desde casa de sus padres y que ahora se exhibía sobre una pequeña repisa y en la que se veía un sonriente señor abrazando a un par de jovencitas y a una señora que pudo reconocer como la madre de Yoko.

-Mi padre tenía la costumbre de llevarnos cada año a casi todos los festivales que se hacen aquí en Japón. Fueron experiencias muy bonitas.- Los ojos de Yoko se llenaron de añoranza y tristeza al decir aquello y entonces Touya pudo notar que en aquel retrato estaba el mismo escenario que en la foto que le había provocado aquellos recuerdos y que aun conservaba en su poder. Seguramente era una foto que le había tomado su padre en alguno de esos paseos.

-Sabes Touya, tu y yo nos vimos por primera vez en una feria de primavera hace exactamente doce años. Intenté saludarte cuando nos vimos en el primer día de clases la semana siguiente pero la verdad ni siquiera me miraste, los chicos decían que estabas amargado porque tu novia te había dejado durante las vacaciones pero se que solo lo decían por fastidiar, se que solo eras alguien muy reservado.

-Era cierto. Lamento haber sido poco amable.- Lo escuchó reconocer mientras sus ojos se oscurecían ligeramente y su voz dejaba entrever algo de pesar y ella no pudo evitar sentirse algo avergonzada por haber tocado aquel tema que evidentemente no era nada agradable para él.

-El amor es algo complicado y doloroso, así que entiendo entonces porque estabas de tan mal humor. Lamento haberlo mencionado.

-Descuida. Eso pasó hace mucho tiempo. Cuéntame más de como era tu padre.

Yoko asintió comprendiendo su deseo de cambiar de tema y colocando su dedo en su barbilla intentó hacer memoria para determinar qué podía decir con respecto a él. La verdad era la primera vez que había tenido que describirlo en lo que tenía de existencia.

-Era fotógrafo, por eso la gran cantidad de retratos tanto aquí como en lo casa aunque también le encantaba la música y el arte. Creo que eso lo heredé de él. ¡Eso me recuerda! ¿Conoces la leyenda del hilo rojo del destino?

-Esa que dice que las personas están unidas a otras por un hilo rojo que jamás se destruye y que controla su destino, ¿no es así?

-Así es, nuestro padre tenia una versión ligeramente diferente de esa leyenda. Decía que en realidad ese hilo era una maldición de parte de los dioses para los humanos desobedientes.

-¿Maldición?

-Así es. Según contaba si bien una persona podía ser inmensamente feliz si encontraba a la persona del otro lado de su hilo, si alguien se resistía a seguir el camino al que intentaban guiarlo, se condenaba a él mismo y a la persona destinada para él a tener una vida llena de desilusiones amorosas y rompimientos. Por eso decía que debías asegurarte bien antes de establecer cualquier relación de que esa era la persona destinada para ti para que así pudieses llevar una vida feliz. Claro eso solo lo decía para que tanto yo como mi hermana no tuviésemos novios a la ligera, él era muy sobreprotector en realidad.

Yoko sonrió divertida al recordar otras miles de leyendas que su padre había alterado a su conveniencia, pero al notar que Touya se había quedado muy serio mientras guardaba silencio no pudo evitar tocar su brazo para llamar su atención, comprobando así que efectivamente se había perdido en sus propios pensamientos.

-¿He dicho algo malo otra vez?

-No, discúlpame, solo pensaba en eso que dijiste.- Contestó él con una pequeñísima sonrisa y aunque su rostro buscaba transmitir desinterés, la verdad es que sus ojos gritaban otra cosa. Rodeado como siempre estuvo de cosas sobrenaturales sabía que lo que parecía ser simple casualidad no siempre lo era y durante mucho tiempo creyó al igual que lo hacía Kaho en que no existían coincidencias sino sólo inevitabilidad, aunque pensaba que dejar de creer en ella había eliminado de él también su creencia en el destino, después de lo dicho por Yoko no podía dejar de preguntarse si acaso aquella idea tenia algo de real y sus últimos doce años de aparatosos fracasos amorosos se debían a su resistencia a fuerzas mayores que él. Era eso o tenía muy mala suerte con esas cosas.

-Sabes Touya… -La escuchó susurrar con voz temblorosa y al llevar la mirada hacía ella pudo notar en sus ojos aquel nerviosismo que ya había visto antes hacía mas de una década y pronto experimentó un ligero escalofrío al sentir el toque de sus dedos sobre la mano que descansaba sobre su pierna y que no pudo evitar tensar ante la sorpresa mientras continuaba mirando aquel par de ojos que intentaban rehuir de la confusión de su mirada. - algo más que decía mi padre es que la manera en que podías reconocer si una persona era la que se unía a tu hilo era porque sin importar cuanto tiempo estuvieran separados cada vez que se encontraran su corazón latiría con el mismo ímpetu y sentirías el deseo de permanecer a su lado sin importar que. A decir verdad yo solo he tenido esa experiencia con una persona, no importa si me ha tratado de manera amable o indiferente, o si nos vemos a diario o pasan años sin verlo, yo… sigo sintiéndome enamorada de ti Touya.- La escuchó confesarle mientras entrelazaba sus dedos con los de él y él se quedaba mirándola desconcertado pues jamás imaginó que Yoko se le declararía una vez más. Y la verdad no tenia idea de que contestar.

Ahora que lo pensaba Kaho había dicho que se suponía que aquel día de feria en que terminó con él y conoció a Yoko encontraría al amor de su vida y le había asegurado que se reencontraría con ella cuando Yukito se uniera a Nakuru y tendría la oportunidad de seguir su destino. Si todo eso era cierto y Yoko era esa persona ¿significaba aquello que debía aceptar sus sentimientos si quería asegurar tanto su felicidad como la de ella? ¿Acaso eso era lo que envolvían sus recuerdos perdidos?

La vio comenzar a acercar su rostro a sus labios ante su aparente parálisis mental y después de desviar su rostro de su trayectoria y retirar su mano con lentitud de bajo la de ella susurró un "perdóname Yoko" que la hizo detenerse algo apenada y después de pedirle que cerrara la puerta al salir, se levantaba del sofá y caminaba apresurada hacía su cuarto mientras él intentaba levantarse bruscamente alterando el dolor de su herida.

Se dejó caer de nuevo en el sofá aún incapaz de asimilar el rumbo que había tomado todo eso en cuestión de segundos y aunque una parte de él quería seguirla, la otra sabía que no había nada que decir. Le dolía rechazarla por segunda vez pero la verdad era que él amaba a alguien más y aquello no era algo que pudiese permitirse. Aunque los hilos de su destino indicaran lo contrario, en su corazón solo había espacio para Tomoyo y eso aunque fuese doloroso para ella era algo que ninguna profecía podría cambiar.


-La señorita Tomoyo bajará en seguida.

-Se lo agradezco.

Touya masajeó su cuello algo exhausto y miró de nuevo su reloj luego de ver a aquella servicial señora perderse en dirección a la cocina. Seguramente Tomoyo debía estar a punto de dormir cuando le avisaron de su llegada pero la verdad es que con lo ocurrido con Yoko hacía unos minutos ya no podía esperar más para verla y aclarar las cosas, ya estaba harto de los malentendidos y las tensiones emocionales, lo único que quería era saber la verdad acerca de sus sentimientos y así poder dormir en paz por fin después de tantos problemas.

No era capaz de describir la sensación que lo embargó al verla de pie sobre aquella escalera mirándolo llena de sorpresa. Sabía que apenas habían pasado dos días desde la última vez que se vieron pero en serio sentía que había pasado una eternidad. Soltó el primer saludo que le vino a la cabeza y atendiendo sus indicaciones la siguió hasta el jardín. Si no se equivocaba era la primera vez que visitaba aquella sección de la lujosa mansión pero estaba tan enfocado en ella que no se fijó demasiado en ningún detalle.

Después de un gran silencio entre ellos, ella había iniciado una conversación de lo más trivial que terminó mal al ella mencionar al doctorcito y la palabra cama en una misma oración. Sabía que no era más que sus celos jugándole una mala pasada pero aun así no pudo evitar sentirse realmente molesto a pesar de que ella se veía confundida. Fue entonces cuando se fijó en su cabello y en el clima horrible que hacía aquel día. Antes de darse cuenta estaba cortando su larguísimo, brillante y suave pelo para su pesar y por su desafortunada sugerencia y si no fuera por lo hermosa que terminó viéndose con el cambio seguro aquella culpa lo hubiese perseguido el resto de su vida.

La verdad lo primero que pensó al colocar aquel mechón de pelo tras su oreja en medio de su desconcierto fue besarla, pero lo último que quería era que Sonomi o Amamiya aparecieran de repente y armaran un alboroto cuando ni siquiera había aclarado las cosas con ella, aunque sentía que no había nada que aclarar. Ahora que estaba junto a ella y su rostro parecía un tomate de lo roja que estaba con toda aquella situación no podía entender como pudo estar mortificado por ello durante tanto tiempo. Aquellos ojos seguían siendo tan puros como siempre y seguían mirándolo de aquella manera que le hacía perderse en ellos. No podía dudar de ella cuando la veía cerrando sus ojos con tanta inocencia, mientras notaba aquel pequeño temblor en sus labios y la observaba tragar en seco ante su tardanza en fundir sus bocas en un cálido beso.

Le pidió que le dejara igualar sus mechones antes de que se le olvidara porque era que no debía besarla y sonrió al verla darse la vuelta nerviosamente y pensar en lo profundamente enamorado que estaba de aquella jovencita. Si no le había dicho con claridad sus sentimientos no era por que sintiera miedo de hacerlo sino porque simplemente se quedaba sin palabras en su presencia, por que no hallaba la manera de describir aquella sensación. En el fondo lo único que temía era asustarla con todo lo que pasaba por su cabeza cuando la tenía así de cerca por que a veces el mismo se sentía asustado por ello. ¿Cómo era posible que amara tanto su inocencia y a la vez quisiera explotar aquella parte osada y apasionada que había conocido en aquel momento que no podía sacar de su cabeza y en que estuvo a punto de hacerla suya?

Podía besar miles de chicas, podría dormir con otras cientos de ellas y no creía que ninguna consiguiera agitar tanto su corazón como lo hacía ella con solo mirarlo, con sólo estremecerse ligeramente cuando sus dedos rosaban la piel de sus hombros por accidente en su afán por cortar las puntas de su pelo. Solo estaba mirando su pequeña espalda y sentía que no podía respirar de la ansiedad que lo llenaba por aquel deseo de besar su cuello, de abrazarla y decirle que la amaba al oído. Se conformaría con solo eso, con sólo sentirla respirar de manera agitada ante su cercanía, con sólo perderse en el dulce aroma de su piel. La amaba así, serena, nerviosa, recatada, la amaba así audaz, temeraria, cuidadosa. Amaba saberse el único que podía conocerla a plenitud, el único que podía conocer aquella hilera de lunares que comenzaba en su hombro y se perdían entre su vestimenta, conocer aquella pequeña cicatriz en el costado de su vientre que no tenia idea de como rayos se había hecho, le gustaba saberse el único que conocía aquellas cosquillas en su oído derecho que le hacían suspirar. La quería solo suya, solo de sus dedos, solo de sus labios. No quería que nadie la tocara, que nadie más la besara y él, él prometía que seria solo suyo. Tan suyo como lo había sido de nadie más.

La miró una vez más al por fin terminar su labor y haciendo a un lado su pelo buscando sorprenderla con un beso en su cuello y entonces notó una marca rojiza sobresaliendo ligeramente desde detrás de la hombrera de su blusa que estaba seguro jamás le había visto antes y le preguntó si se había golpeado al oírla quejarse cuando la tocó.

Ella hizo a un lado un poco de la tela para que lo viera mejor no pudo hacer otra cosa que quedarse totalmente mudo. Su color estaba cambiando a púrpura y delimitaba la parte trasera de su cuello pero era una marca tan uniforme que resultaba inconfundible, y al recordar las palabras que le había dicho aquel sujeto en el parqueo pues su cuerpo no hizo otra cosa que paralizarse mientras el desconcierto y la rabia llenaban hasta el último rincón de su ser. Así que no había sido una mentira.

-¿Qué ocurre Touya? ¿Se ve muy mal?- La escuchó preguntarle preocupada por su silencio pero sentía su cabeza tan nublada por los celos que solo alcanzó a decir que debía irse y poniéndose de pie salió de la casa antes de decir algo de lo que se arrepintiera, fue entonces cuando lo vio descender de uno de los vehículos, cuando vio al maldito que le había hecho aquella marca y que ahora le sostenía la mirada y sin pensarlo demasiado simplemente se le fue encima dispuesto a acabar con su miserable existencia, siendo detenido por la persona corpulenta que se encargaba de guardar la entrada y salida de la mansión que avanzó hacia ellos tan pronto se dio cuenta de sus hostiles intensiones.

-¡Ahora si voy a matarte idiota! No voy a perdonarte por esto. - Gritó casi ahogándose en su propio sufrimiento y al verlo quedarse totalmente indiferente mientras levantaba la vista hacia la puerta por la que había salido hacia un segundo como si no existiera se preguntó si en serio tenía sentido eso que estaba haciendo. Solo estaba repitiendo la misma historia otra vez, la misma cadena de sucesos que había vivido con Kaho y Yukito.

Vio a Tomoyo caminar hacía ellos visiblemente turbada por la escena e incapaz de manejar sus sentimientos contradictorios solo salió corriendo dispuesto a comprobar el bienestar de la chica a quien había dejado a su suerte aun en medio de todo su dolor.

Mientras avanzaba sentía que la decepción iba embotando más y más sus sentidos. Se sentía como un completo imbécil. ¿Y si Yoko tenía razón y si aquello solo era el resultado de seguir negándose a su destino? Ella estaba sufriendo también ¿no? Sus sentimientos si eran algo en lo que podía confiar ¿no es así? Sabia que Yoko le quería, nunca había tenido duda de lo genuinos que eran sus sentimientos, pero ¿Qué había de Tomoyo? Ella había ido al encuentro de Kurogane en Inglaterra ¿no es así? El mismo la había visto dejar que le besara en el hotel ¿no? Ella había permitido que le hiciera aquella maldita marca ¿cierto? Tal vez sólo estaba jugando a dos bandas, tal vez sólo quería llenar su propio ego jugando con las personas que se dejaban embaucar por su aparente inocencia. O simplemente jamás había tenido ningún interés en él en realidad.

¿Por qué siempre las cosas terminaban de esa manera? ¿Por que siempre tenía que ser él el que sufriera cuando la persona que quería le traicionaba? ¿Acaso había algo malo en el orden de sus prioridades, acaso estaba mal que se enamorara de una manera tan profunda? Tal vez su error era no asegurarse de que los sentimientos de la otra persona fuesen iguales que los suyos, tal vez su error era ser el primero en enamorarse. ¿Y si hacía las cosas a la manera inversa y si se enamoraba de quien si le quería, de quien si había intentado confirmarle su amor? ¿Y si… dejaba de luchar contra su destino?

Antes de siquiera ser capaz de reaccionar o retroceder se hallaba frente al departamento de Yoko. La puerta se abrió varios segundos después y al ver sus ojos enrojecidos e hinchados de llorar su cuerpo se movió solo llevándolo a poner sus labios sobre los de ella mientras ella, cuando consiguió recuperarse de la sorpresa rodeaba su cuello con sus brazos. Antes de cruzar aquella puerta unos segundos después sabia lo que pasaría pero la verdad no tenia fuerzas para resistir o pensar en lo que estaba bien o mal en aquel momento. Después de todo tal vez aquello era lo que necesitaba, convencerse a si mismo de que podía estar con otra persona y sentirse bien al menos por aquella vez.


-Has estado algo pensativo hoy ¿a pasado algo nuevo?- Escuchó preguntar a Yoko a la vez que sus delgadas manos se envolvían en su torso mientras intentaba colocarse los zapatos sentado en el extremo de la cama y la semtia apoyar su cabeza contra su espalda como una forma de sentirlo un poco mas antes de que se marchara a su casa. La verdad es que normalmente ella entendía y respetaba su deseo de no irse a deshoras de allí para no levantar las sospechas de su hermanita pero ese día sabia que no dejaría que se fuera tan fácil después de que hubiera estado de mal humor durante toda la presentación de lo niños de su clase y ahora solo se quedara suspendido pensando mientras sostenía con ambas manos aquella pieza de calzado.

-Más o menos.- Soltó en medio de un suspiro mientras continuaba con su labor. - ¿Recuerdas que te dije que Yukito ahora tenía una familia?

-Si. Lo recuerdo.

-Pues han regresado a Tomoeda. Hoy fueron a verme al trabajo.

-No pareces muy feliz al decirlo.

-No es que no esté feliz, es solo que… - Respiró con algo de cansancio mientras masajeaba su frente y esta colocaba su cabeza sobre su hombro para poder mirar su rostro que ahora volvía a mostrar la misma fatiga y desconcierto que lo había acompañado durante toda la tarde. – Tuve una incómoda discusión con su mujer, y bueno tampoco es que me fuera mejor con él. Ya puedo imaginármela esperándome en casa para llenarme de sus molestos reproches.

-Pues no tienes que regresar a tu casa. Puedes quedarte aquí a vivir conmigo si deseas.- Propuso ella para la sorpresa del moreno que no pudo evitar girarse hacia ella desconcertado intentando determinar si aquello era una broma. La verdad sabia que no era una broma antes de mirarla, ella jamás bromeaba con cosas como esas.

-Yoko, no te parece que eso…

-Sería inadecuado porque apenas estamos iniciando, lo sé. Es que la verdad me siento tan bien cuando estás aquí conmigo que a veces desearía que jamás te marcharas.

La manera en cómo le hablaba al proponerle aquello realmente le hacía muy difícil negarse. En condiciones normales ni siquiera consideraría algo como eso. Por mucho que fuese a casarse, Sakura no dejaba de ser una asustadiza y algo atolondrada jovencita y su padre estaba algo mayor para cuidar de ambos solo, aunque la verdad es que tampoco era como si últimamente pasara demasiado tiempo con ellos, o como si eso fuese lo más "inadecuado" que hubiese hecho en las últimas semanas, después de todo acababa de pasar los últimos minutos descargando su estrés entre las sábanas de su novia con quien aquello se había hecho casi una costumbre.

-No tienes que contestar ahora si no estas seguro. Lo que quiero decir es que no estaría mal que te quedaras a dormir de vez en cuando. Es agradable sentir tu calidez mientras cierro los ojos. – Murmuró ella mientras se acomodaba en su regazo y sentía como en respuesta Touya acariciaba su brazo en un contacto algo impersonal pero bastante relajante en realidad.

Le hacía sentir mucha culpa comportarse como uno de esos hombres que en el pasado se había dado el lujo de criticar y que usaban la lujuria como válvula de escape de sus emociones y luego simplemente se marchaban dejando sola a su amante, pero la verdad es que no tenía idea de como mantener las cada vez mas inestables apariencias en su casa sin tener que renunciar a aquel placer culposo al que últimamente terminaba entregándose debido a su falta de autodominio y exceso de tensión. Ahora con Yukito y Nakuru por los alrededores seria aun mas difícil para ignorar todo aquello intentaba olvidar ¿en serio estaba tan mal que solo por una noche se diera el lujo de desconectarse de su realidad y complacerla?

-¿Te parece si me quedo esta noche? Lo de vivir juntos lo pensaré un poco más.

-Me parece bien.- Aseguró ella mientras le sonreía y le daba un corto beso en los labios antes de levantarse de la cama diciendo que le haría algo de comer y caminaba a la cocina vestida apenas con su camisa algo desabotonada dejando prácticamente nada a la imaginación.

Yoko era bastante atractiva, una mujer que no dejaba nada que desear en ningún aspecto a considerarse pero que en lo personal no le provocaba más que el propio morbo que de por si era natural debido a su propia curiosidad viril.

La verdad es que si aún seguía con aquel juego era porque desde lo ocurrido aquella noche en que fue a su encuentro en busca de cierto alivio emocional comenzó a sentirse terriblemente avergonzado por su conducta, por haberla usado para liberar la frustración que tenia en ese momento aunque no sentía nada por ella, quiso remediarlo intentando corresponder a sus sentimientos, apoyándola durante el delicado proceso de su duelo y procurando complacerla en todo lo que deseara, pero aquello no hacía más que complicar las cosas. La verdad es que Yoko parecía cada vez más atada a él y por tanto mas dispuesta a tener aquellos encuentros a los que siempre terminaba por no poder negarse. Al principio intentaba decirse a sí mismo que la razón por la que accedía a ello era porque no quería rechazarla y herir sus sentimientos pero la verdad es que no era más que una excusa suya para justificar su creciente necesidad de liberar su cada vez más alto desasosiego de esa manera. La verdad es que el que fuera Yoko o cualquier otra mujer realmente no le importaba, solo quería experimentar aquella sensación tan liberadora que lo embargaba al culminar cada encuentro y por ello se sentía como una escoria, como el peor de los hombres del mundo, pero no tenía idea de como salir de aquel círculo vicioso sin herirla ni soltarle la desafortunada verdad que seguro le haría odiarlo el resto de su vida.

Ya a solas en la algo diminuta habitación y después de dejar un breve mensaje en el celular de su padre par avisarle que no llegaría, caminó hacía el pequeño balcón que hacia las veces de tendedero y mirando al cielo estrellado sobre su cabeza no pudo evitar pensar en cómo había terminado de aquella manera. En lo mucho que las cosas habían cambiado y lo mucho que aunque se esforzara por no admitir la extrañaba, la extrañaba a ella.


Touya caminó entre los pasillos de la tienda mientras miraba los anaqueles en busca de los elementos de la lista.

Al despertar en la mañana e intentar hacer el desayuno pues Yoko estaba tan cansada que no había despertado aun, se había dado cuenta que faltaban muchísimas cosas en la alacena por lo que había intentado ir a la tienda en su busca, después de todo por más que fuese su iniciativa invitarlo a quedarse le sabía mal solo estar sentado esperando sus atenciones, eso y que necesitaba distraer un poco su cabeza, después de todo lo ocurrido.

Respiró profundamente ante de entrar al supermercado intentando dejar de pensar y enfocarse en su objetivo, aunque la verdad había pasado tanto tiempo desde la ultima vez que estuvo en aquel comercio que no tenia idea de donde estaban los pasillos, eso y que ahora lo que había sido una pequeña tienda, era un enorme complejo departamental de dos niveles.

Persibiendo que aquella búsqueda terminaría siendo mucho mas eterna de lo que deseaba, extendió su mano para tocar el hombro de la persona que caminaba con un carrito unos pasos delante de él y no pudo evitar abrir los ojos incrédulo al observar aquellos ojos amatistas que lo veían profundamente sorprendidos de encontrarlo en un lugar como aquel. La verdad es que no había podido reconocerla pues aun no se acostumbraba a la idea de que ahora llevara el cabello corto pero aun así ni siquiera sabía que debía hacer en un momento como ese después de aquellas largas semanas en que no se habían visto o hablado ni una sola vez. ¿La saludaba y le hacía la pregunta o solo fingía indiferencia y la ignoraba?

-¿Usted también está desubicado por los cambios? Si me deja ver su lista puedo decirle dónde está lo que busca. Llevo más de una hora dando vueltas aquí.- Propuso ella después de recuperarse del shock inicial mientras le extendía su mano y él algo inseguro y aun sin decir nada le entregaba el pequeño trozo de papel.

No pudo evitar reprocharse a sí mismo al descubrirse examinándola con más interés del debido. Era un fastidio admitirlo pero verla a plena luz del día con el pelo ligeramente ondulado y aquel vestido rosa pálido que le hacía ver como una auténtica muñeca de porcelana, realmente le hacía difícil no seguir cada movimiento suyo mientras leía el diminuto escrito y colocaba un nuevo mechón detrás de su oreja en lo que ya estaba seguro debía ser una manía adquirida por no estar acostumbrada a su nueva apariencia. Los únicos defectos que podía hallarle eran ese par de líneas oscuras debajo de los párpados y la falta de brillo en aquellos luceros que no le habían sostenido la mirada ni siquiera por dos segundos desde su forzoso encuentro.

-Bueno, la mayoría de estos están al final del pasillo a la derecha. Lo segundo puede encontrarlo cerca de los refrigerados que están en la entrada.

-Gracias. ¿Harás una fiesta de tartas o algo así?-Preguntó con algo de indiferencia mientras veía los ingredientes que ella cargaba en su carro de compras y tomaba la lista de su suave mano.

-De hecho es algo para el joven Yukito y la señorita Nakuru. Quería hacerles un presente para celebrar su compromiso y paternidad pero como me preocupaba que un pastel no fuera suficiente haré un montón de ellos.

-Creo que ni eso bastará con esos dos. Pero aún así se pondrán muy felices con lo que sea que le des mientras sea comida, así que no te preocupes.

La vio dibujar una pequeña sonrisa al verlo hablar con tanta familiaridad de la pareja, como si estuviera aliviada de que las cosas no estuvieran tan mal como para no querer mencionarlos y entonces el sonido de su celular irrumpió en la conversación antes de que alguno pudiese decir alguna otra cosa, haciendo que Touya no pudiera evitar dudar en contestar al ver el nombre de ella aparecer en la pantalla.

-Es la señorita Nakagawa ¿no es así?

-¿Nakuru te contó de ella?

-No en realidad, quien me habló de ella fue Sakura, aunque ella solo hace suposiciones, no tiene idea de quien es. La verdad es que yo la reconocí de inmediato aquel día, después de todo era la misma persona de la que me inspiré para hacer el traje de príncipe que usó Sakura en la obra de la bella durmiente.

Los ojos de Touya no pudieron evitar abrirse inconmensurablemente mientras la veía posar sus manos en el carrito dispuesta a seguir su camino.

-¿De que día hablas? ¿Cuándo la viste?- Preguntó mientras el teléfono que había dejado de sonar en su mano ahora volvía a replicar con insistencia ante su falta de interés y Tomoyo se detenía mientras continuaba dándole la espalda.

-Sabe, se que las cosas no han sido nada fáciles para usted últimamente y que no soy la más indicada para hablarle de ello. Pero creo que es bueno que se tome mas en serio sus sentimientos. Cuando las chicas nos enamoramos por alguna razón nos hacemos muchas expectativas al respecto y cuando esas expectativas no se cumplen entonces sufrimos bastante. Y no importa si ella dice que no es importante que no se sienta comprometido, la verdad es que sin importar lo fuerte que sea una mujer siempre desea tener a alguien que la proteja y si la persona que quiere no lo hace, se siente como vacía. Por eso, intente entender sus sentimientos y contéstele antes de que se preocupe.

Sabía bien que Yoko debía estar preocupada por haber despertado y no hallarlo a su lado y que el que no contestara seguramente le hacía sentir peor pero la verdad es que necesitaba aclarar aquello antes de hablarle, necesitaba… necesitaba saberlo…

-Me seguiste. Aquel día, me seguiste hasta su casa.- Aseguró mientras unía los cabos en su mente y concluía que aquello era la única explicación posible. Estaba seguro de que ellas no se habían visto, estaba seguro de que Yoko no la conocía y de que ni siquiera su padre sabia dónde vivía o trabajaba. Era la única explicación que podía hallar y si era así, pues eso lo cambiaba todo.

-Eso no importa ya.

-Claro que es importante. Tomoyo… ¿no me digas que…?

-¿Qué haces tú aquí?

Touya no pudo evitar entornar los ojos al escuchar aquella molesta voz a sus espaldas y sentir como este le halaba del hombro para que se girara hacía él mientras volvía a repetir su pregunta casi expulsando humo de las orejas.

-No se si lo sabes pero en Japón los supermercados son lugares públicos.

-Sabes que eso no es a lo que me refiero idiota.

-Kurogane, él solo se encontró conmigo por casualidad. Le estaba explicando como encontrar las cosas en este desastre. ¿Pudiste encontrar el polvo de hornear?

-No. Iba a revisar el segundo piso.

-No te preocupes, hay otro lugar camino a casa. Solo compremos esto.

-También me amas ¿no es así? Por eso me seguiste. - Preguntó a pesar de verlos volver sobre sus pasos y dirigirse al cajero y no tuvo más respuesta de ella que el cese de sus pasos y un ligero temblor en las manos que de repente no eran capaces de seguir empujando el metálico objeto. Caminó varios pasos hacia adelante dispuesto a tomarla del brazo y hacerla girarse hacia él y verlo a los ojos, pero antes de cumplir su cometido Kurogane la tomó sorpresivamente de la cintura y la besó frente a sus ojos mientras esta al separarse de los labios de él escondía su cara entre su pecho mientras continuaba en silencio y Touya apretaba los dientes de la rabia.

-Han pasado medio mes ya ¿no crees que es algo tarde para preguntarle algo como eso?- Preguntó Kurogane mientras aferraba aun mas su agarre alrededor de ella y al verla llorar en su pecho mientras el teléfono seguía repicando decidió atravesar aquel pasillo al lado de los ellos y marcharse del lugar aun sin los enseres que debía comprar, aunque más que hacerlo por preocuparle que le cobraran todo lo que al final terminaran rompiendo en medio del conflicto que seguro tendría con él, ahora comenzaba a inquietarle ese sentimiento que embargaba su corazón y que intentaba empujarlo a tomar a Tomoyo de la mano y llevársela a un lugar donde pudiese borrar en medio de caricias cualquier rincón en el que ese sujeto le hubiese tocado hasta que ya no sintiera más dolor al recordar todo aquello. Si se quedaba, si seguía mirándola terminaría hiriendo a Yoko y por mucho que su sangre hirviera de deseo en su interior, no era capaz de hacerle algo como eso.


-¿Estás satisfecho con los resultados de tus acciones?- Escuchó preguntar al señor que descansaba en el estudio de su nieta y que no había dejado de seguirle con la mirada desde hacía varios segundos mientras guardaba en su lugar el frasco de morfina que debía inyectarle cada doce horas para disminuir el dolor que cada vez se hacía más insoportable.

-¿De que hablas?

-Al final Tomoyo aceptó estar contigo ¿no? ¿Estás satisfecho con la forma en la que lo conseguiste?

-¿No lo estás tú? Fuiste quien me pediste que estuviera con ella.

-Te sugerí que la cortejaras, no que enloquecieras a tu rival hasta sacarlo de la escena.- Kurogane levantó la mirada hacia él al escucharlo señalar aquello. La verdad ya se lo imaginaba, Masaki había estado realmente raro durante los últimos días. Demasiado pensativo, demasiado alterado, demasiado callado para su tranquilidad mental.

-¿Entonces ya lo sabias?

-¿En serio creíste que no me enteraría después de el espectáculo que montaron dentro de mi propiedad?

-Y ¿por que no habías dicho nada hasta ahora? ¿estabas de acuerdo acaso?

-Lo que piense al respecto es asunto mío.

-También lo es lo que hice para sacarlo del camino.

-¡No lo es si hieres a mi nieta!

-¿Herirla? ¿Crees que no estaba lo bastante herida antes de mi intervención?- Su voz estaba subiendo de volumen y sabía que su rostro estaba mostrando la misma rabia con solo recordarlo. Con sólo recordar la forma tan lastimera en la que ella lloraba mientras la llevó a su departamento aquella lluviosa tarde. Ella misma había dicho que él amaba a alguien más, ella misma había dicho que no era capaz de odiarlo a pesar de todo. Sabía que los métodos que había usado rayaban en lo inmoral pero no podía quedarse de brazos cruzados viendo como ese sujeto se burlaba de ella. De su familia.

-Tu mismo me dijiste que él los detestaba. Tal vez sólo la estaba usando como venganza contra ti. Quien sabe lo que hubiera hecho con tal de humillarlos.

-Kinomoto no es de ese tipo de personas. No era un juego para él.

-¿Y por eso vas a aceptarlo sin mas?

-Nunca he dicho que lo acepte. Actualmente ambos me parecen igual de malos para ella.

-¿Y que significa esto? ¿Por qué me estas reprochando?

-Porque al menos mientras estaba con él ella no era tan infeliz. No tolero verla tan deprimida, no se como lo soportas.

-Ya se le pasará.

-Aun no lo entiendes ¿verdad? Tal vez él no haya ganado, pero tu perdiste en el momento en que dejaste de priorizar su bienestar sobre tu ira. Ya no puedo aprobar tu conducta.

-No necesito aprobación de los muertos.- Aseguró Kurogane y el portazo que terminó por poner fin a la conversación fue menos sonoro que la fragmentación de el alma de Masaki. Había querido pensar que no se había equivocado del todo, que solo necesitaba unos días para calmarse pero era obvio que otra vez había jugado mal sus cartas.

Estaba actuando por ira, por dolor, por desahogo. Estaba actuando tal y como él había actuado cuando se entero de lo de Nadeshiko, cuando prefirió pensar que Fujitaka solo era un desgraciado que había llegado a arruinar su vida y quiso castigarle por ello. Causó tantas cosas entonces, aun cargaba con las consecuencias de sus propias acciones. ¿En serio era posible que cometiera los mismos errores en la recta final de su vida? ¿que aquello también fuera igual de irremediable que la primera vez?


Derribó la puerta del departamento ante la ausencia de respuesta de Yoko ante sus constantes llamados y al verla tendida en el suelo, dejó la pequeña bolsa en el suelo y se acercó a ella mientras procuraba incorporarla y sentir su pulso, viéndola abrir los ojos lentamente al escucharlo llamarla angustiado.

-No te preocupes. Solo es un leve mareo.- Aseguró ella mientras intentaba ponerse de pie pero al final terminó perdiendo el equilibrio una vez más haciendo que él tuviese que tomarla en brazos y ayudarla a recostarse en el sofá.

La verdad no sólo se veía realmente pálida sino que tenía una cortada en la mejilla que tal vez se había hecho con el cuchillo que había quedado tirado en el suelo y que también sostenía cuando la encontró. A juzgar por las naranjas sobre la isleta de la cocina parecía haber intentado empezar el desayuno al momento de sufrir aquel desmayo.

-Llamaré a una ambulancia.- Anunció mientras intentaba ponerse de pie siendo detenida por ella que lo tomó del brazo algo temblorosa.

-No, no es necesario. Llevo varios días así, no pasa nada.

-¿Varios días? ¿Cuántos exactamente?- Preguntó y la vio dudar un segundo. La verdad es que antes de ver su indecisión ya había tenido un mal presentimiento.

-Toda la semana. La verdad… también he estado vomitando en las mañanas.

Los ojos del moreno no pudieron abrirse más de la impresión, por lo que ella intentó incorporarse mientras decía que tal vez sólo había comido algo que le había hecho mal a la vez que intentaba sonreír para sostener sus palabras aunque por el terror que había en su mirada era obvio que aquello no era sólo un leve malestar estomacal. De hecho, era lo peor que podía pasar en ese momento.

-¿Estás embarazada?

-No es nada confirmado aún, aun debo esperar la primera falta. Se que la primera vez no tomamos medidas pero las posibilidades son de una en un millón. Además si así fuera solo tendría dos semanas, no puedo tener tantos síntomas tan rápido y si aún así fuera cierto pues no es como si tienes que estar conmigo por ello, entiendo que tenemos muy poco tiempo juntos, esto no estaba en tus planes, debes estar aterrado.- Al final ella era la que había terminado cediendo a las lágrimas. Ahora entendía porque su repentina propuesta de irse a vivir con él. Ella solo estaba intentando preparar el terreno para decirle aquello. ¿Cuántos días debía tener reprimiendo sus sentimientos, intentando ocultar su condición?

Levantó su rostro hacía él mientras limpiaba sus lagrimas y colocaba su frente contra la de ella intentando que no viera reflejado en sus propios ojos el terror que aquella noticia le causaba y le aseguraba que todo estaría bien aunque la verdad eso era algo que ni el mismo sabia.

¿Tener un hijo juntos? Ni siquiera se veía diciéndole a su familia lo que había estado haciendo las últimas semanas, no se veía pasando el resto de sus días con ella. ¿Qué iba a prometerle? ¿Qué sería un buen padre? ¿Qué tendrían una bonita familia? La abrazó a su pecho entendiendo que en verdad no tenía nada que decir y que ella tenía todo el derecho de llorar. Aquello por donde sea que lo viera no podía ser bueno, no podía ser conveniente para ninguno de los dos. Kurogane tenía razón, ya era muy tarde, ya era muy tarde para arrepentimientos.


Y bueno, se los advertí.

Ahora respiren.

Y si, yo también los quiero matar a todos ¿qué rayos le pasa a estos hombres?Espero que ahora no odien tanto a Yoko, en realidad de Tomoyo y ella no se a quien tenerle más lastima. Pero no es algo extraño en realidad está situación pasa más a menudo de lo que la mayoría queremos aceptar.En fin, trataré de publicar pronto el próximo capítulo para que no los mate la incertidumbre. Al menos aquí saben porque era importante la foto esa y todos los guiños que ido dejando a traves de los capítulos. El destino alcanzo a Touya y se las está cobrando todas juntas ¿o no?Les doy las gracias a todos los que se tomaron el tiempo de contestar mi nota, he tenido la oportunidad de conocer a algunos de ustedes con los que no había tenido la dicha de socializar y eso me pone muy feliz. Tal y como me dicen seguiré echándole ganas a esta historia, intentaré seguir con mis ideales aun si me equivoco y sobretodo seguiré esperando que me halen las orejas de vez en cuando para llevarme al camino.Les mando un beso a todos y nos leemos en la próxima.

Att: Brie97