Capitulo 41
Holaaa mis queridos lectores/a estoy en mis momentos de inspiración y no pude dejar de escribir. :P aquí os dejo la continuación del capítulo. Gracias por los comentarios y los like me alegra saber que os está gustando. Saludos
—¿Qué sandez estás diciendo, Mariene? No hay ningún hijo. ¡Estás mal de la cabeza!
En aquel momento Hermione, que al escuchar las voces se había despertado y había decidido bajar a ver qué ocurría, entró en la habitación tras oír aquella espantosa noticia. Tenía el rostro desencajado por lo que había descubierto. Riddle estaba de espaldas a la puerta y no se percató de la entrada de ella. Mariene, que la había visto llegar, se llenó de satisfacción y empezó a narrar la mentira que había preparado.
—¿Recuerdas el día que saliste del calabozo y Hermione te rechazó? —Riddle se tocaba el pelo nervioso—. Llegué a tu casa y te encontré totalmente borracho por culpa de esa mujer. —Mariene clavó una mirada triunfal en Hermione, que escuchaba desolada toda la conversación, sin atreverse a interrumpirlos—. Aquella noche fue maravillosa, me hiciste el amor con tanta desesperación que pensé que aquello nos uniría para siempre, sin saber que yo ya estaba embarazada de ti. Quedé en cinta la última vez que tú y yo tuvimos relaciones, al principio de que conocieras a Hermione. ¿O no recuerdas todos los meses que hemos sido amantes? He estado buscando el momento adecuado y creo que ya no puedo ocultarlo más pues ya está empezando a notarse.
—No inventes más sandeces.
—Ninguna de las dos cosas que he dicho son mentira. Estoy embarazada de ti y la noche que te emborrachaste hicimos el amor como jamás me lo habías hecho.
—¡Eso no es verdad! —exclamó agarrando a Mariene de los brazos y zarandeándola—. Entre tú y yo no pasó nada. —Riddle intento entrar en su mente para descubrir la verdad, pero se encontró con un muro que no pudo atravesarlo.
¿Intentas leer mi mente Tom? Tú mismo me echaste de tu cama a la mañana siguiente cuando nos despertamos. ¿O no es cierto? —Riddle no pudo negarlo.
Mariene estaba disfrutando mucho de aquello. Después de la noticia de la que Hermione estaba siendo testigo, no volvería a querer saber nada más de Riddle.
Hermione se sentía estúpida, la maravillosa noche de amor que había pasado junto a Riddle, llena de sentimientos y promesas de futuro, acababa de romperse, al igual que su frágil corazón que una vez más, volvía a sufrir otra desilusión.
—No puedes negárselo porque es cierto, ¿verdad? —intervino Hermione con la voz rota y una lágrima resbalo por sus pálidas mejillas.
Riddle sintió como el mundo se les caía a los pies al sentirse acorralado. Estaba convencido de que Mariene estaba mintiendo, y más rabia le daba al no poder leer su mente. No tenía forma de demostrarlo y sin esas pruebas, Hermione no volvería a confiar en él.
—Déjame que te lo explique, por favor.
—¡No hay nada más que decir! Eres un miserable mentiroso, y creí que podía confiar en ti, que habías cambiado —gritó con los puños apretados—. He confiado en ti, te he abierto mi corazón, ¿y cómo me lo pagas? Con la peor de las mentiras.
—Esa noche, la Sra. Miller y yo no hicimos el amor. Tienes que creerme, cariño —suplicó intentando acercarse a Hermione, pero ésta escapaba de su cercanía.
—¡Júrame por Salazar Slytherin que me estás diciendo la verdad! —gritó esperando que Riddle le dijera lo que necesitaba escuchar. No quería que aquello fuera cierto porque de ser así, ya no tendría motivos para seguir con él—. No puedes, ¿verdad? —preguntó de nuevo al ver que el hombre que le había destrozado el corazón permanecía callado.
—Pregúntele a los elfos —intervino Mariene muy satisfecha porque su plan estuviera saliendo a la perfección—. Ella nos vio subir a la habitación y al día siguiente, fue testigo de cómo Riddle me echaba a patadas de su casa.
—No puedo jurártelo, cariño —consiguió decir Riddle al sentirse apabullado—, yo estaba muy borracho, pero…
—¿También quieres que se lo pregunte como lo llamaste, mortifagos? No tengo nada más que escuchar Riddle. Está todo muy claro todo lo que estado escuchando.
Riddle al escuchar esa palabra se quedó pálido…
Hermione se giró para salir de la biblioteca, Riddle la agarró de la muñeca intentando detenerla y Hermione se volvió para mirarlo a los ojos con mucho odio. Lo tenía a pocos centímetros de ella, casi podía notar la respiración agitada sobre su boca y esa cercanía se estaba tornando muy peligrosa. Aquel hombre la había traicionado y savia perfectamente que nunca podría cambiar a Tom Riddle, al futuro "Voldemort" y debía dejar a un lado sus sentimientos y ser fuerte, no podía perdonarle. Por culpa de sus actos, había dejado a una mujer embarazada y debía ser consecuente y cumplir con ella. Aquella criatura que estaba creciendo en el vientre de Mariene.
—Yo te quiero Hermione. No quiero vivir sin ti, todo lo que ha pasado entre nosotros es real. No hay nadie en este mundo que me importe más que tú. Dame la oportunidad de demostrarte que soy sincero contigo. Cambiare si hace falta…
—Ya es tarde Riddle —susurró intentando armarse de voluntad—. Debes hacerte cargo de tu futuro progenitor.
—¡No me dejes Hermione! —suplicó Riddle, sentía que su mundo ya no tenía sentido sin ella—. Perdóname. Te lo juro que yo nunca me acosté con ella te lo puedo demostrar, te lo demostrare…
—No, no… puedo Riddle, no quiero volver a saber nada más de ti. ¡Me has decepcionado, tanto me mentiste una y otra vez…!
Hermione se soltó del brazo de Riddle con furia y corrió escaleras arriba hasta la habitación de él. Maldijo contra la cama golpeándola con rabia, odiándola por haber sido testigo de la noche que había compartido con Riddle. Una noche que ella creía que había estado envuelta en pasión y amor, aunque en realidad, solo había sido una noche cubierta de una gran mentira.
Se colocó sus zapatos casi sin verlos por las lágrimas que invadían sus ojos, se miró en el espejo y se recolocó algunos mechones. Su apariencia era pésima por culpa del sofoco. Dirigió sus ojos inundados de lágrimas a la mesita de noche de Riddle y vio algo sobre ella que la hizo decidirse. Cogió el amuleto de su destino y se lo guardó entre sus pechos. Volvió a recorrer con la mirada aquella habitación y con el corazón destrozado y un nudo en el estómago, bajó con la firme intención de desaparecer de aquella casa. Ya no tenía nada más que hacer allí. Todo había acabado.
Riddle la esperaba apoyado en la puerta de la entrada, con la camisa desabrochada. El corazón de Hermione dio un vuelco al notarlo tan afectado, pero no podía quitarse de la cabeza la traición. No podía obviar la realidad.
—No voy a permitir que salgas de mi casa. No te dejaré marchar. Anoche nos hicimos tantas promesas…
—Todas ellas han sido destruidas en un solo instante —le acusó Hermione con una voz fría.
—Te juro que te amo, que quiero casarme contigo y pasar el resto de mi vida a tu lado.
—Eso ya no es suficiente, Riddle —respondió totalmente abatida—. La confianza que tenía en ti se ha roto. No solo por el hijo esperas, si no los secretos oscuros que planeas. Creía que todo eso cambiaria al estar juntos… pero sabiendo ahora lo del bebé…
—Dime qué tengo que hacer y lo haré por ti, por nosotros, por este amor que sentimos.
—¿Qué vas a hacer? ¿Volver a engañarme? ¿Reírte en mi cara? O mejor aún, ¿dejar embarazada a otra mujer que decidas que pase por tu cama a mis espaldas y como bien le dijiste reclutarla para tus filas de mortifagos? Me das asco Riddle—gritó furiosa.
—¿Que estás diciendo Hermione? Eso pertenece al pasado antes tenía un objetivo… pero ahora, tú me hiciste ver las cosas de otra manera, cariño—dijo dolido—. Lo eres todo para mí y si me dieras otra oportunidad…
—No lo hagas más difícil y no me llames más cariño —le interrumpió—. Son muchas más cosas, empezando porque no quiero ser la culpable de que tu hijo crezca sin el cariño de su padre. ¡Entiéndelo Riddle! No puedo romper una familia, no hagas como tu padre —digo en voz en grito, cosa que luego se arrepintió por lo último que dijo.
—La única familia que quiero es la que podemos formar tú y yo. —Riddle dio un paso hacia Hermione y esta retrocedió—. ¿No vas a darme otra oportunidad? ¿Vas a dejar que vuelvan a interponerse en nuestra relación como ha ocurrido desde que nos hemos conocido?
—Esta vez no puedes buscar culpables Riddle, pues las barreras las has construido tú solo —contestó con rotundidad—. Por favor, déjame salir.
Riddle estaba furioso. Una vez más algo volvía a interponerse entre ellos. Entendía el enfado de Hermione, él en su lugar hubiera actuado igual, pero no quería perderla y haría todo lo que estuviera a su alcance para que aquella mujer a la que amaba, volviera a confiar en él. Riddle entendió que sería mejor apartarse y dejar que Hermione se marchara. Los dos estaban muy nerviosos y cualquier cosa que dijera, podía volverse en su contra. Además, no se había olvidado de que Mariene lo esperaba en la biblioteca y debía desenmascararla, pues estaba convencido de que ese hijo que esperaba no era suyo.
Riddle se apartó a un lado con la cabeza agachada, Hermione caminó hacia la puerta sin apartar sus ojos almendrados de él, necesitaba grabarlo en su retina por última vez. Verlo tan cabizbajo le destrozaba el alma y haciéndole caso a su corazón e ignorando a la razón por unos segundos, le acarició la cara con su fría mano. Riddle, esperanzado, miró a la mujer, deseoso de que hubiera recapacitado en su decisión.
—Hermione.. —dijo Riddle con una voz débil, ella le selló los labios con sus dedos.
Hermione dibujó una amarga sonrisa en su rostro—. Sé que puedes llegar a ser una gran persona Tom, lo he visto, me siento dichosa por haberme ganado tu amor y te puedo asegurar que me quedaré sólo con los momentos mágicos que he vivido contigo. Nunca olvides, que, aunque estemos separados, siempre serás el dueño de mi corazón.
—No me voy a dar por vencido —Riddle le agarró la cara entre sus manos y apoyó su frente contra la de Hermione, ella cerró los ojos y una lágrima traviesa resbaló por su mejilla. Aquella despedida estaba siendo más agria de lo que hubiera imaginado alguna vez—. Te buscaré y no pararé hasta convertirte en mi esposa. Voy a demostrarte, cada día, que eres el amor de mi vida. Yo soy tu destino y tú el mío y por muchos obstáculos que encontremos en nuestro camino, siempre terminaremos unidos.
—Esta vez no Riddle —sentenció Hermione con la voz entrecortada—. Te deseo lo mejor del mundo, quiero que seas muy feliz. Cuida de tu hijo, porque es lo más maravilloso que tendrás en el mundo. Aprovecha esa oportunidad, sé un buen padre.
Riddle quería hablar de nuevo, pero Hermione lo impidió. Dejó a un lado su orgullo y se acercó a los labios de él para besarlo. Ella tenía la clave para regresar a su época, ya no había nada que la retuviera en aquel lugar y estaba decidida a volver. Era la última vez que vería al hombre al que amaba y no se iría sin darle un último beso, una última caricia y una última declaración de sentimientos.
Fue un beso tierno, lleno de amor y ternura. Tenía un sentimiento por aquel mago, tenía predilección por aquellos labios y necesitaba grabarlo en su alma, una vez más, para poder recordar el sabor de sus labios cada uno de los días del resto de su vida.
—Hasta luego, Tom Riddle.
Hermione se alejó sin mirar atrás, y con un movimiento desapareció.
Riddle no podía creer todo lo que le estaba pasando. Veía alejarse a la mujer más importante de su vida, llevándose con ella la felicidad de ambos y maldecía por no poder hacer nada para detenerla. Aunque ella se hubiera despedido de él, estaba convencido de que, con constancia y paciencia, lograría hacer que regresara a su lado. Lo intentaría hasta el último día de su vida si era necesario.
—Estarás contenta, ¿verdad? —preguntó a Mariene con rabia—. Una vez más has hecho que Hermione se aleje de mí.
—Yo lo único que quiero es que a mi hijo no le falte de nada.
—Entre tú y yo no ha pasado nada. Busca en otro lado al padre de ese bebé. ¡Aquí ya has hecho mucho daño y no hay nada más que puedas hacer!
Riddle agarró a la mujer del brazo y la arrastró hasta la puerta. Mariene no paraba de gritar y amenazarlo, pero Riddle hacía caso omiso a sus palabras.
—¡No quiero volver a verte nunca más, si vuelves te lanzare yo mismo un Avada Kedavra!
—¡Te vas a arrepentir! —exclamó Mariene ya en la puerta—. Todos van a saber lo cobarde que eres por no hacerte cargo de tu hijo.
Riddle no se molestó en responderle más. No merecía la pena. Se encerró en la biblioteca y una vez más, y ahogó sus penas en alcohol. Necesitaba evadirse y tras una copa, llegó otra y después, otra más.
Hermione llegó a su casa y lo primero que hizo fue subir a su habitación para aclararse la cara y borrar cualquier indicio del llanto en su rostro. Volvió a recapacitar sobre su decisión y supo que era lo mejor. Necesitaba regresar. Escribió una nota para despedirse, explicándoles a todos que necesitaba marcharse al pueblo donde había crecido y que, por favor, respetaran su decisión, asegurándoles que regresaría cuando estuviera preparada nuevamente. No quería que todos se volvieran locos buscándola cuando ella ya no estuviera allí, por eso decidió escribir una mentira piadosa. Cuando puso la nota sobre su tocador, fue a la habitación de su padre, que descansaba sobre su cama, y le agarró la mano.
—Papá, perdóname por todo. Sabes bien que te quiero.
—Mmmm —emitió el Sr. Tarner entre sueños—. Te quiero —consiguió decir el conde dormido.
Hermione besó la frente de este y secándose las lágrimas con el puño de su camiseta, abandonó la alcoba. Una elfa le informó de que su madre estaba en la sala familiar y fingiendo una amplia sonrisa, entró a despedirse de ellas.
—¡Hola cariño! Menos mal que tu padre está dormido porque si se llega a enterar que has pasado la noche en casa del Sr. Riddle, lo hubieras matado de un infarto —rió la mujer al intuir que su hija había encontrado la felicidad. En ese momento llego su amiga Sara.
—¿Habéis hablado de boda? —preguntó Sara entusiasmada y Hermione se encogió de hombros intentando que las lágrimas no volvieran a aparecer—. Tendremos que elegir otro vestido de novia porque no te vamos a dejar que uses el que habías elegido para tu boda con Malfoy.
—Por cierto, el auror Nelson no dijo que Abraxas Malfoy, pasará unos largos años en Azkaban. —explico la Sra. Tarner.
—Me alegro. —Se alegró Hermione.
—Hermione, ¿sabes que mi madre ha aceptado que Antonin venga a visitarme? Ella ha prometido encargarse de convencer a papá. ¡Ya no tendré que verlo más noches a escondidas!
—¡Felicidades, Sara! — dijo Hermione con una gran sonrisa.
—¡Gracias! —Aplaudió feliz Sara.
—Mamá, Sara —interrumpió Hermione, no podía alargar mucho más aquel momento—, quiero daros las gracias por todo. Junto a papá, sois lo más importante que tengo en la vida. —Hermione no pudo retener por más tiempo las lágrimas y volvió a llorar, su madre y Sara corrieron a abrazarla—. No sé qué sería de mi vida sin vosotros. Nunca olvidéis que os quiero con todo mi corazón.
—Y nosotras a ti, cariño —respondió su madre.
Hermione besó a su madre y a su mejor amiga y salió de la sala, dejando a aquellas dos mujeres totalmente desconcertadas, no entendían aquella actitud.
Abril se encontraba lavando a mano varias prendas de Hermione, con cuidado de no estropearlas, cuando la voz de ésta a sus espaldas la hizo sobresaltarse.
—Abril, necesito tu ayuda.
Hermione le contó todo lo que Riddle le había dicho la noche anterior sobre el hechizo del relicario que le había regalado su abuela. La muchacha se alegró al enterarse de la noticia de que por fin Hermione había podido conocer aquella información que tanto deseaba. Pero algo no iba bien y lo supo en el momento en el que miró a los tristes ojos de ella.
—Necesito regresar a mi época. Riddle y yo nunca más vamos a poder estar juntos y deseo con todo mi corazón poder volver. Añoro una vida tranquila, mi familia los amigos y aquí nunca podré ser feliz viendo al hombre que amo en brazos de otra mujer. ¿Lo entiendes?
—Hermione, yo no quiero que te marches. Has sido muy buena conmigo, eres como mi hermana mayor. Perdí a mi madre, después a mi padre y hace muy poco, a mi abuela. Si ahora te vas tú, ¿qué me quedará?
—Tienes a tus hermanos. —Hermione agarró a la chica de las manos—. Abril, eres una mujer maravillosa, muy fuerte y sabrás seguir adelante. Pero yo aquí estoy perdida, encerrada en una época que no me corresponde, el destino me envió aquí para solventar las cosas, y en parte he fracasado. Si realmente me quieres, pide el deseo por mí.
Hermione sacó el amuleto del interior de su corsé y se lo ofreció a Abril. Ésta lo miró con lágrimas en los ojos, intentando decidir qué hacer. Le tenía mucho afecto a Hermione, que más que la Sra. Tarner, siempre había sido su amiga y no se imaginaba tener que separarse de ella. Pero, por otro lado, ella había sido testigo de sus penas y lamentos en el tiempo que habían compartido y lo único que le importaba, era que ella estuviera bien. Si Hermione había decidido regresar, lo mínimo que podía hacer por ella era pedir aquel deseo.
— Quiero que sepas que he aprendido a quererte mucho en este tiempo y eres alguien muy importante para mí —Hermione le ofreció su pañuelo de seda a Abril para que se secara las lágrimas, cuando iba a devolvérselo, Hermione no lo aceptó.
—Quédatelo para ti, así tendrás algo mío que te hará recordarme siempre. El relicario también te pertenece a ti.
—Pero es tuyo.
—Quiero que lo tengas tú.
En ese momento Abril cogió el amuleto que aún seguía sobre la mano de Hermione y ésta se lo colocó sobre el cuello. Abril la abrazo y durante unos segundos estuvo llorando con tristeza, no podía imaginarse no volver a verla nunca más.
—Cuida mucho de tus hermanos, dales un fuerte abrazo de mi parte y os deseo que seáis muy felices. —Abril asintió mientras se volvía a secar las lágrimas con el pañuelo—. Me gustaría pedirte un último favor. Visita a Olivia, cuéntale lo que ha ocurrido y dile que la quiero mucho y que la recordaré siempre. No he podido ir a despedirme de ella, porque tengo poco tiempo. Debo intentar regresar antes de que Riddle vuelva a buscarme. Porque estoy segura de que lo hará.
Hermione dio un último beso a Abril y ésta hipó con tristeza. Apretó el relicario entre sus manos y susurró con todo su corazón.
—Deseo que Hermione regrese a su época para que pueda encontrar su felicidad.
Hermione esperaba que algo sucediera, sin embargo, nada ocurría.
—Vuelve a pedirlo, quizás no lo has deseado con sinceridad.
—Realmente deseo que regreses, no sé qué ha sucedido.
Abril volvió a pedir el deseo una vez más y después volvió a repetirlo de nuevo, pero no sucedía nada. Hermione, desconsolada le agradeció el detalle que había tenido y resignada, regresó a su habitación, asimilando que quedaría atrapada en aquella época para el resto de sus días. Durante horas lloró tumbada en la cama, intentando buscar una solución, hasta que no pudo más y el sueño la venció.
Noviembre de 2010
La mañana amaneció lluviosa y las gotas que chocaban contra el cristal se encargaron de despertar a Hermione del sueño en el que estaba sumida. Aquella noche había soñado que Riddle le demostraba que el hijo de Mariene no era suyo. Hermione se negaba a abrir los ojos, era consciente de que solo había sido un sueño, pero quería seguir durmiendo para poder disfrutar más tiempo de aquella maravillosa visión que había tenido. Era consciente de que no podía seguir prolongando una ensoñación cuando la vida continuaba y debía aceptar la cruel realidad. Nunca más volvería a estar con Tom, y a ella solo le quedaba admitir aquel nuevo cambio en su vida. Ahora sólo tenía una preocupación: explicarle a su familia que no se casaría con Riddle. Volverían a tacharla de solterona y todas las damas, la discriminarían y criticarían por ello.
Por primera vez abrió los ojos aquella mañana y a pesar de no haber salido el sol, tuvo que volver a cerrarlos y abrirlos de nuevo para que éstos se adaptaran a la claridad que entraba por la ventana. Cuando sus ojos se acomodaron a la luz, se sentó en la cama de manera automática, sin poder creer lo que estaba viendo.
Tuvo que pellizcarse para comprobar que no estaba soñando. Ante ella volvía a tener su televisión de plasma, sus modernísimos muebles de madera y el ordenador perfectamente colocado sobre el escritorio. ¿Se había concedido el deseo y había regresado a su época? Se levantó de la cama de un salto, abrió la ventana y se asomó por ella. Necesitaba comprobar que estaba en su ciudad.
—Buenos días Herm —saludó su vecina que estaba sacando las macetas para que se regaran con la lluvia. Sin ninguna duda, había regresado—. No sabía que habías vuelto ya de tus vacaciones.
—Bueno…, sí —titubeó, no sabía que responder.
—¿Lo has pasado bien?
—Supongo que sí —respondió totalmente confundida.
—Ayer vino tu madre a regarte las plantas y no me comentó nada de tu regreso —continuó hablando la cotilla vecina.
—¿Mi madre ha estado aquí? —preguntó atónita.
—Claro que sí, ha venido a darle una vueltecita a tu casa, como casi todos los días.
Hermione se despidió casi automáticamente de su vecina y cerró la ventana. Se dirigió al espejo del baño y se miró en él. Su aspecto era cansado y sus marcadas ojeras destacaban en su afinado rostro. Miró su ropa y se alegró de llevar puesto su pijama de tirantes, ese que tanto le gustaba.
En ese momento se percató de un detalle. Ese pijama era el mismo que llevaba puesto la noche que pidió el deseo y que éste lo trasladara a otra época diferente, lo que le hacía plantearse si realmente había vivido aquello, o sólo era producto de un sueño. "¿Habrá sido un sueño y simplemente he estado dormida?"
Un toque en la ventana se escuchó, pero Hermione no le prestó atención. Volvió a sonar y rápidamente cayó en la cuenta de que sería una lechuza. Abrió la ventana y el animalillo dejo las cartas y descubrió que traía más de una. Uno de ellos era de su amiga Ginny, que le aseguraba que pasaría aquella tarde a tomar café y así podrían ponerse al día. Tenía un mensaje del Ministerio, su jefe, recordándole que las vacaciones se le estaban acabando y debería regresar a la oficina en dos días. Y las dos últimas eran de Harry y Ron.
Hermione abrió su armario y eligió unos vaqueros ajustados, una camisa blanca y unos de sus zapatos de tacón favoritos.
Miró el despertador de su mesita de noche y viendo que aún faltaba una hora para ir a casa de su madre, fue al salón, se tumbó en el sofá y cogió de la mesa el periódico del profeta. Paso las paginas, hasta que en la se detuvo en una de cotilleos. En él estaba saliendo un matrimonio de famosos magos.
En aquel momento no pudo evitar pensar en Riddle y en todo lo que había descubierto el día anterior. Hermione se preguntaba una y otra vez si realmente todo lo que había vivido había sido real o producto de un sueño. "Ha tenido que ser real." Además una punzada de tristeza se adueñó de su corazón al recordar que nunca más volvería a verlo. Por su rostro resbalaron las lágrimas sin poder detenerlas y sintió nuevamente como su interior se desquebrajaba. Apenas hacía unas horas que llevaba sin verlo y ya lo extrañaba muchísimo. En ese momento, comenzó a arrepentirse de su impulsividad, pero ya no había marcha atrás.
