Después de mucho tiempo, ha llegado el final de este fanfic. Ojalá les haya gustado este fanfic lleno de drama a morir, pero les prometí que nuestras protagonistas tendrían un final feliz y si lo cumplí.

Espero que puedan dar su opinión acerca tanto del final como todo el fanfic.

Gracias por llegar hasta el final de esta historia y espero poderles compartir el mismo gusto por el spin-off que pienso hacer de este fanfic como protagonistas a Komiya Arisa y Suzuki Aina :3

Nos leeremos hasta próximo.

Esperen pacientemente mis próximos proyectos :33


Epílogo

Aina PDV

14 de diciembre 2017

El sonido de las sirenas resonaban por toda la carretera del aeropuerto, había demasiada gente mirando el cómo se llevaban a aquel bastardo.

Paramédicos y médicos forenses corrían de un lado a otro, reporteros tratando de conseguir información acerca de la escena del crimen, mientras los policías acordonaban la zona en donde se llevó a cabo…

El asesinato de mi madre.

Presencie la muerte con mis propios ojos, pensé que moriría esta misma noche, pero…

Mamá me protegió.

Ella me empujó al suelo, ocasionando que mi muñeca se rompiera con el impacto del concreto.

Cuando quise colocarme de pie para auxiliarla, ya era demasiado tarde…

Su pecho había sido perforado por la bala.

No dudé en acercarme a ella y tratar de detener la hemorragia con mi suéter, pero no funcionó. Su vida poco a poco se escapaba de mis manos…

¿Sus últimas palabras?

Espero puedas perdonarme Aina…

Mamá cerró sus ojos y yo…

Me quedé a su lado sosteniendo su mano fría entre las mías propias.

Antes de que el bastardo escapara de la escena del crimen, fue interceptado por los guardias del aeropuerto, hubo resistencia por parte suya, pero lograron arrestarlo. Después de eso, mi mente se apagó…

No recuerdo muy claro en qué momento trataron mis heridas o cuando fui llevada al hospital para ser examinada con más detalle.

En cuanto fui dejada en mi habitación asignada del hospital, todas las emociones que embotellé explotaron…

Lloré, grité, pataleé, a tal punto de alarmar a las enfermeras que estaban supervisándome y que estas decidieran doparme para tranquilizar mi crisis de ansiedad.

Cuando mi consciencia volvió el sol se encontraba brillando en la cima de la ciudad, podía escuchar claramente a los empleados del hospital comenzar su rutina diaria. Antes de que pudiera estar totalmente en mis cinco sentidos, la puerta de mi habitación fue golpeada lo que causó que me sentara rápidamente en la cama y a lo que me arrepentí de inmediato al hacerlo, mis costillas replicaron ante tal movimiento brusco.

— ¿Señorita Aina? —Una voz femenina se dejó escuchar detrás de la puerta. — ¿Puedo pasar?

—S…Si, adelante. —Gruñí por lo bajo.

—Con permiso. —La puerta se abrió, dejando ver a mi enfermera asignada junto a dos policías. —Lamento molestarla a estas horas, pero quisieran hablar con usted.

Creo que me dará un fuerte dolor de cabeza.

Esos dos policías aquí, sabía con seguridad por qué se encontraban en mi habitación. Casos como el mío debían ser investigados más al fondo y yo era la única que les daría respuestas.

Pero ¿Y si me niego? ¿Usarán alguna técnica violenta para hacerme hablar?

Aunque mi cuerpo ya esté entumido por todo el dolor que pasé, no sería placentero recibir más daño.

—Al fin la hemos encontrado señorita Aina. —Uno de los policías se trataba de una chica, por lo que de cierta manera me relajó.

Espera…

— ¿Alguien me estaba buscando? —Pregunté sorprendida. —Pensé que se habían dado por vencidas. Sin embargo, no solo vinieron a darme la noticia ¿cierto?

—Necesitamos información sobre el acontecimiento, ¿Está dispuesta a proporcionarnos dicha información? —Pidió el policía.

—No tengo opción… —Murmuré.

— Hay algo más que necesitamos. —Mencionó.

Noté que ella sacaba una cámara de la bolsa que ignoré por completo.

Oh no… —Tragué saliva.

—Tomaremos fotos de sus lesiones, son evidencia importante que llevaremos a juicio para sentenciar a Kusuda Yoshiro.

— ¿No serán suficientes mis palabras? —Pregunté esperanzada.

—Creo que está al tanto que Kusuda contratará al mejor abogado para librarse de sus actos. —Desvié mi mirada hacia otro lado. —Necesitamos las fotografías para reforzar su testimonio.

—Entiendo…

—Ahora, ¿Podemos proceder? —El policía obtuvo como respuesta un asentimiento por parte mía.

El agente salió para brindarme privacidad, mientras su compañera procedía a preparar la cámara. Al ver aquello comencé a desabotonar mi blusa, sin embargo, me detuve al sentir un dolor agudo tanto en mi brazo como en mi muñeca.

—Déjeme ayudarla, señorita Kusuda. —Mi enfermera se acercó y colocó sus manos en los botones de mi blusa.

Pero…

Fueron apartados por un manotazo.

Miré con incredulidad a lo que había hecho. Ese acto reflejo me había tomado por sorpresa.

—L…Lo siento…No quise… —Mis palabras chocaban entre sí.

—Está bien, no se preocupe. —Ella no mostró alguna señal de estar molesta, al contrario, mostró una suave sonrisa.

Por favor, que esa sonrisa no sea de lastima…

Es lo menos que deseo en este preciso momento.

—Quisiera hacerlo por mi cuenta… —Ella simplemente obedeció mi petición y se apartó.

Con sumo cuidado desabotoné mi blusa.

Cuando la deslicé por mis hombros, un jadeo involuntario dejó escapar la enfermera y comprendía muy bien por qué…

Mi cuerpo estaba marcado por grandes hematomas, había cortadas que tenían poco tiempo de haberse cerrado, unas manos fueron marcadas fuertemente en mi garganta y qué decir de las vendas que protegían mis costillas rotas.

Era una escena horrible para ser honesta.

La agente no tardó demasiado en tomar las fotos necesarias y eso me alegró bastante.

—Hemos terminado. —Ella guardó su cámara en el estuche. —Gracias por su cooperación señorita Kusuda, nos aseguraremos de que usted obtenga justicia.

—Yo también lo espero… —Murmuré.

La agente se acercó a la puerta de mi habitación, sin embargo, se giró una última vez para decirme algo más.

—Debería avisarles a sus familiares que necesita que la recojan, créame no tiene ni idea de lo felices que estarán al saber que usted se encuentra bien. —Con eso dicho se retiró.

—Es lo mejor que he escuchado en estos cuatro años… —Susurré para mí misma.

Un teléfono fue puesto en frente de mi cara.

—No espere más señorita Kusuda.

—Gracias. —Sin dudar tomé el celular y comencé a marcar un número en específico.

Solo bastaron dos tonos para que la otra línea respondiera.

"Kusuda Ayano hablando, ¿en qué puedo ayudarlo?"

Al escuchar la voz de alguien conocido no evitó que mis lágrimas comenzaran a salir con libertad. Un sollozo dejé escapar de mis labios y eso pareció asustar a mi querida tía.

"¿Quién habla?, juro que si esta es una broma de mal gusto bloquearé tú número"

—Tía, es Aina… —Sonreí.

La línea quedó callada y eso me preocupó bastante.

Pero mi tía despertó de su shock inicial después de unos segundos.

"¡Oh por dios! ¡Oh por dios!, ¡Te he estado buscando todo este tiempo! ¡¿Dónde has estado?! ¡¿Dónde estás ahora?! ¡¿Te encuentras bien?! ¡Aina-chan exijo saber tu ubicación ahora mismo!"

—Son muchas preguntas tía...

"¡No me importa, solo respóndeme!"

—Estoy en Inglaterra, más específico en algún hospital de Heathrow —Comenté.

"No te atrevas a moverte, tomaré el primer vuelo"

Como si tuviera algún otro lado a donde ir… —Suspiré.

Escuché en la otra línea demasiado ruido, asumí que estaba preparando su maleta y tal vez comprando los boletos.

"Aina-chan, ¿Qué fue lo que pasó realmente?"

—No creo que pueda decirlo por teléfono tía, necesito apoyo para poder contarlo…

"Entiendo…No tardo en estar a tu lado, nos vemos dentro de poco Aina-chan, te quiero"

—Yo también te quiero, nos vemos… —Di por terminada la llamada y devolví el teléfono a su respectiva dueña. —Gracias por prestármelo.

—No fue nada. —Aún mantenía su sonrisa. — ¿Qué hará ahora, señorita Kusuda?

—Esperar, es lo único que puedo hacer ahora…

.

.

.

.

Las horas habían pasado ya, desde la ventana de mi habitación pude ver el hermoso atardecer que Inglaterra me ofrecía. Inevitablemente a mi mente llegó la imagen de Yoshino sosteniendo su cámara favorita.

Aún sigo preguntándome que habrá sido de ti… —Abracé mis piernas contra mi pecho. —Lo único que recuerdo de ti es tu sangre en el suelo. —Apreté con más fuerza mis extremidades.

Mi mente comenzó a vagar por aquellos peligrosos recuerdos, sentí como los latidos dentro de mi pecho comenzaron acelerar, mi respiración se volvió entrecortada, los temblores eran evidentes.

Estaba por tener una crisis y no había nadie a mí alrededor para auxiliarme.

No tengo ni idea si fue suerte mía o algún ser divino, pero la puerta se abrió de manera abrupta y cuando escuché la voz de mi tía, dejé escapar un sollozo de alivio.

— ¡Aina-chan! —Ella junto a mi enfermera asignada se acercaron a mí preocupadas.

—T…Tía… —Mi respiración se estaba volviendo entrecortada.

Trataba de tomar grandes bocanadas de oxígeno, pero mi cuerpo no quería cooperar conmigo.

—Está teniendo una crisis. —Mi enfermera se acercó a mí de inmediato. —Señorita Kusuda, necesito que se enfoque en mí e imite lo que yo haga. —A dura penas asentí con mi cabeza.

Ella comenzó a inhalar y exhalar a un ritmo lento, poco después seguí sus instrucciones. Mi respiración volvió a la normalidad gracias a su ayuda. Ya teniendo todo bajo control, se hizo a un lado para que mi querida tía se acercara a mí.

—No tienes ni una idea lo aliviada que estoy, Aina-chan… —Sus ojos se encontraban bañados en lágrimas.

—Tía…

—Fuiste muy valiente, Aina-chan, muy valiente.

Dichas aquellas palabras por parte de ella, me quebré.

No me importó que me viera de aquella forma, había aguantado tanto que necesitaba simplemente…

Dejarlo ir.

Lloré por mi familia

Lloré por el daño físico que mi padre me sometió

Lloré por el silencio de mi madre

Lloré por la sangre que derramó Yoshino por mí

Lloré por la muerte de mi madre…

Simplemente…

Lloré por todo aquello que le hizo daño a mi frágil persona.

.

.

.

Después de aquel mar de lágrimas, un silencio confortable nos envolvió. Esperé un par de segundos para romperlo y traer a flote aquella inevitable conversación que teníamos pendiente.

Tenía tantas cosas que preguntar…

Si mis amigas estaban molestas conmigo por haber desaparecido

Si aún tengo oportunidad de retomar mis estudios

Si aún tengo algún lugar al cual llamar hogar

Sin embargo, lo que pasaba constantemente por mi mente era una persona en especial.

Quería saber sobre Yoshino…

Sé que se escucha algo insensible al no preocuparme por mis amigas, pero la última vez que las miré ellas estaban sanas y a salvo sin ninguna bala incrustada en sus cuerpos, al contrario de Yoshino, quien fue la que se llevó la peor parte…

Con tales dudas carcomiendo mis entrañas, rompí el silencio.

—Tía. —Ella levantó la mirada de la manzana que estaba cortando. —Sobre lo que pasó…

—No es necesario que digas algo de lo ocurrido. —Interrumpió. —Si no te sientes lista, no te obligues a decirlo.

—Creo que ya tienes una idea de lo que pasó… —Desvíe mi mirada.

—La tengo y prefiero no comentarla. —Ella me extendió la fruta recién cortada. — pero te aseguro que él pagará caro…

—Estamos hablando de un hombre que cuenta con demasiado dinero. ¿Cómo sabemos que no quedará impune de todo esto? —Comenté con cierto pesimismo.

—Deja todo en mis manos, tú única preocupación es recuperarte.

—No hay manera que me recupere después de todo esto. —Solté una risita sin gracia alguna. —Las cicatrices están sanando, pero los recuerdos de esos años siguen atormentando mi cabeza, ¿Cómo podré volver a ser la misma persona que era antes?

—Hay personas que han vivido algo similar a lo tuyo, algunas decidieron olvidar lo que había pasado y fingir que todo estaba bien, pero al reprimir todos sus sentimientos acerca de lo sucedido tuvo grandes consecuencias, sus mentes colapsaron… —Dejó a un lado lo que estaba haciendo con la fruta.

— ¿Y las demás personas?

—Buscó ayuda profesional. —El resto de la fruta fue dejada en el plato que nos había proporcionado la enfermera. — Y ahora ellos pueden vivir con tranquilidad.

— ¿En verdad funciona? —Mordí un pedazo de manzana.

—Eso es lo que hizo Nanjo-san, Aina-chan. Necesitaba ayuda y la encontró…—Mi cuerpo se tensó al escuchar su nombre. —Ella es una sobreviviente, al igual que tú. —Sonrió levemente.

— ¿Está…Viva? ¿Yoshino? —Pregunté anonada.

—Milagrosamente lo está. —Por un segundo dirigió su mirada hacia un lado. —La encontraron a tiempo en su departamento y no encontraron algún daño interno que pudiera costarle la vida.

—Por mi culpa pudo morir, si no me hubiera acercado desde un principio nada de esto habría pasado. —Agaché mi cabeza. —Mamá está muerta y mi novia sufrió en el proceso por el pensamiento de una familia perfecta de un hombre. Después de todo el daño que causé, no creo ser digna de verle el rostro...

—Aina-chan…

—Así que no importa cuánto desee verla, por favor no me lo permitas. —Pedí, casi rogué. —No pude protegerla y debo pagar por ello…

— ¿Es lo que realmente quieres?

No, de ninguna manera. —Mordí mi labio en silencio.

—Han estado separadas por cuatro años, sin alguna noticia de la otra, anhelándose verse al menos una vez más. Después de todo el sufrimiento al cual fueron sometidas, ¿deseas prolongarlo aún más? —Preguntó.

—Le causé demasiados problemas. —Respondí cortamente. — ¿Cómo sabré si aún quiere permanecer a mi lado?

—No lo sabrás si no hablas con ella. Así que Aina-chan, ¿Qué es lo que harás? —Preguntó con seriedad. —Cualquier decisión que tomes puede cambiar tu vida, pero al final tú tendrás la última palabra. —Sonrió suavemente.

—Oh... —Miré hacia la mesita que estaba al lado de mi cama, abrí mis ojos de la sorpresa al ver en ella un collar y un anillo.

A mi mente llegó la razón del porque estaban ahí y no puestos en sus respectivos lugares. Eso fue porque ambos terminaron llenos de sangre, por lo que la amable enfermera se dedicó a limpiarlos cuidadosamente.

Al verlos de nueva cuenta, los recuerdos de las promesas que hicimos aquel día regresaron de golpe para ayudarme a tomar mi decisión definitiva.

Sin decir palabra alguna, me deshice de la venda que rodeaba mi cuello y procedí a colocar en su lugar correspondiente el collar con la inicial de mi nombre.

Amatista, esta piedra calma las emociones. —Cerré el broche con éxito.

"— Nunca me dejarás, ¿Verdad?

No, nunca lo haré"

Ella calmó mis miedos hacia el abandono, aún cuando ella sufría en silencio. —Esta vez procedí a quitarme la venda de mi brazo izquierdo y deslicé el anillo en mi dedo anular. —Lapizlázuli, es la llamada piedra de la armonía...

"Porque estoy contigo, solo te necesito a ti para sentirme a salvo"

"Te prometo que jamás volveré a huir. Incluso si el mundo se quiebra y desaparece, yo todavía quiero estar a tu lado"

Para conseguir esa calma y armonía, debo estar a tu lado nuevamente. —Sonreí. —Las piedras sí que tienen un gran poder curativo, ¿Cierto tía? —Casi soltaba una risita al ver el rostro confundido de ella.

— ¿Aina-chan? —Frunció el ceño.

—Ya tomé una decisión. —Llevé a mis labios el anillo que Yoshino me obsequió. —Quiero verla. Tú misma lo dijiste, no quiero prolongar más nuestro sufrimiento. —Cerré por un momento mis ojos. —Además, debo cumplir mis promesas con ella.

—Estoy segura que puedo hacer que venga aquí de inmediato. —Sonrió divertida. —En verdad que fui demasiado tonta al no notar su relación desde un inicio.

—Lamento que te hayas enterado de esta forma, quería decírtelo, pero todo esto ocurrió y no tenía alguna idea de cómo reaccionarías... —Hice una mueca.

—Aina-chan, créeme ya estaba al tanto de tu relación con Nanjo-san, pero quería escucharlo viniendo de ti. —Rodó sus ojos de forma divertida. —Digamos que no eres muy discreta con tus sentimientos hacia ella. Prácticamente hablabas de ella cada vez que nos veíamos.

— ¿No te molesta? —Estoy segura que mi tono de voz reflejó mi inseguridad.

—Siendo honesta, estaba un poco en contra de tu relación con ella por sus diferencias de edades —Respondió. —Además de que era tu maestra en ese entonces.

—Asistente de mi maestra. —Corregí y ella me miró molesta.

—Seguía siendo una maestra —Reí con nerviosismo. —Pero aquí es donde te pregunto Aina-chan.

— ¿S-Sí? —Pensé que la había hecho enfadar.

— ¿Ella te hace feliz? —Preguntó.

—Demasiado. —Respondí rápida y honestamente.

—Entonces eso es lo único que me importa.

Antes de que pudiera agradecerle por sus palabras, unos golpes en la puerta hicieron parar nuestra conversación.

—Adelante. —Di permiso para entrar a las personas que se encontraban afuera de la habitación.

Los mismos agentes de antes entraron y esta vez traían consigo un folder entre sus manos.

—Lamentamos interrumpir su tarde señoritas. —Habló el agente. —Pero hemos traído lo que nos pidió, señorita Kusuda. —Se acercó a mi tía y le entregó el dichoso folder.

—Gracias, esto nos ayudará con el caso. —Asintió con su cabeza. — ¿Los informes de las radiografías están dentro?

—Sí, incluyendo los exámenes de laboratorio. —Habló la segunda agente.

No tenía alguna idea de lo que estaba pasando y mi tía se dio cuenta de ello, así que no esperó más y agradeció una vez más a los agentes, a lo que ellos solo asintieron y se retiraron.

— ¿Tía? —Ella alzó la mirada del folder. —¿Qué fue todo eso?

—Aina-chan, ¿Sabes a que me dedico verdad? —Se acomodó en su lugar.

—Sí, ¿Eso que tiene...? —Algo hizo click en mi cabeza. — ¿Llevarás mi caso?

—Aunque quisiera hacerlo, no se me permitiría. —Suspiró. —Es un caso con sentimientos personales involucrados, así que decidí dejárselo a un colega mío.

—Podemos confiar en él, ¿Verdad?

—Confío en él con mi vida. —Fue su respuesta. —Si lo llamo en este instante, puede que llegue dentro de dos días.

—Mientras más rápido mejor. —Fruncí el ceño, para después recordar un tema importante. —Por cierto, acerca de mi novia... —Fui interrumpida.

—No te preocupes por eso, buscaré la manera de contactarme con ella. —Sonrió juguetona. —Además, debo conocer mejor a mi futura sobrina, ¿No es así?

— ¡Tía! —Exclamé avergonzada.

—Sí, si~ —Se levantó de su asiento. —Iré hacer la llamada, quédate aquí y sé buena chica ¿De acuerdo? —Caminó hacia la puerta de mi habitación.

—No tengo lugar a donde ir, estaré bien. —Traté de bromear, pero sabía muy en el fondo que eso dolió.

—Vuelvo en seguida Aina-chan. —Sin decir más, salió de la habitación cerrando detrás suyo la puerta.

…...

La sonrisa que Ayano portaba se borró por completo al ver de nueva cuenta el folder que cargaba; con manos temblorosas lo abrió y examinó el contenido que había dentro de este. Sin poder evitarlo dejó escapar un jadeo, al mismo tiempo que unas cuantas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

—Pagarás por lo que has hecho, querido hermano. —Gruñó entre dientes.

Tomó un par de bocanadas de aire para tranquilizarse, una vez teniendo aquella calma de nuevo, de su bolsillo del pantalón sacó su celular y buscó aquel contacto que su sobrina ansiaba saber.

Al haberlo encontrado presionó el nombre y esperó a que aquella persona respondiera. Se escuchó el tono de llamada dos veces, la tercera fue cuando la otra línea respondió al llamado.

—Nanjo-san, habla Ayano…Tú y yo…necesitamos hablar…—Suspiró, tratando de controlar sus emociones.

.

.

.

.

.

Yoshino PDV

15 de diciembre 2017

—Ayano-san, ¿Qué ocurrió realmente con ella?

Sé que es insensible de mi parte preguntar aquello en un momento tan delicado, pero no pude evitarlo, quería saber que le hicieron a mi dulce Aina.

Para provocarle el mismo dolor a los bastardos que la lastimaron…

—Yoshino-san… —Ella deslizó el folder que leía hacia mí. —Creo que… es mejor que lo veas por ti misma… —Ayano-san secó sus lágrimas con el dorso de su mano.

Lentamente tomé el folder entre mis manos, con las pocas fuerzas que me quedaban lo abrí…

No me esperaba para nada lo que vería dentro de este.

Había numerosas fotografías de un cuerpo y ese cuerpo era de Aina…

Su blanquecina piel estaba invadida de hematomas, marcas de cortadas tanto en la espalda como en sus brazos y su cuello fue marcado por unas manos. Pude leer en el informe que detectaron algunas costillas rotas…

—Aina… —No me importó que las lágrimas cayeran una vez más. —No, no, no, no…—Negué con mi cabeza. — ¿Por qué ella…? ¿Por qué mi Aina?

—Yo tampoco lo sé Yoshino-san, pero estoy segura de algo… —Gruñó por lo bajo. —Pagarán por lo que hicieron…

—Lo quiero muerto… —Dejé de lado las fotos. —Si no fuera por él Aina… —Sollocé fuertemente. —Aina aún seguiría mostrándome su hermosa sonrisa…Yo solo quiero… solo quiero…

Verla sonreír una vez más…

— ¿Qué es lo que quieres hacer, Yoshino-san? —Preguntó suavemente.

—Es algo obvio Ayano-san, quiero ver a Aina. ¿Dónde está...? —Me ahorré de decir la palabra "enterrada", aún me era difícil aceptar la eterna realidad.

—Has estado esperando demasiado Yoshino-san. —Me mostró una suave sonrisa. — ¿Que dices si terminamos nuestras bebidas y te llevo a donde se encuentra?, necesito que utilices este tiempo para tranquilizarte un poco.

—Está bien... —Por inercia empuñé mi mano cerca de mi pecho.

—Ahora, hay que secar esas lágrimas de tu lindo rostro. —Esta vez me extendió un pañuelo.

—Gracias, Ayano-san. —Pude sentir mis mejillas arder ante tal halago.

—No es nada Yoshino-san. —Retomó a beber de su café. —Cuando termines, avísame ¿de acuerdo?

Esta vez solo asentí, mientras buscaba las formas de prepararme psicológicamente para lo que se aproximaba dentro de poco.

Lamentablemente no podía prolongar más el tiempo, mi bebida se había acabado y era hora de irnos. La esperé en nuestra mesa cuando fue a pagar la cuenta, una vez hecho lo anterior, con un movimiento de su mano Ayano-san me invitó a levantarme de mi asiento y seguirla hasta la salida del café.

Bajo la luz de la luna ella en total silencio nos encaminó al estacionamiento, al encontrar su auto simplemente nos subimos y abrochamos el cinturón de seguridad. Ayano-san introdujo la llave y con un solo movimiento de muñeca encendió el auto.

Este silencio me está matando. —Desde el rabillo de mi ojo miré a Ayano-san. —Pero no sé qué decir. —Solté un largo suspiro y solo me dediqué a mirar por la ventana a la ciudad.

—Puedes tomar una siesta si lo deseas, el trayecto es un poco largo. —Comentó. —Demasiadas horas en un avión puede ser algo tedioso.

—Supongo que estará bien. —Me acomodé mejor en el asiento del copiloto. —Trataré de dormir un poco. Si no es tanta molestia, ¿Me podría despertar cuando lleguemos?

—Por supuesto. —Sonrió suavemente.

—Gracias, Ayano-san.

Sin más cerré los ojos y dejé que el movimiento del auto me arrullara en los brazos de Morfeo.

.

.

.

.

.

—Yoshino-san. —Una cálida mano sacudió suavemente mi hombro. —Yoshino-san. —Con pereza abrí mis ojos.

— ¿Ayano-san…? —Cubrí mi boca para esconder el bostezo que se me escapó.

—Hemos llegado y en buen tiempo.

— ¿Buen tiempo? —Ante lo dicho por ella, miré mi reloj de muñeca y este marcaba las cuatro de la mañana. —Olvide cambiar la hora de mi reloj. —Fruncí el ceño.

—Son las ocho, aún podemos pasar. —Apagó el motor de su auto.

— ¿Pasar? ¿Exactamente a donde…? —Desde un estacionamiento, la brillante luz de un letrero se llevó toda mi atención.

Este tenía letras grandes en color rojo que formaban la palabra "Hospital".

— ¿Por qué estamos en un hospital? —Pregunté extrañada.

—Lo sabrás pronto, solo sígueme ¿Sí? —Sonrío una vez más.

Después de eso dicho ella se bajó del auto y no me quedó de otra que obedecerla.

En cuanto nos acercamos a la entrada las puertas se abrieron automáticamente, Ayano-san sin esperarme se acercó a la recepcionista y habló un poco con ella, miré desde mi lugar que esta última estaba pasando su vista a mi figura, por lo que supuse que debía acercarme a mi acompañante.

—Gracias, tenga bonita noche. —Ayano-san dijo en inglés perfectamente.

Antes de que pudiera decir algo, Ayano-san sujetó mi brazo con gentileza y me llevó hacia el elevador del hospital. Presionó el botón indicado del tablero del elevador, sin soltar en ningún momento mi extremidad.

— Ayano-san, tanto misterio me está confundiendo demasiado. —Comenté, mirando como las luces del tablero comenzaban a bajar.

—Pronto acabará, lo prometo. —Fue su respuesta.

El sonido del elevador nos indicó que ya se encontraba en nuestro piso, por lo que las puertas se abrieron y no tardamos en poner un pie dentro de la cabina. De nueva cuenta Ayano-san acercó su mano al tablero, esta vez el botón con el número tres fue presionado y con ello las puertas se cerraron.

Con nerviosismo comencé a mover mi pie, mientras tamborileaba mis dedos en mis costados; todo esto lo hacía sin despegar la vista de los números de piso que pasábamos.

No entiendo nada, ¿Qué es lo que está pasando? ¿A dónde me lleva realmente Ayano-san? ¿Al amorgue? ¿Al departamento de psicología? ¿Medicina interna? ¡¿A dónde mierda me lleva?! —El timbre del elevador paró mi tren de pensamientos.

Cuando se abrieron las puertas, Ayano-san me sonrió.

—Falta poco. —Ella tiró de mi brazo. —Es por aquí.

Ella se encargó de darme un gran tour por los pasillos del tercer piso, no tenía idea si lo hacía para calmar mi pánico o porque habrá olvidado a que veníamos en primer lugar.

Mi pregunta fue respondida en el momento que nos detuvimos en la puerta número setenta.

—Lo que tanto esperabas está aquí. —Comentó Ayano-san. —Aún tengo unos cuantos asuntos que atender por lo que no podré acompañarte. —Sonrió con remordimiento o al menos eso parecía.

— ¿Con que me encontraré realmente, Ayano-san? —Pregunté, no despegando mi mirada de la puerta.

—No lo sabrás si no miras lo que hay detrás de esa puerta. —Sentí su mano posarse en mi hombro. —Será difícil la confrontación, pero sé que eres fuerte Yoshino-san. —Agregó un pequeño apretón en mi hombro. —Si me necesitas estaré a solo una llamada de tu teléfono. —Con eso dicho, ella se retiró dejándome sola en este pasillo desolado.

No sé qué hacer. —Mordí mi labio inferior con nerviosismo. —En verdad que no sé qué hacer…

—Esto… ¿Disculpe señorita?

Una nueva voz a mis espaldas hizo que saltara de la sorpresa en mi lugar. Con vergüenza mal disimulada me giré hacia dónde provino la voz.

Detrás de mí se encontraba una enfermera cargando en sus manos una bandeja con lo que parecía ser la cena y la medicina de un paciente.

—Lo siento no era mi intención asustarla. —Ella río apenada.

—N…No se preocupe, estaba distraída. —Sonreí.

— ¿Viene como visita? —Preguntó con curiosidad.

— ¿Eh? ¿Visita?

—Sí, con la señorita Kusuda. —Mencionó.

¿Kusuda? Ese es… —Abrí mis ojos de la sorpresa. — Olvidé por completo que ella también está en este país, ¿A caso Ayano-san me trajo para ver a la madre de Aina? ¿A uno de los asesinos de mi novia? —Apreté mi mandíbula. — ¿Con qué propósito? ¿Desahogarme? ¿Llevarla ante la justicia? ¿Matarla con mis propias manos?

— ¿Señorita…? —Llamó de nuevo la enfermera.

—Perdóneme, me he perdido en mis pensamientos, ¿Qué era lo que me estaba diciendo?

—Si gustaba pasar, estoy segura que a la señorita Kusuda le alegrará ver otra cara conocida por aquí.

—De igual manera me encantará verla. —Solté con sarcasmo, algo que no notó la enfermera.

—Entonces no hay que hacerla esperar. —Ella se acercó a la puerta, acercó su puño y la golpeó suavemente.

Esperemos por un momento el permiso de la paciente para entrar.

Al escuchar una conocida voz detrás de esta

Mi respiración se detuvo

Porque conocía perfectamente esa suave voz tan bien.

Sin importar cuánto tiempo pasase, siempre recordaría la dulce voz de mi Aina.

Aina PDV

"He cumplido con tu deseo Aina-chan. –Tía"

Recibí aquel extraño mensaje de mi tía hace minutos atrás y no tenía alguna idea a que se refería con mi "deseo", puede que se haya referido a la condena que se merecía aquel hombre o que por un milagro hizo que Yoshino llegara hasta aquí, aunque me parecía ridículo de tan solo desearlo y no es que desconfíe de la perseverancia de mi tía de cumplirme aquel capricho, si no de los factores que había de por medio, como: ¿Yoshino estaría aún en Japón? ¿Habrá seguido con su vida? ¿Aún estaría interesada en verme? O la más importante, ¿Aún estaría enamorada de mí?

Esto me está carcomiendo demasiado. —Me llevé una mano a la frente. —Quiero verla, pero tengo miedo…

Tengo miedo de que nuestra relación se rompa por todo lo que hemos pasado, ¿Seremos lo suficiente fuertes para superar esto?

No lo sabré si no lo intento. Debo contactarla, tengo que hacerlo… —Tomé el celular que se encontraba en la mesita de noche.

Antes de tan siquiera desbloquear mi celular, unos golpes a mi puerta detuvieron todo movimiento que estaba dispuesta a realizar.

Frustrada ante tal interrupción, de mala manera permití el acceso a mi habitación.

—Adelante. —Sin más la puerta se abrió, dejando ver a mi enfermera asignada.

Pero ella no venía sola.

Detrás de esta una figura femenina se encontraba mirándome como si hubiera visto a un fantasma.

Y juro que esa era mi misma expresión.

Nanjo Yoshino se encontraba de pie en el marco de la puerta, inmovible.

La Yoshino de la que me despedí en ese fatídico día se encontraba aquí en la habitación en la cual fui confinada.

Su tan característico cabello corto, ahora se encontraba a mitad de su espalda, aquella tormentosa mirada que tardé demasiado en descifrar, brillaba con tanta intensidad tal y como los rayos de luz desaparecían del mundo a la oscuridad. Sus pantalones holgados y suéteres fueron remplazados por faldas y blusas de botones con mangas largas.

Al verla tan hermosa

A salvo

Viva

Y presenciar el cómo sus ojos se empañaban poco a poco por las lágrimas

No pude evitar ponerme de pie y correr hacia ella.

Pero mis piernas se encontraban dormidas debido a la poca actividad que he hecho en estos dos días. Pensé que caería al suelo y ocasionaría un reencuentro humillante, sin embargo unos tiernos brazos a mi alrededor amortiguaron mi caída.

Al levantar un poco mi mirada, sus ojos ya estaban sobre mí, mirándome de una forma tan gentil. Ese simple gesto hizo que mi corazón diera un vuelco dentro de mí. En un silencioso acuerdo, decidimos sentarnos en el suelo de mi habitación sin importancia alguna.

Estábamos tan pérdidas en la mirada de la otra que no escuchamos él como la enfermera se excusó para dejarnos a solas. Ni siquiera a la puerta cerrarse detrás de ella.

De un momento a otro sentí sus cálidos dedos tocar cautelosamente los míos propios. Ante el delicado toque, mi cuerpo se tensó y ella lo notó.

—Ya estás a salvo, no te haré ningún daño. —Susurró.

—Lo sé. —Sonreí levemente.

—No tienes ni una idea lo feliz que soy al saber que estás aquí, viva y conmigo. —Comentó con una sonrisa, pero sus ojos la traicionaron.

Las lágrimas no tardaron en rodar por sus mejillas, ella ocultó su rostro en mi regazo y dejó que el llanto la consumiera.

.

.

.

Esa misma noche se nos permitió pasarla juntas, no hubo ningún inconveniente de que ella se quedara conmigo, solo con la condición de que no hiciéramos cosas extrañas dentro de la habitación (cortesía de mi tía) y que si pasaba algo que llamáramos a la enfermera de turno.

Con eso dicho tanto mi tía como la enfermera se fueron, dejándonos a solas de nuevo.

Al principio todo era demasiado incomodo, no sabíamos cómo romper el hielo o mirarnos a los ojos sin sentir culpa por todo aquello que sucedió. Estando sentada a un lado de ella en mi cama, la sentía tan lejos.

Sí, físicamente estaba a mi alcance, pero emocionalmente…

No tenía alguna idea en donde estaba parada.

Así que lo único que se me ocurrió decir en ese momento fue lo mucho que lo sentía.

Pero una vez más Yoshino me sorprendió.

Su suave mano se acercó a mi rostro y con las yemas de los dedos se encargó de trazar cada detalle que encontrara en este. Cejas, parpados, nariz, pómulos, mejillas, labios; fueron acariciados como el tacto de un pétalo de flor besando tu piel.

—Sigues siendo hermosa tal y como lo recuerdo. —Ante su comentario, sentí un sonrojo subir por mi rostro.

—He cambiado demasiado, Yoshino… —Fijé mi mirada en el suelo.

—Ambas lo hicimos Aina. —Sostuvo mi mano. —Esta situación nos hizo cambiar demasiado.

—Odio que haya sido bajo estas circunstancias. —Apreté su mano. —Mi padre te hirió por su estúpido deseo de "familia perfecta" ¡Y yo no hice nada para evitarlo! —Esta vez golpee mis muslos con mis manos hechas puños. —Pensé que con irme, él no intentaría algo más pero… —Me guardé lo que había pasado por mi cabeza en ese instante. —Pude perderte y jamás lo sabría. Me alejaron de ti y no pude pelear para quedarme contigo.

—Si te hubieras quedado, no estaríamos aquí. —Comentó en una pequeña voz. —Aina, a cambio de mi vida tuviste que sufrir por cuatro largos años gracias a él. No es nada comparado a las cicatrices que llevo en mi cuerpo.

— ¡Cicatrices que por mi culpa tienes…! —Un sollozo se escapó de mí.

— ¿Fuiste tú quien me lastimó? —Negué con mi cabeza ante su pregunta. — ¿Fuiste tú quien le ordenó aquel hombre jalar el gatillo? —Negué de nuevo. —Entonces no tienes nada del porque sentirte culpable.

—Pero pude haber hecho algo, lo que sea…

— ¿Qué pudiste haber hecho Aina?

—Yo… Pude… —Trataba de buscar alguna respuesta, pero nada venia a mi cabeza.

—Exacto. —Suspiró. —Si hubieras hecho algo más de la cuenta, ambas habríamos resultado… —Por seguridad omitimos aquella palabra. — No tenías el poder de enfrentarlo, estabas en shock y él portaba un arma en frente de nuestras caras. La "mejor" opción en ese momento —Con sus manos hizo comillas, haciendo énfasis a la palabra. —Fue irte con él, no fue tu culpa que las cosas terminaran de una forma tan caótica. Ni tú, ni yo, esperábamos esa segunda detonación.

—Yoshino… —Ella sostuvo una de mis manos hecha puño.

—Vuelvo a decírtelo, lo que a mí me hicieron no es nada a lo que te hicieron durante esos largos cuatro años. Sé que no solamente te hirieron físicamente si no también psicológicamente. —Mencionó, mientras acariciaba con su pulgar el dorso de mi mano. —Si yo te hubiera encontrado antes, habría evitado al menos un poco de tus heridas.

— Deberías escuchar tus propias palabras Yoshino. —Reí suavemente. —No hay nada de lo que debas de sentir culpa. Ambas estábamos perdidas, sin saber qué hacer o como escapar de esa pesadilla.

—Tienes razón… —Susurró.

Sabía que tenía que contarle demasiadas cosas a Yoshino, sobre todo lo que había pasado realmente en mi escape. Así que con un poco de valor levanté mi rostro y como era de esperarse sus ojos estaban bañados en una clara preocupación.

— ¿Aina? ¿Qué pasa?

—Tengo que decirte algo. —Yoshino sin dudar sostuvo una vez mis manos entre las suyas.

—No tienes que, si no estás preparada lo entenderé. —Asentí ante sus palabras.

—Pero quiero hacerlo, siento que si no lo digo mi corazón seguirá sintiéndose pesado. —Apreté sus manos. — ¿Podrías escucharme?

—Con gusto lo haré.

Sin prisa alguna comencé a relatar lo que había sufrido en nuestra separación, desde el punto en donde fui llevada a la fuerza por mi padre, hasta la violencia que viví dentro de aquella casa escondida. Al ver cada una de sus expresiones en el rostro de Yoshino sabía muy bien que estaba furiosa con el hombre que me robó años de vida. Y cuando llegué a la parte sobre mi madre, las lágrimas volvieron a caer. Le hablé sobre el cómo me ayudó a escapar y el cómo me protegió con su cuerpo, ante esto dicho su expresión se suavizó por completo y solo se centró en abrazarme, no sin antes preguntarme si estaba bien lo que estaba haciendo.

—Aina, perdóname por lo que voy a decir…—Escondió su rostro en mi cabello. —Aunque tu madre te haya salvado la vida, no puedo sentir otra cosa que no sea respeto y agradecimiento. —Susurró. —Pero el perdonarla no está en mis planes, no ahora…

—Lo entiendo y no te obligaré. —Besé su cuello.

—Gracias. —Se apartó de mí unos cuantos centímetros. — ¿Qué pasará de ahora en adelante? ¿De qué manera él pagará por todo lo que hizo?

—Le harán un juicio en Japón, el colega de mi tía tiene suficiente evidencia que puede ayudar a encerrarlo por un largo tiempo en prisión. Y si testifico en su contra, tendremos una gran probabilidad de ganar. —Suspiré. —Pero conociéndolo, usará sus influencias para quedar impune. —Gruñí entre dientes.

—Encontraremos la forma de hacerlo pagar, no hoy. —Aseguró— Por ahora deberías descansar Aina.

—No, no lo necesito. —Desvíe la mirada hacia un lado. —Además no creo que pueda.

— ¿A qué te refieres? ¿No estás cansada? —Colocó una mano en mi mejilla para que volviera a mirarla.

—Créeme, lo estoy solo que… —Mordí mi labio, nerviosa por lo que diré a continuación. — Cada vez que cierro mis ojos, él está ahí en mis sueños. —Recargué mi cabeza en su hombro. —Recuerdo todo lo que hizo y a causa de eso despierto cada noche aterrada, creyendo que volverá y terminará con lo que inició.

—Él jamás volverá a lastimarte Aina, me encargaré de que eso no vuelva a ocurrir.

— ¿Me lo prometes? —Mostré mi mano derecha, mientras extendía mi dedo meñique hacia ella.

—Te lo prometo. —Ella envolvió mi dedo con el suyo propio para después dirigirlos hacia sus labios y besarlos suavemente. —Vamos a acostarnos.

—Y…Yoshino. —Al ver mi estado, ella supo de inmediato lo que me pasaba.

—Hey, te sostendré todo el tiempo que necesites. Si te sientes incomoda con tanto contacto físico, házmelo saber y pondré la distancia que me pidas. —Sonrío amablemente.

—Gracias Yoshino.

En silencio, nos acomodamos en la estrecha cama de mi habitación y estando tan cerca la una de la otra, Yoshino rodeó con su brazo izquierdo mi cadera, así que solo atiné a acurrucarme en su pecho. Desde mi posición podía escuchar los fuertes latidos de su corazón y eso me hizo sonreír.

Al sentir su mano desocupada acariciar mi cabello, recordé él como mi padre solía tirar fuertemente de mi cabello cuando no obedecía sus órdenes. Gracias a eso mi cuerpo se tensó y Yoshino se dio cuenta de ello.

— ¿Hice algo que te hizo sentir incomoda? —Ella se comenzó a apartar, pero yo me aferré a su blusa. — ¿Aina? —Llamó con preocupación mi nombre.

—Hace tiempo que no sentía tanta gentileza en un solo toque. —Enterré aún más mi rostro en su pecho. —No sabes lo mucho que extrañaba esta gentileza tuya…

—Mi dulce Aina… —Un beso fue colocado en mi cabello.

Salí de mi escondite y la miré.

En verdad que se ha vuelto más hermosa…

—Gracias, pero Aina sigue siendo la más hermosa para mí. —Abrí mis ojos de la sorpresa al escuchar su respuesta.

— ¿Lo dije en voz alta? —Ella soltó una pequeña risa, mientras asentía. —No puedes culparme, solo mírate —Para dar énfasis, utilicé mi mano para señalarla. —Tu cabello, tus ojos, tu sonrisa. Cuando te miré entrar por la puerta no pude apartar mis ojos de ti y tenerte tan cerca de mí, es otra experiencia.

— ¿Hice latir más rápido a tu corazón?

— Como no tienes idea. —Respondí rápidamente.

—Me halagas demasiado Aina, pero sigues siendo la más hermosa de aquí. —Esta vez besó mi frente. —Tu cabello aunque es corto no deja de ser lindo, tu dulce mirada y tu gran sonrisa, le hacen grandes cosas a mi corazón.

Sus palabras tuvieron el efecto correcto.

Quería besarla en ese momento.

Y se lo hice saber.

— ¿Yoshino? —Con vergüenza jugué con el cuello de su blusa.

— ¿Si?~

Tenía tantas ganas de besarla, pero había algo que debía preguntar.

—Esto… tú… —Tragué saliva. — ¿A…Aún me sigues amando?

Lo pregunté, al fin lo pregunté.

Temía por su respuesta…

Han pasado cuatro años, ¿Cómo podría amarme aún?

Nadie esperaría tanto por alguien, ni mucho menos por alguien como yo…

—Te sigo amando como el primer día. —Su respuesta hizo que mi corazón se llenara de calidez.

— ¿Después de todo este tiempo?

—Nunca dejé de amarte. —Me mostró su más sincera sonrisa. —Así que Aina, sé que es algo precipitado y he estado conteniéndome desde el momento en que te vi, pero… ¿Puedo besarte?

—No tienes porque preguntarlo Yoshino. —Acerqué mi rostro al suyo.

Y cerró la poca distancia que faltaba para que nuestros labios se reencontraran.

Su boca sabe a café. El contacto es suave al principio y como si necesitara más, me atrae un poco más hacia ella. Sin ningún apuro nos besamos lento y suavemente; mis manos comenzaron a viajar desde su cadera hasta sus hombros, terminando estas por quedarse en su cuello.

Con un jadeo involuntario y la falta de aire, lastimosamente tuvimos que separarnos.

Aún podía sentir la suavidad de sus labios en los míos propios, mi corazón latía desbocado y qué decir de la repentina calidez a la cual mi estomago estaba expuesto.

Me sentía como una adolescente de nuevo. Tan simple pero significativa muestra de afecto me hizo enamorarme una vez más.

Así que con una gran sonrisa le dejé saber lo que mi corazón ha estado guardando desde hace tiempo.

—Yoshino te amo…

Ella pareció sorprendida, pero poco a poco su semblante fue cambiando a su tan característica sonrisa que abarcó su bello rostro.

—No sabes cuánto extrañé que lo dijeras. —Acercó su frente a la mía.

—Por favor, no hay que volvernos a separar. —A ciegas busqué su mano y cuando la encontré, entrelazamos nuestros dedos.

—Jamás lo haremos. —Besó mi nariz. — Y si por alguna rara ocasión volvemos a separarnos, encontraré el camino para regresar a ti.

Esas dulces palabras fueron las últimas que escuché esa noche antes de sucumbir a los brazos de Morfeo y dejarme arrullar por la apacible voz de Yoshino.

.

.

.

.

16 de diciembre 2017

Eran las nueve de la mañana cuando decidí que era hora de despertar, así que con pereza abrí mis ojos lentamente; mientras hacía aquello con mi mano busqué el cálido cuerpo de Yoshino y al no sentirlo me senté de inmediato en mi cama, algo que me arrepentí de hacer. Sosteniendo mi mano en mis heridas costillas, miré hacia todos lados y no había algún rastro de ella.

Eso me alarmó demasiado.

¿A caso todo lo que ocurrió ayer había sido un efímero sueño? ¿Mi mente me jugó una mala broma?

—No, no… —Negué con mi cabeza varias veces.

Mi respiración comenzó a acelerarse, mis manos se encontraban temblando y los músculos de mi cuerpo se habían tensado de una forma dolorosa.

Una crisis de ansiedad estaba a punto de tener y como si alguien hubiera escuchado mi llamado de auxilio no articulado, la puerta de mi habitación se abrió, dejando ver a la chica que buscaba trayendo consigo una bandeja con lo que parecía ser el desayuno de hoy.

Al verme no dudó en dejar la bandeja en la mesita de noche y acercarse a mí con una velocidad impresionante.

—Aina, cariño estoy aquí, déjame ayudarte. —Con una extrema delicadeza sostuvo mis manos con las suyas. —Solo concéntrate en imitar mi respiración.

Yoshino tomó largas respiraciones junto a mí y gracias a eso poco a poco mi respiración volvía a la normalidad.

— ¿Quieres recostarte un poco? —Preguntó, a lo que yo me negué. —Muy bien, vamos a sentarnos ¿De acuerdo? —Esta vez asentí.

En cuanto estuvo sentada a un lado mío me aferré a su torso y escondí mi rostro en su cabello.

—Cariño, ¿Qué ocurrió? —Sentí los brazos de Yoshino rodear mi cuerpo.

—No te miré aquí y pensé que… —Solté un gran suspiro. —Todo había sido un sueño.

—Lo siento, no debí irme sin avisarte —Besó mi cabello. —Tuve que hacerlo porque necesitabas descansar y buscaba sorprenderte.

— ¿Sorprenderme? —Me separé de ella, sin dejar de abrazarla.

—Me encontré a Ayano-san en el camino y me ha comentado que hoy te darán de alta, siempre y cuando firmes un par de cosas. —Sonrió. —Claro, también dependerá de cómo se encuentren tus lesiones. —La sonrisa se había ido, dejando ver de manera muy poco disimulada su molestia.

— Mis costillas y muñeca, duelen un poco. —Hice una mueca de fastidio. —Pero con descanso y sin realizar actividad física estruendosa estoy segura que me recuperaré.

— ¿Estás segura?, podemos quedarnos unos días más aquí hasta que estés totalmente recuperada.

—Estoy totalmente segura. —Yoshino iba a refutar mi decisión, pero la interrumpí antes de que lo hiciera. —No hace falta en verdad, solo quiero irme lo más antes posible, no podría soportar otro día más aquí…

—De acuerdo, llamaré al doctor para firmar la alta voluntaria y con ello hecho, regresaremos a casa Aina.

—A casa ¿Eh?, el plan me gusta… —Sonreí levemente. —Pero no sé si tenga una casa a cual volver, Yoshino.

—Claro que la tienes.

La voz de mi tía en mi habitación hizo que nos separásemos de la otra a la velocidad de la luz. Este acto ocasionó que mi tía riera divertida.

—No tienen por qué avergonzarse al mostrarse afecto tan abiertamente, también fui joven ¿saben? —Una sonrisa juguetona bailaba en sus labios.

—T…Tía, no te escuchamos entrar. —Comenté nerviosa.

—Toqué demasiadas veces la puerta y como lo supuse, estabas ocupada con Yoshino-san. —Le restó importancia al asunto. —Pero eso no es lo importante; sé que a aquel lugar no piensas volver —Sabía a lo que se refería, la casa de la que fui echada ya no lo sentía como un lugar seguro, ni mucho menos un hogar. —Así que Aina-chan, desde hoy empezarás a vivir conmigo.

— ¿Eh? ¿No seré una molestia para ti? —Pregunté preocupada.

—Aina-chan eres prácticamente como una hija para mí, así que ¿Por qué serías una molestia para mí? —Frunció el ceño.

—B…Bueno…

—Las dejaré a solas, iré a llamar al doctor ¿De acuerdo? —Yoshino dijo antes de levantarse. —No tardaré en volver. —Besó mi frente para después retirarse de mi habitación.

Mi tía tomó el lugar que mi novia había desocupado en la cama.

—Esa Yoshino-san es una buena chica. —Comentó. — ¿Sabes?, ella fue quien me propuso la idea de que te fueras a vivir conmigo. —Hice un puchero ante la confesión y eso lo notó mi tía. —No me malinterpretes Aina-chan, estaba dispuesta a llevarte conmigo a casa, pero como has estado demasiado tiempo separada de Yoshino-san supuse que querías irte a vivir con ella.

—Entonces, ¿Por qué…? —Fui interrumpida.

—Porque Yoshino-san no quiere que la relación que tienen se convierta en una relación que viva de la dependencia. —Fue su respuesta.

—Entiendo de cierta manera su punto. —Comenté. —Ambas aún tenemos cosas de las cuales hablar, además de que no estoy del todo bien. Necesito ayuda y si me aferro a Yoshino, nada saldrá bien. —Murmuré. —No quiero ser alguien quien viva con miedo y paranoia.

—Lo sé Aina-chan…

—Una vez que termine todo este asunto con él, buscaré ayuda profesional. —Fruncí el ceño. —No estaré tranquila hasta saber que él está tras las rejas.

—Y así será Aina-chan, así será. —Dijo. —Espero podamos contar con la ayuda de Yoshino-san, ella fue también una víctima.

—Estoy segura que lo hará. —Asentí.

Unos toques a la puerta detuvieron nuestra conversación.

—Hablando de ella. —Sonreí divertida. —Adelante. —Di permiso a la persona que se encontraba afuera para entrar.

—Con permiso. —Mi doctor asignado entró, detrás de este lo seguía Yoshino. —Buenos días, señorita Kusuda.

—Buenos días. —Respondí, por el rabillo del ojo miré como mi novia se acercaba a mi tía, esta última solo sonrío y le propinó una pequeña palmada en su hombro.

—He venido a realizar su último examen médico, se debe hacer para saber si todo está en orden con usted. —Mencionó, callando cualquier protesta que estaba a punto de hacer.

—De acuerdo. —Hice un puchero, a lo cual ocasionó las risas tanto de mi tía como de mi novia.

El doctor procedió a hacer lo suyo; revisó cada uno de mis hematomas, mis adoloridas costillas, la muñeca vendada y la cicatrización de mis cortadas. Todo esto bajo las miradas enfurecidas de mi tía y Yoshino. Lo único que pude hacer ante tal acción fue agachar mi mirada, intimidada por las tantas emociones que transmitían sus ojos.

—No hay nada más por lo cual preocuparse señorita Kusuda, la mayoría de sus heridas están cicatrizando relativamente bien y aunque los hematomas están aún presentes, dentro de dos semanas pueden que desaparezcan; sin embargo sus costillas al igual que se muñeca se encuentran aún delicadas. Necesita reposar más y para eso tendré que prohibirle realizar actividades que requieran de mucho movimiento. —Explicó. —Y en esas actividades que prohíbo se incluye también las relaciones íntimas. —Sentí el calor subir hasta por mis orejas, por inercia miré hacia Yoshino y ella estaba igual de sonrojada que yo.

—E…Entendido. —Dije aún avergonzada.

—Con todo esto dicho, solo tiene que firmar su alta voluntaria. —Me mostró el tablero de madera que desde un principio había traído. —Y se podrá ir a casa de inmediato.

—Si… —Él me extendió tanto el tablero como un bolígrafo, sin esperar más escribí mi nombre sobre la línea correspondiente y le entregué dichas cosas a su dueño. —Gracias por todo doctor.

—Haría lo que fuera por la salud de un paciente. —Sonrío. —Puede irse cuando esté lista señorita Kusuda, sin más me retiro. —Hizo una reverencia, acto que imitamos de inmediato. —Tenga mucho cuidado de ahora en adelante, señorita Kusuda.

—Lo haré. —Con eso dicho, él abandonó la habitación dejándonos a solas a nosotras tres.

—Es mejor que te vistas con algo más casual Aina, aunque el color te queda bien no creo que te guste que las demás personas te vean con esa bata de hospital. —Rodee mis ojos divertida ante el comentario de mi novia.

—No cuento con otro cambio cariño. —Respondí.

—Lo siento Aina-chan, salí tan rápido de casa que tomé solo lo más importante. —Se disculpó mi tía, a lo que yo simplemente negué con mi cabeza.

—Estás con suerte. —Yoshino se acercó a mi cama y debajo de esta sacó una bolsa deportiva.

— ¿Hace cuanto está eso ahí? —Pregunté en confusión.

—Desde que llegué aquí. —Respondió como si fuera obvio. —Eso no es lo importante ahora. —De su bolsa sacó una sudadera con capucha de color blanca, unos jeans negros, unos calcetines color blancos y un par de botines negros. —En cuanto a la ropa interior… —Yoshino desvió la mirada.

—N…No te preocupes por eso, me han dado un par aquí.

—Oh…

—Yoshino-san, creo que es lo mejor si sales de la habitación por un momento. —Comentó mi tía. —Aina-chan necesita cambiarse. O ¿A caso quieres ver a mi sobrina desnudarse? —Sonrío maliciosamente, con un tono de advertencia.

— ¡Tía! —Exclamé avergonzada.

—S…Saldré. —Salió apresurada de la habitación, cerrando detrás suyo la puerta.

— ¿Por qué tienes ese afán de molestarla? —Cuestioné fastidiada.

—Las reacciones que da son divertidas. —Se encogió de hombros. —Anda, ve a vestirte, si necesitas ayuda con tu muñeca solo dime ¿De acuerdo?

—Está bien~

.

.

.

Después de haber recogido lo poco que había mío en aquella habitación temporal, Yoshino y yo nos encontrábamos afuera de la entrada del hospital, esperando a mi tía a que llegara con el auto que rentó. Mientras esperábamos su regreso, Yoshino estaba ocupada haciendo llamadas al aeropuerto para adquirir boletos que nos llevarían de regreso a casa.

Al terminar su llamada, comenzó a presionar con sus dedos la pantalla de su celular, asumí que estaba haciendo el pago de los boletos por lo que no pregunté. Una vez que finalizó aquello bloqueó su celular y lo guardó en la bolsa deportiva que cargaba, para después acercarse a mí con una sonrisa.

—Pude conseguir boletos para el avión que saldrá esta tarde. —Cuando estuvo lo suficientemente cerca, rodee mis brazos en su torso.

—Me alegro escucharlo. —Sonreí. —Ya que estamos a solas, quería preguntarte algo.

— ¿Qué es, Aina? —Sus manos se posaron en mis mejillas.

—Quería saber si… ¿Podría quedarme en tu casa por unos cuantos días? —Ella pareció sorprendida por un momento. — No quiero estar mucho tiempo separada de ti.

—Ni yo. —Con mis manos cubrí las suyas. —Haré lo mejor de mí para que disfrutes tu estadía en mi nueva casa.

— ¿Nueva casa? —Parpadee confundida.

—Sí, nueva casa. —Río suavemente. —Se encuentra en Chiyoda, cerca del templo. Después de lo sucedido, no podía quedarme en donde ocurrió todo… —Su mirada se ensombreció.

—Me alegro que decidieras irte de ese lugar… —Susurré mientras volvía a la seguridad de sus brazos.

—Yo igual. —Suspiró. —El lugar en donde vivo ahora es tranquilo, te encantará cuando lo veas.

—Estoy segura de ello. —Sonreí levemente.

El silencio al que nos sometimos no era uno incomodo, al contrario, era demasiado reconfortante para ambas. Estando mí mejilla recargada en su pecho podía escuchar claramente los latidos acelerados de su corazón, eso ocasionó que mi sonrisa se ensanchara.

Pero todo lo bueno tenía que acabarse.

Un fuerte claxon hizo que nos separáramos de la otra por segunda vez en el día.

— ¡Es hora de irnos tórtolas o si no perderemos el vuelo! —Exclamó mi tía desde su auto.

—Mi tía sí que tiene una buena sincronización para interrumpirnos.

—O tal vez le gusta fastidiarnos

—También lo pensé.

— ¡No tenemos todo el tiempo! ¡Andando!

— ¡Sí, sí, ya te escuchamos! —Gruñí por lo bajo. —Hay que apresurarnos si queremos que pare de sonar el claxon. —Con pesar me separé de mi novia y tomé su mano.

—Espero que todo el trayecto a Japón sea al menos agradable…

.

.

.

En efecto, el trayecto fue agradable. El vuelo había sido tranquilo y aunque este sería por ocho horas Yoshino y yo nos las arreglamos para perder el tiempo. En esas tediosas horas hablamos de todo un poco, miramos la película que el avión transmitía, comimos lo que la azafata nos ofrecía y dormimos durante ese tiempo.

Abrí mis ojos cuando el piloto anunció que aterrizaríamos dentro de poco en el aeropuerto internacional de Narita, así que con pereza me tallé mis ojos mientras bostezaba.

— ¿Dormiste bien? —Miré a mi novia y ella parecía muy entretenida con una libreta rosada.

Al reconocerlo inconscientemente solté un jadeo y ella notó de inmediato lo que pasaba.

— ¿Lo recuerdas? —Señaló la libreta a lo que yo asentí. —Pediste disculpas cuando lo leíste porque no sabias como hacerme hablar sobre mis sentimientos. —Sonrió nostálgica. —En verdad que estoy agradecida contigo por ello.

—Si nuestra conversación hubiera salido mal, habría intentado otro modo de llegar a ti, incluso si no fuera en persona… —Susurré.

—Lo sé, tu carta me lo hizo saber. —Yoshino se acercó un poco a mí. —La encontré cuando estaba tratando de aferrarme a algo que me recordase a ti. —Ante lo dicho agaché mi mirada por la vergüenza. — ¿Y sabes? —Por el rabillo del ojo la miré. — Pensé que jamás volvería verte y tendría que seguir adelante para formar un futuro sin que estuvieras en el, sin embargo estoy demasiado feliz de haberme negado a hacerlo. Tenias razón, siempre buscarás la manera de regresar a mi.

Una lágrima rodó por mi sonrojada mejilla.

—Y yo jamás me cansaré en esperarte. —Yoshino besó mi mejilla, para después estrecharme entre sus brazos.

—Te amo. —Dije en su hombro.

—Yo también te amo, mi dulce Aina.

Estimados pasajeros, estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto internacional de Narita, por favor abróchense sus cinturones, repito, por favor abróchense sus cinturones, gracias.

Ese fue el comando del piloto, así que no nos quedó de otra que romper nuestro abrazo y obedecer, pero eso no nos impidió entrelazar nuestras manos.

— ¿Aina? —Llamó mi nombre a lo que yo solo respondí con un sonido. — ¿Qué te gustaría hacer primero una vez pisando Japón?

Por un momento guardé silencio, fingiendo que estaba pensando en mi respuesta. Pero sabía muy bien lo que quería hacer desde un principio, perdí mi oportunidad hace cuatro años y espero que no pase lo mismo esta vez.

—Si está bien contigo, me gustaría conocer a Haruka-san… —Murmuré.

— ¿A Haruka? —Pude ver la sorpresa en ella. — ¿Puedo saber la razón Aina?

—Quiero conocer a la persona que cuidó de ti. —Le sonreí suavemente. — ¿Podemos visitarla?

—Sí, hay que hacerlo. —Apretó gentilmente mi mano. —Te presentaré con ella.

Una vez que el avión aterrizó, tomamos nuestras cosas y nos dirigimos hacia la terminal para esperar a mi tía. Ella no tardó en salir entre toda la multitud y acercarse a nosotras.

—Aina-chan, ¿Irás con Yoshino-san? —Preguntó curiosa.

—Me quedaré unos cuantos días con ella. Claro, si no te molesta… —Lo último lo dije con atisbo de vergüenza.

—Mientras no hagan cosas indecentes, por mi está bien. —Rodee los ojos ante lo dicho por ella. —Prepararé el cuarto de visitas, cuando esté lista te llamaré ¿De acuerdo?

—Estaré esperando tu llamada. —Sonreí.

—Bien con eso dicho las dejo, cuídense demasiado. —Mi tía me abrazo suavemente, para después dirigirse hacia Yoshino. — Sé que eres una persona responsable y tengo la total confianza de que mantendrás a salvo a Aina-chan.

—Nada le pasará a Aina, puede estar tranquila. —Mi tía solo sonrió y para sorpresa de ambas abrazó a Yoshino. — ¿A…Ayano-san?

—No puedo esperar a que me llames tía. —Se separó por completo de ella, no sin antes guiñarle un ojo.

— ¡Tía! —Exclamé avergonzada.

—Ya me retiro sobrina. —Acomodó su bolso en su hombro.

— ¿No desea que la lleve a su casa? Dejé mi auto en el estacionamiento de aquí. —Ofreció mi novia.

—Gracias Yoshino-san, pero tendré que declinar. —Sonrió en disculpa. —Alguien vendrá por mí.

— ¿Oh? ¿Un novio acaso? —Traté de molestarla.

—Así es, y… —El sonido de su celular llamó nuestra atención. —Ya se encuentra aquí, nos vemos dentro de unos días, llamaré de vez en cuando para saber cómo estás ¿De acuerdo? —Asentí torpemente a sus palabras. —Te quiero, no lo olvides —Con un ultimo abrazo se despidió, antes de salir corriendo en búsqueda de su novio.

— ¿Sabes? —Yoshino tomó su bolsa del suelo. —Pensé que tu tía era una persona seria y reservada. —Ella me extendió su brazo y yo lo tomé sin dudar.

—Solo es de esa manera en el trabajo y con desconocidos. —Mientras conversábamos, nos dirigimos hacia la salida del aeropuerto. —Me alegro que confíe en ti. —Sonreí.

—Aún sigo sorprendida. —Se rascó su mejilla de forma bochornosa. —Solo hemos interactuado un poco…

—Tu encanto siempre ha sido la amabilidad. —Con nuestras miradas buscamos el auto de Yoshino en el estacionamiento. —Una amabilidad honesta debo agregar.

— ¿Eso crees? —Una vez que localizamos el auto, Yoshino quitó la alarma al acercarnos a el.

—Por supuesto. —Besé su mejilla cuando ella abrió la puerta del copiloto para mí. —Yoshino, antes de irnos… —Llamé su atención colocando mi mano en su mejilla.

— ¿Pasa algo? —Un tono de preocupación se dejó escuchar en su voz.

— ¿Realmente está bien contigo que visitemos a Haruka-san? —Por un momento sus ojos se oscurecieron y eso me alarmó.

—No voy a mentirte. —Suspiró. —Aún no he tenido el valor de visitarla. —Agachó su mirada. —Cada vez que voy al cementerio paso demasiadas veces por el camino en donde se encuentra su lápida, pero siempre paso de largo y solo visito a mi papá. —Murmuró avergonzada. —No estoy lista para visitarla…

—Entonces, ¿Por qué accediste?

—Porque es lo que deseas hacer. —Respondió culpable.

— ¿Y hacerte sentir de esa forma? Ni hablar. —Sus ojos mostraban sorpresa. —Cuando estés lista, tú y yo visitaremos a Haruka-san. —Una pequeña sonrisa abarcó su rostro. —Por ahora visitaremos a la segunda persona que quiero conocer.

— ¿Quien?

—La primera persona que amó a Yoshino.

—Aina…

—Así que, ¿Qué tal si vamos ya?

Yoshino simplemente respondió asintiendo con su cabeza y con ello, emprendimos el viaje hacia el cementerio.

.

.

.

Una vez estando en la entrada del cementerio, mi Yoshino se disculpó conmigo al ver que el incienso y el ojuzu que se encontraban en la cajuela de su auto los había olvidado, así que me pidió que me adelantara mientras ella regresaba al estacionamiento a buscar dichos objetos; antes de que se fuera me hizo saber que su padre se llamaba Hiroshi y que podía encontrarlo cerca de los árboles de cerezos con los que contaba el mismo cementerio.

Con pasos calmados comencé a seguir el camino en donde había abundantes pétalos de cerezo.

Y como era de esperarse, terminé en el lugar equivocado, sin embargo, para mi sorpresa sentía que estaba en el lugar correcto. Por obra del destino me encontraba en una hilera de lapidas en donde apellidos como Hachijo, Hashimoto, Hatoyama, Hayashi, descansaban. Al verlos supuse que el cementerio estaba ordenado alfabéticamente por los apellidos, con esta realización hecha no dudé en buscar cierto apellido.

Hisamatsu, Hishida, Hishikawa, Hitomi —Me detuve abruptamente al ver que había encontrado el apellido correcto.

Aquí descansa Hitomi Haruka; tu sonrisa siempre será recordada por todos. Te amamos nuestra pequeña estrella.

Con cuidado me arrodillé en frente de la lápida y junté mis manos para dar mi oración. Después de unos cuantos minutos en silencio, comencé a recitar lo que había ensayado en el avión.

—Hola Haruka-san, mi nombre es Kusuda Aina. —Me presenté. —Sé que es muy repentina mi visita, pero tenía tantas ganas de conocer a la persona que cuidó de Yoshino cuando más lo necesitaba. —Jugué con mis pulgares. —Por parte de ella solo he escuchado cosas maravillosas de ti; una chica amable de buenos sentimientos, inocente en todos los aspectos, con sueños y grandes aspiraciones… Esa era y seguirá siendo Hitomi Haruka-san para ella. —Sonreí levemente. —Estoy demasiado agradecida de que Yoshino tuvo a alguien como tú en su vida, así que gracias por amarla tan grandemente. —Incliné un poco hacia adelante mi cabeza. —Y aunque no estés aquí físicamente, sé que cuidas a Yoshino desde allá arriba y piensas que es una tonta al pensar que estás molesta con ella por lo que ocurrió… —Tragué saliva pesadamente. —Yo te prometo que cuidaré de ella aquí en la tierra, me aseguraré de que sea feliz y amada como tú lo hubieras querido.

Una suave brisa movió mis cabellos.

—Porque ella merece eso y más.

Porque ella es el amor más cercano que he mantenido guardado dentro de mi corazón.

.

.

.

—Te he estado buscando por todos lados.

Ese fue el saludo que recibí por parte de Yoshino cuando me encontré con ella en frente de la lápida de su padre.

—Lo siento, tuve que ir al baño. —Mentí. — ¿Has encontrado las cosas?

—Afortunadamente. —Soltó un suspiro de alivio. — ¿Estás lista? —Simplemente asentí. —Entonces déjame presentarte a mi papá. —Con eso dicho procedimos a sentarnos de rodillas en el suelo.

Desde mi asiento miré con cierta fascinación el cómo mi novia encendía el incienso con una envidiable facilidad. Con un pequeño empujoncito Yoshino me sacó de mi trance, así que solo atiné a juntar mis palmas y rezar junto a ella en silencio.

A cabo de unos minutos, Yoshino comenzó a hablar de que cómo había ido su día exactamente hoy, incluyendo nuestro reencuentro en el hospital de Inglaterra. Estaba tan distraída escuchándola que no noté su cálida mirada sobre mí.

—El día de hoy quiero presentarte a alguien papá. —Despabilé mi fogosa mente en cuanto escuché la pequeña presentación. —Ella es Kusuda Aina, mi novia y la chica que me hace realmente feliz. —Sentí un calor subir por mis mejillas ante sus palabras cargadas de cariño. —Gracias a ella finalmente pude escapar de la oscuridad en la que mi vida se encontraba. Gracias a ella, Takeshi y mis amigos, puedo decir al fin que estoy bien, aún cuando tengo cosas pendientes en las cuales trabajar, sigo continuando mi proceso de sanación. —Tomé sus manos entre las mías. —Así que, por favor cuida de mí como siempre lo has hecho papá.

—Gracias por criar a tan maravillosa chica, Nanjo-san. —Torpemente incliné mi cabeza. —Ella es lo mejor que me pudo pasar y puedo asegurarle que estará en buenas manos. Le prometo que me encargaré de cuidarla, amarla y hacerla feliz como ella se lo merece. —Un gran sonrojo abarcó el rostro de mi querida novia.

—Aina… —Murmuró avergonzada.

—Por lo que le pido que por favor cuide de nuestra relación.

Guardamos silencio por un momento, lo único que se podía escuchar eran nuestras respiraciones y el fresco viento acariciar nuestras sonrojadas mejillas.

Hasta que la suave risa de Yoshino rompió aquel pacífico silencio.

Asustada giré hacia ella y me encontré con una imagen que me robó el aliento.

Mi amada se encontraba riendo con alegría, pero unas lágrimas caían libremente por sus mejillas. En pánico la atraje hacia mí y la estreché entre mis brazos, acariciando sus cabellos en el proceso.

—¿Yoshino? ¿Qué pasa? —Pregunté en preocupación. —¿Dije algo malo?

—Para nada. —Ella se alejó de mí, reluctantemente tuve que soltarla. —Solo es que te amo tanto y sé que papá también lo habría hecho.

—¿En verdad lo crees?

—Él te habría amado como una segunda hija. —Con mis dedos me deshice de las lágrimas de Yoshino.

—Me alegro saberlo. —Suspiré aliviada. —Si no es mucho pedir, quisiera también su bendición para algún día casarme con su hija. —Hice de nuevo una reverencia.

—Está oscureciendo ya, vayamos a casa Aina. —Ella se colocó de pie y extendió su mano hacía mí, la cual tomé en un instante. —Si no llegaremos tarde.

—¿Tarde? ¿Para qué? —Ladee mi cabeza en confusión.

—Lo sabrás dentro de poco. —Guiñó un ojo en coquetería. —Andando~ —Comenzó a jalar mi mano para dirigirnos a la salida del cementerio.

No me quedó de otra que seguirla y mirar únicamente su espalda.

Su espalda...

Mi mente me jugó una mala broma al hacerme ver grandes manchas de sangre mojar la blusa de Yoshino. Para sacarme esas imágenes de mi mente sacudí una y otra vez mi cabeza hacia los lados. Como vino aquella ilusión, desapareció de la nada.

Eso no volverá a pasar, ya no más.

Yoshino y yo estamos fuera de peligro, nadie más nos volverá a herir.

Ya no más.

.

.

.

En todo el trayecto a casa traté de sacarle información a Yoshino, pero ella siempre se encargaba de desviar el tema o responder alguna otra cosa. Por lo que a los diez minutos me rendí y conversamos de otras cosas; una de ellas fue acerca de mis amigas.

—Ellas estaban furiosas conmigo cuando les conté lo que había pasado en mi departamento. —Confesó. —Tenían el derecho de estarlo, porque yo también estaba furiosa. —Me miró desde el rabillo del ojo. —Pero todo está bien ahora. —Una pequeña Sonrisa apareció en sus labios. —No sabes cuánto te han extrañado, tu ausencia les afectó demasiado.

—Entonces, ¿Ellas no están molestas conmigo? —Pregunté preocupada.

—¿Molestas? No lo creo.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Yoshino no respondió, simplemente aparcó su auto en frente de una casa color crema. Procedió a salir de este y abrirme la puerta de copiloto como de costumbre.

Mi novia no volvió a decir algo más, solo tomó mi mano mientras cerraba el auto con la alarma. Una vez asegurado su preciado vehículo, nos acercamos a la puerta y para sorpresa de ambas esta estaba libre del seguro.

—Luego regaño a Takeshi por dejar la puerta sin seguro. —Murmuró.

—No has respondido mi pregunta, Yoshino. —bufé.

—Porque yo no puedo responderla Aina. —Estando dentro de su casa, nos quitamos nuestro calzado y lo dejamos en la entrada.

—¿A qué te refieres? —Crucé mis brazos a la altura de mi pecho. —

—Sé quiénes son las indicadas para eso. —Con movimientos suaves, comenzó a empujarme a lo que parecía ser la sala.

Y cuando entré a esta, no pude evitar que mis lágrimas salieran.

Mis amigas se encontraban ahí, sosteniendo carteles que decían "bienvenida a casa Kussun" .

Ellas sonreían, pero terminaron de igual forma que yo.

Entre abrazos, lágrimas y risas, fui bienvenida por todas.

Desde el abrazo grupal pude ver a Yoshino, Kubo-san y a Takeshi-san mirarnos con una sonrisa en sus rostros. Al principio me sorprendió lo mucho que había crecido el hermanito de mi novia, pero dejé eso de lado y solo le devolví la sonrisa.

Poco a poco nos fuimos separando, sin embargo, nos mantuvimos cerca de la otra. Nuestras conversaciones empezaron con lo que había sido de las vidas de ellas; Pile-chan pasó de ser la chica del café a ser la jefa de un equipo de editores de una importante revista de japón, Emitsun abrió su propio restaurante junto a Ucchi y tienen pensando crear su propia cadena de restaurantes, Rippi trabaja como maestra en nuestro antiguo instituto y planea fundar un programa educativo para los estudiantes desfavorecidos, Soramaru terminó por seguir su sueño de convertirse en dibujante de manga y aunque fuera aún una novata en aquel mundo su primer manga estaba obteniendo el éxito que se merece y en cuanto a Mimorin...

Puedo jurar que me está tomando el pelo.

—No te creo para nada. —Entrecerré mis ojos.

—Te estoy siendo honesta. —Exclamó indignada.

—¿Crees que me voy a tragar de que estás entrenando para convertirte en luchadora profesional? —Esta vez alcé mi ceja.

—Está diciendo la verdad Kussun. —Suspiró en derrota. —He tratado de persuadirla de dejarlo por algo menos peligroso, como dar uso su diploma de psicología.

—Pero como soy linda y Eri-chan me ama, pude convencerla. — De nueva cuenta mi mejor amiga suspiró. —Te lo compensaré cuando gane un campeonato. —Pile-chan solo rodó sus ojos, mientras sonreía.

—¿Qué hay de ti Kussun? —Rippi preguntó suavemente.

Me sentí un poco intimidada ante las miradas de mis amigas, pero una mano en mi hombro me tranquilizó. Levanté mi mirada, encontrándome con la tierna sonrisa de Yoshino en el proceso.

Con su mirada me dijo exactamente lo que tenía que hacer. Un pequeño apretón en su mano fue mi forma de agradecerle por su apoyo, ella simplemente besó mi sien y dio como excusa que prepararía el té, en el camino miré como se llevaba arrastrando a Takeshi-san y a Kubo-san a la cocina, dejándome a solas con mis amigas.

—Verán... —Con nervios miré a cada una. —No tuve la oportunidad de concluir mis estudios en Inglaterra, mis padres me privaron de ello. —Solté amargamente. —Estuve cuatro años encerrada, sin poder ver a nadie o hacer algo por mi propia cuenta. —Expliqué. —Y lo único que sabía con certeza era que mis padres tenían pensado casarme con algún sujeto con dinero, convertirme en ama de casa y ser madre. —Ellas parecían molestas con lo que dije. —Por lo que al salir de ese lugar con ayuda de mi mamá —Mordí mi labio cuando recordé lo sucedido. —No sé lo que voy a hacer, he estado demasiado tiempo sin pensar en mi futuro que nunca pensé que volvería a casa y ahora que estoy aquí no tengo ni idea por dónde empezar. —Me llevé mis manos a mi rostro con frustración.

No esperaba que estas fueran apartadas con gentileza, ni mucho menos con cierta ternura por parte de mis amigas. Aún cuando en todos nuestros años de habernos conocido siempre hemos sido rudas entre nosotras.

Pile-chan fue la primera en hablar.

—Has pasado por mucho Kussun. —Apretó mi mano sana. —Y nosotras queremos compensar los años que no estuvimos ahí para ti. —Estaba a punto de refutar aquello, pero ella siguió hablando. —Pero esta vez estaremos para ti. Si necesitas descubrir de nuevo quién eres, nosotras ayudaremos en el proceso.

—Pile-chan...

—Si quieres finalizar tus estudios del instituto, hay un programa educativo que permite a los estudiantes finalizarlos solamente con un examen en nuestra antigua escuela. —Rippi habló mientras sonreía.

—Rippi...

—O si quieres dejar los estudios por un momento, Emi-chan y yo te ofrecemos un trabajo en nuestro restaurante. —Ucchi ofreció con una Emitsun asintiendo energéticamente.

—O podemos buscarte pruebas vocacionales y guiarnos desde ahí. —Mencionó Mimorin y Soramaru solamente sonrió.

—Chicas... —De nueva cuenta pude sentir las lágrimas picar mis ojos.

—No importa que decidas Kussun, te apoyaremos en todo lo que podamos. —Finalizó Pile-chan.

Y con ello dicho, terminé por llorar como una niña pequeña en los brazos de todas ellas.

Después de mucho tiempo, al fin encontré lo que siempre he estado buscando.

Lo que siempre me había faltado en toda mi vida, lo había encontrado.

Amor, amistad, paz, tranquilidad, aceptación, felicidad...

Por fin lo había encontrado.

.

.

.

A media noche fue cuando todas se despidieron, con un último abrazo me aseguraron que al siguiente día daremos comienzo a mi "plan de vida". Entre risas y empujones prometieron que no haríamos algo alocado, por mi bien y el de mi novia preocupada.

Cuando Kubo-san y ellas se retiraron por completo, el hermanito de mi novia se me acercó tímidamente y entre palabras entre cortadas se disculpó por su actitud infantil hacia a mí, todo esto siendo visto por Yoshino, quien reía divertida ante la situación.

—¿Por qué tan de repente Takeshi-san? —Pregunté en curiosidad.

—Eres la felicidad de mi onee-chan y ella es tu felicidad, no debo entrometerme en eso. —Se cruzó de brazos. —Espero puedas perdonarme por el mal rato que te hice pasar, Aina-san.

—Te perdonaré si me llamas "Ai-neechan" —Pedí en broma.

—Está bien, si de solo esa forma me perdonarás entonces lo haré. —Asintió confiado. —Por favor, sigue haciendo feliz a mi onee-chan. —Él me abrazó cortamente, para después abrazar a su hermana y retirarse a su habitación. —Vaya, no pensé que tu hermano me aceptaría tan rápido.

—Nanami-chan de cierta manera ayudó. —Río suavemente. —Vamos es tarde, debemos dormir ya.

Yoshino me guío hacia la habitación que se encontraba al final del pasillo, el cual resultó ser el suyo propio.

—Hay un baño dentro de mi habitación por si quieres utilizarlo primero. —Abrió la puerta de su habitación y me dejó pasar primero. —Puedo darte una camisa larga como pijama si gustas.

—Me encantaría, Yoshino. —Ella simplemente sonrió.

—¿Necesitarás ayuda con los vendajes? —Preguntó mientras buscaba en su closet nuestra ropa para dormir.

—Si no es mucha molestia... —Susurré apenada.

—Para nada cariño. —Se acercó de nueva cuenta y me extendió una camiseta larga de manga corta color gris. —Hay dos batas dentro de mi baño, puedes tomar cualquiera mientras esperas por mi para vendarte ¿De acuerdo? —Asentí. —Todo lo que necesites está ahí, si necesitas ayuda solo grita. —Terminó por darme un beso en mi frente.

—¿No te bañarás conmigo? —Pregunté en confusión.

—¿Q...Quieres bañarte conmigo? —Lindo, tartamudeó. —Pensé que te incomodaría ha pasado tiempo desde la última vez que... —Esta vez un sonrojo apareció en sus mejillas.

—Para nada, además pensé que habíamos acordado nada de incomodidad entre nosotras. —Hice un puchero para enfatizar mi punto.

—Tienes razón, perdón por eso... —Suspiró derrotada.

—Así que vamos, además necesitaré de alguien que me ayude a lavar mi cabello y espalda. —Tomé su mano y la dirigí hacia el baño.

—Si, si~

Estando dentro del baño mi querida novia abrió el agua caliente para comenzar a llenar la tina, para después ayudarme a despojarme de mis prendas y vendas de mi cuerpo. Una vez libre de todo aquello, ella con vergüenza fue desabrochando los botones de su blusa, poco a poco pude apreciar la piel blanquecina que ella escondía; cuando el último botón fue deshecho, la blusa fue abierta en par en par dejándome ver por primera vez la cicatriz que ahora marcaba su vientre plano.

Involuntariamente dejé escapar un jadeo, algo que Yoshino notó y cubrió de inmediato con sus manos.

—Lo sé, son desagradables. —Río sin gracia alguna.

—No, no es eso, solo me sorprendí. —Las manos que cubría su cicatriz, las aparté con gentileza y comencé a acariciar su vientre. —Jamás me perdonaré por haberte causado esto.

—Aina, vuelvo a decírtelo... —Tomó mi mentón entre su dedo índice y pulgar. —Tu no fuiste quien me apuntó con un arma, ni mucho menos quien la detonó. —Mordí mi labio. —Ninguna de mis cicatrices fue a causa tuya y si aún te sientes culpable, me aseguraré de que no te sientas de esa manera hasta que comiences a creerlo por ti misma. —Acarició mi mejilla. —Vamos a intentarlo de ahora en adelante, ¿Sí?

—S...Si... —Asentí varias veces con mi cabeza.

—Muy bien —De nuevo besó mi frente. —Termino de desvestirme y tomaremos un largo baño, ¿Te parece bien? —Una vez más asentí.

Yoshino se separó de mi por completo y procedió a seguir con la tarea de antes.

En el momento que ella me dio la espalda, solté un quejido al ver la cicatriz que había en su omóplato derecho. Sin darme cuenta me encontraba sollozando entre sus brazos, pidiendo una y otra vez disculpas por lo sucedido.

—Shh, estoy aquí. —Su mano se centró en acariciar mi cabello, mientras que la otra se posaba en mi espalda.

Entre besos y gentiles palabras de amor, nuestra hora del baño se acortó.

Yoshino me cuidó con una envidiable gentileza. Se aseguró que mis vendas estuvieran perfectamente en su lugar, para después secar con sus suaves manos mi corto cabello.

Una vez terminando, nos acomodamos en su cama y ella ofreció su brazo como mi almohada personal.

La lámpara de su mesita de noche fue apagada y con ello me aferré a la blusa de su pijama.

—No me iré a ningún lado, te lo prometo. —Pasó su brazo libre a mi cintura. —Sin importar que, no lo haré... Tu y yo saldremos de esta Aina, sanaremos juntas... —Besó cortamente mis labios, acallando cualquier sollozo que quería escapar de mi boca.

Con eso último dicho pude sentir la lenta respiración de Yoshino sobre mi cabello. Como pude, levanté mi mirada hacia su pacifico rostro y sin poder evitarlo detallé sus pequeñas facciones con las yemas de mis dedos.

Dormir juntas... —Reí en silencio al ver que mi novia frunció su ceño cuando pasé suavemente mi dedo índice por el puente de su nariz. —Puedo acostumbrarme a esto...

Si este es el futuro que me espera junto a ella, quiero vivirlo al máximo.

.

.

.

.

.

Han pasado seis meses desde que mi padre fue sentenciado a cadena perpetua y sin libertad condicional gracias al juez a cargo. Jamás olvidaré su mirada de odio hacia mí y Yoshino cuando nos abrazamos en llanto al saber su destino.

Desde ese día comencé a concentrarme en sanar todas mis heridas.

Realizamos un pequeño funeral para mi mamá, en el cual solo asistieron mi tía, mis amigas, Yoshino y Takeshi-kun.

Mi novia se encargó de sostenerme mientras lloraba y me disculpaba en frente de la lápida de mi mamá. Al saber que mis lágrimas se secaron, le prometí en silencio a mi difunta madre que sería feliz por mí y que no dejaría que alguien más tratará de arrebatarme mi felicidad.

Y al final, me decidí a conseguir ayuda profesional como mi tía y Yoshino me lo recomendaron.

Si, fue difícil los primeros días; si, lloré en la mayoría de sesiones con mi psicóloga; si, cree una pequeña dependencia hacia Yoshino y si, dolió cuando tuve que irme a vivir con mi tía a la ciudad de Minato.

Pero al final tuvo una recompensa.

Mis heridas estaban sanando poco a poco y con ello mi vida volvía a tener sentido.

Decidí realizar el examen que Rippi mencionó para finalizar mis estudios en el instituto, por lo que estuve estudiando durante tres meses sin descanso con el apoyo de Yoshino y mis amigas, terminé por pasar el examen y obtener mi certificado del instituto. Estaba demasiado feliz cuando fue entregado a mis manos, porque este era mi pase a la universidad.

Y para entrar a una universidad, necesitaba dinero. Como era de esperarse mi tía y mi novia se ofrecieron a apoyarme a pagar mi inscripción. Cuando lo comentaron las rechacé y simplemente les dije que tomaría el trabajo que Ucchi y Emitsun me ofrecieron desde un principio.

Yoshino estaba reluctante en aceptar, debido a que quería ayudar con algo. Así que para borrar su puchero y su preocupación negocié con ella sobre ser mi atractiva chofer y mi hermosa acompañante de almuerzos.

Ella aceptó de inmediato sin ningún problema.

Mientras me encargaba de trabajar en el restaurante y estudiar para mi examen de admisión, Yoshino siempre estaba ahí, ya sea para traerme bocadillos y té o para darme mimos en cuanto el estrés llegaba a ser intolerable.

Cuando el día del examen llegó, estaba demasiado nerviosa. Empezaron a enterarme dudas sobre mi capacidad intelectual o si decepcionaría a mi tía por no pasarlo ya que por ella decidí estudiar derecho.

Bueno, en sí ella fue mi modelo a seguir desde que tengo memoria, pero la verdadera razón de tomar esa carrera fue por lo que vivimos Yoshino y yo.

Había tantos jóvenes de la comunidad LGBT que eran violentados día a día por cualquier persona, incluso por miembros de su familia y la mayoría no contaba con la ayuda como mi novia y yo. Por esa razón quiero dedicarme a la abogacía y luchar por los derechos de esos jóvenes que viven en silencio sufriendo,

Sin darme cuenta un par de manos se posaron en mis hombros y como consecuencia solté un pequeño gritó ahogado.

—Lo siento no quise asustarte cariño. —Se disculpó rápidamente Yoshino.

—D…Descuida, ¿En que momento llegaste? —Pregunté avergonzada.

—Te llamé, pero no respondías. Tu tía me dio permiso de subir a tu habitación, advirtiéndome que no hiciéramos nada indecente bajo su mismo techo. —Rodó sus ojos fastidiada.

—Nunca cambia. —Negué con mi cabeza. —Espera, si tú estás aquí ¿Quiere decir que ya es hora de irme a realizar mi examen? —Los nervios volvieron pero con más fuerza.

—Hey, hey, lo harás bien. —Yoshino colocó sus manos en mi cadera.

—¿Cómo estás tan segura? —Pregunté en una aguda voz.

—Porque eres Kusuda Aina, la chica más lista y trabajadora que he conocido en mi vida. —Exclamó orgullosa. —Y sé que ese examen será fácil para ti.

—Yoshino… —Sonreí tímidamente.

—Además jamás olvides que yo siempre soy honesta. —Frotó mi nariz con la suya, obteniendo como resultado una risa mía.

—¿Te he dicho lo mucho que te amo?

—Dímelo más.

—Te amo mucho mucho

—Y yo también te amo mucho, pero más. —Antes de que dijera algo más, me interrumpió con un corto beso en mis labios. —Aina, no tenemos mucho tiempo para pelear sobre quién ama más a quien, es hora cariño.

Lo único que atiné a hacer fue tragar saliva y tomar la mano que Yoshino me extendió.

.

.

.

Una semana pasó desde que realicé mi examen de admisión y ahora me encontraba junto a una gran multitud en frente de la pizarra en la universidad de Tokio. Buscaba con mi vista mi apellido en esa lista que fue colocada afuera de las instalaciones de la universidad, mientras yo hacía esto Yoshino fue la encargada de comprar nuestros cafés. Estaba por rendirme al no encontrar mi apellido, pero por el rabillo de mi ojo lo visualicé.

Había quedado.

Aprobé el examen y había sido aceptada en la universidad.

Con una nueva energía encontrada, corrí hacia la entrada en dónde sabía que Yoshino me esperaría.

Ahí estaba ella, recargada en el cofre de su auto con dos vasos de cafés en sus manos y un ramo de rosas descansando en dónde se encontraba relajada.

—¡Yoshino! —Grite emocionada.

Mi novia al verme acercarme a una gran velocidad, no tuvo opción que tirar los vasos de cafés y atraparme entre sus brazos*.

—¡Uahh! —Reí divertida al ver su expresión. —¿A qué se debe tanto afecto? —Preguntó en broma.

—¡Pasé! —Respondí alegre.

—¿Eh? —Ladeó su cabeza en confusión.

—¡Pasé! —Volví a repetirlo.

Después de dos segundos ella entendió de lo que hablaba.

—¡Oh por dios! ¡Felicidades! ¡Sabía que mi dulce Aina lo haría! —Me abrazó fuertemente y comenzó a esparcir besos por todo mi sonriente rostro. —Estoy. Orgullosa. De. Ti. —Cada palabra que decía, ganaba un beso en mis labios.

—Yoshino~ —Exclamé, pero sin quejarme de sus besos.

—En verdad sabía que lo lograrías. —Con un último beso ella se separó de mi, a lo que ocasionó que un puchero se formará en mis labios, sin embargo, este desapareció al ver un ramo de rosas en frente de mi. —Y por eso me adelante con este pequeño regalo. —Las rosas que se me fueron extendidas las tomé con un total cuidado.

—Gracias Yoshino, son hermosas. —Besé sus labios como agradecimiento.

—Solo es una parte de lo que haré por esta gran victoria. —Sonrió. —¿Te gustaría salir conmigo está noche?

—Me encantaría, cariño…

Esa misma noche Yoshino y yo compartimos una hermosa velada en nuestro restaurante favorito, caminamos por un tiempo por la playa bajo la luz de la luna y como última parada visitamos el mirador para ver mejor las estrellas.

Durante ese tiempo hablamos de lo que se nos ocurría, recordamos lo que había pasado en el mirador y el como llegamos tan lejos para volver encontrarnos de nuevo.

Y cuando el silencio se hizo presente, Yoshino aprovechó para hablar de algo importante.

—Aina sé que te parecerá algo apresurado lo que estaré a punto de decirte, pero ya no soporto la idea de tenerte lejos de mi por mucho tiempo. Cuando no puedo verte mi corazón se contrae al extrañarte tanto, a tal grado de contar las horas para verte una vez más. —Soltó una pequeña risa. —A lo que quiero llegar es que… mejor déjame mostrarte. —De la bolsa de su chaqueta sacó una llave y la depositó en mi mano.

—Yoshino… —Sentí el tan conocido picor en mis ojos.

—Aina, ¿Quisieras vivir conmigo?

Sin decir nada solo me abalancé sobre ella y besé cada centímetro de piel expuesta de ella.

Al fin podía ver el comienzo de un futuro brillante junto a ella.

.

.

.

.

.

.

.

.

Yoshino PDV

Flashback

Aún sigo tratando de asimilar lo que ha ocurrido contigo, recuerdo haberte abrazado como si mi vida dependiera de ello y en tan solo un par de segundos nos encontrábamos siendo acorraladas por ellos.

Él estaba loco y tu trataste de buscar alguna solución para salir de aquella encrucijada.

Pero fue en vano...

Sus manos estaban manchadas de sangre, tu frágil cuerpo estaba inmóvil y yo no pude hacer nada para protegerte una vez más. Rompí en llanto mientras suplicaba que todo fuera un mal sueño…

Sin embargo…

Estaba aquí, presenciando el como bajaban tu ataúd, escuchando lo que decía el padre y los llantos de tus más allegados.

Unas nubes grises se fueron formando y con ello la lluvia no tardó en caer. La ceremonia había terminado, pero yo aún seguía de pie en frente de tu lápida. No quería irme porque te había prometido que jamás te dejaría, te conocía bien; odiabas tanto la soledad como yo.

Es hora de irnos, Yoshinon… —Shikaco se había acercado con cautela.

—… —Negué con mi cabeza. —No quiero dejarla sola, Shikaco…

Yoshinon… —Mi mejor amiga estaba a punto de protestar, pero la interrumpí.

Solo un momento más, por favor... —Pedí.

¿Quieres estar a solas…?

No. —Murmuré.

Ella obedeció y procedió a acercarse un poco más a mi.

La perdí y no pude hacer nada para salvarla… —De nueva cuenta el nudo en mi garganta se formó. —¿Cómo podré seguir adelante sin Haruka a mi lado?

No fue tu culpa, Yoshinon… nada lo fue…

Lo fue y jamás me lo perdonaré…

Jamás me perdonaré tu asesinato a manos de ese hombre, mi querida Haruka…

.

.

.

.

.

.

.

24 de diciembre 2022

Había pasado demasiado tiempo desde mi última visita a este lugar, pero hoy al fin tuve el valor de visitarla.

El césped estaba cubierto por nieve al igual que las lápidas que me rodeaban. Noté que alguien había limpiado el pequeño espacio, así que con cuidado me arrodillé en frente de la lápida, coloqué el ramo de gardenias rojas en el jarrón vacío y procedí a encender el incienso que había traído conmigo. Antes de realizar mi oración, envolví mis manos con un ojuzu*.

—Ha pasado tiempo. —Sonreí un poco. —Lamento no haber venido antes… —Susurré. —Sé que fui una cobarde y probablemente estés enojada conmigo por mis acciones, pero también sé que comprendes por qué lo hice…

Me abracé a mí misma.

—Mi vida nunca ha sido perfecta y por culpa de ello te arrastré conmigo. —Suspiré. —Eras una chica amable de buenos sentimientos, inocente en todos los aspectos, con sueños y grandes aspiraciones como cualquier otra persona… —Una lágrima traviesa rodó por mi fría mejilla. —Y él te arrebató todo aquello por mi culpa. No sabes lo mucho que me perdí en la oscuridad, pensé que ya no habría alguna salida a mi dolor, sin embargo…

Sonreí de nueva cuenta, aún cuando mis lágrimas salían con libertad desde mis ojos.

—Una nueva luz llegó entre tanta oscuridad…

Con las yemas de mis dedos borre todo rastro de lágrimas.

—La conocí un primero de enero, hace nueve años exactamente…—Inconscientemente sonreí. —Cuando por primera vez la miré este sentimiento que pensé muerto, floreció de tan solo ver su sonrisa. —Reí avergonzada. —Al principio ella no podía leer lo que mis ojos ocultaban, sin embargo conforme nos íbamos acercando… —Suspiré en derrota. —Me convertí en un libro abierto.

El viento helado frotó silenciosamente mis sonrojadas mejillas.

—Ella rompió todas las barreras que alcé una vez más, ella me enseñó el significado de la palabra "te amo", prácticamente sus brazos se convirtieron en mi cálido hogar. —Introduje mi mano a uno de los bolsillos de mi abrigo. —Y yo no quiero perderlo todo de nuevo… —Saqué una cajita aterciopelada color negra. —Voy a pedirle que se case conmigo y tengo miedo de que me rechace, pero vale la pena intentarlo ¿No?

Me coloqué de pie y sacudí mis rodillas.

—He soñado bastante con unir mi vida con ella y ahora estoy apunto de hacerlo —Guardé el anillo. —Por favor, deséame suerte Haruka…

.

.

.

Aina PDV

Hoy era el día en que festejaríamos navidad y aún cuando fuera un día festivo, me encontraba apilando carpeta tras carpeta de todos los casos que tengo pendientes y aún hay más en mi despacho.

Con pereza me estiré en mi silla y como ya era costumbre miré todas las fotografías que estaban colgadas en la pared de nuestro cuarto.

Los recuerdos de los nueve años que hemos pasado juntas, estaban fotografiadas por la misma Nanjo Yoshino. Ella se encargó de enmarcar cada uno de las fotos que había en su antigua cámara, incluyendo aquella que tomó de mi cuando hice una cara extraña a causa del flash.

Por inercia revisé mi teléfono celular, verificando si había un nuevo mensaje de mi querida novia, pero mi buzón estaba vacío, el último que recibí fue un "me desviaré un poco del camino, llegaré bien, te lo prometo".

—¿A dónde habrá ido realmente? —Hice un puchero.

Decidida dejé lo que estaba haciendo y fui en búsqueda de mis amigas.

Las más cercanas que estaban a mi alcance eran Pile-chan y Shika-chan, así que no dudé en dejar saber mi presencia.

—Pile-chan, Shika-chan, ¿Aún no ha vuelto Yoshino? —Nunca noté que mi puchero no había desaparecido del todo.

—No tarda en regresar, sé paciente ¿Si? —Fruncí el ceño ante lo dicho por Shika-chan.

Estuve a punto de maldecirla, porque sabía algo que yo no. Sin embargo, antes de que lo hiciera un brazo había rodeado mis hombros, deteniendo por completo mi lindo vocabulario.

—Ai-neechan, mi onee-chan acaba de enviarme un mensaje —Takeshi-kun interrumpió justo a tiempo. —Dijo que pasaría a comprar los ingredientes que faltan para el postre.

—Es bueno saberlo, gracias Takeshi-kun. —Palmee el brazo que estaba rodeando mi hombro. —Ahora, ¿Nanami-chan y tú serían tan amables de ayudarme a colocar la mesa?

—Cuenta conmigo. —Guiñó.

Con eso dicho me guío hacia la cocina, en dónde Nanami-chan se encontraba alistando los platos que serán utilizados en la mesa el día de hoy.

—Gracias por ayudar Nanami-chan, aún cuando yo era la responsable de hacerlo. —Pedí disculpas apenada.

—No te preocupes Aina-san, estabas ocupada con el trabajo. —Sonrío admirablemente. —Además, me gusta ayudar.

—¿Verdad que escogí bien a una buena mujer para casarme?, Nanami-chan siempre tan amable. —Suspiró encantado.

—¡No…No digas tonterías idiota! —Desde aquí pude ver el sonrojo de la novia de Takeshi-kun.

—¡Pero es la verdad!

—Ah~ amor joven, me recuerdan a Yoshino y a mi. —Reí en burla.

—¡Mou, Aina-san!

Antes de que pudiera molestarla más, el sonido de unas llaves introducirse en el cerrojo llamó mi atención. Así que, en cuanto escuché el grito de Yoshino salí de prisa a recibirla.

—¡Yoshino!~ —Sin esperar más me abalancé hacia brazos abiertos. —Bienvenida a casa. —Besé cortamente sus labios. —¿Porqué tardaste tanto? —Formé un pequeño puchero y el cual fue borrado con un beso.

—Lamento la demora, pero… —Se soltó de mi abrazo y simplemente me mostró las rosas que no había notado en su llegada. —Tenía que conseguir esto para ti. —Extendió las rosas y yo las tomé con delicadeza.

—Son hermosas…—Dije eencantad

—No tanto como tú por supuesto. —Gracias a su comentario sentí un sonrojo subir por mi rostro.

—Gracias…—Murmuré avergonzada. —¿Segura que solo te demoraste por esto…?

—Me tomé mi tiempo en regresar por las calles congeladas, no quería estar involucrada en un accidente. —Sabia que estaba mintiendo cuando su labio tembló.

Pero por ahora le creeré.

—Me alegro que tomarás precauciones, pero sé que no me estás diciendo del todo la verdad. —Tomé su mano —Ya que estás aquí, vayamos a cenar con los demás ¿Si? —Sonreí suavemente.

—S…Si...

La cena transcurrió de forma normal, bueno casi…

Shika-chan y Takeshi-kun no paraba de decir cosas extrañas a Yoshino, ni que decir de mis amigas quienes miraban con insistencia mal disimulada a mi novia; La única que no hacia nada para molestar a mi novia fue Nanami-chan, ella se encargó de mantener a Takeshi-kun distraído.

Sin embargo, todo el caos llegó a un fin gracias a Shika-chan, quien le miraba con picardía.

—Niña, Yoshinon tiene algo que decirte. —Se colocó de pie junto a las demás. —Las dejamos a solas para que conversen. —Sin más todas (y Takeshi-Kun huyeron de la cocina.

Desde mi asiento pude ver qué Yoshino estaba molesta y mi trabajo es ser la calma que tanto necesita ahora.

Una mano coloqué en su hombro para evitar el posible pánico.

Con una suave mirada de comprensión bastó para que ella sonriera de nuevo.

—¿Qué es lo que tienes que decirme amor?

Ella soltó un gran suspiro.

—Ven, sígueme… —Tomó su mano y me guío hacia la puerta corrediza que Pile-chan tomó su tiempo en decorar.

Al ver tan hermoso trabajo que hizo mi mejor amiga, quedé embelesada por tal escenario.

—¿Te gusta? —Asentí tontamente—Le pedí a Pile-chan que me ayudara y no sabes lo agradecida que estoy con ella por crearte tal reacción.

—Yoshino, ¿Qué es todo esto…? —Pregunté confundida.

Suspiró de nuevo

—Cuando te conocí por primera vez tu sonrisa fue la que me llamó mi atención, esa hermosa sonrisa me encantó y no pude evitar querer saber más de ti, quería saber que ocultabas detrás de esta. —Apreté sus manos. —Sin saberlo me enamoré a primera vista. Me presenté ante ustedes como una asistente, tu estabas en el mismo y mi corazón no pudo estar más contento. —Río—Comencé a cortejarte a mi manera…

—A tu extraña manera —Me burlé.

—Pero lo amaste, acéptalo. —Acusé.

—Aún lo sigo amando.

—Tú… —Gruñó tiernamente en frustración —El punto es… —Con pesadez tragó saliva.—Le diste luz a mi vida con tu llegada. Vivía en la oscuridad porque lo perdí todo y me culpaba de ello infinitas veces. —Suspiró. —Cuando aquel bastardo llegó, pensé que te perdería para siempre, pensé que jamás volvería a ver esa sonrisa que amo tanto, pensé que jamás volvería a sentir tus tiernos brazos, los cuales considero mi hogar.

—Yoshino…

—No quiero experimentar el volver a perderte… quiero pasar el resto de mis días sosteniendo tu mano y nunca soltarla, te lo prometí ¿Cierto? —Asentí a sus tiernas palabras.

Ella comenzó a arrodillarse en frente de mi.

Ante la sorpresa solté un jadeo, algo que la hizo reír.

—Kusuda Aina, ¿Me harías el honor de casarte conmigo?

Hace nueve años eramos unas desconocidas temerosas del amor, la soledad y el rechazo.

A primera vista me enamoré de la nueva asistente que era un enigma y que gracias a ello comenzamos un inocente coqueteo, creé estrategias como una apuesta en dónde debía ganar un partido de fútbol para poder gritar nuestros sentimientos y así poder pedirle que por favor sea mi novia. Pasamos de decirnos por nuestros sobrenombres a nuestros nombres de nacimiento, hicimos promesas de permanecer juntas; cuando su madre apareció en su vida Yoshino decidió finalmente desvincularse totalmente de su madre, luchó por su hermano y por ella misma. Muchos problemas comenzaron a aparecer en nuestras vidas y para entender la pesadilla que estaba reviviendo Yoshino, un diario fue puesto en mis manos; por culpa de un sujeto, mi novia terminó nuestra relación por la culpa que estaba cargando por lo que pasó en aquel callejón. En esos momentos pensé que todo había terminado, que no había forma de volver a ella…

Hubo dulces arrepentimientos, pero al final una muestra de amor verdadero fue hecho y con ello una confesión fue hecha.

Ella es mi vida

Fue lo que dije en mi mente al verla confiar en mí, a estar dispuesta amarme entre las adversidades. Pero una vez más el destino nos volvía a separar…

Cuando mi tortura comenzó, cada noche los sueños melancólicos me visitaban y me hacían dudar si nos volveríamos a ver de nuevo.

Si este es nuestro destino, no quiero escucharlo.

Esas palabras se repetían una y otra vez dentro de mí, tratando de darme esperanzas de volver a revivir aquellas sonrisas de los días pasados.

Hermosa chica, ¿A dónde te has ido?

Era lo que me preguntaba cada día después de tener una confrontación con mi padre…

Después de todo lo que pasamos, lo bueno y lo malo, quiero seguir haciéndolo, pero junto a ella.

Ahora ella se encuentra en frente de mi, esperando una respuesta por parte mía.

Así que, si hacerla esperar más me arrodillé junto a ella y la besé como si mi vida dependiera de ello.

Nunca había tenido amor en mi vida y tu te convertiste aquel "te amo" que siempre me hizo falta.

—¡Si, si me casaré contigo!

Eres El amor más cercano que siempre he querido.

Un futuro contigo estará muy bien
mi corazón no podría tener otro
y yo no puedo decir lo que mi mente dice
estaré siempre contigo

~FIN~


* Si llegaste hasta aquí, ojalá hayas entendido las dos referencias del párrafo con asterisco xd