Disclaimers: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins y Stephenie Meyer.
CAPÍTULO 18: PLANES
POV PEETA
A veces olvido sus necesidades humanas. Fui un tonto por no ofrecerle comida apenas despertó.
-Iré por comida –dejo a Katniss sentada a mi lado y me levanto a velocidad humana con su mirada confusa sobre mí, llevando sus manos a su vientre.
-¿Comida? ¿Has cocinado, Peeta?
-Como en los viejos tiempos. –ella sonríe.
También necesito separarme de Katniss un rato. Cierro la puerta que separa la cocina del pasillo y abro todas las ventanas. Respirando profundamente, alguien entra segundos después cerrando otra vez.
-¿Qué haces, Alice? –pregunto pegado a la ventana sin mirar a mi hermana.
-Te ayudaré. Y vine a decirte que lo estás llevando bien y no creo que le hagas daño. Relájate. Pero nos sorprende que tengas tanta resistencia teniéndola tan cerca.
-No es fácil –murmuro triste. –Pero tampoco quiero rechazarla y que ella se sienta mal. ¿No la he hecho sufrir lo suficiente ya como para encima no permitir que esté cerca de mí?
-No fue tu culpa –intenta tranquilizarme. Yo empiezo a sacar cosas de la heladera última generación y ella algunos panes y cosas dulces.
-Tal vez, sin embargo me ausenté muchos meses, es natural que ella esté pegada a mí durante el poco tiempo que pasamos juntos. Ahora que sabe que no morí del todo, que no soy un producto de su imaginación… menos lo hará. Hablaré con ella al respecto, tal vez más adelante lo entienda.
-A ella no le importa lo que seas y acepta que no debe hacerte más preguntas de las necesarias. Pero una parte ella no cree en todo esto. Se acostumbrará cuando se dé cuenta que no desaparecerás nunca.
-¿Qué viste, Alice?
-Ya no veo diferentes tipos de suicidios si es a lo que te refieres.
Eso me relaja.
-Ahora su postura cambió radicalmente. La veo feliz a sus hijos recién nacidos y tú entrando a la habitación para conocerlos. Aunque ya te he dicho que mis visiones pueden estar sujetas a cambios dependiendo de los sucesos, por ahora todo parece estar en calma.
Asiento.
-Me conformo con que quiera vivir.
-No lo dudes. Ya no tiene razones para acabar con su vida de las formas que planeaba.
-No sé porque le gustan tanto los bollos de queso –dice separando algunos para ella y colocándolos en una bandeja. –Yo prefería todo lo dulce.
-Adora el chocolate caliente ¿cuenta?
-Supongo, pero como bebida. ¿Le vas a preparar ahora?
Asiento.
-¿Crees que le caiga mal?
-Ya no, esa etapa termina generalmente en el tercer mes.
-¿Ves? Esas cosas las sabría si hubiera estado con ella estos meses. Ahora es como empezar de cero.
-Hablas como padre primerizo.
-Pero eso es lo que soy, y por partida doble.
Agarro un vaso una jarra de medio litro, y leche líquida que previamente caliento y chocolate en barra. En tiempo record como siempre ya está listo. Le serví el chocolate a Katniss en una taza especial alargada con una barra de chocolate a un costado. Y otra extra de cappuccino para Jacob.
-No te muevas como vampiro estando con Katniss.
-No lo haré.
-Llevamos dos bandejas llenas de comida al living y Katniss mira sorprendida la cantidad de comida que traigo. Tal vez pensaba que traería más debido a la cantidad de personas que hay dentro de la cabaña.
-A esto le llaman submarino es como la leche chocolatada pero tiene espuma y barritas de chocolate amargo. Te va a gustar.
-Gracias. –Murmura y me da un beso corto en la mejilla.
Agarra la taza y la segunda barra de chocolate que le coloqué por si acaso se le antojaba y se come la mitad un bocado antes de poner lo restante en la taza y la coloca dentro junto a la otra. Escoge un bollo de queso y empieza a devorarlo mientras revuelve la taza con una cuchara.
-¿No sería mejor que te sentaras en la mesa?
Voltea la mirada hacia atrás y acepta. El embarazo resulta terriblemente incómodo para ella. Katniss se sienta en un costado de la larga mesa para diez personas de cara a los Cullen y Denali. Y yo deposito las bandejas allí y le digo a Jacob que si quiere venga por su café.
Él solo toma su taza y se sienta en un sillón.
-¿Ustedes no van a comer?
-No, sólo tú y Jacob. –Respondo.
-¿Por qué? –al ver que nadie responde, ella continua –Oh, ya entiendo. Será otra pregunta sin respuesta.
-Lo siento –me disculpo.
-Olvídalo, me dijiste que hay cosas que no debo saber por mi propia seguridad y la de mis hijos –imita mi tono de voz y empieza a tomar su submarino.
-¿Estás molesta?
-No, es que… me frustra no poder saber todo sobre ti. No hubo secretos antes de los juegos en el tiempo que estuvimos juntos. Y ahora todo es tan incompresible y carente de toda lógica, al menos en relación a mis creencias sobre el mundo.
-Lo lamento de verdad. Me gustaría decirte todo, pero no puedo.
-Lo entendí. Al menos estás vivo y en buenas manos, se nota que ellos te quieren. Y pronto yo… aceptaré tu nueva situación y los horarios y tiempos que me dediques aunque sean escasos. Me conformo con unos minutos que nos veamos en persona por día, acompañado por cartas, mensajes y llamadas el resto del tiempo. Tal vez podrían conseguir unos teléfonos imposibles de rastrear y en el cual las comunicaciones no sean interceptadas. He oído a Beetee Latier hablarle de eso a Haymitch Abernathy y Finnick Odair durante el Tour de la Victoria. Parece que es un invento que lleva pocos años puesto en práctica de forma secreta. Pero no tengo ni idea como son, ni de su funcionamiento. ¿No sería una buena alternativa para que estemos en contacto?
-Cuándo empezaron a comerciarse de forma ilegal toda la familia los compró. –interrumpe Emmett. –De hecho, tenemos uno para ti, lo necesitarás de ahora en más. Me sorprende que sepas de su existencia.
-Escuché por casualidad una conversación. No estaba invitada a la misma. Hablaban de la rebelión y escuché un par de cosas. Yo seguía deprimida, no les presté mucha atención y no la enganché al inició por lo que tampoco entendí de que hablaban en su totalidad. Por momentos parecía que hablaban en clave.
-¿Y nunca le preguntaste a nuestro mentor sobre eso?
Niega con la cabeza.
-Estaba deprimida, Peeta. No salgo de mi casa casi nunca y a veces hasta siento que él también te extraña, eras su preferido ya lo sabes. Y resulta muy doloroso estar con Haymitch teniendo en cuenta lo que creí que pasó ese día. Siempre que puedo lo evito. Mi madre y Prim van a hacerle compañía y poner en orden su casa con ayuda de Hazelle cada semana, y al menos encargarse de que coma. Pero yo… no puedo pisar esa casa sin sentirme culpable y afligida. Cuando lo veo es porque él viene a visitarme para asegurarse que sigo viva supongo.
-¿Qué sucede ahora que sabes la verdad? ¿Podrán curar las heridas que causó nuestra separación obligada?
Contengo la respiración y acaricio sus mejillas.
-No del todo –es sincera, no hay duda por la mirada torturada que me dedica.
-¿Podrás mirar a Haymitch a los ojos e intentar acercarte a él?
-¿Por qué quieres eso?
-Necesitas confiar en alguien.
Ella no comenta nada.
-Necesitas confiar en tu vecino, nuestro mentor que hizo todo lo posible por salvarnos. Ese hombre que la mayor parte del tiempo se emborracha, se comporta irónico y burlón, también se preocupa por ti y los bebés. Y si tú le preguntaras que hacer para proteger a nuestros hijos o sobre la rebelión, te lo diría. Pero piensa que aún no estás lista para enfrentar algo de esa dimensión.
-Y tenía razón. Cuando nuestros hijos nazcan ya estaremos en otro lugar en el que no nos encuentren ¿verdad? No quiero a mis bebés al alcance de Snow.
-Ese es el plan, pero mientras tanto busca protección en Haymitch también. Y te juro que Snow no podrá fijar su envenenada vista en ellos ni por un segundo.
-¿Cómo lo lograremos?
-Tenemos meses para planearlo.
Ambos sonreímos.
-Sigue comiendo lo que quieras. No pienses en el futuro todavía.
Beso su frente antes de alejarme y sentarme frente a ella para controlar que coma bien y acompañarla.
