¡YAHOI! Perdón, la intención era subirlo antes, pero me entretuve viendo un reportaje sobre el narcotráfico en Galicia (sí, también en mi tierra tenemos o teníamos esa lacra, con nombres super conocidos por aquí; buscad el libro "Fariña", está basado en hechos reales y cuenta los años convulsos de la droga en la zona das Rías Baixas. Me gusta saber estas cosas sobre mi hogar, es historia, al fin y al cabo, y viene bien saberla para no repetir los mismos errores xD).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: parque de atracciones.


Me divierto mucho contigo


Estaban de excursión en un parque de atracciones. De los grandes. Para él, era la primera vez que realizaba un viaje de esa índole en sus diecisiete años de vida. Nunca había tenido la oportunidad hasta ahora.

Y, lo mejor de todo, era que había ido con todos sus amigos, entre ellos las dos personas más importantes para él: Sasuke, que más que su mejor amigo era como su hermano, y Sakura Haruno, la chica más guapa y divertida del mundo. Y por la que llevaba bebiendo los vientos desde la guardería.

Sonrió con felicidad mientras se colaba entre el grupo de su clase, donde todos esperaban entre charlas y con sus bolsas y mochilas a la espalda a que los profesores volvieran con las entradas y les dieran las instrucciones correspondientes.

―¡Estoy deseando subirme en la montaña rusa'ttebayo! ¿Qué dices, Sakura-chan? ¿Montas conmigo?―La aludida alzó una ceja.

―¿Y dejar que el viento estropee mi nuevo peinado? Ni loca. ¡Sasuke-kun! ¿Vas a subir a la noria conmigo?

―¡De eso nada, frentona! ¡Sasuke-kun irá conmigo!―chilló Ino, una rubia espectacular que tenía una especie de relación de amor-odio con Sakura.

A ambas les gustaba Sasuke. Mientras que a él, al parecer, no lo quería nadie…

―¿Naruto-kun?―Una suave voz femenina lo hizo volverse.

―Oh, Hinata, hola. ―La aludida se sonrojó y empezó a jugar nerviosa con sus dedos.

―S-si quieres… pu-puedes venir co-con Kiba-kun, Shino-kun y c-conmigo a la montaña rusa…

―¡A ver, chicos!―Todos los jóvenes se volvieron hacia el profesor que había hablado―. Aquí están las entradas. Formad una fila y os las iremos dando mientras os decimos cómo va a ir la cosa. ―Los excitados adolescentes obedecieron, queriendo entrar cuánto antes en aquel parque de atracciones para disfrutar el mayor tiempo posible de todos los juegos―. Iréis de tres en tres, así hay menos riesgo de que alguien se pierda. No quiero recibir ninguna queja sobre peleas o mobiliario destrozado: Sasuke, Naruto, Kiba, Sakura, Ino, ¿me habéis oído?―Los cinco pusieron muecas de fastidio y asintieron―. Así me gusta. Nada de salir sin permiso, todos tenéis móviles y mi número o el de los demás maestros, por si os hacemos falta para algo. A las ocho tenéis que estar todos en el punto de encuentro acordado, la fuente que está aquí a la entrada. ¿Todo claro?―Los alumnos asintieron casi al unísono.

Finalmente, los dejaron entrar en el parque de atracciones. Como es lógico, Naruto, Sakura y Sasuke se juntaron para explorar juntos el lugar. A la distancia, Hinata vio cómo el rubio―el chico que le gustaba desde que tenía uso de razón―se unía a su mejor amigo y a la chica que a él le gustaba y se internaban juntos entre las atracciones.

―¡Eh, Hinata! ¿Qué pasa? ¡Vamos! ¡Tengo ganas de ir a la casa del terror!

―Pero si no soportas el miedo.

―¡Claro que sí! ¡Ya verás cómo logro impresionar a las chicas con mi valentía!―Suspiró y se aproximó hacia dónde Kiba y Shino, sus dos mejores amigos, entablaban una de sus extrañas discusiones.

―Po-podemos ir primero a la casa del terror. Luego a alguna atracción acuática…

―¡Y a la montaña rusa!

―¿Tú no querías ir a la noria, Hinata?―preguntó Shino. La joven bajó la cabeza y negó con la cabeza.

―N-no. Ya… ya no me apetece. ―Kiba y Shino se miraron y suspiraron, sabiendo perfectamente qué mosca le había picado a su amiga.

―¡Venga, no pienses en el idiota!

―¡Ki-Kiba-kun! ¡Naruto-kun no es…

―Ya, ya. Lo que tú digas… ¡Nada de cosas tristes hoy! ¡Nos queda solo este día para disfrutar del viaje, después volveremos a casa y todo será nuevamente aburrido y rutinario! ¡Ánimo, Hina!―La chica se dejó abrazar por Kiba y sonrió.

Su amigo tenía razón: tenía muchas cosas para disfrutar aquella tarde. Y no pensaba desperdiciarla pensando en su amor imposible. Ya tendría tiempo de sobra para lamentarse más tarde y llorar por no ser lo suficientemente valiente como para dar un paso hacia delante y confesarle a él lo que sentía.


―¡Qué genial! ¿No ha sido genial, Sakura-chan? ¡Te dije que la montaña rusa iba a ser lo mejor del día'ttebayo!―Sakura gruñó, peinándose con los dedos su enredada y corta melena rosada.

Al final, había capitulado y había cedido al deseo de Naruto de subirse en aquella atracción infernal. Había arrastrado por todo el parque de atracciones a los dos chicos en un vano intento por acercarse más a Sasuke, pero este ni se había inmutado con sus intentos de coqueteo. Había tenido que conformarse con los halagos repetitivos de Naruto.

Suspiró. No es que Naruto no le gustara… como amigo. Era un buen chico y muy atractivo, debía añadir. El cabello rubio desordenado, los ojos azules, la piel bronceada, su altura y su perpetua y alegre sonrisa que lo hacía parecer un modelo de revista traía loquitas a la mitad del instituto. La otra mitad, por supuesto, se moría por Sasuke, ella incluida. Alto, moreno, ojos negros y aire serio y taciturno, era el paradigma perfecto del chico malo e inteligente que tanto gustaba a las chicas.

―Sí, ha estado bien―sonrió falsamente. No estaba de ánimo para aguantar las tonterías de Naruto.

Estúpidamente, había creído que en aquel viaje escolar podría acercarse más a Sasuke. Sin embargo, este no había dado muestras de querer corresponderle.

Naruto notó el bajo ánimo de la chica y miró de mala manera para Sasuke, que se limitó a mirarlo con una ceja arqueada.

―¿Qué?

―No seas así, teme―le susurró Naruto agarrándolo de un brazo para pegar su cabeza a la suya―. A Sakura-chan le hacía mucha ilusión este viaje. ¿No podrías ser más… considerado?―El moreno alzó la otra ceja.

―¿Cómo tú con la Hyūga?―Naruto enrojeció y desvió la mirada al suelo culpablemente.

―E-eso es distinto. Yo no le he dado falsas esperanzas a Hinata…

―Ni yo a Sakura. Todo lo que se imagina está solo en su cabeza. ―Naruto volvió a enrojecer.

―Vamos, teme. Sakura-chan, te quiere desde hace mucho y….

―¿De verdad quieres ir por ahí? ¿Cuánto crees que hace que Hyūga está enamorada de ti?―El sonrojo de Naruto se intensificó.

―No es lo mismo… E-ella no me lo dijo… directamente―masculló. Sasuke dio un trago a la lata de refresco que tenía en la mano y la vació, lanzándola acto seguido hacia una papelera que había a un lado.

―No. Creyó que estabas dormido como un tronco y seguramente pensó que esa sería la única oportunidad que tendría de hablar contigo directamente. Y tú, como un cobarde, fingiste y la dejaste irse sin siquiera hacerle saber que lo escuchaste todo.

―¡No es tan simple, Sasuke! Hinata es una de mis mejores amigas. No quiero… no quiero hacerle daño. No cuando yo… yo no la quiero de… de la misma manera. ―Sasuke clavó sus ojos negros como el ónix en el rubio.

―¿Estás seguro de eso?―Naruto frunció el ceño y lo miró.

―¿Qué quieres decir con eso? ¡Sabes que desde siempre yo he querido a Sakura-chan! Para mí ella es la única.

―¿Y por un amor infantil vas a estar toda tu vida soltero?―Naruto enrojeció por enésima vez en lo que iba de conversación.

―Yo… ―Sasuke vio que Sakura se había vuelto hacia ellos y los observaba, con las manos en las caderas y el ceño fruncido. Suspiró y, volviéndose una vez más hacia su mejor amigo―su hermano―le dijo una última cosa antes de dar por zanjada aquella conversación―. Puedes engañarte todo lo que quieras, Naruto, pero yo sé la verdad: tienes miedo. No quieres soltar a Sakura porque temes que Hinata no te corresponda como tú quieres. Sé que llevas meses enamorado de ella, pero eres lo bastante idiota como para hacerle daño y hacértelo a ti mismo solo por cabezonería. Solo te diré esto: Hinata lleva más tiempo enamorada de ti que tú de ella. ¿De verdad piensas que va a dejar de quererte de la noche a la mañana solo porque le digas que la amas?―Naruto abrió la boca y luego la volvió a cerrar. Sacudió la cabeza y suspiró.

―¿Desde cuándo eres un gurú en el amor?―Sasuke sonrió levemente.

―Desde que detesto ver a mi mejor amigo sufrir por una chica que no lo merece ni le corresponde como debería.

―¡Eh, no digas eso! ¡Sakura-chan es una gran chica! ¡Es guapa, inteligente, decidida…

―No digo que no lo sea o que no tenga cualidades. Es solo que… le falta algo. ―Naruto ladeó la cabeza, mirándolo con curiosidad.

―¿El qué?―Sasuke clavó sus ojos oscuros en la figura femenina que ahora avanzaba hacia ellos, con los dientes apretados y un rictus de molestia torciendo su boca.

―Madurez―sentenció el Uchiha, dándose la vuelta y echando a andar hacia la pelirrosa.

Naruto se rascó la cabeza y suspiró.

Tal vez Sasuke tuviese razón… en casi todo.

Solo falló en una cosa: él ya había admitido hacía tiempo que amaba a Hinata. Pero… ¿cómo iba la joven Hyūga a aceptarlo después de todas las meteduras de pata que había tenido con ella cuando no tenía ni idea de que le gustaba? Fue a raíz de su confesión―aunque él estaba dormido, como había dicho Sasuke―que había empezado a fijarse en la joven. Entonces, todo había empezado a tener sentido: sus sonrojos, su nerviosismo y sus tartamudeos frente a él, su afán por animarlo, ayudarlo y apoyarlo siempre, hasta en sus más locas ideas.

Así, había descubierto que Hinata le gustaba, mucho. Se sentía mucho mejor con ella que con Sakura. Hinata no le gritaba, no le pegaba coscorrones ni desdeñaba cada una de las palabras que salían de su boca. Hinata era dulce, amable, bondadosa, generosa…

Y él había caído preso de todo eso, especialmente del brillo de sus preciosos ojos perlas y de su hermosa sonrisa.

Suspiró.

Tal vez, debería hacerle caso a Sasuke y dar un paso adelante, dejar el pasado atrás y coger el toro por los cuernos. ¿No decía siempre que había ir hacia el futuro y no mirar al pasado? ¿Que nada se ganaba con eso?

¡Pues empezaría por poner en práctica esa filosofía!

El cambio comenzaba en uno mismo.


―¡Eh, Hinata, corre! ¡Solo nos queda la noria!―La chica sonrió y se apresuró a seguirle el paso a Kiba y a Shino, que ya la aguardaban al final de la cola para la atracción.

―¡Mira, Sakura-chan, ya casi no hay gente! ¡Aprovechemos ahora! ¡Es lo que querías!―Aquella voz masculina la hizo congelarse en su sitio.

No tuvo el valor de volverse y de enfrentarse a Naruto adulando a Sakura. Se dijo con amargura que ya debería estar acostumbrada. Él nunca se fijaría en ella. No era llamativa ni decidida. Era tímida y a menudo se conformaba con seguirle la corriente a los demás porque detestaba los enfrentamientos.

Respiró hondo y se puso rígida, negándose a dar muestras de haberse percatado de la presencia del trío de amigos tras ella. Kiba y Shino no dijeron nada tampoco. Respetaban la postura de su amiga, aunque no estuvieran de acuerdo con ella.

―¡Oh, Kiba, Hinata! ¡También estáis aquí! ¡Hola!―El castaño se giró y saludó con la mano.

―Hola.

―Hola, Naruto.

―¡Joder, Shino, qué susto!

―Así que no me habías visto.

―Eh…

―¡Hola, Hinata! ¡Gracias a Dios que encuentro a otra chica! ¿Cómo va el día?―Hinata se esforzó por esbozar una sonrisa.

―Bien… ¿y el vuestro?

―No muy mal―dijo Sakura, encogiéndose de hombros.

La cola avanzó en ese momento y ellos siguieron el movimiento. Sakura miró la gente que tenían delante e hizo cálculos de cuando les llegaría el turno a ellos. Al parecer, solo podían subir de dos en dos, y eso… eso le dio una idea. Miró maliciosamente para Hinata y la tomó del brazo, para llamar su atención.

―Oye, ¿qué te parece si hago que te subas con Naruto?―Hinata abrió los ojos como platos.

―¿Q-qué?

―¡Sí! ¡Es perfecto! Estaréis los dos solos… ¡Será tu oportunidad, Hinata!―La joven de ojos perlados suspiró. Estaba segura de que Sakura tan solo quería librarse de Naruto para poder montarse ella con Sasuke.

―Sakura-chan, no es necesario. E-estoy segura de que Naruto-kun querrá… querrá subirse contigo―le dijo, con voz suave. Sakura bufó.

―Es un pesado… no acepta un no por respuesta ni se da por aludido por más indirectas que le lance…

«¿Y por qué no le dices claramente que no estás interesada en vez de alentarle?» pensó Hinata para sí.

Meneó la cabeza y avanzó otro poco cuando la cola volvió a avanzar. Kiba y Shino iban delante de las chicas. Habían escuchado toda la conversación y compartieron una mirada cómplice.

Ellos harían que su amiga y Naruto subieran juntos, pero no porque la Haruno quisiera, sino porque Hinata se merecía al menos unos minutos de felicidad en compañía del chico al que amaba.

―¡Eh, Naruto, vente un momento!

―¿Qué? ¿Qué pasa, Kiba? ¿Qué quieres?

―Mira, es que he visto a una chica guapa…

―¡Siguiente!―El encargado de la atracción levantó la barrera y, con una sonrisa maliciosa, Kiba empujó a Naruto hacia las escalerillas que subían a la cabina.

―¡Eh, oye, ¿qué haces?!―Un gritito femenino y un cuerpo estrellándose contra el suyo lo hizo tambalearse. Instintivamente, sus manos se cerraron en torno a una cintura pequeña y un peso ligero se amoldó a su cuerpo.

Bajó la mirada para encontrarse con una ruborizada Hinata. Abrió la boca y la volvió a cerrar, enrojeciendo como un tomate. Miró furioso para sus amigos, que sonreían maliciosos y agitaban las manos a modo de despedida.

―¿Vais a subir o no?―Viendo que estaban siendo objeto de atención de toda la gente allí presente, Naruto respiró hondo, cogió la mano de su compañera de curso y tiró de ella hasta meterse los dos en la cabina de la noria.

―¡Naruto-kun!―exclamó Hinata cuando ya estaban dentro, sentados en los bancos del cubículo de aluminio y cristal.

La noria empezó a moverse y solo entonces Naruto la miró, rascándose la nuca con pena.

―Lo siento, Hinata. Pero todo el mundo nos miraba y… bueno…

―E-entiendo… ―Apretó los pliegues de su falda y tomó valor para mirarlo a la cara―. Si-siento que Kiba-kun haya… E-es decir… S-sé que querías subir con Sakura-chan… ―Naruto se giró a mirarla, encontrándose con su perfil y una mirada distante en su rostro.

Una punzada de remordimiento le atravesó el corazón y, sin pensarlo siquiera, se echó hacia delante y le cogió las manos entre las suyas. Hinata respingó y se sonrojó, observando para sus manos unidas.

―¡N-no pienses eso! Qui-quiero decir… ¡me gusta estar contigo! ¡Me divierto mucho contigo!―Hinata hizo una mueca.

―N-no hace falta que finjas-

―¡No finjo!―exclamó él casi gritando, frustrado de que ella no le creyera.

Hinata suspiró y decidió callar. No iba a sacar nada de aquella conversación. Naruto, por su parte, resopló, molesto. Las manos pálidas y pequeñas de Hinata todavía seguían entre las suyas. Ese simple gesto hizo que tomase una decisión.

Se inclinó hacia delante, hasta que sus labios casi rozaban los femeninos. Hinata enrojeció y trató de alejarse, pegándose a la pared de la cabina en la que estaban encerrados.

―¿Na-Naruto-kun? ¿Qué…

―Lo he dicho en serio, Hinata: me divierto mucho contigo'dattebayo. ―Ella se ruborizó una vez más; empezó a temblar al ver que aquellos orbes azules como el cielo no se separaban de los suyos. La miraban, la estudiaban, fijamente―. Hinata… tú… ―Calló.

―¿Sí?―lo exhortó a continuar tras una pausa larga.

Naruto abrió la boca para hablar pero justo en ese instante la noria se detuvo con una sacudida. El brusco movimiento hizo que el cuerpo de Naruto cayese hacia delante, su cabeza yendo a dar contra el hombro femenino. Hinata se quedó rígida, sobre todo cuando Naruto se apretó contra ella y le rodeó la fina cintura con los brazos. Inspiró hondo, embriagándose con su aroma natural, un olor fresco y floral que lo emborrachó casi de deseo.

―Hinata… ―pronunció su nombre con voz ronca. Levantó la cabeza y la miró a los ojos. Ella estaba mordiéndose el labio inferior, con los puños apretados sobre la falda con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos, intentando así controlar el tembleque de su cuerpo. Sonrió con ternura y levantó una mano para acariciarle una mejilla teñida de un encantador tono rojizo―. Lo que he dicho… es cierto: me gusta estar contigo. Me divierto mucho contigo. ―Y, sin poder esperar más, la besó.

Fue un beso lento, torpe… pero muy, muy dulce. Ninguno de los dos había besado antes, por lo que aquel primer beso les supo a gloria bendita.

Cuando se separaron ambos estaban rojos a más no poder, todavía abrazados y mirándose. El primero en romper el denso silencio fue Naruto, que soltó una risita.

―Bu-bueno… n-no ha estado mal, ¿verdad? Para ser el primero, digo… ―Hinata pestañeó, aún confusa.

―¿Q-qué?―Naruto suspiró y le tomó el rostro entre las manos.

―Me gustas, Hinata… No, no voy a seguir mintiéndome―murmuró―. Te quiero. Aquella… aquella vez, no estaba dormido. ―Bajó la cabeza, avergonzado―. Perdóname. Fui un cobarde'ttebayo.

―T-tú… ¿e-estabas… ―Hinata gimió y escondió el rostro entre sus manos. Naruto se sintió angustiado al verla tan agitada.

―¡No, Hinata, no fue culpa tuya! ¡Fue mía por no saber enfrentar la situación! ¡De verdad! ¡Tú no tienes la culpa! ¡Fui un idiota, un patán insensible… ―Hinata negó y él calló. Respiró hondo y decidió cambiar de táctica.

La abrazó contra él y tiró de ella hasta ponerla sobre su regazo, acomodándole sobre sus piernas. Le acarició la espalda arriba y abajo, mientras se recriminaba por haber sido un imbécil. Sasuke tenía razón: la había cagado enormemente al haberse negado sus sentimientos por tanto tiempo. Podría decir que eran jóvenes y que tenían mucho tiempo aún por delante, pero… realmente nunca se sabía. La vida era imprevisible.

Él ya lo había vivido en sus propias carnes durante su infancia. No iba a desperdiciar ni un minuto de su futuro.

Nunca más.

Así que volvió a besarla, gentilmente y con más habilidad esta vez, disfrutando de la suavidad de sus labios y del sabor de su boca.

―Hinata… ¿te gustaría… es decir, no tienes por qué aceptar si no quieres, pero… querrías… querrías ir a alguna parte conmigo cuando… cuando salgamos de aquí? A tomar ramen o, no sé… ―Hinata se aferró a su camisa y escondió la cara en su pecho, ruborizada, con su corazón latiendo desbocado.

―Ra-ramen está bien… ―Naruto sonrió ampliamente y la besó, riendo.

―¡Bien! ¡Ramen será! ¡Fui ayer a un sitio genial! No es Ichiraku, claro, ¡pero te gustará! ¡Ya lo verás'dattebayo!―Hinata rio y dejó que volviera a besarla.

Cuando la noria empezó a moverse de nuevo y se detuvo a ras de suelo, les faltó tiempo para abrir la portezuela y salir casi de un salto, cogidos de la mano, Naruto tirando de Hinata, ambos sonriéndose, felices.

―¡Naruto! ¡¿Se puede saber adónde… ―Sasuke cogió el brazo de Sakura y esta se interrumpió.

―Déjalos―le dijo el Uchiha, observando con satisfacción la estampa de la reciente pareja―. Se lo merecen, ¿no crees?―Sakura enrojeció y bajó la mirada al suelo.

Sí, seguramente Sasuke tenía razón: Naruto y Hinata se merecían ser felices.

Pero eso no quitaba que a ella le carcomiesen los celos.

Celos de que Hinata pudiese ser feliz con el chico al que amaba mientras que a ella la rechazaban con cajas destempladas una y otra y otra vez.

Tal vez… debería dejar de insistir.

Y esperar a que la paciencia y la comprensión diesen sus frutos.

Si le había funcionado a Hinata, ¿por qué a ella no? Sonrió.

Lo intentaría. No perdía nada con intentarlo. Sasuke era para ella lo mismo que Naruto para Hinata.

Y por el amor verdadero valía la pena luchar.

Fin Me divierto mucho contigo


Bueno, pues uno más. No acabo de quedar muy convencida con el resultado, pero bueh, tampoco es el peor, creo...

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Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Lila y a Marys! ¡Gracias a las dos, por vuestros bonitos comentarios que me alegran el día! ¡Gracias mil! ¡De verdad, gracias!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.