Capítulo 22

Rosalie, al parecer, se tomó lo de la venganza muy en serio. Mientras que la mayoría de las nuevas esposas estarían contentas con tratar con los guerreros sin aparear en un catre reclinable, Rosalie había ordenado que la mesa fuera limpiada para que se pudiera acostar ahí, asegurándose que Emmett y todos los demás guerreros en el otro lado del gran salón tuvieran una excelente vista de ella, Jek, Mik, Gio y otro guerrero que Bella desconocía.

Emmett estaba de pie al otro lado de la cámara, con sus brazos cruzados sobre su enorme pecho, un tic nervioso en su mejilla latía con furor. Sonriendo para sí misma, Bella giró sobre sus talones para volver a su asiento, pero en cambio, se encontró siendo levantada en los enormes brazos de Jake.

Acostándola en un catre reclinable, se puso junto a Bella y se apoyó sobre su codo para mirarla hacia abajo. "Ya no estés más enojada conmigo", le suplicó Jake en un tono triste y tranquilo. Separando la falda de su qi'ka, deslizó sus dedos por el parche de vello del color de las bayas de fuego y gimió. "Me está matando por dentro".

"¿Sí?" ella exhaló, inhalando bruscamente cuando Jake comenzó a acariciarla íntimamente, masajeando su clítoris.

"¿Te gusta eso?" le susurró con voz áspera. "Por la diosa, ¡cuánto desearía poder meter mi vara en ti! No tienes idea de en cuántas salidas de la luna yo he llegado a la cima sólo pensando en ti".

"Oh, Jake". Bella pasó su mano por su hermosa mandíbula, insegura de qué decir. Esta era evidentemente la versión Trystonni del primer enamoramiento y era evidente que él lo estaba tomando en serio.

Abriendo sus piernas ampliamente para recibir los dedos aventureros de Jake, ambos gimieron cuando ella giró sus caderas. "¿Ya has hecho el amor con tus nuevas sirvientas?" le preguntó sin aliento.

"No. Se supone que debemos escoger las que queremos en unas salidas de la luna, sin embargo, no me puede apetecer cuando estás enojada conmigo". Con sus dedos aun explorando el interior del canal de Bella, Jake usó su otra mano para apartar el frágil corpiño de su qi' ka y la tiraba lejos de ellos. Él gimió. "He pensado en estas bayas duras a cada salida de la luna desde la última vez que mamé de ellas". Inclinando la cabeza, cerró sus ojos y enrolló su lengua alrededor de un pezón erecto, chupando de su pecho como una criatura destetada.

Bella se mordió el labio. Jake realmente estaba muy enamorado de ella. Él era un amor y lo que ella menos quería era que él la anduviera anhelando. La parte realista de ella discutía que el enamoramiento de Jake, sin duda surgió del hecho de que ella era la única mujer humanoide en contacto constante con él. Andar por todos lados casi desnuda mientras estaba cerca de él no podría haber mejorado las cosas mucho. Jake definitivamente tenía que ir a escoger a sus sirvientas.

"No estoy enojada contigo, Jake", le confesó Bella, conteniendo el aliento mientras el guerrero tiraba más fuerte de sus senos, sus dedos azotaban con frenesí dentro de ella. "Oh- Jake". Ella llego al clímax una y otra vez, su pezón duro sobresalía dentro de la boca de Jake.

Jake gruñó mientras mamaba más fuerte del pico rígido. Él sacó sus dedos del pasaje y los mamó hasta dejarlos limpios mientras alzaba su cabeza un minuto después. "¿Lo prometes?"

"Sí".

"Bien". Sus ojos devoraban el cuerpo excitado de Bella mientras agarraba un seno y lo apretaba. "Deja que yo me encargue de ti otra vez, Su Majestad. Tu cuerpo me lleva casi hasta la locura"

Bella sonrió. "Con frases como esa, llegarás lejos con las mujeres".

"Es la verdad", dijo Jake, sonriendo de vuelta, sin embargo, serio. "Decidí no juguetear mucho en su banquete de consumación porque yo no tenía a Tanya como alivio en ese entonces, pero ahora"- él meneó sus cejas en forma pícara- "estoy listo para atracarme".

"Ve a comer de las otras jóvenes", una voz conocida le ordenó suavemente, "Yo pasare este tiempo con la Gran Reina".

Bella se sorprendió al ver que Kil se acostaba a su lado. Sin querer hacer un espectáculo, ella se giró hacia Jake y lo empujo con una sonrisa. "Ve. Yo sé que quieres. Diviértete con las otras mujeres apareadas aquí".

"¿Segura?"

"Sí. Ve".

Jake sonrió, luego se puso en pie para cumplir los deseos del esposo menor. Cuando estuvo fuera de su alcance para escucharlos, Bella se giró hacia Kil y buscó en su rostro. "¿Qué haces aquí?"

"¿Qué parece?" Kil tomó el lugar que la partida de Jake dejó abierta. Pasando los dedos sobre los labios hinchados de Kyra, comenzó a masajear su clítoris. "Veo que el joven te ha preparado para mis ministraciones".

"De hecho", confesó Bella en un suspiro, "Ya me he venido dos veces, por lo que probablemente debería ir a Edward".

"No te oí que te vinieras."

"Bueno, de todas formas, lo tuve".

"Si tú lo dices" sonrió Kil. Metiendo dos dedos en su canal apretado, continuó frotando su clítoris hinchado, algo que Jake, mucho más joven, no había tenido la suficiente experiencia para saber hacer automáticamente. "Pero Edward no dejará el lado de los guerreros de la cámara hasta que te oiga tener tu clímax".

"Él vino por mí la última vez".

"Tengo entendido que tú gritaste la última vez".

"Sí", dijo Bella entre su aliento, girando sus caderas como una reacción natural a la búsqueda de placer. "Pero la última vez yo estuve en el lugar de Rosalie, en el centro del escenario, tenía todas las manos sobre mí".

Kil metió sus dedos más profundamente, continuando masajeando su sensible nudo. "Créeme, lujuriosa, yo podré llevar a cabo solo lo que tomaría a cuatro o cinco de estos jóvenes machos hacer".

Bella no lo dudaba, y eso es lo que la preocupaba. Poniendo una mano en su muñeca para detenerlo, ella se molestó cuando no funcionó. "Kil", gimió ella, "Por favor, para. Esto no parece correcto".

"Lo que no me parece correcto", dijo Kil en descaradamente mientras su canal se inundaba, "es tener una tradición que me obliga a probar tus encantos, pero no permitirme saborearlas". Sus labios se curvaron sin arrepentimiento. "Así que voy a remediar eso sólo un poquito".

Bella estaba a punto de tener su clímax cuando Kil detuvo sus ministraciones abruptamente. Sus párpados se abrieron inquisitivamente.

"No se te perdona así de fácil", le informó Kil burlonamente, "porque como te dije, yo te saborearía primero".

"Pero-"

Él alzó una mano para silenciarla. "Es mi derecho como esposo menor hacer esto en los banquetes de consumación si así lo deseo". Él situó su cuerpo entre las piernas abiertas de Bella y deleitó sus ojos en sus pesados senos. Podía sentir su feroz excitación. "¿Me niegas mis derechos?"

Bella se ruborizó, acordándose de la promesa que él le había sacado a ella hacía unos días en el balcón. Ahora tenía que imaginarse cuán trazada estaba esta situación por parte de su cuñado. "No. Por supuesto que no".

Kil gruñó, satisfecho. "Toma tus dos senos para mí, luego levanta tus pezones para mi inspección. Vamos, déjame verte hacerlo".

Bella hizo lo que le pidió, la excitación en su vientre se hacía se acumuló. Ella se sintió culpable por un momento, pero dejó que la sensación pasara cuando escuchó a Edward tener su clímax por lo que debía ser la quinta vez en el otro lado de la recámara.

"Leha", decía él con voz melódica, "si hubiera sabido de tu talento para mamar, yo mismo te hubiera aprovechado antes".

Con las fosas nasales dilatadas, Bella empujó sus duros pezones hasta la boca de Kil. "Chúpalos"

Kil le sonrió, la cicatriz en su mejilla derecha se retorció. "Si piensas tener una vida feliz en Tryston, es importante que aprendas que la lujuria y el amor no siempre van de la mano. Por lo menos no en los banquetes de consumación". Dobló el cuello, hundiéndose en los dos picos rosados, luego levantó la cabeza para encontrarse con su mirada de nuevo. "Pero sí, me gustaría poner a Edward celoso por ti".

Con un gruñido, Kil bajó su boca a los pezones regordetes y aprovechó. Ella inhaló bruscamente, apretando sus caderas contra él. Kil empujo sus caderas hacia atrás, simulando el acto de unión.

"Mmm", dijo él en un gemido bajo una y otra vez, mientras continuaba tirando de sus pezones y meciéndose hacia delante y atrás entre sus muslos. "Mmm".

Bella gimió. "Oh dios, oh Kil".

"Mmm". Kil giró sus caderas, llevando a Bella más y más cerca del clímax. Y justo cuando ella casi lo alcanzó, él se detuvo, otra vez.

Bella lo golpeó en la espalda. "¡Esa fue la segunda vez!" "¡No más!"

Kil levanto el rostro de sus senos y sonrió con descaro. "¿Te frustra, lujuriosa?" Él dobló su cuello para rozar con su lengua sus dos pezones con un largo lamido, luego levanto su cabeza otra vez. "Yo prefiero saborear más de ti antes de darte tu gozo de mujer".

"¿Como?"

Bella contuvo el aliento mientras Kil se movía hacia abajo por su cuerpo, y le dejaba una lluvia de besos mojados en su camino. Detrás de ella escuchó a Rosalie gritar su liberación, luego escuchó a Emmett gruñirles a los guerreros que lo habían causado mientras él la levantaba y se la llevaba de la recámara.

"¿Estás lista para gritar así?" le preguntó Kil con arrogancia, abriendo las piernas de Bella de par en par y colocando su rostro entre ellas. Él la tentó con una ligera caricia en su coño, induciéndola a gemir. "Contéstame".

"Sí".

"¿Mi hermano está mirando?"

Bella sonrió sin quitar la mirada de Kil. "Sí".

"¿Cómo lo sabes?"

"Mi collar matrimonial resplandece con rojo y verde brillante".

"Ah". Kil lamió otra vez, saboreando el dulce, limpio sabor de su piel. "Él está cabreado y lujurioso- una combinación excelente".

Bella giró sus caderas, rozando sus labios vaginales con la boca de Kil. Ahora era su cuñado el que gemía. "Pellizca mis pezones mientras me saboreas", dijo entre su aliento en un susurro áspero.

"Por la diosa, eres una cosa muy lujuriosa". Kil extendió la mano hacia arriba y agarró los dos pezones de Bella, rodándolos entre sus dedos.

"Ay dios- sí". El cuello de Bella se relajó y su cabeza cayó hacia atrás en el catre reclinable. Cuando Kil gruñó profundo dentro de su garganta y su boca se zambulló para deleitarse con su coño mojado, ella de hecho se salió del catre un poco. "Ohhh". Sabiendo que su esposo miraba, que luego él la follaría hasta dejarla sin sentido, sólo aumentaba el efecto que la habilidad estelar de Kil tenía sobre ella. "Sí. Kil. Chupa más fuerte, oh sí, ahí".

Kil cenó de su carne rosada hinchada como un animal hambriento. Aun tirando de sus pezones, él lamió y chupó sus labios vaginales y su clítoris, hacía deliciosos sonidos de sorbetones que hacían eco por todo el gran pasillo.

"Dios". Bella envolvió una pierna alrededor del cuello de Kil sin pensar, presionando su cara en sus labios resbaladizos.

"Mmmmm", dijo Kil en un ruido sordo, haciendo vibrar el clítoris de Bella con el sonido "Mmmmmm".

Fue todo lo que ella podía aguantar. Arqueando sus caderas, Bella envolvió ambas piernas alrededor del cuello de Kil, y aplastó su cara en su carne temblorosa, echó su cabeza hacia atrás, y dejó escapar un grito que derribó las vigas.

Unos momentos después, Kil se sentó, respirando con dificultad. Bella se dio la vuelta hasta estar sobre su estómago, luego se puso en cuatro, haciendo lo mismo. Contando con que Edward la levantara y la llevara a sus recámaras, ella se sorprendió cuando en su lugar ella sintió sus manos agarraban sus caderas y su inmensa y gruesa verga la golpeaba por detrás. "Edward, ¡¿Qué estas…?, ohhhhhh!"

Los ojos de Bella se giraron dentro de su cabeza mientras que un rápido y feroz clímax dominaba sus pensamientos. Gimiendo, se encontró con los golpes de su esposo, ansiosa y lascivamente.

Kil se estiró sobre su costado, se apoyó sobre un codo, y sus labios se curvaron con ironía, viendo el espectáculo. Más guerreros se reunieron alrededor hasta que se formó un gran círculo alrededor de Bella y Edward.

No todos los días se les daría la oportunidad de ver un apareamiento real y todos lo sabían bien. Un Gran Rey sólo ponía a su nee' ka en exposición al público cuando él quería mostrar su dominio sobre ella, cuando él quería demostrarle a sus guerreros que era él quien tenía todo el dominio sobre sus placeres.

Edward golpeó su verga en Bella desde atrás, una y otra vez, una y otra vez. Cuando ella llegó al clímax, él bombeó más fuerte. Cuando ella rogó por más, él golpeó sin misericordia. Cuando ella le suplicó que hiciera latir las alhajas matrimoniales, él se lo negó.

La hizo rogar por ello.

La hizo suplicar por ello.

Él la hizo arrastrarse por ello.

Y, aun así, Edward se lo negó. Después de que el siguiente devastador clímax de Bella la hiciera convulsionar, Edward dio grandes golpes metiéndose en su piel mientras que, con arrogancia preguntaba, "¿Quién es el dueño de este lujurioso pedazo de carne entre tus muslos?" Ella se vino otra vez, sollozando por su semilla. "¿Quién?" gritó él.

"Tú. Ay dios, tú".

Edward giró sus caderas, rozándose en el coño de Bella hasta que ella gritó. Con otro giro, la golpeó sin piedad desde atrás, sus senos se sacudían al ritmo de sus empujes. "¿Qué guerrero ha follado este dulce canal, sino yo?" gruñó posesivamente.

"Ninguno".

"Dilo otra vez". "Ninguno".

"¿Debo mostrarles a estos hombres por qué?" preguntó Edward con arrogancia, golpeando más fuerte, empujando más rápido.

"Sí, ay dios sí".

Los guerreros no apareados se quedaron quietos, con los ojos muy abiertos y sus penes erectos, todos ellos ansiosos por ver que sucedía cuando el collar de una esposa parpadeaba. Hasta Kil, cansado como estaba, no podía sofocar su inquietud. Todos habían escuchado historias. Ninguno lo había visto de primera mano.

Con los músculos tensos y rígidos, Edward cogió las caderas de Bella y la embistió. Duro. Rápido. Implacable. Despiadado. Una y otra vez. Otra y otra vez. Ella se sacudió y arqueó, gritó y rogó, suplicó y sollozó. Y justo cuando ella pensó que ya no podría soportarlo más, las fosas nasales de Edward se dilataron y él rugió, "Entonces toma mi semilla".

El collar matrimonial parpadeó. Bella gritó.

Edward rugió.

Los espectadores palidecieron.

Bella y Edward convulsionaron y se estremecieron -ella lloriqueaba, él rugía- ambos montaban pico tras pico tras pico de un incesante, interminable y desgarrador clímax. Seguía y seguía, ola tras ola, con una intensidad que los volvía locos.

Cuando al fin las olas disminuyeron, Bella se cayó al suelo, agotada. Edward se acomodó encima de ella respirando con dificultad.

Kil fue el primero en salir del estado de trance y recuperar cierta apariencia de razón. Se puso en pie mientras inhalaba profundamente y apartó a los guerreros del gran salón para darles a su hermano y cuñada privacidad.

"Hombres, busquen a una joven lujuriosa y vayan a sus recámaras", ordenó Kil mientras exhalaba una bocanada de aire. "Yo sé que encontraré algunas".

Emmett arrastró su mirada de donde estaba la Suma Sacerdotisa desnuda, sentada a su lado, y la puso en su prometida. Él observó su tentador cuerpo estirado y abierto de par en par, listo para acoplarse al de él, y sus fosas nasales se dilataron con la satisfacción de un cazador realizado. Su respiración era entrecortada, su control se agrando.

Era hora.

Emmett invocó la ropa de su propio cuerpo, una ceja arqueándose con arrogancia cuando escuchó el aliento de su nee' ka al ver su feroz erección. "¿Sí?"

Rosalie se lamió sus labios. Sus ojos se abrieron con incredulidad. "Santo Cielo", dijo ella en murmullo.

Emmett sonrió. "Sabes lo que dicen, mis corazones".

"¿Q-qué dicen?"

"Una vez que te vas con Emmett, nunca vuelves".


Hola de nuevo.

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