El embarazo de Kohaku se confirmó públicamente, y a toda la aldea, aunque por primera vez en la vida de Senku, fue más por instinto que por fundamentos científicos. Mientras que ya muchos sabían de la noticia y pudieron ahora felicitarlos sin contenerse, los oriundos de la aldea no salían del shock. Por supuesto que todos los felicitaron calurosamente, pero seguían sin poder creer que justamente ellos estuvieran por tener un hijo. Ahora sí no había nadie que pudiera contener a Kokuyo, el hombre había procesado que sería abuelo por primera vez en su vida, pero no por Ruri, que era lo esperado por su edad y por su rol de sacerdotisa, y el ex-líder era un mar de lágrimas, consejos y preocupaciones, todo junto.
Pese a la advertencia de Senku de que iba a estar atrás de Kohaku como una sombra controlándola, luego le aclaró que eso no iba a ser necesario a menos que ella fuera descuidada, y hasta que llegue al menos la mitad del embarazo podía llevar su vida casi normal, con la obvia excepción de entrenar con mucha intensidad. Sin embargo, sí le dijo que podía ejercitarse livianamente, mientras no implique saltar o ejercicios de impacto, y que hasta era recomendable para evitar el sedentarismo. Françoise se había ofrecido a prepararle un menú personalizado, apropiado para las necesidades alimentarias que tuviera cada mes.
Los primeros dos meses transcurrieron con relativa paz para Kohaku, casi con aburrimiento, ya que no la dejaban ayudar con los experimentos científicos, entre que no la dejaban cargar o ensamblar nada complejo, y que Senku no la quería cerca de las sustancias que sintetizaba, ni del calor de la fundición o del generador eléctrico. Por poco y sólo le quedaría formar parte de las tareas del grupo de Suika y los otros niños, y al decir esa queja en voz alta escuchó el comentario de Chrome "al menos así ya irás practicando", lo que le ganó al castaño un buen golpe en la cabeza.
Con el comienzo del tercer mes, empezaron los problemas. Literalmente a los del mundo moderno les hacía acordar a una leona enjaulada, porque se movía de un lado a otro, pero sin hacer nada en particular, y tenía un humor muy irascible. Ella era muy activa y enérgica, por lo cual la perspectiva de bajar tanto el ritmo de su vida por los próximos interminables meses la solía poner al borde del llanto, o de la ira, cuando se sentía inútil. Senku no la tuvo nada fácil con eso, porque como vivían juntos también tenía que escuchar sus quejas y lamentos constantemente, pero no le quedaba otra que consolarla, mientras pensaba que, si estuviesen en la sociedad, tendría muchos más entretenimientos para despejarse, pero eso no era posible. Para colmo, no pudieron volver a tener relaciones desde que confirmaron el embarazo, ya que además de los difíciles cambios de humor que no ayudaban al clima romántico, Kohaku estaba aterrada de que pudieran lastimar al bebé. No había lógica que entrara en ella, y aunque Senku le explicaba todo el proceso biológico del embarazo, y el motivo por el cual era imposible eso, en especial si lo hacían con delicadeza y no como dos salvajes, no cedió ni un milímetro.
El proyecto del avión que pudiera llevar varios pasajeros marchaba viento en popa, como decía Ryusui, lo cual recuperaba buena parte del mal humor que había contagiado a Senku, y ya habían logrado fabricar casi la mitad de las partes por separado. Pero cuando una tarde el científico pasó por el centro de la aldea para pedirle ayuda de fuerza física a su suegro, llegó a sus oídos el llanto desconsolado de la leona. Alarmado, echó a correr, escuchando que provenía del interior de la choza del ex-líder, y se encontró con Kohaku llorando a pulmón en los brazos de su hermana Ruri, que sólo la abrazaba con fuerza y trataba de calmarla, ambas sentadas en el piso.
- ¡Kohaku! ¿Qué te sucede? –Pero su esposa no dejaba de llorar intensamente, no podía pronunciar palabra en ese estado– Ruri…por favor, dime lo qué pasó.
- Está angustiada, pero no te asustes, no pasa nada malo con el bebé. Estábamos hablando de cómo se siente, y de que en unos meses todo pasará y podrá tener a su hijo en brazos, todo muy alegre, y de pronto se puso a llorar así, diciendo "no puedo".
- ¿Qué es lo que "no puedes"? –¿y si se estaba arrepintiendo del embarazo? Era muy poco probable, si en un principio hasta había considerado al bebé por encima de su relación con él. Pero quizás la idea de sentirse así de "inútil" le pesaba más.
- No puedo…tenerlo. ¡No estoy lista, no sé nada de bebés, no seré una buena madre!
- Nadie está listo para ser padres, y yo tampoco tuve nunca un bebé ni un milímetro cerca, leona –suspiró de alivio al darse cuenta que sólo era una montaña de miedos, y se arrodilló frente a ella para hablar a la misma altura– Aprenderemos sobre la marcha, como todo el mundo, y ya viste que tenemos el apoyo de todos aquí, no estaremos solos.
- Todos están contentos por nosotros, sí…y me pone muy feliz, pero nadie sabe cómo me siento, ellos no son los que tienen que estar quietos, los que no pueden entrenar, ni ayudar, ni los que tienen miedo de lastimarse y arruinarlo todo.
- Entiendo que debe ser difícil para ti, pero piensa que todo esto es para cuidar a nuestro hijo, y si quieres puedo pensar otras formas de que ayudes.
- Pero…tendremos un bebé, Senku. TODO cambiará, todo –las lágrimas caían por su rostro sin detenerse– Si es que lo tenemos, y no pasa nada grave. He visto a mujeres en la aldea que lo perdieron, o que murieron en el parto…o que ellas lo tuvieron, pero hubo complicaciones y el bebé no lo logró. ¿Y si pasa algo de eso?
- No es como si pudiéramos preverlo, pero sabes que yo haré lo imposible porque salga todo bien. Si es necesario, organizaremos un viaje para despetrificar a todos los médicos de algún hospital, aunque nos pasemos meses cavando y buscando, hasta dar con todos los profesionales que te puedan ayudar. Crearé nueva medicina, haré todo lo necesario, con tal de que estés más tranquila –Se movió hacia ella para abrazarla, y Ruri le dejó el lugar. Le dio un beso en la frente, y sonrió suavemente cuando ella finalmente dejó de sollozar y comenzó a tener hipo, lo cual hubiera sido más gracioso si no estuviese tan angustiada– ¿Alguna preocupación más con que pueda ayudarte? Mejor si puedo resolverlo con ciencia, pero haré lo posible sino.
- Y nuestra choza…
- ¿Qué hay con eso?
- ¡Es pequeña! Apenas si entramos nosotros... Y estamos aislados, si necesitamos ayuda tardaremos demasiado en llamar a alguien. Y cuando para cuando nazca el bebé, y haga frío…
- Tenías toda una lista ahí guardada, ¿eh? Es absurda la cantidad de preocupaciones que tienes, no me extraña que te hayas puesto así. Eso es fácil, si es pequeña, construiremos otra. Si estamos lejos, entonces la haremos más cerca, nos haremos un buen espacio en el reino científico. Y mejor todavía, no haremos una choza, diseñaré y construiremos una casa. La primera casa del mundo de piedra. Con paredes firmes, ventanas de vidrio, y hasta puertas. Para el frío haré una gran estufa, e incluso podemos separar la casa en habitaciones para que cuando nuestro leoncito crezca, tenga su propio espacio. ¿Qué dices?
- No entiendo cómo estás tan tranquilo, y cómo tienes una respuesta para todo.
- Te equivocas, leona, ni uno ni lo otro. Solo que estoy tratando de buscar una solución para cada problema que surja. Así lo hice toda mi vida. Pero vas a tener que elegir, o desenterramos y revivimos a todo un hospital, o construimos la casa. Las dos no vamos a poder, no alcanzan ni el tiempo ni los recursos. Tú decides.
- ¿De verdad pensabas hacer lo del "hospital"? –Lo miró boquiabierta. Recordaba lo que era ese edificio desde el día en que habían cavado y encontrado a Mirai, la hermana menor de Tsukasa, y había sido un trabajo infernal.
- Si la vida de mi esposa y de mi hijo dependen de eso, diez billones por ciento seguro que lo haría. Aunque a decir verdad todos sabemos que pondría a trabajar a toda la aldea para lograrlo, el trabajo forzado no es lo mío.
- La casa, entonces, aunque no termino de imaginar eso que dijiste de cómo se va a ver –Le devolvió el abrazo, y se sentó en el hueco de su regazo– No quiero ser la especial, las mujeres aquí siempre tuvieron a sus hijos sin tanta bulla. Perdóname, Senku, no sé qué me sucedió para ponerme así de pronto, pero sentí que el mundo se caía alrededor mío. Pero ya me siento mejor, gracias a ti.
- La explicación científica es que, con el embarazo, los niveles de progesterona y estrógenos se duplican y con eso, la parte racional de la personalidad disminuye, a la vez que se refuerza la parte emocional. Así que estos ataques tan contradictorios de emociones intensas que tienes son normales.
- Lo único que entendí fue que voy a ser aún más irracional y emocional que antes.
- Sí, eso sería un buen resumen. ¿Volvemos a casa? –ella asintió– Ruri, ¿puedo pedirte un favor?
- Lo que necesites, Senku.
- ¿Puedes decirles a los demás que por hoy se cancela el trabajo? Vine buscando a tu padre, pero vamos a dejarlo por hoy.
- No, Senku, no interrumpas el trabajo por mí, ya estoy bien. Ellos van a decepcionarse
- ¿Ellos, decepcionarse de tener el día libre? –Levantó una ceja, divertido– Eso es ridículo. Además, tengo que comenzar a planear el diseño de la casa, lo cual tomará tiempo. Será un cambio emocionante para la aldea a futuro, si logramos hacerla bien. No soy arquitecto, y no contamos con uno entre nosotros, pero entre ciencia y pensamiento lógico, estoy seguro que saldrá bien, ha funcionado hasta ahora.
Unos días después, Senku presentó a sus amigos el plano de la casa, y aunque les dijo que era un pedido egoísta y que no tenían la obligación de colaborar con la construcción, todos se pusieron manos a la obra inmediatamente. Como siempre, los proyectos de Senku tenían beneficios para toda la aldea, y esta vez no fue distinto. El científico dijo que iban a desarrollar un nuevo material para hacer los ladrillos, el cemento, e iban a hacerlo a base de caliza –a partir de carbonato de calcio-, arcilla, arena y agua. Cuando les explicó la durabilidad, resistencia e impermeabilidad del mismo, podían verse estrellitas en los ojos de los oriundos de la aldea. Y la añadidura de puertas de madera y ventanas de vidrio también fue como un baño de luz, ya que así no tendrían que preocuparse tanto porque se filtre el frío, la lluvia o la nieve.
Primero se separaron en dos grupos: los que armaban los moldes para dar forma a los ladrillos, y los que iban juntando los materiales para hacerlos. Tardaron una semana en hacer una buena cantidad, ya que los ladrillos secaban en un día. Luego unos se encargaron de preparar el suelo para hacer los cimientos, mientras otros cortaban madera para dar forma a las vigas que harían de esqueleto para la construcción. Aunque tuvieran una enorme cantidad de mano de obra, dependían del clima y de los tiempos de secado de los materiales para seguir, además que no habían puesto freno al proyecto del avión, por lo que Senku estimó que podrían terminar la construcción de la casa en unos cinco o seis meses, justo para el momento en el que el bebé naciera. Para ese entonces iban a estar en pleno invierno, por lo que decidieron no perder el tiempo y hacerlo lo más rápido que podían.
Pasado un mes, ya podían verse las bases del futuro hogar de la pareja. El diseño era funcional y muy sencillo, y habían elegido un pedazo de terreno ubicado en el reino científico, lo cual era especialmente práctico para que Senku luego pudiera trabajar en el laboratorio sin alejarse demasiado de su familia. La falta de conocimientos arquitectónicos serios fue un verdadero dolor de cabeza para Senku, pero con la valiosa ayuda de Ryusui pudieron asegurarse que sus planos iban a ser exitosos.
Ya en el cuarto mes de embarazo, Kohaku estaba de mejor humor, lo cual fue un alivio para Senku. Le habían permitido ayudar con tareas fáciles de la construcción, y sus compañeros de lucha se habían apiadado de ella y hacían un entrenamiento ligero. Pero la mejor ocurrencia provino de Ukyo, que le propuso a la rubia enseñarle a tirar con arco. Ella prefería las espadas y cuchillos, pero no estaba nada mal la idea de pulir una nueva técnica de ataque a larga distancia, y una en la que no tenía que preocuparse por contenerse.
Kohaku todas las semanas se miraba para buscar los cambios en su cuerpo. Su vista afilada le había permitido notar un redondeo muy sutil en la parte baja de su abdomen, pero Senku le había dicho que, siendo primeriza, no iba a notarse mucho hasta el cuarto mes, que era cuando también empezaría a percibir los movimientos del bebé. Una mañana, mientras comenzaba a vestirse, notó que Senku se le quedó mirando más de la cuenta.
- ¿Qué pasa? ¿Ves algo raro?
- No…no raro –Sonrió suavemente, y se acercó a ella– Es que últimamente sólo te veo con menos ropa cuando nos acostamos, y en la oscuridad no alcanzo a ver los detalles. Pero ahora ya se puede ver diez billones por ciento seguro que tienes a nuestro leoncito ahí dentro. Estás un poco más ancha, y parece que tuvieras un pequeño melón debajo del ombligo.
- Sí, lo veo –sonrió con dulzura, y se acarició la panza, algo que las madres en la aldea le habían recomendado que haga seguido– No logro distinguir esos movimientos que decías, pero será cuestión de tiempo. Me dijeron que recién entre el quinto y el sexto mes comenzarán las pataditas, no puedo esperar.
Prepararon el desayuno, y cuando estaban terminando, Kohaku de pronto se miró el abdomen, y frunció el ceño, cosa que no pasó desapercibida para Senku.
- ¿Por qué esa cara? ¿Qué sientes?
- No lo sé…podría ser simplemente que sea porque estoy comiendo, pero…sentí como unas burbujas.
- ¿Burbujas?
- Sí…no sé cómo explicarlo. O como unas mariposas, algo muy suave y rápido. ¿Será el bebé? O quizás sea por la comida, no lo sé.
- Mientras no sientas dolor o incomodidad, creo que es algo bueno.
Salieron juntos de la choza, Senku fue como todos los días para continuar la construcción de la casa, mientras que Kohaku se iba a encontrar con Ukyo para practicar el tiro con arco. Como tenía tan buenos reflejos y visión, en pocas clases había logrado una precisión que rivalizaba con la del arquero, incluso su resistencia física en los brazos era mejor que la de él, gracias a todo el intenso entrenamiento que ella tenía encima. Un par de horas después, cuando terminaron, Kohaku quiso dar una vuelta para visitar la casa en proceso, pero cuando logró divisar a Senku, se quedó congelada en el lugar. El científico estaba cortando ayudando a cortar unas vigas de madera con una gran espada tipo serrucho que habían construido, no era nada especial, pero por algún motivo la rubia sintió un placentero tirón en la parte baja de su cuerpo, como no le pasaba hace meses.
Los encuentros apasionados con su esposo habían sido prácticamente nulos o muy esporádicos desde que se embarazó, y si bien el apetito sexual de ella estaba prácticamente en un punto muerto, se imaginaba que eso debía ser mucho más difícil para Senku, que a él no le afectaban todos esos cambios "hormonales". Pero de pronto había encontrado inusualmente atractiva la forma en que el científico se movía, cómo se marcaban los músculos de sus brazos por el esfuerzo, y las gotitas de sudor que le recorrían la cara. Kohaku se mordió el labio, se sentía muy pervertida de encontrar casi erótica esa situación, pero era más fuerte que ella. Trató de ignorar la sensación, pero era como si su sangre comenzara a bullir en ciertas partes de su cuerpo, mucho más sensibles ahora por el embarazo. Pensó en irse de allí, lo mejor sería volver a la choza o buscar a su hermana para tener una charla que le sacara la cabeza de esas imágenes, pero todo se fue al demonio cuando Senku levantó la vista y notó su presencia, obsequiándole una de esas sonrisas de costado que a ella siempre le encantaron.
Fue algo totalmente inocente de parte de él, sólo una sonrisa a modo de saludo, pero ella comenzó a caminar rápidamente hacia él. Vio cómo la expresión de él cambió a una de curiosidad, y antes de que pudiera preguntarle qué le pasaba, ella lo tomó de la mano y tiró de él.
- ¡Oye, leona! ¿Qué haces?
- Vamos a casa.
- ¿No puede ser después? Estaba ocupado, como ves.
- No, tiene que ser ahora. Te necesito.
- ¿Pero es necesario que me arrastres?
En vez de contestarle, aprovechó que no vio a nadie alrededor para girarse y darle un beso en la boca a Senku, que al principio abrió mucho los ojos de la sorpresa, en particular porque lo volvió bastante profundo en pocos segundos. Al alejarse, el peliverde la miró un poco aturdido, vio que ella estaba sonrojada y sus ojos aguamarina se veían un poco turbios y oscuros, y todo ese tiempo de abstinencia le pasó factura, y despertó de pronto en él el deseo.
- No sé qué me pasa, pero de pronto siento mucho deseo por ti, y no tengo ganas de esperar a después.
- Oooh, diez billones de puntos para ti por la iniciativa, no te das una idea lo que esperaba oír esas palabras últimamente. ¿Ya no te preocupa lastimar al bebé?
- No…no es eso, confío en que me dijiste que no pasará nada. Pero de verdad te necesito, es más fuerte que mis preocupaciones.
- No digas más, creo que me tomaré un "descanso" breve, vamos.
Era pleno día, y no podían tardarse mucho porque alguien los iría a buscar, al ausentarse así sin aviso previo, pero Kohaku no necesitaba mucho rato, ya tendrían otras noches para ponerse más románticos y dedicados, ahora que su libido había vuelto a despertar como le había dicho Senku mientras volvían, casi riéndose como niños de su picardía. Aunque dentro de unos meses se convertirían en padres, eso no quitaba que tenían apenas menos de veinte años, y no por nada habían llegado a la situación en la que estaban.
Cuando llegaron a la casa, no esperaron ni un segundo para comenzar a besarse mientras se acercaban a la cama, pero esta vez lo hacían con sonrisas en la cara y entre pequeñas risas, al fin relajados entre tantas preocupaciones que tenían últimamente, ese momento era como un oasis en el medio del desierto para ambos. Senku se echó de espaldas en la cama, sabiendo que a partir de ahora convenía que él estuviese siempre debajo de ella para no presionarle el vientre con su peso. Era imposible que borrara la sonrisa que cruzaba todo su rostro, al fin iba a liberar toda la tensión acumulada por la larga abstinencia, y de qué manera. Kohaku le estaba haciendo justicia a su apodo de leona, y como el embarazo la había vuelto mucho más sensible, aun a través de la ropa ella gemía de placer. Ni siquiera se tomaron el tiempo de sacarse la ropa, aunque también lo hicieron como precaución por si alguien se acercaba en el momento equivocado, y sería muy incómodo para todos. La urgencia los reclamaba a los dos, y por suerte estaban en la misma página con respecto a eso.
Cuando Senku estaba por interrumpir el momento para ir a buscar un condón, fue que se dio cuenta que no lo necesitarían más por un buen tiempo. Al decírselo a Kohaku, la cara de ella se iluminó, desde su primera vez hace más de un año que no podían sentirse íntimamente piel con piel, y esa vez sólo había durado unos segundos, así que ahora sería algo nuevo. Sin esperar ni un momento más, la rubia se acomodó, y casi se le saltaron lágrimas de pura felicidad y satisfacción al recordar lo placentero que era sentir a su amor adentro de ella, sólo que esta vez era mucho más intenso, por el contacto directo, y por su extrema sensibilidad. Nunca se había sentido tan bien, y eso que esta vez no se habían tomado el tiempo de complacerse largamente, no quería ni imaginarse cómo se desmayaría de placer cuando lo hicieran de esa forma. Kohaku pensó que algo similar debía de sentir él, ya que no tenía pudor alguno en contener sus gemidos, considerando que tenían que ser silenciosos si no querían llamar indebidamente la atención. El orgasmo que la recorrió a los pocos minutos fue de los más intensos de su vida, y tuvo que besar con todas sus fuerzas a Senku para soltar el grito en su boca, porque le fue imposible contenerlo de otra forma. Kohaku se echó de costado, para dejar que su cuerpo se relaje y termine de temblar y de absorber todas las increíbles sensaciones que la recorrían, pero sin poder controlarse de pronto estalló en carcajadas, tan fuertes que incluso le salieron lágrimas por el borde de los ojos. La inusual risa contagió a Senku también, y los dos siguieron riéndose un rato, hasta que les dolió el estómago y les costaba respirar.
- Dioses…sí que fue intenso. No puedo creer que me había olvidado lo bien que se sentía, y aun fue mucho mejor.
- Aah, sí, diez billones por ciento seguro. Eso supero cualquier expectativa que hayamos tenido. Y esto es sólo el principio, tengo entendido que ahora que se te volvió a despertar la libido, por los próximos tres meses vas a sentirte así de bien, al menos hasta que ya el leoncito crezca tanto que sea incómodo y vuelvas a rechazarme.
- Entonces tendremos que aprovechar el tiempo, señor Ishigami.
- Me encanta que lo digas, no te imaginas lo que extrañaba eso también, señora Ishigami.
Volvieron a reírse, y Senku estaba tan relajado y feliz que se dejó llevar y se arrastró hasta poner la cabeza a la altura del vientre de Kohaku, levantándole un poco el vestido, y le susurró con su aliento cálido contra la piel de ella, mientras dejaba apoyadas las dos manos ahí.
- Gracias por eso, leoncito. Acabas de hacer muy felices a mamá y papá, y eso que todavía tienes para un buen rato ahí dentro. Pórtate bien, y déjala sentirse bien por un tiempo más, vas a ver cómo todo es más agradable para ti también si mamá está satisfecha y feliz, ¿oíste?
Soltó una suave risa, pero de pronto escuchó un sollozo, y asomó la cabeza, alarmado. Kohaku lloraba, pero no parecía tener una cara preocupada o triste como cuando tenía los ataques de humor.
- Senku…es la primera vez que lo haces.
- ¿Que hago qué?
- Que me tocas la panza, y que le hablas...
- Ah, es verdad. Será que estoy tan feliz que me olvidé del ridículo y de mi lado racional por un momento, me dejé llevar.
- No, está bien…hazlo más seguido, si quieres. No quiero incomodarte, pero me encanta ese lado tuyo, las pocas veces que lo dejas salir.
- Hmm, bueno –Se sonrojó, un poco avergonzado ahora, pero ella no se había reído de él, y no se sintió tan mal hacer eso.
- Ooh, Senku…otra vez –Abrió mucho los ojos, y se tocó también el vientre– Esa sensación, como de burbujeo. Estoy segura que es nuestro bebé esta vez, te está saludando.
- ¿De verdad? –Se le hizo un nudo en la garganta y en el pecho, ante esas palabras, y volvió a rozar con sus labios la piel de ella, para que la vibración de sus palabras se transmita con más facilidad– Aunque sea incomprobable, voy a confiar en lo que dice tu madre. Si tanto te emociona escucharme y tenerme cerca, entonces empezaré a hacerlo más seguido, a ver si te sacas la timidez de una vez.
Kohaku entrelazó sus dedos con los de él, todavía emocionada por el tierno momento que presenció. No sabía si le resultaba más adorable la reacción de Senku, o la posibilidad de que el bebé reconociera la voz de su padre. Pero por primera vez estaba totalmente encantada con la perspectiva de ser madre, y sabía que su futuro hijo o hija estaría en las mejores manos, por tener un padre como él, ya no le quedaban más dudas.
Buenaaaas! AAAHHH 25 capítulos! No lo puedo creer...Es como un festejo de bodas de plata, hecho fanfic jaja. Ayyyy que no puedo, se me juntaron los babies en los fics y ahora es todo una bola de ternura y amorrrr jajaja. Bueno, por lo menos les saco una sonrisa, y no les hago mucho drama (al menos en éste y en "Juntos" xD). Y bueno, el toque picante para que no se empalaguen jaja. Ojalá lo hayan disfrutado! Hasta el próximo capítuloooo!
