ALICIA SPINNET

RISAS


—Porque… Nuestro verdadero objetivo era fugarnos del puto Azkaban.

Los cuatro llevan un par de cervezas más de la cuenta, y no de las de mantequilla. Se han reunido a celebrar la liberación de los gemelos y, desde entonces, han contado la historia cuatro veces, de cuatro formas distintas. Ninguno se cansa de escucharla.

—Por eso montamos aquella fiesta en el Callejón Diagón. Para cabrear a un par de aurores y que intentasen darnos una buena reprimenda, pero con la salvaguarda de que, en realidad, no había pasado nada.

»Y casi lo conseguimos.

Alicia entorna los ojos y cruza las piernas, porque no se lo termina de creer.

—Habéis dicho que la prisión era mucho más increíble de lo que pensábais.

Pero no solo eso. Han afirmado que el peor de los problemas no son los dementores.

—¿Cómo lo hicísteis? Y, sobre todo, ¿cómo conseguisteis volver a entrar? Porque fue de allí de donde os sacaron para llevaros de nuevo al juicio.

Angelina asiente al lado de su amiga y suelta un par de risas por la dos.

—Sois listos, chicos. Pero no tanto.

George va a añadir algo, pero Fred se adelanta.

—Nunca lo sabréis, no con certeza. En el fondo, Alicia, sabes que siempre tendrás esa pequeña duda de si conseguimos encontrar la gran fisura de la cárcel perfecta.

Ella no lo reconoce, no lo hubiera hecho nunca; pero no hace falta: todos saben que Fred está en lo cierto. Porque a los Weasley no se los subestima.