¡Hola de nuevo muy rápido!
Trataré de estar actualizando así de seguido si ustedes siguen siendo tan generosas dejándome reviews. Me encanta leerlas. Muchas, muchas gracias por todo el apoyo. De verdad son lo máximo.
Este es el capítulo más corto de los últimos, pero creo que será interesante (?) es de transición. Piensen que son necesarios para hacer avanzar la trama.
Además creo que adoptaré permanente la manera de responder a los anónimos en la parte de abajo, así todo mundo puede saber lo agradecida que estoy de su apoyo.
Disfruten:
Capítulo 21.
James restregó su mano contra el cabello por veinteava vez esa tarde. Tenía quizá horas frente a la portátil haciendo una investigación para el ensayo que debía entregar al día siguiente. Estaba furioso. Había malgastado horas de su preciado tiempo en realizar los trabajos que le garantizarían su permanencia en Miller.
Las dos semanas que se había ausentado se habían acumulado de una manera impresionante. Era probable que fuera porque el cuatrimestre estaba por cerrar, pero no podía creer la cantidad de tareas que debía realizar. Su padre estaba loco si creía que terminaría todo eso para el próximo lunes. Sí, quizá él se había hecho el desentendido y debió revisar lo que tenía antes de planear una cita con Lily, pero no se arrepentía en lo absoluto.
Había ido al cine quizá después de un año y además habían pasado una noche espectacular. Hablaron mucho ese día, haciéndolo sentir satisfecho de que tal vez la curiosidad de Lily había sido zaceada. O eso pensó, aunque realmente ella había seguido haciendo preguntas sin parar desde que se habían levantado esa mañana.
Lanzó una mirada hacia el pequeño espacio destinado al arte, donde tenía el escritorio de arquitecto y un mueble lleno de utensilios. Lily estaba sentada en el suelo, con lienzos de papel a su alrededor y pequeños recipientes con pintura de diferentes colores. Se veía graciosa y tierna. Llevaba todavía la playera que le había prestado para dormir, un moño mal hecho en la cabeza y apoyaba el pincel en su barbilla manchándola cada vez sin darse cuenta. Había dicho que pintaría la manera en que lo veía, para que lo colocara junto a la pintura de su voz. En realidad, tenía curiosidad pero ella no le había permitido acercarse en un buen rato.
La taza de café que había preparado ya estaba fría, así que decidió usarlo como excusa para tomar un respiro y dirigirse a la cocina.
—¡No te acerques! —exclamó Lily apoyando las manos sobre el piso de manera que su cuerpo cubría las pinturas.
James río y abrió la alacena para sacar el recipiente de café instantáneo.
—No te preocupes, pelirroja, ya te dije que no voy a ver.
La chica pareció relajarse un poco, pero no se apartó de la posición. Sus ojos seguían cada uno de sus movimientos, como siempre.
—No puedo creer que uses anteojos —espetó con un suspiro. Su voz había estado verde azulado todo el día haciéndolo sentir muy satisfecho—. Te ves sexy.
No pudo evitar sonreír en su dirección y empujó los anteojos por su nariz para hacer énfasis en ellos. Lily no se había cansado de piropearlo desde que se los puso esa mañana antes de sentarse frente a la portátil. Tenía mala vista, sí, pero no demasiada. En realidad, el astigmatismo solo le molestaba cuando debía leer por un largo rato, así que los evitaba lo más que podía. Se sentía un nerdazo cuando los usaba y le hacía recordar el bullying que recibía cuando era niño por ser diferente.
Siempre fue un tanto solitario, pero su personalidad emergió con más fuerza después de que su padre enfermó. Él había sido buen estudiante hasta entonces pero "raro", después de eso, se perdió demasiado en los colores a su alrededor. Debía ausentarse de clases cuando su padre caía enfermo, y poco a poco su situación económica empeoró. Sus uniformes escolares ya no eran limpios y relucientes. Solían tener hilos deshilachados y manchas que nunca podía borrar. Cuando sus zapatos dejaron de quedarle, utilizaba los de su padre rellenándolos con papel. Sus anteojos ahora tenían cinta en el centro y sus compañeros lo empujaban durante sus descansos.
James recordaba todo. Tenía ocho años, su padre ya estaba en casa cuando fue llamado por uno de sus maestros haciendo su situación aún más difícil. Sería transferido a una clase especial. Les habían hecho una prueba a todos los estudiantes y resultaba en que James había sido ubicado con un coeficiente intelectual superior al promedio. Lloró y pataleó para no ser transferido, no quería ser más tiempo el raro, quería ser normal.
Las cosas no mejoraron después de eso. Su situación en casa empeoraba, sus ausencias en clase aumentaban y cada pocas semanas tenía un representante de servicios sociales en la puerta de su casa. Ellos querían apartarlo de su padre, decían que no era apto para su crianza debido a su enfermedad. No había sido hasta que un gran amigo de él, que había vivido en casa por un tiempo, lo había salvado al hacerse pasar por su tío. James podía recordarlo sobornando al trabajador social para que inventara la historia perfecta, lo que le permitió quedarse en casa hasta que su padre falleció.
El acoso escolar ni siquiera era el mayor de sus problemas. Podía soportarlo. Limpiaba un poco la sangre que continuamente caía por su nariz antes de llegar a casa, y así no preocupar a su padre. Preparaba un poco de comida para el enfermo, lavaba las sábanas, limpiaba los pisos y se acostaba junto al hombre más importante de su vida a leerle un cuento. Su padre cada vez estaba más débil, lo que le obligó a perder su trabajo y vivir de un subsidio del gobierno. El poco dinero que tenían lo usaban para alimentos y medicamentos, sin embargo, James no perdía las esperanzas de que se recuperara. Ahora solía enojarse con ese niño inocente que no alcanzaba a comprender la crueldad de la vida. Lloraba de rabia al recordarse juntando sus manos por las noches para emitir una plegaria por la salud de su padre. Cuán estúpido era.
Años tardó en golpear a aquellos compañeros que lo agredían. Podía recordar que había sido unos meses antes de abandonar esa escuela. Tenía diez años y estaba más alto a pesar de la escasa alimentación. Susie Adams era la niña más linda, de piel morena y grandes ojos verdes. Ella siempre jugaba a la pelota durante el recreo, y James permanecía en una banca utilizando crayones para recrear el sonido de sus compañeros. Ese día la pelota de Susie golpeó a James en el hombro, y aunque no había sido nada, ella se mostró muy preocupada por él. James todavía no sabía si fue accidental o una forma de llamar su atención, pero después de eso se sentó a su lado y comenzó a hacerle preguntas sobre sus dibujos.
James estaba tan entusiasmado por la interacción que empezó a hablar sin parar. Sus agresores se habían acercado diciendo algo como "no te juntes con el rarito, Susie" y tomaron la pelota lanzándola en su rostro ocasionando que sus anteojos se rompieran sin remedio alguno. Uno de ellos había roto los crayones que con esfuerzo su padre le había regalado por navidad. Entonces entendió que no podía seguir así. Debía ser respetado, y estaba harto de la manera en que lo trataban. Se puso de pie y pateó con fuerza el estómago del más grande. Él y James podrían ser de la misma estatura, aunque el último bastante más delgado. Esto ocasionó que el niño cayera en sus rodillas y empezara a llorar.
Esa fue la primera vez que James fue llevado a la dirección aunque no la última. La frustración y la rabia aumentaban cada vez que se hacía mayor. Él no buscaba peleas pero no se dejaba maltratar por nadie. Su carácter se endureció, ya no era el niño tierno que dibujaba en los recreos, sino ahora era el líder de su pequeña pandilla de malhechores. Cuando su padre murió su mundo se derrumbó, pero había aprendido a defenderse. Sus compañeros lo respetaban, querían estar cerca de él. No solo en esa escuela, sino en las tantas que pisó durante sus años con diferentes familias de acogida. Entendió que tenía valor, que su inteligencia podía ser usada para cosas más interesante que los estudios. Su ego también creció cuando notaba que las chicas solían interesarse en él más que en sus amigos. Aquello solo era una pequeña porción de todas las experiencias que lo habían hecho lo que era ahora, pero sabía que eso era el origen de todo.
—¿Podrías prestarme tu móvil? —preguntó Lily distrayéndolo de las ecuaciones matemáticas que realizaba en una libreta.
Lanzó una mirada al café que nuevamente se había enfriado. Bufó para sus adentros. Alcanzó el móvil y se lo dio a Lily que se había sentado a su lado en el sillón.
—Quiero llamar a Petunia para que no se preocupe. El mío se quedó sin batería durante la noche y tu cargador no tiene el mismo adaptador —le informó tomándolo entre sus dedos.
No sabía por qué le daba esa información, así que asintió con la cabeza sin prestarle atención. Regresó a las ecuaciones, la parte más sencilla de todo el trabajo que se había acumulado.
—Hola, Petunia, es Lily —escuchó la conversación a su lado—. Sí, todavía estoy con James. Lo sé, pero estoy bien no te preocupes. ¿Qué harás qué…? ¿Una reunión? ¿Y papá estará…? Sí. Yo tampoco quiero problemas. Supongo que no tendría por qué enterarse… No que va. Por mí no hay problema, si es lo que quieres para celebrar tu cumpleaños. De acuerdo. Llegaré temprano.
Cuando Lily terminó la llamada, James ya había dejado de escribir y la miraba por encima de sus gafas. La pelirroja sonrió cuando captó su interés, mordiendo su labio inferior.
—Petunia invitó amigos a casa por su cumpleaños —anunció.
—¿Hoy?
Lily asintió.
—Dijo que lo decidió esta mañana. Su cumpleaños es el miércoles. No creí que quisiera hacer algo: está castigada.
James casi sonrió. Normalmente era invitado a todas las reuniones del campus, su popularidad lo había llevado a eso y era muy útil cuando se dedicaba a enviar perros a cada lugar estratégico. Solía aparecerse cuando estaban bajos de personal, o cuando tenía alguna misión en especial. También se quedaba en ellas cuando le apetecía pasar el rato. Conocía mucha gente y no era problema encontrar un grupo donde fuera bien recibido.
No sabía la naturaleza de la reunión. Tal vez era algo muy pequeño con un número reducido de personas, o quizá sería una fiesta en grande. Aunque en el último año no recordaba haber asistido a casa de ellas una sola vez, lo que indicaba que no solían organizar eventos sociales. Debía indagar un poco más, quizá incluso buscar una excusa para asistir y comprobar si sería necesario llamar a un perro.
—¿Y qué tipo de reunión será? ¿Petunia suele salir?
Lily lo pensó un momento antes de responder:
—Lo hace. Recientemente no porque está castigada pero tiene muchos amigos. Me llevo bien con algunos de ellos, pero siguen siendo los amigos de Petunia.
James asintió pensativo, golpeando la pluma con ritmo sobre la libreta. La pelirroja miraba sus manos manchadas de pintura antes de comenzar a arrancar pedacitos duros con las uñas.
—¿Estaría cruzando la línea si te pido que me acompañes? —preguntó sorprendiéndolo—. Sé que tienes tus asuntos y sueles verlos durante la noche, pero no sé si te pediría esto una vez más.
Casi esbozó una sonrisa. Qué suerte, ni siquiera se había esforzado.
—Claro que no. Iré contigo. Necesitas alguien que te cuide si piensas usar una de esas falditas.
El rostro de Lily inmediatamente se pintó de rojo y James no pudo evitar reír. A pesar de sus quejas del día anterior, seguía pareciéndole adorable lo fácil que era abochornarla. Dejó la libreta a un lado y se inclinó para darle un beso en los labios. Lily se mantuvo quieta con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa.
James se alejó para poder mirar su rostro. Mechones de cabello pelirrojo le caían en los pómulos, los labios rosados pequeños estaban apenas estirados en una sonrisa, y sus pestañas espesas aleteaban un poco todavía con los ojos cerrados. Deslizó el dedo pulgar por las mejillas rosadas y suspiró. Era preciosa. Sentía su estómago en un hueco cuando era consciente de aquello, y demonios, su voz, su aroma lo volvían loco.
Los ojos verdes se abrieron clavándose en los suyos. A Lily le costaba sostenerle la mirada por demasiado tiempo, no sabía por qué, y durante aquella observación silenciosa era más evidente. Vaya que le molestaba, los ojos verdes eran preciosos, almendrados, brillantes y grandes. La sonrisa se borró de sus labios, y James deslizó el pulgar hasta su labio inferior mostrando un poco de su dentadura blanca.
—Me gustas demasiado. Debería ser ilegal la forma en que me gustas —espetó.
Lily se sonrojó de nuevo y se vio obligado a soltar el labio, ya que este se escondió dentro de su boca. Sonrió sin poderlo evitar.
—¿Por qué te gusto?
—Porque eres Lily.
A continuación se echó a reír. Giró su cuerpo para tomar la libreta y recuperó la pluma que se había caído en algún lugar del sillón.
—¿Por cuánto tiempo seguirás haciendo tarea? —preguntó Lily con un puchero.
—Si quiero ir contigo, hasta que estés lista para irnos.
Lily bufó y él río divertido. A veces era tan niña.
—Está bien, pero haz una pequeña pausa para mostrarte mi obra de arte.
La pelirroja se agachó en el lugar donde estaban los lienzos en el suelo, y James pudo observar las bragas negras que ella ya no se empeñaba en ocultar. Parecía que la noche anterior le había quitado por fin esa fachada y se había mostrado más desinhibida durante el día. No usaba nada más que su playera ancha y las bragas, a pesar de que claramente podía notar la forma de sus pezones en la fábrica gris que usaba. Y ahí en cuclillas no solo mostró las bragas, sino que la playera había colgado hacia abajo mostrando la forma perfecta de sus senos. Una sacudida en su bajo vientre le indicó que estaba mirando demasiado, pero ya era muy tarde y no lo podía evitar.
Lily se puso de pie con los lienzos de papel en las manos y se dirigió de vuelta a la sala sin enterarse de nada. James ajustó la libreta sobre la erección que recién se formaba, que sería muy evidente solo con sus pantalones de basquetbol.
—Ten —le ofreció el papel la pelirroja sentándose como indio a su lado.
James tomó los tres lienzos de su libreta de dibujo y miró uno por uno. El primero era un arte abstracto en color azul oscuro, se movía en forma de ondas y cada vez se volvía más oscuro hasta llegar al fondo donde sencillamente estaba dibujada una bombilla en amarillo claro. La siguiente era color café y le pareció que seguía las vetas de un árbol, cada trazo tenía textura y no pudo evitar pasar los dedos por la superficie. Y por último un sencillo circulo en color gris.
No entendía el significado de aquello, ni tampoco por qué Lily había dedicado tanto tiempo a realizar esas pinturas que no parecían representar ningún tipo de esfuerzo. James no se sentía en la posición de juzgar. Él no era un artista. No dibujaba, ni realizaba pinturas preciosas con paisajes y personas. No. Él hacía representaciones de los colores que daban vuelta por su cabeza. Solo eso. Era un simple pasatiempo.
—¿Qué significan? —se atrevió a decir, echándole un último vistazo al círculo gris.
La pelirroja sonrió y cambió de posición para sentarse a su lado.
—Eres tú. Son cosas que percibo de tu personalidad —explicó—. Por ejemplo: el círculo gris define el tipo de persona qué eres. Realmente es una conclusión a la que recién llegué. ¿Has escuchado que el bueno es blanco y el malo negro? —James asintió entendiendo a donde quería llegar—. Tú eres gris. Lo que demuestra tu humanidad. Las personas no se dividen entre buenos y malos, hay un sinfín de tonalidades que pueden definirnos.
James parpadeó varias veces al terminar de escucharla. ¿Lily veía el mundo entre blanco y negro? Era curioso. En su sinestesia eran los únicos colores que jamás había percibido. Su mundo siempre pasaba por todos los colores del arcoíris, aunque a veces en tonalidad más claras u oscuras.
—Este otro es un roble, lo que demuestra tu fortaleza. No puedo imaginar por las cosas que has tenido que pasar para llegar a este gris, pero te admiro. Yo no soy tan fuerte y seguramente me la pasaría en el suelo llorando. Así que quiero que sepas que no me importa a que te dedicas, ni las cosas que haces por las noches, tampoco las cosas que has hecho, entiendo que ha sido la única manera que has encontrado para sobrevivir.
No sabía que decir.
Mantuvo el rostro serio y trató de no expresar ninguna emoción. Entendía la referencia del roble, pero no estaba de acuerdo. Había muchas cosas que Lily todavía no conocía de él. Ella decía no importarle a qué se dedicaba, pero eso era porque no se había puesto a pensar en todo el daño que provocaba a los demás. Muchas de ella él no las hacía directamente, él era un simple lobo que se dedicaba a colocar la droga en lugares donde se pudiera vender. Él no hacía ventas directamente, conseguía, aunque eso no lo exentaba de culpa. Sus perros habían sido formados por él, y James había sido uno por tres años concretando ventas directas. Así que estaba muy involucrado, metido hasta el cuello en el canidae. Era tan culpable como todos los demás.
Él no era gris. Era negro. Y cargaría con el peso de sus acciones de por vida.
—Y por último, este es el más significativo para mí. Este es un océano y eres tú. Siempre te he relacionado, quizá por el color de tus ojos y por tu interior amplio y profundo, pero para mí esta es la representación perfecta de ti.
Los ojos verdes se elevaron para ver su reacción. James permanecía serio, en completo desacuerdo con todo lo que había visto, ni siquiera se atrevió a elevar la mirada.
—¿Y esto? —señaló la bombilla en el fondo más oscuro.
—Ah. No supe qué dibujar, así que lo único que se me ocurrió fue la bombilla para representar el cambio.
James se llevó una mano a la barbilla pensativo.
—Creo que deberías agregar una luna. No una bombilla. El océano se mueve a merced de las fases lunares.
La pelirroja se notó confundida pero terminó por asentir.
—Tienes razón. No se me había ocurrido —suspiró—. ¿Esto tiene algo de sentido para ti?
—Claro —mintió—. El arte es subjetivo, no puedo cambiar la forma en que ves las cosas. Tu visión del mundo es completamente personal.
Aunque equivocado.
Sonrió para tranquilizarla. Su erección había cedido por la conversación, así que metió los pliegos dentro de la libreta y la dejó a un lado una vez más.
—¿Qué tal si me das unos deliciosos besos antes de que termine mi descanso? —sugirió tratando de distraerse.
Lily fingió dudar pero terminó soltando una risa mientras se acomodaba más cerca. Subió las dos piernas sobre una de las de James y apoyó la cabeza en su pecho, mirándolo hacia arriba. James deslizó una de sus manos por los muslos, llevando su camino hasta la espalda debajo de la playera, manteniéndola a esa distancia. Inclinó la cabeza y besó los labios rosados. Una ráfaga de calor subió por su pecho al sentir la pequeña mano femenina apoyarse sobre su estómago. El elástico de sus pantalones de basquetbol era débil, por lo que se necesitó de un movimiento para sentirla deslizarse dentro de ellos. Si hubiera estado de pie probablemente se habría caído; lo tomó por sorpresa y sus piernas de repente se sintieron débiles. Se separó un centímetro y la miró a los ojos, sorprendido.
—¿Estás por pedirme algo? —cuestionó en voz baja.
Lily rio sin detener los movimientos de su mano.
—No, ¿por qué?
—Estás masturbándome una vez más y ni siquiera lo pedí.
Los ojos verdes lo miraban desde abajo, con su cabeza apoyada sobre el hombro.
—Tengo curiosidad. Confío en ti y quiero aprender.
Sus palabras casi lograron ponerlo más duro de lo que su mano estaba logrando. Lily apartó los pantalones y pudo visualizar de nuevo, la pequeña mano rodeando su pene. Soltó un suspiro ansioso y ya empezaba sentir que le faltaba aire en los pulmones.
—¿Quieres experimentar conmigo? —preguntó. Debía estar seguro.
No podía apartar la mirada de los movimientos que realizaba la mano de Lily. Estaba demasiado excitado y eso no era bueno.
—Quiero aprender lo que te gusta.
Se tomó su tiempo para responder. Sentía que el aire podía acabarse en cualquier segundo y el calor era abrumador. Lily ni siquiera miraba su pene, ella estaba concentrada en las expresiones de su rostro, lo que lo hacía todavía más excitante por esforzarse en evitar caras raras.
—Primera lección: —dijo con un jadeo— No me mires fijamente que me pongo nervioso.
—¿Nervioso tú? —preguntó Lily con una risita.
Parecía que disfrutaba la tortura empleada. No podía pensar, no podía moverse, ni siquiera podía respirar. Ni en sus mejores sueños se imaginó que Lily sería tan complaciente. En su mente estaba nítida la imagen mojigata, pero al contrario se encontró con una chica que estaba curiosa por explorar su sexualidad.
Ni siquiera estaba seguro de ser la persona adecuada para eso. No que le molestara, por supuesto, pero involucrarse de esa manera con Lily solo haría más estrecha su intimidad. Romper lazos sería difícil, pero eso era inevitable.
Casi se pateó a si mismo por los pensamientos que le habían golpeado en ese momento. La erección sin motivo alguno había cedido un poco, y Lily esbozó una mueca.
—¿Qué pasa? —Su voz se había tintado de un color mostaza.
—Tal vez no es el momento —dijo con voz ronca.
Le costó pero soltó su mano y subió los pantalones a su lugar. Tomó la libreta y dijo:
—Mi descanso ya terminó. Avísame cuando estés lista para irnos. ¿De acuerdo?
La expresión de Lily le dio pena. Parecía triste y frustrada. No quería lastimarla, pero era lo que debía hacer para evitar un daño mayor. Se estaba comprometiendo demasiado. El encuentro de la noche anterior era un error. Nunca debió haber pasado. La intimidad en ese aspecto era demasiado, se creaban lazos irrompibles y él no quería cargar con la responsabilidad de dejar esa experiencia en Lily.
La pelirroja se apartó del sillón y subió las escaleras hasta el entrepiso. No sabía qué hacía arriba, pero lo mejor era ignorarla un poco hasta que se le pasara. Además él tenía un problema mayor que debía solucionar inmediatamente. Ahora que no era visto, se dirigió al cuarto de baño para solucionar el desastre.
Ya era de noche cuando Lily había bajado de la habitación con su ropa del día anterior y le pidió que se fueran. James ya se había duchado por lo que solo consistió en ponerse ropa para salir. Tampoco se esmeró demasiado, era un reunión cualquiera y su ropa de siempre era adecuada. Las botas estilo militar crujieron en el metal con cada paso que descendía.
Podía sentir a Lily a kilómetros de distancia. El evento de esa tarde definitivamente los había distanciado. Ella estaba sentada en el banco del piano dándole la espalda, con su bolso en el hombro y zapatos puestos. Su expresión le hizo sentir una punzada de culpa, ¿tal vez se había pasado?
—Vamos —le dijo tomando las llaves de la mesita.
Abrió la puerta y alzó la mano para indicarle que pasara primero. Lily obedeció y juntos bajaron las escaleras.
El camino fue silencioso. Ninguno de los dos dijo una palabra. James lanzaba miradas cada poco solo para comprobar que la pelirroja miraba fuera de la ventana. Suspiró y sin más remedio puso música. Los colores marrón de la canción lograron distraerlo lo suficiente para no cometer una estupidez y hablar de más, el gris del motor de la todoterreno entrelazándose con los colores de los altavoces hacían perderle la cabeza un poco.
Esa noche tenía ánimos de beber. Se preguntaba qué habría en casa de Lily, o tal vez los amigos de Petunia comprarían algo para llevar. Pensó que no debía llegar con las manos vacías, pero él no era el cuñado. No tenían ninguna responsabilidad de ese tipo. Ni siquiera sabía por qué se le había ocurrido en primer lugar.
Cuando llegaron a la gran casa le sorprendió darse cuenta que la fiesta ya había iniciado. Y sí, era una fiesta, no una reunión. Había gente en el jardín, la puerta estaba abierta y podía ver luces que brillaban a través de las ventanas. La expresión de Lily no tenía precio, parecía incluso más sorprendida que él.
—¿Qué rayos? —murmuró.
En cuanto la todoterreno hizo alto total, la pelirroja abrió la puerta y descendió perdiéndose en el interior de la casa. Algunas personas del jardín la vieron pasar pero no le tomaron importancia. James bajó detrás de ella, se tomó su tiempo para mandar un par de mensajes a los perros y comprobar si alguno ya estaba en el lugar. Le satisfago suficiente cuando Ken respondió con un "Sí", había entrenado muy bien a sus perros.
Guardó el móvil en el bolsillo de su pantalón y llegó a la entrada principal. La casa tenía las luces apagadas, ya que un dj se encontraba en el jardín trasero y llevaba todo su equipo para amenizar la fiesta. El interior estaba casi vacío, solo algunas personas sentadas en los sillones conversando y otros tantos saliendo de la cocina con sus bebidas preparadas. La fiesta era en el jardín trasero, al que podía acceder también rodeando la casa, pasando junto al garaje que ya conocía. Le alegró comprobar que había suficientes personas a pesar de que era muy temprano. El ambiente era agradable y el dj eligió buena música, por lo que todo auguraba que sería una gran fiesta.
Se apoyó en el marco de la puerta corrediza observando al exterior, cuando le sorprendió que una cabeza rubia se acercara a él. El color morado dio vueltas por su cabeza contrastando con el amarillo de la canción que sonaba en ese momento:
—James —dijo Petunia que también parecía sorprendida por su presencia—, ¿Lily llegó contigo?
—Sí. Está arriba cambiándose.
No sabía si eso era cierto, pero le pareció lo más lógico dado que no veía ninguna pelirroja en el lugar.
—Ven, quiero hablar contigo.
Petunia lo tomó del brazo y él se dejó llevar hasta la cocina, donde de repente parecía vacía.
—Será una buena fiesta —dijo—. Gracias por invitarme.
La chica le quitó importancia con la mano y se recargó en la encimera.
—Mi cumpleaños es el miércoles y como cuñado que eres, quiero un buen regalo.
—Espera… —intentó corregirla, pero ella siguió hablando.
—Quiero que me des algo que me haga olvidarme de toda la mierda y disfrutar el día.
¿Ella estaba…?
—¿Crees que yerba sea suficiente?
Parpadeó varias veces sorprendido. Petunia le estaba pidiendo mercancía, y regalada además, por su cumpleaños o una mierda así. La vida no lo había preparado para enfrentarse a la hermana de su cita que le pedía drogas. Antes de poder pensar en algo coherente para decir, negó con la cabeza de manera inconsciente.
—Entonces, ¿qué sugieres?
Se aclaró la garganta y volteó para todos lados asegurándose que nadie los escuchara.
—No sé por qué piensas que yo puedo ayudarte con eso.
—¡Por favor! —exclamó Petunia, solo entonces notó que quizá ya tenía varias copas encima— Todo mundo sabe que te dedicas a eso. Deja de hacer el tonto y consigue algo para mí. Si no quieres regalármelo está bien, lo pago, pero dime que lo harás.
No podía negarse a una venta, aunque fuera la hermana de Lily.
Asintió con la cabeza y tomó el billete que Petunia había sacado de su escote.
Respuesta a reviews:
SerenaMileto: ¡Gracias! ¡Gracias por leer, por comentar, por todo, por estar aquí! Me encanta que te haya gustado el capítulo, espero este también lo hayas disfrutado.
Sol: Hermosaaaaaaaaa. Sé que algunos autores no suelen responder los reviews, yo tampoco entiendo por qué, si la mejor manera de aceitar el canal entre escritor-lector. Desde hace muchos años entendí que esto era importante y siempre lo hago. Los usuarios que tienen cuenta reciben mis respuestas directamente a su inbox, pero a los usuarios invitados (como tú) que no tienen cuenta, es un poco complicado dar respuesta ya que nunca tenemos la certeza que lo haya recibido. Esta mecánica es nueva para mí, y creo que sí que me gustó ya que estás aquí de nuevo. Aunque piensa que si te creas un usuario nuevo podremos hablar mucho más libremente. Gracias por seguirme de tantos años! Me haces muy muy feliz. Gracias por estar aquí, de verdad no sabes lo que significa para mí. Mil gracias. Besos, S.
