Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
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Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
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Gemínidas
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El tintineo de las campanas que hay cerca de donde ellos se encuentran suenan suavemente. El viento las mueve, así como levanta las hojas de los árboles que no aguantan la ráfaga. A pesar que la noticia sobre la muerte del Hokage ha recorrido cada rincón de todas las naciones, se le solicitó a los aliados que no asistieran al funeral. Viktor era amado por muchas razones en todos los lugares. Era como una estrella fugaz que al marcar en el firmamento su estela era fácil adorarla. Sin embargo, la gente que se ha congregado era masiva. Todos vistiendo de negro con flores en sus manos, flores azules y camelias. Más de uno no podía soportar el dolor y rompía en llanto cuando menos se lo esperaba. A pesar de lo triste que parecía ser todo el cielo lucía precioso, un cielo azul despejado con un viento moderado, propicio para mediados de primavera cuando la vegetación se encuentra en su apogeo de florecimiento.
Yuri y Mila tenían recuerdos difusos y dolorosos que compartían en silencio rozando sus manos mientras que, sin saberlo, pensaban en los dos momentos en que vieron a Viktor Nikiforov romperse: Cuando Georgi murió en aquella horrible misión, marcando el inicio de una de las peores etapas de la aldea, y cuando Yuuri murió luchando para darle punto final a esa misma etapa. Después de aquello Viktor jamás había vuelto a ser el mismo, pero no por eso fue necesariamente un mal hokage, sus logros hablaban por si solo y toda esa gente que deseaba acompañarlo en su deceso al más allá era prueba suficiente de ello. La pelirroja no recordaba un funeral tan concurrido, ni siquiera el del antiguo Hokage, los caídos en la quinta guerra shinobi o el del Kazekage, al que había asistido por petición de Viktor. Sus ojos volvieron a Yuri que silente tenía su mirada puesta sobre la espalda menuda de los hijos de Viktor: Yuriy y Tsubaki. Le había prometido a Yuriy que apenas pasara la época de duelo irían a hablar con Ren, porque ciertamente toda la situación a él le sonaba turbia.
Él había quedado atrapado en aquel jutsu de Umi, después fue liberado por Ren que había aparecido de la nada y Viktor, aunque lucía mal, estaba siendo ayudado por Umi a recuperarse. El rostro de arrepentimiento y evidente llanto del usuario más joven del kekkei genaki del hielo le decía que todo había acabado bien. Después Ren le pidió que fuera a buscar ayuda a la aldea, y cuando el equipo de ANBUS regresó, le sonó extraño todo lo que decían ellos: signos de una pelea más violenta, Umi sometido por Ren y Viktor, muerto. Se negaba a pensar que un hijo matara a su padre. Aquella sospecha se acentúo ante la tranquila o nula respuesta por querer cooperar por parte de Ren y la declaración sencilla y vaga de Umi. Algo le sonaba tan mal como a Yuriy. Pensaba en lo mucho que tenía que la tenía que estar pasando la chica, así como su hermano menor. Sentía una auténtica pena por ellos. Aunque su divagación se calla al instante en que empieza a haber un pequeño alboroto, y se congela al sentir aquella presencia, Mila le sostiene la mano fuertemente al grado de casi lastimarlo, y cuando voltea ansioso entiende porqué su pareja reacciona así.
Sara, que está en primera fila, junto con el resto de la guardia de honor escuchan el mismo alboroto, y al girarse gime, pálida.
—¿Capi-tán Yuuri? —suelta alguien cayendo de rodillas.
Yuri debe de tallarse los ojos porque siente que le están jugando una mala pasada. Y es que no da credibilidad a lo que ve, a lo que siente. Porque es la presencia del Capitán Katsuki, el chakra, el cuerpo menudo, y sus movimientos lentos, cuidadosos y elegante, con uno de sus exquisitos kimonos y una capa que le cubre la cabeza pero se sabe que es él, no hay la mínima duda de ello, lo que se alcanza a ver de su rostro lo delatan causando en un instante terror. La gente se aparta como si el espectro estuviera maldito. Sara está a punto de caer de rodillas pero Tsubaki y Yuriy la detienen sin entender qué está pasando. Chris está temblando de pies a cabeza porque él mismo cargó el cuerpo de Yuuri junto con Yuri, JJ y el difunto Mikado desde la casa de Viktor Nikiforov, donde prepararon el cuerpo de Katsuki Yuuri, hasta el corazón del bosque donde había sido sepultado. El sintió el peso del cuerpo muerto del capitán y era imposible que de buenas a primeras estuviera vivo. Intacto. Una vez más, como si el tiempo no lo hubiera afectado.
Los más jóvenes están confundidos, los que tuvieron la oportunidad de conocer al capitán están pasmados, nadie parece respirar porque quizás se trata de un genjutsu total y perfecto, muy desarrollado. Y aunque parezca estúpido, es lo más lógico por lo que apuestan. Una ilusión. Algunos osados intentan romper la ilusión pero la entidad sigue ahí caminando al mismo ritmo. Con su capa oscura y su silenciosa y aplastante presencia que grita: Aquí estoy.
La aparición se ha hecho paso entre los asistentes sin problema hasta el frente, donde la tumba de Viktor se irgue junto a la de los otros Hokages y los héroes de más alto honor fallecidos en función, usualmente a lado de cada Hokage siempre se guarda un lugar, un espacio para una tumba más que pertenecía no a la pareja, hijos o nietos del difunto, sino a su persona de más confianza, su mano derecha o al menos así había sido hasta que falleció el Hokage anterior a Yakov, que fue enterrado junto a su esposa, que muy problemáticamente había sido su mano derecha y consejera más cercana, posterior falleció Lilia Baranovskaya, la mano derecha y esposa del difunto Yakov, que fue enterrada junto a su pareja de vida y misiones, y todo aquello se malentendio de pronto. Los ojos de aquella persona que está parado frente a la lápida de Viktor Nikiforov se fijan en la lápida vacía que está a lado de la del hokage. Se hinca para tocar el liso mármol que acompañara a Viktor.
—¿Por qué está solo? —susurra y nadie se atreve a hablar, porque más de uno se ha hecho encima, alguien se tuvo que haber desmayado ya. A esas alturas tuvieron que estar sometiendo aquella persona para un exhaustivo interrogatorio y pedir explicaciones porque probablemente se trate de una ilusión o una trampa, la aldea se encuentra vulnerable sin un líder, pero los ninjas solo saben pelear contra cosas reales no contra fantasmas, tan es así que a Yuri está a punto de darle un colapso nervioso y Mila está hincada llorando de lo alterada que se ha puesto.
—Tú estás muerto... —sentencia Sara—. Tú estás mue... —enmudece al instante en que el contrario empieza a mover sus manos, alertando a la guardia ANBU que han llegado en un suspiro, pero antes de que puedan hacer algo enormes ramas de árboles surgen furtivas del suelo, alzándose amenazantes contra quienes han intentado interrumpirlo, una más ha roto aquella placa lisa de mármol vecina a la del difunto Viktor Nikiforov. El sospechoso ha alzado las manos mostrando que no hace nada malo pues uno de los ANBUs que ha logrado escabullirse del ataque le apunta con su espada al cuello.
—¿Por qué me atacas? —pregunta en un hilo de voz.
—Porque eres muy sospechoso —dice el ANBU con soltura.
—Sólo soy un hijo que se despide de su padre —advierte sacándose la capucha y mirando fijamente con aquellos profundos ojos azules al ANBU.
—¡Ren! —señala Chris entre aliviado, aún asustado y confundido. Él se acerca ordenando bajar las armas a los ANBU que muy a la defensiva acatan, pues en jerarquía Chris es el siguiente en la lista ante la caída del jefe de la aldea, se rumorea que Chris será el siguiente en asumir el cargo de Hokage, aunque ya está mayor, aún podría aguantar unos años hasta que la nueva generación estuviera lista para asumir el control. El rubio se acerca y Ren vuelve a dejar sus manos sobre la tierra haciendo que las ramas de los árboles regresen al suelo, las ha halado de una de las raíces de los árboles cercanos. DEspués se incorpora viendo a Chris que está a su lado.
El parecido con Yuuri es increíble y traga saliva. Porque el susto ha sido de muerte y mucha gente está murmurando ya. La realidad parece regresar a la normalidad y los agentes de seguridad empiezan a controlar a las personas que ahora están inquietas.
—Pensé que no ibas a venir —comenta el rubio y Sara se acerca recompuesta.
—¿Qué haces aquí? Por culpa de tu- —pero se queda a medias cuando Chris se interpone entre ella y Ren, el shinobi silencioso se ha vuelto a quedar frente a la tumba de su padre. Yuriy también se ha acercado junto a Tsubaki, no conocían a Ren, sólo a Umi. Pero el moreno ni siquiera le ha regalado una mirada a la familia de su padre, sólo se concentra en hacer sellos con sus manos de manera bastante hábil. En el último sello deja sus manos unidas y después las separa lentamente, Chris que discute discretamente con Sara se queda callado al notar lo que Ren está haciendo, Yuri y Mila se han hecho espacio para quedar al frente, Yuriy se acerca a ellos, se siente más segura con ellos que con su madre, los tres, como el resto de la audiencia que están en primera fila, son testigos de como las manos de Ren tocan delicadamente la placa con el nombre del Hokage. Una luz tenue, azul clara, azul polar, se vislumbra de las palmas de sus manos, resplandece un fulgor de ensueño que ilumina su rostro y su cuerpo.
—El chakra de un usuario del Kyouniwa... —masculla Yuri a Mila y Yuriy que ha contenido el aliento.
Al momento que Ren aspira y suspira, con ojos cerrados, una corriente gentil de aire hace que sus cabellos y sus ropas se batan y queden casi suspendidas como en una preciosa pintura hecha a tinta y acuarela. De pronto las muchas flores que adornan la lápida de Viktor desprenden sus pétalos, formando un amable y bello huracán que se alza sobre la cabeza de todos. La humilde brisa abraza a quienes están observando, al mismo tiempo que un aroma agradable y reconfortante llena el ambiente. Yuri, no puede evitar derramar un par de lágrimas. Es el mismo jutsu que Yuuri hiciera en el funeral de Georgi, lo recuerda perfectamente, y es inevitable no romperse al recordar que cuando le tocó el momento a él de despedirse del moreno sólo fue capaz de llorar desconsoladamente y dejar un triste ramo de flores que empezaban a marchitarse. Los pétalos del torbellino se vuelven azules y se elevan por todos lados en lo alto. Chocan entre sí como si fuera una pequeña tormenta y Chris no puede evitar sonreír, es como Viktor, fuerte, grande, llamativo e impredecible, y de la nada, se dispersan en purpurina azul que se riega alrededor, pero desaparece antes de tocar a cualquier persona.
Ren abre los ojos lentamente para ver su obra de arte, aún hincado. Tuerce los labios lentamente mientras que baja la mirada para ver que todas las flores se han vuelto azules, sonríe, sacando de su bolsillo una tablilla funeraria. Chris no sabe qué hacer cuando ve que la tablilla es de Yuuri Katsuki.
—Arte floral: Reizou... —dice Ren mirando el nombre de sus padres juntos—. No lo hice por ti... lo hago por él... —enseguida se incorproa recogiendo su capa para colocarsela y regresar por donde ha llegado antes.
—Llévate esa basu-
—Atrévete a tocarla, Sara Crispino —sentencia el moreno—. A mi hermano no le importó asesinar a mi padre, ¿imagina si a mí me va a importar hacer lo mismo contigo? —dice aún caminando, la gente se hace a un lado dejándolo pasar sin problema.
La castaña aprieta los puños a sus costados sin aguantarse más y cogiendo aquella tablilla para romperla. Ren se detiene.
—¡Madre! —habla Yuriy. Tsubaki también se acercan.
Ren suspira, todos se tensan. Los ANBUs no se han ido, siguen ahí, el ambiente ha cambiado de pronto pero Ren no hace más, y vuelve a caminar.
—Cobarde —dice Sara y Yuriy enrojece hasta la sorejas—. Igual a Yuuri —más de uno se giran a mirar a Sara y Ren solo puede sonreír suavemente, al dar otro paso más desaparece en un suspiro dentro de un remolino de flores y hojas. Yuriy mira con el corazón en la mano a su hermano mayor.
...
Su misión es simple: Cuidar que nadie robara el cuerpo de su padre. Era una misión solitaria, casi aburrida pero requería de un poder como el que él poseía. Jamás se había quejado al respecto, apenas tuvo la edad suficiente y tras distintos intentos de asalto al área, el hokage decidió que el cuerpo de Yuuri realmente requería ser custodiado, era de vital importancia para la supervivencia de la aldea. Cada tanto recibía la visita de niños curiosos, que motivados por las diferentes "leyendas" que circulaban por ahí con respecto al Bosque Sagrado, se adentraban lo suficiente para probar su valor. Ren solía divertirse espantándolos para hacer que el rumor sobre maldiciones, fantasmas y monstruos alejara más a los curiosos. Con los años, el Bosque Sagrado dejó de serlo en nombre y se convirtió en Bosque Maldito, aunque sólo unos cuantos sabían la verdad y el motivo por el cual nadie se podía acercar ahí.
La vida no era triste en lo absoluto para Ren que había perdido a su familia de la noche a la mañana, que había sido abandonado por su gemelo, que había rechazado por voluntad el afecto de su padre, que había decidido llevar una vida en soledad en compañía de la tumba de su padre. Al contrario, era una vida perfecta para él. Tenía lo que necesitaba para vivir: Comida fresca, hermosos paisajes, paz y libros para leer. No necesitaba ver el mundo exterior, no ese mundo que había matado a su padre y lo había despojado de su vida tajo por tajo. Prefería pasar sus años ahí y cuando llegara el momento ser abono para la tierra, y acompañar a Yuuri. Con él moría el kekkei genkai floral, y el cruel mundo dejaría de utilizarlos a su beneficio.
Porque eso habían hecho con su padre, y eso mismo, si se dejaba, harían con él. Ahora entendía porque en la antiguedad en el País de los Vegetales era rito y tradición que cuando un usuario del kekkei genkai moría tenía que ser incinerado y sus cenizas destruídas, de esa forma se le garantizaba paz o de lo contrario... acabarían así, como Yuuri, trabajando aún después de tal horrible muerte y traición, porque como para Umi, Ren sentía el matrimonio de Viktor como una horrible traición. La supuesta boda una hipocresía que jamás le iba a perdonar. Sin embargo aquella noche en que mientras dormía la tierra le advirtió de enemigos poderosos acercándose y Viktor Nikiforov en persecución contra ellos, hizo a un lado sus sentimientos infantiles para ir a averiguar que ocurre. Es veloz, entre las ramas de los árboles, a la distancia es capaz de distinguir una figura familiar, y no le da tiempo a la sorpresa apoderarse de él, y decide atacar, entrando de lleno con una ráfaga de peligrosas y largas espinas que separan a Umi del intento de sellado que quería aplicar contra un Viktor Nikiforov cansado y a merced de un niñato que él mismo crió.
—¿Qué mierda haces? —pregunta Ren saltando al frente y sacando sus armas listo para denfer.
—Hermano —los ojos de Umi se ilumina a pesar de que estuvo a punto de sucumbir al mortífero ataque de Ren. Se incorpora extendiendo los brazos—. Hermano... —traga saliva—. Mírate... —susurra el menor—. Eres idéntico a papá... —susurra.
—¿Qué mierda haces? pregunte.
—¿No es obvio? —una sonrisa que Ren desconoce surca los labios de Umi mientras que dos grandes sables de hielo se forman en las manos de Umi—. Intento matar a papá... —comenta con travesura y Ren aprieta los labios mientras que se concentra pues es capaz de sentir la sed de sangre y el hambre de venganza que se desprende de Umi. Ren frunce el ceño tragando saliva, pero es la mano de Viktor que toca su tobillo que lo hace reaccionar.
—Ren... Umi... es tu hermano —dice entrecortadamente mientras lidia con el dolor que le produce el hacer sido atravesado por una de las estacas del más joven, Umi ganó terreno en el momento en que empezó a atacar el punto más débil y flaco de Viktor: Yuuri Katsuki. Sin embargo, Ren sabe que si no va enserio, con todo lo que tiene en su arsenal, es probablemente que sucumba ante su hermano, lo supo el día que Umi llegó cinco años atrás a pedirle que se fuera con él al país de la Nieve, lo supo ese día porque lo que vio en los ojos de su hermano no fue algo natural, algo humano. Estupidamente, y motivado por el horror, Ren se negó a dejar su nido de tranquilidad y paz, pero también fue incapaz de pedirle a Umi que se quedara. Umi había estado sufriendo y ahí estaba la consecuencias del dolor. Chasquea la lengua.
—¿No pediste refuerzos? —pregunta Ren pero esa pequeña distracción le cuesta una patada en la cara. Umi es tan rápido como Yuuri Katsuki y Ren sale disparado a lo lejos, su viaje es detenido por un árbol que cruje así como sus huesos. Entreabre la mirada juntando sus manos para ejecutar un jutsu y hacer que las ramas apartaran a Viktor de Umi que está a punto de darle el golpe de gracia. Umi ruge de furia girándose hacia Ren que se ha puesto de pie lanzándose a la lucha.
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—Eso ha ido horrible —masculla Mila a Yuri de regreso del funeral—. Cuando apareció Ren... fue...
—Lo sé —diceYuri mientras que se cubre el rostro, tallándolo, apartándose los cabellos rubios del rostro, porque se le han pegado por el sudor. Siente que huele mal, pero no ha podido evitar transpirar como un maldito cerco. Ha sido de las peores sensaciones que ha tenido en la vida, porque a él le consta lo mucho que Viktor sufrió y ver a Yuuri ahí de pie, fue impactante, aunque al final no había sido Yuuri sino Ren, y eso fue el doble de impactante—. No creí que... iba a llegar a ver a Ren otra vez...
—Dímelo a mí —responde Mila con sus manos por detrás de su espalda—. Ahora solo queda... esperar el juicio de Umi.
Yuri no quiere asentir pero lo hace como una respuesta natural a la obviedad, Mila odia a Viktor, pero aún así no sabe sí decirle: Oye, la hija de Viktor y yo creemos que Umi no mató a Viktor, ¿tú qué opinas? Porque eso sería una aseveración arriesgada y estúpida de lanzar incluso a Mila, su novia. No quería meterla en problemas por sus absurdas suposiciones, aunque la que sí se iba a meter en problemas era Yuriy, mira hacia un costado del camino que habían tomado, una zona con varios arbolesy después suspira casi derrotado, está exhausto, toda aquella situación lo ha drenado. Pero Yuri y Mila se detienen en seco al ver la figura de Ren frente a ellos. El joven observa un edificio, parece ser un edificio cualquiera pero cuando Yuri pone atención al edificio recuerda que era el mismo sitio donde solía estar la antigua tienda de siropes. Los mismos que comía Katsuki Yuuri. Yuri se acerca sin titubeos, y antes de poder increpar al menor, éste le extiende una hoja, Mila se acerca también.
—Necesito sacar a Umi de prisión —suelta de pronto. Yuri y Mila están por volver a desmallarse pero el rubio calla a la pelirroja y seguida se mete a la boca el papel para comérselo.
—Necesito respuestas —dice Yuuri en voz baja mirándolo serio—. Y las ne- —Ren calla la boca de Yuri con su mano, mira al directo a los ojos rubio, y después hacia un árbol, y entre cierra una mirada. Se escucha un pequeño grito y quejidos. Mila, Ren y Yuri se acercan.
Yuriy se retuerce en el suelo mientras trata de liberarse de las lías de árboles que le han atrapado y la han dejado en el suelo envuelta e inmóvil.
—Tuviste suerte que no son venenosas —masculla Yuri mientras la desata. Pero al girarse Ren se está yendo—. Espera, ¡Ren! —el moreno hace oídos sordos.
—¡Sé que Umi no mató a papá! —grita Yuriy.
Ren suspira profundamente, y regresa sus pasos con tranquilidad para mirar a la chica de cerca, es pequeña. Delgada.
—No es tu papá —aclara—. Tú, como Umi y yo, somos bebés nacidos de una probeta nacidos de una mujer que estaba enferma de poder y ambición, no presumiría que somos hermanos con tanta pasión como tú lo haces —explica fríamente mirándola a los ojos y la chica acaba por sonrojarse porque de cerca es bastante atractivo—. Y decir aquello tan frescamente... es peligroso... ¿acaso eres estúpida? —susurra para después mirar a Yuri que aprieta los puños y Mila se siente totalmente perdida, inclusive el enojo inicial se le ha borrado de la cabeza—. Como sea, no podemos hablar aquí —mira a los ojos otra vez a Yuri que asiente suavemente comprendiendo todo. No es estúpido. Y Yuriy está por reclamar y Ren vuelve a desaparecer otra vez entre flores, hierbas y un embriagante aroma que la deja con un dolor en el pecho.
—¿Estás contenta? —susurra Yuri y Yuriy cae en cuenta, sin haberlo querido, que tenía razón. Sus suposiciones estaban por confirmarse. Umi Nikiforov, no había asesinado a Viktor Nikiforov.
...o...o...
Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
