Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.

Capítulo dieciocho

"Solo vives dos veces: Una cuando naces y luego cuando miras de frente a la muerte." ~Ian Fleming

EDWARD

Este era mi plan; mi bebé y quería que fuera perfecto. Podía sentir el frío en mi mano mientras sostenía un trago de brandy y observaba por la ventana de nuestra oficina. Desde nuestra posición, podía ver el Capitolio, la ciudad, todo lo que era bueno de América lleno de solo víboras y ratas.

—Está hablando —anunció Bella, inclinándose contra la silla detrás del escritorio.

Girándose, subió el volumen. Orlando ocupó la pantalla, de pie frente a un podio con su cabeza orgullosamente en alto.

No por mucho, bastardo.

—Damas y caballeros, gracias por venir. Como dije en la última conferencia de prensa, una investigación interna sigue en curso. Pero quiero que la nación esté segura que el FBI está eliminando a cualquier empleado que no cumpla los estándares de nuestra oficina. En las últimas semanas tuvimos muchos arrestos, incluyendo a aquellas reconocidas redes de narcotráfico junto con sus jefes.

Nuestras redes de narcotráfico.

—La agente Rebecca Pierce no está desaparecida como se rumoraba, sino de licencia por una lesión y no estará disponible por otras semanas…

—Ahora. —Bella sonrió.

"Noticias de último momento." La pantalla se interrumpió. "Acabamos de recibir un vídeo de una agrupación llamada RSCMSA; la República de Soldados en Contra de Más Salvajismo Americano, con la agente desaparecida del FBI, Rebecca Pierce. Le advertimos a nuestros televidentes, el vídeo contiene material no apto para niños."

La transmisión cambió a nuestro pequeño vídeo. Permití que una sonrisa aparezca en mi rostro. Ella estaba de rodillas frente a una bandera roja de RSCMSA; su cabello oscuro estaba enmarañado, su rostro sucio y lleno de lágrimas. Estaba vestida en nada más que trapos viejos y sostenía un periódico reciente en sus manos. Dos hombres, de los que solo se podían ver los pies, sostenían AR-15 contra su cabeza.

"Mi nombre es Rebecca Pierce, nací en Quántico, Virginia y he pasado los últimos diez años trabajando con el Buró Federal de Investigación en la unidad de crímenes cibernéticos. Hace unas semanas atrás, fui secuestrada por un terrorista." Ni bien dijo la palabra, uno de los hombres la golpeó con su rifle. Ella soltó un pequeño grito al caer, el otro se acercó con manos enguantadas y la colocó sobre sus rodillas de nuevo. "Fui secuestrada por un grupo revolucionario, RSCMSA. Están hartos de lo hipócrita que es el gobierno de este país. Están hartos de las mentiras y los encubrimientos. Intentaron pacíficamente contactarse con el director Ian Rood y otros agentes, pero una y otra vez fueron ignorados, burlados y echados a un lado. Ellos saben ahora que no se puede luchar el mal con el bien, sino con más maldad. No se detendrán hasta que no solo el director dé un paso hacia atrás, sino que el presidente también."

Miré a Bella ante eso, pero ella simplemente sonrió. No estaba al tanto que queríamos al presidente afuera, especialmente después de haber gastado millones para meterlo en la oficina.

"Es hora que la gente de un paso adelante. Que la gente se defienda. Es hora que las personas sean parte de la República de Soldado en Contra de Más Salvajismo Americano. Si no, haremos los que nuestros antepasados hicieron y declararemos la guerra. Si escuchan un retumbe cerca, si ven una nube de humo a la distancia, tómenlo como prueba de nuestras intenciones. Dé un paso hacia atrás señor presidente, señor director. O la sangre correrá por su culpa." Con eso, el vídeo terminó y volvió a Orlando, que aparentemente fue puesto al tanto de los eventos recientes.

Su rostro se volvió de roca y fulminó con la mirada hacia la cámara con tal intensidad que, si fuera un hombre débil, me hubiera estremecido. Se fue sin responder las preguntas que los reporteros comenzaban a lanzarle.

—Creo que está enojado. —Bella sonrió engreídamente, poniéndose de pie cuando sonó su teléfono. Sacándolo, hizo una pausa, girándose hacia mí para que viera quién llamaba.

—Sr. Director, creo que hay cosas más importantes que debe hacer como para que llame a su querida nieta —bromeó Bella y lo puso en altavoz.

—¿Saben lo que han hecho? —espetó.

Sonreí, le habíamos dado a un punto sensible.

—¿Por qué no nos informas, Orlando?

—He protegido a su familia imprudente, hostil, desagradecida y sucia por décadas. Sé dónde están enterrados todos los cuerpos. Sé sus malditas contraseñas bancarias, todo lo que tienen es porque yo lo permití. Soy la mano de Dios y me han mordido. Si creen por un momento que estoy preocupado por ustedes o la insuficiencia de su familia, entonces están equivocados. Ahora, tienen toda mi atención… algo que jamás deberían querer.

—¿Nos estás amenazando? —siseé, tomando el teléfono en mi mano—. Tú y yo sabemos que no puedes exponernos sin exponerte a ti mismo. La supervivencia está en nuestra sangre. Ven tras nosotros y te arrastraré conmigo al infierno, abuelo. Expondremos secretos que destruirán la fe en el gobierno que tanto te importa. Derribaremos personalmente todo tu mundo. El reino del terror palidecerá en comparación con lo que pasará aquí. Así que no te creo lo que dices. Estás amenazando a la persona jodidamente equivocada.

—Este día te seguirá por el resto de tu patética vida, Cullen. Cuando ataque, planeo destruirte, a todos ustedes… más pronto de lo que piensas. Eso lo puedo garantizar —espetó antes de colgar.

—Diría que está jodidamente enojado —murmuró Bella, inclinándose contra el escritorio. Le tendí el teléfono cuando volvió a sonar.

Suspirando, respondió.

—Sr. Presidente.

—¡¿Ustedes hicieron esto?!

—¿Hacer qué exactamente? —le pregunté antes de sentarme en la silla.

—¿Estos terroristas? ¿RSCMSA? Se han pasado de la raya, Cullen. Han perdido la cabeza. ¡Tengo a congresistas, gobernadores, al FBI, a la CIA, e Interpol esperándome por un plan! Tengo que dar una respuesta en los próximos cinco minutos. No tienen idea de lo que han hecho. Están metiéndose en cosas más grandes que ustedes. Quiero que esto termine, ahora.

—Títere…

—¡No te atrevas! ¡Soy el presidente de los malditos Estados Unidos y no permitiré que se metan con las personas así! Yo…

Bella colgó, mueve el teléfono en sus manos por un momento e incluso chequeó sus uñas antes de devolver la llamada.

—¿Acabas de colgarme? —gritó Hale tan fuerte que estaba seguro que reventó algo vital.

—Sí, lo hice, estabas hablando sin sentido de nuevo. Así que guarda tu furia, pensamos que podíamos comenzar esta charla de nuevo. ¿Estás listo para actuar como un adulto o debería llamar más tarde? —preguntó Bella calmadamente.

Silencio.

—Tomaré eso como un sí —declaró ella—. No vas a responder ninguna pregunta de la prensa. No despedirás a Ian Rood, pero lo enviarás a Ucrania, Turquía, Grecia o donde sea que se te ocurra. En su lugar, pondrás a un equipo especial en busca de RSCMSA. No te preocupes, la lista con el equipo de ensueño la tiene Mina. Recuerda, presidente Hale, los Estados Unidos no negocia con los terroristas. Te pararás frente al podio con el pin de la bandera estadounidense brillando en tu traje y lucirás fuerte. Guiarás a tu gente y toda América te amará por eso. Si de alguna forma intentas debilitarnos, ni siquiera debo amenazarte, ya lo debes saber. Te prometimos ocho años, jamás dijimos que serían fáciles, pero te prometimos que habría ocho. Haz lo que decimos, tus cinco minutos terminaron, estaremos viendo.

Colgó y giró hacia el televisor, esperando a que hablara. Le sonreí a sus espaldas, ella tenía una facilidad con las palabras que me impresionaba. Ella podía desarmar y cortar a las personas con ellas solas. Era uno de sus talentos. No había necesidad de armas, ella solo le gustaban.

—Puedo sentir cómo me miras —dijo, sin mirarme.

—Supéralo. —Sonreí.

Escuché su risa justo cuando el presidente aparecía en la pantalla. Parecía calmado y controlado. El pin con la bandera estadounidense estaba en su chaqueta, como Bella lo ordenó. Pero no podía prestar atención a sus palabras… Mi teléfono sonó y bajé la mirada. Vi un mensaje con una foto, era de Orlando.

No puedo respirar.

—¿Qué pasa? —Bella me preguntó.

La adrenalina corría por mis venas y me puse de pie, dirigiéndome hacia la puerta mientras marcaba.

Por el amor de Dios, contesta.

CARLISLE

—Jamás he sido fan de este deporte. —Esme rio mientras Ethan descansaba en sus brazos.

Acabábamos de dejar el estadio y estábamos afuera con Seth y Kain. Bella y Edward estaban volviéndose paranoicos o, al menos, se habían olvidado de quién era yo. Pero eso era lo que pasaba cuando te volvías viejo y te retirabas. La gente comenzaba a tratarte como si te olvidaras de las cosas que hiciste por décadas.

—¿Carlisle? ¿Carlisle? —Esme chasqueó sus dedos frente a mi rostro.

—¿Qué? Lo siento. —Sacudiendo la cabeza, me volví para verla sonreírme.

—Como en los viejos tiempos —respondió—. Lo juro, siempre estás preocupándote. Creo que fue después de un juego que te enteraste que ibas a hacerte cargo de la familia. No pude hacerte hablar ni para salvar tu vida.

—He mejorado. —Reí, besando su frente mientras Kain iba en busca del coche—. Sabes que siempre he vivido dentro de mi cabeza.

—Sí, sí, pero con todo este tiempo libre que tienes, podrías comprarle un pretzel a la dama. —Asintió hacia un stand de comida en la esquina. Fruncí el ceño—. Oye, princesa, no critiques a los stands de comida, hubo un tiempo antes de todo esto en que vivíamos de fideos.

—Esme, me he acostumbrado a un cierto estilo de vida —dije con toda la dignidad posible, haciendo que ella riera y que Ethan se mueva.

—Bueno, yo no, princesa. Apúrate, antes que llegue el coche. —Hizo un puchero y, por unos momentos, se sentía como si fuéramos adolescentes de nuevo. La besé y caminé hacia el stand, para encontrar a una niña y su padre manejándolo.

—¿Qué le gustaría? —preguntó la niña con una enorme sonrisa en su rostro.

—Un pretzel, por favor.

—¿Está seguro que no quiere dos? Son muy sabrosos. —Mostró su ternura. Miré a su padre, que tenía que aceptar que sabía lo que hacía.

—Dos, entonces —dije, llevando una mano a mi bolsillo en busca de mi teléfono que estaba sonando. Pero por el rabillo de mi ojo, vi un brillo reflejarse en el edificio. El vello del mi cuello y brazos se erizó mientras mi mente lo identificaba. Busqué a Esme, que estaba de pie ignorando el hecho en la esquina con Seth. Ella besó la cabeza de Ethan antes de reacomodar su gorro.

Vi un brillo familiar por la ventana. Sabía lo que era eso. Era como si el tiempo se detuviera mientras soltaba todo lo que tenía en mis manos y corría hacia mi familia. Mi garganta ardía, debía haber estado gritando, pero no podía escuchar nada. Mi mente estaba centrada en ellos, solo en ellos. Se sintió como si una vida pasara antes que pude llegar a ella. La empujé tan fuerte como pude.

BANG.

BANG.

BANG.

BANG.

EDWARD

Estaba en llamas. Mi piel, mi nariz, mis ojos, se sentía como si mi corazón bombeara lava cuando Bella y yo llegamos al hospital. Toda la policía es un caos mientras buscábamos entre la multitud, empujando y luchando para encontrar a nuestro hijo.

—¡Jefe! —llamó Kain desde un rincón.

—¡Gracias a Dios! —jadeó Bella, corriendo hacia Ethan que se encontraba en los brazos de mi madre. Ella se aferraba a él y se negaba a soltarlo a pesar de que estaba llorando.

—Mamá. —No respondió—. Mamá, es Edward. —Silencio—. ¿Puedo sostener a Ethan?

Seguía sin responder, pero lentamente lo soltó y Bella lo tomó en sus brazos. Lo miré cuidadosamente y solo vi unos raspones en él. Obligándome a sentarme a su lado, tomé sus manos y suavemente las froté, como solía hacerlo cuando era joven. Ella lucía aturdida, cubierta en sangre…

—Mamá, ¿de quién es esa sangre? —susurré, observando su vestido ensangrentado antes de mirar a Ethan.

Él está vivo. Está bien. ¿De quién es esa sangre?

—Mamá, ¿dónde está papá? —susurré lentamente.

Ella se meció de un lado al otro sin parar, su rostro retorcido mientras sus labios se abrían y todo lo que salió fue un grito. Un grito doloroso que formó lágrimas en mis ojos.

—Madre, ¿dónde está pa? —Tomé sus brazos, intentando controlar el dolor en mi pecho, las ganas de sacudirla.

Ella sacudió su cabeza, llorando y sollozando hasta caer de su silla y hacia mis brazos. La aferré, intentando apartar la descarada realidad que se hacía lugar en mi cabeza. Comencé a sacudir mi cabeza, el nudo que se formó en mi garganta parecía expandirse hacia mis pulmones, jadeando por aire.

Esto no puede… no puedo…

—Lo intenté —jadeó—. No lo vi. Él lo vio. Yo no lo vi. Él simplemente gritaba y gritaba y yo no entendía, todo lo que sentí fue el suelo cuando nos empujó. ¡No lo vi! Y no se levantaba… Se negaba a levantarse. No lo sé, no lo… Había mucha sangre, por todo el suelo. Yo… Yo…

No.

Apartándola de mí, la miré a los ojos y volví a sacudir mi cabeza.

—No. ¿Dónde está el doctor? ¿Dónde está el doctor aquí? —Me puse de pie para mirar a mi alrededor y encontrar a Bella susurrando a Kain.

—¿Qué diablos haces? ¡Consígueme al puto doctor!

Kain tenía la cabeza agachada, pero no se movió.

—¿Eres estúpido? Consígueme. Un. Doctor. Idiota.

—Edward. —Bella tomó aire profundo y me miró a los ojos—. No tiene doctor. Fue anunciado muerto en la escena.

Ella había hecho mucho para lastimarme, pero nada se comparaba a esto. Ella intentaba herirme de nuevo, lo sabía. Este solo era un juego. Ella me lastimaba, yo la perseguía y… al final del día, nos reíamos de ello, todo estaría bien. Lo sabía. Tenía que serlo.

Esto es solo un juego estúpido.

Bajando la vista, vi a mi madre hecha pedazos en el suelo y la fuerte realidad nuevamente hacía presencia.

—No —espeté, agachándome para tomar a mi madre antes de dejarla de vuelta en la silla, pero ella solo lloró aun más—. Voy a encontrar al doctor, ¿de acuerdo? Estoy seguro que va a estar bien.

—Edward. —Bella intentaba llegar a mí, pero aparté sus manos.

—¡NO! —grité en su rostro—. No conoces a mi padre. Él no muere. Él no muere en la calle como un maldito perro. Él es un Cullen. No está muerto, así que cállate y mira a mi madre. Lo encontraré yo mismo.

No está muerto.

Ella dio un paso hacia atrás y asintió antes que yo saliera de allí.

No está muerto.

No podía imaginar un mundo donde mi padre no estuviera. No lo entendía.

No está muerto.

BELLA

Se fue. Así de fácil. En un momento estaba aquí y al próximo ya no. No era como con Charlie, sabía que él estaba muriéndose, estaba preparada e incluso aunque dolió, esto era diferente. No lo entendía. Mi pecho dolía, mis pulmones ardían, no había muchos momentos en los que me había sentido así. Podía sentir mis ojos nublarse con lágrimas, pero no podía dejar que las emociones me ganaran, no con Ethan aquí. Emmett acababa de llegar y nos habían movido hacia una sala privada, pero esto era por Seth. Él había recibido tres balas protegiendo a Esme y Ethan y ahora estaba en cirugía. Le di a Ethan a Emmett, que levantó su mirada, sus ojos estaban rojos e, incluso ahora, estaba calmado, las lágrimas no caían. Envolvió sus brazos alrededor de Ethan, asegurándome que estuviera seguro. Esme estaba acurrucada a su lado, dormida; le había dado unos sedantes para ayudarla a seguir el día.

—Voy a buscar a Edward. Ya vuelvo —susurré. Kain asintió, ya poniéndose en guardia.

Caminando por el pasillo, esperé hasta estar fuera de vista y oído. Metiéndome en una habitación vacía, pausé por un momento antes de soltar todo; grité. Grité y golpeé la pared una y otra vez hasta no sentir mis nudillos, que sangraban. Orlando nos había enviado una foto de Ethan y Esme en un mensaje que decía "adiós".

Ahora… Ahora Carlisle ya no estaba.

Así de sencillo. No solo lo había matado, sino que se encontraron otras diez balas, tres en Seth, una en Carlisle, otros transeúntes y un conductor que había terminado chocando contra un edificio. El cuerpo de Carlisle estaba aquí en la morgue y no podía…

Mierda, esto dolía.

Tomando aire profundo, seguí a las flechas azules y tomé el ascensor hacia abajo. Olía a muerte mientras caminaba por el pasillo. Lo podía ver, tenso y de pie junto a la mesa. Entrando al cuarto, suspiré aliviada de que no haya abierto la bolsa el mismo. Su mano, que parecía más pálida de lo que podía recordar, titubeaba sobre la bolsa. Él tenía miedo, pero no lo creería hasta que lo viera con sus propios ojos.

Acercándome, bajé el cierre lentamente y Edward apartó su mano. No quería que viera esto, no si no lo quería. Obligué a que mi cuerpo tapara su vista.

—Estoy listo.

No, no lo estás.

Ninguno de nosotros lo estaba, no importa lo que dijéramos. Apartándome, le permití que viera la única herida de bala en el medio de la cabeza de su padre. El cuerpo de Edward se retorció. Sus piernas se debilitaron, pero lo aferré, atrapándolo mientras los sollozos dejaban su cuerpo. No solo de su boca, todo su cuerpo se retorcía con sollozos dolorosos que hacían que mi garganta se tensara y que mis ojos comenzaran a arder. Lloró abiertamente en mis brazos antes de finalmente moverse para enfrentar a su padre. Besó su mejilla y lo abrazó fuertemente.

—Lo siento. Lo siento mucho, papá —lloró.

No me importaba lo que dijera, nos íbamos a casa.

Él iba a llevar a su padre a casa, donde pertenecía. Tendríamos nuestra venganza, pero necesitaba esto y, honestamente, yo también, todos.

Alguien todavía tenía que decírselo a Jasper y a Alice… y sabía que tendría que ser yo.

Mirando a mi esposo, una necesidad ardiente viajó dentro de mí. Algo parecido a la adrenalina, pero más oscuro, mucho más vengativo bombeaba mis venas e hice una promesa en silencio.

¡Nunca más!