Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.

¡A leer!


Tinta negra

- ¿Qué haces aquí? – dije al llegar a mi destino. El ambiente estaba oscuro y polvoriento, la única fuente de luz eran unos tenues rayos de luz lunar que lograban colarse por entre los viejos trozos de madera que cubrían unos enormes ventanales. A pesar de no estar completamente iluminado, podía ver a la perfección.

- ¿No te lo dijo? – escuché el eco de una voz que no sabía de dónde venía, pero sabía quién era. El espacio era una sola habitación con piso de madera vencida, cortinas desgastadas y mordisqueadas por las polillas y el tiempo. Yo caminaba en círculos, buscando una salida mientras el rechinar de la madera me seguía a cada paso que daba.

- ¿Decirme qué? – un extraño sentimiento nació de mi interior. Presentía lo que me iba a decir, pero necesitaba confirmarlo, sin embargo, ya me estaba destrozando por dentro. El aire comenzó a faltar y la desesperación a aumentar.

- No puedo creer que no te lo haya dicho – dijo la voz con ese tono burlón que no soportaba.

- Dímelo – dije con voz temblorosa, estaba exigiendo algo que realmente no quería pero que necesitaba.

- Mejor que te lo diga ella – dijo riendo y mi corazón se detuvo, como si se hubiera congelado.

Giré y miré que Granger me daba la espalda, estaba viendo por uno de los ventanales que estaba tapado. Tenía sus brazos cruzados, como si tuviera frío, su apariencia era sombría y alejada a la realidad, pero, era ella…

- Granger – dije en un susurro y ella no me escuchó. – Granger…- y nada. - ¡GRANGER! – se giró exaltada y al verme sonrió. Sentí como un confortable calor descongelaba mi pecho y comencé a acercarme a ella. Ella, sin dejar de sonreír y eliminando por completo la apariencia sombría que tenía anteriormente, comenzó a acercarse a gran velocidad en mi dirección.

Abrí mis brazos al ver que ella los abría, sonreí al ver que ella reía, corrí al ver que ella corría… sólo centímetros nos separaban, la distancia me había parecido más larga de lo que realmente era y yo no podía soportarlo más, pero la unión nunca llegó.

Granger se pasó de largo, como si no me hubiera visto. Me giré confundido para encarar algo que no estaba listo de encarar. Granger abrazaba con gran entusiasmo a Blaise, él la alzaba del suelo y la hacía girar en un emotivo abrazo y ambos no paraban de reír.

El calor que había llegado para combatir el frío de mi pecho estaba perdiendo la batalla y, dolía…

Detuvieron el abrazo para observarme sin desaparecer las macabras sonrisas que iluminaban sus rostros. Granger le daba la espalda a Blaise y éste la rodeaba con sus brazos, lentamente y sin dejar de mirarme, apartó el cabello castaño del oído de Granger y susurró…

- Díselo cariño – y sentí como si una daga hubiera sido enterrada en mi abdomen. Granger rio al sentir la cercanía de Blaise y negó con la cabeza. De un momento a otro yo estaba viendo la escena de rodillas en el piso, el cual dejó la madera desgastada atrás y comenzó a convertirse en lodo, un lodo oscuro y espeso que cada vez se hacía más viscoso.

- ¡Dímelo! – grité con lágrimas en mis ojos y con la desesperación desgarrando mi garganta. Blaise y Granger dejaron de reír y me observaron escandalizados. El lodo comenzaba a hundirme, subía por mis muslos amenazando mis caderas, pero yo no hacía nada por intentar escapar. Sólo yo me hundía, Blaise y Granger me veían a salvo desde el piso de madera, sin deshacer el abrazo, sin hacer ni un simple movimiento.

Blaise comenzó a tararear y a balancearse junto con Granger y la sonrisa maquiavélica de Blaise volvió a hacer aparición.

El lodo subía cada vez más y Granger comenzó a llorar, pero sin apartarse de Blaise, sólo seguía balanceándose al ritmo de la canción que Blaise tarareaba. Sus sollozos comenzaron a taladrar mis oídos y fue ahí cuando comencé a luchar contra el lodo que ya estaba llegando a mi pecho.

- ¡Perdiste Draco! – gritó Granger en llanto y Blaise cubrió su boca con su mano para comenzar a reírse como un desquiciado. El lodo ya estaba en mis hombros y comencé a gritar

- ¡PERDISTE DRACO! – repitió Blaise entre risas sin soltar a Granger mientras ella seguía sollozando.

- ¡NOOOOOOOOOOO! –

¡PUM!

Un golpe me había regresado a la realidad. Estaba tendido en el suelo de mi habitación con las sábanas enredadas en mis piernas y sudor cubriendo todo mi cuerpo. Sentí una sustancia líquida en mis manos y pegué un gran brinco hacia mi cama al notar que la sustancia que tenía en mis manos era color negro, justo como en la pesadilla de la cual acababa de escapar.

Mi corazón latía a una velocidad exagerada y mi respiración no lograba llenar mis pulmones de aire. El suelo estaba repleto de la sustancia y al ver mi cuerpo noté que estaba cubierto.

Comencé a quitar mi ropa con desesperación, las sábanas de la cama, las almohadas, todo lo que estuviera manchado ¡¿me estoy volviendo loco?!

Di un paso hacia atrás y golpeé algo con mi talón, algo que rodó hasta el otro extremo de la habitación y dejando caer todo al suelo, me estiré hacia mi mesa de noche y tomé mi varita…

- ¡Lumos! – la pequeña luz que salía de mi varita temblaba, quería ver lo que era, pero no me atrevía a voltear. Respiré profundo y me giré, apuntando la varita hacia la esquina de la habitación. Justo debajo del sillón individual que estaba colocado en esa esquina, algo reflejaba el brillo que mi varita emanaba.

Con un poco más de tranquilidad, me acerqué y me puse en cuclillas para tomar el artículo destellante… era un tintero completamente vacío… era el tintero que tenía en mi mesita de noche. Me dejé caer en el suelo y solté un gran suspiro. Volteé a ver mi habitación, todo era un desastre… yo era un desastre…

Desperté con los rayos del sol en mi cara, seguía sentado en el suelo de mi habitación en ropa interior y con manchas oscuras por todo mi cuerpo. Me levanté de prisa directo a la ducha.

Por más que limpiaba las zonas marcadas, las manchas no salían, cosa que por un momento me hizo pensar en faltar a clases, ¡no podía dejar que me vieran así!

Idea que se esfumaba tan pronto como se me había ocurrido con sólo recordar el "Díselo cariño" que resonaba en mi cabeza cada que recordaba el extraño sueño. Sé que es absurdo el tomarme en serio un sueño, pero ¿y si se volvía realidad?

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y cerré la llave de la regadera, quedándome por un rato con mis manos recargadas en la pared y mi cabeza caída, las gotas de agua caían de mi cuerpo y observaba cómo algunas de estas llevaban un poco de la tinta negra consigo.

Me dispuse a prepararme para salir, una vez vestido, las manchas del cuerpo eran cubiertas, a excepción de las que estaban en las palmas de mis manos. Fue un gran alivio no haber manchado mi cara o cabello.

Salí de la sala común camino al gran comedor en busca de mi encuentro con Blaise Zabini. Ni loco pensaba en dejarlo sin vigilancia lo que resta de la semana e incluso lo que resta de escuela.

Y ahí estaba el hijo de perra, sentado y gozando de sus alimentos, como si fuera un maldito ángel. Caminé directo hacia él sin voltear a ninguna otra parte, había decidido no ver a Granger en todo el día, algo que ya he hecho con anterioridad.

La diferencia es que esta vez podría darme un poco de desventaja si quería convencerla de escaparse conmigo el domingo, sin embargo, por el momento prefería que las cosas se enfriaran un poco para que la mosquita fastidiosa de Blaise dejara un poco de lado el asunto.

Debo aceptarlo, él no lo olvidaría tan fácil, menos si ve que hay grandes posibilidades de perder en algo contra mí, cosa que siempre pasa, por cierto...

- ¿Qué pasa con tus manos? – preguntó Goyle con la boca llena. No pude evitar ver mis manos cuando las señaló y la tinta impregnada en mis manos me recordó la extraña noche.

- Tuve un accidente con un tintero – respondí sin importancia, no quería que se siguiera indagando en el tema. Miré a Blaise y éste parecía de lo más normal, cómo si no hubiera perturbado mis malditos sueños. Por el momento, no me separaría de él y estaba totalmente seguro de que él no se separaría de mí. Notó que lo observaba y alzó una ceja, no estaba dispuesto a dejar que me intimidara como en mi sueño, no señor… fijé la mirada y alcé ambas cejas hasta que él bufó, rodó los ojos y dirigió su mirada de nuevo al plato. Odiaba su nueva actitud.

Salimos del gran comedor directo a clases y, justo como creí, Blaise me siguió a pesar de que últimamente se desaparecía después del desayuno.

Esto sería un delirio de persecución constante, vigilar nuestras espaldas se convertiría en un nuevo estilo de vida, la traición entre nosotros era inevitable y, aún así, trataba de retrasarla el mayor tiempo posible.

¡Vaya amistad! Pero si algo me han enseñado mi padre, es mantener a tus enemigos cerca y, de un día a otro, Blaise se había convertido en mi enemigo.

Las clases me habían parecido más largas de lo normal y más por el hecho de que una hora se convierte en seis si mi propósito es no mirar a Granger ni por una milésima de segundo. Sabía que ella usaba cualquier excusa para voltear a verme, fue muy conveniente para ella que Potter estuviera justo en la misma dirección en la que yo estaba, claro, sólo que ha unos tres mesabancos de distancia.

Constantemente sentía que le sonreía a Potter y mi estómago hacía cosas extrañas por el simple hecho de pensar que esas sonrisas eran realmente para mí… y sí… las sonrisas pueden sentirse cuando la persona tiene una sonrisa brillante… ¿ok?

Dejando eso claro para mí mismo, en lo único que podía pensar era en mi gran deseo de que Blaise no captara esas sonrisas, MIS sonrisas, ni de Potter ni de nadie… ¡MÍAS!

- Sr. Malfoy – se acercó la profesora McGonagall un poco extrañada y tocó mi hombro. No pude evitar exaltarme, miré mis manos y estas apretaban con fuerza la pluma y un trozo de pergamino que tenía en mi mesabanco. Sacudí un poco mi hombro para zafarme del agarre de McGonagall e intenté arreglar un poco las arrugas del pergamino para después fingir que seguía tomando notas, ella miró por un segundo mis manos manchadas seguido de mi rostro y siguió caminando con su cara de ofendida, la cual hacía cada vez que me veía.

Blaise bufó a un lado de mí y volví a apretar los puños. Esto no podía seguir así, estar en la misma habitación que Blaise y Granger… e incluso Potter que interfería con mi "vista", estaba comenzando a causar estragos en mi cabeza y no sólo en mis sueños.

La idea de reportarme enfermo se estaba volviendo cada vez más tentativa, pero era refutada en cuanto la idea de que Blaise estaría "solo" con Granger me forzaba a pensar que las clases restantes cada vez serían más agonizantes.

¿Qué hacía antes para no pensar tanto?

¡Maldito Blaise!

¡Maldita Granger!

Mis manos comenzaron a sudar, ni siquiera sabía que las manos sudaban…

Pude ver como el bulto que trataba de ignorar se acercaba a Potter y me atreví a mirar, nuestras miradas conectaron de inmediato y a pesar de que por un momento se sintió bien, tuve que obligarme a despegar la vista para cerciorarme de que Blaise no lo hubiera notado, y no lo hizo, el bastardo estaba bastante concentrado en sus deberes.

Regresé la mirada, pero Granger ya se había girado hacia enfrente y sentí un vacío… ¡Maldito Blaise!

¡Maldita Granger! Jamás había sentido tanto y lo odiaba, pero, por otro lado, tenía curiosidad… ¿qué sigue después? No pude evitar pensar en mi primer vuelo en escoba. Odiaba el hecho de que la escoba no me obedeciera a la primera, odiaba el sentimiento de miedo al lograr elevarme, odiaba el no poder controlar mi vuelo, odiaba el caer… pero una vez que todo estaba bajo mi control… una vez que el viento golpeaba mi cara y me alejaba cada vez más de esa horrible mansión… todo valía la pena… hasta que descubrí que Potter logró todo a la primera y lo odié... pero eso es otra historia… ¡Maldito Potter!

No pude evitar clavar mis ojos en su estúpida nuca cubierta de desordenado cabello hasta que el cabello castaño de Granger me distrajo… ella prestaba atención al frente con los brazos cruzados y no pude evitar pensar en el sueño. Estaba apreciando el mismo panorama, un enorme ventanal y ella de brazos cruzados dando la espalda, la diferencia era que nada parecía sombrío, todo era luz y ella parecía la Granger con la que llevaba casi un mes tratando y claro, la habitación estaba repleta de gente. Todo era real…

Como si hubiera sentido mi mirada, giró un poco para poder verme de reojo y una pequeña sonrisita se formó en la comisura de sus labios y yo comencé a sentir cómo mis manos volvían a sudar, tal vez al final todo valga la pena…

Ella giró de nuevo al frente y yo ya no pude apartar la mirada hasta que el dueño de mis pesadillas se recargó en el asiento a un lado de mí y me recordó por qué debía actuar de manera discreta, cosa en la cual ya había fracasado.

- Eso es todo – dijo McGonagall y todos comenzaron a movilizarse. Una clase menos…

Después de tanto martirio, las clases terminaron, ya no soportaba a Blaise y estaba muy seguro de que él ya no me soportaba a mí. Comíamos en silencio en el gran comedor, no había nada que decir ni algo que me interesara saber de él. Sólo nos enfocábamos en nuestros platillos hasta que él se levantó repentinamente.

- ¿A dónde vas? – dije como si tuviera que pedirme alguna clase de permiso y él frunció el ceño.

- Por ahí…- dijo sin más, bufó y caminó hacia la salida del gran comedor.

Mi vista rápidamente pasó a la mesa de Gryffindor y casi de inmediato encontraron lo que estaban buscando. Granger comía animadamente con la pequeña de los Weasley´s y yo sentí alivio. Blaise podía hacer lo que quisiera siempre y cuando Granger estuviera a la vista… ¿no?

Pensando en eso, cambié totalmente mis planes de seguir a Blaise y decidí que el día de hoy lo pasaría con Granger, sólo que, a una distancia prudente, claro. Nadie notaría que la estaba "vigilando", ni siquiera ella, soy el rey de la discreción, su guardaespaldas secreto…

Granger y su pandilla se levantaron y salieron del gran comedor, esperé unos segundos y me levanté de mi asiento con el objetivo de seguirlos hasta que llegué a la puerta y noté que ya los había perdido…

Caminé por bastante tiempo sin rumbo fijo, en algún momento aparecerán, siempre lo hacen. Algo que me parece extraño hasta el momento, cómo es que cuando no los estoy buscando los veo por todas partes y ahora que sí necesito conocer su paradero pareciera que se los tragó la tierra…

Me paré en seco y me pegué a la pared del pasillo, me pareció escuchar la voz de Granger por el pasillo al que estaba a punto de pasar, justo el cual llevaba a la entrada de la biblioteca.

- No entiendo por qué siempre quieren esperar al último día para hacer sus deberes – dijo Granger con un tono molesto.

- Nosotros no entendemos por qué siempre quieres hacer los deberes el mismo día que los pidieron si tenemos toda una semana para hacerlos… - dijo Weasley quejándose.

Las voces se perdieron y supuse que Granger los había hecho entrar a la biblioteca, al parecer a la fuerza… Esperé unos segundos y caminé directo a la biblioteca. Al entrar, tomé el primer libro que estaba en una de las mesas.

- ¡Oye! Ese es mío… - dijo un Ravenclaw al cual, al parecer, no le gustaba compartir sus juguetes.

- ¡Shhh! – contesté a su reclamo y algunos otros alumnos se unieron a mi solicitud de silencio. Me pareció muy gracioso verlo cerrar la boca y refunfuñar en silencio.

Seguí mi camino por los pasillos de la biblioteca mientras fingía leer el libro que tomé prestado. Escuché en el pasillo de a un lado que el "trío dorado" seguía discutiendo sobre los deberes y yo seguí las voces. En algunos espacios vacíos de los libreros lograba ver cómo Granger buscaba algunos libros mientras Potter y el llorón de Weasley la seguían no muy felices.

Después de un buen rato de deambular por la biblioteca, Granger decidió que era momento de tomar una mesa. Pidió a Potter y Weasley que depositaran en la mesa unos diez libros que estaban cargando para ella y se dispuso a hojearlos todos y a escribir en un trozo de pergamino.

Sin apartar el libro de mi rostro, el cual no tenía ni idea sobre qué trataba, tomé asiento en una mesa individual que estaba a un lado de un ventanal a unos metros de la mesa de Granger.

Potter y Weasley hacían lo mismo que Granger pero sin tanto entusiasmo y con una velocidad que ni siquiera podía ser considerada como "velocidad".

Después de un buen rato con el libro a la altura de mi cara y con mi vista perdida en el paisaje del ventanal, vi que Potter se levantó de la mesa, tomó sus utensilios y salió de la biblioteca dejando a un Weasley evidentemente aburrido y a una Granger echando chispas con la pluma mientras escribía en su sexto trozo de pergamino.

Weasley comenzó a hablar con Granger distrayéndola de sus deberes, cosa que desapruebo totalmente. A la distancia en la que me encontraba me era imposible escuchar de qué trataba la conversación en la cual ambos no dejaban de sonreír. Debo admitirlo, sentía cómo hervía mi sangre.

Weasley se puso de pie, palpó a Granger en la cabeza y salió de la biblioteca dejándola sola. Ella lo vio alejarse y una vez que Weasley ya no estaba a la vista, regresó la mirada a su escritura.

Unos minutos después un Ravenclaw furioso salió de entre los pasillos de los libreros por donde había salido Weasley y caminó directamente hacia mí.

- Ni siquiera lo estás leyendo – susurró mientras apuntaba acusadoramente hacia el libro que tenía en mis manos. Sólo hasta ese entonces me di cuenta de que el libro estuvo al revés todo este tiempo.

El tipo me arrebató el libro de entre las manos y se fue por el mismo lugar del que había entrado, pasando justo a un lado de la mesa en la cual se encontraba Granger. Ella fingía que no había notado nada, pero era bastante evidente que estaba haciendo un esfuerzo descomunal por no reírse de mi situación.

- ¿Eres una clase de espía o algo así? – dijo sin despegar la vista del pergamino.

- No sé de qué estás hablando – me levanté de mi asiento y caminé hacia ella. La zona de la biblioteca se había vaciado y las luces del interior se habían encendido a falta de luz exterior.

- Debo agradecer que esta vez no hiciste que Ron cayera encima de mí – dijo tomándome por sorpresa y justo en ese momento levantó su cara para apreciar mi reacción. – Creíste que nunca lo descubriría… - dijo riendo.

Tomé asiento, me crucé de brazos y me recargué en el respaldo. Ella no paraba de reír.

- No tienes pruebas – dije sin saber qué otra cosa decir.

- No lo negaste – me apuntó con su pluma haciendo cosquillas en mi nariz y comenzó a escribir de nuevo.

- No creí que el estúpido de Weasley fuera a caer encima de ti… - dije después de un silencio incómodo mientras observaba la venda en su brazo. – Por eso lo hice caer de nuevo… dos veces- dije con satisfacción.

Ella rodó los ojos, pero no levantó el rostro de sus libros y deberes. Tomé uno de los libros y comencé a abrirlo y cerrarlo, no sabía qué hacer y como si se tratara de los reflejos de un gato, Granger cerró el libro que tenía en mis manos de un manotazo y lo puso a una distancia considerable.

- ¿Qué pasó con tus manos? – dijo dándome toda su atención, por fin.

- Ah, no es nada – crucé los brazos sobre la mesa y oculté mis manos. Granger me evaluó por unos segundos con su mirada y al parecer comenzó a sospechar de mí.

- ¿Qué es lo que quieres Malfoy? – dijo con tono serio y regresó a la escritura.

Me quedé en silencio, se suponía que lo que quería lograr era una vigilancia discreta y que no fuera percibida y henos aquí…

- Es sobre el tema de la casa de los gritos ¿no es cierto? – dijo sin siquiera mirarme.

- Mmm… no exactamente pero ya que lo mencionas… - tomé la pluma de su mano y eso la hizo mirarme fijamente, no lo iba admitir en voz alta pero su mirada me asustó un poco y me arrepentí de haber hecho eso…

Ella sólo se limitó a llevar su mano al rostro y recargar su codo en la mesa, analizándome sin disimular y eso me agradaba.

- No entiendo por qué insistes tanto en eso – dijo con el ceño fruncido y yo comencé a temer que sospechara algo.

- Están comenzando a notarlo… - dije mientras pasaba la pluma por su antebrazo el cual seguía sosteniendo su rostro. El único propósito era aminorar un poco la tensión, lo cual parecía no estar funcionando ya que ella miraba extrañada el movimiento de pluma.

- ¿De qué hablas? – dijo quitándome la pluma y poniéndola sobre el libro que me había confiscado hace un momento.

- Últimamente… - sentí como mis manos sudaban por debajo de la mesa. – Blaise ha estado muy atento a mis movimientos… - dije sintiendo que me faltaba mucho más por decir. Ella abrió mucho los ojos, se recargó en el respaldo de su asiento y cruzó los brazos sobre su pecho.

- ¿Por qué lo dices? – su voz sonó un poco temblorosa.

Por un momento sentí que el ambiente se había vuelto extraño. Sentía que todos los objetos de la habitación me observaban. Eché rápidas miradas a los pasillos y a los rincones de la habitación y mi pecho comenzó a retumbar.

- Es por eso por lo que quiero verte en privado… ya no me siento seguro encontrándome contigo aquí en el castillo… - dije inseguro y un extraño sabor comenzó a invadir mis papilas gustativas. Era extraño… jamás había probado la tinta, pero podría jurar que eso era lo que sentía en mi lengua… asustado miré las palmas de mis manos, necesitaba cerciorarme que lo que sentía en ellas era sudor y no tinta… solté un suspiro al notar que se trataba de sudor…

Sentí como algo tocaba mi rodilla por debajo de la mesa y dirigí mi vista hacia la de Granger. Ella me veía con seriedad mientras con su mano palpaba hasta encontrar la mía. Tomé su mano y ella sonrió, pero sus ojos expresaban miedo.

- Entonces, ¿el domingo a las 10? – preguntó y yo asentí casi de inmediato.


En verdad espero que les haya gustado.

En este capítulo no fue necesario el utilizar las letras negritas pero me pareció que concordaba con el título del capítulo haha espero que no les haya molestado el formato.

Me encantaría saber qué es lo que opinan de la paranoia creciente de Draco, o si tienen alguna teoría, siento que escribo a ciegas porque nadie dice nadaxD
También me da mucha curiosidad saber si se siente el cambio en mi escritura de hace unos años hasta hoy, claro, la ortografía seguramente ha cambiado mucho, espero haha

¡Tengan todos un bonito fin de semana!

Nos leemos pronto;)

La ChancludaM