Notas: volví. Lo siento, tenía que entregar un reporte que me costó sangre, dolor y sufrimiento. A parte tenía que exponerlo, pero como estuve despierta durante 36 horas antes para hacer todas las correcciones posibles, ni siquiera recuerdo qué dije en mi presentación. En fin, ¿cómo han estado? Espero que bien.

Capítulo XXIX

Teorema de Noether

{O de cómo explicar sucesos complejos con palabras sencillas.}

Harry no tenía nada en contra de enseñar, pero al mismo tiempo, no le gustaba hacerlo. Gastó demasiada energía durante su infancia en el orfanato, cuando fue un buen samaritano y se dedicó a explicarle a otros niños diferentes conceptos con los que luchaban en sus clases. La mayoría no se podía dar el lujo de pedir un tutor particular, así que trabajaban con lo que tenían y Harry parecía la solución obvia a sus inconvenientes.

No obstante, Harry se dio cuenta rápido que el conocimiento, o su proceso de adquisición, no era para todos, tan lamentable como eso sonara. Existían personas que no tenían la paciencia para aprender ni tampoco estaban dispuestas a admitir que ignoraban más de lo que sabían. Arrojar el orgullo y decir en voz alta que necesitaban ayuda tampoco fue una cualidad presente en muchos. Ser tonto y orgulloso nunca fue una buena combinación, la gente que siempre creía que tenía la razón por experiencias personales que nunca abarcaban el todo y se daban aires de superioridad era la más fastidiosa.

Harry aprendió temprano y por las malas, que no era un experto en muchas cosas y que acercarse a alguien más por ayuda no era denigrante. Decir "no sé", "cambie de opinión" o "estoy equivocado", se hizo más fácil con el tiempo, pedir una explicación para llenar su vacío de conocimiento no sólo le ahorró energía, sino también le valió conseguir unos pocos trozos de humildad.

Por eso no estaba seguro de querer involucrarse en un selecto club de enseñanza. Podría salir muy bien o ser un completo desastre, dependiendo de la personalidad de sus invitados. Así que prefirió reducir su carga y dejar que los otros se ocuparan de planear las primeras clases. Si se salía con la suya, seguiría esclavizando a sus amigos para que hicieran la mayor parte del trabajo. Sería la primera vez en la que, de la manera más desvergonzada, fingiría que estaba contribuyendo a la causa y se sentaría a esperar resultados.

Se dijo a sí mismo que él no trajo el asunto a la mesa, así que no era del todo su responsabilidad.

Respiró hondo y se sobó la cicatriz. Si en algún momento de su existencia pensó en Tom como una persona temperamental, era porque no conocía a su versión más vieja. La herida en forma de rayo le dolió cada que Voldemort se puso de muy mal humor o eufórico. Fue una osadía mantener su estado de animo estable y no irritarse ante el más mínimo ruido antes de que Tom le mandara la poción que tenía como finalidad hacerlo dormir bloqueando cualquier tipo de estímulo y disminuir su dolor en el día. Lo reducía a un ser indefenso por las noches porque no podría despertar en caso de emergencia, pero Tom y Sirius no hallaron más soluciones hasta ese momento y necesitaban más tiempo.

Harry se acomodó la bata, era momento de que fuera a encontrarse con el grupo de estudio.

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(Teorema de Noether)

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Tom estaba rodeado de libros, escribía sin pausa y de manera constante en un pedazo de pergamino. Su postura era digna y adecuada, su apariencia en general era tan pulcra como siempre. Sirius nunca iba a dejar de sorprenderse por lo limpios que eran los movimientos de Riddle.

—¿Encontraste algo? —preguntó Tom sin dejar de escribir.

—Sí, sin embargo, no estoy seguro de que sea la mejor opción. —Sirius cerró los ojos y sobó sus parpados con suavidad. Estaba cansado, pero no se podía dar el lujo de dejarle todo a Tom, que parecía no haber ido a dormir en días.

—Ilumíname.

—Podrías tomar un pedazo del alma de Harry.

Tom dejó de escribir. Puso la pluma en el tintero y miró a Sirius con el ceño fruncido, pidiéndole una razón de peso para proponer tal idea, parecía disgustado por la idea de mancillar la psique de la persona que más le gustaba.

—Antes, me refiero a mucho antes, como hace mil siglos, bueno, no tanto, ¿quizá cien años?, la familia Black tenía por obligación fusionar su alma con su cónyuge. Era una forma de asegurar que las mujeres que tomaban el apellido Black no cometieran traición y se viera tentadas a revelar los secretos de la familia. Tampoco serían capaces de matar a sus maridos y viceversa, porque si uno moría, el otro también —explicó Sirius.

—¿Tu familia siempre fue así de disfuncional? —preguntó Tom con verdadera curiosidad y un deje de burla.

—Mira, yo no juzgo a tu trozo de alma loca que tiene el nombre artístico de una estrella de rock satánico y tu no juzgas la paranoia de mi familia —replicó Sirius con una ceja alzada, luego continuó con su explicación—, el proceso es doloroso, pero simple. Harry ya tiene un pedazo de ti, sólo tiene que ser reacomodado, tú ya tienes experiencia con este tipo de magia y mis ancestros ya probaron que es un método seguro.

—¿Estrella de rock?

—Dejemos el tema del rock para después, ¿qué opinas de la fusión de almas? —inquirió Black. Se cruzó de brazos y miró el piso de madera de la biblioteca con pesadumbre.

—Parece ser el único camino. A mí solamente se me ocurrió lanzarle la maldición asesina con la esperanza de que el horrocrux fuera el alma destrozada y no la alma madre, no obstante, es peligroso, no hay indicios de que funcione, porque hasta hoy, Harry es el único horrocrux humano que ha existido. Incluso en el pasado, no había mucha información sobre experimentos con el alma, pocos son los que se atreven a seguir un camino tan nauseabundo. —Tom dejó escapar un suspiro, se dejó caer hacia atrás, quedando extendido sobre el respaldo de la silla.

Sirius levanto la cabeza, se dio golpecitos en la mejilla para alejar el sueño acumulado y despejar su mente.

—Podemos proponérselo a Harry, si estás de acuerdo y dispuesto. Morir cuando tu pareja muera, no es cualquier cosa, el accidente más mínimo puede llevarlos a los dos a perder la vida.

Tom masajeó su frente antes de asentir a la propuesta de Sirius. Pensó en lo irónica que era la vida, pasó toda una existencia buscando la forma de mantenerse a salvo y ahora se arriesgaba para mantener seguro a Harry. Recordó la cara pálida manchada de sangre, los ojos verdes y el cabello bañado en sudor del niño que casi se mató dándole un cuerpo. Esa clase de devoción, bien podía ser devuelta. Sonrió con cansancio y mofa. Un día iba a despertar del largo sueño de verano, en el que el sol que nunca dejaba de calentar su piel, y ese día sería cuando Harry decidiera morir, así que prefería seguirlo a volver a los crudos inviernos que lo envolvieron en el siglo donde lo único que se conoció fue la podredumbre.

—Envíale una carta. Que se quede en Hogwarts durante las vacaciones de navidad, de esa manera nos podremos encontrar con ayuda de los pasadizos que conducen de Hogsmeade al castillo y hacer el ritual de unión. Sus amigos pueden cuidarlo si surgen inconvenientes —dijo Tom.

Sirius hizo que sí con la cabeza. Luego contempló a Tom con una mirada complicada.

—¿Sabes que esto no es tan romántico como parece? ¿Y que si un enemigo los descubre los matarán a los dos con menos esfuerzo?

—No soy estúpido, Black. Hice un horrocrux cuando la mayoría de mis compañeros ni siquiera entendían el contenido de sus clases más fáciles. Comprendo mejor que nadie lo que implica cambiar la esencia de tu alma y ligarla a la de otra persona. No es algo que se pueda deshacer o de lo que puedas arrepentirte. —Tom movió su cuello de un lado a otro y sobó sus hombros para aliviar la tensión por permanecer mucho tiempo en la misma posición—. No soy yo a quién tienes que preguntarle, sino a tu querido ahijado. En términos simples, no ha vivido más de dos décadas, cuando la esperanza de vida para un mago supera el siglo.

—Tampoco has vivido demasiado —rebatió Sirius.

—Pero sé mejor que nadie lo que espero de la vida. —Tom cerró los ojos, acomodó sus manos entrelazadas sobre su estómago—. Incluso si en el futuro el arreglo trae problemas, pienso que puedo solucionarlos sin mucho esfuerzo. En cualquier caso, estoy seguro de que Harry será la única persona que toleraré y querré.

Sirius resopló y terminó por asentir.

—Como digas, le mandaré una carta a Harry con la propuesta. Deberías de ir a dormir.

Tom no respondió, vio a Sirius darse la media vuelta y salir de la biblioteca sin más preámbulos. La espalda huesuda, las manos temblorosas y las piernas que nunca volverían a ser igual de agiles, siempre fueron la prueba de que existió un hombre que se aferró a su poca cordura y que buscó sobrevivir en un lugar que mató a muchos sin problemas. Quizá, Black y él, tenían más en común de lo esperado.

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(Teorema de Noether)

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Harry estaba comiendo un pan con mermelada mientras veía a Hermione, Ron y Draco acomodar la mesa y las sillas que servirían para que los miembros del recién inaugurado club de estudio pudieran sentarse y tomar notas en la primera reunión, que serviría más bien de introducción.

Hermione le lanzó una mirada exasperada, Harry se puso a la defensiva y comió con más prisa. Una vez que tuvo las manos libres, procedió a ayudar para que todo fuera más rápido, no quería recibir un regaño por holgazán. Cuando concluyeron, examinó sus alrededores. Tom sugirió la Sala de los Menesteres para sus clases en el instante que le pidió su ayuda, dijo que la usó durante sus años como estudiante sin problemas, además, le explicó su ubicación, formas de uso y desventajas a grandes rasgos en una carta.

Dejó de divagar al escuchar los saludos provenientes de los hermanos gemelos de Ron.

—¡Ron, que sigue brillando como una flor, tus adorables parientes te visitan! —gritaron Fred y George Weasley al unísono.

Ron se sonrojó, se cubrió los ojos con una mano y se puso detrás de Draco, como si estuviera diciendo que en definitiva no conocía al par de alborotadores. Hermione se rio bajito y Draco contuvo una sonrisa con problemas.

—¡Harry, tanto tiempo sin verte! —dijo Fred.

—La última vez que nos vimos fue cuando nos diste el efectivo para nuestro negocio —siguió George.

—Estamos muy agradecidos —dijeron ambos con voz lúgubre y teatral.

—¡¿Les diste dinero?! —cuestionó Ron, saliendo de su vergüenza.

—Oh, sí. Me convenció su plan de abrir una tienda, tienen bastante imaginación, me he enterado que muchos de los productos que usan los Gryffindor para torturar Slytherin son creados por tus hermanos. Además, me dieron un mapa muy útil, ¿qué puedo decir? Soy un hombre simple, ¿cómo dice el dicho? El enemigo de mi enemigo, es mi amigo. No se me ha olvidado que los imbéciles de nuestra casa hablaban mal de nosotros a nuestras espaldas. Si no fuera porque gane el torneo el ciclo anterior, todavía seguirían siendo insufribles —explicó Harry.

Draco y Hermione ni siquiera tuvieron la decencia de lucir sorprendidos, Harry mostró con anterioridad que podía ser rencoroso y que obtenía su retribución a lo grande cuando la gente bajaba su guardia. Malfoy pensó en su pobre padrino, que no descanso hasta que Potter lo consideró un ser decente y agradable. Bueno, para empezar, Harry nunca tuvo verdaderas malas intenciones hacia su profesor, Draco daría las gracias por eso.

Hermione suspiró. No es que les hayan causado muchos problemas, ni que fuera muy difícil estar en Slytherin porque Draco y Harry tenían suficiente estatus para mantenerlos a salvo, pero todavía fue molesto oír rumores infundados sobre ellos y que de vez en cuando quisieran sabotearlos. Harry era insufrible si se lo proponía, así que iba a rezar por las almas de los pobres infelices que creyeron que saldrían indemnes.

—¡Bueno, eso no es importante por ahora!, ¿a quién más estamos esperando?

Hermione sacó un trozó de pergamino de la bolsa de su bata y procedió a leer los nombres de los participantes:

—Harry Potter, Ron Weasley, Draco Malfoy, Hermione Granger, George Weasley, Fred Weasley, Luna Lovegood, Cedric Diggory, Ginevra Weasley y ¿Neville Longbottom? Ah, sí, Longbottom, fue invitado por los hermanos de Ron.

—Sabe bastante sobre herbología y tiene buena personalidad —dijo Fred—. Ginny dice que, a pesar de ser intimidado durante los primeros años, nunca desarrollo un carácter desagradable. No estamos muy seguros, ella lo conoce mejor.

George asintió. Harry se alzó de hombros. Después de ese intercambio llegaron Luna Lovegood y Cedric Diggory.

—Luna, bienvenida, cada vez que te veo estás más bonita —dijo Harry.

—Oh, querido, eres un adulador natural —respondió Luna, palmeando el brazo de Potter—. Crecerás para ser un rompecorazones.

—Me halagas tanto. —Harry sonrió, luego volteó hacia Cedric—. Bienvenido, es bueno que hayas podido venir.

Cedric asintió, contuvo su rubor cuando recordó su última reunión y Tom Riddle, la persona que acompañó a Harry, hizo lo posible para dejar en claro su relación con Potter. No es que Cedric tuviera otras ideas, pero todavía fue bochornoso ser advertido de esa manera.

Luna revoloteó por la sala, saludando a los demás y hablando sobre criaturas mágicas que Hermione insistió que no existían o que se consideraban sólo mitos. Draco, a su lado, asintió con fuerza. Ron no tenía ni idea de lo que hablaban así que se puso del lado de Hermione y Draco, por costumbre.

Cuando la hora exacta de reunión llegó, Ginny y Neville aparecieron. Mientras Neville se retorcía por los nervios, Ginny se paró con seguridad y sonriendo por la invitación. Se acercó a Luna, a quien conocía por las clases, y la saludo. Luego fue hacia sus hermanos.

Harry le dio una palmada en la espalda a Neville para que se relajara. Lo recordaba de manera lejana, pero parecía un chico decente, esperaba no tener un error de juicio.

Hermione los invitó a todos a tomar asiento, procedió a darles a cada uno de los asistentes un pergamino con los temas que esperaban cubrir durante el año.

—Sabemos que hay gente más avanzada —dijo Draco, mirando a los gemelos y a Cedric—, pero esperábamos usar como base el plan de estudio del quinto año, eso ayudara a que Lovegood y Weasley menor no tengan problemas siguiendo las clases. Aún así, Hermione cree que podemos saltar a temas del último año si es necesario.

—Harry es muy hábil en defensa, encantos y transfiguración, ¿no? —preguntó George—. En el torneo usó hechizos y encantos que ni siquiera sabía que existían, ¿han cambiado lo que enseñan en los años básicos?

—Verdad —agregó Fred—. Y eso que hemos investigado para nuestro negocio.

—No han cambiado nada, debido a que no podía aprender de todo para el torneo y quería seguir vivo, elegí especializarme en mis áreas más fuertes. Mucho de lo que sé es gracias a Draco, que me permitió leer los libros de biblioteca Malfoy —explicó Harry—. No son cosas que se espera que el alumno promedio aprenda, porque tienen más utilidad militar.

—¿Cómo en el entrenamiento de los aurores? —cuestionó Ginny.

—Algo así —respondió Harry. Más bien, eran hechizos, encantamientos e ideas usadas en tiempos de guerra y no de una manera muy honorable—. Si están interesados puedo enseñarles.

Todos asintieron. Hermione hizo la modificación al plan de estudio.

—¿Por qué hay sesiones de estrategia? —inquirió Luna.

—Harry lo propuso —dijo Hermione, lo miró para que ofreciera una explicación.

—Oh, eso. —Harry recargó su codo en la mesa y luego descansó una de sus mejillas en la palma de su mano—. Porque no mucha gente nace con esa habilidad, Ron es uno de los pocos individuos que conozco que puede examinar múltiples opciones en minutos y tomar el camino más adecuado.

Los Weasley voltearon a ver a su hermano, como si creyeran que no era la persona más juiciosa. Ron se encogió en su lugar, pero todavía los retó con la mirada.

—¿En serio? —Ginny alzó una ceja.

Harry sonrió. Recordó su primer año y su aventura con el ajedrez gigante. Luego examinó a Ron, quien era despistado de mil maneras, pero poseía su propio ingenio.

—¿Qué puedes decir Ron? ¿Qué clase de conclusiones has sacado de las veces que has jugado ajedrez con Hermione, Draco o conmigo?

—Diría que... —Ron frunció el ceño, meditabundo—, Hermione piensa demasiado, nunca toma riesgos y en general usa estrategias de libros, es un juego seguro. Cuando hago cualquier cosa que no ha visto antes pierde la compostura y el ritmo, así que es fácil de romper su formación desde ahí. Draco es impaciente, pierde piezas sin darse cuenta, le gusta hacer jugadas vistosas y se enfurece cuando las cosas no salen como quiere.

Draco tosió. Harry se rio sin importarle que Malfoy le dedicará una mirada de puro desprecio.

—Harry es el más desconcertante —prosiguió Ron—. La mitad del tiempo creo que sus jugadas son ilegales, pero cuando las analizo tienen sentido y siguen las reglas. Honestamente, hace las cosas confusas por puro gusto, no le importa sacrificar piezas si se llevara a otras con más movilidad. Es flexible, pero también muy emocional, supongo que por eso nunca ha ganado, aunque está más cerca de hacerlo que Hermione o Draco.

Harry soltó una risilla.

—¡Ron, puedes pensar! ¿Quién lo diría? —dijo Ginny.

—¡Cállate! —dijo Ron con exasperación.

—Esa es mi respuesta. Dado que ser un buen juez de carácter tomando en cuenta pequeñas acciones o calcular en segundos las pérdidas y beneficios a largo plazo no es algo que cualquiera hace, consideré que aprender de Ron era una idea genial. Es obvio que nuestro amigo todavía no ha extendido su habilidad en el ajedrez a otros aspectos de la vida, pero podemos ayudarlo a cambio de sus explicaciones —dijo Harry—. A veces, nos olvidamos de instruirnos en otros aspectos como la lógica y evaluar los riesgos, que no importa cuando brillante seas en lo académico, sigues fracasando.

—Y yo que creí que sólo querías flojear —comentó Draco.

—Eso también, diría que fue mitad y mitad. —Harry no mostró ni un poco de vergüenza.

—Bien, ¿hay alguna otra pregunta? ¿Algo que quieran agregar a las sesiones? —cuestionó Hermione.

—¿Por qué no aprender el encantamiento Patronus? Es útil para enviar mensajes de manera discreta. El año pasado intentaron darnos la teoría y práctica. Todos convocaron una especie de humo brillante, no eran ni siquiera Patronus incorpóreos. En vista del fracaso, no seguimos con el tema porque no es algo vital para la educación básica —sugirió Cedric.

Harry hizo un sonido gutural por la pereza. Recordó de repente sus intentos durante su tercer año por aprender la teoría y olvidarlos porque parecía que estaba leyendo libros de autoayuda emocional, donde aseguraban que se necesitaba cierta pureza del corazón, recuerdos felices y un sinfín más de "sea un ser alegre".

Cedric volteó a ver a Harry, como si pusiera sus esperanzas en él.

Harry evitó la mirada, pero se encontró con la de Hermione, que parecía de repente interesada en uno de los encantamientos más complicados del mundo mágico.

—De seguro puedes dominarlo en un corto tiempo, Harry —dijo Draco con dulzura, echando más leña al fuego—. Y luego enseñarnos.

—¡Quiero aprender! —agregó Ron.

Harry dejó caer su cabeza, hacia adelante, resignado. Los demás se rieron de él.

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(Teorema de Noether)

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La carta de Sirius Black llegó un mes después de que iniciaron las clases, Harry la leyó en dos ocasiones para asegurarse de que no pasó nada por alto. Se carcajeó ante la mención de Lord Voldemort como el nombre de una estrella de rock satánico y la confusión de Tom ante comparación, sin embargo, su buen humor se esfumó por la explicación detallada del ritual que la familia Black llevó a cabo por generaciones. Meditó la idea de fusionar su alma con la de Tom para que el horrocrux dejara de actuar como un parásito y cambiar la dirección del vínculo de Voldemort a Tom.

Se arrancaría un pedazo de sí mismo y se lo daría a Riddle, a cambio recibiría un pedazo de Riddle. Sonrió con melancolía. ¿Qué significaba darle un trozo de su alma a Tom cuando hubo días en los que sintió que ya le había dado su vida? ¿Por qué negarse a morir con él si ya estuvo a punto de morir por él?

Darle más vueltas al asunto, fue una perdida de tiempo, una vez que llegó a la conclusión de que encontró a la persona que más quería demasiado joven y por eso todo el asunto se consideraba extraordinario, le pareció que el método propuesto para lidiar con el horrocrux era seguro. Y dado que no existía más información sobre su inusual situación, el único.

Un día después respondió con una afirmativa. Tenía curiosidad por los pensamientos de Tom en torno al ritual que le robaría su independencia de manera indirecta, sin embargo, decidió aplazar las preguntas y respuestas para otro momento. En ese instante, su prioridad era dominar el encantamiento Patronus. Harry hizo un ruidillo exasperado, odiaba los encantamientos que ponían sus sentimientos al filo de un acantilado.

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(Teorema de Noether)

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Sirius dejó caer su vaso y soltó un grito por la impresión. Tom inclinó su cabeza para ver cuál era la razón de tal descuido. Por lo general, intentaban mantener la casa en orden debido a que a ninguno de los dos les gustaba hacer limpieza y Kreacher era más un lastre que una ayuda cuando le pedían que cumpliera con sus deberes en la casa.

—¿Un gato? —preguntó Sirius en voz alta sin esperar respuesta.

—¿Eso es un Patronus? —Tom se acercó para contemplar mejor al gatito que tenía una carta en su hocico.

—Por un momento pensé que era el de Minerva, por eso me asuste, pero ahora que lo veo más de cerca, es más pequeño y redondo, parece un bebé —dijo Sirius.

—¿No luce como uno de esos gatos populares por ser nacional?

—¿Cuál?

—El británico de pelo corto azul. —Tom examinó al gato, el cual le devolvió una mirada igual de altanera—. Tengo la sensación de que conozco al dueño del Patronus.

El gatito dejó caer la carta a los pies de Tom, como si lo estuviera obligando a agacharse, parecía que jugueteaba y se complacía con sus travesuras.

Riddle rodó los ojos, levantó el sobre y lo rasgó para ver que había en el interior. Encontró una nota con una caligrafía que reconoció como la de Harry:

"El libro dice que los Patronus corpóreos fuertes pueden transportar objetos con un peso inferior a los cien kilogramos a distancias razonables, por ejemplo, dentro del mismo terreno o país, quizá de un país a otro, pero es mucho más difícil de lograr. Decidí hacer una prueba, si mi Tom-Patronus llegó hasta ustedes, agradecería su confirmación".

—Es de Harry —comentó Riddle—. Parece que al fin puso manos a la obra y aprendió el encantamiento.

—Muy hábil de su parte. Tiene mucho talento —dijo Sirius, viendo como el Patronus desaparecía después de cumplir con su tarea—. No es fácil producir uno a tan corta edad y que sea tan duradero como el suyo.

—El hecho de que sea un gato... —Tom no terminó la frase, ambos sabían lo que significaba.

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(Teorema de Noether)

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Harry no tenía ni idea de cuando paso, pero Hermione ahora tenía dos anillos en su dedo anular derecho. Recordó de manera vaga que en una salida a Hogsmeade la vio contemplando la joyería de imitación, parecía interesada en un anillo de aro delgado con un cristal rosado diminuto en el centro. En comparación con los otros accesorios, ese era sobrio y discreto, sin embargo, concordaba con los gustos de Hermione.

Supuso que no fue el único que notó el desliz vanidoso y adorable de su amiga, que Draco y Ron también estuvieron pendientes y tomaron el asunto en sus manos, podía imaginarlos susurrándose el uno al otro si era buena idea hacer la compra, si no vieron mal y regañarse por sugerir algo tonto por culpa de los nervios.

Eran muy lindos, Harry de verdad quería burlarse de ellos, no obstante, se contuvo, sabiendo que estaban pasando por una fase de incertidumbre, en la cual no sabían qué hacer a continuación, extrañados por desarrollar un vínculo insólito en la sociedad, preguntándose si eran raros o estaban confundidos. Supuso que si Tom y él, que eran más decisivos y firmes, todavía tenían dificultades para definir su relación, sería más complicado para sus amigos.

Intervendría sólo si se lo pidieran o lo consideraba prudente. Por lo tanto, fingió que no vio nada diferente en la mano de Hermione o que Ron y Draco parecían haber llegado a una especie de iluminación.

Mientras tanto, se dedicó a organizar las clases que iba a dar en su club de estudio. Si bien su carga se vio reducida por Hermione y Draco, que tomaron en sus manos el repaso de la teoría de casi todos los temas, todavía tenía que idear cómo enseñar en la práctica sin morir en el intento.

Les mostró su Patronus en su cuarta reunión para que se motivaran y pensaran que podían lograr producir uno antes de que llegara la navidad. Dedicaban unos cuantos minutos al final de sus sesiones para discutir sobre el encantamiento e intentarlo, sin forzarse y agotarse mentalmente. Harry comentó que no necesitaban darse prisa, sino ordenar sus memorias y buscar una que les trajera alegría pura e inalterada, además de desarrollar seguridad.

Cuando le preguntaron cuál era el recuerdo que usaba para producir su Patronus, Harry sólo sonrió.

Al final de su quinta sesión, Draco, Hermione, Ron y Harry se quedaron atrás. Draco se hallaba desanimado porque no podía producir ni siquiera humo blanco. Mientras Hermione acariciaba en círculos la espalda de Malfoy, Ron y Harry se miraron sin saber qué decir.

—¿Por qué no lo besan? —dijo Potter luego de un rato—. ¿No dicen que el primer beso es algo que nunca se olvida? Si viene de alguien que quieres, puede ser ocasión todavía más feliz y memorable. Sería un recuerdo ideal para producir su Patronus.

—¡Harry! —regañó Hermione—. ¡No seas insensible!

—¿Qué? Si no lo hacen ustedes, lo haré yo. Draco, tendrás un beso de tu mejor amigo y luego podrás contarles a hijos, a tus pequeños dragoncitos, que cuando eras adolescente, el gran Harry Potter te besó, imagínate eso, besarte con una celebridad de mi calibre.

Ron se palmeó la cara y Draco hizo una mueca porque ya nada le extrañaba viniendo de Harry Potter.

—Empiezo a creer que la razón por la que Tom Riddle te ató con tanta prisa es porque presentía que ibas a ser un coqueto cada vez peor —dijo Hermione, alzando su ceja—. Cada que Ginny te ve se sonroja porque no puedes detener tus alabanzas. Es una fortuna que Luna entienda tu personalidad.

—Me gusta admirar todo tipo de belleza, gracias —replicó Harry ante la acusación—. Dejando eso de lado, ¿qué te parece mi sugerencia, Draco? Sé que suena como broma invasiva, pero crear recuerdos felices y duraderos no es tan simple. No todos son igual de poderosos para el corazón. E incluso cosas que consideras importantes, no tienen el peso que crees que tienen cuando lo meditas.

Draco se quedó en silencio, miró a Hermione y luego a Ron. Sabía que no tenía ningún recuerdo fuerte asociado a sentimientos positivos porque su madre era una mujer reservada en sus afectos. Aunque ella lo quería más que a su vida, nunca iba a mostrarlo porque fue criada por una familia que desdeñaba el amor. Su padre, por otro lado, estaba más centrado en su carrera política, su imagen y sus deseos. Tener un heredero era un paso más en su vida ideal, ni más, ni menos.

—Estoy harto de esto —dijo Ron, tomó el rostro de Draco y le dio un beso superficial en los labios, fue apenas un roce, pero Weasley se puso tan rojo que su cabello y cara parecían tener el mismo color.

Harry abrió la boca, sorprendido, luego se llevó un puño a los labios para no reírse porque Draco tenía una expresión demasiado graciosa plasmada en su rostro.

Hermione titubó un poco antes de seguir el ejemplo de Ron de una manera más tímida. Se aprovechó del estupor de Draco para juntar sus labios por unos segundos y luego se alejó, se dio la media vuelta para ocultar su bochorno.

—Oh, dios, no esperaba este resultado —dijo Harry, no pudo más y empezó a carcajearse—. Esperen, ¡yo también quiero!

Sin más, Harry se lanzó a los brazos de Draco, el cual terminó en el piso, con el otro encima, no esperaba el efusivo movimiento, así que no pudo mantener el equilibrio. Para alivio de todos, Potter sólo besó la mejilla de Malfoy.

—¡¿Qué pasa contigo?! —preguntó Ron—. ¿No tienes una especie de novio super letal que si se entera de esto nos va a matar?

—No se va a enterar —dijo Harry sin soltar a Draco—. Nadie dirá nada.

Hermione, que había vuelto a prestar atención al asunto en cuanto oyó el ruido de la caída, miró a Harry sin saber que decir.

—Vengan aquí, también los besaré a ustedes para que no se sientan celosos.

—¡No quiero nada! —gritó Ron.

Hermione sólo se cruzó de brazos y lo miró con aburrimiento.

Draco se reincorporó y alejó a Harry, los contempló a los tres antes de echarse a reír con una libertad que rara vez sintió en su vida. Las esquinas de sus ojos se arrugaron y sus dientes se mostraron por culpa de su amplia sonrisa.

Ron y Hermione parecían sorprendidos, pero tenían una suavidad en sus ojos que Harry no vislumbró antes. Consideró que era momento de mantenerse al margen y darles su espacio. Antes, no quería que las cosas terminaran de forma incomoda, así que optó por hacer una locura, estaba agradecido de no terminar linchado por besar a Draco.

Se quedaron ahí, en silencio, escuchando la risa de Malfoy, tan suave, sincera y rara que se preguntaron si en un futuro tendrían otra oportunidad para oírla.

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(Teorema de Noether)

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Tom le enseño la carta de Harry a Sirius, sabía que existían cosas que no podía ocultar, entre ellas, el estado de salud de la persona que los unía sin querer.

—¿Sangre? —cuestionó Black.

—Debe de ser un efecto secundario. La poción que le di a Harry bloquea estímulos por la noche y los reduce durante el día, pero no los elimina. Voldemort puede infringir daño a grandes escalas por medio del vínculo sin siquiera intentarlo y lo único que lo ha impedido hasta ahora es una poción que adormece todo tipo de sistema asociado al dolor en el cuerpo, que elimina los sueños y los procesos inconscientes "innecesarios". Cree la poción original con la idea de usarla durante una batalla, si no sientes dolor, sigues peleando. La interacción entre Voldemort y Harry está dejando secuelas y aparecieron como hemorragias nasales y coágulos de sangre que tienen que ser escupidos —aclaró Tom.

—¿Entonces qué?

—Tiene que resistir, puede dejar de tomar la poción, sin embargo, el vínculo volverá con más fuerza. Sólo queda esperar hasta diciembre.

Sirius no agregó nada más al ver la mirada de furiosa de Tom, supuso que no era sencillo para alguien que estaba acostumbrado a tener el control de todo y salir victorioso con frecuencia, estar atado de manos. Riddle tenía que ver desde lejos el sufrimiento de la persona que le interesaba.

—¿Por qué me buscabas? —preguntó Tom después de unos instantes.

—Oh, cierto, he contactado con Gregorovitch como sugeriste, está dispuesto a hacernos varitas secundarias con discreción, no será barato, pero no podemos seguir manteniéndonos sin protección —dijo Sirius.

Tom asintió. Pensó en Harry una última vez antes de hacerle un gesto a Black para que se prepararan para su viaje.