Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Nereidas

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Hay un pequeño kiosko en medio de un lago, en medio del parque que rodea la torre del hokage en el centro de Konoha. Cuando tiene libre a Viktor le gusta ir ahí. Recargarse de la valla media que rodea el lago y ver el fondo del mismo con ojos distantes, envueltos en un trance que no es extraño ni indiferente para quienes estuvieron en ese mismo lugar hace veinte años. Y es que hace dos décadas eso no era un lago, ni siquiera había un parque. A veces el hokage bebé una o dos botellas de sake para volver a su trabajo y dormir en la oficina. Otras veces solo descansa un poco, y la mayoría de las tardes come en silente tranquilidad.

—Es el lugar donde murió el capitán Katsuki, ¿no? —pregunta un día Sara que ha salido a pasear con JJ al que le ha llevado su almuerzo que tontamente el shinobi olvidó en casa. El morena afirma viendo en la lejanía el kiosko.

—El capitán perdió mucha sangre... no sabemos cómo fue realmente —confiesa—, pero los árboles y las plantas empezaron a crecer... el consejo decidió hacer un pequeño lago y conservar el centro de la lucha contra Chihoko y Cao Bin, también como una especie de tributo a los shinobis que perdieron la vida en esa larga lucha —comenta.

Sara asiente cabizbaja, era cierto que aquel día las bajas fueron menores a las esperadas, y que su predicción fue tan precisa como lo que ocurrió, no obstante, no pudo prevenir que ni dando los detalles más mínimos como la ropa que usaban y los gestos, o el clima, o la cantidad de edificios dañados iba a lograr cambiar el destino de Yuuri y Viktor. Sentía pena, tristeza y deuda con el capitán Katsuki, pero al menos, ella sentía en su pecho que Yuuri había hecho lo correcto, y en donde descansaba lo hacía en absoluta paz. Siguieron andando buscando un lugar agradable para sentarse a comer mientras JJ tiene tiempo de hacerlo.

Viktor ve en la lejanía a la pareja, que agarradas de las manos, se pierde en una de las veredas. Se vuelve a recargar de la valla llevándose a la boca la copa de sale. La bebe hasta sus heces y siente el cuero arderle. Si cierra los ojos es capaz de reconstruir cuadro a cuadro, segundo a segundo los acontecimientos. Siguen frescos y vivos como si los estuviera volviendo a experimentar, sólo que no es capaz de cambiar el destino. Cao Bin fue vencido gracias a que antes de que llegará fue envenenado por Yuuri, y eso lo debilitó hasta su muerte, al igual que Mooroka Haru fue asesinada por Yuuri, las bestias y la propia Chihoko, las palmas y todas las medallas eran para el shinobi. Mientras que él, el glosioro Hokage, sólo era capaz de agradecerle durmiendo en una habitación diferente de donde dormía su nueva esposa, la madre de sus dos hijos menores. ¿Qué pensaría la gente si se enteraran que Yuriy solo es un experimento más de Chihoko?, uno que salió demasiado bien y tuvieron que resguardar porque desconocían su poder, ¿qué dirían sus amistades y los de Sara si supieran que lograron concebir a Tsubaki porque Sara fue capaz de transformarse en Yuuri por medio de un genjutsu? Una técnica ilusoria que en ocasiones le ayudaba a mediar el dolor que lo mataba día a día. Porque dios, dolía tanto no estar con Yuuri, no poder tomar su mano, no poder escuchar su voz, Yuuri no estaba y jamás volvería. No era como cuando fue juzgado y sellado, ahora sencillamente la existencia de Yuuri había dejado de brindar calor al frío mundo de Viktor.

—¿Padre? —susurra una voz detrás de Viktor que no se ha dado cuenta en qué momento oscureció, y el cielo está pintado de naranjas, rojos y amarillo. Se limpia el rostro con la mano y el guante absorbe las lágrimas.

Abre los párpados momentáneamente y después observa en silencio a quien está frente a sí, se talla los ojos un momento. Y logra enfocar a Tsubaki que le mira en silencio.

—¿Estás bien? —pregunta el chico que es la viva imagen de Umi o Ren a su edad, aunque su piel es un poco más oscura gracias a los genes de su madre y el cabello albino igual al suyo. El hokage asiente suavemente.

—¿Sucedió algo? —cuestiona él, dejando la copa de sake sobre la mesita que hay ahí. El menor observa la botella de sake y después a su padre, niega. Desde que tiene memoria su padre siempre ha parecido tener una disposición absoluta al alcoholismo. No es un mal padre, pero a Tsubaki le cuesta un poco reconocerlo como tal. En sus quince años puede contar la palma de su mano las veces que siquiera lo felicitó por su cumpleaños, y más escasos los momentos en que compartieron un momento para estar juntos como padres o hijos. La razón, a ojos de Tsubaki, era sencilla: su padre era el mejor Hokage que había tenido la aldea. Y no lo decía él, los libros de historia hablaban por sí solos. Había logrado grandes avances, reformas y beneficios que ayudaron en más de una manera, no sólo a Konoha, sino a todo el país del Fuego y sus aliados. Era amigo íntimo de los señores Feudales de los cincos países ninjas y contaba con uno de los poderes más absurdos y desbordantes en toda la nación, era el máximo usuario del kekkei genkai hielo, y había evolucionado sus habilidades hasta que su solo nombre hiciera pensar a sus enemigos dos veces antes de atreverse hacer algún movimiento que amenazara la paz.

—No, en realidad —inquiere Tsubaki y se acerca hacia la valla, está a tres metros de distancia de Viktor y siente tenso al mayor, lo observa y después al lago.

—Sabes la historia de las bestias del País de los Vegetales —comenta Viktor y Tsubaki mira a su padre. Conoce la historia por los libros que tuvo que leer en la academia, fue años después de la cuarta guerra shinobi, y antes de la emancipación de las regiones protegidas—. Un sólo ninja logró vencer a todas las bestias que en años anteriores hubieran asesinado hasta a diez de nuestros mejores shinobis... sin contar que acabó con los líderes de la facción enemiga... —cuenta el hokage con la mirada perdida en los colores del lago. Tsubaki mira el mismo punto vacío que su padre.

—Katsuki Yuuri... —responde sin pensarlo Tsubaki—. Fue por él que le pusieron Yuriy a mi hermana —agrega y Viktor asiente—. Murió en esa batalla —anota y Viktor aprieta los puños—. ¿Era tu camarada? —Viktor afirma lentamente.

—Tenía unos tres años más que tú cuando eso ocurrió, Tsubaki —comenta el hokage—. Desde que era un niño, Yuuri fue muy tímido, con pocos amigos, siempre parecía estar nervioso pero cuando entraba al campo de batalla... verlo pelear era... reconfortante... como el sol —la brisa sopla y es como si alguien los acariciara. A Tsubaki no le molesta, a Viktor tampoco, las hojas bailan—. Me recuerdas a Yuuri —suelta Viktor de pronto y a Tsubaki se le encoge la piel—. Te vi en los exámenes chuunin, lo hiciste bien.

El menor aprieta los labios y baja la mirada.

—Gracias, señor hokage —hace una leve reverencia el niño, cuando siente la mano de su padre revolverle el cabello.

—Lo digo como un padre, Tsubaki —la sorpresa no cabe en el pecho del menor que se incorpora para ver a su padre caminar hacia la vereda.

—Padre —llama Tsubaki corriendo detrás de él pero deteniéndose a medio camino. Viktor gira sus ojos un poco hacia su hijo.

—¿Por qué... me llamaron Tsubaki? —es el conflicto que toda la vida ha tenido, porque su hermana lleva el nombre de un gran héroe, mientras él lleva el nombre de un estúpido árbol de flores.

Viktor sonríe suavemente.

—Hay una casa cerca del distrito 6, es color guinda, con dos árboles muy grandes de camelias... la casa está abandonada, pero pertenecía a un querido amigo con el cuál pasé jugando muchas tardes de mi infancia —es toda la respuesta que recibe antes de seguir su camino. Tsubaki se siente contrariado, está emocionado, eufórico, muerto de alegría porque su padre le ha felicitado pero enfadado por la estúpida razón por la cuál le han puesto el nombre de niña.

Viktor sonríe al ver cómo su hijo ha salido corriendo hacia la dirección donde se encuentra el distrito 6, debe regresar a trabajar, aunque se detiene nuevamente y esta vez su gesto cambia de súbito. El alcohol en sus venas se diluye poco a poco. Sólo para después sonreír débilmente.

—Eso ha sido increíblemente conmovedor —azuza una voz suavemente desde un árbol—. Creo que... si hubieras llegado cinco minutos antes hubiera sido una hermosa escena familiar, explicándole a tu bastardito cómo es que en realidad fueron las cosas —se deja caer del árbol sin hacer un solo ruido y Viktor sigue sin moverse, puede sentir los pasos acercarse a él.

—Si hubieras aparecido cinco minutos antes, te hubiera podido presentar adecuadamente, estoy seguro que a Tsubaki le fascinaría conocer a su hermano mayor, Umi-chan —responde Viktor moviéndose.

—No me hagas reír... —responde el contrario antes de que la tierra se abra y largos picos de hielo salgan disparados desde el suelo haciendo que Viktor sale maldiciendo porque ha sido descuidado y debe de contrarrestar su propio elemento para no morir clavado. Una fila de púas de hielo los separan y Viktor es capaz de ver a una versión de sí mismo más joven y con el cabello azabache que se irgue altivo, mirándole como si no valiera nada. Nikiforov Umi está ante sus ojos. Su cabello largo amarrado en una cola alta, se mueve con las brisas características de la región. Ha crecido bien y parece estar sano, Viktor siente un dulce escozor en el cuerpo. ¿Lo estás viendo, Yuuri? Nuestro hijo está bien. Quiere agradecer a dios pero suspira cuando en su cuello ve la placa de Konoha tachada. La reconoce casi al momento.

—¿Dónde conseguiste eso? —pregunta Viktor señalando la placa de Konoha, está un poco vieja y manoseada, se pregunta Viktor cuántas veces se durmió Umi aferrándose a ella.

—Era lo mínimo que me merecía después de la muerte de mi padre... —la toca con sus dedos y sus ojos muertos se fijan en Viktor—. En cambio tú... necesitaste un culo caliente y un par de tetas, ¿no? Me preguntó qué es lo que te hará mi padre cuándo te vea en el infierno... —Viktor aprieta los puños, ésta a punto de abrir la boca pero en menos de un pestañeo Umi está a su lado mirándole de reojo—, porque ningún shinobi va al cielo... todos nos vamos al infierno, padre... y sobre ésto —Viktor escucha el tintineo de la banda ninja—, no te preocupes... se lo regresaré a él...

Hay una explosión cerca de la bodega y una bocanada de humo se levanta rápidamente. Siente un dejavú, pero cuando busca a Umi ya no está a su lado, gime.

—Séptimo —llama Chris mientras que corre hacia Viktor, pero el rubio se queda mudo al notar los residuos de de hielo—. ¿Estás bien?

—Es Umi, regresó a la aldea —señala Viktor mientras que corre con Chris hacia la torre—. Arma una cuadrilla de búsqueda y rastreen a Umi, es prioridad encontrarlo —sentencia con firmeza.

—¿Y si se resiste a ser tomado como prisionero? —no quiere preguntar el rubio pero aún así lo hace. Viktor contiene la respiración.

—Hagan lo que tengan que hacer pero... no lo maten —exclama y Giacometti solo asiente antes de desviarse a acatar las ordenes. Viktor ordena cerrar las puertas, verificar daños, ver si hay heridos, pasar lista para saber si hay algún desaparecido. Todo el personal se moviliza y Viktor observa la aldea desde ese punto esperando noticias. Su cabeza está llena de la presencia de Umi y su relación con ese atentado. ¿En qué mierda estás pensando, Umi?, se pregunta maldiciendo en voz baja.

—Padre —entra corriendo Yuriy, Viktor la observa, ha llegado con su equipo.

—¿Nos mandó a llamar, Hokage? —pregunta uno de los compañeros.

—Quiero que vayan a los refugios y ahí se queden resguardando a los civiles ¿entendieron? —ordena directamente y los shinobis se cuadran, la hija del hokage quiere replicar pero solo asiente, Viktor debe de mantenerla lejos de la acción lo más posible al no saber a qué es lo que se enfrentan. Tuerce los labios sentándose en su silla, volviendo a ver hacia la aldea aunque le devuelve la mirada el reflejo en el vidrio de la ventana. El brillo de su banda ninja es el que lo obliga a incorporarse de golpe y salir corriendo.

Es una corazonada, quiere estar equivocado. Así que no pide refuerzos, ni mucho menos informa a nadie de su suposición porque en caso de ser incorrecta terminará por descuidar áreas que si son importantes.

—Anciano. ¿a dónde vas? —grita Yuri con el que se cruza.

Mila, que acompaña al rubio también ve a Viktor correr.

—Yuri... creo que algo malo está pasando —comenta y el rubio asiente para salir corriendo detrás de Viktor, preparándose para lo peor, porque él también siente lo mismo.

...

Umi observa en silencio la entrada al bosque. Atrás el desastre se desparrama en el incendio que el agua es incapaz de apagar. Sí supieran que un incendio químico solo empeora con el agua. Pero son ingenuos al creerse dioses con sus sofisticados jutsus y seguramente les cueste un par de valiosos minutos hasta que lleguen expertos y den instrucciones correctas. Idiotas, sonríe el ninja antes de hacer un par de jutsus con sus manos y antes de lograr terminarlo, debe de saltar cuando varias agujas ninjas se clavan de lleno en el lugar donde estuvo parado segundos antes.

—¡¿Qué es lo que planeas, Umi?! —grita Yuri a lado de Viktor.

El menor de los Nikiforov enarca la ceja.

—No te entrometas, Plisetsky, u olvidaré el cariño que mi padre te tenía... sólo me llevó a mi padre a un lugar donde pueda descansar en paz, donde sea considerado un héroe y donde no sea humillado con la existencia de ese hombre —señala a Viktor.

—¿Qué mierda extraña estás diciendo? —pregunta Yuri—. Sabes perfectamente que el capitán Katsuki dio especificaciones acerca de lo que teníamos que hacer después de su... —una aguja de hielo le roza la mejilla, Umi ha sido excesivamente rápido en tirarla y Yuri se queda callado cuando siente la sangre tibia escurrir por su mejilla. Viktor ha sacado ya su katana.

—No puedo dejar que te lleves a Yuuri, Umi...

—¡Tú no opines! —ruge el menor—. ¡Tú no hables, maldita sea! ¡Tú... —aprieta los puños—. Tú.. debiste morir en lugar de mi padre... y sabes qué... él te hubiera amado.. siempre... —dice con amargura, se gira—. Así cómo tú, no lo hiciste... —voltea a ver sobre su hombro al par de shinobis de Konoha pero Yuri ya se está lanzando hacia él con sus puños envueltos en electricidad. Umi se mueve esquivando los golpes con garras de hielo, cada vez que chocan siente descargas, soportables, transmitidas por el agua que se derrite y lo moja. Un paso en falso, y recibe un golpe de Viktor que también se ha unido al baile. Pero Umi es mucho más rápido, y es capaz de brincar en el instante en que ambos planean pegarle. Yuri pierde el equilibrio y Viktor es capaz de librar del golpe al rubio, preparando un ataque hacia Umi que le regresa el ataque con destreza. Ponen distancia de por medio. Yuri corre en una dirección rodeando a Umi, que lo sigue con la mirada pero vuelve su mirada hacia Viktor que está alzando picos del suelo que se dirigen hacia Umi, éste salta y una bola de fuego está a punto de caerle encima. El chico se envuelve en una esfera de hielo que se derrite y queda una nube espesa de neblina, agua condensada. Hay un enorme charco de agua. Umi está hincado respirando por la boca en medio de Yuri y Viktor que están atentos. No están peleando contra cualquier sujeto. A Viktor le impresiona lo avanzado en la técnica de su kekkei genkai de Umi, pero no es momento para alabar.

Umi está agitado relamiéndose los labios que se distorsionan en una sonrisa macabra y oscura.

—Estás envejeciendo, papá —dice con burla Umi antes de correr hacia Viktor con la mitad de su velocidad, y aún así es un problema para Viktor. Yuri quiere dar un paso hacia la palea, pero del charco de agua unas manos emergen para halar a Yuri que no es capaz de saltar a tiempo y es derribado, sumergido y capturado en una prisión subterránea de hielo. Viktor se gira a ver a Yuri, horrorizado, esa disfracción le cuesta la ventaja recibiendo una patada potente en la boca que lo hace retroceder. Escupe sangre. Umi sonríe, limpiándose el sudor.

—Si no juegas en serio, acabarás muerto, y así no será divertido... —señala Umi.

Viktor no lo quiere hacer, o al menos no hasta el momento en que se da cuenta que Umi, su pequeña olita, es una amenaza, una aterradora amenaza para los shinobis no solo de Konoha sino de cualquier aldea que se volviera en su enemiga.

... o ...

Yuri cierra los ojos y suspira viendo la delgada espalda de Yuriy que camina delante de él. Chris observa en silencio a Yuri. Quiere preguntarle abiertamente "¿Qué estás haciendo?", sin embargo se abstiene y en cambio vigila a Yuriy que está de frente a Umi. Toca el cristal, no existe peligro. El shinobi gira su cabeza hacia donde se encuentran ellos y los dos rubios se sorprenden debido a que la percepción del chico es bastante amplia, no cabe duda que es el shinobi que venció al hokage. No obstante, el movimiento que a ellos, como ninjas experimentados alertan a la chica parece más bien interesarle. Se dirige a ambos.

—¿Hay forma de que hable con él? Quiero hacerle algunas preguntas... —susurra casi con suplica pero de manera firme y tajante.

El mayor de los tres niega inmediatamente.

—Si te dejará hacer eso estaría poniéndote en riesgo, y no solo a ti, sino a la aldea completa, Yuriy —comenta con cariño. Hay autoridad en su voz pero ella no lo deja de ver a los ojos.

—Es el hombre que asesinó a mi padre, señor Chris, entiendo que es peligroso pero... de verdad necesito... saber... —insiste ella y Chris suspira mirando a Yuri.

El rubio también lo mira con atención, Chris acaba por torcer los labios y asiente mientras llama a dos de los guardias que hay ahí, hace un jutsu especial y la venda de los ojos de Umi cae, el prisionero parpadea porque de pronto la luz le lastima mucho los ojos, cuando gira su rostro nota a varias personas detrás del cristal, no obstante sus ojos se quedan fijos en la única chica del grupo. Reconoce a Chris y a Yuri, los otros dos son guardias con armas en sus manos listos para asesinarle al menor movimiento. Umi se siente confundido aún así se nota tranquilo, no parece como si le fueron a dar su sentencia, así que vuelve a cerrar los ojos mostrando de pronto desinterés por cualquier otra cosa.

—¿Umi-neechan? —cuestiona ella tocando el vidrio.

—Mi único hermano es Katsuki Ren —responde él tras un largo silencio. Ella aprieta los puños.

—¿Fue por eso que mataste a papá? —Insiste ella y él sigue con los ojos cerrados como si meditara o se concentrara en algo—. Sólo necesito que me digas "sí" o "no" —exclama acariciando aún el grueso cristal que es el jutsu de sellado en el que el prisionero está encerrado—. Si tú me respondes... yo... podré ponerle punto final a esta historia, Umi-neechan.

Pero Umi no parece interesado en darle la cara a Yuriy, no parece interesado en nada. Ella siente que el estómago se le revuelve porque ha logrado llegar hasta ese punto. Ha reconstruído la historia de su padre pieza por pieza en tan solo pocos días, que le frustra que sea ese el lugar donde se zanje. Quiere saber si su padre tiene ese estrepitoso punto final o si hay algo más, algo que las demás personas no le han dicho. Y el que Yuri-sensei le haya llevado a este lugar significa que hay algo más que quiere que ella sepa pero que no está dispuesto a ser él quién lo diga. No obstante, en el centro de detención de alta seguridad, frente al asesino de Viktor Nikiforov, no hay respuesta. La menor suspira profundamente mirando a Yuri. El rubio también se acerca.

—Umi —habla Yuri con firmeza.

—¿Ya enterraron a Viktor? —cuestiona el moreno ladeando una sonrisa, mirando de reojo al rubio y relamiéndose los labios porque se ha arrancado todos los pellejitos del aburrimiento que el confinamiento trae consigo. Yuri siente una profunda rabia, la sangre le hierve y el veneno se esparce por todo su cuerpo.

—Vamos —ordena Yuri a Yuriy que aprieta los puños.

—Umi-neechan —insiste ella pegando sus dos manos al cristal y gime aterrada cuando tiene de pronto a Umi contra el cristal golpeándolo tan fuertemente que ha hecho eco. Los shinobis están listos para volver a someterle, porque se ha logrado desamarrar de las esposas y la camisa de seguridad, es demasiado rápido. Umi pega la frente contra el cristal viendo a la aterrorizada chica, que ve de cerca los ojos que son idénticos a los de su padre. El mayor le sonríe, con una extraña dulzura.

—No me estás buscando a mí... —dice él en voz baja y hace que su aliento choque contra el vidrio. Su dedo se acerca al vaho que ha empañado el cristal.

—¡No te atrevas a poner un dedo sobre el vidrio! —grita Chris listo para dar la orden para que esa jaula que han hecho para él arda más que el infierno. Pero Yuriy está tan cerca que le podrían hacer daño.

Umi ignora las indicaciones y en cambio su dedo toca la superficie empañada para deslizarla y escribir un sólo símbolo.

—Ren... —masculla ella quedándose pensativa, después gira su mirada hacia Umi que ha regresado a su lugar, sentándose en medio de aquella jaula con las manos al frente listo para volver a ser sometido. La chica observa a Umi y como es sometido cruelmente, Yuri la toma de la mano para salir de ahí, Umi mira de reojo a la chica y gime cuando es puesto cara contra el suelo—. Yuri, Yuri... —llama al rubio que le está sacando a rastras de ahí.

—¿En qué estabas pensando? —pregunta el rubio deteniéndose a mirar a Yuriy, la chica sostiene de los hombros al otro shinobi para mirarlo a los ojos.

—Ren... Ren puede... decirnos qué pasó.

Plisetsky tuerce los labios mirando hacia la sala de detención, y ya no sabe si fue una buena idea, porque sabe que no todo es lo que parece, y lo que en un principio solo era un ejercicio de perdón y autoconocimiento, que limpiaba, de alguna manera, el nombre de su sensei a los ojos de su hija, ahora parecía más un juego del gato y ratón. Yuri mira a la chica fijamente.

—¿Qué es lo que estás buscando en realidad, Yuriy?

—Quién mató a padre.

—Fue Umi, yo estuve ahí —sentencia con simpleza.

—No creo que haya sido Umi.

Y aunque Yuri también siente lo mismo, es un suicidio seguir adelante, no quiere buscarle otra pata al caballo, ni mucho menos encontrar verdades ocultas. Siente que esto acabara teniendo un resultado horrible, así que su sentido común reina y niega soltándose de ella.

—Él era mi sensei... lo conocí desde hace mucho tiempo, Yu, pero... es momento que lo dejemos ir ya... se acabó —responde él.

—Yuri-sensei —lo llama ella buscando sus ojos, sosteniendo con sus frías manos el rostro—. ¿Y si no es así de simple? ¿Y si en realidad... sólo es la punta del iceberg?

Hay tanta seguridad en sus ojos que por un momento es capaz de ver la determinación de Viktor, y chasquea la lengua.

...o...o...

Gracias por leer.

St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.