Capítulo 22

Dos semanas después de la boda ya habíamos vuelto a Seattle de nuestra luna de miel. Cada segundo que viví al lado de Edward fue maravilloso. Viajamos a Italia, visitamos Roma, Florencia, Nápoles, Venecia y para rematar pasamos un par de días en Volterra, con unos familiares lejanos de Edward.

Cuando regresamos una muy efusiva Alice nos esperaba en el aeropuerto preparada para hacernos un interrogatorio de tercer grado, del que me libré porque el viaje me había cansado tanto que me quedé dormida en el trayecto hasta casa. Estaba tan dormida que Edward pudo cargarme y meterme en la cama sin que yo me enterase.

Pero eso pasó hace un par de días, al día siguiente de nuestro regreso Edward me obligó a ir a Forks con él para que Carlisle me revisara y viésemos el estado de nuestro pequeño. Volvió a hacerme una ecografía y yo me quedé atontada mirando el monitor mientras dos lágrimas descendían por mis mejillas… no podía creer que todo eso me estuviese pasando a mí. En apenas un año de estar sola y abandonada por Jake pasé a tener una familia, a un marido como Edward y aun futuro prometedor a manos de nuestro bebé… no podía pedir más.

Pero todo lo bueno es corto y ese día volvía a retomar mi trabajo como la señora Masen. Cuando baje del ascensor en la planta correspondiente le sonreí a Ángela que me esperaba con un café preparado para mí, y cuando iba a entrar en mi despacho me detuve abruptamente, en mi puerta ya no se leía el nombre de Isabella Swan, ahora ponía Isabella Masen. La sonrisa que se dibujó en mis labios era tan grande que creo que mostraba todos mis dientes.

Ángela no dijo nada, solo esperó pacientemente con una sonrisa a que mi atontamiento se pasase y entrase en mi despacho. Cuando lo hice ella entró detrás de mí y dejó el café sobre mi mesa. Lo miré durante unos segundos… me apetecía una café y aunque Carlisle no me lo había prohibido explícitamente, yo tenía la ligera sospecha de que si me pasaba con la cafeína tendría una pequeña copia de Alice… y no quería eso para mi hijo.

— Ángela —dije con un suspiro—, llévale el café al señor Masen y a mí tráeme un té… por favor.

Me miró durante unos segundos con una mirada suspicaz y luego se sentó en la silla, extendió la taza de café hacia mí y me sonrió.

— Sé que te apetece… ¿por qué no lo tomas? —preguntó.

Yo suspiré, nadie en la oficina sabía de mi embarazo, todo se habían sorprendido de que entre el compromiso y la boda pasase apenas un par de semanas, pero nadie sospechaba que yo estuviese embarazada… excepto Ángela, que la conocía muy bien y era capaz de oír como los engranajes de su cerebro comenzaba a unir las piezas del rompecabezas.

Desde que ella me dijo que estaba embarazada nuestra relación se había reforzado más, ahora nos tuteábamos cuando no hablábamos de trabajo y cuando descubrí que también yo estaba embarazada pasaba el día preguntándole como se encontraba intentando encontrar alguna similitud entre su embarazo y el mío.

— No debo tomar café —contesté escuetamente.

— ¿Algún motivo en especial? —preguntó enarcando una ceja.

Suspiré y la miré a los ojos, tenía una mirada divertida y estaba reprimiendo una sonrisa… vaya que lo sospechaba.

— Estoy embarazada —susurré.

Ángela sonrió ampliamente, pero nada más... yo que estaba acostumbrada a la efusividad de Alice y Rosalie, incluso Esme dio un grito de alegría cuando supo la noticia, así que la tranquilidad de Ángela me dejó descolocada durante unos segundos.

— Lo sabía… —sentenció— ahora traigo su té, "Señora Masen" —remarcó sin dejar de sonreír.

Salió de mi despecho lentamente y antes de que pudiese poner mi atención en los balances que había en mi mesa esperando ser revisados, la puerta se abrió de golpe y mi mejor amiga, ahora prima, entró como si fuese su propia casa y se sentó frente a mí cruzando sus piernas elegantemente. La ignoré, no sabía lo que estaba haciendo en Seattle pero conociéndola seguro que no era nada bueno, al menos para mí.

Como estuve varios minutos intentando descifrar un par de cuentas que no cuadraban y a ella no le prestaba atención carraspeó audiblemente para que me diese por aludida… pero continué ignorándola.

— ¿Qué quieres Alice? —pregunté con voz cansada.

— Hola a ti también, Bella —dijo indignada.

Suspiré y dejé lo que estaba haciendo para mirarla a los ojos.

— Hola Alice… ¿qué quieres? —volví a preguntar.

Ella bufó y se cruzó de brazos.

— Me abruma tanto entusiasmo… ¡Yo también me alegro de verte! —chilló irónicamente.

— Alice… —pero antes de que pudiese continuar la puerta de mi despacho se abrió y entró Edward sosteniendo mi té.

Lo dejó sobre la mesa y miró a su prima con una ceja alzada.

— Hola Alice —dijo con voz suave— ¿a qué debemos tu grata presencia esta mañana?

Ahogué una risa sabiendo que él había escuchado parte de nuestra conversación y solo estaba tomándole el pelo.

— Venía a secuestrar a tu mujer por un par de horas —dijo sonriendo en su dirección.

— Cuando dices un par de horas… realmente quieres decir lo que resta de mañana… ¿me equivoco? —volvió a preguntar Edward.

— No te equivocas —confirmó.

Yo gemí y me hundí en la silla… ¿qué loca idea se le había ocurrido a ese duende endemoniado?

— ¿Puedo preguntar que vais a hacer? —inquirió Edward con fingida inocencia.

— Claro que puedes preguntar primito —dijo Alice sonriendo con ternura—, pero no voy a contestarte… al menos con la verdad.

No pude negarme, ella y Edward se confabularon en mi contra y después de tomar mi té, más lento de lo normal tengo que admitirlo, Alice me sacó a empujones del edificio. Nos subimos en su flamante porsche amarillo y yo gemí y me tapé el rostro con las manos cuando deduje donde nos dirigíamos.

— ¿A dónde vamos Alice? —pregunté ya conociendo su respuesta.

— Como si no lo supieses Bella… ¡de compras! —chilló emocionada.

Bufé y miré por la ventana intentando ignorarla.

— No te hagas la difícil… necesitas ir de compras —refutó.

— No necesito ir de compras… ¡tengo ropa suficiente para los próximos seis meses sin apenas repetir modelo! —contraataqué frustrada.

— En eso te equivocas querida "primita"… —negó sonriendo y remarcando mi nuevo título para con ella— en seis meses estarás tan grande que no podrás meterte en esos pantalones que llevas puestos… así que sí, concédeme el privilegio de tener la razón esta vez y reconoce que sí que necesitas ir de compras.

Me quedé en silencio y viendo el perfil de Alice que tenía la mirada puesta en la carretera… sí… en unos meses ya no cabría en la ropa… ¡dios! Me iba a poner enorme… ¡como una vaca! No pude evitar que unas lágrimas traicioneras descendiesen por mis mejillas al darme cuenta de ese hecho. Cuando descubrí que me había quedado embarazada ni si quiera pensé en los cambios que sufriría mi cuerpo… ¿Qué iba a hacer ahora?

— Bella… ¿qué pasa? —preguntó Alice cuando estacionó el coche en el parking del centro comercial.

— Las hormonas —intenté restarle importancia mientras movía mi mano despreocupadamente.

— Me das envidia… —dijo Alice en un susurro.

Levanté la mirada a la velocidad de la luz para cruzarme con sus ojos tristes. Intenté buscar un motivo por el que ella sintiese envidia por mí, pero no había nada... mi mente no era capaz de encontrar algo que yo tuviese y que Alice no.

— ¿Por qué lo dices? —pregunté con curiosidad.

— Edward no te ama… te idolatra, te venera. Para él eres lo único importante —explicó.

— Jasper te mira igual que Edward me mira a mí, él te ama mucho Allie —la corté.

— Lo sé… —se quedó unos segundos en silencio con la mirada en sus manos— hace seis meses que lo intentamos… pero no surte efecto.

Habló tan bajo que casi no pude oírla…

— No te entiendo… —dije sinceramente.

Alice me miró y solo pude ver tristeza en sus ojos.

— Jazz quiero un niño, hace más de un año que lo planeamos, y hace seis meses decidimos intentarlo… pero nada… parece que no puedo —contestó mientras intentaba contener las lágrimas.

No pude soportarlo y abracé a mi amiga mientras más lágrimas rodaban por mis mejillas… ¡malditas hormonas!

— Allie… no te preocupes —gemí en su pelo— a veces esas cosas necesitan su tiempo.

— A ti solo te bastó una vez… —dijo con voz entre divertida y triste… hasta pude imaginarla haciendo un puchero, pero tenía la cara enterrada en mi pecho y no podía verla.

— Es que basta que no pienses en quedarte para que pase… no te obsesiones con el tema… así lo harás más difícil —intenté tranquilizarla.

Se apartó y me miró con una medio sonrisa.

— ¿Tú crees? —preguntó con una chispa de esperanza.

— ¡Claro que sí! La media está en un año más o menos, así que no te sales de ella —dije ya sonriendo más ampliamente— y si no funciona puedes decirle a Jasper que le pida una clases de cómo hacerlo a Edward… te puedo asegurar que es muy bueno.

Alice puso cara de horror y se tapó los oídos, cerró los ojos y comenzó a negar efusivamente con la cabeza.

— No quiero saber más… demasiada información —murmuraba— ¡es mi primo... por dios!

Reí entre dientes y volví a abrazar a mi amiga, ella me devolvió y el abrazo y sorprendiéndome colocó su cabeza sobre mi vientre pegando la oreja en él…

— ¿Me dejarás ser su tía favorita? —preguntó en un susurro.

— Claro… pero eso tendrá que decidirlo él mismo —contesté sonriendo.

— ¡Oh! —dijo alejándose un poco de mí y sonriendo con picardía— Ella lo hará, me querrá mucho.

— ¿Ella? —pregunté alzando una ceja— ¿Tú también?

— Será una niña... cúmplele el gusto a Edward —ahora sí pude ver uno de sus más famosos pucheros en todo su esplendor.

No puede evitar reírme a carcajadas mientras las lágrimas todavía seguían rodando por mis mejillas… no entendía a mis hormonas.

En el centro comercial Alice fue algo más comedida de lo normal, en lugar de arrastrarme tienda a tienda simplemente me daba ligeros empujoncitos para que fuese en la dirección que ella quería. Me llevó a Victoria Secret y me compró varios conjuntos de un par de tallas más grandes de los que necesitaba normalmente, después fuimos a varias tiendas de ropa pre-mamá en las que no dejaba de tirarme prenda tras prenda por encima de la cortina del probador, y yo ya me las probaba mecánicamente sin fijarme apenas en lo que ponía. Estaba probándome una blusa blanca que se ceñía en mis pechos y después se aflojaba cayendo hasta mis caderas. Esa me gustó especialmente, era sencilla y ribeteada con una fina puntilla en el dobladillo, así que me miré en el espejo más de lo que estaba haciendo con otras prendas.

— Allie —la llame.

Ella asomó la cabeza por la cortina y sonrió al verme.

— ¡Estás preciosa Bella! —chilló.

Yo me ruboricé un poco y le hice un gesto con la mano para que bajase el volumen de la voz—. Me gusta… pero solo me valdrá por un par de meses —dije poniendo cara de fastidio... metí las manos bajo el dobladillo y estiré de la blusa hacia delante fingiendo un barriga pequeñita—. Mira… es muy ajustada.

— No te preocupes por eso —contestó en tono indiferente—, volveremos pronto a comprarte más ropa.

La miré como si estuviese loca y ella solo sonrió con inocencia…

Después de comprar cuatro enormes bolsas de ropa para mí, fuimos a una tienda de bebés… Alice parecía prácticamente poseída. Cada vez que veía algo que le gustaba soltaba un grito y escapaba corriendo. En una ocasión que la perdí de vista me abordó mientras miraba distraídamente un par de zapatitos, mostrándome un vestidito rosa con un montón de lazos.

— Es un poco… no sé… ¿recargado? —pregunté dudosa.

— Tonterías —me contradijo— ¡Oh es genial! Esos zapatos le van genial al vestido… nos los llevamos.

Metió todo en la cesta, que no sé de donde la había sacado, cesta que por cierto ya estaba casi repleta de ropa de bebé… todo en tonos rosa.

— Alice… ¿Por qué… todo es rosa? —pregunté intentando mantener la calma... las hormonas hacían que me enfadase por la cosa más tonta.

— Es una niña, Bella… lo sé —se tocó la cabeza.

— Alice —la llamé en tono de advertencia.

— Será una niña digas lo que digas —dijo con voz dura y entrecerrando los ojos.

Bufé y me di la vuelta mirando más zapatitos… por lo visto era lo único en lo que parecía acertar.

— Me gustaría ver vuestra cara si sale niño —murmuré para mí misma.

— Se la cortamos y asunto solucionado —chilló sobresaltándome a lo que solo pude reír por su ocurrencia tan parecida a las de Edward.

Después de arrasar con media tienda, de ropa rosa, Alice salió de allí dispuesta a tomarnos un descanso para comer y reponer fuerzas, órdenes estrictas de Edward… algo de lo que me alegré. Cuando nos sentamos en el restaurante después de pedir nuestra comida Alice metió la mano en la bolsa de la tienda de bebés y sacó un vestidito blanco con un lazo azul a la altura del pecho.

Se me encogió el corazón al ver algo tan pequeñito… y la verdad me dio de golpe, no es que no fuese consciente de que estaba embarazada y tenía a mi garbancito creciendo dentro de mí, tampoco es que no me hiciese feliz la idea de tener un vínculo que me uniese muchísimo más a Edward, me hacía muy feliz. Pero en ese momento tuve una epifanía, fue cuando realmente fui consciente de en donde me estaba metiendo.

Tendría un bebé, un bebé mío, alguien me necesitaría para poder seguir vivo, alguien que dependería de mí al cien por cien. No es que no tuviese idea de lo que era eso, ya que tuve que cuidar de mi madre hasta que la madurez mental llegó a ella al casarse por segunda vez, pero eso era diferente. Una personita estaba creciendo dentro de mí, gracias a mí, y a Edward indudablemente. Pero yo era la responsable de esa personita por los próximos meses…

Pero pese a todas esas sensaciones que me embargaron de repente y sin avisar, me sentí bien, sentí que era lo correcto, tendría un bebé, lucharía por él… sería feliz viéndolo feliz y haría lo posible porque tuviese siempre una sonrisa en sus labios. Tomé el vestidito de las manos de Alice y lo miré embelesada, acaricié tenuemente el lacito azul mientras un par de lágrimas furtivas rodaban mejillas abajo. Tendría un bebé…

— Voy al baño —oí murmurar a Alice.

Asentí despreocupadamente mientras continuaba mirando el pequeño vestidito entre mis manos… me parecía la cosa más bonita que había visto nunca… y mi bebé se lo pondría… aunque tendría un pequeño problema si resultaba ser niño…

— ¿Bella? —una voz me sobresaltó.

Me sequé las lágrimas lentamente y alcé la cabeza para ver quién me hablaba y mi boca se abrió por la sorpresa.

— Jacob —susurré a media voz.

Se quedó unos segundos mirándome sin decir ni una palabra. Me miraba con una mirada triste y una leve sonrisa se dibujaba en sus labios. Yo no sabía cómo actuar, ya me había hecho a la idea de Jake no formaría parte de mi vida, e incluso había olvidado porque debía guardarle rencor. Mi vida con Edward era tan perfecta que los malos recuerdos me abandonaron por completo.

— ¿Estás bien? —preguntó con tono inseguro.

— Sí… ¿por qué lo preguntas? —inquirí con el ceño fruncido.

— Estabas llorando —dijo señalado mis mejillas.

Me llevé la mano al rostro y sequé la humedad de mis pestañas con la yema de los dedos, negué con la cabeza mientras reprimía una sonrisa al recordar mis antiguos pensamientos.

— Cosas de mujeres… ya sabes —contesté encogiéndome de hombros.

— Y… ¿qué tal has estado? —preguntó.

— Bien… —contesté sin más.

— ¿Puedo…? —dejó la pregunta sin acabar y señaló la silla donde antes estaba Alice sentada.

Asentí ausentemente mientras intentaba imaginar la reacción de mi amiga al ver a Jake sentado en su silla y hablando conmigo.

— Quería hablar contigo —dijo de repente sacándome de mis pensamientos.

Lo miré con el ceño fruncido sin entender… hasta donde yo sabía entre nosotros ya había quedado todo dicho.

— ¿Sobre qué? —pregunté reticente.

— Verás yo… —titubeó— quería disculparme por el modo en que salieron las cosas… pero no estaba planeado.

Lo observé durante unos segundos intentando encontrar el mensaje escondido tras sus palabras… no lo encontré y mi ceño se frunció más.

— Me alegro de que así sea —dije no muy segura de a dónde quería llegar con eso.

— Bella yo… estaba asustado —confesó bajando la mirada—, todo iba tan rápido… los preparativos de la boda me abrumaron... bueno, Alice me abrumó con los preparativos. Estaba agobiado, no quería hacerte pagar por todo a ti y por eso me alejé…

Ladeé ligeramente mi cabeza mientras lo miraba fijamente…

— ¿Abrumado? —pregunté sorprendida— Te casaste con Leah tres meses después…

— Lo sé… pero… no es lo que parece —se pasó una mano por el cabello despeinándose, enseguida lo comparé con Edward y ese gesto en Jacob no pegaba para nada, en Edward era algo natural, a Jake… se le veía fuera de lugar—. ¡Me engañó! Me… me dijo que estaba embarazada y yo le creí… ¡Diablos!

Me sorprendí ante su declaración y comprendí un poco más la apresurada boda… pero no entendía porque me estaba diciendo todo esto ahora.

— ¿A dónde quieres llegar? —pregunté más enojada que intrigada.

Jacob parpadeó un par de veces confundido por mis palabras, pero con un resoplido volvió a hablar.

— Me arrepiento de haberte dejado escapar… nunca he querido a nadie como te quiero a ti… te amo… —susurró mirándome a los ojos.

Me sorprendí a mí misma totalmente indiferente ante sus palabras… era tan distinto a cuando las pronunciaba Edward…

— Vuelve conmigo —continuó—, perdóname por favor… yo… yo he sido un estúpido y no… no sabes cuánto me arrepiento.

Lo miré y suspiré pesadamente. No me gustaba hacer daño indiscriminadamente, y si las palabras de Jake eran verdad, se lo haría sin remedio.

— Ya es tarde... —dije sin vacilar y sin arrepentimiento.

— ¿Por qué? —preguntó— Si ya no sientes lo mismo podemos intentarlo de todos modos… intentaré conquistarte de nuevo, ser mejor para ti, yo sé que…

— Jake para —lo detuve—, me he casado… acabo de volver de mi luna de miel.

Se quedó en shock durante un par de minutos, le di su espacio y no dije nada mientras esperaba que reaccionara. Cuando lo hizo parpadeó varias veces y tomó mi mano izquierda entre las suyas, se quedó mirando mi anillo de compromiso y la alianza que ahora lo acompañaba y una sonrisa triste surcó sus labios. Educadamente alejé mi mano de la suya y la escondí en mi regazo, acariciando levemente la tela del vestidito del lazo azul y recordando a mi bebé… además que no me gustaba esa cercanía tan repentina.

— Puedes divorciarte —dijo de repente—, yo lo he hecho.

Lo miré con una ceja enarcada… ¿estaba hablando en serio?

— No voy a hacer eso —dijo riendo histéricamente— no voy a divorciarme de Edward.

— Así que… el niñito rico ha ganado… —dijo con rabia mal camuflada.

— Aquí no ha ganado nadie Jake… tu dejaste escapar tu oportunidad… si hubieses sido más hombre y hubieses afrontado cualquier problema que hubiésemos tenido, ahora serías tú el que estaría casado conmigo. Pero no fue así, y ahora estoy felizmente casada con un hombre al que amo y que me ama como nunca imaginé que podría pasar eso, vamos a tener una hija en unos meses y soy completamente feliz. Así que si te importa un poco mi felicidad lo mejor que puedes hacer es alejarte y reconocer que ya es tarde para nosotros —estallé conteniendo la furia e intentando no ser demasiado brusca… aunque creo que no lo conseguí porque Jake tenía una sombra cubriendo su rostro.

— ¿Estás embarazada? —preguntó entre dientes.

— Lo está —oí la voz de Edward a mi espalda y me sobresalté.

Me giré para mirarlo y me dedicó una sonrisa torcida, para después endurecer el gesto y mirar a Jacob.

— Creo que lo mejor es que hagas caso de lo que dice mi mujer... ya es tarde, yo sí creo que has perdido —dijo en tono neutro, pero dándole un toque amenazador que no me pasó desapercibido.

Jake se puso en pie y con una mueca salió del restaurante a grandes zancadas. Edward se sentó a mi lado y me envolvió en un abrazo que volvió a recolocar todas las piezas en su lugar… allí era donde debía estar, entre sus brazos. Suspiré contra su pecho y cerré los ojos mientras sonreía tontamente, sí, estaba enamorada de mi marido, pero eso no era un pecado.

— Te amo —susurró contra mi pelo.

Un escalofrío me recorrió la espalda y sentí como cada una de mis células se despertaba ante la mención de esas dos palabras. Me aferré con fuerza a la camisa entreabierta de Edward y susurré un te amo de vuelta amortiguado contra su pecho. Unos segundos después, aunque pudieron ser minutos porque yo estaba totalmente distraída se alejó de mí y me miró con una sonrisa.

— Así que… —dijo en tono casual— estás felizmente casada —aseguró.

Recordé el pequeño discurso que le solté a Jacob y mis mejillas enrojecieron al darme cuenta de que él lo había escuchado todo. Agaché la mirada y me cubrí con el pelo. No tardé en sentir los fríos dedos de Edward en mi barbilla alzando mi rostro para nuestras miradas se cruzasen.

— Yo también lo estoy… en eso estamos empatados —dijo aturdiéndome.

Se acercó lentamente a mí y posó sus labios sobre los míos… suave, lento, torturador… haciendo que me estremeciera y perdiese todo contacto con la realidad. Solo cuando se separó y pude coger una gran bocanada de aire fue que me di cuenta de donde estábamos.

Nos quedamos en silencio unos segundos simplemente mirándonos a los ojos, siendo interrumpidos por el camarero trayendo nuestra orden. Edward se comió el plato que había pedido Alice sin rechistar y me percaté de que la pequeña duende había desaparecido sospechosamente. Miré la silla vacía a mi izquierda donde descansaban nuestras bolsas y las suyas también habían desaparecido.

— ¿Dónde está Alice? —pre pregunté a Edward con el ceño fruncido.

— Se ha ido… —dijo con la boca llena— la llamé para preguntarle donde estaban y me dijo que nos dejaba solos para que comiésemos en intimidad.

Sonreí agradeciendo silenciosamente el gesto de Alice, que parecía conocerme tan bien como yo misma.

— Una cosa —dijo tomando un sorbo de vino y aclarándose la garganta después—. Hay una de las cosas que le has dicho al chucho que no voy a olvidar —sonrió.

— ¿El qué? —pregunte mientras repasaba mentalmente todo lo que salió por mi boca.

— Le has dicho que tendríamos una hija… HIJA —remarcó la palabra— ¿Ves? Finalmente me das la razón y admites que será una niña —dijo en tono engreído y divertido.

Rodé lo ojos y seguí comiendo fingiendo que no había escuchado nada.